Versión al Español por Armando Ramírez
Recientemente recibimos correspondencia de una persona que profesa ser un
ateo. Incluidos
en la carta estaban dos tratados publicados por la
Asociación Americana de Ateos localizada en Austin, Texas. Al igual que la
carta jactándose que los argumentos contra la Existencia de Dios y la
Credibilidad de la Biblia formulados en los tratados no podrían ser y
no serían contestados.
Francamente, nos sentimos plenamente dichosos de tener la oportunidad
de
responder a cualquier cosa publicada en los tratados. En las palabras del
apóstol Pedro, estamos “siempre preparados para presentar defensa ante todo
aquel que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro
3:15). Por lo tanto, ofrecemos a nuestros lectores lo que creemos es la
adecuada evidencia para sostener una afirmación de la existencia de Dios y
la revelación de El mismo a través de Su Palabra.
Como hemos mencionado, hay dos tratados. El primero se titula:
“No
Hay Dios”
y es
escrito por Fred Woodworth. En el tratado, el Sr. Woodworth presenta
cinco argumentos los cuales él consideró como suficientes para rechazar la
idea de un Omnipotente, Omnisciente y Omnivolente Dios. Estos son:
(1)
El hecho
que el mal existe en el mundo;
(2)
El mundo
ha sufrido como resultado directo de la influencia del Cristianismo;
(3)
Las
Escrituras que revelan a Dios son incomprensibles;
(4)
El “método científico” no puede identificar a Dios, y
(5)
La complejidad y brutalidad del esquema de Redención. Tomaremos todos estos
argumentos en ese orden para exponer la falsedad de cada uno.
EL PROBLEMA DEL DOLOR
El Sr.
Woodworth propone el argumento tradicional del Ateo; el dilema Epicúreano.
El Pregunta: “¿Si Dios esta dispuesto a prevenir el mal; pero no es capaz?
Entonces, El no es Omnipotente. ¿Es él capaz, pero no quiere? Entonces, Él
es malevolente. ¿Es capaz y esta dispuesto? Entonces, ¿De donde vino el mal?
¿No es capaz, ni esta dispuesto?, ¿Entonces porque llamarle Dios?”. El ateo
asume las premisas, las cuales son necesarias para lograr una conclusión, es
decir; un Omnipotente y buen Dios podría completamente eliminar todo el
mal. Nosotros negamos que ese sea el caso, es decir, La existencia del
mal, ni niega la Omnipotencia ni la bondad de Dios, y de este modo, no hay
motivo para forzar la conclusión de “No hay Dios”.
Como una conjetura, yo podría señalar que el ateo tiene un grande, sino
grandísimo problema con lo que él clasifica como bueno y malo.
Si no hay Dios, y los pensamientos del hombre son simplemente el producto de
procesos electroquímicos del cerebro, los cuales intrínsecamente se inclinan
hacia la preservación de uno mismo, entonces, ¿Cómo puede el ateo explicar
lo bueno, lo noble y los actos de auto sacrificio de hombres a menudo
realizados, cuando el sufrimiento toca a otros hombres? Por ejemplo, durante
la segunda guerra mundial numerosas personas no judías arriesgaron
sus vidas y aun murieron para proteger a los judíos. Dejemos que el ateo nos
diga porque los hombres logran tan nobles y heroicos desafíos si no
hay Dios!
De
la misma manera, el ateo todavía tiene que probar que el mal existe. Yo no
lo niego, pero el ateo sí. Mostraremos también, que lo que el ateo considera
como malo, no es malo en lo absoluto. Además, lo que la Biblia llama
malo, el ateo afirma que es bueno (por ejemplo, el aborto, la eutanasia, la
homosexualidad, o el adulterio). Por lo tanto, dejemos que el ateo asuma la
tarea de demostrar que
algo
es malo, pecaminoso o equivocado. Cuando él lo haga, él se encontrará cara
a cara con Dios y la Biblia la cual él niega.
¿DE DONDE VINO EL MAL?
Ahora, volvamos a la pregunta de Epicúreo: “¿Es el capaz y esta dispuesto;
entonces de donde vino el mal?” Como ya lo hemos notado, el ateo asume que
un buen y Omnipotente Dios podría completamente eliminar el mal. Sin
embargo, ¿Es este el caso? Rápidamente, afirmamos que Dios es bueno en Su
naturaleza (Sal.25:8), en Su poder es Omnipotente (Sal.115:3), y en su
Conocimiento es Omnisciente (Sal.147:4). Sin embargo, ninguno de estos
atributos divinos necesita que Dios destruya el mal completamente, más
bien, estos atributos demandan que Dios permita que el mal exista.
El
ateo falla en reconocer que Dios creó al hombre libre. De este modo,
el hombre tiene la libertad para elegir, y una elección para ser buena
necesita que exista la posibilidad de una elección para hacer el mal.
Al negar esta verdad fundamental, uno debe mostrar que podría haber sido
mejor para el hombre y para gloria y alabanza de Dios, que al hombre le haya
sido negada esta libertad de elegir. No podríamos concebir el cuadro
que sugiere que Dios podría haber creado un mundo en el cual solamente
las elecciones correctas podrían ser hechas. Esto es como pedirle a
Dios que haga un triángulo de cuatro lados, o una vaca negra que sea
blanca, o dos montañas sin valle en medio de ellas. Todo esto es
ilógico!
Ahora, en cualquier lugar que el mal exista en el mundo hoy, existe debido a
que el hombre ha elegido libremente hacer el mal y cosechar el
fruto de lo que
él ha sembrado. El hecho
de
que Dios dio a los hombres esta
libertad no le vuelve culpable de las elecciones que los hombres
hagan. ¿Debería Dios, después de dar al hombre el poder para elegir;
negarle
la elección que él hombre hizo (por ejemplo, Génesis 3:6)?, Si esto hubiera
sido así Dios habría violado Su Justicia y,
Dios podría no haber sido
Dios y el hombre podría no haber sido un hombre!
¿QUÉ
HAY
SOBRE EL DOLOR Y EL
SUFRIMIENTO?
Aunque, el ateo quiere conocer porque Dios creó un mundo en el cual
unos
bebés nacen deformes, los tornados destruyen comunidades enteras y los
parásitos como las solitarias existen. “Seguramente” razona el ateo,
“Nadie puede creer que Dios permitiría que el dolor y el sufrimiento
transcurrieran sin ninguna causa aparente más que la de la pura casualidad;
si el existiera”. ¿Necesariamente esa conclusión tiene que seguir? Piense un
momento. Nuestro Universo es uno, el cual es gobernado por una ley natural
(Génesis 8:22). Las mismas leyes naturales que determinan los patrones del
clima, gobiernan el movimiento de los objetos y mantienen la cadena
alimenticia, también estas leyes eventualmente resultan en tornados,
accidentes automovilísticos, y necesitan la existencia de parásitos y
animales carroñeros. En ocasiones, el hombre entra en tal conflicto con
determinada ley y sufre, o abusa de cierta ley y causa que otros sufran.
Que
esta ley natural no es intrínsicamente mala debiera ser evidente. Quien
podría argumentar que no debiera llover, o que la gravedad no
debiera existir. Las mismas leyes naturales que hacen que moje el agua,
también, determinan que el hombre pueda hundirse en ella. Aunque a mí no me
gusta ver los parásitos, los buitres y zarigüeyas, yo no podría decir que
tales animales no deberían de existir; porque en este mundo, siendo lo que
es, requiere de criaturas de esa clase para mantener nuestro medio ambiente
en balance.
“Aunque”, alguien pregunte, “¿Qué posible bien hay en bebés deformes y
enfermedades prolongadas? Bueno, algunas enfermedades tales como El Sida, el
alcohol, y el cáncer, están directamente relacionadas a la actividad
pecaminosa. Estas sirven para enseñar a los hombres las
consecuencias de tal conducta y pueden servir como una inducción
temporal para efectuar el arrepentimiento (Romanos 1). La deformación
física y la enfermedad son quizás lo más difícil de explicar y
aceptar. Sin embargo, ¿Quien no ha visto el potencial del hombre para la
bondad, amabilidad, amor y el auto sacrificio alcanzando sus más grandes
alturas
cuando es confrontado por la enfermedad, la deformidad o la muerte misma?
El
problema que el ateo y otros escépticos tienen es su
mala interpretación de lo
bueno.
El
materialista define lo bueno y lo malo en términos de placer y dolor.
Y es así, como él considera los desafíos del medio ambiente como
“inherentemente malos” si ellos no le producen algún placer. De esta manera,
notamos que los buscadores del placer llaman “bueno” a lo que Dios
establece como malo. Aunque Dios ha determinado que Su orden es bueno
(Gen.1: 31), aunque los hombres podrán sufrir o morir, a causa de los
desafíos del medio ambiente, este presenta oportunidades para que el
hombre sobresalga y logre la fortaleza de carácter que ningún otro medio
ambiente podría producir (Compare Deut.8: 2; Sal.119:71;Eccl.7:14;
Dan.4:25-34; Oseas 5:15; Mal.3:3; Jn.9:2; 11:4; 1 Cor.11:32; 2 Cor.12: 7;2
Tes.1:4-5; Heb.12:5-11; 1 Ped.1: 6-7; 1 Ped.5:10; Apoc.2:10).
Si
el ateo esta insatisfecho con este mundo, entonces, dejémosle sugerir otro
en el cual el hombre pueda lograr la bondad y grandeza que él logra en el
mundo presente, en medio de lo malo, el sufrimiento y la muerte que él
confronta. El no podrá, sin negar al hombre su libre voluntad,
destruyendo todo aquello que es bueno con lo malo y proponiendo un medio
ambiente en el cual ninguna ley gobierne la naturaleza.
LOS MALOS EFECTOS DEL
CRISTIANISMO
El Sr. Woodworth
declara: “Además, de la evidencia de las guerras santas y las Inquisiciones
llevadas a cabo por los que creen en el Cristianismo; debe ser concluido que
el advenimiento de Cristo fue la principal tragedia para la especie
humana, debido a que esta ha empeorado considerablemente a muchos
millones de personas”. El ateo culpa al Cristianismo por cada error y mala
obra que los hombres que lo profesaban han hecho. ¿Es esta una acusación
justa? O, aun más, ¿Es lógica?
Esto es muy parecido a la historia del predicador y el ateo que era
jabonero. Un día, el jabonero estaba quejándose
de
que la Biblia y el
Cristianismo no deben ser de alguna causa digna porque ha habido muchísimos
pecadores hipócritas en
él. El predicador respondió que la falta debe ser
puesta en el individuo y no en la Biblia y en Cristianismo. En ese momento,
un niño con las manos y la cara sucia corría cerca de ellos habiendo venido
del mercado de un jabón. El predicador comentó que el jabón no serviría
mucho de bien porque había muchísimas personas sucias moviéndose
alrededor de
él. Y por supuesto, el ateo jabonero protestó que ese
comentario era injusto porque el jabón no podía hacer ningún bien si no era
correctamente usado.
Ahora, usted puede llegar al punto de la anécdota. Ya sea que el ateo lo
haga o no, el hecho que los hombres se han envuelto en el disfraz del
Cristianismo y han cometido malos actos, aun, atrocidades; esto no prueba
que el Cristianismo es corrupto y que la moralidad de la Biblia no tiene
valor. Por el contrario, en el mejor de los casos, esto prueba que
algunos hombres no usan correctamente la Palabra de Dios o viven por los
preceptos revelados en ella, aunque ellos reconozcan que es la verdad. El
ateo no me encontrará a mí,
ni a la Biblia, aprobando la Inquisición, Las
Cruzadas, Las Brujas de Salem, o cualquier otro acto de prejuicio, envidia,
o ambición perpetrado en el nombre del Cristianismo. Cualquiera que
esto sea, esto no lo hace el verdadero cristiano.
Es
interesante señalar que la Biblia ha sido ciertamente un manantial de mucho
de lo mejor de lo que ha surgido en nuestra cultura Occidental.
Las
grandes obras de arte, arquitectura, conceptos de ley, gobierno, derechos
humanos y mucho más han sido influenciados directamente
por la Biblia.
Esto por supuesto no prueba que la Biblia es correcta, o inspirada, pero
prueba que la Biblia ha sido una influencia positiva para el bien en
el mundo, aun esto puede ser concluido por las normas de juicio de los
ateos.
LA BIBLIA INCOMPRENSIBLE
El Sr. Woodwoth escribe: “Si él (dios) es sabio; ¿Porque no compuso un
coherente registro de lo que él quiso que la humanidad hiciera? El mismo
dios que, según los que creen en él hizo cada electrodo girar en su órbita
en cualquier parte del universo; todavía no puede escribir un claro, e
inequívoco volumen de inspiración para los seres humanos quienes deben
seguir sus deseos. En lugar de eso, él nos da la Biblia, un conjunto
ridículo de supersticiones antiguas, contradicciones y narraciones vagas,
sin dirección que no muestran nada sino lo senil que creen los sacerdotes
que escribieron la Biblia”
La
Biblia afirma que es entendible (Efe. 5:17; 3:1-4) y que todos los hombres
serían juzgados por ella (Jn.12: 48). Si esta no fuera entendible, Dios
sería increíblemente injusto
al hacer una norma por la cual el destino final
del hombre será determinado. El ateo busca desacreditar la Biblia para
destruir la fe del hombre en Dios. Sin embargo, la existencia de Dios no
depende del todo sobre la credibilidad de la Biblia. Si la Biblia llegará a
ser probada falsa, lo cual no ha sucedido, el ateo todavía no ha probado que
Dios no existe, sino que solamente estaría probando que la Biblia no
es la verdadera revelación de Dios.
Todavía,
la Biblia permanece intocable por las acusaciones lanzadas contra
ella por los escépticos y los incrédulos por los pasados dos milenios. El
hecho que algunos hombres no entienden o aplican mal las Escrituras, no
prueba que la Biblia no puede ser entendida, sino solamente que ella puede
ser mal entendida!
Dios eligió el método de las palabras en su revelación y con eso
todas las fortalezas y debilidades inherentes en ella. Muchas de las
dificultades que surgen en la Biblia, el análisis de estudio se concentrará
en la naturaleza del lenguaje mismo. De este modo, debemos ser cuidadosos al
entender las palabras de la Biblia en el contexto correcto, con una firme
convicción que la Biblia es la verdad, y la verdad es consistente.
Francamente, mucho de lo que los ateos llaman contradicción; es sólo un
invento de su imaginación. El estudiante cuidadosamente puede tomar estas
supuestas discrepancias y sobre ellas considerar todos los hechos hasta
llegar a una explicación racional. Por ejemplo, considere esta supuesta
contradicción por nuestro amigo encuestado: “¿Conoció el rey Saúl a David
antes (1 Sam.16: 20-21) o después (1 Sam 17:55-57) de la batalla con
Goliat?”. Cuando uno considera el contexto total, la primera cosa que
resalta aparente es que David no era en ese tiempo un residente
permanente en la casa de Saúl (1 Sam.17: 15). Segundo, no hay nada en
el contexto, el cual demande que concluyamos que David era el único
hombre armado (Compare 2 Sam. 18:15); Tercero, David estaba en la presencia
de Saúl solamente cuando él fue tomado con sus pruebas de depresión (1 Sam.16:23).
Por lo tanto, David muy probablemente iba y regresaba de la casa de Saúl a
su casa en Belén; siendo considerado como un siervo de poca importancia.
(Yo dudo que el presidente Bush conozca los nombres y descendencia de cada
secretario y auxiliar en la Casa Blanca). Sin embargo, después de la batalla
con Goliat, David atrajo la atención de Saúl, convirtiéndose
rápidamente en un amigo de Jonatan, hijo de Saúl, y la Biblia dice, “Y Saúl
le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre” (1 Sam. 18:2).
Esto demuestra claramente la importancia de juntar todos los hechos al
considerar el contexto total. Aquí esta el tipo de argumento que el
incrédulo formula contra la Biblia y luego se jacta de su grandeza, llamando
a los creyentes de la Biblia; o al menos a los lectores de la Biblia “faltos
de cultura”.
EL MÉTODO CIENTÍFICO
Con relación a probar que Dios existe; Woodwoth reclama, “Si la Biblia fue
el intento de Dios para probar a la humanidad que él existe; entonces él
debe haber deseado que el hombre creyere esto. Pero, la mejor forma de
hacer que la humanidad crea en dios, sería que este dios se revelará
rápidamente y claramente ante nosotros; es aparente que a los métodos de
Dios les faltó inteligencia”. En esencia, el ateo afirma que
él esta
dispuesto a creer solamente en lo que el puede “ver”. En conclusión, él
insiste en que “nada existe a menos que pueda ser probado”—el peso de la
prueba esta sobre los que lo afirman.
Estoy asombrado de este tipo de razonamiento viniendo de un ateo. No hay un
grupo de personas más dependientes de la fe que los ateos. El no ha probado
que él evoluciono de una combinación, a un polvo primordial. La evolución
como una explicación para el origen de la vida es en mucho; un asunto de
fe, como lo es la creencia en Dios. El ateo no tiene una más ridícula
creencia que lo que profesa.
Los ateos debieran reconocer que el hombre llega a “saber” en una de las dos
formas: O él sabe por el método Científico, este es el método
empírico, o, el sabe por medio de la fe, el método histórico. El
método empírico es empleado en el laboratorio y esta limitado a fenómenos
observables y repetibles. Mientras que, el método histórico esta dependiente
del descubrimiento de la evidencia;
tanto de primera mano,
como la evidencia
circunstancial;
éste es el método de la corte de la ley. Cuando el ateo
insiste que él creerá solamente lo que puede ver,
él ha limitado su
conocimiento a sus propias experiencias personales, las cuales
son
ciertamente
muy limitadas.
Ahora, la evidencia para la existencia de Dios es abundante. Esta evidencia
esta alrededor de nosotros; en la naturaleza; en el hombre mismo; en
la religión, en el orden del universo. Uno no tiene que buscar demasiado, o
demasiado lejos los hechos. (Sal.19:1; Rom.1:20). Desafiamos a los ateos a
conocer los argumentos que ofrecemos para la existencia de Dios.
Para empezar; hay la ley de la causa y el efecto que considerar. Ningún
efecto puede ser producido sin una causa. Los seres humanos y el universo
mismo son un efecto,
el cual debe haber tenido una causa.
Llegamos necesariamente; después de todo, a la causa sin causa, que
es Dios. Segundo, el universo es incuestionablemente uno de diseño y
orden. Es gobernado por leyes, no por casualidad. Ahora, ¿Este
sistema de diseño y orden, apareció solo, o hay un gran diseñador? Una vez
mas, ¿Cómo el ateo explica “el sentido del deber”, dentro del hombre; La
habilidad para conocer lo bueno y lo malo? Si los pensamientos del hombre
son simplemente el resultado de los procesos electroquímicos del cerebro;
entonces ¿Por
qué esperamos que los hombres conozcan que el asesinato,
el robo y el adulterio son malos? ¿Que hace al hombre diferente de
los animales que vienen de la misma combinación de especies según el ateo?
¿Cómo puede aquello que es inmoral engendrar lo que es moral?
La única explicación satisfactoria es: “Entonces dijo Dios: Hagamos al
hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Y creó Dios al hombre
a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó”
(Gén.
1:26-27). Finalmente, el fenómeno de la religión, testifica a la
existencia de Dios. En cada cultura conocida, ha habido en su antiguo pasado
una creencia en un Dios, creencia que más tarde se degeneró hasta llegar al
politeísmo (o creencia de muchos dioses), (Compare Rom.1:18-32). Esto es
inexplicable, si es como el ateo contiende, que la religión es el fruto de
su propia imaginación. Esperaríamos que lo opuesto seria la verdad; una
creencia en muchos dioses, transformándose en una creencia de un solo dios.
Aunque, el fenómeno ahí permanece, y el incrédulo no puede explicarlo; Sin
embargo, sabemos que, el Todopoderoso, “ha dejado testimonio”, pero ellos,
“profesando ser sabios, se hicieron necios”.
EL ESQUEMA DE REDENCIÓN
De todo lo que se ha considerado, nada es más despreciable para la opinión
de los ateos que el plan de Dios para salvar al hombre. Las siguientes
declaraciones reflejan esa opinión. Ellos consideran la muerte de Jesús, “un
ritual ridículo en Palestina”. El concepto de la salvación por la sangre es
“una especie de canibalismo, que aparece en la Biblia”. La muerte
vicaria de Jesús es declarada ser “censurable” y el concepto de la
expiación de Dios es menospreciado, con la acusación: “lo básico de su
religión es la injusticia”.
(Las
citas son del libro de Woodworth, titulado,
There Is No God –“No hay
Dios”
Y el libro de Charlie Smith,
The Bible In The Balance—“La
Biblia en la Balanza”).
El por
qué el ateo se siente así es fácilmente explicado. El rechaza la idea
del pecado, y de este modo,
él no tiene ningún reconocimiento de la
necesidad por un Salvador. Además, él rechaza la deidad de Cristo y no puede
ver en El ningún mérito como el sacrificio por el pecado. Finalmente, el
ateo, con sus conceptos pervertidos de la rectitud y la justicia, rechaza
creer que algo que el hombre haga, amerite el castigo, ya sea temporal o
eterno.
Cuando uno tiene el cuadro completo del dilema del hombre en el pecado;
entonces, la belleza del amor y la misericordia del plan de Dios
resplandecen. El hombre siendo incapaz para salvarse a sí mismo por las
obras meritorias quedaba dependiente de la gracia de Dios para su redención.
Por lo tanto, Dios debía iniciar y consumar nuestra Salvación.
Para realizar esto, cierto criterio debía ser satisfecho para que la
reconciliación pudiera ser efectiva. Esto a su vez, es el por
qué Dios no
podía; como el Sr. Woodworth
sugirió,
“Salvar a la humanidad… solamente
con tronar sus dedos”.
El criterio para un plan de Salvación debería ser:
(1)
Debe
satisfacer los requerimientos de la justicia divina, con la penalidad de
muerte y separación de Dios completamente pagado.
(Is.53:11;
1 Jn.2: 1; Rom.3:25).
(2)
Debe
demostrar el amor de Dios por hombre en tal forma que el hombre recíproca y
libremente quiera corresponder al amor de Dios, en gratitud por la provisión
compasiva de la restitución a Su comunión. (Rom.5: 8-11; 1 Jn.
4:9-10,19;
3:16).
(3)
Debe ser
comunicada y efectuada sobre el nivel humano, en tal forma que el hombre
pueda comprenderla y apropiarse de ella (Rom.
8: 3-4, Gál.3: 19; Heb.
2:14-16;
Ef.
3:1-4; 5:16).
(4)
Debe, no
obstante, ser llevada a cabo solamente por Dios para atraer el amor y
devoción del hombre hacia Dios solamente, y no a otra criatura (Ef.2:8-9;
Rom.3:28).
(5)
Debe
proveer confianza al hombre del completo perdón de los pecados y poder para
vivir en comunión con Dios; de este modo, con una conciencia purificada y
una esperanza segura (1 Jn.2:1-2; Hecb.7:25; 1Jn.1:8-19; Hech.8: 22).
(6)
Debe ser
universal en alcance, capaz de salvar a todos los que deseen ser salvos, sin
obligar a los hombres contra sus propias voluntades (Mat.
11:28-30; Apoc.
22:17;
Mar.
16:16; Mat.7: 13, 14,21-23).
(7)
Aunque
la penalidad de la muerte debía ser pagada; esta debe culminar en la vida y
en la completa eliminación de la ira de Dios.
(Jn.5:28-29; 6:40; 11:24; Gal.3:13; Rom.8: 1).
Una vez
que uno comprende lo qué estuvo envuelto al efectuar la redención del
hombre, se vuelve aparente que solamente el Dios encarnado podría haberla
efectuado. Esto lo tenemos en la persona de Jesús de Nazaret quien fue
declarado ser el Hijo de Dios por la resurrección de los muertos (Rom.1:4).
CONCLUSIÓN
¿Han probado los ateos que no hay Dios? Difícilmente! Ellos solo han puesto
de manifiesto la profundidad de su desprecio por Dios, la Biblia y los que
sinceramente creen en Él. Los insultos, epitafios, el ridículo y la
sofistería no prueban nada!
Sinceramente esperamos que hayamos fortalecido la fe de algunos y conducido
a quienes tienen dudas y son escépticos, al menos, dudar de su “duda”. Las
consecuencias para el ateo son verdaderamente horribles, porque irán al
juicio en un estado de incredulidad. No queremos esto para nadie.
Al
cerrar este artículo, recordemos las palabras del Salmista: “Dice el necio
en su corazón: No hay Dios” (Sal.
14:1). Y aquellas palabras de Pablo, “si
bien no se dejó (Dios) así mismo sin testimonio…” (Hech.14:17).