Por las pasadas dos décadas se
ha popularizado en el mundo religioso la doctrina humana
de que el Infierno no
es el lugar de eterno castigo consiente sino uno donde las almas
rebeldes van para ser aniquiladas para jamás
existir en la eternidad. A esta nueva doctrina se
le ha denominado “La doctrina de la aniquilación”. Esta posición se
define como “el acto de reducir a nada o a la no existencia” (American
Dictionary of the English Language, Pág. 1828). “Traer a la nada,
nulificar, matar” Webster´s New World College
Dictionary, Pág. 57). Que las almas de los impíos después del
juicio serán eternamente castigadas es un hecho
bien establecido en las
Escrituras (cf. Mat.10:28; 25:41,46; Apoc.14:10-11). Pero que los incrédulos
no sufrirán un tormento eterno consiente o que sencillamente serán
aniquilados; es algo totalmente desconocido en la revelación de Dios.
Sin
embargo, la negación de un Infierno Eterno como el destino final de los
impíos después del Juicio no es nada nuevo. En los siglos III-IV D. C.
algunos escritores como Justino Mártir y Teofilo de Antioquia
habían abogado por un Infierno aniquilatorio. Arnobio (quien murió
en el año 330 D. C.) se cree ser el primero en defender la doctrina del
Aniquinacionalismo en forma explicita. Por el mismo periodo. Tertuliano,
Jerónimo y Juan
Crisóstomo
repudiaron ese concepto aniquilatorio de las
almas como un substituto al tormento eterno. Más tarde, lo mismo
hicieron personajes históricos de la reforma protestante de los siglos XV-XVI
como Martín Lutero, Juan Calvino, John Wesley y Tomas de Aquino. Todos ellos
apoyaron un castigo eterno consciente.
¿Como Surgió la Negación en la Época Reciente?
En tiempos
recientes han surgido varios escritores religiosos quienes una vez fueron
considerados como teólogos y escritores conservadores. Ahora se
pronuncian por un castigo no consiente en el Infierno. Entre ellos
destacan los ingleses John W. R. Stott y David Edwards
(ambos pastores de la Iglesia Anglicana de Inglaterra) escribiendo un libro
llamado “Evangelical Essentials: A liberal-Evangelical Dialogue”
en 1988 donde discutían asuntos como el evangelio, la autoridad Bíblica,
los milagros, y la ética, sin embargo, cerca del final de su obra en
las últimas 6 páginas de su dialogo analizando la naturaleza del
infierno eterno llegaron a la conclusión que los incrédulos serían
aniquilados por completo en su destino final y así no experimentarían un
castigo eterno en duración como se había enseñado por años en lo que ellos
comenzaron a llamar “el tradicionalismo”. Desde entonces el debate escrito y
público se ha desarrollado en el mundo denominacional y más recientemente,
entre nuestros hermanos liberales quienes son conocidos por sus notables
escritos y han completamente abrazado este
mismo concepto. Una cantidad de libros, artículos, repasos se han producido
sobre la contienda de esta doctrina.
Entre los que
han vocalizado este concepto masivamente están Phillip E. Hughes en
su
libro:
“The True Image: The Origin and Destiny of Man in Christ (Eerdmans,
1989).
John
W. Wenham en su libro: “Universalism and the Doctrine of Hell” (Baker,
1992) enseñó el concepto que los seres humanos no son inmortales. Dios es el
único inherentemente inmortal y él ha otorgado el don de la inmortalidad
solamente a los creyentes. Los incrédulos, por lo tanto, careciendo de
este don, “no vivirán para siempre”.
Edward
Fudge un escritor conocido de nuestros hermanos liberales escribió su
libro: “The Fire That Consumes: The Biblical Case for Conditional
Immortality (Paternoster Press, 1982). En su obra él clara y
repetidamente defiende el concepto aniquilatorio y
desafía el concepto tradicionalista (i. e., que hay un lugar de castigo eterno consciente para los incrédulos). No mucho tiempo después Kendall Harmon
defendió la posición tradicionalista en su libro “The Case Against
Conditionalism: A response to Edward William Fugde” (Baker 1992).
Y así lo hicieron John H. Gerstner (Repent or Perish (1980),
Robert Peterson “Hell on Trail: The Case for Eternal Punishment”
(Presbyterian & Reformed 1995) D. A. Carson (The Gaging of God:
Christianity Confronts Pluralism (Zondervan 1996). Todavía se siguen
sumado a la larga y militante lista autores denominacionales que han
levantado su voz contra lo enseñado por los Condicionalistas Ingleses y
algunos Norteamericanos en los tiempos recientes. (Muchos de los datos de
esta sección han sido tomados de la revista Christianity Today,
Octubre 23, 2000, bajo el artículo: Hell: Annihilation or Eternal Torment?
Por Robert Peterson, Págs.30-37)
¿A
Dónde ha llegado toda esta Controversia?
No
es sorpresa que escritores y teólogos liberales tales como los mencionados
anteriormente comiencen a rechazar la enseñanza de la Biblia con respecto a
la naturaleza eterna del Infierno, pero que escritores que una vez fueron
conservadores y hermanos nuestros (predicadores miembros
de la Iglesia de Cristo) lo
estén haciendo es algo verdaderamente serio y preocupante.
Lo siguiente son afirmaciones de escritores liberales y uno conservador en
sus respectivos libros.
Edward Fudge
en su obra: The Fire That Consumes: The Case for Conditional Immortality
(1982) escribió: “La muerte envolvió total destrucción... Hemos ya visto a
lo largo del Antiguo Testamento que la ira de Dios contra el pecado resulta
en la total destrucción del pecador. Los Salmos y los Proverbios
repetidamente hablan de un tiempo cuando el impío ya no existirá más, su
lugar no será encontrado, y aun su nombre será olvidado... Los impíos, una
vez destruidos, nunca más
serán vistos otra vez... Ellos perecerán, serán
destruidos, serán consumidos, se irán para siempre” (Págs.246, 250). Y más
enfáticamente, Fudge declaró; “La idea de un tormento eterno consciente fue
un severo error, un horrible error, una flagrante
calumnia contra el Padre Celestial, cuyo carácter vemos verdaderamente en la
vida de Jesús de Nazaret” (Two Views of Hell: A Biblical and Theological
Debate; Pág.20; 2000).
F. LaGard Smith
en su reciente libro: After Life (Cotswold
Publishing; Nashville, TN.
2003) interpretó: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para
el diablo y sus ángeles.” El punto es destinación, no duración.
De la misma manera, cuando Jesús dice, “E irán estos al castigo eterno, y
los justos a la vida eterna” (Mat.25:41,46), él esta hablando del tipo de
castigo—es decir, destrucción—el cual tiene consecuencias eternas”
(Pág.175). “Porque el castigo de “eterno fuego” tiene repercusiones eternas,
duraderas y sin fin. Aquello que es consumido es para siempre
consumido. Aquello que es totalmente destruido, es
eterno—eternamente—destruido” (Pág.175).
Homer Hailey (difunto predicador y maestro de Biblia por largos años
en el Colegio Florida) en su obra póstuma publicada por Stanley Paher
God´s Judgements and Punishments (2003) escribió: “Aquellos que sufren
el castigo del fuego eterno no existen más (p.142), “son totalmente
consumidos” (p.144), “la existencia vino a un fin en el lago de fuego”
(p.178), “la segunda muerte traerá a los individuos a la extinción
así como la muerte y el hades” (p.179). Además, él dice que “las expresiones
“fuego inextinguible” y “fuego eterno” son evidentemente usadas simbólica
o metafóricamente” (Pág.143).
Lo que estos hombres han escrito no es un casual e ingenuo
error. Ellos han sostenido por años sus conceptos aniquilatorios. Sus
enseñanzas no sólo constituyen un desafío a la interpretación
“tradicionalista”, son un ataque directo
a la doctrina misma
del Infierno.
Pasajes y Términos en Controversia
(1)
Mateo 10:28 “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no
pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo
en el infierno”. Los Aniquinalistas creen tener en la frase “destruir” de
este verso, la clave para su concepto de destrucción total del sér.
Para ellos la palabra “destruir” significa solamente “dejar de existir”.
Ellos razonan que si ocurre una total destrucción de la vida física
sobre la tierra, entonces, debe haber una total destrucción ¡del alma
en el infierno! Clark Pinnock cree que “La Biblia usa el
lenguaje de muerte y destrucción, de ruina y perdición, cuando esta habla
del destino de los impíos impenitentes. La Biblia usa la
imágen del fuego que consume cualquier cosa que es lanzado a
él;
enlazadas juntas las imágenes de fuego y destrucción estas sugieren
aniquilación” (Four Views on Hell; Pág.144). Un argumento similar
hace Edward Fudge en su nota anterior basándose sobre la misma
premisa que las expresiones destruir o perecer implican extinción
total del sér. ¿Acaso habrán bebido ambos escritores de la misma
fuente? William E. Vine dice que la palabra para “destruir”, usada en
el versículo 28, viene de la palabra Griega “APOLLUMI”, se encuentra 92
veces en el Nuevo Testamento y “la idea aquí no es extinción sino ruina,
perdida, no del sér, sino del bienestar” (Expository
Dictionary of Old & New Testament Words; Pág.294). La misma
palabra se encuentra en Luc.15:4,24. El hecho que el hijo pródigo estaba
perdido o “viviendo perdidamente” (v.13) no significó que el estaba “destruido
para siempre” o “aniquilado”. Cuando los discípulos exclamaron a Jesús “¡Señor, sálvanos, que perecemos!” (Mat.8:25) no quisieron decir “sálvanos de
ser aniquilados” Otros usos destacados de la palabra se encuentran en
Mat.2:13; 9:17; 26:52, Luc.19:10; Jn.6:27; Rom.2:12; 1 Cor.15:18; 2 Ped.3:9).
Pero no hay un solo ejemplo en el N. T. donde “apollumi” signifique
“aniquilación” en el sentido estricto de la palabra. A. T. Robertson
dice que la palabra destrucción significa “la perdida del bienestar en el
caso del no salvo en el futuro” (Vol. I, Word Pictures in the New
Testament; Pág.302). Joseph H. Thayer señala que “destruir” en
Mateo 10:28 denota “metafóricamente entregar a la miseria eterna” (Greek-English
Lexicon of the New Testament; Pág.62;2002).
John Broadus dice que la palabra “destruir” de Mat.10:28 “no necesita
significar aniquilación, sino solamente ruina, perdición, la destrucción de
todo lo que hace la existencia algo deseable” (Commentary on
Mattthew, Pág.230; 1990). Destrucción, entonces no es lo mismo que
aniquilación.
(2)
Mateo 25:46 “E Irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida
eterna”. Esta sentencia de nuestro Señor Jesús viene al fin de una larga
discusión sobre el Juicio final. Lo que Jesús está declarando es el destino
final del justo y el impío. La palabra Griega usada para “eterno” es (AIONION)
y tenemos dos veces la misma palabra en el mismo versículo. Por lo
tanto, la vida “eterna” (aionion) y el castigo eterno” (aionion)
significa la misma cosa y es de la misma duración en tiempo
sea la recompensa del justo o el castigo del impío. ¿Por
qué podríamos pensar
que la vida eterna del justo es algo totalmente diferente en tiempo
del castigo eterno del malo? Dos respetados Lexicógrafos
definen el término: "(1) sin comienzo ni fin, eterno... (3) sin fin,
eterno...para siempre" (A New Greek-English Lexicon to the New Testament
por George Ricker Berry; Pág.4). "aquello que siempre ha sido y siempre
será...Rom.15:26;Heb.9:14. (2) sin comienzo...(3) sin fin, nunca cesar,
eterno... 2 Cor.4:18" (Thayer´s Ibíd, Pág.20). El mismo adjetivo
aionion es usado para referirse a “Dios eterno” (Rom.16:26; Compare 1
Tim.1:17; Heb.9:14; 13:8; Apoc.4:9). Así, el castigo del impío es tan
eterno como nuestro Dios es eterno.
Pero, si
“castigo eterno” aquí significa “aniquilación” o “dejar de existir”,
entonces
¿Cómo sería posible castigar a los que no existen? ¿Castigará
Dios al impío cuyo cuerpo y alma no existen? A. T. Robertson
nota “No hay la más ligera insinuación en las palabras de Jesús aquí que el
castigo no sea co-igual con la vida” (Vol. I, Imagenes
Verbales en el Nuevo Testamento,Pág.202;1988).
(3) 2
Tesalonicenses 1:9
“los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del
Señor y de la gloria de su poder”. “el castigo de eterna destrucción” (LBLA),
La palabra Griega para “perdición” o “destrucción” viene de (OLETHROS)
que significa “ruina, destrucción, muerte... la perdida de una vida de dicha
después de la muerte” (Thayer´s; Ibíd;
Pág.443) La misma palabra se usa en 1 Tes.5:3; 1 Tim.6:9. La idea de los
pasajes no es que los individuos sean aniquilados o exterminados, sino que
caen en un estado de ruina y olvido espiritual.
Como muy
apropiadamente lo señaló Gary Workman: “Si el destino del impío es
repentina aniquilación a la venida de Jesucristo (1 Tes.5:3) ¿Cómo
van ellos a permanecer ante el trono de Cristo en el día del Juicio?”
(2 Cor.5:10).
(“Is
There an Eternal Hell?” The Spiritual Sword; Abril-Jun, 1992).
Un uso
ilustrativo de esta palabra (olethros) se encuentra en 1 Corintios
5:5 tocante al fornicario. Pablo
aconsejó a la Iglesia que “el tal sea
entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el
espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”. Si el apóstol aquí quiso
decir que “su carne” (cuerpo) fuese “aniquilado” o “saliese de la
existencia”, él podría haber muerto y en esta condición cualquier
posibilidad para el arrepentimiento y la salvación, sería imposible.
Pero la idea transmitida aquí es realizar un esfuerzo por traerle a la
restauración, ¡no para conducirle a la extinción!
Edward Fudge
y otros insisten que la palabra del texto “destrucción” significa
“extinción” total del sér. Ellos tratan (como lo harían los
Testigos de
Jehová en su caprichosa interpretación de la palabra “alma” para que esta
signifique solamente “aliento de vida”) de insertar el mismo concepto
aniquilatorio o de exterminio cada vez que encuentran la palabra
“destrucción” en la Escritura. Pero aún el difunto Homer Hailey en un
tiempo disintió con esta interpretación errada cuando escribiendo en su
artículo: “El Infierno y quiénes estarán ahí"
observó: “La
“destruccion” no es “aniquilación”, sino ruina, la perdida del bienestar,
una separación de Cristo y Su gloria, en las tinieblas de afuera… Los que
quieren hacer que la terminología de Pablo “destrucción eterna” signifique
aniquilación, eliminan la enseñanza Escritural sobre el tema” (Hailey´s
Comments, Pag.710; Nevada Publications, 1985).
Robert
Thomas añade que: “La palabra en la versión Septuaginta y los usos del
Nuevo Testamento nunca tienen este significado (aniquilación—ARP) sino más
bien giran sobre el pensamiento de la separación de Dios y la perdida de
todo lo digno en la vida… Así como la vida interminable pertenece a los
cristianos, la destrucción interminable pertenece a los que se opusieron a
Cristo (Mat.25:41-46)” (The Expositor´s Bible Commentary, Vol. 11,
Pág..313; Zondervan 1981).
De estos
valiosos y Escriturales argumentos es obvio que Fudge y otros están
intentando en vano “reedefinir” la palabra “destrucción” con un
concepto totalmente ajeno a la palabra Griega original en el texto.
El peso de la prueba gramatical y toda la enseñaza del Nuevo Testamento
referente a la forma que sufrirán los incrédulos está en su contra. El
respetado exegeta A. T. Robertson también señaló: “destrucción” (cf.1
Tes.5:3) no significa aquí aniquilación, sino como pasa Pablo a mostrar,
exclusión de la presencia del Señor y de la gloria de Su potencia” (Imágenes
Verbales en el Nuevo Testamento, Tomo 4; Pág..77;1989).
Apocalipsis 10:10,14
“Y el diablo
que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la
bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos
de los siglos… Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta
es la muerte segunda”. En este cuadro final de castigo para los enemigos de
Dios, El Señor Jesús reveló a Juan el destino eterno del diablo y sus
aliados (la bestia y el falso profeta). De la bestia se había dicho, “él
también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el
cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre…y el humo de su
tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de
noche los que adoran a la bestia y a su imagen” (Apoc.14:10-11). El cuadro
es que Satanás compartirá un castigo sin fin con sus aliados y con todos los
que le sirvieron ya sea bajo el poder de la bestia (v.11) o bajo el poder
del pecado (Cf. Apoc.21:8). Pero aun de estos pasajes que nada tienen que
ver con extinciones o aniquilaciones de seres sino de un castigo que no
acaba en el tiempo “por los siglos de los siglos”. Edward Fudge
vuelve a atacar el lenguaje del texto al afirmar: “En el caso de la bestia y
el falso profeta… el lago de fuego permanece para una aniquilación final,
absoluta e irreversible… Si el lago de fuego significa aquí lo que significa
en Apoc. 19:10, esto no es nada sino un símbolo para la aniquilación” (The
Fire that Consumes, Pág.304-305).
En esta misma
obra Fudge había argumentado su posición contra las figuras de este pasaje
en su intento por demostrar lo absurdo de infligir castigo a “meras
representaciones” cuando dijo, “la bestia y el falso profeta… No son
en realidad personas sino representaciones del gobierno civil persecutor y de
la religión falsa corrompida; tampoco ellos pueden sufrir dolor consciente o
sensible. En su caso, el lago de fuego no puede indicar esa clase de castigo
eterno” (Ibíd., Pág.303).
Pero con todo
esto Fudge no prueba nada, sólo supone y fantasea en su propio
razonamiento humano al intentar ridiculizar la idea de la imposibilidad de
torturar a seres “impersonales”. Evidentemente, “la bestia” y “el falso
profeta” no significan un solo sér, sino una colectividad de
participantes de sistemas corruptos religiosa y civilmente. Si los
individuos no estuvieran envueltos en el mismo castigo ¿Cómo es posible que
el texto se refiera al hecho de ser atormentados “día y noche” si
no
estuvieran envueltas las “personas”? ¿Cómo podrían ser “lanzados vivos” a un
lago de fuego que arde con fuego y azufre (Compare Apoc.19:20) si el objeto
del castigo son sólo “representaciones inmateriales” como contiende
Fudge? El apóstol Juan dice que “el cáliz de su ira” (Apoc.14:10ª) está
preparado para ser vaciado en aquel gran día. ¿Caerá éste sobre “meras
representaciones” o sobre seres personales impíos?
Por lo tanto,
para que estos individuos (cualquiera que se involucre
con los poderes corruptos
de la tierra) reciban su pago correspondiente, es necesario que estos
estén “vivos” y “conscientes” en el día de su castigo. Una acción aniquilatoria de sus existencias no serviría de nada, excepto para escapar
del castigo eterno. Ronald Rhodes correctamente observó, “Uno no
puede negar que para uno que esté sufriendo un dolor insoportable, la extinción
de su conciencia sería ciertamente una bendición—No un castigo (cf. Luc.23:30-31;
Apoc.9:6). Cualquier buscador honesto de la verdad debe admitir que uno no
puede definir 'castigo eterno' como una extinción de la conciencia.
Debemos enfatizar que el tormento no puede, por definición, ser
otra cosa que
tormento consciente. Uno no podrá atormentar un árbol, una roca, o una
casa—Por la misma naturaleza, el ser atormentado requiere
conciencia”. Por lo tanto, un castigo amerita ambos, la existencia y
la conciencia del individuo. Si una de estas dos entidades está
ausente, entonces, un castigo propiamente definido ¡no esta ocurriendo!
En un
libro reciente, “Inmortality: Only in Christ” (2002 Star Publications;
Forth Worth, TX) F. LaGard Smith insistentemente contiende que “la
segunda muerte” mencionada en el pasaje bajo consideración constituye: “el
evento en el cual el hombre (malvado) es aniquilado” (Pág.44). Pero los usos
de la palabra “muerte” en las Escrituras siempre tienen que ver con “la
separación” sea del alma del cuerpo (Gén.35:18; Sant.
2:26) para indicar una
muerte física; o sea la separación de Dios de
los pecadores (Isa.59:2; Efe.2:1) para indicar una muerte espiritual.
La segunda muerte es llamada así porque sigue a la muerte física y será un
estado perdido consciente definitivo. Una condición
desprovista y abandonada del Creador hacia los incrédulos la cuál es
descrita por el Apóstol Pablo como “separados, excluidos de
la presencia del Señor y de la gloria de su poder”
(2 Tes.1:9). De esa exclusión Jesús habló en Mateo 25:41
cuando dijo: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno".(compare Mt.7:23).
Thayer dice que esta muerte es "el estado miserable del impío muerto en el
infierno" (Ibíd., Pág.283). Por lo tanto es un error leer en
esta expresión la idea no Bíblica de la Aniquilación. John W.
Haley y Santiago Escuain ofrecen esta nota:
“Asignar el significado de aniquilación, de cesación de existencia, a los
términos “muerte”, “destrucción”, “perdición” es una petición de
principio… la muerte así es una disolución de vínculos, no
una aniquilación del ser. Lo mismo que los términos “destrucción”,
“perdición” etc., no implican aniquilación del sér, sino una existencia
totalmente arruinada, lanzada a una desvinculación eterna, a una
soledad eterna, a un tormento eterno… La muerte segunda es, para
los perdidos, la desvinculación del hombre del entorno sobrenatural para el
que había sido creado, la comunión con Dios”. (Diccionario de
Dificultades Y Aparentes Contradicciones Bíblicas; Págs.253-254;1988).
Homer
Hailey admitió que no hay tal noción de extinción en el pasaje (20:10)
cuando escribió: “Hay muchos que cuestionan la duración eterna de este
tormento, pero esto debe explicarse separado de la enseñanza
bíblica… Ambos,
el castigo y la vida son eternos. En Apocalipsis se habla de dos grupos, de
aquellos que están ante el trono “y le sirven día y noche” (7:15), y de los
impíos que “Y no tienen reposo ni de día ni de noche” (14:11)… Hay un día en el
cielo y una noche en el infierno, y debido a que un grupo le sirve día y
noche mientras el otro grupo es atormentado noche y día, esto sigue, que la
noche dura mientras dura el día… El periodo de este tormento, “por los
siglos de los siglos” es el mismo en duración como Dios, porque El vive “por
los siglos de los siglos” (4:9). Si habrá una total aniquilación del diablo
y el impío, esto no es revelado” (An Introduction and Commentary On
Revelation, Págs.398-399; 1992). Nota: (Las citas de Edward Fudge
y F. LaGard Smith han sido tomadas de varias fuentes o repasos críticos
hechos a sus libros por autores como Wayne Jackson, Carrol Sutton, entre
otros).
Habiendo
repasado algunos de los argumentos de los falsos maestros y la falacia de
sus interpretaciones, procedamos a responder ¿Por qué se esta negando
el castigo eterno de los incrédulos en esta época moderna?
1.
Porque algunos Creen que un Dios
lleno de amor y un Infierno
lleno de tormento no son reconciliables.
Clark Pinnock
proponente activo del concepto aniquilador emocionalmente pregunta, “¿Cómo
puede uno imaginar por un momento que el Dios que entregó a Su Hijo a la
muerte por los pecadores debido a Su gran amor por ellos instalaría una sala
de tortura en algún lugar en la nueva creación con la finalidad de sujetar a
aquellos que le rechazan para una pena eterna?” (Fire, Then Nothing,
Christianity Today -- Marzo de 1987; Pág.40). Poco tiempo después, él
mismo autor supuso: “Considero que el concepto del Infierno como
un tormento sin fin en cuerpo y alma es una doctrina escandalosa, una
enormidad teológica y moral, una doctrina mala de la tradición que necesita
ser cambiada. ¿Cómo pueden los cristianos proyectar una deidad de tal
crueldad y vindicidad, cuyas formas incluyen infligir tortura eterna sobre
sus criaturas?... Seguramente, un Dios que hiciera
semejante cosa sería más
parecido a Satanás que a Dios, al menos por las normas morales ordinarias, y
por el evangelio mismo… Seguramente el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo no es un malvado; torturar a las personas sin un fin no es lo que
nuestro Dios hace” (The Destruction of the finally Impenitent,
Págs.246-47, 253; 1990).
Desde un
punto de vista humano, mucho del razonamiento de Pinnock suena “justo”
o razonable. Pero desde el punto de vista de la
revelación (Isa.55:8-9; 2 Cor.2:16), es un tormento o castigo eterno
(Mat.25:46) lo que espera a los que rechazan a Dios (2 Tes.1:8-9). Primero,
nadie que no merezca estar en el tormento eterno del infierno estará
ahí (Apoc.21:8). Segundo, Dios no quiere que nadie perezca (2 Ped.3:9; 1 Tim.2:4;
Mat.18:14; cf. Ezeq.18:23) sin embargo, esto no cambia el hecho
de que algunos
pasarán la dicha eterna con El en el Cielo (Apoc.21:3) mientras otros como
resultado de sus malas obras pasarán toda una eternidad en el tormento (Apoc.14:11;
20:10). Y Tercero, no, Dios no lanza a nadie al infierno, el hombre será
lanzado ahí ¡por sus propios pecados! En las palabras de un buen
escritor (C. S. Lewis) “Las puertas del infierno son cerradas desde
adentro”.
Pero si
siguiéramos la opinión que Pinnock tiene de “un tormento eterno” ¿Qué
diríamos de Dios enviando un diluvio para destruir toda carne impía excepto
a Noé y a su familia piadosa? ¿Fue Dios “cruel” porque en 40 días destruyó
casi toda la raza humana (Gén.7:17-23? ¿Fué Dios “cruel” porque en pocos
minutos destruyó a Sodoma y Gomorra con azufre y fuego (Gen.19:2425)? No es
la falta de amor lo que origina la existencia de un castigo
preparado, sino la falta de un temor reverente de las criaturas a Su
Creador.
El mismo Dios
que amó tanto al mundo proveyendo el don inmensurable de Su Hijo para
redimirnos del pecado; es el mismo Dios que proveyó 40 años de
predicación anticipada y amorosa de parte de Noé para salvarles del gran
diluvio. “Mira, pues, la bondad y severidad de Dios” (Rom.11:22)
debe ser la historia completamente dicha. Pennock sólo quiere ver o hablar
un sólo lado. Lo mismo hacen los Testigos de Jehová para quienes la doctrina
Bíblica del infierno tampoco es reconciliable con la bondad de Dios. Ellos
contienden: “La doctrina de un infierno ardiente donde los malvados son
torturados eternamente después de la muerte no puede ser verdadera,
principalmente por cuatro razones: (1) Es totalmente anti- Escritural, (2)
Es irrazonable, (3) Es contraria al amor de Dios, y (4) es repugnante a la
justicia” (Sea Dios Veraz, Pág.99). Un escritor
Adventista, Roy B. Thurmon protesta más agúdamente contra la supuesta
falta de equidad entre un Dios lleno de amor y compasión con un tormento eterno:
"...Esta es una doctrina del diablo mismo inventada para lanzar discrepancia
sobre el carácter de Dios... Solamente la mente distorsionada de Satanás
mismo podría concebir semejante atrocidad...ninguna persona inteligente
podría creer que Uno Quién es la personificación del amor pudiera causar a
Sus hijos ser atormentados eternamente en las llamas del infierno... ¡Eso no
es justicia! Eso es crueldad satánica" (Truth for Today Bible Lectures,
Págs.1,4-5).
Otro ejemplo
de este cada vez más prevaleciente concepto esta en el diccionario
Eerdmans Dictionary of the Bible cuando define la palabra infierno:
“Jesús no proclamó la doctrina de un infierno ni describió la condenación, y
habló solamente marginalmente del infierno… Muchas metáforas contrastantes
para el infierno indican la ira y castigo de Dios. La noción de la eternidad
indica un castigo final, pero no necesariamente uno que se extiende para
todos los tiempos. Las ideas de completa destrucción y castigo infinito van
contra el amor, la misericordia y la reconciliación universal que
existe a lo largo de la Escritura y la historia de la Iglesia.” (Pág.573;
David Noel Freedman Editor General, 2000). F. LaGard Smith uno de los
que más presiona la idea de la aniquilación y la inmortalidad condicional
entre la hermandad también escribió en esa misma dirección emocional: “Dios
no es un Dios cruel y perverso quien tortura al impío azotándole en las
llamas del fuego” (After Life, .
Pág.183; 2003).
Peter
Kreeft y Ronald Tacelli tienen una excelente respuesta a la
aparente discordancia que los hombres asumen entre el amor de Dios y
la realidad de un infierno como tormento eterno: “Muchos han creído,
algunos todavía creen, que debido a que hay un infierno, Dios debe ser un
Dios de ira, venganza y odio. Pero esta conclusión no sigue de la premisa
del infierno…Es su ira contra el pecado, no contra los pecadores.
Dios práctica lo que él nos predica: amar a los pecadores, odiar los
pecados. Para que los cirujanos amen a sus pacientes, ellos deben odiar los
cánceres de sus pacientes. Los condenados al infierno son aquellos que
rechazan desasociarse de sus pecados al arrepentirse. Cada pecado
debe reunir su necesario destino: exclusión del cielo. Solamente si
nos atamos a nuestros pecados, nos atamos nosotros mismos a ese destino…
Si el infierno es elegido libremente, el problema entonces se vuelve no uno
de reconciliar el infierno con el amor de Dios, sino de reconciliar el
infierno con la cordura humana ¿Quién querría libremente preferir
el infierno en lugar del cielo a menos que fueran insensatos?” (Handbook
of Christian Apologetics; Capitulo 12; El Infierno; Págs. 289-290).
Así la
conclusión a este punto puede resumirse en lo que se ha dicho a menudo:
“Ningún hombre puede quejarse de la realidad del tormento eterno
al pie de la cruz”. El Dios soberano estableció un infierno para el
diablo y sus ángeles (Mat.21:45) pero una muerte expiatoria a través de Su
Hijo a fin de redimir del pecado a las criaturas hechas a su imagen (Rom.5:8-11).
La separación eterna de Dios que sufrirán los pecadores es totalmente un
asunto de la determinación humana (Deut.30:19; Ezeq.18:31-32), no un
fallo deliberado del Creador.
¿Por qué se
está negando la Naturaleza Eterna del Infierno?
2. Porque
algunos
consideran
demasiado castigo “un tormento eterno” por los pecados
cometidos en un tiempo transitorio.
Para los ingleses
David Edwards y John Stott el concepto tradicional de un
castigo eterno para los pecadores representa un trato injusto con los
hombres. Ellos razonan así: “La Biblia enseña que Dios juzgará a las
personas “según sus obras” (Apoc.20:12), lo cual implica que la penalidad
impuesta será en proporción al mal cometido. Pero debido a que un tormento
eterno es seriamente desproporcionado a los pecados cometidos en el
tiempo; este entra en conflicto con la revelación bíblica de la justicia
divina” (Evangelical Essentials: A Liberal-Evangelical Dialogue;
Inter-Varsity Press, Págs.318-319; 1988).
Clark Pinnock
presiona más este argumento al escribir, “Que los lectores se pregunten así
mismos qué estilo de vida, qué juego de acciones, merecería la última de
las penalidades— ¿Un eterno castigo consciente?... Es esta una sentencia
demasiado pesada y no puede ser exitósamente defendida como una acción
justa de parte de Dios. Enviar al malvado a un tormento eterno sería tratar
a las personas peor de lo que merecen” (Four Views on Hell,
Págs.151-152).
¿Quién está
en mejor posición para determinar cuán larga será la sentencia para un
criminal, el ciudadano común de la calle o el juez? ¿Quién está en mejor
posición de establecer el castigo para el pecador, los seres humanos
pecadores o el Todopoderoso y Santo Creador del Universo? De Su majestad
soberana se dice: “Justicia y juicio son el cimiento de tu trono”
(Sal.89:14). Y cuando Abraham intercedía por las vidas de los piadosos en
las ciudades a punto de ser destruidas reconoció: “Lejos de ti el hacer tal,
que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el
impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿No ha de hacer lo que es
justo?” (Gen.18:25).
Los
escritores mencionados olvidan en su argumentación que fue precisamente el
carácter odioso del pecado (Isa.59:1 Jn.3:4; Rom.7:13) lo que dejó
a nuestro Señor Jesucristo sobre la cruz sin el amparo de la
ayuda divina (Mat.27:46). Si el pecado fuese poca cosa para nuestro
Dios, ¿Permitiría el que Su Unigénito Hijo experimentara tan horrible
sufrimiento por los pecadores a fin de salvarles? (Cf. Isa.53:3-12).
Rechazar la realidad del infierno como un tormento eterno sobre la premisa
emocional que este es “demasiado castigo” para los incrédulos es
rechazar los terribles horrores del pecado,
tanto por lo que es
como por lo que hace. “Aquellos que objetan la excesiva severidad del
infierno no ven lo que el pecado realmente es. Ellos probablemente
miran el pecado externamente, sociológicamente, legalistamente, como “un mal
comportamiento”. Fallan en ver el verdadero horror del pecado y la verdadera
grandeza, bondad y gozo de el Dios quien es rechazado en cada pecado”
(Peter Kreeft & Ronald Tacelli, Ibíd., Pág. 300). Nota: (Las
citas de Pinnock, Sttot y Edwards, a lo largo de este estudio fueron tomadas
de la obra: “The Destruction of Hell: Annihilationism Examined”; por
Jeff Spencer, Christian Apologetics Journal, Vol.1, Num.1 Primavera
de 1998).
¿Por qué se
está
negando la Naturaleza Eterna del Infierno?
3. Porque la
enseñanza de algunos esta diseñada para complacer la así llamada
“nueva cultura de la tolerancia”.
Según la revista TIME más de la mitad de la sociedad Americana hoy
no cree en el infierno. Albert Einstein expresó no creer en el Dios de
la Biblia porque “No puedo imaginar a un Dios que recompensa y castiga los
objetos de su creación” (Free Inquiry, Pág.31). Bertrand Russell en
su popular libro “Why I Am Not a Christian” dijo: “Hubo un muy serio
defecto en el carácter moral de Cristo porque el creyó en el Infierno…
cualquier persona que es real y profundamente humana no podría creer en el
castigo eterno. El Infierno es una doctrina de crueldad” (Págs.17-18;
1957). Aun con todo esto dicho, otra vez, nadie será capaz de alterar la
realidad de un tormento eterno. Desde el Jardín de Edén, pasando por el
largo periodo de Israel como pueblo elegido y atravesando todas las edades
hasta nuestros días; el hombre siempre ha protestado contra los designios
de Dios. El ha dicho: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre,
porque ciertamente él es carne” (Gén.6:3). “¿Quién eres tú, para que
alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has
hecho así?” (Rom.9:20). Toda la humanidad y aun los hombres “religiosos”
podrán no estar de acuerdo con las sentencias divinas contra la
desobediencia. Pero los disgustos y objeciones hábilmente plantadas no
evitarán que Dios revoque su ya anticipado juicio contra las almas
rebeldes (Apoc. 21:8; 22:11-12,15). Jack Moreland
dio al blanco a esta inclinación del pensamiento cuando escribió: “Dios es
un Sér lleno de
compasión, pero él también es un ser justo, moral y puro. De manera que las
decisiones de Dios no están basadas sobre el sentimentalismo Americano… Las
personas hoy tienden a tomar cuidado de las virtudes más suaves como el amor
y la ternura, mientras olvidan las virtudes duras de la santidad, la
rectitud y la justicia”.
Por supuesto que es más cómodo oír “doctrinas conforme a nuestros propios
deseos” (2 Tim.4:3-4, cf. Jer.6:14) que tener que admitir que una vida llena
de impureza e incredulidad recibirá un tormento agonizante sin tregua de
liberación o descanso (Apoc.14:11). De este modo la anticipada nota de
David Wells en su prefacio de un libro militante contra la doctrina
aniquinacionalista es completamente acertada: “Estas verdades se han vuelto
delicadas y desconcertantes para las personas, no porque una nueva luz
de la Biblia ha sido lanzada, sino por una nueva oscuridad de la
cultura” (Hell on Trail: The Case for Eternal Punishment, 1995).
Conclusión
Desde el mismo comienzo del tiempo, Satanás, ha estado luchando por negar
las grandes doctrinas de salvación y condenación de Dios. El negó
descaradamente a la primera pareja la muerte espiritual como una
consecuencia inmediata del pecado (Gén.
3:4-5). El fue descrito por Jesús
como “el padre de mentira” (Jn. 8:44). Negar las doctrinas de Dios fue una
práctica de los apóstatas del primer siglo. Los judaizantes negaron la
eficacia de la salvación en Cristo al promover sus ritos judíos (Gal.5:3-4);
los gnósticos negaron la aparición y resurrección corporal de Cristo (1 Jn.4:2-3);
Himeneo y Fileto erraron en
la resurrección de los santos (2 Tim.2:17-18).
Los falsos maestros de nuestro tiempo han hecho su negocio negar la
naturaleza del tormento eterno. Pero el simple hecho que ellos han estado
negando esta doctrina no significa que la veracidad del tormento eterno ha
perdido su valor. La realidad del infierno eterno es tan grande e inamovible
en el esquema de Dios que es imposible destruir sus fundamentos o escapar de
él. C. S. Lewis en su estilo franco admitió: “No hay doctrina alguna
que con mayor gusto eliminaría yo del Cristianismo, si ello dependiera de
mí. Pero cuenta con el pleno respaldo de la Escritura, y
especialmente, de las propias palabras de nuestro Señor… En todas las
discusiones acerca del infierno debiéramos tener firmemente ante nuestros
ojos la posible condenación, no de nuestros enemigos ni de nuestros amigos;
sino de nosotros mismos. Este capítulo no trata acerca de su esposa o de su
hijo, ni acerca de Nerón o de Judas Iscariote,
sino de usted y de mí ” (El
Problema del Dolor; Págs. 117; 126) Algunos pensaran que es de poca
importancia hacer una negación de esta doctrina. Pero como lo afirmó
Wayne Jackson: “El dogma de la aniquilación no es un concepto inocente
sin consecuencia alguna. Este es un concepto que destruye toda la fuerza de
esa aterradora advertencia,
de la cual el Dios todo Poderoso quiere que
los hombres estén conscientes. Hay muchos que felizmente se complacerían
así mismos en toda una vida de pecado a cambio de una inexistencia eterna” (The
Second Death—Separation Or Annihilation? Penpoints (Octubre 27
2003;
www.ChristianCourier.com).
Este mismo autor señaló “Satanás es un “engañador” consumado (Apoc.12:9;
20:10) No hay nada que le agrade más
que ver a los hombres engañados
repudiando la idea de un tormento eterno—el cual el Señor explícitamente
afirmó (Mat.25:46). Qué trágico es que algunos, quienes profesan una
relación con el Hijo de Dios, se unan con el enemigo en esta negación
comprometedora de la verdad” (Hell Is a Hot Topic These Days;
Penpoints, Marzo 6 de 2000;www.ChristianCourier.com)
¿Qué doctrina
sigue en la negación de los falsos maestros? ¿Negarán la Eternidad del
Cielo? ¿Negarán el Cielo del todo?, ¿Negarán la existencia del mal? ¿El día
del Juicio Final? Si las cosas siguen como hasta ahora, pronto lo sabremos.
“El Seol y el Abadón están delante de Jehová; ¡cuanto
más los corazones de los hombres!” (Prov.15:11).
--Vía
EL EXPOSITOR,
Vol. V. Núms. 6 y 7; Junio y Julio, 2005
Material
Bibliográfico Referenciado:
Libros y
Comentarios:
Imágenes Verbales
en el Nuevo Testamento por A. T. Robertson Tomos 4 y 6; Editorial Clie;
Barcelona, España 1989-1990
The Expositor´s
Bible Commentary Vol. 11; Frank Gaebelein Editor General; Zondervan, Grand
Rapids, MI. 1981
Comentario Bíblico
Moody—Nuevo Testamento; Redactado por Everett F. Harrison; Editorial
Portavoz; Grand Rapids, MI. 1965
Hailey´s Comments
por Homer Hailey; Tomo 2; Páginas 706-714; Nevada Publications; Las Vegas,
NE. 1985
An Introduction
and Commentary on Revelation por Homey Hailey; Religious Supply; Louisville,
KY. 1992
Handbook of
Christian Apologetics por Peter Kreeft & Ronald Tacelli, Capítulo 12:
Hell: páginas 282-310; InterVarsity Press; Downers Grove, IL. 1994
Word Pictures in
the New Testament Edición Concisa; A. T. Robertson, Editado por James A.
Swanson; Colman Bible Publishers; Nashville, TN.
2000
Diccionario de
Dificultades Y Aparentes Contradicciones Bíblicas por John W. Haley/Santiago
Escuain; El Castigo Futuro—Su Naturaleza; Págs. 246-260; Editorial
Clie; Barcelona, España; 1988
El Problema del
Dolor por C. S. Lewis—Capitulo 8; El Infierno: Págs. 117-126;
Editorial Caribe 1977.
Revistas y
Boletines:
Hell: The Eternal
Torment of the Wicked; Edición Especial por Guardian of Truth, Vol.
XXXV, No. 19; Bowling Green, KY. Mike Willis Editor; 32 Páginas.
Octubre 3 de 1991;
Hell: Annihilation
or Eternal Torment? por Robert Peterson Christianity Today, Vol.44;
No.12; Págs.30-37;Boone, IA. Octubre 23, 2000
The
Eternality of Hell por Eric Lynos & Kyle Butt; Reason & Revelation;
Vol.25; No.2; Apologetics Press; Montgomery, AL. Febrero de 2005
Eternal Punishment; The Spiritual Sword; Vol. 36; No.2;
Memphis, TN. Alan Highers Editor;48
Páginas;
Enero,
2005;
Diccionarios y
Léxicos:
Vine´s Expository
of Old & New Testaments Words
por William E. Vine; Thomas Nelson Publishers; Nashville, TN. 1997
Eerdmans
Dictionary of the Bible;
David Noel Freedman Editor General; Eerdmans Publishing Co. Grand Rapids,
MI. 2000
Thayer´s Greek-English
Lexicon of the New Testament
por Joseph H. Thayer; Hendrickson Publishers; Peabody, MA. 2002
Webster´s New World College Dictionary
Michael Agnes editor principal;
IDG Books Worldwide, Inc. 2000
Escritos
especiales:
The Destruction of
Hell: Annihilationism Examined por Jeff Spencer (Christian Apologetics
Journal Vol. 1, No. 1 Primavera de 1998; 20 páginas)
Hell: Is There a
Place of Eternal Torment For The Wicked? The Instructor, Vol.40-42;
Ago/2003 hasta
Oct/2005; Albertville, AL. Carrol Ray Sutton Editor
Paginas de
Internet:
www.ChristianCourier.com
www.ApologeticsPress.org
www.SES.edu
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