¿DEBIERAN LAS MUJERES ASISTIR A LA JUNTA DE VARONES DE LA IGLESIA?

W. R. Jones

Versión al castellano por Armando Ramírez

     Recientemente fui confrontado con esta pregunta de un cristiano que adora con una congregación donde las hermanas presentes en una junta de varones es una práctica común. Ellas asisten y hablan con respecto a sus puntos de vista y, así yo le entendí, se expresan por medio de un voto en algunas ocasiones.

          La primera cosa que esta práctica me dice es que asisten y de esta manera se ejercen así mismas. Estas hermanas o no entienden correctamente su papel en el reino; o no tienen un respeto por el arreglo de Dios. La segunda cosa que esta práctica me dice es que los hermanos que permiten la práctica o no están instruidos sobre el papel de la mujer en el Nuevo Testamento o ellos han perdido el valor para hablar contra eso. En cualquiera de los casos esta presente un indicador de una declinación espiritual.

        Algunas hermanas parecen pensar que el movimiento feminista visto en el mundo también les ha liberado del papel asignado por nuestro Señor en el Nuevo Testamento. No debemos juzgar a la Iglesia por las normas del mundo. Admito libremente que las hermanas fieles en la congregación tienen el derecho de saber lo que la iglesia esta intentando realizar. Yo podría escuchar y respetar el sano consejo de las hermanas. Pero esto puede ser efectivamente realizado sin que las mujeres se comprometan en una posición de “liderazgo” en las decisiones de la iglesia. No cuestiono el “valor” de las mujeres fieles en Cristo. Dorcas ayudó a los necesitados (Hech. 9:36). Priscila y su marido enseñaron a un joven predicador en el camino más correcto (Hech. 18:16). Febe y María fueron alabadas por su apoyo a Pablo en el evangelio (Rom. 16:1,6). Algunas mujeres estaban esperando en oración la venida del Espíritu Santo (Hech. 1:14). En Filipenses 4:3 Pablo dijo; “que ayudéis a estas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio”.

       Cuando yo era un joven predicador predique en congregaciones donde la mayoría eran hermanas. Gané varios debates por la verdad en algunas ocasiones solamente porque fieles mujeres estaban detrás de mí. Mujeres piadosas han hecho mucho en animarme, moldearme y formarme por medio siglo de constante predicación. De modo que nadie me intente decir que las mujeres no son valiosas. Pero la verdad permanece. El Señor no las puso en lugares de liderazgo. Los hombres y las mujeres son iguales espiritualmente en Cristo (Gal.3:28). Pero ellas no son iguales en su papel asignado. Las mujeres no deben asumir responsabilidades de liderazgo.

 Entonces, ¿Qué puede hacer una mujer en la Adoración?

       Ella puede hacer todo lo que un hombre puede hacer----excepto asumir el liderazgo. Ella puede cantar, orar, tomar la Cena del Señor, ofrendar, estudiar--- Cualquier cosa, pero no conducir públicamente estos actos! Los derechos de la mujer por la igualdad en la adoración no deben ser cuestionados. Pero el dominio y el enseñar a los hombres públicamente es prohibido. ¿Por qué esto es así? (1) Dios lo ordenó así (1 Cor.14:34-35) y (2) Fue primero creado Adán y después Eva (1 Tim.2:13). No hubo mujer entre los que fueron apóstoles del Señor, tampoco entre los setenta varones, ni en los ancianos, diáconos o predicadores o evangelistas. Las mujeres no deben sentirse mal por esto. Ellas han sido vindicadas por el Señor. La palabra “madre” la eleva sobre todo (v.15), pero una hermana podría preguntar “¿No hay nada más para mí? ¿No puedo hacer nada, sino estar tranquilamente sentada y alabar a Dios?” Si esto fuera todo, esto pudiera hacer todavía un honor, pero Dios no limita sus deberes a simplemente eso.

 La mujer: Su obra en la iglesia diariamente

       Las mujeres son mandadas a enseñar. Pero ¿Qué sobre 1 Timoteo 2:12?. Ella no debe usurpar autoridad, como tampoco asumir un papel de liderazgo. Sin embargo, la Biblia manda a las mujeres ancianas enseñar a las mujeres más jóvenes. Deben enseñar a las jovencitas a volverse en buenas esposas (Tito 2:3-5). A ellas les es permitido enseñar privadamente (Hech. 18:26). Las hermanas pueden enseñar clases a niños y a otras mujeres. Pueden enseñar a sus vecinos.  Muchas veces, hombres y mujeres han sido evangelizados o convertidos a través de mujeres. Ellas pudieran dar a la Iglesia una gran aportación si ellas quisieran enseñar a nuestras jovencitas a convertirse en esposas idóneas para los ancianos, los diáconos y los predicadores. Hermanas, ustedes pueden visitar a los enfermos en el hogar, en el hospital. Pueden ayudar al necesitado y al igual que Dorcas, usted pudiera hacer unas “túnicas” y obsequiarlas a los pobres.

       Hermanas, háganse estas preguntas: ¿Soy una ventaja o un riesgo? ¿Soy una ayuda o un estorbo para la iglesia? ¿Puedo añadir fortaleza y personalidad a la iglesia? ¿Es mi vida diaria una influencia para bien? ¿Estoy diariamente creciendo en gracia y conocimiento? ¿He conducido a alguien a Cristo? ¿Estoy todavía intentando todas estas cosas? Por mi asistencia e interés, ¿estoy dando ánimo a los nuevos convertidos y visitantes? Déjeme decir orgullosamente, Dios bendiga a nuestras mujeres piadosas!

---Via Great Plainness of Speech, Vol. IV, No. 5.
Mayo de 1997
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