NOTAS SOBRE 1 CORINTIOS

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, 1997)
 

 
 


CAPÍTULO 1

          1:1 -- Pablo -- Su nombre hebreo helenizado (hecho griego) era Saulo (Hech. 7:58; 13:9).  A partir de Hechos 13:9, Lucas lo llama por su nombre romano, Pablo, ya que comienza de lleno su obra entre los gentiles.
          -- llamado a ser apóstol --
Las dos palabras “a ser” en las versiones que yo considero buenas aparecen en letra cursiva, para indicar que han sido agregadas al texto original.  La P.B. dice, “Pablo apóstol llamado de Jesu-Cristo”.  El punto es que Pablo reclama, no solamente ser apóstol, sino uno llamado por Jesucristo.  (No lo merecía, ni se lo apropió a sí mismo).  Su apostolado llevaba en sí la autoridad de Cristo mismo. Véanse 2 Cor. 1:1; Gál. 1:1,15,16; Efes. 1:1; 3:2,3; Col. 1:1; 1 Tim. 1:1; 2 Tim. 1:1; Tito 1:1.  Pablo era un embajador de Cristo (2 Cor. 5:20).  Al escribir, pues, escribía “mandamientos del Señor” (1 Cor. 14:37).
          Aunque el cristiano no es apóstol, ni embajador, sí ha sido llamado, pero por medio del evangelio (2 Tes. 2:14).
          La palabra “apóstol” es una voz que ha sido transliterada, y no traducida.  Es una palabra eclesial, como las son muchas otras palabras en nuestras versiones.  Traducida, viene siendo “enviado (con órdenes que cumplir)”.  Por eso este vocablo griego se aplica a Cristo (Heb. 3:1, “apóstol”), por ser enviado al mundo,  y a los mensajeros de las iglesias (2 Cor. 8:23, “mensajeros”; Fil. 2:25, “mensajero”), por ser enviados por las iglesias.  También se aplica a Bernabé (Hech. 14:14), quien fue enviado en esta misión especial (13:2).
          En sentido general parece aplicarse a evangelistas sobresalientes, tal vez a Silvano y a Timoteo (1 Tes. 1:1; 2:6, “apóstoles”).

          -- de Jesucristo por la voluntad de Dios --
Solamente los doce (Mat. 10:1-4), y Pablo, eran enviados de Cristo con una misión particular de este tamaño.
          Pablo no había tomado esta comisión para sí mismo; no era “falso apóstol” (2 Cor. 11:13).  La recibió de Cristo (Gál. 1:1,12).  Pablo había establecido la iglesia en Corinto (Hech. 18), y glorificaba su apostolado (9:1,2), porque ciertos falsos hermanos (2 Cor. 11:26) lo desacreditaban (1 Cor. 9:3), hablando de él con desdén (2 Cor. 10:10).  Con esta declaración Pablo pone su apostolado a la par con el de los doce apóstoles llamados por Cristo durante su ministerio personal (Luc. 6:12-16).  Véase 1 Cor. 15:9-11.
          Pablo ejerce autoridad divina, y no humana.  Tan importante es su llamamiento al apostolado que Lucas lo relata tres veces (Hechos capítulo 9, 22, 26).
          La voluntad de Dios no es irresistible de parte del hombre; el calvinismo enseña  al contrario.  Pablo dice en Hech. 26:19 que no fue rebelde (desobediente, V. M.) a ese llamamiento al apostolado, implicando la realidad de que pudo haber rehusado obedecer a la voluntad de Dios.  Claro es que aunque el hombre puede resistir la voluntad de Dios, ¡no lo puede hacer sin sufrir consecuencias fatales!

          -- y el hermano Sóstenes --
La fraseel hermanoindica que era persona bien conocida.  Puede ser la misma persona mencionada en Hech. 18:17.  Si el caso es así, entonces fue convertido en cristiano después del suceso de 18:17.  Ahora está como colaborador de Pablo en Efeso y Pablo le asocia consigo en la salutación de esta carta, no porque en realidad sea corredactor de ella, sino por ser él de Corinto y porque compartiría las instrucciones y exhortaciones de Pablo a la iglesia de su ciudad.
         
Como indico arriba, es obvio que este Sóstenes era un hermano en Cristo bien conocido a los corintios.  Si un principal de la sinagoga (archisunagogos) en Corinto había sido convertido, Crispo (Hech. 18:8), ¿por qué no pudo haberlo sido otro (ver. 17)?
          A partir del ver. 4, Pablo usa la primera persona singular (yo), y no el plural (nosotros, como si Sóstenes también fuera redactor de esta carta). 
          1:2 -- a la iglesia de Dios -- Sobre su establecimiento, véase Hech. 18:1-11.
          La palabra “iglesia” es traducción del vocablo griego ekklesia, que significa “los llamados fuera” (de algo), o sea, asamblea.  Este vocablo griego aparece en Hechos 19:39,41, donde se traduce “asamblea”.  Se usa en sentido universal, con referencia a todos los llamados o cristianos en el mundo (Mateo 16:18), y en sentido local, como aquí (los llamados en Corinto).  Considérense 1 Tes. 1:1; 2:14; 1 Cor. 10:32: 11:16,22; 15:9; 2 Cor. 1:1; Gál 1:13,22; Rom. 16:16.
          Este grupo de llamados existían porque ¡Dios les había llamado!  Esta sencilla verdad condenaba todas las prácticas pecaminosas y faltas que en esta carta Pablo tendría que tocar.
          La frase “iglesia de Dios” ¡no es nombre propio!  Es una expresión del Nuevo Testamento que sencillamente da a entender que se hace referencia al conjunto de las personas que han sido llamadas por Dios mediante el evangelio (2 Tes. 2:14).  La iglesia evangélica, o protestante, llamada La Iglesia de Dios (con mayúsculas), una pentecostal, por ser sectaria, comete el error de cambiar una frase bíblica en un nombre propio, torciendo así las Escrituras (2 Ped. 3:16).  Hay otra denominación protestante que lleva el nombre propio de La Iglesia Asamblea de Dios.  Este nombre es ridículo, pues es una tautología (una repetición inútil de un mismo pensamiento), pues “iglesia” y “asamblea” son traducciones de la misma palabra griega, ekklesia.  Es como si se dijera, “La Iglesia Iglesia de Dios”.
          -- que está en Corinto -- Sobre Corinto, véase Introducción, A.
          A pesar de sus problemas y prácticas pecaminosos, representaba la iglesia de Dios en Corinto.  Una iglesia del Señor no deja de serlo en el momento de pecar, sino en cuanto a que no se arrepiente ni deja sus pecados.  Compárese Apoc. 2:5.

          -- a los santificados --
La iglesia de Dios en Corinto disoluta consistía de gente que había sido apartada del pecado por Dios (Jn. 17:19; Hech. 26:18;  1 Cor. 6:11; Col. 1:13; 1 Tes. 4:3; Tito 2:14; 1 Ped. 2:8,9); es decir, santificada.  Esto pasó cuando obedecieron al evangelio (Hech. 18:8).  La santificación continúa a través de la vida del cristiano (2 Cor. 7:1), al arrepentirse de sus pecados, confesarlos y pedir perdón a Dios (Hech. 8:22; 1 Jn. 1:5--2:1).
          -- en Cristo Jesús -- Esta santificación se encuentra solamente en conexión con quien es Cristo Jesús y lo que ha hecho por nosotros (1 Cor. 1:30).  Nos llama Dios a la santidad (Rom. 1:7).  La persona no es santa por sus propios méritos u obras, ni por la canonización humana, sino por la gracia de Dios.  Lo que pone en Cristo al que cree, se arrepiente y confiesa su fe en Cristo, es el bautismo (Gál. 3:27).

          -- llamados a ser santos --
Como en el ver. 1 las dos palabras “a ser” no aparecen en el texto original, tampoco aparecen aquí.  Allí “llamado apóstol”; aquí, “llamados santos”.  Estos corintios eran santos (apartados) porque habían sido llamados por el evangelio y como llamados eran personas apartadas del pecado.  La idea no es de ser llamados para ser algo, sino de ser cierta clase de santos.   Llegaron a ser santos por medio del llamamiento de Dios.
          -- con todos los que en cualquier lugar --
La santidad es lo que caracteriza a la hermandad (1 Ped. 2:17, V.M., etcétera).  Los corintios eran parte de la iglesia universal de Cristo; sí, de un pueblo santo.
          -- invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo --
Invocar su nombre es apelar a Cristo, para recibir de él lo necesario, como Pablo  apeló (griego, invocó) a Cesar (Hech. 25:11,12,25), y Esteban invocó al Señor Jesús (Hech. 7:59).  Al invocar se admite que la persona invocada tiene el poder de suplir lo necesario.
          Esta expresión en el primer siglo vino a significar “cristianos”, porque reconociendo que el Señor es la única esperanza de salvación le obedecían en los términos del evangelio.  Los que invocan su nombre se salvan (Hech. 2:21).  Saulo de Tarso, al bautizarse (después de creer en Cristo, y arrepentirse de sus pecados) invocó el nombre del Señor.  Esto prueba que “invocar su nombre” quiere decir reconocerle como el Salvador (y en el caso del pecador forastero hacer lo que él manda que se haga, Mar. 16:15,16).  Rom. 10:12-16 lo prueba también.
          Invocar el nombre es invocar a la persona indicada por su nombre; es reconocer lo que es el que lleva tal nombre.  El nombre siempre dirige la mente a identificar  quién es dicha persona, y a reconocer qué es.

          -- Señor de ellos y nuestro --
Hay un sólo Dios (8:6; Efes. 4:5), tanto de los corintios como de los demás cristianos, de todos (Rom. 10:12).
          Por ser el Señor él es quien manda.  Al hombre, pues, le toca obedecerle, y no nada más pronunciar la frase, “Señor, Señor” (Luc. 6:46).  El que reconoce quién es Jesucristo el Señor (Hech. 2:36), se compunge de corazón y pregunta qué debe hacer (ver. 37).  Al pecador forastero se le dice que se arrepienta y se bautice (ver. 38).  Los que reciben esta palabra inspirada, se bautizan, y a tales personas el Señor les añade a su iglesia (ver. 41, 47).
          El texto griego no dice “Señor” (de ellos y nuestro).  Por eso las buenas versiones agregan la palabra “Señor” en letra cursiva (ASV., H.A., Mod.).  Es que la frase “de ellos y nuestro” se combina más bien con “Señor” (de la frase arriba, “invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”) que con el sustantivo “lugar” (que en el orden de palabras en el texto griego inmediatamente precede a la frase “de ellos y nuestro”).  Considérese la N.C., que dice, “con todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en todo lugar, suyo y nuestro”.  Es una buena traducción del texto griego, en cuanto al orden de palabras, pero no contesta la pregunta: ¿qué es suyo y nuestro? 
          1:3 -- Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. -- Primero la gracia, después la paz.  La base de la salvación en Cristo es la gracia (bondad, amor , Tito 2:11; 3:4) de Dios.  La consecuencia de la justificación es la paz con Dios (Rom. 5:1,2), una paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7).
          El deseo de Pablo para los corintios es que el favor de Dios y de Cristo, y la resultante paz,  acompañen a ellos en su vida diaria.  Fue una salutación favorita de él.  Véanse Rom. 1:7; Col. 1:2; 1 Tes. 1:1; 2 Tes. 1:2;  File. 3.  Considérese  2 Cor. 13:14.
          Esta iglesia llena de contención, división, y problemas causados por sus pecados, necesitaba esta expresión del deseo genuino de Pablo.
          El texto griego emplea una sola preposición apo, de parte de, y luego las dos personas, Dios Padre y Señor Jesucristo.  Las versiones ASV., NIV., B.A., P.B., RVA., etcétera, bien dicen: “de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”.  Esto hace bien claro que las dos personas son iguales en deidad.  No implica el pasaje que uno es Dios, el Padre, pero que el otro es nada más Señor.  La gracia y la paz son de parte de los dos, de igual manera.  Los dos son Dios, pero todos los unitarios (modernistas, Testigos de Jehová, etcétera) enseñan al contrario.
           1:4 -- Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros -- Los corintios siempre estaban en las oraciones de Pablo, porque los engendró por medio del evangelio (4:15), y como padre se preocupaba por las iglesias que había engendrado (2 Cor. 11:28).

          --por la gracia de Dios que os fue dada --
El tiempo del verbo “fue dado” en el griego indica que se hace referencia a un acto específico en el pasado; por consiguiente entiendo que la referencia es al acto de su conversión (Hech. 18:8) cuando fueron salvos por gracia (Efes. 2:8).  Es cierto que los corintios recibieron dones milagrosos (capítulo 12-14) y esta verdad entra en el cuadro al seguir escribiendo Pablo, pero tal vez no específicamente en este versículo.
          -- en Cristo Jesús --
Es decir, en conexión con Cristo Jesús, como en Efes. 1:3.  El cristiano es una persona que por la gracia de Dios ahora está en comunión con Cristo (1 Cor. 1:9), y así, habiendo sido bautizada en Cristo (Gál. 3:27)  se encuentra en esta esfera espiritual que le proporciona el favor y las bendiciones de Dios.  El que no se halla en Cristo no tiene nada. 
          1:5 -- porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él -- Ahora Pablo hace referencia específica a los dones espirituales que los corintios habían recibido por la imposición de las manos de un apóstol.  (Compárense Hech. 8:14-17; 2 Tim. 1:6).
          Los corintios en gran parte eran gente pobre (1:26-28), pero Cristo les enriqueció (2 Cor. 8:9), pero ¡en todas las cosas (del contexto, como la frase siguiente indica)!  Por Pablo ellos recibieron dones milagrosos.
          -- en toda palabra -- El vocablo griego aquí para decir “palabra” es logos,  que significa “palabra”, y por eso muchas versiones dicen “palabra”.  En este sentido Pablo hace referencia a doctrina. Pero tiene otros sentidos.  Puede significar el acto de hablar o cierto estilo de hablar (Thayer, pág. 380), y en este sentido Pablo hace referencia al don de hablar en lenguas (1 Cor. 12:10; 2 Cor. 8:7 (habilidad de hablar en lenguas).  Se admite que los corintios recibieron diferentes dones de palabra (1 Cor. 12:8-10,28-30).  No les había faltado quiénes hablaran ampliamente con dirección inspirada.
          -- y en toda ciencia -- Aquí el vocablo griego es gnosis , conocimiento (así dicen P.B., RVA., P.B., NVI., B.A., etcétera).  Se hace referencia a la comprensión de lo revelado.  Los corintios habían recibido los dones de profecía, de discernimiento de espíritus y de interpretación de lenguas, a tal grado que no les faltaría conocimiento,  o ciencia espiritual en plenitud.  En realidad estaban sin excusa en su estado de división, falsa doctrina y carnalidad.  Tenían toda la verdad, pero no estaban haciendo debido caso de ella.
          A los romanos Pablo dijo una cosa semejante, Rom. 15:14, “Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros”.
          Hay quienes hoy en día afirman que nadie lo conoce todo, dando a entender con eso que hay más verdades que descubrir (cosas que ellos creen estar haciendo).  Yo les cito estos dos pasajes: los corintios y los romanos sí poseían todo conocimiento.  No hay nuevas verdades que estén por descubrirse.
 


          1:6 -- así como el testimonio acerca de Cristo -- En lugar de “así como” mejor dicen otras versiones: “conforme” (LAC.), según” (L.A.; B.A., H.A.), “pues” (NVI.), “tal como” (N.M.), “en la medida en que” (1977).
         
El “testimonio de Cristo” (dice el texto griego) es el que se daba acerca de él; o sea el evangelio que Pablo les había predicado cuando llegó a Corinto.  Compárese 2:1,2.  Véase 2 Tim. 1:8.  En Corinto se dio testimonio referente a Cristo, o fue predicado.
          --ha sido confirmado en vosotros --
No solamente predicó el evangelio de Cristo (la “doctrina de Cristo”, 2 Juan 9) en Corinto, sino que también Dios lo convalidó con los milagros que hizo por conducto de Pablo allí, juntamente con el repartimiento de dones milagrosos.  Tal fue el propósito de los milagros.  Léanse Mar. 16:20;  Rom. 1:11; Heb. 2:3,4.  Véanse también  Hech. 14:3; 2 Cor. 12:12; Gál. 3:5; Efes. 4:8-14.  Pablo, en Fil. 1:7, habla de “la confirmación del evangelio”.
          Ejerciendo los dones milagrosos, los corintios lograron poseer todo conocimiento en las cosas de Dios, y de una manera que convalidó ese conocimiento.  No habían cometido el error de repudiar ese evangelio, pero no tenían justificación en los problemas en que se metieron porque no continuaban en él.
          1:7 -- de tal manera que nada os falta en ningún don -- No tenían falta alguna en cuanto a dones milagrosos; al contrario, habían sido enriquecidos (ver. 5).
          Estos dones se tratan en particular en los capítulos 12 al 14.
          En 2 Cor. 12:13 Pablo les recuerda que en nada habían sido menos que las otras iglesias.  Tenían completo conocimiento, y eso bien confirmado.  Ellos tenían que llevar la responsabilidad de su estado espiritual tan problemático.
          Pablo más tarde escribió a las iglesias en Roma, expresando su deseo de llegar a ellas para comunicarles algún don espiritual, también con el propósito de confirmarles en la fe (Rom. 1:11).

          --esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo
-- El pueblo de Dios no es solamente uno que invoca el nombre de Cristo (ver. 2), sino también es uno que está en espera.   El vocablo griego para decir “esperando” significa una espera ansiosa o con anhelo L.A., H.A.,  “aguardáis”; P.B., “aguardando”; B.A., “esperando con anhelo”; Fue., “esperáis vivamente”; 1977, “esperáis anhelantes”.
          Lo que este pueblo espera es la “revelación” del Señor Jesucristo.  Así es traducida la palabra griega, apokalupsis, la que aparece aquí, en las versiones ASV., B.A., N.M., P.B., L.A., Fue..  (El mismo vocablo griego aparece en Apoc. 1:1).  Aquí se hace referencia a la segunda venida de Cristo (Heb. 9:28).  La Biblia Latinoamérica dice, “esperan la venida gloriosa de Cristo Jesús”, que es un buen comentario, pero no una traducción apegada al original.
          La segunda venida de Cristo va a revelar (o dejar al desnudo) muchas cosas (Rom. 2:16). Los cristianos en Corinto nunca habían visto a Jesús (1 Ped. 1:8); no obstante creían en él y le van a ver cuando se revele en el día final (Hech. 1:11; Col. 3:4; 2 Tes. 1:10; Tito 2:13; 2 Ped. 3:12; 1 Juan 3:2). 
          1:8 -- el cual también os confirmará hasta el fin -- El verbo aquí, confirmar, es el mismo que vimos en el ver. 6.  El evangelio confirmado confirma al cristiano hasta el fin.    Dios, o Cristo, confirma al que espera con anhelo (ver. 7), y esto hasta el fin de la dispensación cristiana (Mat. 28:20).  Lo hace por las provisiones del evangelio (instrucción y perdón) y por su Providencia (10:13).  Compárense Rom. 8:31-39; 1 Ped. 1:5; Judas 24.  Véanse también 2 Cor. 1:21; Fil. 1:6; 1 Tes. 5:23.
          Ya que Pablo trata aquí de la fidelidad de Dios al confirmar hasta el fin, no entra en la cuestión de la posibilidad de que el cristiano caiga de la gracia.  Esto lo toca en otras partes (9:27; 10:12).  La gracia de Dios es condicional.  El calvinista ignora esta verdad, al torcer este versículo para que enseñe que la persona, una vez salva, siempre se queda salva; que no puede pecar de tal manera que se pierda eternamente.  Pero Pedro nos dice que Dios nos guarda “mediante la fe” del cristiano (1 Ped. 1:5).  La fe es la victoria que vence al mundo (1 Juan 5:4).  Todas las promesas de Cristo son para el vencedor (Apoc. 2:7,11,17,26; 3:5,12,21).

          --para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo --
Este es el propósito de Dios al confirmar al cristiano hasta el fin del tiempo.  Compárense Col. 1:22,28; Judas 24.  El diablo, el acusador de los hermanos (Apoc. 12:10), no tendrá acusación alguna qué lanzar contra el cristiano, porque Dios le habrá guardado mediante las provisiones del evangelio y de su gran poder.  En Cristo no hay condenación (Rom. 8:1).
          El día del Señor aquí referido es el día juicio final (Hech. 17:31; Rom. 2:16; 2 Tes. 1:10), mientras que el día del Señor de Apoc. 1:10 es el domingo.  
          1:9 -- Fiel es Dios -- Véase Deut. 7:9.  El cristiano puede poner toda su confianza en Dios; él no miente (Tito 1:2).  Por eso Dios hará lo que promete hacer según el ver. 8; es decir, confirmarnos hasta el fin.  La fidelidad de Dios, un gran atributo de él, es la base de la persuasión del cristiano de que Dios perfeccionará lo que comenzó en él (Fil. 1:6; 1 Tes. 5:23,24).  Véanse 2 Tim. 2:13; 1 Cor. 10:13.
          De nuevo (véase ver. 8, comentarios) advierto que en esta sección Pablo no trata la responsabilidad del cristiano de ser fiel a Dios; esto no entra aquí.  Los neocalvinistas entre los cristianos hablan mucho acerca de la fidelidad de Dios, pero de manera que se le eche a Dios toda la responsabilidad en la salvación de la persona, enseñando así la indefectibilidad del cristiano (la imposibilidad de apostasía).

          --por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor -- 
La iglesia de Dios es un pueblo llamado (ver. 2, comentarios) por el evangelio (2 Tes. 2:14) para estar en comunión (participación, asociación) con Cristo.  ¡Qué glorioso llamamiento!  El cristiano es coheredero con Cristo, padeciendo con él ahora en esta vida, y esperando ser glorificado juntamente con él en el día final (Rom. 8:16).
          La comunión de la persona con Cristo depende de su comunión con los apóstoles de Cristo (1 Juan 1:3; Hech. 2:42); depende de estar andando en la luz (1 Juan 1:7).
          El cristiano tiene comunión con otros cristianos porque ellos también están en comunión con Cristo.  Si alguno rompe su comunión con Cristo, los demás cristianos no pueden seguir en comunión con él (2 Juan 9-11; 1 Cor. 5:9-11; 2 Tes. 3:14).
          Véase también 2 Cor. 13:14, la comunión del Espíritu Santo.
 
          1:10 --  Os ruego, pues, hermanos -- Nueve veces en los primeros nueve versículos de este capítulo Pablo ha mencionado el nombre de Jesucristo, juntamente con las grandes verdades asociadas con él.  Así trata Pablo de hacer que los corintios se olviden de sus partidos sectarios para que piensen solamente en el Señor Jesucristo, la cabeza de su iglesia.
          La palabra “pues” (“Pero” o, “Ahora”, dicen otras versiones) conecta el pensamiento del ver. 9 (de hecho, conecta lo de los nueve versículos anteriores) con la conclusión expresada en el 10; a saber, dado que Dios es fiel y llama a la comunión con Cristo, se sigue que todos los cristianos profesos deben hablar la misma cosa (en lugar de estar divididos en partidos).
          La exhortación tierna viene de hermano a hermanos.  Literalmente el vocablo griego para decir “ruego” significa llamar al lado de uno.

          -- por el nombre de nuestro Señor Jesucristo --
El apóstol de Cristo apela a la autoridad de Cristo, de quien es todo lo que Pablo ha dicho respecto a él en los versículos anteriores, para que los corintios eviten la división basada en sus ideas carnales.  Cristo es uno; su cuerpo (la iglesia) es uno (12:5,27).  Cristo oró por la unidad (Juan 17:21).  El Espíritu Santo ha revelado la unidad (Efes. 4:3).
          El nombre de una persona nos dirige mentalmente a quién es y a qué es dicha persona.  Siendo que Jesús (= Salvador) de Nazaret fue hecho por Dios Señor (= Amo que debe ser obedecido) y Cristo (= Rey que tiene toda autoridad, Mat. 28:18) (Hech. 2:36), toca a todo seguidor de él someter su voluntad totalmente a la de él.  La voluntad de él es que haya unidad, no  división.

          -- que habléis todos una misma cosa --
El estado de confusión, causado por seguir a maestros favoritos, no caracteriza al grupo que reclama ser el cuerpo de Cristo.  Cuando la autoridad de la Cabeza, Cristo, es respetada y seguida, se habla la misma cosa.  Los corintios habían sido instruidos por el  Espíritu Santo (ver. 4-7), pero no estaban siguiendo esa instrucción.
          Sí, es posible hablar todos una misma cosa si seguimos la misma regla (Gál. 6:16; 2 Tim. 1:13).  Esto trae paz, pero la división resulta de seguir otras reglas y patrones, y es una obra de la carne (Gál. 5:20).

          -- y que no haya entre vosotros divisiones --
La división (skisma = cisma) es lo contrario de la expresión de una misma cosa.  La división (discordia, disensión) destruye la iglesia que es templo de Dios (3:16,17).
          -- sino que estéis perfectamente unidos --
El verbo griego que aparece aquí se emplea también en Mat. 4:21 (remendar redes).  En Gál. 6:1 se emplea, restaurad.
          Otras versiones dicen: “enteramente unidos”, B.A.; “aptamente unidos”, N.M.; “estéis bien dispuestos”, P.B.; “sed perfectos”, JTD.; “llegan a ser una sola cosa”, LBL.; “seáis concordes”, N.C.; “perfeccionados juntos”, ASV.
          Dejando de ser sectarios en su sentir, y dejando de seguir a hombres como líderes de importancia, los corintios podrían remendarse para estar acordes y perfectos en la unidad.
          El denominacionalismo de hoy en día no sirve a nuestro Señor; no le glorifica.  El corazón mismo del denominacionalismo es la división.  Sin la división no podría existir.  El denominacionalismo va a seguir existiendo porque, como los corintios antiguos, va a promover el espíritu de partidarios en lugar de someterse a la dirección de Cristo Jesús.
          En nuestro tiempo hay falsos hermanos que promueven la llamada unidad en diversidad, reclamando que la iglesia de Cristo puede comulgar con ciertos sectarios o denominacionalistas, porque, según se afirma, los tales creen en el mismo Señor aunque practican diferentes doctrinas contradictorias.  Los tales se interesan más en llevar la iglesia del Señor al denominacionalismo que en convertir a los denominacionalistas en cristianos según el orden novotestamentario.

          -- en una misma mente --
Esa mente tiene que concordar con la mente de Cristo (2:16), la que tenían los apóstoles de Cristo por ser guiados por el Espíritu Santo.
          La única manera en que pueden los cristianos estar enteramente unidos es por medio de someterse a la mente de Cristo; o sea, a la doctrina apostólica (Hech. 2:42; 1 Jn. 4:1-6).
          Véanse Hech. 4:32; Rom. 15:5,6.

          -- en un mismo parecer --
el juicio o manera de decidir sobre algo.  En asuntos indiferentes en sí, en cuanto a la voluntad de Dios, si seguimos la enseñanza de Romanos capítulo 14 todos tendremos esta unidad de parecer, o juicio, porque cada quien mostrará deferencia al otro, no condenando ni tampoco menospreciando.  Las instrucciones de Rom. 12:10-16; Efes. 4:2,3; Col. 3:12-15; conducen a este “mismo parecer”, o sentir.
          No es cuestión tanto de buscar la unidad sino de procurar conformarnos a la doctrina de Cristo, según fue revelada por el Espíritu Santo por medio de los apóstoles.  Esta conformidad nos traerá automáticamente la unidad.  Muchos hermanos en la fe hoy en día hablan de movimientos de unidad, sin promover adhesión a la doctrina de Cristo.  En realidad buscan establecer una “unidad” que es más bien unión con el error.  La unidad que tiene al Espíritu Santo por autor (Efes. 4:3) no es una cosa que buscar, promover o establecer, sino ¡una que guardar!
 


          1:11 -- Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos -- De nuevo (véase ver. 10) Pablo se dirige a los corintios con ternura, al decir “hermanos míos”, dando énfasis a la estrecha relación espiritual que llevaba él con ellos, ya que tiene que llamar su atención a una falta muy grande en la iglesia.
          Pablo tenía información; se le hizo saber o se le reveló algo.  La evidencia que se le había traído no pudo ser ignorada. Basado en ella , Pablo se puso en acción.
          El mismo verbo griego aquí utilizado también aparece en 3:13, declarará, o descubrirá (B.A., LAC.)
          -- por los de Cloé -- Fueron más de uno los que trajeron a Pablo la información.  Vinieron de la casa o familia de una hermana, llamada Cloé.  Al parecer residía ella o en Corinto, o en Efeso.  Era mujer conocida de los corintios.
          El amor a la verdad, a la unidad de la iglesia, y a la salvación de almas involucradas en el pecado, exige que se busque la solución, revelándose información concreta a quienes puedan contribuir a la solución.  (Los de Cloé eran personas responsables que no vacilaron en dar este reporte a quien podía ayudar efectivamente a los corintios).   La solución se realiza si todos apelan a órdenes apostólicas.
          Pablo no dijo simplemente: “he oído que”, o “se dice que”, sino que nombró a sus informantes y declaró la acusación en términos precisos.  La persona que viene diciendo: “Le voy a decir algo, pero no diga usted a nadie que yo se lo dije”, o que dice: “Le voy a decir algo pero no puedo mencionar nombres”, no merece ninguna atención.  ¡Ignórese!

            -- que hay entre vosotros contiendas --
Por esta razón Pablo dio la exhortación (“os ruego”) del versículo anterior.
          El vocablo griego, eris, significa contiendas (personales).  (Aparece en Rom. 1:29; 2 Cor. 12:20; Gál. 5:20; 1 Tim. 6:4).  Otras versiones dicen: “pleitos” (B.A.), “disensiones” (V.M.), “discordias” (NVI.), “rivalidades” (NTP.), “discusiones” (B.S.).
          Las contiendas aquí referidas eran tales que causaban cismas (ver. 10).
 
          1:12 -- Quiero decir, (al acusar de eris,  ver. 11) que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo -- No hay ninguna evidencia de que en la iglesia en Corinto hubiera diferentes movimientos mayores de doctrina.  No pueden tener razón los comentaristas que ven en Pablo uno que predicara un evangelio universal, en Apolos, un evangelio de filosofía, y en Pedro, un evangelio judaizante.  Pablo y Apolos no estaban de desacuerdo en doctrina (3:4-9; 4:6); tampoco Pedro y Pablo (2 Ped. 3:15).  Además, fue Pedro quien primero predicó a los gentiles (Hech. 10).
          En cuanto a aquéllos que se decían “de Cristo”, Pablo los califica en la misma categoría con los otros que manifestaban el espíritu sectario de competencia y rivalidad entre predicadores.  Nadie podía seguir a Cristo sin aceptar la enseñanza inspirada de aquéllos a quienes Cristo envió (Luc. 10:16; Juan 17:20).  Al parecer éstos corintios se apropiaban a Cristo como posesión particular y exclusiva, pero según Pablo en 3:21-23 esto es imposible.  La iglesia de Cristo sigue a Cristo como a los enviados de él, porque una sola cosa somos.  Véase 12:27-30.
          Todo el caso tuvo que ver con un espíritu partidario, gloriándose en los hombres (3:21) y adulándolos.  Tal espíritu mira las cosas según la apariencia (2 Cor. 5:12; 10:7).  La cultura de los corintios inculcaba esa práctica de escoger cada quien a su filósofo predilecto e identificarse con él exclusivamente.  Pero la iglesia de Dios debe gloriarse solamente “en el Señor” (1:31), como Pablo lo hacía en los primeros diez versículos de este capítulo.
          La “predicadoritis” puede enfermar a cualquier congregación. 

          1:13 -- ¿Acaso está dividido Cristo? -- Estas tres preguntas retóricas implican cierta respuesta que todo corintio necesariamente tuvo que deducir o inferir de perfecto acuerdo.  La inferencia necesaria es que ¡no!  (Toda pregunta retórica representa caso de implicación, cosa que requiere inferencia necesaria).  Si Cristo no está dividido (¿y cuál corintio diría que sí), ¿cómo se puede justificar una división en su cuerpo, la iglesia?
          -- ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? -- La iglesia de Dios es un pueblo llamado por el evangelio a la comunión con el Señor Jesucristo (ver. 9), y esto a costo de la muerte de él en la cruz (Hech. 20:28; Efes. 1:7; 1 Ped. 1:18,19).  Nadie más fue crucificado por la iglesia, ¡ni Pablo!  Ningún hombre es cabeza del cuerpo de otro.
          Si Pablo, el iniciador de la iglesia en Corinto (4:15; Hech. 18:5-11) no merecía el puesto de gran líder de parte de algunos, mucho menos Apolos o Pedro.
          -- ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? --
La preposición griega eis, la que se emplea aquí (como en muchos pasajes de los que dicen: “bautizar en”, versión 1960) significa moción hacia cierta meta; ella mira delante.  Por eso mejor es la traducción que dice “hacia”, o “para”, que la que dice  “en”.  La idea aquí es la de ser bautizado para alguno, para entrar en comunión con la persona nombrada.  En Mat. 28:19, Cristo habla de bautizar para el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; es decir, para entrar en relación con las tres Personas de la Deidad.  Así es el caso en Hech. 8:16; 19:5; Rom. 6:3 (dos veces); 10:2 (para Moisés); Gál. 3:27.  El bautismo es para (eis) perdón de pecados (Hech. 2:38).
          El cristiano es bautizado para entrar en relación con Cristo, quien fue crucificado por él.  Por eso es pecado poner el nombre de algún hombre por encima del nombre de Cristo.
          Aunque Martín Lutero escribió pidiendo que nadie llevara el nombre de él, sin embargo hay millones hoy en día que llevan su nombre, llamándose luteranos.  Otros muchos nombres sectarios han sido inventados, y son llevados por quienes reclaman seguir a Cristo.  ¿Son mejores que el nombre de Pablo, quien repudió tal práctica?

          1:14 --  Doy  gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo  y a Gayo --  En el próximo versículo Pablo presenta la razón de por qué daba  gracias sobre esto.  Los sectarios que menosprecian la importancia del bautismo en el plan de salvación (Mar. 16:16; Hech. 2:38; 22:16; 1 Ped. 3:21) citan este versículo pero ignoran el próximo.
          Pablo había bautizado con sus propias manos a pocas personas en Corinto.  Hace mención de dos de ellas en este versículo.
          Crispo había sido el principal de la sinagoga en Corinto cuando Pablo llegó allí a predicar.  Fue de los primeros convertidos (Hech. 18:8).  Hechos 18:8 dice que Cristo “creyó en el Señor”, pero no dice explícitamente que fue bautizado (aunque la inferencia necesaria, deducida del resto del versículo, lo demanda).  Este versículo aquí sí lo especifica.  Bien se ha dicho que en el siglo primero no había creyente de veras que no hubiera sido bautizado.
          En el Nuevo Testamento varias veces hay mención del nombre Gayo (Hech. 19:29; 20:4; 3 Juan 1; Rom. 16:23).  Dado que la carta a los romanos fue escrita desde Corinto, es posible que el Gayo de Rom. 16:23 es el mismo que éste mencionado en este versículo 14.  Este también fue de los primeros conversos en Corinto.  De lo que Rom. 16:23 dice acerca de él, se puede deducir que era hombre de medios.
          Seguramente tan pocos bautizados por Pablo no podían constituirse todo un partido en la iglesia.
          Se les había mandado a los apóstoles bautizar, sí (Mat. 28:19), pero no tenían que sumergir a las personas con sus propias manos, como Jesús bautizaba, pero empleando a sus discípulos para el acto mismo (Juan 3:22; 4:1,2). 

          1:15 -- que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre -- Ahora Pablo da la razón de sus gracias a Dios expresadas en el versículo anterior.  Dadas las circunstancias en la iglesia en Corinto, de que algunos estaban expresando lealtad al que les bautizara, el hecho de que fueron pocos los que con sus propias manos Pablo bautizó indicaría que él no podría ser considerado como uno de los líderes partidarios.
          Recuérdese que el tema aquí no es el bautismo propiamente, si importa o si no importa, sino la cuestión de partidismo en la iglesia.
          Pero hay sectarios que se valen de los versículos 14-17 para afirmar que el bautismo no importa tanto, y que no es necesario para la salvación.  Pero el caso es todo lo contrario.  Según la línea de pensamiento de Pablo en estos versículos, para que alguno fuera “de Pablo”, Pablo habría tenido que ser crucificado por la persona, y ella tendría que haber sido bautizada a, o para, Pablo (ver. 13).  De igual manera, para que alguno fuera de Cristo, Cristo tendría que haber sido crucificado por la persona (que es la verdad del caso), y ¡ella tendría que ser bautizada a, o para, Cristo (que es una necesidad)!  ¡Sin el bautismo, nadie puede ser de Cristo!
          Si el bautismo es solamente un “acto simbólico que alude al hecho real de la identificación con Cristo por la fe”, según afirman algunos denominacionalistas, ¿cómo se explica que Pablo use el hecho de ser bautizado por cierta persona como acto tan importante en el establecer un dado partido en la iglesia?
 
          1:16 -- También bauticé a la familia de Estéfanas -- Aquí Pablo agrega otro caso de personas bautizadas con sus propias manos, caso que no recordaba en el momento de escribir las palabras del ver. 14.  Si hubiera habido gran importancia en la persona que bautizara, seguramente Pablo habría recordado tan importante dato.
          Algunos se refieren a este versículo para negar la inspiración de las Escrituras.  “Un hombre inspirado no se equivoca; no se olvida”, dicen.  Pero los tales no comprenden en qué consiste la inspiración.  La inspiración no cambiaba la humanidad de la persona, sino le guardaba de error en lo que decía y escribía.  Lo que Pablo aquí escribe es la pura verdad.  Ahora, si hubiera escrito que recordaba cierta cosa, estando equivocado en ello, entonces de seguro no habría escrito por inspiración.
          Sobre Estéfanas, véase 16:15-17.  El y su casa fueron los primeros convertidos en Acaya.  Eran hermanos muy serviciales.  El y otros habían venido de Corinto para traer una carta de los corintios para Pablo, y para conversar con él.
          Las iglesias que practican el bautismo de infantes creen que la frase “bauticé a la familia (griego, casa)”prueba que es bíblico bautizar a infantes.  Agregan a su argumentación Hech. 10:2; 16:15, 33, como ejemplos de bautismo de infantes.  La suposición es que en las casas (familias) siempre hay infantes.  Pregunta: ¿Es ésa una inferencia necesaria, o nada más una inferencia?  ¿No hay muchas familias sin infantes?  ¡Claro que sí!
          Quedándonos con el contexto de los pasajes referidos, vemos en Hechos 10 que el auditorio consistió en “Cornelio ... sus parientes y amigos más íntimos”.  No hubo infantes presentes.  El auditorio escuchó el discurso de Pedro (ver. 44).  Fue bautizado en el Espíritu Santo y comenzó a hablar en lenguas y glorificar a Dios (ver. 44-46).  Esto excluye a infantes.  Vemos en Hechos 16, en cuanto a Lidia, que la reunión consistió de “mujeres” (ver. 13).  Si ella tuvo que estar atenta a la predicación de Pablo (ver. 14), se infiere necesariamente que también las otras mujeres que fueron bautizadas en esa ocasión.  Y en el caso del carcelero, y su casa, se les dijo que tuvieron que creer en el Señor (31).  Dado que la fe viene por el oír (Rom. 10:17), Pablo y Silas les hablaron la Palabra del Señor a él y a toda su casa (ver. 32).  ¡No se predica a infantes!  Todos los bautizados en esta ocasión en seguida se regocijaron de haber creído a Dios (ver. 34).  ¿Cuál infante es capaz de esto?
          En cuanto a la casa de Estéfanas, los de ella que fueron bautizados primero habían oído y creído (Hech. 18:8).  Esto no lo pueden hacer los infantes.  Ellos no comprenden nada de lo que pasa en su llamado “bautismo”.  (Con razón ¡muchas veces lloran cuando se les tira el agua en la carita, o se sumergen en el agua!)
          Los requisitos del bautismo bíblico excluyen a los infantes.  Según el Nuevo Testamento se bautizan personas que, después de oír el evangelio (Mar. 16:15), hay algo que hacer: creer en Cristo Jesús (Hech. 16:30,31), arrepentirse de los pecados pasados (Hech. 2:38), confesar la fe que tienen en Cristo Jesús (Hech. 8:37), y bautizarse para perdón de pecados (Hech. 2:38).  ¿Hacen todo esto los infantes que son rociados de agua, o aun sumergidos en agua, en las iglesias que practican el llamado bautismo infantil?  La respuesta es obvia: !No!
          -- de los demás, no sé si he bautizado a algún otro -- A propósito Pablo no iba a omitir el nombre de ninguno de esos pocos corintios a quienes había bautizado con sus propias manos.  Siempre fue número pequeño el de tales personas.  El caso no habría cambiado si hubiera habido algún otro de ellos.  Fuera como fuera, los corintios no podían afirmar que como partido habían sido bautizados en el nombre de Pablo.
          La inspiración no fue para guardar al inspirado de cualquier olvido personal en cosas insignificantes, sino para traer a la memoria todo lo que Cristo le había enseñado en su ministerio personal (Juan 14:26), y para guiarle a toda la verdad (16:13).  Los modernistas incrédulos representan mal los hechos del caso, y el propósito bíblico de la inspiración.
 
          1:17 -- Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio -- La palabra “pues” es significante; conecta lo que Pablo dice en los ver. 14-16 (el número pequeño de personas bautizadas con las manos de él) con la declaración que ahora sigue.
          Lo importante es la predicación del evangelio para que la gente crea y se bautice (Mar. 16:15,16), y no quién sumerja a los creyentes.
          Pablo era un apóstol (un enviado) de Cristo, y como tal tenía la obligación (9:16) de ir a los gentiles (en particular, Hech. 26:17; Rom. 15:16; Gál. 2:9; Efes. 3:1,2), a predicarles el evangelio.  Cuando llegó solo a Corinto, y predicó el evangelio, naturalmente tuvo que bautizar con sus propias manos a los primeros conversos (Hech. 18:1-4).  Pero cuando llegaron Timoteo y Silas, ellos podían ayudar en el acto de sumergir en agua a los creyentes arrepentidos, juntamente con los primeros conversos.  Pablo ya no tenía que preocuparse con el acto mismo del bautismo.
          Muchos sectarios, en sus comentarios y predicaciones, ignoran el contexto de este pasaje, los versículos 12-17, y torciendo las palabras de Pablo (2 Ped. 3:16) tratan de probar que el bautismo no es esencial para la salvación.  Pero el contexto trata del espíritu de partidismo en la iglesia en Corinto, cosa que hizo conveniente que Pablo mismo no sumergiera con sus manos a muchas personas, para que ese espíritu de los corintios partidarios no pudiera decir que algunos habían sido bautizados para el nombre de él.  Lo esencial del bautismo mismo no entra en el caso.
          En la discusión sobre lo esencial del bautismo para la salvación del pecador en el mundo, es significante notar que en cada caso de conversión en el libro Hechos el converso fue bautizado.  Si el bautismo no es necesario para la salvación, ¿por qué fue bautizada toda persona que buscaba la salvación?  La respuesta está en las palabras de Cristo mismo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Mar. 16:15,16).  Por eso el Espíritu Santo guió a Pedro a decir a aquellos creyentes en Jerusalén: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hech. 2:38).  Pablo mismo fue bautizado para lavar sus pecados (Hech. 22:16).
          A los bautistas les gusta decir que Pablo dijo que dio gracias a Dios porque no había bautizado a ninguno de los corintios (ver. 14), y que Cristo no le envió a bautizar (ver. 17).  Bueno, vamos a ver a dónde lleva esta clase de lógica: ya que para ser bautista la persona tiene que ser bautizada, y Pablo dio gracias a Dios porque no había bautizado a nadie, y que no fue enviado por Cristo a bautizar, se sigue que ¡dio gracias a Dios por no haber hecho a nadie bautista!
          Es más: para ser bautista, la persona tiene que haber sido bautizada por un ministro bautista.  Dado que no hubo ministro bautista por largos siglos después del primero, ¡no hubo Iglesia Bautista en el siglo primero!  Con razón las Escrituras no hacen ninguna mención de Iglesia Bautista, ni de bautistas.
          Tal distorsión de las Escrituras como ésta de los bautistas, y otros sectarios, se podría hacer de Juan 4:2, aislando del contexto las palabras que dicen, “Jesús no bautizaba”, y afirmando que eso prueba que el bautismo no importa.  Pero el versículo anterior dice, “Jesús ... bautiza más discípulos que Juan”.  ¿Por qué no prueba eso, entonces, que el bautizo sí importa?  Tomando todo dentro de su contexto, vemos que las Escrituras no se contradicen, ni que Jesús “no bautizaba” y por eso no veía importancia en el bautismo.  El contexto hace bien claro que Jesús sí bautizaba, pero no con sus propias manos.  Empleaba la ayuda de sus discípulos para llevar a cabo este acto de “los designios de Dios” (Luc. 7:30).
          Podemos preguntar al sectario: Si Cristo no envió a Pablo a bautizar, ¿pecó Pablo al hacerlo (ver. 14,16)?  ¿Desobedeció a Cristo?  Y, si no le envió a bautizar, ¿cómo explica el sectario que Cristo envió a los apóstoles a bautizar (Mat. 28:19)?  La torcida manera de los sectarios de tratar este versículo pone a Cristo en contradicción, y a Pablo en pecado.
          En Corinto Pablo hizo lo que solamente él podía hacer (predicar con inspiración--la obra de un apóstol), dejando a otros lo que ellos podían hacer (que en este caso fue el sumergir en agua a los creyentes arrepentidos).
          Recuérdese que es imposible predicar el evangelio sin predicar el bautismo (Mat. 28:1-20; Mar. 16:15,16; Hech. 8:12,35,36; 10:48; Rom.6:3,4).
          -- no con sabiduría de palabras -- Véase 2:1,2.  La prioridad de Pablo, que no fue el acto de sumergir a las personas, sino la predicación del evangelio, no fue atendida con énfasis en el empleo de lenguaje de filósofo, para así impresionar a la gente, haciéndose un gran “líder”, cosa que muchos corintios en su carnalidad buscaban hacer.
          Muchos predicadores modernos procuran hacer que la persona se sienta bien consigo misma.  Hablan mucho del “self esteem” (“amor propio”, “apreciarse debidamente”, “tenerse en alta estima”) y con  “suaves palabras y lisonjas”, cosa que agrada a la vanidad del oyente.  (Por ej., una iglesia sectaria grande en mi ciudad hace publicidad, diciendo: “Esta iglesia es para usted”.  Otra dice, “En esta iglesia usted es importante”).  Véanse Rom. 6:18; Isa. 30:10; Fil. 3:18; 2 Ped. 3:3,18.  Por otra parte, la predicación de la cruz de Cristo hace que el hombre “se compunja” de corazón y pregunte qué debe hacer para ser salvo (Hech. 2:37).
          -- para que no se haga vana la cruz de Cristo -- El evangelio de la cruz le dice qué hacer para ser salvo: arrepentirse y bautizarse (Hech. 2:38).  Pero el predicarse a sí mismo (= el popular “amor propio”), que es el corazón de la sabiduría humana, hace que la cruz de Cristo sea vana, porque tal sabiduría pone el énfasis en lo que Dios ha hecho por el hombre indigno, ignorante y sin esperanza (Rom. 5:6-11).  Cuando el verdadero evangelio de la cruz se predica, el oyente no se siente bien, con respecto a sí mismo, sino tan mal y compungido de corazón que pregunte qué quiere  Dios que se haga, y luego lo hace para ser salvo por Dios.
          La frase “sabiduría de palabras” en el texto griego es “sabiduría de palabra” (singular), y así dicen las versiones P.B., N.M., H.A.; B.A. en una nota del margen: “lit., palabra sabia”.  Dice la N.C., “sabia dialecta”.  Se trata, no tanto de estilos de hablar, sino de substancia o contenido.  El evangelio es un mensaje de Dios, no de la filosofía humana.  El problema en la iglesia en Corinto se basaba en no hacer debidamente esta distinción.  Ningún sistema filosófico tiene poder para salvar; sólo el evangelio lo tiene.
          Ahora Pablo pasa a describir la naturaleza del evangelio, afirmando que no es meramente otra filosofía de las muchas humanas, sino la revelación de la mente del Dios verdadero con respecto al hombre perdido, reflejando el poder y la sabiduría de Dios.  Lo que Dios ha hecho en Cristo para el hombre deja que toda la gloria pertenezca a él.  Si el hombre, pues, quiere gloriarse, tiene que hacerlo en el Señor Jesucristo.
 


          1:18 --   Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden -- La palabra “porque” en el texto griego es la misma que aparece en el versículo anterior, donde nuestra versión dice, “pues”.  Véanse los comentarios allí.  La conexión entre este versículo y el anterior (hacer vana la cruz de Cristo) debe ser obvia.
          Ahora Pablo hace contraste entre la sabiduría de palabra (ver. 17) y la palabra de la cruz (18).  La palabra de la cruz es el mensaje (H.A., NVI., RVA., Pop., NTP., etc.) o la doctrina concerniente a lo que Dios ha hecho por el pecador en la cruz, o muerte, de Cristo.  (He aquí la verdadera “sofía”, sabiduría, 1:30).  Véase Juan 3:14-17.
          El contenido del evangelio no es sencillamente una filosofía entre otras, pues ninguna filosofía puede salvar eternamente al pecador.  El evangelio une a todos en Cristo para salvación, pero las filosofías humanas dividen al hombre.  ¡Con razón había divisiones en la iglesia en Corinto!
          Para la persona que considera al evangelio por medio de la sabiduría humana, el evangelio es locura; no tiene poder alguno.  ¿Cómo puede la muerte del héroe tener poder para salvar a sus seguidores?  Tal persona en el mundo, perdida en sus pecados (Juan 8:24), sigue siendo persona perdida.  Sigue rechazando al evangelio.  Y ¿a éstos querían algunos miembros de la iglesia en Corinto impresionar e imitar, al hacer tanto caso de hombres considerados como grandes líderes?  ¿Para qué enamorarse de quienes se están perdiendo, e imitarles?
          -- pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios -- Véanse Rom. 1:16; 1 Cor. 4:20.  Pablo hace contraste entre “los que se están perdiendo” y “los que nos estamos salvando” (margen, B.A.), y entre la locura, según la conclusión del hombre perdido, y el poder de Dios según el caso de los corintios cristianos.  Estos últimos, habiendo sido lavados, santificados y justificados por el mensaje de la cruz (6:11), demostraban el poder del evangelio.  Ninguna sabiduría humana había podido lograr tal cambio en el hombre, ni puede. 
          Sobre este contraste, véase 2 Cor. 2:14-16.
          Por esta razón Cristo envió a Pablo a predicar el evangelio (ver. 17); es la única cosa con el poder necesario para salvar al hombre perdido.  Y ahora, ¿qué diremos de la iglesia en Corinto?  Estaba manifestando actitudes basadas, no en este evangelio, sino en la sabiduría humana que es carnalidad.  Si la perdición y la locura van juntas, como la salvación y el poder, ¿eran sabios los hermanos en Corinto al hacer tanto caso de ideas filosóficas hasta causar cismas en la iglesia?
 
          1:19 -- Pues está escrito -- Pablo apela a las Escrituras.  (Compárese Rom. 4:3; etc.).
          -- Destruiré la sabiduría de los sabios,  Y desecharé el entendimiento de los entendidos -- Aquí Pablo cita a Isa. 29:14.  Véase el contexto de dicho pasaje, capítulo 28-32 de Isaías, y 2 Reyes 18,19.  Como los sabios, los políticos, de Ezequías el rey le dieron consejos humanos, aconsejándole que Judá buscara socorro de parte de los egipcios, para resistir a Asiria, en lugar de buscar todos el consejo de Dios, y Dios destruyó la sabiduría de aquellos sabios al vencer al ejército de Senaquerib de manera milagrosa, así Dios siempre destruye la sabiduría humana, pues nunca es suficiente para lograr los fines de Dios.  Sólo la sabiduría de Dios (el mensaje de la cruz) puede lograr la salvación para el hombre, en la esfera espiritual; la sabiduría humana no es capaz de lograrlo.  Esta es la aplicación que Pablo hace de esta cita del Antiguo Testamento.  Los hermanos corintios no eran sabios en emplear lo que Dios destruye.
 
          1:20 -- ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? -- Véanse Isa. 19:(11)12; 33:18.  Así pregunta Isaías a los sabios de Faraón (19:12); así pregunta al escriba asirio, quien pensaba que estaría contando los despojos de Jerusalén (33:18).  Pero en una noche Dios trajo toda esa sabiduría a un rotundo cero (2 Reyes 19:35).
          No es necesario tratar de diferenciar entre estos términos, pues todos se refieren a quienes promueven la sabiduría de este siglo, o sea, la humana, y que a la vez rechaza a la revelación de Dios en la predicación del evangelio salvador.  Rechaza todo lo que es de fuerza sobrenatural (el poder de Dios), y no de la experiencia del hombre  (el empirismo).
          -- ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? -- Los sabios de este mundo no pueden sostenerse en combate con el Dios omnisciente.  La locura de la sabiduría humana se ve en el fracaso de ella, y en los frutos que ella produce, en la vida de la raza humana.  Compárense Rom. 1:18-32; 2 Tim. 3:2-4. Ella no puede salvar al hombre perdido en sus pecados, los cuales siempre le destruyen.
          La Biblia revela que desde el principio Dios ha enloquecido la sabiduría humana, siempre que ella se ha opuesto a lo que él ha enseñado y mandado.  Ahora Pablo está para ilustrar esta verdad con los versículos que siguen.
          El pobre hombre cree que por medio de sus sabios (filósofos, sicólogos, doctores de esto y de aquello, y todos sus expertos) puede resolver sus problemas y llegar a la culminación de la existencia sobre la tierra, pero falla miserablemente.  Léase Jer. 10:23.
          ¡Pobres de los hermanos corintios tan impresionados con la sabiduría humana!  No es diferente hoy en día; hay hermanos míos en la fe que han abandonado la fe una vez dada a los santos (Judas 3) por andar tras la sabiduría y filosofía humana.  Algunos han llegado hasta el modernismo, negando el nacimiento virginal de Jesús.  ¡Qué triste!  Es locura, y Dios lo destruirá.
 
          1:21 -- Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría -- Notemos de nuevo esta palabra que conecta, “pues” (y siempre demos el énfasis debido a tales palabras, para tomar en cuento el contexto).  Véanse ver. 17,18, comentarios.
          La palabra “mundo” aquí, como en el versículo anterior, es del vocablo griego kosmos, que significa el mundo desde el punto de vista de orden, el mundo físico que está pasando (7:31; 1 Juan 2:17).
          Aunque la sabiduría del ser humano es capaz de observar y descubrir muchas cosas, no puede conocer a Dios sin la ayuda de revelación de parte de Dios.  Por eso en Atenas, ciudad de filósofos  griegos, Pablo halló un altar con la inscripción, “Al Dios No Conocido” (Hech. 17:23).  Un poeta griego reconoció que todos somos linaje de Dios (ver. 28), pero los sabios se quedaban en ignorancia (imaginación, superstición) en cuanto a la voluntad de Dios, haciendo que la Deidad sea semejante a animales y a seres humanos (la idolatría) (ver. 29,30).
          La sabiduría de Dios cuidó de que fuera así; a saber, que sin revelación sobrenatural de parte de Dios el hombre solo no pudiera conocer a Dios.  El hombre depende de su Creador.
          De la misma naturaleza el hombre solo sí puede saber que Dios existe, y que debe ser adorado, y se queda sin excusa por no creerlo (Rom. 1:20), pero solo no puede saber cuál es la voluntad de Dios para el hombre.  Los corintios, antes de su conversión a Cristo, y dependiendo de sus filósofos, no habían podido conocer a Dios, pero ahora que el evangelio se les predicó, sí podían conocerle.
          -- agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación -- Muchas versiones se expresan así: “plugo a Dios”.  Compárese Efes. 1:5.  Se trata del propósito eterno de Dios (Efes. 3:11).
          Dios escogió que el hombre perdido fuera salvado por el contenido (mensaje) que ha de ser predicado (más bien que por la presentación misma, llamada “predicación”), mensaje que el mundo considera locura. Véase ver. 18, comentarios. 
          Notemos estas versiones: “por la tontería del mensaje” (H.A.); “la necedad de lo que se predica” (N.M.); “mediante la locura de lo que venimos predicando” (NVI.); “la insensatez de lo que predicamos” (L.A.); “la locura que predicamos” (LBL.).  Lo que ha de ser predicado para la salvación del hombre pecador es el evangelio, nada más (ver. 23; 15:1,2; Rom. 1:16).   Compárense Juan 6:44,45; Rom. 10:14,15.  No es tanto que Felipe predicara a los samaritanos, sino que les predicó ¡a Cristo! (Hech. 8:5).  No es tanto que predicara al eunuco, sino le predicó “el evangelio de Jesús” (ver. 35).  Pablo llegó a Corinto predicando una sola cosa: “a Jesucristo, y a éste crucificado”.
 


          1:22 -- Porque los judíos piden señales --  Esto caracterizaba a los judíos, aunque habían recibido muchas señales (Juan 20:30,31), pero rehusaban creer.  Véase Juan 12:9-11.  No les faltaban pruebas sobrenaturales, pero no estuvieron satisfechos con las muchas que recibieron.  Véanse Mat. 12:38-45; 16:1; 27:42; Mar. 8:11,12; Juan 2:18; 6:30.
          -- y los griegos buscan sabiduría -- Para la mente griega, nada era sabio que si no se conformaba a sus ideas filosóficas (Hech. 17:32a).  Con esta condición buscaba cosas nuevas (Hech. 17:19-21).  Si Pablo hubiera predicado alguna filosofía nueva, les habría agradado, pero para ellos era locura el mensaje de un Salvador muerto en una cruz, y resucitado de los muertos.
          En ambos casos, el resultado fue la incredulidad en cuanto al evangelio de Dios, tanto para los buscadores del Mesías, como para los racionalistas o descubridores.  Para tales gentes (o sea, todo el mundo en general que es incrédulo) el evangelio es locura.
 


          1:23 -- pero nosotros predicamos a Cristo crucificado -- La palabra “pero” introduce el contraste entre Pablo y los judíos y gentiles inconversos.
          -- para los judíos ciertamente tropezadero -- porque los judíos esperaban a otra clase de Mesías, a uno que no sería muerto por los romanos, sino que les llevaría a una victoria sobre ellos, restaurando así un reino político de grandeza como en los tiempos pasados.
          El vocablo griego para “tropezadero” es skandalon, significando una trampa o impedimento puesto en el camino, y que causa que uno se tropiece.  Véanse Rom. 9:33; 1 Ped. 2:8.  Si la persona anda en cierto camino, hacia cierto destino, lo que se pone en el camino le puede causar caer para no llegar.  Los judíos iban en su propio camino hacia Dios, en uno basado en sus conceptos materialistas del reino de Dios, y para ellos la predicación de la cruz de Cristo les estorbaba; les hacía caer para no llegar a aquello.  Véase Mat. 11:6.
          Las versiones que traducen esta palabra, en forma verbal, “ofender”, en lugar de “tropezar” (por ej., Mat. 17:27; Juan 6:61), no dejan la idea correcta, pues “ofender” hoy en día lleva la idea de lastimar o herir sentimientos.  Pero la idea siempre es la de hacer tropezar o caer.
          Jesús dice: “Yo soy el camino” (Juan 14:6).  No es tropiezo para quienes quieren llegar al Padre por él, sino es algo precioso (1 Ped. 2:6,7).  Es tropiezo solamente para los desobedientes (ver. 8).
          -- y para los gentiles locura -- Sus propios conceptos respecto a sus dioses, basados en bajarles al nivel del ser humano en sus características y maneras de hacer, obligaba a los gentiles a rechazar un mensaje de un Dios que fuera muerto por los hombres para salvar al hombre.  Para los gentiles esto era ridículo.  Ignoraban el amor de Dios; que Dios es amor (Rom. 5:8-11; 1 Juan 4:7-21).
          Los filósofos griegos en Atenas en una ocasión discutieron con Pablo, llamándole “palabrero” (es decir, “uno que se gana la vida recogiendo desperdicios”--margen, B.A.), Hechos 17:18.  Para ellos Pablo era un charlatán, hablando locuras.  Algunos de ellos, después de oírle, se burlaban de su mensaje inspirado (ver. 32).
 


          1:24 -- mas para los llamados -- Aquí la frase “los llamados” se contrasta con la frase del versículo anterior, “los judíos ... y ... los gentiles”.  Los llamados son los cristianos, y los judíos y los gentiles (el resto de la humanidad) son los no cristianos.  Estas son las dos únicas clases de personas en el mundo en la vista de Dios.
          Sobre la palabra “llamados”, véanse 1:2, comentarios; Rom. 8:30; 2 Tes. 2:14; Heb. 3:1.
          --así judíos como griegos -- Esta expresión significa todo el mundo, pues para los judíos el no judío era griego, o gentil.  Los cristianos son de todas las naciones; la iglesia de Dios es global (Mat. 28:19; Mar. 16:15).
          -- Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios -- La palabra “Cristo” es el objeto directo del verbo “predicamos” (ver. 23 -- predicamos ... a Cristo).
          El Cristo predicado por Pablo era tropezadero y locura para los inconversos de entre los judíos y los gentiles, o griegos, pero para los salvos él es poder de Dios y sabiduría de Dios.
          El único poder disponible para el hombre, frente a la justicia absoluta de Dios, para salvarle del pecado, es el evangelio (ver. 18, comentarios; Rom. 1:16; 3:26; Sal. 85:10).  Sobre este poder de Dios en el cristiano, véanse Efes. 1:19,20; 3:20.
          En la cruz de Cristo vemos obrando no solamente el poder de Dios, sino también la sabiduría de él.  Véanse Efes. 3:10-12; Col. 2:3.
          Por contraste, ¿qué han podido obrar el poder y la sabiduría del hombre inconverso para  dar a la humanidad su utopía o sumo bien?  El hombre sin Dios, y abandonado de Dios, se destruye.  Véase Rom. 1:22-32, o véase el periódico de hoy.  Isa. 55:8,9 bien lo expresa.
 


          1:25 -- Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
          En realidad no hay insensatez ni debilidad de parte de Dios.  Pero lo que el hombre natural (inconverso), ante el evangelio de Cristo, considera insensato y débil, es más sabio y fuerte que lo que el hombre piense y haga, como Dios es más sabio y fuerte que el hombre.  El hombre no hizo a Dios, sino Dios al hombre.  Dios puede hacer para el hombre lo que el hombre no puede hacer para sí mismo.
          El caso de David y Goliat bien ilustra el caso.  Dios puede con un pastor y una piedra vencer fácilmente a un gigante.  ¿Puede cualquier hombre sin ayuda divina duplicar tal suceso?
          Pablo aquí no habla de cualidades de Dios, al decir lo insensato y lo débil, sino se refiere al evangelio en particular que para el hombre natural (2:14) es insensatez y debilidad (que el Salvador sea derrotado, vencido, muerto, en una cruz romana.  Por supuesto no toman en cuenta la resurrección).  
 
          1:26 -- Pues mirad, hermanos, vuestra vocación – Como hemos dicho más arriba, siempre se deben tomar en cuenta las palabras o frases relativas, como “pues”, “porque”, “así que”, “por lo tanto”, etcétera, para ver la conexión de la contextura de cualquier versículo.  Véanse ver. 17,18, comentarios.  Lo que ahora dice Pablo se relaciona con lo anterior.
          Pablo llama la atención de los hermanos en Corinto a su propio caso, como personas convertidas en cristianos (llamados), para probar lo dicho en el versículo anterior.  La palabra “vocación” en otras versiones es “llamamiento” (RVA., N.M., B.A., ASV., 1977).
          -- que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles -- La versión NTP. es más bien comentario que traducción, al decir: “Hermanos, fíjense a quiénes llamó Dios.  Entre ustedes son pocos los que pasan por cultos, y son pocas las personas pudientes o que vienen de familias famosas”.
          Había unos cuantos hermanos corintios de éstos, pero muy pocos (por ej., Crispo, Hech. 18:8, y Erasto, Rom. 16:23).  La iglesia en Atenas contaba con el hermano Dionisio el areopagita, y con una hermana sobresaliente, de nombre Dámaris (Hech. 17:34).  La iglesia en Tesalónica contaba con un buen número de mujeres nobles (Hech. 17:4), y la que estaba en Berea con mujeres de distinción (ver. 12).  En la hermandad hay hermanos ricos (1 Tim. 6:17-19); José de Arimatea era hombre rico (Mat. 27:57).  Pero en general, éstos son casos excepcionales.  El hombre pobre y dependiente de Dios es la persona que más tiende a hacer caso del evangelio (Sant. 2:5).
          La frase “según la carne” no trata de moralidad, sino del punto de vista humano, o manera normal de ver las cosas.
          Los “poderosos” son las personas de autoridad, dinero, y dirección pública.  Los “nobles” son los de alta sociedad, la gente ilustre, los aristócratas.  Para éstos el evangelio no tiene mucha atracción.   Son gente con orgullo, y el evangelio es para quienes son humildes.
          Compárese Jer. 9:23.
          Cristo dejó las riquezas del cielo y se hizo pobre para salvarnos (2 Cor. 8:9).  Todas las circunstancias físicas de su nacimiento fueron de pobreza y humildad (Luc. 2:7-20).  No nació de sangre real.  Fue criado en Nazaret, ciudad menospreciada (Jn. 1:46).  Algunos de sus escogidos embajadores (los apóstoles, 2 Cor. 5:20) fueron pescadores humildes,  otro fue un odiado publicano, y ninguno fue de alto nivel en el mundo político (Mat. 4:18-22; 9:9-13).  Su iglesia es sencilla en organización, obra y adoración; no tiene cuartel general ni organización global, ni cabeza titular en el mundo.  Todo esto es locura para la sabiduría humana.
          Pero, recuérdese Mar. 12:37, “La gente llana le oía con gusto” (V.M.)
 
          1:27 --  sino que lo necio del mundo escogió Dios -- Dos veces en este versículo, y una en el siguiente, se emplea la frase: “escogió Dios”, poniéndose así todo el énfasis en lo que ha hecho Dios.
          Para el inconverso lo que ha hecho Dios en el evangelio, y el hecho de que cierta clase o categoría de gente es la que en general lo acepta, es pura necedad.
          -- para avergonzar a los sabios --  El verbo aquí (kataiskuno) se emplea en 1 Cor. 11:4 (afrenta), 22 (avergonzáis); Luc. 13:17 (se avergonzaban).
          Dios tuvo cierto propósito al escoger lo que el hombre vanaglorioso considera necio: fue para avergonzarle.  Dios es quien escoge, no el hombre.  Al escoger Dios el plan de salvación, por la muerte de su propio Hijo, el hombre que se cree tan sabio lo rechaza; pues no se conforma a las ideas de él de lo que es sabio.  Pero en todo esto el hombre que se cree tan sabio queda avergonzado, pues Dios expone la ignorancia del sabio profeso, reduciendo a la nada y dejando como inútil la sabiduría del sabio.  Compárense Luc. 13:17; Mat. 22:46; Hech. 6:10.  ¿No “avergonzó” Dios la sabiduría de los hombres en sus persecuciones, convirtiéndolas en instrumentos para extender el evangelio a otras muchas partes (Hech. 8:3,4; Fil. 12:14; Hech. 18:9,10)?  Considérense Col. 2:15; Sal. 2 (Hech. 4:24-31).
          En el versículo siguiente se usa una frase paralela: “deshacer lo que es” (“anular”, B.A.; “anonadar”, V.M.; “reducir a la impotencia”, NVI.; “destruir”, FUE. .
          -- y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte -- En esta frase, y en la siguiente del ver. 28, Pablo sigue el punto ya comenzado: lo que Dios ha escogido con el doble propósito, primero de mostrar que la obra de redención en el evangelio es obra de su poder y sabiduría, y luego de avergonzar y anular el poder y la sabiduría del pobre hombre carnal.
         
          1:28 --  y lo vil del mundo -- El vocablo griego para decir “vil”, agene , (= de ningún nacimiento) representa lo contrario de la palabra “nobles”, eugeneis (= de buen nacimiento), ver. 26.  La mayoría de los cristianos son de nacimiento humilde, al igual que el de Cristo en la carne (Luc. 2:7; etcétera).
          -- y lo menospreciado escogió Dios --Lo que es tenido en nada por el hombre carnal son los valores que Dios ha escogido para llevar a cabo el gran plan de redención.  Rom. 14:17 ilustra el punto: Dios escogió un reino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo; el hombre escoge un reino de comida y bebida.  El hombre mundano, reclamando la libertad, escoge la esclavitud al pecado (2 Ped. 2:19), pero Dios escoge la “sabiduría, justificación, santificación, y redención” (ver. 30 de este capítulo).
          -- y lo que no es -- El sabio de este mundo considera las cosas del evangelio como si no existieran.  Las mira con desdén.  Se burla de quienes las propagan y practican.
          -- para deshacer lo que es – El verbo griego, aquí traducido “deshacer”, es katargeo.   Véase 13:8, los comentarios sobre este verbo.

¿Qué escogió el Dios omnipotente y omnisciente?  ¡Todo lo que para el hombre carnal es vil, menospreciado y no existente!  ¿Para qué?  Para reducir a la nada lo que para el hombre vanaglorioso es de valor y permanencia.
          Aun en esta vida Dios deshace la sabiduría del hombre carnal, haciendo que reciban “en sí mismos la retribución debida a su extravío” (Rom. 1:27).
          Los ver. 27,28 presentan estos tres juegos de contrastes: lo necio -- lo sabio; lo débil -- lo fuerte; lo vil, menospreciado y que no es, por una parte -- y lo que es por otra.  Es Dios quien escogió las primeras cosas para avergonzar y deshacer las segundas, las que son del hombre rebelde.
          Es evidente que el evangelio no es de origen humano, pues sus valores son del todo rechazados por los más sabios e inteligentes y poderosos de los hombres.  En cambio, los mitos, las idolatrías, las llamadas ciencias, y demás creaciones de la mente considerada sabia, siempre se conforman al pensar de la intelectualidad del mundo.
          Considérese Mat. 11:25,26
 
          1:29 -- a fin de que nadie se jacte en su presencia -- Aquí Pablo expresa la gran conclusión del asunto (ver. 26-28).
          Es buena la versión P.B. que dice, “de manera que no se gloríe carne alguna delante de Dios”.  La H.A. y la ASV. dicen, “para que ninguna carne se gloríe delante de Dios”.  Así se expresa el texto griego.


          El hombre tiende a gloriarse en ciertas personas (3:21), según los conceptos humanos de la grandeza y fama.  Esto fue un problema en la iglesia en Corinto.  Pero Dios había escogido lo que para el hombre carnal es menospreciado y sin valor, y como resultado, no le queda al hombre nada en que él pueda gloriarse delante de Dios.  Como dijo Pablo, “por la gracia de Dios soy lo que soy” (15:10).
          Es una tendencia humana regocijarnos más cuando una persona de importancia se convierte que cuando lo hace una de ninguna importancia (en la vista humana).  Pero las dos personas están en Cristo, no por nada de sus propios méritos, sino solamente por la gracia y obra de Dios.  Dice Pablo, “por gracias sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efes. 2:8,9), y “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” (Tito 3:5), y “.. para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Cor. 4:7).
 
          1:30 -- Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús -- El texto griego dice, “de él” (y así dicen las versiones ASV., NVI., P.B., V.M., B.J.).  Se trata de la fuente de la salvación en Cristo Jesús.  El hombre no puede gloriarse absolutamente nada, porque el hecho de estar salvo el hombre (cristiano) procede de Dios y de la sabiduría y del poder de él.
          La sabiduría y el poder humanos no han tenido nada que ver con la salvación eterna.  A Dios sea toda la gloria y las gracias nuestras (Efes. 1:3-14; 2:8-10; 3:8-12,21; Rom. 11:33-36).  Al hombre para ser salvo le toca solamente obedecer los términos de este evangelio de la gracia de Dios (Hech. 20:24).  O lo obedece (Mar. 16:15,16; Heb. 5:9), o no lo obedece (2 Tes. 1:8); no le queda más en el asunto.
          -- el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría --  Procedente de Dios, o de parte de Dios, Cristo fue hecho sabiduría.  Véase ver. 24.  La sabiduría arriba tratada (18-29), que es de los hombres, no logra nada en cuanto al plan de salvación (ver. 21), pero sí entra la sabiduría, pero es solamente ¡la que procede de Dios!
          La frase “nos ha sido hecho” significa que Jesucristo fue hecho el medio por el cual el hombre alcanza la sabiduría que es de Dios; es decir, es el medio o la causa de nuestra justificación, santificación y redención.  Jesucristo es el agente divino de parte de Dios para estas cuatro cosas (o de las tres que representan a la primera).  Pablo emplea la figura de retórica en que la causa es puesta por el efecto.  Véase Rom. 5:17.  Considérense Efes. 1:7; Heb. 10:4,29.
          Las tres frases que siguen están en aposición a esta sabiduría de parte de Dios; es decir, esta última consiste en aquéllas.
          -- justificación, santificación y redención -- La justificación es el estado legal en que el cristiano puede estar delante de Dios sin pecado, porque Dios le perdonó en base a la muerte de Jesús.  El cristiano, hombre perdonado, es hombre en realidad justo; pues no tiene pecado (1 Juan 3:7).  Véase Nota abajo.  ¡Qué sabiduría!  Dios es justo, y por eso no puede ignorar el pecado que merece la muerte (Rom. 6:23).  Pero Dios también es misericordioso, no queriendo que nadie perezca (2 Ped. 3:9).  ¿Qué puede hacer, pues, para salvar a sus criaturas pecadoras y al mismo tiempo mantener su justicia?  ¡He aquí la sabiduría de Dios!  Envió a su propio hijo a que muriera por los pecadores, redimiéndolos (Mat. 20:28; Efes. 1:7).  De esta manera Dios es justo, y a la vez, el justificador del que tiene fe en Cristo Jesús (Rom. 3:26).
          La santificación es la separación del pecador del pecado para ahora vivir apartadamente en el camino del Señor.  Dios le separa del pecado por medio de perdonarle en Cristo.  El cristiano, pues, es una persona que ha muerto al pecado (ya está separado de él), Rom. 6:1-11.
          La redención especifica el acto de Dios de libertar al esclavo del pecado, pagando el precio de rescate (Rom. 6:17,18; Mat. 20:28).  El cristiano ha sido comprado a precio de la sangre de Cristo (1 Cor. 6:20; 2 Ped. 2:11; Apoc. 5:9).
          Nota -- Según el calvinismo el cristiano en realidad no es hombre justo, sino que Dios nada más le declara justo, porque en realidad todavía tiene una naturaleza depravada con que nació (el llamado pecado original).  Muchos calvinistas (y hasta hermanos en la fe, neocalvinistas) citan este versículo, afirmando que se hace referencia a la justificación personal de Jesús con que vivió sin pecado en este mundo, y que ella se imputa al creyente.  La justificación del creyente, pues, no es propiamente suya, sino nada más la de Cristo que le fue imputada.
          Si es así, ¿por qué no se imputan las otras tres cosas mencionadas aquí por Cristo: la sabiduría, la santificación y la redención, todas personales de Jesús en la vida sobre la tierra?  ¿Es imputada al cristiano la sabiduría personal de Jesús, la que tenía en esta vida terrenal?
 
          1:31 -- que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor -- La palabra “que” aquí introduce un propósito.  Véase Efes. 1:6.
          Véase Jer. 9:23,24.   La cita no es de palabras textuales, sino de la idea en general; da el compendio del pasaje.  El origen y la naturaleza del evangelio muestra que no le queda al hombre nada de qué gloriarse delante de Dios en cuanto a su salvación y esperanza de vida eterna (Rom. 3:27).  Pero sí puede y debe gloriarse en el Señor porque él es la fuente de toda bendición espiritual para el hombre en Cristo (Efes. 1:3).  El hombre todo lo debe a Dios, y por eso debe expresarle continuamente su agradecimiento.
          Nótese que lo que en Jeremías se atribuye a Jehová Pablo en este pasaje comentado lo atribuye a Cristo.  Cristo se equipara con Dios el Padre en la Deidad.

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