CAPÍTULO 11
11:1 -- Sed
imitadores de mí, así como yo de Cristo -- Este versículo va
comentado al final del capítulo 10, como la conclusión de la
argumentación de Pablo en los capítulos 8, 9 y 10. Véanse los
comentarios en seguida de 10:33.
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Este capítulo trata
de dos temas distintos: (1) desórdenes en la asamblea con respecto a
la sujeción de la mujer, ver. 2-16, y (2) desórdenes con respecto a
la Cena del Señor, ver. 17-34. (El tema general de desórdenes en la
asamblea continúa hasta 14:40).
El encabezado para
el primer tema, según la edición de la Biblia que uso, dice: “Atavío
de las mujeres”. Esto es una gran equivocación. Esta sección no
trata de cualquier mujer y su vestuario. Debe decir algo como: “La
dirección del varón”, “La sujeción de la mujer”, o tal vez “La
profetiza y el velo”.
De lo que Pablo
aquí enseña deducimos que había en Corintio algo de movimiento de
feminismo, pues o algunas profetisas, al ejercer el mismo don que
los profetas, no mostraban sujeción, pues no cubrían la cabeza con
velo al hacerlo, o algunos pocos afirmaban que la profetiza, al
ejercer su don, no tenía que llevar el velo. El ver. 16, al decir
“si alguno quiere ser contencioso”, indica que el problema no había
llegado a ser de grande escala.
Hoy en día, en la
hermandad hay profesados cristianos que, basándose en una
interpretación torcida de Gál. 3:28, afirman que la mujer puede
tomar el papel del hombre en muchas de las actividades de dirección
en la iglesia local (por ej., dirigir himnos y oraciones, predicar,
servir de “ancianas” y de diaconisas, etcétera). La sujeción de la
mujer, y su debido papel en la vida, es un tema que la mente rebelde
siempre ha resistido.
11:2 -- Os alabo,
hermanos, porque en todo os acordáis de mí – Antes de corregir
el problema en la iglesia con respecto a las profetisas y el velo,
Pablo alaba a los hermanos en dos particulares: se acordaban de él y
de su obra entre ellos (Hech. 18:1-18), y retenían las tradiciones,
o enseñanzas, que él les había entregado. Compárese 1:4-8.
(En el ver. 17
tiene que censurar su conducta en un particular; no les puede alabar
en aquello. Véase también ver. 22).
-- y retenéis
las instrucciones tal como os las entregué – En gran parte ellos
llevaban a cabo las enseñanzas que Pablo les había entregado, pero
habían surgido problemas y le habían escrito, preguntándole sobre
ellos.
El vocablo griego,
aquí traducido “instrucciones”, es
paradosis. Significa
lo que es entregado de uno a otros. La forma verbal,
paradidomi, significa
entregar (instrucciones verbalmente). Los dos vocablos aparecen en
esta frase: “instrucciones” y “entregué”. Los corintios habían
retenido lo entregado de Pablo tal como él lo había entregado.
(Tales cosas le habían sido entregadas a él—1 Tim. 1:11).
Otras versiones (ASV.,
N.C., N.M., L.A., B.J.), en lugar de “instrucciones”, dicen “tradiciones”.
Este vocablo griego da énfasis al hecho de que algo (de instrucción)
ha sido entregado, y no al contenido de lo entregado, ni al autor.
Aparece en Mat. 15:2 (tradición); Gál. 1:14 (tradiciones) Col. 2:8
(tradiciones); 2 Tes. 2:15 (doctrina); y 3:6 (enseñanza). Lo bueno
o lo malo de una tradición no consiste en el hecho de que es algo
entregado verbalmente a otros, sino en la fuente de lo que es
entregado así. Una cosa así entregada, que tiene a los hombres por
origen o fuente, , es una tradición humana. Si tiene por
fuente a los apóstoles de Cristo, es una tradición inspirada.
Es importante notar
esto, porque hoy en día en la hermandad muchos falsos maestros están
denigrando o desacreditando lo que es “tradicional”, como si fuera
algo que dejar por completo. Es que éstos quieren innovar prácticas
no bíblicas, y para hacer lugar para ellas hablan mucho de que no
debemos seguir siempre lo tradicional, sino abandonarlo por algo “nuevo”.
Pero lo que ellos llaman “tradiciones” en realidad son cosas de “la
forma de las sanas palabras” que debemos “retener” (2 Tim. 1:13).
Ellos tienen en mente tales cosas como el cantar sin usar
instrumentos de música, el tomar la Cena cada primer día de la
semana, el no usar las hermanas en el liderazgo de la iglesia local,
etcétera. Para ellos estas cosas son “tradicionales”, y sembrando
la idea falsa, de que la tradición no es de importancia, pasan a
abogar por prácticas nada apostólicas. Ellos necesitan prestar
atención a lo que Pablo dice en este versículo.
11:3 -- Pero
quiero que sepáis – Para poder entender bien las instrucciones
que siguen (con referencia al profeta y a la profetisa en el
ejercicio de su don de profecía), los corintios necesitaban saber
algo muy bien.
-- que Cristo es
la cabeza de todo varón – Antes de tocar el punto de profetizar
y orar, de parte de los profetas y las profetisas, Pablo establece
el punto de dirección, o de ser la cabeza. Esta cuestión de
liderazgo es la idea central que corre a través de los versículos 2
al 16. Ser cabeza implica autoridad. (Al ignorar esto, el lector
puede llegar a muchas conclusiones equivocadas).
En éste y en los
versículos siguientes, el vocablo griego
kephale se emplea
varias veces, y en dos sentidos distintos: (1) en el sentido literal
de la cabeza como la parte superior del cuerpo, (2) y en el sentido
figurado de autoridad. En este versículo es obvio que el sentido
empleado es el segundo.
Cristo es la cabeza
de todo varón. Todo ser humano está sujeto a la dirección de Cristo
(Jn. 17:2; 1 Cor. 15:27; Efes. 1:20-22; Col. 2:10).
-- y el varón es
la cabeza de la mujer – El varón (y no solamente el marido)
tiene autoridad o dirección sobre la mujer (y no solamente sobre su
esposa). La mujer está sujeto al hombre (1 Tim. 2:12). Ella no
tiene parte en el liderazgo. No entra eso en su papel.
La dirección de
Cristo como el Mesías enviado a este mundo en el papel de Salvador,
y la dirección del hombre sobre la mujer, son cosas instituidas por
Dios. La mujer que rechaza su papel de sujeción, se rebela contra
Dios.
La sujeción y la
inferioridad o degradación ¡no son términos sinónimos! No hay nada
denigrante en la sujeción. Cristo en su papel de Salvador está
sujeto al Padre (Jn. 4:34; 5:30; 14:28; 17:4). El varón está sujeto
a Cristo, y la mujer está sujeta al varón. Cada uno tiene su
función, o papel. Es cierto que como cristianos el hombre y la
mujer son iguales en valor espiritual y en relación a Cristo su
Salvador (Gál. 3:28), pero esta verdad no quita la distinción entre
los dos en cuanto a dirección o autoridad en las relaciones de la
vida diaria.
La sujeción de la
mujer al hombre data del principio, después del primer pecado (Gén.
3:16). No es insultar a la mujer decirle lo que Dios ha dicho con
referencia a ella. ¡Nadie aprecia tanto a la mujer como Dios lo
hace!
-- y Dios la
cabeza de Cristo – Considérense estos pasajes: 3:23; 15:27,28;
Fil. 2:5-11; Heb. 5:8; Isa. 42:1.
Como la sujeción de
Cristo, el Salvador y Mediador, a Dios no niega su deidad (en
esencia él es igual con el Padre), de igual manera la sujeción de la
mujer al hombre no niega su humanidad. Ella es humana de igual
manera como el varón; los dos son humanos, pero ella tiene un papel
en la vida que es uno de sujeción a la dirección del varón.
Los que promueven
el feminismo, sean sectarios modernistas o hermanos en Cristo
liberales, tratan de dar a esta palabra, “cabeza”, en este versículo
la definición de fuente u origen. Quieren que Pablo enseñe que el
hombre es la fuente de la mujer, pues de él Eva fue tomada, y no que
el hombre tiene autoridad sobre la mujer. Quieren borrar la
sujeción de la mujer al hombre. Si en este versículo el punto es
solamente que el hombre es el origen de la mujer, ¿es Dios el origen
de Cristo? ¿Fue creado Cristo después que Dios? ¡El punto de Pablo
aquí obviamente es el de autoridad o dirección!
¿El hecho de haber
ancianos sobre la congregación significa que los demás cristianos en
la congregación son inferiores? ¡Claro que no! Dios ha ordenado
ciertos rangos de autoridad en este mundo, y toda persona debe
respetarlos. Hay que respetar la masculinidad, como también la
feminidad. La cultura del hombre carnal, su filosofía, y sus
movimientos políticos no las respetan.
Los que abogan hoy
en día por el velo en toda mujer cuando ella ora, o es dirigida en
oración, tratan de hacer que los ver. 2 y 3 enseñen que el uso del
velo hoy es un mandamiento (una nueva revelación) que ha de ser
observado a través de esta dispensación. Pero no es así, sino que
como los corintios habían retenido la doctrina de Pablo en el pasado,
que ahora retengan lo que está para decirles sobre la dirección y la
aplicación de ella con respecto a orar y profetizar los profetas y
las profetisas. En cuanto al velo en particular, el contexto nos
dirá si es cuestión de costumbre o de revelación nueva. Veremos que
es cuestión de costumbre.
11:4 -- Todo
varón que ora o profetiza – Notemos la frase según el texto
griego (para notarlo de nuevo en el ver. 5): “pas
aner proseuchomenos e profeteuon” = todo varón orando o
profetizando. Las palabras “orando” y “profetizando” en el texto
griego son participios adjetivales; es decir, son participios que
describen al sujeto. Aquí Pablo no está hablando acerca de todo
varón en el mundo, ni de todo varón en la iglesia, sino de todo
varón que ora o profetiza. Todos éstos eran profetas. ¡De
profetas Pablo habla en este versículo (como en el siguiente hablará
de profetisas)!
El profetizar era
pronunciar palabras por inspiración (12:8-10; 1 Ped. 1:10,11; 2 Ped.
1:21 – Profetizar nunca se presenta en la Biblia como enseñanza
ordinaria y sin inspiración). Era uno de los nueve dones milagrosos
(1 Cor. 12:4-11). Era para edificar y exhortar a individuos y a la
iglesia en asamblea (14:3-6,22; compárese Luc. 2:36-38). Ahora, ¿qué
se puede decir del orar de esta frase? ¿Es por inspiración (como en
14:14-19), o es un acto ordinario, sin intervención del Espíritu
Santo?
La proximidad en
esta frase del orar con el profetizar (que se admite que es por
inspiración), y el hecho de que el contexto grande hable del orar
por inspiración (14:15,26), indican que el orar de esta frase es el
por el don del Espíritu Santo. No hay interpretación más natural
que la que tiene a los dos participios adjetívales como indicando
acción inspirada. Además las Escrituras a menudo asocian al profeta
y al orar, presentándolos juntamente; es más, muchas veces las
oraciones se expresaron en himnos (Gén. 20:7,17; Éxodo 15:1--20,21;
32:30-32; Deut. 32:1-47; 1 Sam. 7:9; 8:6; 2 Sam. 22; 23:1-7; los
Salmos de David (18, etc.); 1 Crón. 25:3; Isa. 12:1-4; Jer.
15:15-18; Dan. 9:3-23; Luc. 1:46-55, 67-79; 2:36-38. En el Nuevo
Testamento había profetas y profetisas (Joel 2:28,29; Hech. 2:16-18;
13:1; 15:32; 21:9). Estos actuaban de igual manera que los profetas
y profetisas del Antiguo Testamento; es decir, profetizaron y oraron,
a veces cantando.
Las frases “orar o
profetizar”, “orar y cantar”, “tener salmo” (11:4,5; 14:1,15,26) son
frases consecuentes con toda la enseñanza de la Biblia respecto a
presentar mensajes divinos de parte de hombres y mujeres
inspirados.
No hay profetas y
profetisas hoy en día porque ya no hay dones espirituales. Los
hermanos que abogan por el velo en la mujer, en países del occidente
donde no es costumbre general que ella lo lleve, y que hacen del
asunto ley universal de Dios para toda dispensación, tienen que
insistir en que el “orar” de este versículo, y del 13, es oración no
inspirada, para que haya aplicación directa hoy en día. Pero, si el
orar de esta frase es el ordinario que todos usamos hoy en día,
entonces:
(a) en este
versículo Pablo describe a un individuo que en un acto es hombre no
inspirado y en el otro lo es. Tal situación no tiene sentido en el
contexto grande. ¿Qué hay en el contexto que demande que el primer
acto no es por inspiración pero que el segundo sí lo es? ¿Por qué
toca Pablo solamente el orar, si habla del orar no inspirado?
(b) preguntamos: ¿qué
hay en el orar ordinario, que lo no haya en el cantar, el tomar la
cena, el ofrendar, y el oír predicación, para que se requiera el
velo en la mujer (ver. 5) pero no en el hombre? ¿Es más adoración o
culto el orar ordinario, que el cantar ordinario? ¿No hay himnos
que son puras oraciones?
Estos hermanos
cambian el sentido de “orar” y “profetizar”, ignorando el texto y el
contexto.
-- con la cabeza
cubierta – La frase griega literalmente dice: “debajo de la
cabeza teniendo”, o, teniendo (algo) que desciende de la cabeza.
Esto indica un velo que cubre la cabeza y se extiende para abajo.
(El velo de este contexto no puede ser representado por un pañuelo,
o una pieza pequeña de tela, puesta por encima de la cabeza).
-- afrenta su
cabeza -- Otras versiones (ASV., Mod., B.A., etc.) dicen,
“deshonra su cabeza”. El llevar un velo en el siglo primero
significaba sujeción. (Todavía en diferentes partes del mundo tiene
el mismo significado). El varón no está sujeto a la mujer, sino es
la cabeza de ella (ver. 3). Si el varón del contexto hubiera
llevado velo, habría deshonrado a Cristo quien le ha hecho cabeza de
la mujer. En esta vida Cristo ha dado la dirección al varón, y a la
mujer le toca la sujeción. Hacer algo que indicara lo contrario de
esto indicaría deshonra para Cristo.
La palabra “cabeza”
en este versículo, ¿se refiere a la cabeza del cuerpo, o a Cristo,
la cabeza del hombre? Para mí la argumentación de Pablo en este
contexto demanda que sea la cabeza figurada; es decir, Cristo. Pero
si se hace referencia a la cabeza del cuerpo del varón, el punto
principal sigue igual, pues en este caso la cabeza representaría a
todo el cuerpo y el varón no debe hacer nada que le deshonre,
ignorando su papel de dirección y posición de autoridad, y
admitiendo sujeción a otros que no fueran Cristo, su única cabeza.
11:5 -- Pero
toda mujer que ora o profetiza – Es importante notar que esta
frase, en el texto griego, ¡es idéntica a la del ver. 4! (con la
excepción del género, pues el 4 habla del varón, y éste de la mujer).
Aquí presento las dos frases lado a lado:
pas aner
proseuchomenos e profeteuon
pasa gune
proseuchomene e profeteuousa
Lo que todos
aquellos varones hacían, ¡eso exactamente es lo que hacían todas
aquellas mujeres! Esto es lo que provocó el problema en Corinto.
La solución consistió en que, al orar y profetizar, esos varones (los
profetas) no cubrieran la cabeza, y que esas mujeres (las profetisas)
sí cubrieran la cabeza. Ya que ellas hacían exactamente lo
que los hombres hacían, y eso en público, con llevar el velo
siempre indicarían su sujeción al varón.
Esas mujeres, por
ser profetisas, tenían el mismo don de profecía que tenían esos
hombres, y tal vez pensaban que podrían descubrir su cabeza al
ejercer su don. Solamente de estas mujeres trata el texto.
Considérese Luc. 17:7, pasaje paralelo en cuanto a la construcción
gramatical en griego: “un siervo que ara o apacienta”. No se
trataba de un siervo cocinero, o chofer, o jardinero, sino de uno
que araba o apacentaba. No se trataba de todo siervo en el mundo,
sino de uno de esa categoría especificada. Los que aplican la frase
“toda mujer que ora o profetiza” a toda mujer en el mundo para todo
tiempo, ignoran esta verdad y cometen el mismo error que los
pentecosteses, que ignorando que el bautismo en el Espíritu Santo
fue prometido solamente a los apóstoles, aplican esta promesa a sí
mismos.
(No hay profetas
ni profetisas hoy en día, y por eso este mandamiento no está en
vigencia. También importa notar que Pablo no está hablando de
mujeres que simplemente oigan predicaciones de hombres u oigan
oraciones no inspiradas dirigidas por hombres. Todas las mujeres de
este contexto hacían exactamente lo que todos los varones de este
contexto hacían. Mis hermanos que abogan por el velo hoy en día no
permiten que las mujeres en el culto hagan lo que los hombres hacen.
Según ellos, para los hombres “profetizar y orar” significa una cosa,
y para las mujeres significa cosa completamente distinta. ¡No
permitirán a las mujeres hacer lo que, según ellos, tienen que estar
cubiertas para hacerlo! a saber, orar o profetizar. En Corinto,
siglo primero, el escuchar una mujer a un hombre dirigir una oración
no inspirada, como se hace hoy en día, no habría causado ningún
problema respecto a la sujeción de la mujer, pero orar ella en
público con el espíritu sí presentaba problema).
-- con la cabeza
descubierta – Como explica Lacueva en una nota: “Lit. con no
cubierta la cabeza.” El vocablo griego aquí es
akatakaluptõ,
un adjetivo compuesto de “a”, que indica negativo, y “katakaluptó”,
que quiere decir “velado” (es decir, cubierto con velo). La palabra
compuesta, pues, significa “no velado”, o sin velo.
La raíz de la
palabra katakalupto, que
es kalupto, significa
cubrir. El sustantivo,
kalumma, significa velo (como en 2 Cor. 3:13).
kata quiere decir
debajo (véase ver. 4, el comentario sobre la segunda frase), e
intensifica la palabra kalupto.
Observaremos al
comentar estos versículos las diferentes formas gramaticales de esta
palabra al aparecer en los diferentes versículos. Ha de recordarse
que la palabra radical es
katakalupto, verbo que significa velar, o cubrir
con velo (literalmente, la cubierta que desciende para abajo).
-- afrenta su
cabeza – La cabeza de la mujer es el hombre (ver. 3). La
profetisa, ya que hacía exactamente lo que el profeta hacía, al no
cubrirse deshonraría a su cabeza, al varón, porque no estaría
mostrando sujeción (cosa que el velo significaba). El papel de la
mujer siempre ha sido el de sujeción al hombre. El uso del velo, de
parte de la mujer, en Corinto demostraba esa sujeción. El tener el
don de profecía (para hablar inspiradamente, exhortando, cantando u
orando) no le libraba de dicha sujeción. Al hacer uso de su don,
pero sin cubrirse con velo, la profetisa en Corinto habría
deshonrado al varón, su cabeza.
-- porque lo
mismo es que si se hubiese rapado – Verse la profetisa en
Corinto, ejerciendo su don pero sin cubrirse con velo, sería igual
en efecto que presentarse en público rapada. El versículo siguiente
explica el por qué de ello: estar la mujer en público con la cabeza
rapada sería cosa considerada vergonzosa.
11:6 -- Porque
si la mujer no se cubre –
Este y los
versículos que siguen ilustran las verdades divinas de los ver. 4 y
5, demostrando por qué la profetisa en Corinto, siglo primero, debía
cubrirse con velo al ejercer su don en público.
katakaluptetai,
3a. persona, singular, presente, indicativo,
pasivo, de katakalupto
(véase ver. 5). Porque si la mujer no se vela (no se cubre
con velo), dice Pablo.
La mujer aquí
tratada es la del contexto (ver. 5, la profetisa). Aplicar la
palabra “mujer” de este versículo a “toda mujer en el mundo” es
ignorar el texto y el contexto y expone lo equivocado del que así la
aplica.
Si la profetisa en
Corinto, haciendo en público lo que hacía el profeta, no quería
llevar un velo puesto, entonces, dice Pablo lo siguiente:
-- que se corte
también el cabello, esto para ser consecuente en sus acciones.
Las dos cosas serían tomadas como vergonzosas. Las dos cosas eran
consideraciones establecidas por la costumbre. Violar una de ellas
tendría el mismo efecto que violar la otra.
En el ver. 5 Pablo
usa el verbo “rapar”;
aquí, “trasquilar” (Lacueva), “esquilar” (Besson).
-- y si le es
vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra –
Ahora Pablo emplea los dos verbos: rapar y trasquilar, o
esquilar. (La versión Mod. dice, “rasurar”).
Son las costumbres
de los hombres lo que determina que la mujer en público con cabeza
rasurada sea cosa de vergüenza.
Pablo apela a la
consecuencia lógica: si la profetisa va a hacer una cosa vergonzosa,
al no cubrirse con velo cuando hace lo que hace el profeta (así
deshonrándole), que sea consecuente y haga la otra cosa vergonzosa,
al raparse o trasquilarse todo el cabello. (Obviamente ella debe
evitar las dos cosas). Pero si ella no se va a trasquilar, porque
es cosa vergonzosa ante el público aparecer así, entonces que se
cubra con un velo para evitar la otra cosa que de igual manera es
vergonzosa.
Ahora el vocablo
griego para la frase “que se cubra” es
katakaluptestho, 3a.
persona, singular, presente, imperativo, pasivo. En este
caso, dice Pablo, que ella se vele (que se cubra con velo).
11:7 -- Porque
el varón no debe cubrirse la cabeza – De nuevo notemos el
vocablo griego aquí para la frase “no debe cubrirse”:
katakaluptesthai,
presente, infinitivo, pasivo.
Con decir Pablo,
“no debe”, da a entender que es cuestión de obligación. Se le
obliga al varón de este contexto, al profeta, cuando ejerce su don
de profecía (orando y profetizando), que no se vele (no se cubra de
velo), porque en Corinto el velo indicaba sujeción, y el varón no
está sujeto a nadie en este mundo, sino solamente a Cristo (ver.
3). Pasa a elaborar la razón de esto:
-- pues él es
imagen y gloria de Dios – No solamente entra la cuestión del
significado del velo según la costumbre del día, sino entra la
cuestión del significado de la creación misma.
Tanto la mujer como
el hombre fueron hechos a la imagen de Dios (Gén. 1:26), en que a
los dos fue dado un espíritu inmortal. Pero el hombre es también la
gloria de Dios, en que el ha sido puesto sobre toda la creación de
Dios, y la mujer ha sido sujetada a él (3:16). Por esta razón, dice
Pablo, el profeta en Corinto tenía la obligación de no usar el velo
al ejercer su don milagroso, pues el velo significaba sujeción y el
varón no está en sujeción, sino es quien lleva la dirección. Debe,
pues, mostrar dirección, no sujeción.
-- pero la mujer
es gloria del varón – Los próximos dos versículos explican esta
declaración. (Aunque la mujer también fue hecha a la imagen de Dios,
ése no es el punto de Pablo aquí y lo pasa por alto, porque en este
contexto el punto tiene que ver con la diferencia de relación entre
el varón y la mujer). El es el que tiene la autoridad y dirección,
siendo la gloria de Dios en este mundo, el más alto de toda la
creación, y por eso no debe llevar lo que signifique sujeción. Pero
la mujer, siendo ella la gloria del varón, debe indicar esa sujeción.
La profetisa, haciendo en público (en Corinto, siglo primero),
exactamente lo que el profeta hacía, tenía que mostrar esa sujeción
por medio de cubrirse con velo, artículo que simbolizaba para la
mujer la sujeción.
Debe notarse que la
dirección del varón y la sujeción de la mujer al varón, no es algo
establecido por la costumbre, sino por mandato de Dios. Pero el
velo en Corinto, siglo primero, por la costumbre significaba la
sujeción, y por eso el varón y la mujer no debían violar sus papeles
respectivos en la vida al usar mal lo que por costumbre daba a
entender sujeción, porque al hacerlo indicarían rebeldía hacia la
voluntad de Dios en el particular.
11:8 -- Porque
el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón – Esta
es la razón de por qué la mujer es gloria del varón. Ella procedió
del varón, pues Dios tomó una costilla de Adán y de ella hizo a Eva
(Gén. 2:18-23). Adán ya existía. Dios le hizo primero. El no
procedió de ella. El orden en la creación establece la preeminencia
del varón para tomar la dirección, y demuestra la razón de por qué
la mujer, la gloria del varón, debe mostrar sujeción. La existencia
de ella depende de él.
11:9 -- y
tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por
causa del varón – Pablo da una razón adicional de por qué la
mujer es gloria del varón (ver. 7): es que ella fue creada porque
Dios vio que el varón tenía necesidad de una ayudante apropiada (Gén.
2:18). La mujer no tiene una existencia independiente. Si el
hombre no hubiera necesitado una ayuda, ella no habría sido creada.
Por esto se puede afirmar lo del ver. 7: la mujer es gloria del
varón.
El varón fue hecho
para la gloria de Dios, y no para la de la mujer. La mujer ni
existía cuando Dios hizo al hombre. Ella fue hecha para las
necesidades y compañerismo del hombre. Esto es la base de la
prioridad y mando del varón, y de la sujeción de la mujer.
A la profetisa en
Corinto no se le permitía ejercer su don de tal manera que
apareciera como igual al profeta en el papel social. Siendo el velo
el objeto que usaba la mujer para mostrar sujeción al varón, con
cubrirse con velo la profetisa estaría haciendo, al orar y
profetizar, lo que hacía el profeta pero sin parecer como igual a él
en el papel social.
11:10-- Por lo
cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza –
Las palabras, “señal de” no aparecen en el texto griego. Lo que
dice Pablo es que “debe la mujer potestad tener sobre la cabeza” (Lacueva).
Algunas versiones emplean la palabra “autoridad” en lugar de “potestad”.
Aunque casi todas las versiones emplean la frase “señal de”, muchas
la presentan en letra cursiva, para indicar que son palabras
intercaladas en el texto (para completar el sentido).
¿Qué es esta
autoridad que la profetisa debía tener sobre su cabeza al ejercer su
don? Quedándonos con el contexto, es obvio que se hace referencia
al velo, porque Pablo ya ha dicho (ver. 5,6) que ella no debe orar
y profetizar sin tenerlo en la cabeza. Es la única cosa en el
contexto con referencia a poner algo en la cabeza. Le tocaba a ella
tener puesto el velo (kalumma;
véase ver. 5, comentarios), de la cabeza yendo para abajo (ver. 4,
comentarios). ¿En qué sentido era “autoridad”? Le era autoridad
porque le autorizaba orar y profetizar, cosa que el varón, siendo
profeta, hacía (y que a la mujer en general se le prohibía, 14:34),
y que ahora ella lo hacía. Pero así ella ejercía esta autoridad,
siempre indicando su sumisión a él. (En este sentido el velo era
señal de la autoridad del varón sobre ella).
-- por causa de
los ángeles – Esta frase es una oración elíptica; es decir,
tiene palabras suprimidas, por ser consideradas como innecesarias
para completarla. Dice Pablo que se le obliga a la profetisa en
Corinto ponerse el velo (tener esta autoridad en la cabeza) “por
causa de los ángeles”. Argumentando Pablo de lo superior a lo
inferior (compárese 2 Ped. 2:4-11), está diciendo que hay que
respetar y someterse a la autoridad. Los ángeles, que son
superiores al hombre, se someten a la autoridad, y de igual manera
la profetisa, que es menor que los ángeles, tenía que someterse a la
autoridad del varón, indicando esa sumisión y reconocimiento de
autoridad sobre ella al ponerse el velo cuando oraba y profetizaba.
11:11-- Pero en
el Señor – La frase “en el Señor” quiere decir “en conexión con
quien es el Señor”. El Señor es el Creador (Juan 1:3), y ha
determinado el papel del varón y el de la mujer, como también la
interdependencia de ellos en esta vida. Pablo ya escribió la
información del ver. 3. El varón es la cabeza de la mujer. Ella es
gloria de él. Por eso la profetisa tiene que ejercer su don con el
velo puesto, para no parecer masculina. No obstante, para que el
varón no pensara de sí mismo indebidamente, ni la mujer tampoco,
Pablo pasa a decir lo siguiente:
-- ni el varón
es sin la mujer, ni la mujer sin el varón – El uno no es
independiente del otro. Los dos se necesitan, cada uno en su papel
asignado por su Creador. El hombre y la mujer, en el matrimonio,
llegan a ser “una sola carne” y son “coherederos de la gracia de la
vida”. No hay lugar, pues, para que el varón se considere como
mejor que la mujer, o como independiente de ella. Al mismo tiempo
no hay razón por qué la mujer quiera igualarse al hombre en su papel
en esta vida. El orden divino para cada uno de los dos ha de ser
respetado.
11:12-- porque
así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la
mujer – La creación bien demuestra el hecho de que la mujer
procedió del varón. Al mismo tiempo, todo hombre nacido en este
mundo nació de una mujer (madre). Ella vino de él, y él viene de
ella; cada uno depende del otro.
-- pero todo
procede de Dios – Todo esto procede del orden divino que Dios en
su gran sabiduría diseñó o ideó. Es un plan sumamente sabio, y
felices son el hombre y la mujer que lo respeten. Al varón Dios
dio la responsabilidad de llevar la dirección, y a la mujer la de
sumisión, para seguirle, para ayudarle.
El asunto de
ejercer la profetisa su don en la iglesia no podía anular este
arreglo divino.
11:13-- Juzgad
vosotros mismos: -- En este versículo, y en el siguiente, Pablo
da dos razones por qué se le obligaba a la profetisa en Corinto que
se cubriera con velo al ejercer su don.
Los corintios
solos, sin ninguna revelación especial de Dios, podían saber que se
le obligaba a la profetisa, al ejercer su don, que estuviera
cubierta. Era cosa que se podía determinar con nada más usar de su
juicio, o sentido común. (En el ver. 6, Pablo apeló a las
costumbres del día; véanse los comentarios allí. Ahora apela al
sentido común de ellos. Su juicio tendría que basarse en los hechos
de la creación y en los dos papeles distintos del varón y de la
mujer, ver. 7-10. El uso común del velo en ese tiempo reflejaba
esos hechos y papeles distintos).
-- ¿Es propio
que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? -- Esta es la
primera de dos razones: lo inapropiado de usar la profetisa su don
sin estar cubierta con velo.
La palabra griega
aquí para decir “propio” es prepon,
nominativo, singular, neutro, participio. Se encuentra en
Mat. 3:15 (conveniente); 1 Tim. 2:10 (corresponde); Heb. 2:10;
7:26 (convenía). Los corintios bien podían determinar lo apropiado
o conveniente en este caso de la profetisa. Así vemos que la
costumbre era un factor grande en este asunto del velo en la
profetisa.
El vocablo griego
para decir “sin cubrirse la cabeza” es
akatakalupton, acusativo,
singular, femenino. Es un adjetivo que aquí significa “sin velo”, o
“no cubierta”. (Véase ver. 5, comentarios sobre esta palabra, que
allí es dativo, singular, femenino). Pablo pregunta: “¿Conveniente
es que (la) mujer sin velo a Dios ore … ?” (Lacueva). Así se
expresan las versiones ASV., Besson, H.A., N.C., etcétera. Otras
dicen lo mismo, agregando en letra cursiva la frase “la cabeza”,
pues estas dos palabras no son parte del texto griego (pero se
implican).
El velo en Corinto,
siglo primero, era un artículo de ropa de modestia y sujeción para
la mujer en público. Pablo no estuvo instigando una nueva práctica
de llevar el velo por razones religiosas (es decir, el velo no sería
ahora una ropa religiosa), sino abogaba por qué las profetisas no
dejaran el acostumbrado artículo de ropa, el velo, para mostrar
modestia y sujeción, al ejercer su don.
Desde luego ninguna
mujer en Corinto de aquel entonces dejaría el uso del velo en
público sin parecer inmodesta e insubordinada. Pero el problema no
estaba con las mujeres en general, sino con las mujeres en la
iglesia que estaban haciendo lo que hacían los profetas; a saber,
orar y profetizar.
El velo en el siglo
primero, en aquel mundo gentil, no era artículo de ropa religiosa,
sino el artículo de ropa acostumbrado que era usado por las mujeres
modestas en público. Por medio de la Iglesia Católica Romana el
velo llegó a ser un artículo para uso religioso, exactamente como
algunas iglesias denominacionales cambian la costumbre de lavar
pies, y de besar (el ósculo santo), a una ceremonia o acto religioso.
El orar de este
versículo es el mismo que el de los ver. 4,5, nada más que aquí
Pablo menciona solamente uno de los dos términos (orar y profetizar)
porque le basta para presentar su caso. Los que abogan por el velo
universalmente hoy en día siempre citan este versículo para su
argumentación, porque no menciona el profetizar, cosa que no se
puede explicar como no inspirada. Luego quieren dar a la palabra
“orar” el sentido de oración no inspirada. Pero el orar de todo
este contexto es el de oración inspirada. Véase ver. 4, comentarios.
11:14 -- La
naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse
crecer el cabello? -- Ahora Pablo da la segunda razón por qué
la profetisa debe cubrirse con el velo al ejercer su don en público:
lo que la naturaleza enseña.
Aquí se personifica
la naturaleza dice la frase que sigue, y la primera frase del; ella
enseña algo. Lo que enseña es lo que versículo siguiente.
El vocablo griego
para decir “naturaleza” es
phusis. Se emplea en el sentido objetivo, indicando así las
leyes que gobiernan el universo por ej., en Rom. 1:26; 11:24), y
también en el sentido subjetivo, indicando sentido nativo de lo que
es bueno y apropiado, influenciado esto por el hábito y la costumbre
(por ej., en Rom. 2:5. En Efes. 2:3, costumbre confirmada por la
práctica de largo tiempo). Yo entiendo que la palabra se emplea en
el segundo sentido; es decir, en sentido subjetivo, pues según las
leyes de la naturaleza el hombre puede dejar crecer el cabello de
igual manera que la mujer (Núm. 6:5; 2 Sam. 14:25,26). Las leyes
del universo no dan pelo corto al hombre y pelo largo a la mujer.
Pero la naturaleza, en el sentido de la práctica de largos siglos,
enseña que es deshonroso que el hombre deje crecer el cabello; es
decir, tener pelo largo, borrando así la distinción natural entre el
hombre y la mujer. En este pasaje, pues, la palabra “naturaleza” no
significa las leyes físicas ni las ideas con que el hombre nazca.
El texto no dice
que “Dios enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer
el cabello”. No dice que “la Biblia enseña ….”. (A la madre de
Sansón se le mandó que no cortara su cabello, Jueces 13:5. Véanse
1 Sam. 1:11; Núm. 6:1-20). Lo que el texto dice es que “la
naturaleza misma enseña … “. La costumbre de larga práctica, o
bien el sentido nativo de lo que es apropiado, (la “naturaleza”)
enseñaba a los corintios que al varón era deshonroso dejarse crecer
el cabello, y que a la mujer dejarse crecer el cabello le es gloria
(véase el versículo siguiente).
(Nótese: no había
problema con el cabello no cortado en el hombre con el voto de
nazareo, porque todo el mundo sabía que tenía dicho voto por un
tiempo. Al llegar a su fin ese tiempo, siempre se cortó el pelo.
Obviamente los hombres se cortaban el pelo, porque al hombre del
voto de nazareo, para guardar bien ese voto, tenía que evitarlo. El
representaba un caso excepcional).
11:15 -- Por el
contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso –
Muchas versiones (P.B., B.A., H.A., B. J., NVI., N.M., L.A., etc.)
hacen que la pregunta del ver. 14 termine al final de esta frase.
Se lee así: “empero la mujer si lleva cabellera gloria para ella es?”—Lacueva.
Así se lee el interlineal Marshall, en inglés. (Por otra parte, la
versión en inglés que uso, la ASV., se lee como esta versión de
Valera, 1960, terminando la pregunta al final del ver. 14. No hay
gran diferencia entre las dos formas de traducción).
El texto griego no
dice, “le es honroso”, sino “para ella es gloria”. Así se expresan,
en palabras semejantes, las versiones ASV., N.M., NVI., Mod., H.A.,
L.A., B.A., H.A., B.J., etcétera.
La razón por qué la
mujer debe llevar pelo largo es que la naturaleza (el sentido
natural de decoro, la costumbre de largo tiempo) enseña que es cosa
de gloria (lo opuesto de deshonroso, ver. 14) . Es gloria para
ella que se deje crecer el cabello, distinguiendo así su sexo del
sexo del varón. Esta distinción de los dos sexos Pablo la ha venido
argumentando desde el ver. 3.
El texto griego, en
este versículo, y en el anterior, emplea un verbo,
komao, que significa
usar o llevar cabellera, dejarse crecer el cabello; es decir, tener
pelo largo. En este versículo, el 15, se emplean tanto el verbo,
komao (usar pelo
largo), como el sustantivo,
kome (el pelo largo, o cabellera), en la frase siguiente (el
cabello). Algunas versiones, como la ASV., traduce el vocablo,
“tener pelo largo”.
(Alguno preguntará,
“¿Qué tan largo es “largo”, y qué tan corto es “corto”?, queriendo
basarse en tecnicismos al ser contencioso. Basta contestar que el
punto del pasaje es que el hombre no parezca mujer, ni la mujer,
hombre; que no tenga él lo que tiene ella).
-- porque en
lugar de velo le es dado el cabello – La palabra “velo” en
nuestra versión aquí no es de la misma palabra griega que se emplea
en el ver. 5. Véanse los comentarios allí sobre
katakalupto, cubrir con
velo.
Aquí la palabra es
peribolaiou, que
significa literalmente una envoltura (de “alrededor” y “arrojar”).
Se emplea en Heb. 1:12 (vestido), o manto. La cabellera (pelo
largo) envuelve la cabeza; para esto le es dada a la mujer y por eso
es para ella gloria.
La frase “en lugar
de” traduce la palabra griega,
anti, que tiene varios significados, entre ellos, “por”, “para”,
y “en lugar de”. La Ver. Mod. dice, “cabellera … le es dada para
cubierta”. La B.A. y la N.C. dicen, “el cabello le es dado por velo”.
La S.A. dice, “los cabellos le son dados a manera de velo para
cubrirse”. La ASV en inglés dice, “for a covering”, que puede
traducirse, “por cubierta”, o, “para servir de cubierta” (Esta
última frase es la definición y uso de la palabra según el Señor
Thayer, con referencia a 1 Cor. 11:15, pág. 49, en inglés). Aquí
entiendo que la palabra griega, “anti”, se usa como en Juan 1:16,
“gracia por (“anti”) gracia”; es decir, “gracia sobre gracia”.
La cabellera en la
mujer es una envoltura gloriosa. Es una cubierta natural.
Corresponde al velo artificial.
Si la cabellera,
cosa que envuelve a la cabeza, es gloria para la mujer, y le es dada
para ese fin, seguramente la mujer cristiana no echaría de sí el
velo artificial en una situación en que debería estar señalando
sujeción, y modestia, según el significado dado al velo por la
costumbre, como no echaría de sí la cabellera, quedándose rapada y
así en vergüenza (ver. 5,6), y sin gloria (ver. 15). Con razón la
mujer (en este caso, la profetisa) tenía orgullo en su cabellera y
por eso no debería sentir vergüenza en llevar el velo artificial (cuando
era requerido, ver. 5), pues en Corinto, siglo primero, era la
manera de costumbre para mostrar modestia, pudor y sujeción al
hombre. La profetisa no violaría esa costumbre, al orar o
profetizar, quitándose dicho velo.
Si vale la
traducción “en lugar de velo”, ha de entenderse que el “velo” en
consideración es el velo artificial, o de tela. En este caso, como
el velo cubre la cabeza y desciende para abajo, y se lleva para
mostrar sujeción y modestia o pudor, así también la cabellera es una
envoltura para la cabeza y es dada a la mujer para cubierta. La
mujer tiene dos cubiertas; una natural (la cabellera), y otra
artificial (el velo de tela). Pero la persona no ha de valerse de
esta traducción (“en lugar de velo”) para concluir que con tal que
la mujer tenga pelo largo no tiene que hacer uso del velo artificial
bajo ninguna circunstancia. Todo el punto de Pablo es que la mujer
de este contexto (la profetisa) ¡no debe orar ni profetizar no
cubierta con velo! (ver. 5) En los ver. 13,14 él da dos razones: lo
inapropiado de ello, y la enseñanza de la naturaleza. ¿Cómo, pues,
se puede concluir que la cabellera sustituye al velo artificial y
que no hay que hacer caso alguno de él?
11:16-- Con
todo eso, si alguno quiere ser contencioso – El contexto griego
literalmente dice, “Pero si alguno piensa ser” y luego sigue una
palabra compuesta de dos partes: amador de, y pleitos; es decir, uno
que ama la discusión. Tal persona es contenciosa. Es un “amigo de
discusiones” (Lacueva). A pesar de toda la argumentación
presentada por Pablo en los ver. 3-15, siempre habría quien
discutiera por discutir, porque amaría la contención.
-- nosotros no
tenemos tal costumbre ni las iglesias de Dios -- Pablo abogaba
por el uso del velo artificial en la mujer (del contexto, la
profetisa) en ciertas ocasiones, y el disputador abogaría por la
ausencia del velo en ella al “orar o profetizar”. El contencioso,
pues, abogaría por otra cosa. Dice Pablo que él (y los demás
apóstoles, “nosotros”) no tenía (o, permitía) tal costumbre. La
costumbre que los apóstoles afirmaban quedó explicada por Pablo en
los versículos anteriores.
Tampoco las
iglesias de Cristo en general seguirían tal costumbre (de que la
profetisa orara y profetizara sin velo puesto); seguían la costumbre
aprobada por los apóstoles inspirados.
Obviamente la
costumbre (que es inocente en cuanto a las leyes de Dios) regía
mucho en la determinación del decoro correcto de la profetiza en el
ejercicio público de su don. El cristiano no es diferente de la (buena)
costumbre establecida solamente por ser él diferente. Solamente los
revolucionarios y activistas políticos echan a un lado las
costumbres, haciendo cosas consideradas vergonzosas, y esto con
avidez. Se glorían en su vergüenza (Fil. 3:19). El cristiano no
sigue esa filosofía que tanto deshonra la voluntad de Dios. Véase
9:19-23. Al contrario, él respeta la fuerza de la costumbre
establecida para no traer reproche sobre la Causa de Cristo. (Claro
es que hablo de la costumbre que no contradiga ninguna ley de Dios).
El uso del velo en
la iglesia en Corinto, de parte de la profetisa al orar o profetizar,
se le mandó en base a la costumbre general del tiempo que decía que
dicho velo en la mujer mostraba sujeción y pudor. No se basó en
ninguna ley eterna de Dios. En este versículo Pablo dice, “costumbre”.
Con una apelación a
la autoridad apostólica y a la práctica de las iglesias fieles en
general, Pablo calla la boca del contencioso. Véanse 4:6-13; 15:11;
2 Cor. 4:13.
La palabra griega
para decir “costumbre” es
sunetheia, y aparece en 8:7 (habituados) y en Jn. 18:39 (costumbre).
(Nota: Algunos
aplican la frase “tal costumbre” al asunto de ser contencioso.
Tienen a Pablo diciendo que él no tenía la costumbre de ser
contencioso, pero ser contencioso ¡no es costumbre en ninguna parte!
Ser contencioso es característica muy particular de cierta persona
en un dado caso.
(A los que abogan
por el velo universalmente en toda mujer hoy en día, en el culto y
aún en la casa durante la oración, no les gusta la palabra “costumbre”,
y quieren que el pasaje diga, según algunas versiones modernas, “no
reconocemos otra práctica”. Pero tales versiones no son
traducciones del texto griego, sino ¡comentarios no inspirados! ¿Por
qué diría un hombre inspirado, después de dar órdenes apostólicas,
“no reconocemos otra práctica”? Pablo dice “costumbre”; ellos dicen
“práctica” <para dar la idea de una ley de Dios>, y agregan al texto
griego la palabra “otra”).
Es de notarse que
la dirección, o el ser cabeza, ¡no era el asunto de costumbre! Pero
la manera establecida para mostrar dirección, o de mostrar sujeción,
¡sí era cuestión de costumbre local!
11:17-- Pero al
anunciaros esto que sigue no os alabo – El texto griego dice
literalmente, “Pero mandando esto no alabo”. Así se expresa la Ver.
H.A, “Al mandaros esto no os alabo”, agregando el pronombre “os” dos
veces. Claro es que al decir Pablo “mandando”, se refiere a las
instrucciones que siguen en los próximos versículos (pero el texto
griego no dice, “que sigue”), y ellas eran para corregir los errores
que él va a mencionar.
El verbo de nuestra
versión, “anunciaros”, no es suficientemente fuerte. Pablo emplea
el verbo que significa mandar o dar órdenes. Véalo en 1 Tes. 4:11 (hemos
mandado), Hech. 1:4 (mandó), 5:28 (mandamos), Luc. 5:14 (mandó).
En el ver. 2 Pablo
pudo alabar a los hermanos. Véanse los comentarios allí.
-- porque no os
congregáis – La frase “os congregáis” traduce el vocablo griego
sunerchomai (=
con + venir) que se emplea aquí y a través del pasaje (ver. 18, 20,
33, 34), significando reunirse en asamblea. Véase también 14:23,26
(se reúne, os reunís).
-- para lo mejor,
sino para lo peor – Por eso no podía alabarles. En lugar de
edificarse y exhortarse en la asamblea (14:26; Heb. 10:24,25), los
corintios se ocupaban en algunas actividades que lograban todo lo
contrario (ver. 21). En lugar de lograrse un estado mejor de
espiritualidad, a consecuencia de sus reuniones, ellos resultaron
peores (culpables por sus desórdenes). Los frutos de las asambleas
de los corintios fueron según el comportamiento de ellos.
11:18 -- Pues en
primer lugar – Ahora Pablo presenta la primera razón de por qué
no podía alabarles, y por qué sus reuniones les dejaban peores.
Pasa a censurarles.
Pablo no especifica
ningún “segundo lugar”, pero después de hablar del desorden en la
participación de la Cena del Señor, hablará del desorden en la
asamblea debido a abusos con respecto a los dones milagrosos (capítulo
14).
-- cuando os
reunís como iglesia – Mejor, “al reuniros en asamblea” (Ver.
Mod.); “cuando os reunís en asamblea” (NVI). La iglesia (griego,
ekklesia) primitiva se
reunía regularmente en asamblea cada primer día de la semana, y
entre semana también (1 Cor. 16:2; Hech. 20:7; Heb. 10:25; Hech.
2:46). La palabra griega
ekklesia significa radicalmente “llamados” (a asamblea o
concurrencia). Aparece en Hech. 19:39,41 (asamblea), en cuanto a
asambleas políticas. El vocablo no tiene significado religioso.
-- oigo que hay
entre vosotros divisiones – Estoy oyendo (continuamente), dice
Pablo. Le llegaban reportes de escisión, rompimiento, o división,
en las asambleas. Lo que sigue explicando Pablo da a entender que
las divisiones aludidas no eran de formación de grupos separados,
sino de separaciones a nivel de rango social dentro de la misma
congregación.
-- y en parte lo
creo – Pablo no creía que los problemas serían tan malos como
reportados, pero sí tuvo que creer que los reportes continuos tenían
algo de validez. No se podía negar de todo tanto reporte. Aunque
tal vez algo exagerados, los reportes revelaban la certeza de
problemas en la iglesia. Ni los corintios mismos lo negarían.
11:19 -- Porque
es preciso que entre vosotros haya disensiones – “Disensiones”
es la traducción aquí del vocablo griego
hairesis, del cual
viene nuestra palabra “herejía” (secta, como en Hech. 5:17; 15:5).
Pero el uso en este contexto de esta palabra se conforma con la
palabra “divisiones” (ver. 18,
schisma, cisma), y apunta a bandos distintos en la iglesia en
Corinto, debido a diferentes pensares carnales.
Pablo dice que “es
preciso que haya” en el mismo sentido en que dijo Jesús, ”es
necesario que vengan tropiezos” (Mat. 18:7). Es preciso, o
necesario, en el sentido de que en el plan de Dios estas cosas malas
logran un buen efecto; a saber, la revelación y declaración de
quiénes vayan a sobresalir al ser hallados aprobados en la vista de
Dios en el conflicto con el error (doctrinal) o con la carnalidad de
actuar. Es preciso o necesario porque el conflicto entre la verdad
y el error siempre va a revelar quién es quién respecto a conducta
aprobada o desaprobada.
-- para que se
hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados – Dios
aprueba a los que hacen su voluntad. En el conflicto, pues, habrá
quienes promoverán lo propio suyo, y quienes insistirán en retener
la forma de las sanas palabras (2 Tim. 1:13). El conflicto o
crisis siempre hace la revelación.
En Corinto, los que
harían lo que Pablo mandaba se verían claramente como aprobados por
Dios, y los demás como condenados.
11:20 -- Cuando,
pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor –
Dados el desorden,
las disensiones y los abusos de la cena del Señor en la iglesia en
Corinto, su reunión para comerla resultaba como acto de no comerla.
No se podía comer así. Lo que hacían no era comer la Cena del Señor.
Dios no aceptaba su culto.
Este versículo nos
enseña que la Cena del Señor es un acto, no particular en la casa
del individuo, sino celebrado por la iglesia en asamblea, o reunión.
Esta sección de la
carta da el testimonio más antiguo de la institución de la Cena del
Señor, pues a esta carta se le pone una fecha anterior a la de los
cuatro evangelios.
Este pasaje, y Hech.
20:7, enseñan que uno de los propósitos principales de reunirse la
iglesia cada domingo es el de tomar la Cena del Señor.
La palabra griega
para decir “cena” es deipnon,
que significa la comida formal usualmente de la tarde. Claro
es que la Cena del Señor no es una “comida formal”, grande y
completa, y por eso se le da el nombre de “cena” sin implicaciones
de que tenga que ser comida en la tarde. Para cumplir con Luc.
14:12,13, la ocasión no tiene que ser en las horas de la tarde.
En el primer siglo
el domingo no era día de “fin de semana”, o día de no trabajar.
Todo el mundo trabajaba aquel día, y por eso la reunión de la
iglesia ocurría en horas después de los quehaceres del día.
Comúnmente la Cena del Señor se observaba en la tarde. Hoy en día,
en las partes del mundo influenciadas por la llamada cristiandad, el
domingo es día libre de trabajo y se pueden hacer reuniones en las
mañanas como en las tardes.
La frase “del Señor”
traduce el vocablo griego
kuriakos, que es un adjetivo que significa perteneciente al
Señor (kurios). Se
emplea solamente aquí y en Apoc. 1:10. El primer día de la semana
es el día en la semana que pertenece al Señor en particular por ser
el día de su resurrección de los muertos. La “cena” que pertenece
al Señor es la que Jesús instituyó la noche antes de su muerte (Mat.
26:26-29; Mar. 14:22-25; Luc. 22:17-20). Se hace referencia a ella
en 10:16-21. Véanse los comentarios allí.
11:21 -- Porque
al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene
hambre, y otro se embriaga – Una de las razones por qué los
corintios no podían comer la Cena del Señor con aprobación de Dios
era que la asociaban con alguna clase de comida común, en la cual
vemos por este versículo que hubo acepción de personas o
discriminación entre ellas.
Parece que los
conversos de entre los gentiles habían metido en el culto de la
iglesia en Corinto, en conexión con la Cena del Señor, una comida al
estilo de las prácticas de entre los idólatras. Esta comida en la
asamblea no era cosa de la iglesia colectivamente, sino una comida a
la cual cada cual traía su comida, los ricos trayendo más y los
pobres menos, o nada, y luego los unos no consideraban a los demás,
sino que comían en abundancia, y hasta emborracharse, mientras que
otros se quedaban con hambre.
La frase “se
adelanta a tomar” traduce el vocablo griego
prolambano que
significa tomar de antemano. Al parecer los ricos no hacían caso de
los otros , y se adelantaban a comer lo suyo, sin consideración de
ellos. No comenzaban al mismo tiempo; no comenzaron a comer
juntamente. Este proceder era la ocasión de disensión y división (véanse
ver. 18,19, comentarios), y de la formación de bandos diferentes de
naturaleza social. No había consideración debida el uno para el
otro, sino solamente egoísmo y actitud carnal. Algunos (los que
tenían) no esperaban, o recibían (véase ver. 33, comentarios), a
otros (a los que no tenían). Véase el versículo siguiente.
Esta comida misma
carecía de autorización bíblica, como parte de la asamblea de la
iglesia para culto a Dios. Tal clase de comida pertenecía a las
actividades en las casas (ver. 22, 34). Aun celebrada ella de
manera decente y considerada, no debía ser considerada como
actividad de la iglesia en su adoración, pero el punto de Pablo en
este versículo es que el mismo comportamiento de algunos de los
hermanos era vergonzoso.
Si la embriaguez
mencionada es literal, o figurada (significando que la persona comió
y bebió en demasía o con gran abundancia), no puedo decir con
dogmatismo. (Me inclino al sentido figurado. Seguramente Pablo no
insinuaba que los corintios tenían casas en que emborracharse, y que
no debían emborracharse en la asamblea). Pero toda esta práctica de
comer así era cosa traída del paganismo, y entre los paganos sí se
emborrachaban algunos en sus fiestas religiosas.
11:22 -- Pues
qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? -- Los corintios
habían pervertido la naturaleza de la asamblea de la iglesia. La
asamblea es para adoración a Dios, y no para diversión, o comida
social. Hay casas privadas y en ellas toca que se celebren comidas
y fiestas. (Véanse ver. 34; Hech. 2:46). La asamblea de la iglesia
tiene otro propósito completamente distinto.
Las sectas
denominacionales hace mucho tiempo tienen sus cocinas y comedores, y
hasta centros para toda clase de comida y de fiesta. Muchas
iglesias de Cristo en las últimas décadas han estado imitando a los
denominacionales, al hacer la misma cosa. Algunos de mis hermanos
tienen lo que llaman Centros Familiares, que son cómodos edificios
muy costosos y bien equipados para toda clase de actividad puramente
social. Estas son las iglesias que hoy en día están caminando más y
más tras el modernismo clásico.
Entre las iglesias
de Cristo hispanas hay la práctica de “confraternidades”. El simple
hecho de que es un evento con nombre propio basta para exponer su
falta de aprobación bíblica. Dice Pablo: ¡tenéis casas en que
comer y beber! Tales actividades se condenan, no solamente por
ciertos abusos que pueda haber en un dado caso, sino porque
menosprecian la obra de la iglesia local, la cual es de adoración y
edificación, de evangelismo y de benevolencia limitada.
El mal no está
sencillamente en comer y beber el individuo, o individuos, en la
propiedad de la iglesia local. (Esto bajo ciertas circunstancias
puede ser algo incidental a la obra de la iglesia o a la actividad
justificable del individuo). El mal está en hacer de la obra de la
iglesia local comidas o fiestas de diversión y de naturaleza
puramente social. Tales actividades “menosprecian la iglesia de
Dios”.
Se debe notar
también que el mal en Corinto no consistía sencillamente en conectar
su comer y beber con la Cena del Señor, como si la solución
consistiera simplemente en separar las dos actividades, pero
continuar con las dos. Pablo les dice que tienen casas en que hacer
aquello de comer y beber, y por eso vemos que no tenía nada que ver
con las actividades de la iglesia local en asamblea.
Dado que la Cena
del Señor se originó en la comida de la Pascua (Mat. 26:17-27, ”y
mientras comían”), muchos concluyen que la comida en Corinto
precedía la Cena del Señor y que era parte de ella. Los
comentaristas de entre los hermanos liberales, que tienen sus
“Fellowship Halls” (Salones para Comunión), en que comer y beber,
toman esta posición. Para ellos el mal en Corinto consistía en que
los ricos, supuestamente llegando primero por gozar de más tiempo
libre, y teniendo hambre, no podían esperar que llegaran los pobres,
y por eso pasaban a comer primero. La solución para estos hermanos
hubiera consistido en que aquellos hermanos ricos hubieran comido en
sus casas, para quitar el hambre, y luego en la iglesia comer la
comida asociada con la Cena del Señor. Si el caso era así, entonces
tenemos que comer primero una comida asociada con la Cena del Señor
para comer en seguida la Cena del Señor. ¿Así hacen estos hermanos?
¡No lo hacen así! Lanzan este argumento solamente para justificar
sus comidas en otras ocasiones en que la Cena del Señor no tiene
nada que ver. La pura verdad es que Pablo dice que el comer por
comer, y el beber por beber, deben hacerse en las casas de los
individuos. La Cena del Señor no es para satisfacer el hambre del
cuerpo. La Pascua pasó con la Ley de Moisés, y Cristo no instituyó
una cena común para comerse en conexión con la Cena del Señor.
-- ¿O
menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen
nada? Los corintios, en su comida nada acorde con el evangelio,
cometían dos males: menospreciaban la iglesia local al corromper su
naturaleza y obra que son puramente espirituales; y avergonzaban sus
ricos a los hermanos más pobres al comer ellos en abundancia,
mientras dejaban a los pobres con hambre por ser excluidos de dicha
abundancia. Así se dividió la iglesia según rangos sociales, los
ricos y los pobres. Esto causó disensiones. Véanse ver. 18, 19,
comentarios.
Esto (de algunos
embriagados y otros con hambre) prueba que esta comida era
únicamente diversión, y ninguna expresión de amor para con los
necesitados. Era ocasión de comer por comer, sin consideración
hacia otros. Todo aquello de fiesta y diversión toca al hogar, y no
a la iglesia local. Mis hermanos liberales no quieren aprender esta
lección. Persisten en sus prácticas, a pesar de los mandamientos de
Pablo (véase ver. 17, “mandar”, comentarios).
Algunas tratan de
valerse del llamado “ágape” (Judas 12), pero éstos eran actividades
de individuos y no de la iglesia local. Véase NOTAS SOBRE JUDAS,
ver. 12, por este autor.
-- ¿Qué os diré?
¿Os alabaré? En esto no os alabo – (Véase ver. 17). Lo que
corrompe la obra de la iglesia local, y lo que avergüenza al hermano
pobre, no son cosas dignas de alabanza, sino de censura. Estas
mismas palabras Pablo las diría a muchas iglesias de Cristo modernas,
si él estuviera presente hoy en día, y en realidad se las dice por
sus escrituras inspiradas. Tienen su aplicación hasta hoy, y hasta
el fin del tiempo.
11:23 -- Porque
yo recibí del Señor lo que también os he enseñado – Esa comida
común de los corintios pervertía la Cena del Señor. No tenía
autorización alguna, ni aun estando libre de abusos. Después de
condenar aquello, ahora Pablo pasa a recordarles de cómo debe ser
celebrada la Cena del Señor. Así se ve claramente el contraste
entre lo carnal de la comida de los corintios y lo espiritual de la
Cena del Señor.
No les dice nada
nuevo, sino resume la institución de la Cena. Les recuerda que lo
que les había entregado (véase ver. 2, comentarios, sobre
paradosis y
paradidomi) cuando
estaba con ellos en el principio es exactamente lo mismo que él
había recibido del Señor directamente por inspiración. Es cierto que no estuvo presente en la institución de la
Cena, pero su información acerca de ella la recibió de parte de
Cristo mismo.
Compárense esta
sección con Mat. 26:17-29; Mar. 14:12-25; Luc. 22:17-20.
-- Que el Señor
Jesús, la noche que fue entregado (paradiomi),
tomó pan – El Señor mismo es quien instituyó la Cena, y lo hizo
la noche que fue entregado (Mat. 26:14-56). Esta verdad subraya la
asociación de la Cena del Señor con la muerte de él.
El pan que tomó fue
el pan de la Pascua que estaba delante de él en la mesa, que era pan
sin levadura (Mat. 26:17; Exodo 12:15). Sabemos lo que Dios quiere
por lo que ha hecho. Jesús usó aquel pan, y no cualquier pan. No
hay autorización bíblica alguna para el uso de pan con levadura en
la Cena del Señor.
11:24 -- y
habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed – Jesús
tomó el pan (una torta sin levadura) y dio gracias por él. Aquí y
en Luc. 22:19 el texto dice que Jesús dio gracias, mientras que en
Mat. 26:26 y en Mar. 14:22 el texto dice que tomó el pan, lo
bendijo, y luego lo partió. De esto aprendemos que bendecir
el pan equivale a dar gracias por él. Al decir en oración lo que
representa el pan (así lo bendecimos), en seguida damos a Dios
gracias por él. (Las dos expresiones, dar gracias y bendecir, se
usan alternativamente. Véanse Mar. 14:22,23; Luc. 22:19,20). Esto
es lo que debemos hacer antes de comer el pan de la Cena del Señor.
(Dar gracias a Dios por otras miles de cosas pertenece a otras
ocasiones, y no a ésta).
Las versiones
mejores (ASV., B.A., H.A., L.A., N.C., etc.) no contienen la frase,
“Tomad, comed”. Pero esta frase se encuentra en Mat. 26:26,y en
Mar. 14:22 se encuentra la parte, “Tomad”. Lucas omite la frase,
como se omite aquí en 1 Cor. 11:24.
El vocablo griego
para decir “dar gracias” es
eucharisteo, y en forma de sustantivo es
eucharistia. De esta
palabra griega se translitera nuestra palabra en español, “eucaristía”.
-- esto es mi
cuerpo -- Obviamente Jesús no se refería a su cuerpo literal,
pues estuvo presente en cuerpo cuando lo dijo, y los
discípulos no comieron su cuerpo físico. Cuando terminaron de comer
el pan, Cristo todavía estaba allí delante de ellos en cuerpo.
Además, no es creíble que ellos bebieran la sangre literal de Cristo,
pues al judío (y a todos) se le prohibía comer sangre (Lev. 17:10;
Deut. 12:16; Gén. 9:4).
La doctrina
católica romana de la “transubstanciación” (que la substancia de
pan se cambia en la substancia de cuerpo físico y literal, y que la
substancia de fruto de la vid se cambia en la substancia de sangre
física y literal) es una invención humana, como también la doctrina
luterana de la “consubstanciación” (que la substancia del cuerpo y
de la sangre de Cristo están presentes juntamente con la substancia
del pan y del fruto de la vid).
Según el apóstol
Pablo, ese pan era pan antes de la bendición, y después de ella (ver.
26-28). Lo que tomaron era pan, y lo que comieron era pan, no
cuerpo.
El pan de la Cena
del Señor es su cuerpo en representación, exactamente como “él es
Elías” (Mat. 11:14) quiere decir que Juan el Bautista era Elías en
representación (Mat. 17:10-13), no en persona. Otras ilustraciones:
Gál 4:24,25, “estas mujeres son los dos pactos … Agar es el monte
Sinaí”. 1 Cor. 10:4, “la roca era Cristo”. (Véanse Gén. 40:12;
41:26; Mat. 13:38; Apoc. 17:9). Una cosa es símbolo, o
representación, de la otra.
Al decir Jesús, “Yo
soy la puerta” (Jn. 10:9), decía que él representaba la entrada al
cielo. De igual manera en la Cena del Señor, la persona come del
pan pensando en que Cristo sacrificó su cuerpo en la muerte de la
cruz, y así lo conmemora.
El pan es el cuerpo
de Cristo como la copa (el fruto de la vid) es el nuevo pacto. Al
tomar la copa (el jugo de uva) la persona participa de los
beneficios del pacto y al comer el pan participa de los beneficios
de la muerte de Cristo en la cruz.
-- que por
vosotros -- Véase Isa. 53:5,6.
-- es partido –
La frase “es partido” no aparece en las versiones que yo
considero muy buenas, como por ejemplo las ASV., L.C.., H.A., L.A.,
B.A., NVI., N.C., etcétera.
-- haced esto en
memoria de mí – El texto griego emplea el tiempo presente,
“sigan haciendo esto”. La Cena del Señor se observa cada primer día
de la semana en obediencia a este mandamiento. Véase Hech. 20:7.
Esta cena
espiritual tiene por propósito conmemorar la muerte de Cristo por
nosotros. Se revive la realidad del siglo primero que sucedió en la
crucifixión de Jesucristo. El texto griego dice literalmente, “para
mi recuerdo” (Lacueva).
11:25 --
Asimismo tomó también la copa – La palabra “tomó” debe aparecer
en letra cursiva, pues no se encuentra en el texto griego. Dice la
Ver. JTD., “De la misma manera también la copa después de cenar”.
De la misma manera
en que bendijo, o dio gracias por el pan, lo hizo con la copa. (Véase
Luc. 22:19,20).
Cada vez que se
emplea la palabra “copa”, en los pasajes referentes a la Cena del
Señor, se hace referencia, no a ningún recipiente, sino al contenido
del recipiente, que es el fruto de la vid. (Recuérdese que ningún
pasaje dice “vino”).
En este versículo
Cristo emplea la metonimia, la “figura de retórica que consiste en
designar una cosa con el nombre de otra” (Larousse); por ejemplo,
“respetar las canas de otro”; es decir, respetar a la persona que
tiene esas canas. Es cierto que Cristo tenía en las manos un
recipiente de líquidos, pues no hay otra manera de manejar líquidos.
Pero al decir “copa” se refería al contenido de ella. A esta “copa”
(Mat. 26:27) Jesús la llama “el fruto de la vid” (ver. 29). Según
Luc. 22:17 Jesús tomó la “copa” y mandó a los discípulos que la
repartieran. Se reparte el jugo, pero no el recipiente.
-- después de
haber cenado – La Cena del Señor fue instituida en seguida de
que comieron la Pascua (Mat. 26:26; Mar. 14:22; Luc. 22:20).
-- diciendo:
Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre – Al decir “copa”,
Jesús se refiere al fruto de la vid (el jugo de uva), pues esta
“copa” ¡se bebe! (véase la frase siguiente de este versículo).
Ningún recipiente de líquidos se puede beber.
Esta “copa” aquí
referida es el nuevo pacto (en representación, o símbolo), y ¡seguramente
ningún recipiente de materia es el (o, puede representar al) nuevo
pacto de Cristo!
El fruto de la vid
representa el nuevo pacto porque representa la “sangre del nuevo
pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”
(Mat. 26:28). Para que el nuevo pacto fuera ratificado, Jesús tuvo
que derramar su sangre (Heb. 9:15-17).
Este pacto es nuevo
en calidad (Heb. 8:8-13), reemplazando el otro pacto que se
envejeció y fue quitado, clavado en la cruz (Heb. 8:13; Col. 2:14).
Fue establecido en base a la muerte de Cristo en la cruz. La
sangre de Cristo es la razón por qué el cristiano puede gozar de las
bendiciones del nuevo pacto.
El vocablo griego
diatheke significa el
testamento, o arreglo, de una persona según su propia voluntad, pero
aquí un pacto, o acuerdo, entre Dios y los hombres,
por medio de Jesucristo, pero solamente Dios pone los términos del
pacto. Solamente en este sentido se puede decir que
diatheke significa “pacto”,
convenio, o acuerdo.
Considérense bien
Éxodo 24:1-8; Heb. 9:11-22.
-- haced esto
todas las veces que la bebiereis – La copa se bebe (pero no el
recipiente). Por metonimia se presenta el contenido (el jugo) con
el nombre del continente (la copa, o cáliz).
Siempre que se bebe
la copa, debe ser con el fin ahora estipulado; a saber, para
recordar a Jesús en su muerte en la cruz.
La Cena del Señor
se celebraba regularmente, cada primer día de la semana. Tenemos un
ejemplo apostólico de esto en Hecho. 20:7. A esta verdad atestiguan
los historiadores primitivos.
Las iglesias
protestantes tratan de dar a esta frase el sentido de que no hay
regularidad en el tiempo de la observancia de la Cena. Pero la idea
no es de qué tan a menudo hacerlo, sino de que siempre la
observancia sea para recordar lo que ha hecho Cristo por nosotros.
La frecuencia de tomar la Cena del Señor es determinada por el
ejemplo apostólico.
-- en memoria de
mí – esta frase es una repetición idéntica de lo que va al final
del versículo 24, literalmente, “para mi recuerdo” ( = para llamarme
a la memoria o meditación vuestra). Lucas (22:19) registra que
Jesús pronunció estas palabras. La Ver. NVI dice, “en recuerdo mío”.
Seguramente la Cena
del Señor no es para satisfacer hambre física. Ella fue instituida
“después” de la cena de la pascua que sí satisfizo hambre física.
Cenas para el hambre física deben ser comidas en las casas de la
gente, y no en la asamblea de la iglesia (ver. 22,34).
11:26 -- Así,
pues, todas las veces – Sobre esta frase, véanse los comentarios
en el versículo anterior.
-- que comiereis
este pan, y bebiereis esta copa – El pan es comido y la copa es
bebida. Obviamente, la copa (según el uso del término en conexión
con la Cena del Señor) es el fruto de la vid, el jugo, y no el vaso
o continente.
Debe notarse que
los discípulos no solamente comieron el pan, sino también bebieron
la copa. El clero romano no da la copa a los feligreses, sino
solamente el pan. Se argumenta que el pan, por ser el cuerpo de
Cristo, y por contener el cuerpo sangre, basta para que la persona
solamente coma el pan. Bueno, si su lógica tiene validez, el pan
debe bastar ¡también para los sacerdotes! ¿Ellos nada más comen la
“hostia”, sin tomar el vino?
-- la muerte del
Señor anunciáis hasta que él venga – El vocablo griego para
decir “anunciar” es kataggelo, que significa publicar o proclamar. El verbo
“proclamar” para mí es más descriptivo. Proclamar, dicen las
versiones B.A., Mod., N.M., 1977, LBL., LAC., ASV.
El tiempo del verbo
es presente. La idea es de estar continuando en proclamar. Cada
primer día de la semana la iglesia de Cristo proclama a todo el
mundo, con tomar la Cena del Señor, que Cristo murió por todos los
hombres, y que su muerte es la razón por que Dios puede mostrar
misericordia a los pecadores.
La iglesia
continuará haciendo esta proclamación (predicación) hasta que Cristo
venga la segunda vez (Heb. 9:28). Esta Cena proclama que Cristo
murió por todos, reina ahora en los cielos, y de allí volverá en el
día final. Ella mira tanto para atrás, como para delante. Cuando
él venga la segunda vez, no habrá por qué continuar celebrando la
Cena. Hasta entonces es un gran sermón.
Compárese Éxodo
13:8.
11:27 -- De
manera que – Esta frase traduce el vocablo griego
hoste, un conjuntivo
que expresa consecuencia o resultado. Otras versiones dicen, “De
modo que, por tanto, por consiguiente, por lo cual”. Dada la verdad
que Pablo acabó de expresar en los ver. 24-26, sigue cierta
consecuencia seria si el cristiano come la Cena del Señor de manera
indigna.
-- cualquiera
que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente –
Muchos cristianos entienden mal esta frase (o no quieren
entenderla bien). Pablo no habla de que la persona sea digna al
comer la Cena del Señor. Nadie es digno de lo que Cristo ha hecho
por nosotros. Habla de la manera en que ha de ser comida la Cena.
La palabra “indignamente” es un adverbio, palabra que describe al
verbo (comer, beber). El punto es de comer la Cena de cierta manera,
y no de ser digno para poder comerla. La Cena del Señor no es una
comida común, para satisfacer el hambre física (para ello hay casas
en que comer y beber, ver. 22,34). Es una conmemoración que
proclama la muerte de Cristo. Por eso, ha de ser comida de manera
digna, discerniendo el cuerpo de Cristo (ver. 29), y no con descuido
o falta de respeto y discernimiento. Aunque en las iglesias de
Cristo en la observancia de la Cena del Señor no hay comida común,
si los participantes dejan vagar la mente durante la Cena, pensando
en cosas ajenas, o si no se concentran en lo que están haciendo,
cometen el mismo error que los corintios y violan las instrucciones
apostólicas de este pasaje. Hacer burla de los emblemas de la mesa
del Señor es burlarse de lo que ellos representan. ¿No es profanar
la bandera del país menospreciar al país mismo?
Con decir Pablo
“comiere … o … bebiere”, no está diciendo, según enseña el
catolicismo romano, que la persona no tiene que hacer las dos cosas,
que basta que nada más coma. Está diciendo que en cualquiera de los
dos actos, sea en el comer el pan, o sea en beber la copa, si la
persona no lo hace dignamente, va a traer sobre sí consecuencias
amargas. (Si fuera cuestión de preferencia, de comer o de
beber, ¿por qué no se les da a los comulgantes puro vino, y nada de
“hostia”? En realidad, los feligreses no pueden practicar
preferencia. Véanse los comentarios del versículo anterior.
También, nótese que los ver. 28 y 29 no dicen “o”, sino “y”).
-- será culpado
del cuerpo y de la sangre del Señor – Esta es la consecuencia
seria de comer la Cena del Señor indignamente. Cuando la persona
come la Cena del Señor indignamente, peca contra el sacrificio de
Cristo en la cruz por los pecadores. Muestra terrible falta de
respeto por lo que el pan y la copa representan, o simbolizan. Una
manera indigna de comer la Cena menosprecia el cuerpo y la sangre de
Cristo, y deja a la persona con una grandísima culpabilidad. Los
corintios, por convertir la Cena del Señor en un banquete para
algunos mientras éstos menospreciaban a otros, hacían del cuerpo del
Señor algo igual a la carne del cuerpo del animal que comían. No
distinguían nada y así pecaban contra Cristo. Véase ver. 29.
El vocablo griego (enochos),
“culpable”, significa literalmente “tenido en”; es decir,
guardado de tal manera que no se puede escapar. Véase este verbo en
Mar. 3:29; Sant. 2:10. La manera de los corintios de celebrar la
Cena del Señor fue un crimen contra el cuerpo y la sangre de Cristo.
Se reunían para satisfacer su hambre física en lugar de su hambre
espiritual. Tenían en poco la muerte de Cristo en la cruz.
El catolicismo
romano argumenta que esta frase de Pablo prueba que el mismo cuerpo
de Cristo, y su sangre, están presentes en el pan y el vino, una vez
que han sido consagrados en la llamada “misa”. Este argumento ya ha
sido contestado arriba, en los comentarios sobre el ver. 24. Dado
que a los feligreses no se les da el fruto de la vid, ¿cómo pueden
estas palabras de Pablo ser aplicadas a ellos, si la persona nunca
bebe el fruto de la vid? Solamente los sacerdotes podrían ser
culpables de la sangre de Cristo, pues solamente ellos toman la copa.
En Corinto, como en las iglesias de Cristo hasta el día de hoy,
todos los cristianos comen el pan y beben
la copa (ver. 28,29).
11:28 -- Por
tanto – Otras versiones dicen, “Pero” (ASV., B.A., LAC.). En
lugar de comer y beber indignamente, la persona más bien debe
examinarse a sí mismo antes de comer y beber, para no lleva
culpabilidad en el asunto.
-- pruébese cada
uno a sí mismo – El verbo de esta frase en griego se emplea en
3:13; Rom. 12:2; Efes. 5:10; 2 Cor. 13:5. Véalo allí.
Cada uno ha de
examinarse a sí mismo para evitar la culpabilidad mencionada en el
versículo anterior. Para evitar el pecado, tiene que comer la Cena
del Señor dignamente (ver. 27,29), y no con propósitos y
pensamientos ajenos (por ej., lo de ver. 20-22). Este autoexamen es
necesario para evitar el pecado. La Cena del Señor no puede ser
comida rutinaria o mecánicamente, sin que haya graves resultados.
No es cuestión de
examinarse para ver si es persona perfecta y así absolutamente
digna. Desde luego todo cristiano debe de procurar vivir
continuamente en santidad, pero aquí el examen tiene que ver con
los pensamientos y propósitos al comer la Cena del Señor. Por no
hacer esto, los corintios corrompían la Cena y así no podían comerla
de manera aceptable (ver. 20). Véase ver. 19, comentarios.
Nótese que cada
quien se examina a sí mismo. Otros no hacen el examen por uno.
Otros no hacen la determinación. Esta prueba es exclusivamente de
la persona misma. No hay nada de “confesión auricular” en este
pasaje. Pablo habla de autoexaminarse.
Las Escrituras no
hablan de “comunión cerrada” (ni de “abierta”), como se practica en
algunas denominaciones, según sus preceptos humanos. La Cena del
Señor es para todo cristiano y tiene que ser comida dignamente. De
esto cada quien es responsable.
Es buena práctica
en las congregaciones que antes de comer la Cena del Señor se lean
pasajes referentes a la muerte y crucifixión de Jesús, y se cante un
himno o más, para ayudar a los presentes a tener la mente preparada
para comerla. Esto ayuda en la prueba o examen del cual habla
Pablo. Ayuda a que se discierna el cuerpo de Cristo (ver. 29).
-- y coma así
del pan, y beba de la copa – Después del autoexamen, entonces de
una manera digna cada cristiano debe hacer las dos cosas (y no
solamente una de las dos, según el catolicismo): comer del pan y
beber de la copa.
La palabra “así”
hace hincapié en la manera de comer la Cena del Señor: apartando la
mente de consideraciones materialistas y concentrando en el
propósito de comerla (ver. 24-26).
Nótese también que
aún después de haberse dado gracias por el pan y por la copa (ver.
24,25), los dos elementos siguen siendo lo mismo en substancia; son
pan y copa (es decir, fruto de la vid). ¡No se convirtieron en
cuerpo y sangre físicos! Se da gracias por el pan, y luego es pan
lo que se come. Se da gracias por la copa, y luego es copa (fruto
de la vid) lo que se bebe.
El Nuevo Testamento
no habla de “sacramentos”. La Iglesia Católica Romana tiene siete
de éstos, y las iglesias evangélicas, o protestantes, tienen dos: el
bautismo y la Cena del Señor. La palabra “sacramento” tiene que ver
con la idea de “sagrado”. Pero “sacramento” es palabra eclesial, y
no bíblica. Hablando, debemos hablar conforme a los oráculos de
Dios (1 Ped. 4:11).
11:29 -- Porque
el que come y bebe indignamente – El adverbio, “indignamente”,
no aparece en los manuscritos considerados como de los mejores. Se
omite en las versiones ASV., H.A., LAC., N.M., S.A., N.C., RVA,
etcétera. Algunas versiones buenas lo incluyen, pero en letra
cursiva. Pablo no tuvo que decir “indignamente” porque pasa a
decir “sin discernir el cuerpo”. Comer y beber la Cena del Señor
sin discernir el cuerpo (de Cristo) es hacerlo indignamente.
-- sin discernir
el cuerpo del Señor – Las versiones mencionadas arriba tampoco
incluyen la frase “del Señor” y por la misma razón.
Los corintios
trataban a la Cena del Señor como si fuera cualquier banquete.
Comían a su gusto, sin juzgar correctamente lo que comían ni para
qué lo comían. No distinguían correctamente; no discernían.
Cuando Jesús
instituyó la Cena, dijo con referencia al pan, “esto (este pan) es
mi cuerpo”, y que al comerlo que estemos haciéndolo en memoria de él
(ver. 24). Ese cuerpo fue crucificado en el Calvario para lograr la
redención de los pecadores. Al tener esto en mente la persona está
discerniendo el cuerpo de Cristo. Al estar comiendo para su gusto
una comida común, los corintios no estaban discerniendo el cuerpo de
Cristo que fue sacrificado por nosotros. Hay gran distinción entre
la Cena del Señor y cualquier comida común que corresponde a casas
privadas y que es para gustos temporales.
-- juicio come y
bebe para sí – La persona que, al comer la Cena del Señor, no
discierne el cuerpo, que Cristo sacrificó por los pecadores, de la
comida común, que es para satisfacer hambre física, se condena a sí
misma porque peca. Se encuentra bajo condenación, o contrae culpa,
y si no se arrepiente, será condenado eternamente (ver. 32, frase
final). <Nota: Qué agujero tan terrible hacia el infierno se nos
abre aquí>.
Este versículo
repite la verdad del 27.
11:30 -- Por lo
cual – o, Por esto (de comer la Cena del Señor sin discernir el
cuerpo de Cristo, no distinguiendo entre lo santo y lo profano, y
así trayendo juicio o culpa sobre sí mismos, ver. 29).
-- hay muchos
enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen – Muchos
comentaristas entienden que aquí se hace referencia a enfermedades,
debilidades, y muertes físicas. Afirman que entre los hermanos en
Corinto había habido de esto, debido a su corrupción de la Cena del
Señor.
Pero yo creo que
mejor es interpretar esta frase de manera espiritual. La
condenación, o culpa, inmediata del pecado no es siempre la
enfermedad y la muerte física, ni normalmente lo es. Hay hermanos
que pecan sin enfermarse, y hay hermanos muy santos que se enferman.
Dios no quiere que
el cristiano se condene con el mundo (de pecadores), ver. 32. Pero,
si Dios mata a algunos porque profanaron la Cena del Señor, ¿cómo
pueden estos muertos arrepentirse para que no sean condenados con el
mundo?
El desorden en la
asamblea en Corinto, con referencia a la Cena del Señor, fue la
causa que produjo el efecto de enfermedad, debilidad, y muerte
espiritual. De su carnalidad resultaría un desinterés en las cosas
del Señor. Su vida espiritual en este particular no era loable (ver.
17).
Compárese Apoc.
3:1,17. Considérense Isa. 1:5,6; 33:24; 53:5; Jer. 6:14; Oseas
5:13.
11:31 -- Si,
pues, nos examinásemos a nosotros mismos – Nuestra versión, en
el ver. 29, dice “discernir”. Debe decirse de igual manera aquí, en
lugar de “examinásemos”, pues es la misma palabra griega en los
dos casos. Dice Lacueva: “Pero si a nosotros mismos discerniésemos”.
Así se expresan otras versiones (por ej., ASV., N.M., etc.).
Discernir es distinguir o discriminar entre cosas diferentes.
El cristiano sí
debe examinarse (probarse, ver. 28), pero aquí la idea es de hacer
distinción. El cristiano, en el acto de comer la Cena, debe
distinguir entre lo que va haciendo para conmemorar la muerte de
Cristo, y lo que pensaría y sentiría si estuviera haciendo otra cosa.
Hay gran diferencia, y si él no discrimina entre estas cosas, va a
caer en condenación de pecado.
-- no seríamos
juzgados – Véanse los comentarios sobre “juicio”, ver. 29. Si
los corintios hubieran discriminado, o discernido, no habrían
contraído culpa en el asunto de la Cena del Señor.
Uno no se escapa de
la enfermedad y de la muerte físicas por medio de discernirse al
comer la Cena, pero sí se escapa de la culpa que Dios pone sobre el
que no se discierne (ver. 29).
Los dos verbos de
este versículo, “examinásemos” y “seríamos juzgados”, en el texto
griego son del tiempo imperfecto, indicando así que la acción ya iba
pasando cuando Pablo les escribió. (Literalmente: Si nos estábamos
discerniendo, no estábamos siendo juzgados). No se trata, pues, de
algún juicio futuro.
11:32 mas
siendo juzgados, somos castigados por el Señor – Si se come la
Cena del Señor de una manera no digna (ver. 27) , sin discernirse la
persona (ver. 31), entonces acarrea juicio (ver. 29), pues es
culpada del cuerpo y de la sangre del Señor (ver. 27).
A tal persona Dios
disciplina, o educa. Nuestra versión dice “castigados”. El texto
griego emplea el verbo paideuo,
palabra que en sí trae la palabra “niño”. Da a entender la
instrucción, educación, o disciplina de niños. Aunque el castigo
es parte necesaria de la disciplina correctiva, no va incluido en la
disciplina preventiva.
Lacueva dice, “por
el Señor somos corregidos”, y luego explica en una nota:
“Corregidos. Lit. educados (como se educa a un niño)”.
Los que entienden
que la debilidad, la enfermedad y la “muerte” del ver. 30 son
literales, ven en este versículo castigos temporales de Dios contra
hermanos que comen la Cena indignamente. Pero si estas cosas del
ver. 30 son espirituales, entonces Pablo está diciendo que Dios
corrige (educa, disciplina) a quienes se encuentran en estas
condiciones. Lo hace por medio de tales instrucciones y
reprensiones que Pablo aquí da en su carta. Véase Sal. 94:12.
No niego que Dios a
veces hace uso de castigos temporales para educar a sus hijos.
Véase Heb. 12:7-13. Y bien lo puede hacer en conexiones con quienes
no comen la Cena dignamente. Pero veo que el punto más específico
en este pasaje es el de educar o corregir por medio de reprensiones
y exhortaciones. Este vocablo griego (paideuo)
se emplea en Hech. 7:22 (enseñado), en 2 Tim. 2:25 (corrija),
y en Luc. 23:16 (castigarle).
-- para que no
seamos condenados con el mundo – Este es el propósito que Dios
en su amor tiene al disciplinar a sus hijos. Véase 2 Ped. 3:8.
Aquí la condenación referida es la eterna (Mat. 25:46), y el mundo
es el de 1:20, el mundo que está en el proceso de pasar a la
destrucción (7:31; 1 Jn. 2:17). Es el mundo de los no salvos (Jn.
3:18; 8:24).
No hay esperanza
alguna para la persona no cristiana (Efes. 2:12). ¡Qué grande es la
urgencia con que los cristianos debemos llevar el evangelio al mundo
perdido!
El calvinismo
afirma que una vez que la persona se salva, no puede pecar de tal
manera que pierda su salvación eterna. Pero en este versículo vemos
que ¡Pablo no creía así!
11:33 -- Así que
– Pablo llega a la conclusión del asunto.
-- hermanos míos
– Después de haber censurado a los corintios, se les dirige con
esta expresión de ternura para que sintieran el amor que le impelía
al corregir sus faltas.
-- cuando os
reunís a comer – La Cena del Señor es un acto congregacional.
Debe ser comida en asamblea en una manera edificante y ordenada,
guardando presente la naturaleza, el significado y el propósito de
ella.
El “comer” en este
caso obviamente es el de la Cena del Señor. Es el único comer de la
iglesia local en asamblea cada primer día de la semana. El comer
social, que es para satisfacer hambre física, es un comer que
corresponde a las casas de los individuos (ver. 22,34; Hech. 2:46).
Seguramente no está diciendo Pablo aquí que se haga en la asamblea
de la iglesia local, bajo el nombre de un supuesto “ágape”, lo que
ya ha limitado a las casas privadas, y que limitará en el versículo
siguiente.
Judas 12 menciona
los “ágapes”. Véanse mis comentarios en NOTAS SOBRE JUDAS. Algunos,
hasta hermanos en la fe, se valen de este pasaje para justificar sus
comidas sociales, con todo y comedores, cocinas, gimnasios, y
centros familiares. Pero el pasaje no les ayuda. Los ágapes eran
comidas preparadas o pagadas por hermanos de medios, a las cuales
eran invitados hermanos más pobres. No eran actividad de la iglesia
local, pagados de su tesorería. No es nada malo, de hecho es cosa
muy provechosa, el comer los hermanos juntos en actividad social (Hech.
2:46).
-- esperaos unos
a otros – El vocablo griego para decir “esperaos” es
ekdechomai, que
literalmente significa “recibir de”. De esto viene la idea de “esperar”.
Pablo ya condenó,
como actividad en la asamblea de la iglesia local, la comida común.
Así es que no dice que algunos esperen que otros lleguen, para comer
una comida común. El “esperar”, o recibir, de este versículo tiene
que ver con la Cena del Señor. Al comer la Cena, que todos los
corintios se recibieran de igual manera, para comerla juntamente, no
adelantando algunos a otros. De esta manera no habría divisiones ni
contenciones (ver. 19). Esperándose unos a otros, y recibiéndose
sin acepción de personas, la iglesia así podría comer la Cena de
manera digna. La “mesa del Señor” (10:21) era, y es, propiedad
común, y no de personas especiales. Todos deben ser esperados, o
recibidos, de igual manera, y para rendir culto a Dios juntamente
como una sola familia.
Véase ver. 21,
comentarios sobre “se adelanta”.