NOTAS SOBRE 1 CORINTIOS

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, 1997)  

 

 

 

Capítulo 14

 

Los capítulos 12, 13, y 14 constituyen un solo contexto: los dones espirituales.  En este capítulo 14 Pablo corrige ciertos abusos en el empleo de los dones, y regula sus usos.  Después de mostrar que el don de profecía es superior al de lenguas (ver. 1-25), Pablo regula los usos de los dones en el culto público (ver. 26-40).

            De las correcciones y reglamentos que Pablo presenta en este capítulo, deducimos que en parte el problema en la iglesia en Corinto consistía en que se hablaban lenguas, no importando que no hubiera interpretación,  en que varios hablaban al mismo tiempo, causando confusión, y en que ciertas mujeres participaban en el culto público.

            Aunque no existen los dones milagrosos hoy en día, los principios promovidos por el apóstol Pablo en este capítulo nos gobiernan en el culto público hasta la fecha.  Por ejemplo, véase 14:40.

14:1 – Los ver. 1-5 muestran por qué era mayor el don de profecía que el don de lenguas (sin interpretación).

-- Seguid el amor – Véase 12:31, comentarios.

La referencia aquí en particular es al amor para con los hermanos (en la asamblea).  El tiempo presente del verbo indica que los hermanos habían de estar procurando alcanzar, o de estar persiguiendo, (como quien ha ido de cacería), al amor, y esto habitualmente.  Debía ser así, algo continuo, porque es el camino más excelente (12:31).

-- y procurad los dones espirituales – Sobre “procurad”, véanse 12:31 y 13:4, comentarios.

Sobre la frase “dones espirituales”, véase 12:1, comentarios. Esos dones eran tan indispensables en la infancia de la iglesia como lo es la Biblia hoy en día.  Pablo no menospreciaba “los espirituales” en nada.  Los corintios habían de hacer las dos cosas: perseguir el amor, y anhelar los dones espirituales.  Por eso entiendo que mejores son las versiones que dicen, “y”, que las que dicen, “pero”.

Los dones habían de ser usados para el beneficio de todos (véase 12:7, comentarios)

Todos podían (y pueden) amar, pero tendrían los dones solamente las personas a quienes Dios los diera.  El amor debía ser (y debe ser) perseguido; los dones nada más se anhelaban.

Aunque el camino de amor es el camino más excelente, al mismo tiempo los corintios no habían de dejar de anhelar los dones (para su uso correcto).

-- pero sobre todo que profeticéis – La preferencia de los corintios, al anhelar o aspirar dones, había de ser el don de profecía. Pablo de inmediato procederá a darles la razón.

La profecía se presentaba en la lengua del pueblo (en este caso, en el griego), y por eso todo el mundo podía comprenderla.  (Era la lengua universal de aquel tiempo).  Por eso era don principal (ver. 5), el segundo en el orden de importancia (12:28) y el primero para los corintios.  Sobre este don importante, véase 12:10,28, comentarios.

 

14:2 -- Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios –

Fijémonos en la palabra “porque”, pues introduce la razón de lo que Pablo acabó de decir en el ver. 1.

Sobre la palabra “lenguas”, véase 12:10, comentarios, donde se explica en detalle.  La glosolalia bíblica ¡no es “lengua extática”!

Dios entiende todas las lenguas que hablan los hombres en este mundo.  El corintio con el don de lenguas hablaba un mensaje de Dios (un “misterio”, dice este versículo), en una lengua de este mundo que ni él ni la congregación entendían, porque ellos eran de habla griega.  Por eso en ese acto él hablaba solamente a Dios, quien todo lo entiende.   (Para el que hablaba en lenguas, era solamente una experiencia subjetiva en el sentido de que, como dice el ver. 14, “mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto”).

Véase ver. 28, “hable para sí mismo y para Dios”.

-- pues nadie le entiende – La razón de por qué hablaba solamente a Dios es que nadie en la iglesia en Corinto podía entender la referida lengua por no ser la lengua griega.

El vocablo griego aquí para decir “entiende” es akouo (= oigo), pero se usa en el sentido de oír sin entender, como en Hech. 22:9 (9:7); Mat. 13:15.

La palabra “entender, entendimiento” es clave en este capítulo (véanse los ver. 2,9,14,15,19), como también la palabra “edificar, edificación” (véanse los ver. 3,4,5,12,17,26).  Sobre “enten­di­miento”, véase en particular ver. 14, comentarios.  Sobre “edificar”, nótese también ver. 4, comentarios.

Hablar en una lengua en una asamblea compuesta de gente no de esa lengua equivaldría a no comunicarse con esa audiencia, y por eso no edificarla.  (Los carismáticos tuercen este versículo, ignorando por completo el contexto, haciendo que se refiera al habla extática).

-- aunque por el Espíritu habla misterios – El “Espíritu” aquí tiene que ser el Espíritu Santo, y no el espíritu humano.  (Los carismáticos tienen que afirmar que la glosolalia es producto del espíritu humano, y no del Espíritu Santo, y aquí distinguen  entre el espíritu y el entendimiento de la persona).  Lo que Pablo está diciendo es que el Espíritu Santo revela misterios a la persona con el don de lenguas, pero que al hablar la persona, nadie le entiende.

Los “misterios” son verdades de Dios sabidas solamente por revelación del Espíritu Santo (Rom. 16:25,26; Efes. 3:3-6; Col. 1:26; 1 Tim. 3:9,16).  Véase 2:7, comentarios.

 

14:3 -- Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación – La superioridad del don de profecía sobre el don de lenguas se ve en que la lengua humana, que fuera desconocida al corintio, no podría hacer lo que hace la profecía, que sería en lengua griega; a saber, edificar, exhortar y consolar.

La edificación hace madurar y desarrollarse a la persona, al darle más conocimiento de las cosas de Dios.  La exhortación le conduce a andar en el camino de Dios, y así le anima.  La consolación ayuda a la persona en los tiempos de aflicción y dolor.   (El libro Apocalipsis es una buena ilustración de lo que esta frase comentada dice, porque es un gran libro de consolación para los cristianos perseguidos).  Para que estos efectos se logren, es necesario que el lenguaje sea entendido.  En esto vemos lo práctico de la profecía.  Las lenguas desconocidas, aparte de la interpretación, no aprovechaban a nadie en la audiencia.

Tanto la profecía, como las lenguas, eran dones que procedían del Espíritu Santo, y las dos cosas revelaban verdades de Dios, pero la primera por sí sola podía obrar buen efecto en la iglesia, mientras que la segunda sola, sin ayuda de un intérprete,  no lo podía.  Compárese ver. 19.

Por medio de este versículo vemos que la profecía era más que predecir eventos futuros, como es el caso en Hech. 11:27,28.

Como el que hablaba una lengua desconocida hablaba a Dios (ver. 2, y a sí mismo, ver. 28), el que profetizaba hablaba a los hombres (en la iglesia, ver. 3).

 

14:4 -- El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica – El texto griego aquí no emplea ninguna palabra para decir “extraña”, o “desconocida” (como tampoco en los ver. 13,14,19,27); nada más dice, “el que habla (en) lengua”.  En lugar de aclarar el pasaje, tales palabras confunden al lector.  No hay justificación alguna para la traducción que hacen las versiones que dicen en este capítulo, “lenguas extáticas”, “pala­bras con sonidos extraños”, etcétera. 

Véanse los comentarios en 12:10 sobre la palabra “extraña”, o “descono­cida”.   

Teniendo el don de lenguas, el corintio se edificaba a sí mismo, no porque entendiera el mensaje hablado, pues de otra manera lo habría interpretado, sino porque estaba consciente de que Dios estaba empleándole en este ejercicio milagroso (ver. 14, “mi espíritu ora”).  No fue edificado su entendimiento, sino fue edificado su afecto hacia Dios.   (Que no entendía lo que decía en una lengua no griega, es evidente por los ver. 14,15,19,28 y por el hecho de que el milagro consistía en hablar una lengua no conocida).  Véase el uso de la palabra “edificar” en 8:10 (estimulada), comentarios.

(Por largos siglos la Iglesia Católica Romana presentaba la llamada Misa en latín, lengua desconocida por el vulgo).

-- pero el que profetiza, edifica a la iglesia – En esto consiste la superioridad de la profecía.  Mientras el don de lenguas edificaba al individuo, el don de profecía edificaba a toda la asamblea (es decir, a la iglesia local en asamblea).  En el primer caso, solamente el individuo recibía algún provecho; en el segundo mucha gente recibía  provecho.  En el primero, no había entendimiento de parte de ningún oyente; en el segundo muchos recibían aumento de entendimiento.  El glosólala  hablaba para sí mismo mientras que el profeta hablaba para toda la asamblea o congregación.

 

14:5 -- Así que quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas – Más según el texto griego dice la Ver. H.A., “Quiero, pues”.   El don de lenguas era importante; tenía su función en el cuerpo (la iglesia) juntamente con los demás dones.  Véase 12:7, comentarios.  Pablo ciertamente no estaba oponiéndose al ejercicio del don de lenguas.  Su deseo era que todos pudieran hablar en lenguas (aunque él sabía que el caso no sería así, 12:30).  Compárense los ver. 23,24).

-- pero más que profetizaseis – Aunque deseaba que todos pudieran hablar en lenguas, más deseaba que todos profetizaran (cosa también imposible, 12:30).  Pero el punto de Pablo es que no se opone al ejercicio de ninguno de los dones (ver. 39), pero que sí reconoce que el don de profecía es mayor.  Esto es lo que dice en el ver. 1.  Por eso los corintios mostraban una actitud egoísta al desear más bien el hablar en lenguas.  No procuraban el bien de la iglesia entera.

-- porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas – La razón consiste en que el profeta edificaba a toda la iglesia (pues hablaba en griego, en la lengua de los corintios) mientras que el otro se edificaba solamente a sí mismo (ver. 4).

-- a no ser que las interprete – Había esta excepción.  La interpretación de lo dicho en una lengua desconocida a los corintios daría edificación a toda la iglesia, y en tal caso los dos dones serían de utilidad o provecho igual.

Este versículo, juntamente con el 13, implican que a veces la misma persona tenía ambos dones, el de hablar en lenguas y el de interpretar.

El verbo en este caso, diermeneuo, significa interpretar, explicar, o traducir (Hech. 9:36).    Es obvio que las lenguas habladas por medio del don de lenguas eran lenguas humanas, pues solamente éstas tienen traducción.  Es imposible traducir  la llamada “habla extática”, porque es una combinación de sonidos ininteligibles.  ¡No es lengua!  No tiene traducción.  Entre los carismáticos el que “interpreta” en realidad produce el mensaje.  Es fabricación o invención de él.  Pero en el caso del don de lenguas, Dios era el autor del mensaje.  Véase ver. 2, comentarios.

Considérese Neh. 8:8, Versión B.A., “Y leyeron en el libro de la ley de Dios, traduciéndolo (margen: “Lit., aclarando”) y dándole el sentido para que entendieran la lectura”.

-- para que la iglesia reciba edificación – Esta es la gran meta: la edificación de la iglesia entera (y no la satisfacción personal del individuo.  Compárese 9:23, comentarios).   

 

14:6 – Los ver. 6-11 muestran que la lengua, como los sonidos de los instrumentos, existen para ser entendidos; de otra manera, no hay comunicación.

-- Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas – Una lengua desconocida a los corintios, si fuera traducida (ver. 5), traería provecho para la iglesia.  Aquí Pablo, al decir “hablando en lenguas”, se refiere a lenguas no traducidas.  Pasa a expresar la inutilidad del don de lenguas sin ser acompañado del don de interpretación.  Pero guardemos presente que el punto principal es la superioridad del don de profecía. 

Dice, “hermanos”, para suavizar la corrección que está dando a los corintios.  Si él fuera a ellos, haciendo lo que algunos en la iglesia hacían, que era hablar en lenguas sin que hubiera traducción, ellos no recibirían ningún provecho de su visita, como no recibían provecho alguno de los corintios con el don de lenguas que ejercían dicho don en la ausencia de don de interpretación, o traducción.

-- ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? -- Para que hubiera provecho, Pablo dice que las personas tenían que presentarse delante de la iglesia, hablando en griego (la lengua de los corintios), al ejercer los diferentes dones mencionados aquí. 

Pablo menciona cuatro de ellos, y es difícil identificarlos y describirlos exactamente.  Véase 12:8, comentarios.  Por los ver. 26,29,30, vemos que los profetas daban revelaciones.  La doctrina aquí referida era la que venía por medio de un don espiritual (ver. 26).  El don de ciencia se presenta en 12:8.  Parece que Pablo aquí menciona cuatro dones diferentes, aunque es posible que hable de una combinación de dones, el uno siendo complemento del otro.

Las lenguas solas (es decir, sin traducción), pues,  no edificaban a la iglesia; no aprovechaban.

 

14:7 -- Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? -- Otras versiones comienzan este versículo, diciendo, “Aun las cosas”.  Como Pablo no habría sido de provecho para los corintios, yendo a ellos hablando en lenguas (sin traducción, ver. 6), de igual manera las cosas inanimadas que producen sonidos no aprovechan si no dan distinción de sonido (ver. 7).  Lo que de él se podía afirmar, también se podía afirmar aun de las cosas inanimadas.

Si los instrumentos musicales, o cualquier pito, (cosas inanimadas) deben tocarse de tal manera que haya melodía placentera o que den un aviso importante según el código (y que así aprovechen), mucho más debían los hombres (que tienen ánimo; griego, alma) producir sonidos bien comprensibles y por eso provechosos (al interpretar ellos lo que decían en lenguas extrañas para los griegos).

 

14:8 -- Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? -- Aquí Pablo ilustra el punto de su argumentación, apelando al sentido común.  Tanto el ejército como el trompetista tienen que comprender el significado de los varios sonidos determinados hechos en la trompeta para dar aviso. Unos sonidos sueltos y confusos no lograrían ninguna acción concertada de parte del ejército.  Tiene que haber sonidos definidos para la ocasión a la mano.

De igual manera el hablar en lenguas desconocidas para la iglesia en Corinto, que hablaba el griego, no produciría ningún provecho para nadie en la iglesia.  En tal caso la iglesia no sabría qué hacer con el mensaje divino, por no entender dicho men­saje.

Compárese Núm. 10:1-10.

El propósito de todo sonido comprensible es comunicar un mensaje.

 

14:9 -- Así también vosotros – Como es el caso con los instrumentos mecánicos que hacen sonidos determinados, así también es el caso con los seres humanos.  Aquí Pablo hace la aplicación de su ilustración en el ver. 8.

-- si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? -- Aquí la “lengua” es la literal, el órgano de la voz en la boca.  Por medio de ella se forman palabras.   Ahora, si no se forman palabras comprensibles, no puede haber comunicación entre las personas, y de esto no resulta ningún provecho para nadie.  Para la comunicación, ¡el entendimiento es indispensable!  Véase ver. 2, comentarios.

-- Porque hablaréis al aire – En este caso los sonidos emitidos mueren en el aire, pues nadie los entendió.  Tal era la situación en Corinto al usarse el don de lenguas sin acompañarlo con el don de interpretación.  Eran ejercicios que terminaban en el fracaso.  Las lenguas extrañas sin interpretación, pues, eran como señas no comprensibles.

Sobre esta frase “al aire”, véase 9:26, “gol­peando aire”.  En los dos casos significa falta de propósito en la acción.

(Aunque hoy en día no hay don de lenguas, el mismo principio tratado aquí se aplica.  Cualquier predicación, usando de un vocabulario que el auditorio no conozca bien, resulta en fracaso, porque la comunicación no logra provecho para el oyente.  Como fue vanaglorioso para el corintio con el don de lenguas que él hablara a la iglesia sin ver que siguiera la traducción de su mensaje, así es vanaglorioso para el orador de hoy en día que hable en un lenguaje elevado que no conozca la audiencia.  Todo es en vano).

 

14:10 -- Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado – Todas las lenguas que se hablan en el mundo tienen significado.  Según el contexto, de esto habla Pablo.

Por eso algunas versiones dicen, “lenguas” o “idiomas”, en lugar de voces o sonidos.  Pablo trata de lenguas.  Dice que ninguna es inarticulada.  Todas tienen sentido.  Tal es la función o propósito de cualquier lengua (sea la del ser humano, la del animal, o la del instrumento mecánico, aunque aquí Pablo habla específicamente de lenguas humanas); a saber, presentar un mensaje comprensible.  El glosólala en Corinto, al no proveer una traducción o interpretación de su mensaje, caía en el ridículo, pues hablaba una lengua sin sentido o significado (para los corintios).

Pero es interesante notar que la frase literalmente dice, “… clases de phone … ninguna aphonos”.   El vocablo, phone, puede significar sonido, voz, o lengua.  aphonos significa sin voz, o mudo (como en 12:2; Hech. 8:32; 2 Ped. 2:16), como también sin significación.  Literalmente la idea se presenta así, “no hay lengua que esté destituida de poder de lengua”, o “no hay voces sin voz”.  Notemos estas versiones: “Tantos géneros de voces, por ejemplo, hay en el mundo, y nada hay mudo” (1909); “Sucede que hay mucha variedad de lenguas en el mundo, y ninguna sin su sonido propio” (B.M.); “Hay en el mundo no sé cuántas variedades de lenguas, y nada hay sin lenguaje” (B. J.).  (Las “lenguas” de los glosólalas modernos no son lenguas con lenguaje; sus supuestos milagros son falsos).

 

14:11 -- Pero si yo ignoro el valor de las palabras – Aquí Pablo describe exactamente el caso en Corinto, pues al no cuidar de que hubiera traducción, el que hablaba en lengua desconocida por los corintios se dirigía a  oyentes que ignoraban el significado de las palabras habladas.

Nuestra versión en esta frase da el sentido, pero no representa bien al texto griego.  Mejores son estas versiones: “Si yo, pues, ignorare el significado de la voz” (H.A.); “Si pues yo no entiendo el valor de la voz” (V.M.); ”Sin embargo, si no conozco el significado de ese idioma” (ECU.); “Si yo, pues, ignoro la significación del sonido” (JTD.); “Si yo, pues, no entiendo la fuerza del sonido del habla”(N.M.).  Pablo emplea la palabra phone (voz, sonido, lengua; véase ver.  10, comentarios).  Es evidente que aquí se refiere a lenguas.

En lugar de “valor”, el texto griego emplea la palabra dunamis (= poder, fuerza), pero en el sentido de significado.  Lacueva traduce así, “si, pues, no sé el poder de la voz”.

-- seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí – Ahora Pablo agrega al hecho obvio del ver. 10 esta observación lógica; a saber, que dado que toda lengua tiene su significación, si la persona no sabe el significado de una dada lengua, tanto el que la habla, como el que la oye, van a ser extranjeros el uno al otro.

El texto griego aquí emplea la palabra barbaros, la que nuestra versión traduce con la palabra “extranjero”.  (Aparece en Rom. 1:14, no griegos; Hech. 28:2, los naturales).   Los griegos se referían a la gente de otras hablas como “bárbaros”, no dando a entender ningún reproche, sino solamente indicando que esas personas no hablaban griego.  (De manera semejante los judíos se referían a los no judíos como “gentiles”; es decir, gente de otras naciones).

Las lenguas que hablaban los corintios con el don de lenguas eran en realidad lenguas con “poder” o significado, pero sin la interpretación necesaria, el oyente se quedaba en ayunas; era como extranjero a los que las hablaban.  Esto prueba que Pablo trataba de lenguas verdaderas, y no de una cosa como la glosolalia (habla extática) moderna que no es lengua en el sentido real de la palabra, por no ser hablada ni entendida por nadie.  Las lenguas de los extranjeros son habladas y entendidas por ellos.

 

14:12 – El propósito primordial de cualquier don espiritual es la edificación de la iglesia, ¡no la “devoción privada”! -- ver. 12,13.

-- Así también vosotros – Véase la misma frase idéntica (aun en el texto griego) en el ver. 9.

Pablo hace la aplicación a los hermanos en Corinto, especialmente a quienes daban tanta importancia al don de lenguas.  Los glosólalas eran como extranjeros a los demás hermanos en Corinto, al hablarles en lenguas desconocidas por ellos, y esto sin interpretación, y ellos eran como extranjeros  a  los  glosólalas.  Para evitar  todo esto,  ellos debían guardar presente la exhortación que sigue:

--pues que anheláis dones espirituales – Véase ver. 1.   En esta frase, el verbo “anheláis”, y en la frase siguiente, el verbo “procurad”, son la misma palabra en griego, nada más que en el primer caso es adjetivo (sois “celosos”), y en el segundo es verbo, “aspirar”, “anhelar”, o “procu­rar”.  (Sobre “procurad”, véase 12:31 y 13:4, comentarios).

Literalmente dice Pablo, “ya que anhelosos sois” (Lacueva); o, “ya que sois celosos por …”.

La traducción “dones espirituales” da la idea general de Pablo, pero no representa  bien al texto griego, que dice, “espíritus”.  En el ver. 1, como también en 12:1, la palabra griega es distinta (pneumatikos = perteneciente al Espíritu); aquí es pneuma = espíritu.  Notemos estas dos versiones: “puesto que sois codiciosos de espíritus” (P.B.); “puesto que sois ávidos de espíritus” (N.C.).  Traducen literalmente el texto griego.  Aquí la palabra “espíritus” se refiere a las diferentes manifestaciones del Espíritu Santo al repartir dones milagrosos a los cristianos primitivos (por medio de la imposición de manos apostólicas).  Véase 12:7, comentario.  La Ver. L.A. dice, “ya que anheláis las manifestaciones del Espíritu”.  Todos los dones espirituales procedieron del mismo Espíritu Santo (12:4).

-- procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia – La edificación de la iglesia debía ser el motivo de los corintios al ser celosos por abundar en los dones espirituales.  Las lenguas solas, sin interpretación, no edificaban a la iglesia.  Sin interpretar su mensaje dado en una lengua desconocida a los corintios, el glosólala se edificaba solamente a sí mismo, ver. 4.  (El motivo indigno de algunos en Corinto parece haber sido el de gloriarse en tener el don de lenguas, don espectacular en la vista de otros.  Lo ejercían sin tomar en cuenta la edificación de la iglesia, porque no procuraban hacer que sus mensajes fueran traducidos).

Véase ver. 3,4, comentarios. 

Compárese Rom. 1:11.

 

14:13 – Los ver. 13-17 tratan de la necesidad de interpretar lo desconocido.

-- Por lo cual – Esta frase introduce la conclusión de lo que Pablo ha estado diciendo desde el ver. 1; a saber, que después de haber hablado en una lengua, haya interpretación del mensaje, para el provecho y edificación de toda la iglesia.

-- el que habla en lengua extraña – Omítase la palabra “extraña”.  Véanse 12:10; 14:4, comentarios sobre “extraña”.

-- pida en oración poder interpretarla – Véase ver. 5.  Sin entendimiento no puede haber edificación.

El texto griego no dice “pida en oración”, sino “ore” (una sola palabra).  Así se expresan las versiones ASV., P.B., LAC., Mod., L.A., N.M., N.C., etcétera.

Los glosólalas modernos se valen de la frase “pedir en oración”, oración que para ellos es una no inspirada, para afirmar que después de su habla extática las personas deben pedir a Dios en oración ordinaria que puedan interpretar lo que acaban de decir en lengua.  Pero, Pablo no dice, “pedir en oración”.  El texto griego dice, literalmente, “Por lo cual, el que habla en lengua ore para que interprete” (ASV., LAC., etcétera).

Los pentecosteses se valen de la frase, “pida en oración”, para afirmar que los dones milagrosos son obtenidos hoy en día por medio de la oración ordinaria.  Pero los dones milagrosos no venían por conducto de la oración, sino por imposición de manos apostólicas.  Véase 12:1, comentarios.

Los versículos 14 al 17 ilustran lo que dice este versículo.  Se sigue, pues, que el “orar” del ver. 13 es de la misma clase que el “orar” de los ver. 14 al 17; es orar ¡en una lengua!  Pablo no hablaría de oración no inspirada (en el ver. 13) y para luego ilustrar el caso con oración inspirada (en una lengua, ver. 14 al 17).

El texto griego dice literalmente, proseuchestho (que ore) jina (para que, con el intento de, a fin de que) diermeneue (pueda interpretar).  Algunas versiones dicen, “para poder interpretar”.

El sentido del versículo, pues, es éste: El que ora por medio del don de lenguas, y por eso en lengua desconocida a él, y a la asamblea, debe orar, no con el intento de exhibirse en algo extraordinario (pues en eso no habría edificación para nadie), sino con el intento de ser entendido por medio de la interpretación.  Esto se lograría por medio de orar él después con el “entendimiento”, o sea interpretarlo en su propia lengua (que él y la asamblea entendían), si él tuviera también el don de interpretar (véase el ver. 5), o si no, por medio de quien lo tuviera.  Se le requirió a este hermano (del ver. 13) que, después de haber orado en lengua “desconocida”, se tomara la molestia de orar también en su propia lengua, interpretando por el Espíritu Santo lo que dijo en la lengua “descono­cida”, para que los oyentes pudieran decir el Amén, porque así podrían entender lo que fue dicho en la lengua no suya.

En este contexto, “interpretar” equivale a “traducir”.  Véase 12:10, comentarios sobre  “inter­pre­ta­ción de lenguas”.  (En Luc. 24:27 el vocablo griego significa “declarar” o “explicar”, dar una exégesis); en Hech. 9:36, significa “traducir”).

 

14:14 -- Porque si yo oro en lengua desconocida –  Aquí Pablo presenta a sí mismo como ejemplo en el asunto.  Por medio de éste, y los versículos siguientes, vemos que el don de lenguas a veces se empleaba en el orar y en el glorificar a Dios.

Sobre “desconocida”, véase ver. 4, comentarios.   El texto griego aquí dice literalmente, como lo traduce Lacueva, “Porque si oro en lengua”.

-- mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto –El hermano con el don de lenguas al ejercerlo se ocupaba en algo que el Espíritu Santo obraba en él, pero su mente (entendi­miento) no entendía el significado de las palabras por no ser ellas de su lengua.  Al mismo tiempo su espíritu (la sede de sus emociones) sí participaba en el acto.   Sabía que Dios iba obrando en su espíritu, conmoviéndolo al formar palabras que él dijera en una lengua humana pero no sabida por él ni por la asamblea.  Véase ver. 4, comentarios.

Sobre este uso de la palabra “espíritu”, véanse Mat. 5:3; Luc. 1:17; Jn. 11:33; 13:21; Hech. 17:16; 18:25.

(Compárese 2 Cor. 12:2,3, donde se ilustra esto de participar el espíritu en algo sin que hubiera completa comprensión de todos los detalles de parte de la mente).

Sobre “entendimiento”, véase primero ver. 2, comentarios.  Allí el vocablo griego es akouo = oír (para entender).  Aquí, y también en los ver. 15 y 19, es nous  = la mente (la facultad de inteligencia).  La mente del glosólala, dice Pablo, “está sin fruto” (traducción literal; véase Lacueva) porque el mensaje le viene en una lengua diferente de la suya, y por eso su facultad de inteligencia está “destituida de ideas claras” (dice Thayer, el lexicógrafo) con respecto al mensaje.   Los ver. 16 y 19 muestran que Pablo usa la palabra “mente” (entendimiento) en el contexto de presentar el glosólala el mensaje dado por el Espíritu Santo en la lengua de él y de sus oyentes, los hermanos en Corinto.  El glosólala no entiende la lengua en que le viene el mensaje divino y por eso su “nous” (mente) está sin fruto.  La única manera en que pueden él y sus oyentes (en Corinto) tener “fruto” del mensaje divino es que o pueda él traducir la lengua u otro con el don de interpretación (traducción) lo haga.  Pablo aquí usa la palabra “mente” en el sentido de la lengua de la persona, la que ella entiende.

El “fruto” aquí referido son la edificación, la exhortación y la consolación (ver. 3)  que resultarían del entendimiento que trajera la traducción de lo dicho en una lengua extranjera.

NOTA:     Algunos entienden que el glosólala aquí tratado sí entiende el mensaje que le viene, pero que no se le permite decírselo a los demás porque su traducción no sería por inspiración (no teniendo él el don de interpretación).   En este sentido su mente no produciría fruto para otros.  De cualquier manera, la iglesia en Corinto, para recibir edificación, tuvo que recibir el mensaje en su propia lengua, el griego.

 

14:15 -- ¿Qué, pues? -- Con esta pregunta Pablo llama la atención del lector a la gran conclusión de la discusión sobre el uso correcto de los dones milagrosos.  No está prohibiendo el uso de ningún don, sino enseñando con respecto al uso correcto de ellos.  ¡Es imperativo el entendimiento!

--Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento – Quedándonos con el contexto, es obvio que la frase “oraré con el espíritu” significa “oraré en una lengua extranjera al ejercer el don espiritual que es el de lenguas”.   De igual manera, la frase “oraré con el entendimiento” significa “oraré en mi propia lengua, que es la que entiendo (la griega que usaban los corintios), traduciendo la lengua extranjera”.  (Esto lo haría Pablo, teniendo el don de interpretación o tra­ducción).

-- cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento – El don de lenguas se ejercía a veces, expresando un mensaje que en substancia era una oración a Dios.  También, según esta frase que ahora comentamos, el mensaje se expresaba de manera de cántico o himno, y esto en una lengua desconocida a los corintios; o sea, en una lengua no griega.  La frase “cantaré con el espíritu” significa “cantaré en una lengua extranjera al ejercer el don espiritual que es el de lenguas”.   De igual manera, la frase “cantaré con el entendimiento” significa “cantaré en mi propia lengua, que es la que entiendo (la griega que usaban los corintios), traduciendo la lengua extranjera”. (Esto lo haría Pablo, teniendo el don de interpretación o tra­ducción).

Pablo pone el ejemplo de cómo usar correctamente el don de lenguas.  El don de lenguas tenía su lugar siempre y con tal que hubiera a la vez traducción, y de eso, entendimiento para todos.

Véase ver. 2, comentarios.

(Aunque es muy cierto que al orar y cantar nosotros hoy en día debemos siempre hacerlo de todo corazón, y con pleno entendimiento de lo que estemos diciendo, ¡tal no es el punto de Pablo en este contexto!  No es correcto emplear este pasaje dándole ese sentido.  Es caso de enseñar una verdad pero con un pasaje no referente a ella.  No hemos de aislar un texto de su contexto.  Pablo no trata aquí el caso del canto congregacional, véase ver. 26; trata el caso del uso correcto de los dones milagrosos).

El vocablo griego para decir “cantaré” es psallo.   La idea radical de esta palabra es la de tañer o puntear, como en el tocar las cuerdas del instrumento musical.  Pero para la gente de los tiempos del Nuevo Testamento psallo vino a significar sencillamente “can­tar”, y así se traduce en toda versión reconocida.  Si psallo significara “tocar instrumento musical”, nadie podría hacer lo que ese verbo griego significa sin que tocara un instrumento musical.  Pero no hay iglesia, de las que usan instrumentos musicales en sus cultos, que insista en que toda persona al cantar también toque algún instrumento musical.  Es más, a veces en dichas iglesias hay canto vocal sin nada de instrumentación que lo acompañe.

Los comentaristas de los primeros siglos están de acuerdo en que en la iglesia del siglo primero no se usaban instrumentos musicales.  El cantar (la música vocal) era parte del culto de la iglesia primitiva.

 

14:16 -- Porque si bendices sólo con el espíritu -- El contexto hace obvio que aquí orar “con el espíritu” significa orar con el don de lenguas, pues el oyente (el griego en Corinto) no iba a entender la oración hecha en una lengua diferente.  Aquí se trata de una oración dada por el Espíritu Santo para expresarse en una lengua extranjera por medio del don de lenguas.

El verbo griego, aquí traducido “bendices”, es eulogeo.  En castellano viene siendo transliterado en la forma de “elogiar”.  La frase “acción de gracias” traduce el vocablo, eucharistia, del cual transliterado viene siendo “eucaristía”.  Bendecir, y dar gracias, pues, significan orar.  La primera frase apunta a la alabanza que en oración se ofrece a Dios, y la segunda a las gracias que se le dan por sus muchas y ricas bendiciones.  (Con respecto a la Cena del Señor, véase Mat. 26:26, eulogesas, y Luc. 22:19, eucharistesas.  Los dos verbos se aplican al mismo hecho).

-- el que ocupa lugar de simple oyente -- La frase “ocupa lugar” no se refiere a asiento, sino a la condición de no ser inteligente en la lengua desconocida.  Se refiere al no iniciado en la lengua extranjera.  El es el “simple oyente”.  Otras versiones dicen, “mero particular” (H.A.), “particu­lar” (P.B.), “un extraño” (L.A.), “indocto” (V.M., ASV.), “los no iniciados” (NVI.), “la persona común” (N.M.), “hombre privado” (N.C.), “del que no comprende” (JTD.), “no iniciado” (LAC.).  El vocablo griego aparece aquí, en los ver. 23,24, en 2 Cor. 11:6 (tosco) y en Hech. 4:13 (del vulgo).

--¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho – El “simple oyente”, pues, no tenía el don de interpretación, ni sabía la lengua extraña.  Por eso no sabía lo que se había dicho en la oración inspirada.

Orar en una lengua (no griega, y por eso no entendida por los hermanos corintios), sin interpretación, excluiría del culto a los demás hermanos en la asamblea.  Por eso las lenguas eran inferiores (ver. 5).

El término “Amén” es una transliteración del griego, amen.  Significa “así sea”, o “en verdad”.  Aparece en Jn. 3:3,5 (De cierto, de cierto), y en otros varios pasajes como Rom. 1:25 (Amén) y Apoc. 3:14 (Amén).   Véanse Deut. 27:15; Neh. 8:6.  Se dice al final de la oración para que los oyentes hagan suya la substancia de la oración dirigida por otro.

Se debe notar aquí que en la iglesia de Cristo en Corinto, siglo primero, en la asamblea, con respecto a la oración pública, uno dirigía en voz alta y al final de la oración (en este caso, en la lengua de la congregación) todos decían, Amén.  La costumbre de algunas iglesias de hablar todos los miembros presentes en voz alta durante la oración pública no es conforme al patrón bíblico.  Es confusión.  Véanse los ver. 33,40.

También es oportuna esta observación: hoy en día el director de la oración debe hablar con suficiente volumen de voz para que se oiga en toda la asamblea, porque si no lo hace así, ¿cómo pueden los que no le oigan decir “Amén” al final de la oración?  Tampoco se debe decir “Amén” si en la oración algo se dijo que no es la verdad.

 

4:17 -- Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado – Aquí Pablo hace un contraste entre el que tiene el don de lenguas con el cual ora a Dios, y la persona no iniciada en dicha lengua.  El primero hace bien en el ejercicio de su don, orando a Dios en una lengua extraña (véase ver. 4,14, comentarios); el segundo, oyendo la oración no la entiende por ser hablada en una lengua desconocida para él, y por eso no recibe ninguna edificación.  Pero el propósito de las actividades en el culto público es que la iglesia reciba edificación (véanse ver. 3-5,12, comentarios).

Pablo no menospreciaba el don de lenguas.  Libremente admite que hacía bien el que lo ejercitaba.  Pero ningún don era para uso personal y privado.

 

14:18 – Los ver. 18,19 hacen hincapié en el hecho de que la enseñanza y el entendimiento son esenciales.

-- Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros – Pablo continúa admitiendo la legitimidad y lo valioso de los dones, y del don de lenguas en particular.  El podía, más que nadie en Corinto, hablar en lenguas.  No estuvo expresándose, pues, por envidia.  (El tenía abundancia de dones milagrosos, 2 Cor. 12:1,7,12).  Pero al mismo tiempo él difería de algunos hermanos en Corinto en que no abusaba de aquel don de lenguas.

 

14:19 -- pero en la iglesia – La iglesia se reunía para adoración colectiva y en ella  uno de los propósitos principales era la edificación de los miembros.  Véanse ver. 3-5,12,17,26,  comentarios.

-- prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento – En la asamblea, reunida para recibir edificación, Pablo no usaría su don de lenguas (a menos que hubiera interpretación), sino hablaría en su propia lengua, la griega, porque cinco palabras en esta lengua darían más edificación que diez mil en una lengua (no interpretada) de otra nación que sería desconocida en Corinto. 

Sobre “entendimiento” véanse ver. 2,14,15, comentarios.  Este versículo 19 explica el uso correcto de la palabra “entendimien­to”, como está usada en el ver. 15.

Aquí, al decir, “palabras”, Pablo no habla de “sonidos extáticos”, sino de palabras de lenguas conocidas en el mundo.  Palabras del entendimiento de Pablo serían palabras en griego.

-- para enseñar también a otros – El plan de salvación de Dios es un plan de enseñanza (Jn. 6:44,45; Isa. 2:3; Efes. 4:20,21; Rom. 6:17; Tito 2:11,12; Hech. 2:41; 5:21,28,42; Col. 2:6,7; 1:6,7).  El don de lenguas, sin ser acompañado de la traducción, ¡no enseñaba a nadie!  (Aun en el día de hoy, toda enseñanza debe ser bien clara y comprensible; de otra manera, sería como hablar a la gente en lenguas extrañas).

-- que diez mil palabras en lengua desconocida – Sobre “desconocida”, véase ver. 4, comentarios.   Sobre “lengua”, véanse ver. 2; 12:10, comentarios.

¿De qué valor para la edificación serían diez mil palabras que no fueran entendidas por nadie de entre los oyentes (por no haber interpretación)?  Sin embargo, algunos corintios, con el don de lenguas, al parecer insistían en ejercer su don, y esto sin interpretación, sin tomar en cuenta el provecho de la iglesia reunida para ser edificada.  Pablo por nada haría tal cosa.

 

14:20 – ¡Niños, bebés, hombres! ver. 20.

-- Hermanos – Pablo introduce la exhortación expresada en este versículo, suavizándola con el término tierno, “Hermanos”.  Los corintios andaban mal, y tenían que ser reprendidos, pero Pablo siempre les amaba.

-- no seáis niños en el modo de pensar – En algunos aspectos, hay que emular a los niños, por ejemplo, en la humildad (Mat. 18:3,4), pero en otros aspectos, no hemos de imitarlos.  Al niño le llama más la atención lo que le entretiene que lo que le es necesario.  Piensa que vale más lo divertido y curioso que lo que le pueda beneficiar en la vida.  Dejado solo, el niño ¡comería solamente postre, y nada de verduras!

Los dones no eran juguetes para la diversión y pasatiempo del individuo en Corinto.  El criterio de él, o su modo de pensar, en parte era pueril.

-- sino sed niños en la malicia – Ahora, en el asunto de la malicia, los cristianos deben ser como los infantes, dice Pablo.  En la frase anterior Pablo emplea el vocablo paidion (niño); en ésta emplea el verbo nepiazo (ser bebé, o infante, como en 3:1 y en 13:11 donde el vocablo aparece en forma de sustantivo).  Los infantes no tienen nada de malicia.  En ese sentido, todos debemos ser como ellos.

Notemos estas versiones: “Hermanos, no seáis niños en cuanto a la inteligencia; sed niños pequeños en la malicia”(H.A.); “niños en vuestra manera de pensar; más bien sed niños (margen, nenes) en la malicia” (B.A.); “niños … niñitos” (L.A.); “niños … bebés” (ASV., ACT.); “niños … párvulos” (N.C.).

De esto se puede afirmar que el infante no tiene el llamado “pecado original”, ni la llamada “naturaleza pecaminosa”.  Está libre de toda malicia.

Había malicia en la vanagloria de algunos y en la envidia de otros en la iglesia en Corinto, con respecto a los dones.

-- pero maduros en el modo de pensar – El vocablo griego que Pablo emplea aquí, al decir “maduros”, lo emplea en 2:6 (madurez).  Este término se contrasta con “niño”.  Los corintios se portaban como niños al dar mucha atención a lo curioso y divertido del don de lenguas, en lugar de pensar como hombres crecidos y maduros que reconocen que el verdadero valor de las cosas consiste en lo práctico y útil de ellas.  Pensando como personas adultas, los corintios habrían visto que lo importante era la edificación de la iglesia y no la diversión de ciertos miembros con el don de lenguas.  Habrían guardado presente el propósito de los dones espirituales (12:7).

La Ver. ASV. dice, “men” (hombres), en lugar de “maduros”, porque Pablo hace  contraste con “niños” (niños / hombres), aunque en el margen dice, “gr., de edad madura”.

 

Compárese 16:13.

14:21 – Aquellos judíos del tiempo de Isaías eran incrédulos (y por eso habían sido hechos cautivos por los asirios), ver. 21.

-- En la ley está escrito – La frase, “la ley” no se limita al Pentateuco (de Génesis a Deuteronomio), sino a las escrituras (2 Tim. 3:15,16) de todo el Antiguo Testamento, pues aquí Pablo cita a Isaías.  Véase el uso de la palabra “ley” en tales pasajes como Jn. 10:34; 15:25; Rom. 3:19,20.

-- En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor – El pasaje referido es Isa. 28. 11,12.  Isaías estuvo dirigiéndose a los sacerdotes y profetas borrachos (ver. 7), profetizándoles que el pueblo Israel sería castigado por los asirios, una gente que para los israelitas sería de “lengua de tartamudos” o “extraña lengua”.  La conquista de los asirios sobre los israelitas, incrédulos a la palabra de Dios, cumplió esta profecía de Isaías.  Este es el punto de Pablo; a saber, que las lenguas son por señal a los incrédulos (ver. 22).  Los israelitas en el tiempo de Isaías eran incrédulos (desobe­dien­tes), y Dios en su providencia les habló en una lengua extraña, al enviar sobre ellos a los asirios.  Entonces verían los israelitas que Isaías les hablaba la verdad, y no sus líderes religiosos de aquel tiempo.  Dios confirmó su mensaje por Isaías con la “lengua extraña” de los asirios, lengua extraña no a los asirios, sino a los israelitas (quienes eran de la lengua hebrea).  Pero, a pesar de esta experiencia, aquellos judíos persistían en su incredulidad (desobedien­cia).

Así vemos, una vez más,  que las lenguas “extrañas” eran lenguas habladas por la humanidad, y no simplemente “habla extática”.  En este caso era la lengua de los asirios.  Dice Pablo, “otras lenguas, otros labios”, dándonos a entender que las lenguas referidas eran de unos dados pueblos; es decir, lenguas habladas en este mundo.

Los carismáticos se valen de la lectura en Isa. 28:11, nuestra versión, que dice, “en lengua de tartamudos”, para afirmar que al hablar ellos en lenguas es nada más tartamudeo, pero Isaías no dice, ”tartamudos”, sino “con gente de labios extraños y de otra lengua” (Ver. Mod.).  Los asirios no eran tartamudos.  Hablaban muy bien su lengua, pero al israelita cautivo le parecía muy extraña la lengua que se le hablaba allí en el cautiverio.  Le parecía como si el asirio estuviera tartamudeando.  Pero el apóstol Pablo da el sentido inspirado de Isaías 28:11, al decir, “en otras lenguas y con otros labios”.  Pablo no dice nada de tartamudos ni de tartamudear.   Las lenguas habladas en Corinto por el  Espíritu Santo eran lenguas habladas en el mundo, como por ejemplo la lengua asiria.  (Véase ver. 11, comentarios).

El propósito del don de lenguas era la confirmación milagrosa del mensaje divino (Mar. 16:17-20; Heb. 2:3,4).  El hablar en lenguas el día de Pentecostés (2:3-11) confirmó el mensaje predicado a incrédulos (ver. 22-36).  En Hech. 10:44-46 el ha­blar en lenguas de parte de Cornelio y los demás oyentes convenció a los hermanos judíos (incrédu­los con referencia a la aceptación de los gentiles) de que Dios había aceptado también a los gentiles para la salvación (11:15-18).   En Hech. 19:1-6 vemos que el hablar en lenguas confirmó la aprobación de Dios del rebautismo de esos discípulos, quitando así toda duda.  El hablar en lenguas era por señal  a los incrédulos, y para confirmar que el discurso de los mensajeros era de Dios.

Era un gran equívoco, pues, que los corintios trataran de imponer las lenguas en la iglesia.  El propósito de las lenguas no tuvo por objeto a los creyentes, sino a los incrédulos.  El don de lenguas era para los incrédulos una señal de la presencia divina en los mensajeros.  Ahora, los creyentes (como la iglesia en Corinto) no necesitaban de tal señal para aceptar la enseñanza apostólica.

 

14:22 – Las lenguas por señal a los incrédulos, ver. 22.

-- Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos – La frase, ”Así que”, introduce la conclusión de lo que Pablo decía en el ver. 21.  Con lo que ha probado, usando el pasaje en Isaías, Pablo hace la aplicación a los corintios con respecto a su abuso del don de lenguas.  Ellos eran creyentes, no incrédulos.  Las lenguas (sin interpretación, o traducción) no eran para el uso de ellos en la iglesia.

Como el asirio era lengua desconocida a los israelitas quienes eran de habla hebrea, así las lenguas habladas por el don de lenguas eran lenguas de otras gentes pero no de los corintios quienes hablaban el griego.

El don de lenguas era una señal o manifestación del poder de Dios en sus mensajeros, y la señal estaba dirigida a la persona incrédula.  El propósito de hablarla  era convencer al oyente que fuera de dicha habla, o lengua, que Dios estaba en la persona con un mensaje divino de salvación.  (Hubo elemento de advertencia de parte de Dios en una “señal”).  Esto lo vemos claramente ilustrado en el evento el día de Pentecostés (Hech. 2:8-11).  Véanse también a Mar. 16:20; Heb. 2:3,4.  En  Hech. 10:44-46 vemos que el don de lenguas se ejercitó para convencer a “incrédulos” de entre los cristianos judíos que dudaran de que la salvación en Cristo es para los gentiles también.  Este valor confirmatorio del don de lenguas se ve también en el caso de Hech. 19:1-7.

Las lenguas servían de señal; no eran para facilitar la predicación del evangelio en las diferentes naciones.  En aquel tiempo el griego era la lengua universal.

-- pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes – La profecía era un don, y por eso una señal de Dios, pero su objetivo principal era el creyente, porque se le dirigía en la lengua del oyente, para “edificación, exhortación y consolación” (ver. 3-5).  (Veremos en los ver. 24,25 que la profecía, por ser presentada en la lengua del oyente, podía beneficiar aun al inconverso).

 

14:23 – Un caso hipotético, para ilustrar el punto tratado, ver. 23.

-- Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? -- Sobre el término “indoctos”, véase ver. 16, comentarios.  Nuestra versión en el ver. 16 dice, “simple oyente”.  Es el “no iniciado” (Lacueva) en la lengua, o lenguas, extrañas que se estén hablando.  Los incrédulos son los no cristianos (como en el versículo anterior).

(Nótese que “la iglesia” no es un edificio, sino una gente que “se reúne en un solo lugar”).  Véase ver. 26.

Pablo supone un caso hipotético: Algunas personas griegas visitan la asamblea de los corintios.  Al entrar, ven que hay personas que toman la palabra pero que al hablar no se puede entender lo que están diciendo, por estar hablando en lenguas diferentes del griego.  Lo que ven les parece locura.  Dirán que los corintios están locos, porque siendo todos griegos, no se entiende lo que están diciendo los que tienen el don de lenguas.  Tal uso de las lenguas de parte de la iglesia en Corinto no edificaba a nadie, y dejaba una impresión grotesca en la vista de los visitantes.  (Tal es la impresión que dejan los glosólalas, los que reclaman hablar en lenguas hoy en día).

La impresión de “locura” no fue causada por hablar varias personas a la vez, sino por el simple hecho de que los visitantes griegos en Corinto no entendían las lenguas que se estaban hablando (ni tampoco entendía la iglesia).  Ahora, cuando se veía que por milagro se les hablaba a las personas en su propia lengua no griega, tal cosa les significaba mucho (Hech. 2:4-12).   En tal caso el hablar en lenguas les era una señal de que Dios hablaba por esas escogidas personas.  Pero en la asamblea de la iglesia en  Corinto no había personas presentes de otras naciones; todos eran del habla griega, y por no entender las “otras lenguas”(ver. 21) que se hablaban, concluían que los hermanos estaban locos.

En esta suposición de Pablo, él dice. “y todos hablan en lenguas”.  En realidad no todos tenían el don de lenguas (12:30).  Pero Pablo nada más quiere ilustrar la confusión y el malentendido que resultarían de tal abuso del don de lenguas, al ignorar los hermanos corintios el propósito de este don  del que todos estaban tan enamorados.

En el versículo anterior el incrédulo no cristiano entiende la lengua hablada, y por eso le sirve de señal divina; en este versículo no entiende y concluye que la iglesia está loca.

 

14:24 – La importancia de la comprensión (pues la profecía siempre se daba en la lengua común al orador y al oyente), ver. 24,25.

-- Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto – Ahora Pablo supone otro caso en que entra en la asamblea algún incrédulo o indocto (sobre estos dos términos, véase ver. 23, comentarios), y en lugar de estar toda la iglesia hablando en lenguas, todos los miembros están profetizando (sobre el profetizar, véase ver. 1, comentarios).  El punto de contraste entre los dos casos hipotéticos es que en el primero no se entendía lo que se decía, y en el segundo, todo se entendió y se lograron  efectos sobresalientes.  En esto consistía la gran diferencia entre el don de lenguas y el don de profecía.  Véanse ver. 1-5.

-- por todos es convencido – Mejor,  reprendido (ASV., N.T., LBL., ), censurado (N.M.), se sentirá argüido (N.C.), es acusado (ECU.), es redargüido (LAC.).  El mismo vocablo griego aparece en Jn. 16:8, “redargüido”(LAC.).  Es reprendido de sus pecados.

-- por todos es juzgado – La presentación de los mensajes de los profetas, dirigidos a la persona, le hacen ver su condición espiritual perdida.   Esa persona se autoexamina al oír la enseñanza en la profecía.

Cuatro son los buenos efectos del uso correcto del don de profecía en la asamblea en Corinto, al entrar un incrédulo en ella.  Dos de ellos se presentan en este versículo (la persona es redargüida y juzgada como culpable de sus pecados).  Dos más se presentan en el versículo siguiente.

 

14:25 -- lo oculto de su corazón se hace manifiesto – Los profetas exponen los motivos, los impulsos, y los deseos del corazón de la persona.  Compárese Heb. 4:12,13.  El evangelio es un espejo  en  que nos  vemos  verdaderamente.  Los mensajes exponen lo que sólo Dios y el individuo mismo pueden saber.  Todo se le revela abiertamente.

-- y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros – El efecto final de haber recibido la persona clara y directamente los mensajes de los que en la suposición profetizan, es que ella se postra en contrición y humildad, y se rinde a la voluntad de Dios.  Sólo Dios puede leer el corazón del hombre, y ya que estos profetas lo hacen, la persona tiene que concluir que Dios está entre ellos, obrando por conducto de ellos.  La persona ve su estado perdido y oye el evangelio salvador.  De todo esto resulta su conversión.

Mientras que en la primera suposición en que toda la iglesia habla en lenguas (ver. 23) el visitante concluye que los hermanos todos están locos, en esta segunda suposición de Pablo el visitante concluye que Dios está en medio de la iglesia.  Grande es, pues, la importancia del entendimiento, o la comprensión, en las actividades de la iglesia local.  Véase ver. 2, comentarios sobre “entender, entendimiento … edificar, edificación”.  Sin discusión, mayor es el don de profecía que el don de lenguas (si no hay interpretación), ver. 5.

 

14:26 – Los corintios no deben olvidarse del propósito de los dones, que es la edificación de la iglesia entera, ver. 26.

-- ¿Qué hay, pues, hermanos? -- Véase ver. 15, comentarios.  Pablo ahora dirige la atención de los corintios a la conclusión del asunto.  No quiere que nadie lo  entienda mal.  Ciertamente Pablo no está implicando que el don de lenguas no tenga parte alguna en la asamblea de la iglesia.  En este versículo comienza a hablar del uso correcto de los  diferentes dones.

-- Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene -– Las instrucciones que Pablo está para dar tienen que ver con actividades en la asamblea de la iglesia (y no en alguna situación como la que se presenta en una clase bíblica compuesta de algunos miembros en particular).  Nótese el ver. 28, “en la iglesia”; es decir, en la asamblea.  Compárense  ver. 23; 11:17,20.

El texto griego no dice, “cada uno de vosotros”, sino, “cada uno”.  No dice Pablo que la membresía entera tenía cada quien todos los dones, sino que uno tenía cierto don, y otro, tenía otro don.  Esto indica que un buen número de los hermanos, teniendo un don que ejercer, participaba en los servicios públicos.  No había ninguna distinción entre el llamado clero y los llamados seglares o laicos, para que solamente los “cléri­gos” dirigieran las asambleas.

Ahora Pablo menciona cinco actividades asociadas con algunos dones milagrosos: salmo, doctrina, lengua, revelación, e interpretación.  (Véase ver. 6, comentarios).  En este versículo se implica que había algo de desorden en la asamblea al ejercerse estos dones.  La confusión resultante ha de haber producido a la vez contención entre los participantes.  Por eso la asamblea no se edificaba.

-- tiene salmo -- Ya vimos en el ver. 15 que a veces el don de lenguas se manifestaba en la forma de un himno cantado en una lengua desconocida.  Sí, en un caso de éstos la persona sola cantó (y después siguió la interpretación, ver. 27).  Fue un “solo”.  ¡Todos  los dones se ejercitaban en “solos”!; es decir, se ejercitaban uno por uno, y no al mismo tiempo, cosa que resultaría solamente en confusión (ver. 27-33).   Pero los “solos” de hoy en día, en las iglesias denominacionales y en algunas iglesias de Cristo, no hallan autorización en este pasaje, pues éste trata del ejercicio de dones milagrosos, y no de demostraciones de talentos en el campo de la música, un miembro dando entretenimiento a los demás en la asamblea.   Fuera del contexto de dones milagrosos, vemos que la música en el culto de la iglesia debe ser congregacional (Efes. 5:19, “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales”; Col. 3:16, “enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando…”).

¿Cómo puede ser prueba de autorización para los “solos” musicales en las iglesias de hoy en día un pasaje que sirve de reprimenda apostólica?  La frase “cada uno” (ekastos)  aparece también en 1:12 (cada uno expresaba su partido), y en 11:21 (cada uno se adelantaba a tomar su propia cena).  Ahora Pablo presenta este “indivi­dualismo egoísta”, al decir que “cada uno tiene un salmo”, etc., deseando la persona ejercitar su don sin observar los reglamentos que debían gobernar a los dones.  Véanse ver. 31,32.

Los coros y “solos” de hoy en día siempre son presentados de parte de personas bien entrenadas en la música, y el resto de la iglesia, que es la mayor parte, nada más son espectadores.  No hubo nada de esto en la iglesia primitiva, ni siquiera en el tiempo de los dones espirituales.

Un “salmo” es un cántico de alabanza, semejante a los salmos del Antiguo Testamento.  Los salmos aquí referidos eran cánticos de alabanza que el Espíritu Santo dictaba a la persona.

La palabra griega, en forma verbal, es psallo, y según el erudito lexicógrafo Thayer, significa “en el Nuevo Testamento cantar un himno, celebrar las alabanzas del Señor”.  Radicalmente significaba tocar cuerdas, y de eso tocar instrumentos musicales,  pero con el tiempo perdió ese sentido.  No obstante, al cantar se “tocan” las “cuerdas” del corazón: “entonando salmos con el corazón” (Lacueva, Efes. 5:19).  El “instru­men­to” que se debe usar en  este acto de culto  es el corazón, el instrumento que fue creado por Dios y no los hombres.

Véase ver. 15, comentarios sobre psallo.

-- tiene doctrina – Véase ver. 6, comentarios sobre “doctrina”.  El contexto demanda que se entienda aquí la doctrina que venía por intervención directa del Espíritu Santo.  Aquí no se trata de enseñanza no inspirada.  Véase ver. 19, comentarios sobre “enseñar”.

-- tiene lengua – Véase 12:10, comentarios sobre “lenguas”.

-- tiene revelación – Véase ver. 6, comentarios sobre “revelación”.  Pudo haber habido revelaciones aparte del conducto del profeta, pero de todos modos las verdades reveladas siempre procedían del Espíritu Santo y nunca de la intuición o del subjetivismo del hombre no inspirado.

Se debe guardar presente que no puede haber hoy en día revelaciones nuevas, por no haber ahora dones espirituales.

-- tiene interpretación --  Véase 12:10, comentarios sobre “interpretación de lenguas”.

Nadie hoy en día puede hacer lo que era hecho en la iglesia primitiva, según este ver. 26, por la simple razón de que ya no existen dones milagrosos.

-- Hágase todo para edificación –  Aquí tenemos la contestación correcta de la pregunta con que Pablo comienza este versículo.

Los dones no eran para uso ni provecho personal.  El objeto singular al ejercerse los diferentes dones milagrosos era la edificación de la iglesia.  Véanse también los ver. 4,5,12,17; Rom. 14:19.

Usar los dones para llamar la atención, por ser algunos de ellos muy espectaculares, era abusar de ellos y a la vez mostrar vanagloria.  El bien (en este caso, la edificación) de la iglesia siempre era el objeto principal en el uso de los dones espirituales.  El individuo era nada más el vehículo escogido por el Espíritu Santo para que los diferentes dones lograran este propósito santo.

 

14:27 – Lenguas, sí, pero con interpretación.  Si no hay intérprete, el que habla en lenguas debe callar, ver. 27,28.

-- Si habla alguno en lengua extraña – Sobre la frase “lengua extraña”, véanse ver. 4, comentarios; 12:10, comentarios.  Omítase, pues, la palabra “extraña”.  Pablo sigue hablando acerca del uso correcto de los dones milagrosos en el culto en el siglo primero.

-- sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno – Aquí Pablo limita a tres las personas  que pueden hablar en el culto para el ejercicio del don de lenguas.  Además, especifica que los participantes en este acto ejerzan su don uno por uno, y no dos o más personas a la vez.  Este mandamiento implica que en la iglesia en Corinto tal problema existía.  Los pentecosteses deben poner más atención a este mandamiento del Señor (ver. 37).

Al parecer, el culto público en Corinto tendía a ser dominado por los glosólalas.

-- y uno interprete – Sobre el interpretar, véanse ver. 5,13, comentarios; 12:10, comentarios.  (Un juego de sonidos, producido por un éxtasis, no tiene significado, y por eso no puede ser traducido o interpretado).

Este mandamiento limitaba a un sólo hermano la tarea de interpretar a los hermanos que tenían el don de lenguas.

Todo este proceder traería a la iglesia edificación, y evitaría la confusión y la contención.

 

14:28 -- Y si no hay intérprete – Sobre “intérprete”, véanse con sus comentarios los pasajes indicados en el versículo anterior.  El intérprete por supuesto tenía el don de interpretación.  No habiendo en una dada ocasión un intérprete, al que podía  hablar  lenguas se le prohibía ejercer su don.

-- calle en la iglesia – El glosólala estaba en control del don, y por eso podía recibir y poner por obra las instrucciones de Pablo.  Compárese ver. 32.  El podía determinar antes de hablar (en lengua) si había, o no, algún intérprete presente.  (No es así con el carismático moderno, que reclama no poder menos que ejercer su “don”.  El no se preocupa por la posible interpretación de lo que reclama que vaya a decir.  El hombre en un éxtasis siempre da rienda suelta a sus emociones.  Por eso sabemos que el éxtasis no tiene cabida en este contexto de 1 Corintios.  Aquí Pablo regula el ejercicio del don de lenguas.  Es obvio, pues,  que estos dones no se ejercían espontáneamente).

Sin el ejercicio del don de interpretación, el ejercicio del don de lenguas no servía para nada, en la edificación de la iglesia.  Esta es la lección de 12:12-31.

(Aquí, como también en el ver. 30, tenemos un caso de callarse el varón en la asamblea.  La feminista debe tomar nota de ello, y guardarlo presente cuando lleguemos al ver. 34.  En los tres versículos se emplea el mismo verbo griego, sigao).

-- y hable para sí mismo y para Dios – Véanse los ver. 2,4,14, comentarios.

La prohibición apostólica, de no hablar en lengua en ausencia de un intérprete, tenía valor solamente en la asamblea; en privado el glosólala podía ejercer su don para provecho personal.  (No dijo Pablo que el glosólala podía hablar en lengua en la asamblea, con tal que nada más susurrara; dijo “hable para sí mismo”, no “susurre”.  Esto significa su completo silencio ante la asamblea). 

14:29 – Profetizar, uno por uno.  Nada de confusión, los ver. 29-33.

-- Asimismo – Como en el caso del glosólala, también hay reglamentos para los profetas.

-- los profetas hablen dos o tres – Compárese ver. 27.  Se les limitaba a los profetas el mismo número de presentaciones en la asamblea que a los glosólalas.

-- y los demás juzguen – La congregación, al oír los mensajes de los profetas, tenía la obligación de oír con cuidado para poder discernir correctamente el sentido de ellos, y así aprender y ser exhortada (ver. 31).  (Es cierto que había, entre otros dones, el de discernir espíritus, 12:10, pero no me parece que aquí se refiera Pablo a él.  La frase, “los demás” (“los otros”, dice el texto griego), según el contexto (véase ver. 26) serían los hermanos de la congregación.  Para referirse Pablo específicamente a los que tenían el don de discernir espíritus, dado que no hablaba explícitamente de ellos, habría tenido que ser más específico en su manera de expresarse.

Estos profetas hablaban por dirección del Espíritu Santo; por eso en este caso no había necesidad de discernir espíritus.

Pero sí existirían casos de intervención de falsos profetas y en dados casos la obra del don de discernir espíritus tendría su ocasión.  La iglesia primitiva tenía que cuidarse de los falsos profetas como también lo tiene que hacer la iglesia de hoy en día.  Considérense estos pasajes: Hech. 17:11; 1 Tes. 5:21; 1 Jn. 4:1; Apoc. 2:2.  Recordemos las palabras de Pablo: “de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar  tras  sí  a  los  discípulos” (Hechos 20:30).

 

14:30 -- Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero – La costumbre en la asamblea era que el orador se pusiera en pie para hablar, y que la congregación estuviera sentada.  Compárese la situación en la sinagoga (Luc. 4:16-20; Hech. 13:14-16).

Ahora, dice Pablo que, si mientras habla un profeta, parado ante la congregación, a otro profeta se le revela un mensaje del Espíritu Santo, el primer profeta debe dejar de hablar, terminando su discurso, y cediendo su vez, para dar al segundo oportunidad para hablar.  (Esto bien lo podía hacer, ver. 28,32).  Por nada se permitía que dos personas estuvieran hablando al mismo tiempo por la simple razón de que tal acto sería caso de confusión y sin provecho alguno para la iglesia.  Véase ver. 27, “por turno”.  Ha de prevalecer el buen orden en las asambleas (ver. 40).  Dios no es Dios de confusión (ver. 33).

Véase ver. 28, sobre “callar”.

 

14:31 – Porque – Esta palabra introduce una explicación de lo que se dice anteriormente (ver. 29,30).

-- podéis profetizar todos uno por uno – La palabra “todos” se refiere a los profetas.  Todos los profetas tendrían su tiempo para ejercer su don, hasta tres de ellos en un dado servicio (ver. 29), y los demás en otros servicios.  En cada ocasión, solamente uno  de los profetas estaría hablando a la vez.  En todo debía ejercerse el control para el buen orden y el provecho mutuo.  (Esos “todos” no eran los miembros de la iglesia, pues no todos tenían el don de profecía, 12:29)

-- para  que  todos  aprendan, y todos sean exhortados – El buen orden demanda que cada acto se haga con algún propósito.  El propósito aquí es que la iglesia entera  aprenda  y  reciba exhortación, o consolación.  El profeta, pues, al profetizar enseñaba verdades de Dios que la congregación aprendía, y revelaba verdades que exhortaban a la iglesia en sus deberes como cristianos, y que consolaban a los hermanos en sus aflicciones.

Sobre el verbo griego, aquí traducido “exhortado”, véalo en 1 Tes. 3:2 (exhorta­ros).

(Uno de los propósitos principales de la asamblea es que la congregación aprenda.  El plan de Dios es un plan de enseñanza.  Considérense estos pasajes: Isa. 2:3; Jn. 6:44,45;  Rom. 6:17; Efes. 4:20,21; Col.2:6,7; 2 Tim. 1:13.  En nuestros tiempos modernos muchos menosprecian la enseñanza en la asamblea, prefiriendo más bien el entretenimiento). 

 

14:32 – Y—Ahora tenemos una consideración adicional.

-- los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas – Los “espíritus” aquí referidos o son los “dones espirituales” (es decir, “espíritus”; véase ver. 12, comentarios) que recibían los profetas para poder profetizar, o son los mismos espíritus que cada profeta poseía en común con el resto de la humanidad.  Cada quien tiene su espíritu de Dios (Heb. 12:9).  El texto griego emplea la misma palabra, pneuma, en los dos pasajes (ver. 12,32).

Cualquier de las dos interpretaciones rinde la misma conclusión de que el profeta bien podía ser regulado por las instrucciones de Pablo con referencia al uso ordenado del don de profecía.  Según la primera interpretación, el Espíritu Santo, al inspirar al profeta con un mensaje divino, no dominaba la voluntad del profeta a tal grado que el profeta no pudiera callarse en el debido momento.  Los “espíritus” (es decir, los mensajes recibidos por medio de los “dones espirituales”, ver. 12) estaban sujetos a la voluntad (espíritu) de los profetas.  Ellos podían hablar o callar, y tomar turnos, según su propia determinación.  No estaban en ningún éxtasis que les quitara el control que tenían sobre sí mismos.  No hubo excusa alguna por qué no callar ni tomar turnos según las instrucciones de Pablo.  (No ha sido así con las reclamaciones de los falsos profetas que, estando en éxtasis, no se controlan en nada).

Según la segunda interpretación, dice Pablo que cada profeta tiene su voluntad (espíritu) en control y fácilmente puede ejercer su don según las instrucciones apostólicas.  El don de profecía no dominaba el espíritu del profeta, sino su espíritu dominaba al ejercicio del don.

Las dos interpretaciones a mi juicio caben en este versículo, en cuanto a aplicación, pero la primera me parece la correcta, basándome en el uso de la palabra griega, pneuma, en el ver. 12, como aquí en el 32.

Los pentecosteses, y otros carismáticos, por su propia conducta se revelan como falsos cuando pierden control de sus voluntades bajo la influencia del éxtasis, reclamando no poder callar por tener al Espíritu Santo por encima.

 

14:33 – pues— Mejor, según el texto griego, “porque”.  Así se expresan varias versiones buenas. Pablo aquí da la razón de lo que acabó de decir en los ver. 30-32: es así porque Dios no es de confusión, sino de paz.

-- Dios no es Dios de confusión, sino de paz – El texto griego no repite la palabra “Dios”.  Dice Lacueva, siguiendo el orden de las palabras griegas, “porque no es de tumulto Dios”.

El no causa la confusión (tumulto, agitación, desorden—Luc. 21:9, sediciones; 2 Cor. 6:5, tumultos; Sant. 3:8, <un mal> turbulento, B.A.), ni aprueba la confusión de otros.  (Los glosólalas modernos producen en sus reuniones un montón de confusión, al usar su habla extática varios al mismo tiempo mientras que otros en la asamblea contribuyen a la confusión con sus expresiones de emoción desenfrenadas).

La paz y el buen orden en los servicios públicos, cosa que Dios demanda, son tomados como seña de muerte por los pentecosteses.  Ellos buscan más bien lo que llaman “vida”, que es nada menos que el emocionalismo, la gritería, el clamor, y la confusión en sus asambleas.

Los ver. 34,35 hablan de callar la mujer en la iglesia (la asamblea).

-- Como en todas las iglesias de los santos – Las iglesias de Cristo (Rom. 16:16), compuestas de santos (Efes. 1:1), tienen ciertas marcas o señas de identidad (recuérdese 11:16), ciertas prácticas universales, entre las cuales están el buen orden y la debida reverencia en el culto de la asamblea.  Por eso las mujeres de este contexto (ver. 34,35) deben guardar silencio (callar, véase ver. 28, comentarios) en la asamblea durante el culto.

Creo que la frase que estamos comentando pertenece más bien al ver. 34.  Si es así, debe ser leída en conexión con la frase que sigue (al principio del ver. 34).  Aparte de nuestra versión (1960), las siguientes versiones ponen el punto final después de la palabra “paz”, y comienzan la frase nueva (con letra mayúscula) con la palabra “Como”: ASV., H.A., NVI., N.M., LAC., N.C., B.J., 1997, 1990, y otras.

Los santos, según el uso de la palabra en el Nuevo Testamento, son los cristianos, personas que han sido apartadas (santificadas) del pecado por medio del evangelio de Cristo (véanse 1:2; 6:11, comentarios).  Según el catolicismo romano son una categoría especial de personas en el cielo, merecedores de una recompensa singular, y cuyos nombres se usan para intercesión ante Dios.   Tal concepto es completamente antibíblico.  Toda persona bautizada en Cristo Jesús es un santo.

 

14:34 – (Como en todas las iglesias de los santos) vuestras mujeres callen en las congregaciones (o asambleas en Corinto, ver. 26); Pablo continúa dirigiéndose al problema de desorden en las asambleas de la iglesia en Corinto.  Otro problema consistía en que ciertas mujeres (las esposas de los profetas) participaban en la confusión, al hacer preguntas a sus maridos respecto a sus profecías, y esto de manera pública, hablando delante de la iglesia sin autorización bíblica.  Se entrometían en el culto público.

El texto griego no dice “vuestras” mujeres, sino “las mujeres”.  Al decir Pablo “las”, tiene en mente un grupo particular de “mujeres”, que según el contexto (ver. 35) eran esposas, pues tenían maridos.  ¿De quiénes eran estas esposas?  Otra vez reina el contexto.  En los  versículos anteriores (los 29-33) Pablo se ha dirigido a los profetas.  Luego aquí en este versículo dice las esposas (de éstos), y en seguida vuelve a hablar acerca del profeta (ver. 35-37).  Por eso Pablo  tiene que estar hablando acerca de las esposas de los profetas, y nos informa que éstas causaban parte de la confusión al hablar públicamente en las asambleas, preguntando a sus maridos, en lugar de esperar para preguntarles en casa.

A estas mujeres (esposas) se les manda que callen en las asambleas.  Aquí Pablo emplea el mismo verbo griego (sigao) que emplea en los ver. 28 y 30.  Como en esos dos versículos el silencio mandado tiene que ver con no dirigirse al público en discurso, aquí también tiene el mismo sentido.  A esas mujeres, las esposas de los profetas, se les manda callarse en el sentido de no participar en la presentación de discurso o plática en público.  No es una prohibición que signifique no pronunciar palabra alguna bajo ninguna circunstancia. 

-- porque – Ahora Pablo da la razón de por qué esas mujeres (esposas) debían callar en las asambleas en lugar de participar juntamente con sus maridos, los profetas, en la presentación de discursos.

-- no les es permitido hablar – El hablar que Pablo tiene en mente es el mismo hablar de los glosólalas y de los profetas; es decir, el acto de presentar discursos en público.

Esta prohibición no es absoluta.  Claro es que tanto esas mujeres como también los glosólalas y los profetas podían “hablar” en el canto (Efes. 5:19), en el decir el Amén al final de las oraciones (1 Cor. 14:16), o en el confesar pecados públicos (Hech. 8:24).  Ellas podían en voz baja corregir a sus niños.  La Biblia no se contradice.  No se trata del “hablar” de tales casos. El “ha­blar” y el “ca­llar” del contexto tienen que ver con el presentar discurso público, o no.

-- sino que estén sujetas – El texto griego aquí emplea la voz media, indicando así que el sujeto ejecuta la acción para sí mismo o por su interés.  (Por ej., Me lavo las manos para comer).  Notemos las versiones  siguientes:  “que  se sujeten” (B.A.),  “deben mantenerse sumisas” (NVI.), “les toca … vivir sujetas” (N.C.), “que se muestren sumisas” (ECU.).  Esta sumisión tiene que ser voluntaria.

-- como también la ley lo dice – La ley de Moisés lo dice en Génesis 3:16.  Considérense también 1 Cor. 11:3; 1 Tim. 2:11-15; 1 Ped. 3:1,5,6; Efes. 5:21,22; Col. 3:18.

Las esposas de los profetas habían de callar  (guardar silencio) mientras sus maridos ejercían el don de profecía.

 

14:35 -- Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos – Las mujeres de este contexto, las esposas de los profetas, contribuían al tumulto en las asambleas, haciendo preguntas a sus maridos que profetizaban y posiblemente discutiendo sobre las respuestas.  Todo esto se hacía en público, ante la iglesia reunida.  Lo hacían bajo el pretexto de querer aprender algo.  (No estaban justificadas en esto, aunque es cierto que aprender era uno de los propósitos de oír la profecía, ver. 31).

La solución para el problema estaba en que esas mujeres, respetando su sujeción al varón (ver. 34, 11:3), preguntaran a sus maridos en casa.

-- porque – Sigue la razón de por qué debían las referidas mujeres preguntar a sus maridos en casa, en lugar de hablar en público en las asambleas.

-- es indecoroso – El vocablo “indeco­ro­­so” traduce la palabra griega, aiskron, que aparece en 11:6, vergonzoso; Efes. 5:12, vergonzoso; Tito 1:11, deshonesta.

-- que una mujer hable en la congregación – Esta verdad se aplica a toda mujer en cualquier época; sea durante el período de los dones milagrosos en el siglo primero, o sea ahora que ya no existen tales dones.  En el texto griego no aparece artículo definido ante la palabra “mujer”, dando a entender que se hace referencia a cualquier mujer.

Aunque no hay esposas de profetas hoy en día, por no haber profetas ahora, Pablo hace la aplicación a toda mujer de lo que dice a aquellas mujeres en particular (pues ellas eran quienes causaban un problema en particular).  Esta prohibición tiene sus raíces en lo que Dios dijo en el principio (Gén. 3:16), cosa que Pablo por el Espíritu Santo repite en 1 Tim. 2:13,14, y no supuestamente en base a la cultura del día.

Se le prohíbe a una mujer hablar en la asamblea.  Hay que guardar presente que de esto trata Pablo en este pasaje, y que al decir “hablar”, trata de presentar discursos o palabras de dirección como si ella fuera varón.  Véanse los comentarios sobre “hablar” en el ver. 34.

* * * * *

ALGUNAS OBSERVACIONES GENERALES:

1. En las iglesias humanas (católicas y protestantes) en los tiempos de la actualidad más y más se está introduciendo la mujer en la dirección de los cultos públicos y en la administración (el clero) de dichas iglesias.  Esto se debe al modernismo clásico que controla a las denominaciones principales de hoy en día.  Más y más iglesias de Cristo en los EE.UU. se están moviendo en la misma dirección antibíblica.

2. Los modernistas acusan a Pablo, y a los que hoy en día abogamos por la doctrina apostólica (Hech. 2:42; 1 Jn. 4:1-6) de ser machistas o  chauvinistas, mal representándonos de tener prejuicios en contra de la mujer, al no permitir que ella participe en el liderazgo de la iglesia local.  Pero el caso es todo lo contrario: son ellos los que tienen prejuicios, teniéndolos en contra de la Palabra de Dios.  ¡No temen a Dios, ni respetan su palabra!  Ellos acusan a Pablo de prohibir a la mujer hablar en la iglesia (en el sentido del contexto que estamos comentando) porque era soltero, y no hombre casado.  Tal argumento implica que las Sagradas Escrituras son la palabra de hombres ordinarios, y por eso nada inspirados por el Espíritu Santo.  ¡Los modernistas niegan la inspiración de las Escrituras!  Mis hermanos en la fe, que hacen los mismos argumentos que se basan en la cultura del día, revelan que están contagiados del modernismo.  Tampoco respetan éstos la inspiración de las Escrituras.  La cuestión del papel de la mujer en la iglesia no tiene nada que ver con la cultura del día.

3. Se nos objeta que si las mujeres de este contexto son específicamente las esposas de los profetas, entonces se sigue que las otras mujeres sí tienen permiso de hablar en público en las asambleas.  Pero la evidencia demuestra que no es así, porque Pablo aplica la prohibición a toda mujer (ver. 35, comentarios sobre “una mujer”).  1 Tim. 2:12 también entra en el caso.

Los que aplican las mujeres de este contexto a todas las mujeres en general, comúnmente niegan que la mujer del 11:5 sea la profetisa con derecho de hacer exactamente lo que hacía el profeta.

4. No hay ninguna contradicción entre el profetizar en público la profetisa (véase 11:5, comentarios) y la prohibición de 14:34,35.  La profetisa, por estar haciendo la misma cosa que el profeta, mostraba su sujeción al varón al llevar el velo cuando ejercitaba su don.  Pero las mujeres de 14:34,35 no eran mujeres inspiradas; eran las esposas de los profetas, y no les tocaba hacer lo que el varón hacía.  Hubiera sido cosa vergonzosa hacerlo.  Esto es cierto en cuanto a cualquier mujer (ver. 35).  Hoy en día no hay profetisas, y por eso no debe hablar  ninguna mujer en los servicios públicos de la iglesia.  Véase 11:9, comentarios.

Pablo no diría a la profetisa hacer algo en el capítulo 11, para luego prohibírselo tres capítulos más tarde (en el 14).

5. Los hermanos anti clases bíblicas (los que se oponen a las clases) ignoran el contexto al aplicar la prohibición de Pablo a las mujeres que enseñen niños en clases bíblicas.  Es obvio que Pablo trata de la asamblea y del culto público.

 

14:36 – ¿Creéis que sois caso especial (para que podáis abusar de los dones espirituales?  ver. 36.

-- ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado? --  Estas dos preguntas retóricas tienen por propósito hacer ver a los corintios que ellos no estaban en un caso especial para que pudieran justificarse en causar confusión y contención en la iglesia local a consecuencia del mal uso de los dones milagrosos y de la indebida participación de ciertas mujeres.  Las preguntas son una fuerte reprensión que se da al orgullo de los corintios en el asunto.

El evangelio salió de Jerusalén (Hech. capítulo 2), según la profecía (Isa. 2:3), y no de Corinto.  Además de eso, cuando por fin salió de Jerusalén, no llegó directamente a Corinto, sino que se esparció por toda Judea, y luego por Samaria, y entonces a otras partes más lejanas (Hech. 1:8).  Las prácticas en Corinto, en el uso indebido de los dones, contradecía las prácticas ya establecidas en otras iglesias primitivas (ver. 33; 4:17; 7:17).  Tocaba a la iglesia en Corinto imitar a esas congregaciones, y no cambiar las buenas prácticas como si ellos fueran algo especial en la vista de Dios.  El evangelio no se originó con ellos, ni llegó sola ni directamente a ellos.  No eran la “iglesia madre”.  ¡No eran únicos en la hermandad!

Toca a cualquier iglesia local de cualquier época someterse al patrón de la iglesia primitiva, siguiendo las prácticas apostólicas.  No está autorizada ninguna práctica que no haya sido establecida por obedecer un mandamiento directo, por imitar un  ejemplo apostólico, o por hacer a una inferencia necesaria.  La “palabra de Dios” es la que rige (2 Tim. 4:1-14).  Ella es la Corte Suprema.  Ella es el evangelio.

 

14:37 – La doctrina apostólica juzga a todo aquel que pretende estar haciendo la voluntad de Dios, ver. 37.

-- Si alguno se cree profeta, o espiritual – Pablo sigue reprendiendo el orgullo de los corintios.

Sobre “profeta”, véase 12:10, comentarios.   Sobre “espiritual”, véase 2:15, comentarios. “Espi­ritual” (pneumatikos 14:37;  Gál. 6:1; 1 Ped. 2:5; etc.)  significa una persona llena del Espíritu Santo o guiada por él.  Aquí Pablo se refiere a la persona en Corinto con un don milagroso, proporcionado por el Espíritu Santo (12:1; 14:1.  Véanse los comentarios sobre estos dos pasajes).  Pablo tiene en mente en particular a los glosólalas, a los profetas, y a las mujeres que alteraban el orden de entre los corintios (los ver. 26-33) .

-- reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor –  La persona en la iglesia en Corinto, si reclamaba tener algún don espiritual (milagroso), a la vez tenía que reconocer y obedecer lo que Pablo aquí en este capítulo estipula, pues era nada menos que mandamiento del Señor.

Nadie podía usar su don de manera diferente, y a la vez reclamar estar haciendo la voluntad de Cristo, pues el don como también los escritos de Pablo, del mismo Espíritu eran.   Dios entregó sus mandamientos por medio de sus apóstoles (1 Jn. 4:6; Hech. 2:42; Mat. 10:1,40).  Compárese Jn. 8:47.   El “Señor” aquí referido por supuesto es Jesucristo (Hech. 2:36).

Por ejemplo, Pablo no escribía según sus propios prejuicios (de ser soltero), ni según los dictámenes de la cultura actual, al escribir las palabras del ver. 34.  ¡Escribía lo que el Señor Jesucristo mandaba!  Esta frase del ver. 37 es una gran declaración de la inspiración de las Escrituras. (Véase 2:10-13, comentarios sobre la inspiración).  Los modernistas, inclusive algunos hermanos míos en la fe, que atribuyen las palabras de Pablo en el ver. 34 a sus prejuicios, o a la cultura del día, ¡están negando la inspiración de las Escrituras!  Si las palabras del ver. 34 no son palabras del Señor Jesucristo, entonces ¡Pablo mentía!  Véase 7:40, comentarios.

En el texto griego, la posición de las palabras (“del Señor es mandamiento”) da todo el énfasis a la palabra “Señor”.  Sí, lo que Pablo escribe es mandamiento, pero del Señor es mandamiento.  El que se opusiera a Pablo en Corinto, como cualquier persona de nuestros tiempos, se opondría a Cristo mismo.  No tenemos la libertad de irnos más allá de lo que los hombres inspirados han escrito.  Véase 4:6, comentarios.

No es necesario que haya apóstoles vivos hoy en día porque tenemos todos los mandamientos del Señor en forma escrita.

Hoy en día hay hermanos en la fe que tildan a las cartas del Nuevo Testamento de “cartas de amor”, como si no tuvieran la misma importancia que los cuatro evangelios (de Mateo a Juan), distinguiendo ellos entre lo que llaman “el evangelio” (de Mateo a Juan) y “la doctrina” (de Hechos a Apocalipsis).  Pero Pablo dice que su carta a los corintios contiene en sus escritos ¡lo que Dios ha mandado!  Ciertamente no hay nada más importante que los mandamientos de Dios.

 

14:38 – Para algunos no hay remedio, ver. 38.

-- Mas el que ignora, ignore – Otras versiones dicen: “Pero si alguno no reconoce esto, él no es reconocido” (B.A.); “Mas si alguno lo desconoce, él será desconocido” (H.A.); “Si alguno no lo reconoce, él no es reconocido”  (L.A.);  “pero si alguno (lo) ignora, es ignorado” (LAC.).  Estas cuatro  versiones, y otras, siguen los manuscritos que emplean el verbo agnoeitai, que es de la voz pasiva (“es ignorado”), mientras que nuestra versión, y otras, siguen los manuscritos que tienen el verbo agnoeito, que es del modo imperativo (“ignore”).

Según nuestra versión, Pablo dice que la persona que ignora las instrucciones apostólicas que Pablo ha dado y que a la vez ignora el mandamiento del Señor, que esa persona ignore y que sufra las consecuencias de su ignorancia.  No hay más que decirle.  Su indiferencia hacia la verdad no merece más atención.

Según las otras versiones, dicha persona que lo ignora es ignorado (por Dios, y por consiguiente, por la iglesia).  No se puede comulgar con quien no se someta a la autoridad apostólica. 

Los manuscritos considerados muy buenos emplean el verbo agnoeitai, y tienen