NOTAS SOBRE 1 CORINTIOS

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, 1997)  

 

 

 

CAPITULO 2

 

            2:1 --  Así que -- Recuérdese que Pablo no dividió en capítulos su carta.  Al escribir las palabras de 1:31, pasó a escribir las de 2:1.  Al escribir “Así que” hace una conexión, pues, con lo que acabó de afirmar; a saber, que el evangelio de Cristo no era sencillamente otra de muchas filosofías corrientes.  Los judíos y los griegos rechazaban al evangelio.  Era atractivo solamente para los humildes, los “cargados y trabajados”, espiritualmente hablando (Mat. 11:28-30).  Los hermanos de Corinto eran prueba de ello (1:26-28).

            --hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría --  Por eso Pablo no llegó a Corinto (Hech. 18:1 y sig.) portándose como lo hubiera hecho un filósofo griego de aquel tiempo.

            El “testimonio de Dios” en este contexto se refiere al testimonio que Dios dio.  En 1:18 se llama el evangelio de la cruz de Cristo, y en 1:23 se llama el mensaje del Cristo crucificado.  Se identifica así en el próximo versículo de este capítulo.  Véase 1:6, comentarios.  Compárese 2 Tim. 1:8.

            El evangelio  de  Cristo   no   depende del alta educación humana que puede hablar con oratoria impresionante (“excelencia de palabras”, “osten­ta­ción de elocuencia” NVI., “extravagancia de habla” N.M.).  Véase 1:17,18, comentarios.  Cuando Pablo llegó a Corinto, el mensaje que trajo fue el evangelio.  No trajo alguna filosofía humana que hiciera discípulos por medio de una superioridad de habla de parte del orador filosófico.  La verdad no depende de cierta manera de hablar de parte del predicador.

            La palabra griega para decir “excelencia” aquí aparece también en 1 Tim. 2:2, “eminencia” (alta posición, Lacueva).

            Hay hermanos a quienes les gusta emplear los servicios de predicadores con fama de periodista, de catedrático o de redactor de publicaciones, y con vocabulario elevado, etcétera, porque saben que tales hombres pueden atraer a la gente.  Según el ver. 3 de este capítulo, y 2 Cor. 10:10; 11:6, ¡no habrían invitado al apóstol Pablo a predicar en su conferencia!

            Tampoco usó Pablo de la “sabiduría”.  Como “palabra” en este versículo se refiere a la manera de presentación pública, “sabiduría” se refiere al contenido.  En otras palabras, Pablo no llegó a Corinto con una mera filosofía.

            Compárese 1:5.  Véase 1:17,  comentarios.

 

            2:2 -- Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado -- La razón, de por qué no llegó a Corinto anunciando el evangelio por medio de predicación elocuente y filosofía humana, se ve en las palabras de este versículo.  El se había propuesto no saber entre ellos ninguna cosa excepto la persona de Jesucristo y lo que él ha hecho por el hombre al morir en la cruz.  Solamente en esto consistían las buenas nuevas, y solamente en esto iba a ocuparse.  No iba a descubrir o revelar cosa distinta a la gente.

            Yo entiendo que Pablo usa la palabra “saber” en el sentido de descubrir o revelar.  (Thayer da la palabra “descubrir” como una de las posibles definiciones de la palabra griega).  Claro es que en Corinto Pablo sabía muchas cosas (su nombre, la hora del día, dónde quedaba su casa, etcétera, etcétera).  Pero en cuanto a su propósito de estar en Corinto, no sabía (revelaba) otra cosa sino la necesidad que tiene el pecador de la muerte de Cristo en la cruz (Tito 2:14).

            Entiendo que también en Mateo 24:36 se usa la palabra “conocer” en este sentido.  Nadie sabe (revela, descubre para el mundo) la hora ni el día allí indicados, sino solamente el Padre.  El punto no es que Jesucristo no es tan omnisciente como Dios el Padre, o que Cristo dejó de sus atributos divinos en el cielo para venir al mundo.  El punto es que no era del papel de Jesucristo en su misión al mundo, ni es del papel de los ángeles, revelar (saber para comunicar) dicha información.

            Notemos Oseas 8:4, “Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí; constituyeron príncipes, más yo no lo supe”.  Vemos el paralelismo hebreo: a saber, dos maneras de decir la misma cosa.  “Establecer reyes” equivale a “constituir príncipes”; “no escogidos por mí” equivale a “no lo supe”.  El punto no es que Dios no supiera todas las cosas, que no supiera lo que ellos harían al establecer reyes, sino que Dios no autorizó tal cosa, no reveló tal cosa.  Dios no escogió a esos reyes o príncipes; no lo reveló o autorizó.

            Este sentido de “saber” se ve en Juan 14:7: conocer a Cristo es descubrir a Dios.

           

            2:3 -- Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor -- Como su manera de predicar no fue con excelencia de presentación para impresionar y convencer a la gente, tampoco lo fue su presentación personal, para impresionar con arrogancia y orgullo, como lo haría cualquier filósofo.   Al contrario, los corintios que obedecieron a Cristo no lo hicieron en base a la persona fotogénica de Pablo.  Considérese 2 Cor. 10:10.

            Pablo tuvo razones por qué temer en Corinto.  Como hombre humilde Pablo pensaba en lo insuficiente que era en sí mismo (2 Cor. 3:5), y tal vez temía que no tendría éxito en su misión en Corinto.  Pero, Dios habló a Pablo en una visión de noche, diciéndole: “No temas, sino habla, y no calles, porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hech. 18:9,10).  Pablo en este versículo hace referencia más bien a su estado mental, que a su estado físico.  El sabía que cualquier éxito que tuviera en Corinto no se debería a su propia fuerza.  Aquí expresa su desconfianza en la fuerza humana.

 

            2:4 -- y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder --  La verdad del evangelio nunca depende de la eficacia de la presentación.  Compárense Col. 2:4; Rom. 16:18; Gál. 1:10.  La verdad de por sí persuade, pero la fuerza de la persuasión no está en el estilo (persuasivo) de la presentación, sino en la substancia de la verdad misma que es predicada, y en la confirmación milagrosa de ella que el Espíritu Santo proporcionaba en el siglo primero (Mar. 16:20; Heb. 2:3,4).  En Corinto Pablo obró milagros (Hech. 19:11,12; 2 Cor. 12:12), y también impartió dones milagrosos (capítulo 12,13,14).  Los hermanos corintios habían sido testigos de la gran diferencia en la predicación de Pablo y la presentación de filosofía de los filósofos.  El valor verdadero del evangelio fue demostrado milagrosamente.  Los hermanos en Corinto sabían que no era el hombre sino Dios quien estaba detrás del mensaje.

            Una vez confirmado el mensaje milagrosamente, no es necesario que continúen los milagrosos confirmadores.  Siempre será mensaje comprobado y poderoso.

 

            2:5 -- para que --  Ahora Pablo introduce el propósito de haber llegado a Corinto con un mensaje atestiguado por el poder de Dios, en lugar de llegar con alguna sabiduría humana elegantemente presentada y con persona persuasiva.  Fue con el propósito que sigue:

            -- vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. -- La fe aquí referida es la fe subjetiva, (la creencia de la persona), no objetiva (el evangelio).  La fe de los corintios tenía una base firme; a saber, el mismo poder de Dios, base estable y que no cambia (mientras que las teorías de los hombres sufren contradicciones y cambios continuos, siendo aban­donadas algunas mientras se reciben otras). 

            La fe del cristiano hoy en día sigue fundada en ese poder que ampliamente confirmó el mensaje en el siglo primero.  La ciencia humana no tiene nada que ver con la autenticidad del evangelio.  Es cierto que la Biblia concuerda con la verdadera ciencia (la probada), pero eso no es lo único que prueba que es la verdad.  Dios confirmó el mensaje de la Biblia.

            Los primeros cinco versículos pavimentan el camino para la afirmación que sigue; a saber, que aunque el evangelio es tropiezo o insensatez para otros (1:23), en realidad es una gran sabiduría, la de Dios revelada por medio de los apóstoles (ver. 6-16).

 

            2:6 -- Sin embargo -- Aunque el evangelio que Pablo predicaba no era sabiduría humana, sí es sabiduría, como en seguida pasa a explicarlo.

            -- hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez -- Pablo usa la primera persona plural (nosotros hablamos), con referencia a los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento (ver. 12-16; Efes. 3:5; Hech. 2:42; 2 Tes. 2:15; 3:6), de los cuales él era uno.

            Los “maduros” (o perfectos, pero no en el sentido absoluto) son los mismos que los “santos” de 1:2, y el “espiritual” de 2:15, pero con énfasis en los santos maduros en el evangelio.  Son los cristianos que siguen la inspiración del Espíritu Santo en toda su creencia y práctica, en claro contraste con los judíos y griegos incrédulos, 1:22.  Para los primeros hay madurez en esta sabiduría de Dios.

            Algunas versiones dicen: entre los “perfec­tos”, como se expresan las versiones 1960, ASV., etcétera,  en Fil. 3:15.  La misma palabra griega, teleios, aparece en los dos lugares.

            -- y sabiduría, no de este siglo -- El evangelio de Cristo sí es sabiduría, pero no una de esta edad presente (RVA.).  El vocablo griego para decir “siglo” aquí es aion, y significa edad o era.  Se aplica aquí a todo lo que existe en el mundo en el tiempo; de esto, una sabiduría no de la corriente de este mundo, originada por filósofos, sino una dada por inspiración del Espíritu Santo.

            -- ni de los príncipes de este siglo, que perecen -- En particular, éstos son los dirigentes civiles y religiosos de entre los judíos y romanos, que participaron en la crucifixión de Jesús (ver. 8).  Ellos “perecen”, dice nuestra versión.  Otras bien dicen, “se deshacen”, 1909; “se aniquilan”, P.B.; “reducidos a la nada”, N.M.; “se reducen a la nada”, H.A., ASV.; “han sido derribados”, LBA., NTP..  El vocablo griego es el mismo que aparece en 1:28, “deshacer”.  Véanse los comentarios allí sobre la palabra.  Aparece también en 15:24, “haya suprimido” (“abolido”, B.A.).

            Esta palabra es un participio pasivo presente, indicando así una acción continua.  De esto, la sabiduría de los dirigentes de este siglo, o el modo de pensar y actuar mundano, se presenta como reduciéndose a la nada continuamente.

            Si el poder de éstos pasa con su muerte, así también es muy transitoria su sabiduría humana.  En cambio, el poder detrás del evangelio es tan permanente como el poder de Dios mismo.

 

            2:7 -- Mas -- Al decir “mas” (pero), Pablo hace un contraste entre la sabiduría de este mundo (ver. 6) y la que tiene a Dios por autor.

            -- hablamos sabiduría de Dios en misterio -- El misterio aquí referido es lo que queda escondido solamente en la mente de Dios y que el hombre no lo puede descubrir sin ayuda de parte de Dios en revelación (Efes. 3:3).  Una vez revelado, este “misterio” se hace bien comprensible (3:4).  Véanse Rom. 16:25-27; Efes. 3:5,9; Col. 1:26; ).

            -- la sabiduría oculta -- El tiempo perfecto del participio en el texto griego indica que este misterio fue escondido en el pasado.  Notemos estas traducciones: “la que ha estado escondida”, H.A., L.A.; “ha estado en oculto hasta ahora”, NVI.  No pudiendo el filósofo descubrirla por sí mismo, Dios tuvo que revelarla, cosa que hizo.  Por eso se llama “misterio”.

            -- la cual Dios predestinó antes de los siglos -- Pablo no trajo a los corintios una filosofía nueva, sino una sabiduría que Dios ideó antes de la fundación del mundo.  Véanse Hech. 2:23; Rom. 1:25; Efes. 1:4; Tito 1:2; 1 Ped. 1:20.  Dios determinó el destino de esta sabiduría antes de que hubiera necesidad de ella.  El evangelio es la revelación de esa sabiduría en misterio que había estado escondida.

            -- para nuestra gloria -- Los dirigentes civiles de este mundo, y su sabiduría, están siendo reducidos a la nada (ver. 6), pero los cristianos, a causa de esta sabiduría de Dios, tienen por delante solamente gloria (Rom. 2:10; 5:2; 8:30; 9:23; Juan 17:22; 2 Cor. 3:18; 1 Juan 3:2).  Véase ver. 9.

 

            2:8  la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció -- Aquí Pablo agrega algo más a la consideración de esta sabiduría de Dios.  No solamente no se originó con el hombre, sino tampoco fue conocida por el hombre, a pesar de toda su propia sabiduría.

            -- porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado --

            ¡He aquí la prueba de la ignorancia del hombre no inspirado frente a la sabiduría de Dios!  Véanse Luc. 23:34; Hech. 3:17; 13:27.  Los sabios de este mundo se probaron insensatos.  Pudieron haberla conocido, por medio de la predicación inspirada, pero rechazaron esa revelación de la sabiduría de Dios, siguiendo mejor los conceptos basados en su propio concepto de sabiduría.

            Con esta frase Pablo declara que la muerte de Cristo en la cruz es central en esta sabiduría de Dios (el plan salvador en Cristo).  Compró su iglesia con el precio de su sangre (Hech. 20:28).

            -- al Señor de gloria --  Esta frase apunta a la deidad de Jesús (como la crucifixión, con su oprobio--Heb. 12:2, subraya su humanidad).  Véanse Sal. 24:10; Hech. 7:2; Efes. 1:17; Juan 17:5.

 

 

            2:9 -- Antes bien, como está escrito -- No hay texto específico en el Antiguo Testamento que se exprese así.  Parece que Pablo extrajo este pensamiento de Isa. 64:4 y 65:17. 

            -- Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,  Ni han subido en corazón de hombre -- Los cinco sentidos y la inteligencia (corazón) del hombre solos no son capaces de descubrir las cosas de la sabiduría de Dios, a las que se hace referencia en la próxima frase de este versículo.

            Ningún dios pagano, dado que todos estos dioses son creación de la mente humana y, en verdad, no son nada (8:4), ofreció hacer para toda la creación lo que Jehová Dios ha ofrecido para todas sus criaturas (Mat. 28:19; Mar. 16:15).  Por eso las facultades humanas solas nunca podían descubrir la sabiduría de Dios en el evangelio.

            -- Son las que Dios ha preparado para los que le aman -- Son las que pertenecen a las buenas nuevas, al evangelio: justificación, santificación, redención (1:30).

            Se ignora el contexto cuando se aplica la frase “las cosas que Dios ha preparado para los que le aman” al hogar en el cielo, como se suele hacer al citar este versículo en servicios funerales.  La frase no concierne a cosas futuras, sino pasadas.  Las cosas referidas son las que Pablo predicó en Corinto (2:1,2), y que muchos corintios recibieron cuando, creyendo, fueron bautizados (Hech. 18:8).  Son las cosas del plan de salvación.

            2:10  Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu -- El texto griego pone primero el pronombre “(a) nosotros” para énfasis, diciendo: “En efecto a nosotros Dios las reveló por el Espíritu”.  Las reveló en el pasado: cuando Cristo murió en la cruz y cuando inspiró a los apóstoles a predicarlas a todo el mundo.

            Dado que el modernista niega la inspiración de las Escrituras, ¿cómo puede él hablar de las cosas referidas en el versículo anterior?  El predica otro evangelio (2 Cor. 11:4) que es solamente uno social, para el mejoramiento de la presente vida en el mundo.  (Muchos hermanos liberales hoy en día están moviéndose hacia el liberalismo clásico, al abogar por prácticas del “evangelio social”).

            -- porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios -- La referencia tiene que ser al Espíritu Santo, que tiene personalidad (escudriña) y omnisciencia (sabe todo lo que Dios sabe), siendo una de las tres personas de la Deidad.  Tiene, pues, la capacidad de investigar y saber la mente de Dios y revelar a hombres escogidos toda la (totalidad, perfección) sabiduría de Dios.  Lo que el hombre en su propia sabiduría no pudo descubrir, el Espíritu Santo es totalmente competente para hacerlo por él.

            Sobre “lo profundo” de Dios, compárese Rom. 11:33-36.  El hombre, con sus filosofías y sabidurías, no entra absolutamente nada en la consideración de la gloriosa sabiduría de Dios en el evangelio.

 

            2:11 -- Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? -- Esta ilustración es obvia y prueba el punto de Pablo en el ver. 10: si una persona no se comunica con otro, el otro no puede saber lo que esa  persona está pensando.

            -- Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu -- De igual manera es obvio que nadie puede saber la mente de Dios, si no recibe de Dios alguna comunicación.  El evangelio, pues, tuvo que llegar al hombre por inspiración del Espíritu Santo.  No pudo haber llegado solamente por medio de investigaciones y razonamientos humanos.

            Compárense Job 11:7; Juan 17:25.

 

            2:12 -- Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo -- Ya que en el contexto la sabiduría del mundo se contrasta con la revelación inspirada de Dios dada a los apóstoles y a los profetas, entiendo que aquí la frase “el espíritu del mundo” se refiere a la mentalidad humana sin revelación de Dios.

            Los apóstoles y los profetas (Efes. 3:5) no salieron predicando y enseñando algo que hubieran aprendido de parte de sabiduría humana.  Tal dirección no era su guía.  No recibieron tal “espí­ritu”.

            El tiempo del verbo “recibir” en el texto griego indica una recepción específica en el pasado, cuando recibieron los apóstoles y los profetas la dirección del Espíritu Santo.

            -- sino el Espíritu que proviene de Dios -- El mundo inconverso sigue la dirección del “espíritu del mundo” mientras que los apóstoles y los profetas siguieron la dirección del Espíritu Santo por medio de la inspiración recibida de él.

            -- para que sepamos lo que Dios nos ha concedido -- Lo que Dios les concedió fueron las cosas del evangelio.  Véase ver. 9, comentarios.

            Los apóstoles eran testigos oculares del ministerio, de la muerte y de la resurrección de Jesucristo, pero vino el Espíritu Santo sobre ellos para (1) enseñarles todas las cosas y recordarles todo lo que Jesús les había dicho (Juan 14:26), y para guiarles a toda la verdad (Juan 16:13).  Por eso Pablo pudo decir las palabras que se encuentran aquí: “para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”.

            Dice la V.M., y otras versiones, “las cosas que nos han sido dadas gratuitamente por Dios”.  Las cosas del evangelio proceden del amor de Dios y por eso son gratuitas; son dádivas.  Véase Efes. 2:8 (don de Dios).  Son de gracia, no deuda (Rom. 4:4).

 

            2:13 -- lo cual también hablamos -- Se hace referencia a las cosas mencionadas arriba, dadas gratuitamente a los apóstoles y profetas (ver. 9-12).

            -- no con palabras enseñadas por sabiduría humana -- y que por eso serían palabras no inspiradas.

            --sino con las que enseña el Espíritu -- Aquí Pablo afirma lo que suele llamarse la inspiración verbal de las Escrituras.  No solamente recibió el contenido del mensaje por medio del Espíritu Santo, sino también las palabras mismas en que revelarlo (usando el Espíritu Santo palabras características de cada orador inspirado).  Compárense Mat. 1:22; 10:19,20; 1 Tes. 2:13; 2 Ped. 1:21; Zac. 7:12.

            -- acomodando lo espiritual a lo espiritual -- Analicemos estas tres palabras, o frases.  (El texto griego emplea solamente tres palabras: (un) verbo, espiritual, espiritual,

            1. “acomodando”.  Otras versiones dicen: “combinando”, ASV. (y en la margen, “interpretando”), B.A., STR., N.M.;  “explicando”, V.M.; “interpretando”, RVA., L.A., JTD.; “adaptando”, N.C., B.S.;  “expresar”, LBL.; “juntando”, S.A.; “expresando”, B.J., NVI.; “comparando”, P.B., LAC..

            2. “lo espiritual”. En el texto griego aparece una sola palabra, “espiritual’, pero en el caso acusativo; es decir, algo es el objeto de una acción.  En este versículo hay que agregar ese algo, y las diferentes versiones suplen ese algo, según su interpretación.

            3. “a lo espiritual”.  En el texto griego aparece una sola palabra, “espiritual’, pero en el caso dativo.    Este caso expresa el objeto indirecto de la frase; es decir, una acción es dirigida a algo.  En este versículo hay que agregar ese algo, y las diferentes versiones suplen ese algo, según su interpretación.

            Resumen:  ¿Cuál es el verbo más indicado para expresar la acción?  ¿Qué es el algo que Pablo hacía?  ¿A qué cosa fue hecha esa acción?

            Yo favorezco el verbo “interpretando”, o “combinando”, aunque otros dados arriba también son adecuados.  El mismo verbo se halla en 2 Cor. 10:12, “comparándose”.

            Pablo combinaba, o interpretaba, algo llamado espiritual.  Para hallar un sustantivo para expresar ese “algo”, cerca en el contexto va la palabra “cosas” (ver. 11) que es del mismo género que “espirituales”.  Pablo combinaba, pues, cosas espirituales.  Ahora, ¿a qué (o con qué) las combinaba?  El vocablo del contexto que es del mismo género que la palabra “espirituales” es el vocablo “palabras” (este versículo 13).  La conclusión, pues, es ésta:

            Los hombres inspirados combinaban cosas espirituales con palabras espirituales.  El Espíritu Santo es el autor de ambas cosas: el mensaje y las palabras en que él se expresa.  De esto, ¡la inspiración verbal de las Escrituras!

            A continuación doy la interpretación de cinco versiones que bien traducen el texto griego:

            “expresando realidades espirituales en términos espirituales”, B. J.

            “para expresar las cosas espirituales en un lenguaje espiritual’, LBL.

            “explicando cosas espirituales con palabras espirituales”, V.M.

            “combinando cosas espirituales con palabras espirituales”, ASV.

            “expresando las realidades espirituales con términos espirituales”, LAC., margen.

 

            2:14 -- Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios -- Es preciso definir la frase “hombre natural”.  ¿Quién es?  Es el hombre inconverso que sigue solamente la sabiduría humana y rechaza la inspiración del Espíritu Santo.  Basándose solamente en el razonamiento humano, no percibe las cosas del Espíritu.  Es el hombre de esta vida animal que es de los sentidos físicos, nada más.  El hombre animal se presenta como parte de la vida que se tiene en común con el animal.  Se identifica con “los príncipes de este siglo”, ver. 6.  Es el hombre no inspirado, o que no acepta la inspiración del Espíritu Santo.

            En la expresión, “hombre natural”, no entra la idea de moralidad.  Entra nada más la idea de alguna persona guiada solamente por sus sentidos y sabiduría humana.

            El mismo vocablo griego aparece en 15:44,46 (animal); Sant. 3:15 (animal); Judas 19 (sensuales)--(que no tienen al Espíritu).

            -- porque para él son locura -- Véanse 1:18,23.  El rechaza la revelación divina del Espíritu Santo, y quedándose solamente con sus experiencias humanas como su base de sabiduría, considera “las cosas que son del Espíritu de Dios” como cosas absurdas.  ¿Qué puede tener que ver la crucifixión de un judío de hace dos milenios con la necesidad de una llamada “salvación”?  Así piensa.

            -- y no las puede entender -- No las puede entender porque la sabiduría humana es incapaz de descubrir las cosas de Dios.  Véanse 1:21, comentarios.  Tienen que ser entendidas mediante la revelación de Dios.  Ya que el hombre natural se deja guiar solamente por su propia sabiduría, no puede entender las cosas de Dios.

            -- porque se han de discernir espiritualmente -- Véase 2:8, comentarios.  Dado que las cosas del Espíritu de Dios son discernidas (juzgadas, examinadas) solamente en conformidad a la revelación dada por el Espíritu Santo, y que el hombre natural no acepta nada excepto su propia sabiduría, tal hombre no puede entenderlas.  Compárese Juan 8:48.

            Nota:

            Este versículo se considera una fortaleza para el calvinismo.  El calvinismo afirma que el hombre nace con una naturaleza depravada, cosa que le deja incapaz de entender las cosas de Dios a menos que haya en él una operación directa del Espíritu Santo.  Los comentaristas calvinistas, pues, así interpretan este versículo.  Ellos ignoran el contexto en que habla Pablo en este versículo; a saber, que el hombre (natural) que vive esta vida natural, guiado solamente por sus razonamientos basados en su experiencia, no hace caso del único medio por el cual se pueden entender las cosas de Dios.  Ese medio es la revelación a hombres inspirados de parte del Espíritu Santo.

            Pablo seguramente no está contradiciéndose a sí mismo, afirmando lo que afirma el calvinismo.  Pablo dice en Efes. 3:4 que leyendo la persona lo que él ha escrito, ella sí puede entenderlo.  En Efes. 5:7 manda que el lector entienda.  Las cosas escritas producen fe (Juan 20:31).  ¿Dónde dice la Biblia que la fe viene directamente por operación del Espíritu Santo?  Viene por el oír (Rom. 10:17).   Véanse también Luc. 8:11; Juan 17:20; Hech. 11:14; 15:7; 1 Cor. 1:21.

            El ateo presupone que Dios no existe.  Comenzando con esta premisa tiene que afirmar, con insensatez, que de la nada vino la vida; que la materia es eterna; que el universo tan ordenado llegó a su estado presente por pura casualidad.  Con su presuposición “establecida”, rechaza cualquier revelación divina, y siendo así el caso, claro es que no puede entender lo que el cristiano entiende por fe.

 

            2:15 -- En cambio el espiritual juzga todas las cosas -- Como el hombre natural es el hombre solo, no inspirado o sin la ayuda de la revelación de Dios, el espiritual es el inspirado (y en aplicación secundaria,  el que se deja guiar por dicha revelación).  Siendo este último hombre guiado por lo que el Espíritu Santo ha revelado, él puede evaluar, examinar o juzgar de manera debida todas las cosas (del contexto).  El puede ver la razón de la vida, las diferentes relaciones que se deben sostener en la vida con su prójimo y con Dios, y el camino en qué andar para alcanzar la vida eterna.  Compárese Juan 14:16,17.

            -- pero él no es juzgado de nadie -- En cuanto al verbo aquí, “juzgado”, en el texto griego es el mismo que aparece al final del ver. 14 (discernir), y dos veces en este ver. 15 (juzga, juzgado).  Según Thayer, significa investigar, examinar, inquirir (Hech. 17:11, escudriñando), 1 Cor. 10:25,27  (pre­guntar); interrogar o exigir cuentas (al acusado), 1 Cor. 9:3 (acusan); juzgar o examinar la excelencia o los defectos de alguno o de alguna cosa, 1 Cor. 2:15.

            El hombre inconverso, ya que rechaza la inspiración del Espíritu Santo, no está en condiciones para juzgar los méritos, o falta de ellos, en el apóstol y profeta inspirado.  (De igual manera el cristiano no tiene que cuidarse de las acusaciones y condenaciones del hombre natural, porque sigue la doc­trina apostólica (Hech. 2:42).

           

            2:16 -- Porque -- Ahora sigue la razón de lo afirmado en el versículo anterior.

            -- quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Pablo cita Isa. 40:13, según la Septuaginta, no como presentando algún cumplimiento del pasaje, sino para adoptar las palabras del pasaje a su argumentación presente.  Dado que ningún hombre puede instruir a Dios, se sigue que no puede examinar o juzgar al que ha recibido revelación directa de Dios.  Al rechazar a los hombres inspirados por Dios, el hombre natural se presenta como más inteligente que Dios mismo.

            En nuestro tiempo el humanismo procura convencer a los hombres de que cada quien es su propio dios; que no hay verdades absolutas; que cada quien determina lo que es bueno y malo para sí mismo.  El hombre moderno se adora a sí mismo, como si fuera Dios.  Con razón rechaza la enseñanza de la Biblia, la Palabra de Dios.

            Lo que Isaías llama el “Espíritu de Jehová”, Pablo llama “la mente del Señor”, y lo aplica a Cristo.  Esto hace claro que Cristo es tan Jehová como Dios el Padre.  Véase 1:31, comentarios.

            -- Mas nosotros tenemos la mente de Cristo --  Los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento (Efes. 3:5) recibieron por el Espíritu Santo la revelación de lo que Dios tiene en mente para sus criaturas para su salvación eterna de pecado.

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