3:1 -- De
manera que yo, hermanos --
Con estas palabras Pablo
prosigue el tema en general sugerido por el mal de los corintios de
formarse en grupos según sus predicadores favoritos. Al decirles
“hermanos” suaviza la reprensión o censura necesaria. Habla lo que
tiene que hablar, pero lo hace con ternura, porque les ama.
-- no pude
hablaros -- cuando estuvo con ellos en Corinto en el tiempo de la conversión de
ellos, Hechos 18.
-- como a
espirituales --
Pablo acabó de decir
(2:15) que el espiritual es hombre, o inspirado como él, o hermano que
acepta la inspiración del Espíritu Santo y sigue la enseñanza
inspirada. Aunque los hermanos corintios no eran “naturales” (2:14),
personas que rechazan la inspiración, tampoco mostraban madurez (2:6)
al promover el espíritu sectario según los dictámenes de su cultura
(1:12). Por eso no se portaban como “espirituales” (personas
totalmente entregados con madurez a las direcciones del Espíritu
Santo). En ese tiempo Pablo no pudo hablarles como a hermanos bien
desarrollados en su crecimiento espiritual.
En el capítulo
2 el contraste presentado fue entre el hombre natural y el hombre
espiritual (el carente de la inspiración del Espíritu Santo, y el
poseedor de tal inspiración), y en el capítulo 3 es entre el discípulo
carnal y el discípulo espiritual (el que no había alcanzado madurez, y
el que había llegado a ella en las cosas reveladas por el Espíritu
Santo).
-- sino como a
carnales -- Es obvio que Pablo no está acusando a los corintios de carnalidad en
el sentido de lo inmoral, sino que está diciendo que ellos, en el
tiempo de haber estado él con ellos en el principio, tenían
falta
de espiritualidad (o de madurez en su aceptación de instrucción
del Espíritu Santo). El vocablo griego aquí (
sarkinos),
y el que aparece en el ver. 3 (
sarkikos),
son distintos (aunque los dos básicamente hacen referencia a la
carne). La versión católica, por Fuenterrabía, en lugar de “carnales”
dice, “influenciados por la ‘carne’”, y agrega una nota que explica
que el término griego no significa entregarse totalmente a vicios,
sino tener un modo de pensar que es terreno y por debajo de lo que
debe ser para el cristiano. El vocablo en el ver. 1 (
sarkinos)
significa “hecho de carne”, y el en el ver. 3 (
sarkikos),
“perteneciente a la carne, o caracterizado por ella”.
Al agregar
Pablo la frase, “como a niños”, aclara el uso que él hace de la
palabra “carnal”, que aparece aquí. Es ser no espiritual (maduro)
porque la madurez o el desarrollo ha sido detenido. Es seguir la
debilidad (Mat. 26:41), usando pensamientos de un cristiano sin
madurez.
-- como a
niños en Cristo --
En su vida espiritual se quedaban de poca estatura, como niños. El
vocablo griego para decir “niños” aquí es
nepios, infante. Aparece
en Mat. 21:16; Heb. 5:13; Gál. 4:3; Efes. 4:14. Aparece en otros
pasajes en sentido figurado (por ej., Rom. 2:20, y aquí). Siempre se
asocia con esta palabra la idea de
inmadurez.
3:2 -- Os di a
beber leche, y no vianda --
Sigue hablando Pablo de
cuando estuvo con ellos en Corinto, que no pudo en el contenido de su
instrucción darles sino leche (los principios del evangelio), y no
comida sólida (enseñanza propia para los maduros en el evangelio).
Compárense Heb. 5:11--6:2; Efes. 4:14,15.
-- porque aún
no erais capaces --
Hasta llegar aquí Pablo
no los había censurado fuertemente. Pero, ahora, sí.
-- ni sois
capaces todavía --
¿De quién era la culpa
que esta condición entre ellos existiera? Estos “niños” no se habían
desarrollado. Los corintios
por su propia voluntad habían
rehusado madurar debidamente, ocupándose más en asuntos carnales que
en espirituales. No habían madurado. No tenían excusa alguna.
Pablo en este
contexto hace contraste entre los cristianos “hechos de carne”, o
“influenciados por la carne” y que por eso no siguen creciendo
espiritualmente, y los cristianos espirituales, o que han madurado en
su vida de seguir la enseñanza del Espíritu Santo.
Al seguir
leyendo esta carta, vemos que los corintios tenían un número de cosas
malas que abandonar para poder madurar debidamente.
Basta nada más mencionar
que en este contexto Pablo, al decir “carnal”, no está hablando de la
naturaleza del hombre, si nace depravado, o no. Hay comentaristas que
fuerzan tal idea dentro de este contexto.
3:3 -- porque
aún sois carnales --
Aquí es el mal que
había entre los hermanos en Corinto: no habían dejado el estado
inmaduro, sino siendo no espirituales (carnales, hechos de carne),
como niños sin experiencia, habían pasado ahora a ser
no
espirituales (carnales, caracterizados por la carne
), en
que ahora andaban en prácticas pecaminosas. Véase ver. 1, comentarios
sobre los dos vocablos griegos. El primero de estos dos apunta a la
inmadurez de los corintios, y el segundo indica que dejaban que la
carne dictara al espíritu.
-- pues
habiendo entre vosotros celos --
Esta palabra (
zelos)
tiene sus dos sentidos distintos: el de cuidado, entusiasmo, ánimo (por
ej., 2 Cor. 7:7, solicitud; 11:2), y (en plural) el de inquietud o
sospecha de que la persona amada dé la preferencia a otra, o el de
envidia y rivalidad hacia otros considerados como competidores. En
este pasaje se emplea en este último sentido mencionado. Cuando hay
partidos, hay celos. Es lo que pasaba en la iglesia en Corinto. Esta
obra de la carne aparece en la lista de Gál. 5:19-21 (celos).
-- contiendas
-- (
eris)
De los celos (motivación de envidia y rivalidad) resultan las
contiendas; de cierto modo de pensar resulta cierta acción. Esta obra
de la carne aparece en la lista de Gál. 5:19-21 (contiendas).
-- y
disensiones --
Algunas de las versiones
buenas omiten la palabra “disensiones”, o divisiones (ASV., V.M., RVA.,
L.A., P.B., H.A.). Los celos producen contiendas que en turno
producen las divisiones (
dichostasia
= dos estados <en lugar de la unidad>)
.
-- ¿no sois
carnales -- Ser persona
sarkikos (véase ver. 1, comentarios) es dejar ser guiado el
espíritu por la carne (en lugar de controlar la carne con el espíritu).
-- y andáis
como hombres? --
Esta frase describe el
sentido en que Pablo usa la palabra “carnales”. Si la persona es
carnal, anda exactamente como anda cualquier persona guiada por sus
propias pasiones y los dictámenes de su cultura, y no por la
revelación divina de las Escrituras. Para tales personas lo bueno
equivale a la grandeza y aclamación conferidas por otros. (No saben
que la grandeza genuina consiste en servir, Mat. 20:20-28).
3:4 -- Porque
diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de
Apolos, ¿no sois carnales? --
Véase 1:12
. Aquí
Pablo presenta la evidencia de su acusación contra ellos. No podían
negar que andaban en aquello, y por eso tenían que admitir que andaban
en lo que es normal para hombres inconversos (en lugar de estar
andando como nuevas criaturas, 2 Cor. 5:17).
Las frase “¿no
sois carnales?” no traduce bien el texto griego que literalmente dice:
¿no sois hombres? Así lo
traducen ASV., P.B., H.A. , tres versiones excelentes. Otras muy
buenas dan el sentido a modo de comentaristas, diciendo: “¿no
procedéis como meros hombres?” NVI., o, “¿no procedéis al modo humano?”
B.J.
La frase es
casi igual a la que aparece en el versículo anterior (andáis como
hombres). Véanse los comentarios allí. Es andar como humanos, como
inconversos, como políticos. Compárese Mat. 16:23.
3:5 -- ¿Qué,
pues, es Pablo, y qué es Apolos? --
Pablo no pregunta
quiénes son éstos, sino qué son ellos (para que de ellos los hermanos
corintios formaran partidos, llamándose por sus nombres 1:12-15).
-- Servidores
por medio de los cuales habéis creído --
Eran servidores, y no
señores, para que otros les elevaran a un nivel sobre los demás.
El vocablo
griego aquí para “servidores” es
diakonos (diácono), pero no se usa en el sentido especial, como
en 1 Tim. 3:8,12; Fil. 1:1, sino en el sentido común en que aun Cristo
(Rom. 15:8, siervo) y los gobiernos (Rom. 13:4, servidor) son llamados
diakonos. Un servidor
no merece puestos de honor especial, para que otros se gloríen en él.
Si Pablo rechazaba tales honores de hombres, con más razón debemos
hacerlo los predicadores y demás servidores de Cristo de hoy en día.
La fe no es don de Dios
(como afirman los calvinistas y por eso tuercen Efes. 2:8), sino que
viene por el oír. Por eso tiene que haber predicación (Mar. 16:15).
El predicador, pues, viene siendo un mero mensajero del mensaje que se
originó con Dios. ¡A Dios sea toda la gloria! y no al instrumento que
Dios emplea para difundir el evangelio.
Al predicador
se debe agradecimiento, pero él, juntamente con los demás cristianos,
son todos servidores de Cristo, la Cabeza de la iglesia. El tener un
diploma de graduación de alguna llamada Escuela Para Predicadores, o
de algún Instituto Bíblico, no eleva al predicador sobre los demás
servidores de Cristo (Mat. 20:25-27).
-- y eso según
lo que a cada uno concedió el Señor --
El Señor ha dado (así
dicen varias versiones buenas, B.A., ASV., V.M.) a los diferentes
predicadores diferentes dones o habilidades para hacer la obra de
evangelizar. No todos son iguales en su manera, estilo, o habilidad
de predicar, pero todos son servidores de Dios y cada uno llena un
vacío mejor que otros. En lugar de exaltar a uno de éstos
predicadores sobre los demás, reconociendo que estas diferencias son
según los dones de Dios, más bien debemos dar gracias a Dios por ello
y ocupar a cada uno de sus servidores para el adelanto de la Causa de
Cristo.
3:6 -- Yo
planté, Apolos regó --
Pablo estableció la
iglesia del Señor en Corinto, y de allí se fue a otro lugar; más tarde
llegó Apolos y continuó la obra, predicando y confirmando (Hech. 18).
El punto es que cada quien hizo su trabajo, teniendo los dos la misma
meta. No hubo nada de rivalidad. La obra de los dos era importante.
El predicador
es sembrador de semilla (Luc. 8:4-15). A él no le toca el crecimiento,
ni de él depende.
-- pero el
crecimiento lo ha dado Dios. --
Mejor expresan la idea
del tiempo del texto griego (tiempo imperfecto) las versiones B.A. y
H.A., “Dios producía el crecimiento”, “Dios daba el crecimiento”. La
obra de Pablo y de Apolos se terminó (tiempo aoristo, o pretérito),
pero la de Dios continuaba.
El poder de
Dios para salvar está en el evangelio (Rom. 1:16), como la vida está
en la semilla (Gén. 1:12). El sembrador es servidor de Dios quien da
la vida. Este es el punto de Pablo aquí, para mostrar que no hubo por
qué gloriarse los corintios en ciertos hombres. Mirando a Dios, y no
a los hombres, se evitan problemas como éstos que se habían suscitado
en Corinto.
Algunos, de
persuasión calvinista, tuercen este pasaje para que enseñe que si Dios
no opera milagrosamente en el corazón del oyente del evangelio, no
puede haber vida espiritual en la persona. Pero tal enseñanza no se
encuentra aquí, ni en ninguna otra parte. ¿Acaso tiene Dios que obrar
un milagro en la tierra, que ha recibido la semilla, para que brote
una planta viva? ¡Claro que no! Dios puso la vida en la semilla.
3:7 -- Así que
ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el
crecimiento --
Ahora entra la
conclusión del ver. 6: comparados con Dios, el que planta y el que
riega no son nada. El que sí merece la gloria y la exaltación es Dios.
En sentido absoluto, desde luego el predicador es algo: ¡es servidor
de Dios, como lo es todo cristiano fiel! Pero el punto de Pablo, dado
el problema en Corinto, es que es Dios quien debe ser elevado, y no el
hombre.
El texto
griego emplea tres participios: el que planta, el que riega, el que
obra el crecimiento. En comparación de importancia y de mérito en
cuanto a exaltación, no son nada los primeros dos, pero el tercero, sí
es algo. ¿Quién es? ¡Es Dios!
3:8 -- Y el
que planta y el que riega son una misma cosa --
“son uno”, dicen las
versiones ASV., B.A., N.M., P.B. Son uno en propósito, no una sola
persona (como los esposos son una sola carne, los cristianos son uno,
y el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son uno, pero no una sola
persona (Mat. 19:5; Jn. 17:22).
Para que haya
cosecha, la semilla sin agua no basta, ni el agua sin semilla. Así
que el que siembra y el que riega tienen el mismo propósito: que haya
cosecha.
Hay unidad de propósito
entre el que planta y el que riega; tienen la misma meta. ¿Cómo, pues,
se puede hacer de los dos, que están unidos, cabezas de dos partidos
opuestos y rivales? ¡Qué ilógica fue la mentalidad de los corintios
al formar partidos!
-- aunque cada
uno recibirá su recompensa conforme a su labor --
Aunque los dos obreros
son uno en propósito, siempre son dos individuos y Dios va a
recompensar a cada uno en consideración, no de algún resultado logrado
colectivamente, sino de la
labor de cada uno.
El servidor de
Cristo menos conocido en la hermandad no recibirá de Dios menos que el
más conocido, si su labor ha sido de igual medida en la vista de Dios.
Tampoco recibirá más el evangelista de renombre global, si su labor no
ha sido más. La labor es la medida, no el renombre o la popularidad
del obrero. ¿Quiero yo buen salario (recompensa)? Entonces ¡que haga
buen esfuerzo (labor)!
3:9 -- Porque
nosotros somos colaboradores de Dios --
¿Por qué recibirá su
recompensa (salario) de Dios? Porque es colaborador de Dios. ¡Qué
grande es este honor: el de colaborar con Dios (el que planta, el que
riega, y el que da el crecimiento, trabajando en la misma causa)!
Ahora, si el
sentido es que Pablo y Apolos son colaboradores que
pertenecen
a Dios, siempre es igual el punto principal, que es que no hay por qué
hacer partidos en la iglesia. Pablo y Apolos no eran colaboradores de
los corintios, sino de Dios. Si toda la gloria se da a Dios, y
ninguna a los hombres, la división desaparece.
-- y vosotros
sois labranza de Dios, edificio de Dios --
La iglesia de Cristo en
Corinto no era de diferentes partidarios y llamados “líderes”. ¡Era
de Dios! Si la “tierra cultivada” (B.A., margen) y el “edificio” son
de Dios (El es el dueño), no había por qué llamarse los corintios como
pertenecientes a ciertos hombres (de Pablo, de Apolos, de Cefas).
Referente a la
figura de “tierra cultivada”, compárense Isa. 5:1-7; Mat. 3:3-30; Luc.
8:5-15; 13:6-9; Jn. 15:1-6. En cuanto a la figura de “edificio” de
Dios, compárense ver. 16 (templo); Heb. 3:6; 1 Ped. 2:5; Efes.
2:21,22; 2 Cor. 6:16.
El texto
griego en su arreglo de palabras da énfasis al hecho de que todo es de
Dios. Dice literalmente: “de Dios” tres veces --
de Dios los
colaboradores,
de Dios la labranza,
de Dios el edificio.
No había nada de Pablo, ni de Apolos, ni de Cefas, para que los
corintios hicieran partidos de ellos. Exaltemos a Dios, y no a los
hombres.
3:10 --
Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada --
La gracia aquí referida
es el favor de Dios que proporcionó a Pablo la habilidad y la
oportunidad de llegar a Corinto y predicar el evangelio y así
establecer la iglesia de Dios allí. No tomó para sí crédito, sino
atribuyó a Dios toda la razón de su obra de evangelismo en Corinto. ¡Qué
grande fue el contraste entre su actitud y la de los que causan
división en la iglesia!
La iglesia de
Dios en una localidad es un edificio de Dios (ver. 9). Pablo ahora
pasa a hablar de cómo él colocó el fundamento de ese edificio en
Corinto.
-- yo como
perito arquitecto puse el fundamento --
Otras
versiones
dicen, “sabio arquitecto”. Ese fundamento no fue Pablo, para que
algunos después dijeran, “somos de Pablo”, sino Jesucristo (ver. 11).
Ninguna cosa que es de Dios va a tener a hombre por fundamento.
Aquí Pablo se
llama un arquitecto (un lector de planos de construcción); en 2 Cor.
4:7 se llama un vaso de barro; en 5:20, un embajador).
-- y otro
edifica encima --
Pablo puso (tiempo
pretérito) el fundamento (hecho de una sola vez), pero ahora otros
llegan (tiempo presente), edificando encima con su predicación y
enseñanza (acciones duraderas).
-- pero cada
uno mire cómo sobreedifica --
El asunto es imperativo.
Deben sobreedificar conforme a la verdad del fundamento que Pablo puso.
Algunos no habían edificado bien encima de ese fundamento bien puesto.
La división y la contención lo evidenciaban (1:10,11).
Referente a otros
predicadores y maestros que llegaran después de la salida de Pablo,
nótese 4:15 (ayos en Cristo).
3:11 -- Porque
nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es
Jesucristo --
El asunto de fundamento
ya está establecido y nadie puede hacer cambio en él. Jesucristo (su
persona divina, lo que ha hecho en su cruz, y toda su doctrina) es ese
fundamento, el que Pablo puso (ver. 10; 2:2; compárense Mat. 21:42;
Hech. 4:11,12; Efes. 2:20; 1 Ped. 2:4-8--Sal. 118.22; Isa. 28:16).
Cristo mismo
dijo (Mat. 16:17,18) que iba a edificar la iglesia sobre la roca “ésta”,
que fue la confesión que Pedro acababa de hacer acerca del Cristo, y
no sobre Pedro. (Según el texto griego, Cristo dijo: “Tú eres
petros, y sobre esta
petra edificaré mi
iglesia”).
Pedro, como
el supuesto primer Papa de Roma, sería otro fundamento, y Pablo dice
que otro no puede ser puesto.
Si alguien
edifica sobre otro fundamento (sobre otra persona, que tiene que ser
humana, y sus doctrinas), lo que edifica no es “edificio de Dios”; no
es la iglesia de Cristo, sino alguna iglesia humana. Si los conversos
de los predicadores creen y practican lo que queda fuera de la
doctrina de Cristo (2 Juan 9), la doctrina apostólica (Hech. 2:42),
llegan a ser parte de algún edificio no de Dios.
3:12 -- Y si
sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas,
madera, heno, hojarasca --
En este lenguaje
figurado que Pablo emplea, hay dos clases de materiales con que
edifica sobre el fundamento. Los primeros tres (oro, plata, piedras
preciosas, resisten el fuego; las otras tres, madera, heno, hojarasca,
no lo resisten.
Estas dos
clases diferentes de materiales de construcción representan los
conversos que el evangelista hace. El tiene que tener mucho cuidado
en su obra de construcción (predicación y enseñanza, ver. 10), pero no
es responsable por la fidelidad de los conversos (ver. 14,15).
3:13 -- la
obra de cada uno se hará manifiesta --
Es importante guardar
presente el punto que aquí Pablo enfatiza, para no ir tras ideas
extrañas. “La obra de cada uno se hará evidente” (B.A.). La frase
siguiente dice por qué será hecha manifiesta la obra de cada persona
que edifica encima del fundamento, Cristo Jesús.
No entra en
este contexto nada de la idea de purgar pecados de personas.
-- porque el
día la declarará, pues por el fuego será revelada --
La obra de cada evangelista y maestro de Biblia será hecha evidente, o
manifiesta, porque el día la va a declarar. Nadie va a poder
esconder la calidad de dicha obra. Será expuesta.
¿Cuál día es
el referido en este contexto? Algunos entienden que es el “día” en el
sentido del curso de la vida, y concluyen que Pablo habla “del fuego
de prueba” que viene a los cristianos a veces (1 Ped. 4:12). Pero a
mi juicio se hace referencia más bien al día final que “en fuego se
revelará”, dice el texto griego.
Conviene notar
una traducción literal del texto griego. Lacueva dice así: “de cada
uno la obra manifiesta se hará; porque el día (la) descubrirá, porque
por fuego se revelará...”. El pronombre “la” en paréntesis no aparece
en el texto griego, pero se implica porque la cosa descubierta es la
obra del evangelista. Es muy apegada a esta traducción literal la
versión Moderna: “la obra de cada cual será puesta a manifiesto;
porque el día la declarará, pues que en fuego es revelado...”. Nótese
que se dice “revelado” (es decir, el día), y no “revelada” (es decir,
la obra). El sujeto de la frase es “día”. No puede ser “obra” porque
el pronombre “la” (obra) no aparece en el texto griego.
El día final,
cuando Cristo venga la segunda vez, revelará la obra que es duradera
como lo es el oro, la plata, y las piedras preciosas, y también
revelará la obra que no resistirá la prueba del fuego, como no
resisten el fuego la madera, el heno, y la hojarasca. El fuego se
asocia con el día final (2 Tes. 1:7,8; Heb. 12:29)
-- y la obra
de cada uno cuál sea, el fuego la probará --
Nótese que este fuego
figurado va a probar, ¡no purgar, ni castigar! Aquí no entra nada la
doctrina católica romana del purgatorio, ni tampoco la doctrina
bíblica del infierno. La idea es sencillamente la de probar, para
manifestar. En esta vida hay mucha reclamación y engaño, pero la
venida de Cristo hará la separación manifiesta (Mat. 25:31 y sig.).
Como el fuego purifica lo duradero, y consume lo inflamable, la
segunda venida de Cristo revelará el carácter genuino de cada persona
convertida inicialmente por el evangelio. El pecado y la falsa
doctrina en la cristiano profeso no puede pasar la prueba de la venida
de Cristo, como tampoco puede la madera, el heno, y la hojarasca
resistir el fuego.
3:14 -- Si
permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa
-- El
versículo siguiente hace claro que aquí no se trata de la salvación
eterna del obrero. La recompensa (o salario, P.B.), y la pérdida (ver.
15), son dos cosas aparte de la salvación.
La fidelidad
hasta la muerte de parte de la persona convertida a Cristo ocasiona
para el predicador que le convirtió mucho gozo; es como una corona
para él (Fil. 4:1; 1 Tes. 2:19,20). Esta es su recompensa. Véanse
también 7:19; 2 Cor. 1:14; Fil. 2:16; 3 Juan 4; Dan. 12:3.
3:15 -- Si la
obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será
salvo -- En
cambio, si el evangelista o maestro de Biblia convierte a alguno que
no persevera, sufrirá la pérdida de sus labores en esa persona, pero
eso no tendrá que ver nada con su propia salvación. Véanse Gál. 4:11;
Fil. 2:16; 1 Tes. 3:5. Compárense. 2 Cor 7:9.
Son
completamente falsas y violadoras de este contexto las doctrinas que
afirman que el evangelista sincero pero ignorante de la verdad será
salvo, y que perseverará sin apostasía final el pecador que una vez
fue salvo pero que muere en su pecado (la imposibilidad de apostasía,
o seguridad del creyente). ¿Acaso no escribió Pablo también 9:27 y
10:12?
-- aunque así
como por fuego --
El “fuego” (ver. 13,
comentarios) que probará a las obras del evangelista también lo
probará a él. El mismo “fuego” que consume, o no, su trabajo también
lo prueba a él.
Si ha
edificado encima del fundamento correcto (ver. 10, comentarios), la
segunda venida de Cristo lo revelará y será salvo, a pesar de
cualquier pérdida en sus conversos. Será salvo como por fuego; será
de esta manera. Su salvación no depende de la fidelidad de sus
conversos, sino de haber predicado fielmente todo el consejo de Dios (Hech.
20:20-27).
Esta frase del
versículo tiene que considerarse a la luz de la explicación ya dada en
los comentarios de los versículos 13,14 y la primera parte de éste.
Compárese Ezeq.
3:16-21.
3:16 -- ¿No
sabéis que sois templo de Dios -- Aquí la palabra “templo” se
refiere a la iglesia de Dios en Corinto (1:2), y Pablo continúa el
mismo tema general. (En cambio, en 6:19 el “templo” es el cuerpo
físico del cristiano).
El vocablo
griego
naos, el que se
emplea aquí, y en 6:19, se refiere al Santuario del Templo, con el
Lugar Santo y el Lugar Santísimo (Heb. 9:2,3), donde Dios moraba entre
los israelitas, la residencia de divinidad (2 Crón. 7:16; Hageo 2:9).
La iglesia de Dios en el Nuevo Testamento es representada por este “templo”.
Ahora el
vocablo griego,
hieron,
también se traduce “templo”, pero con referencia, no precisamente al
Santuario, sino al conjunto de sitios, rincones, pórticos, atrios,
etcétera, del edificio total. A este templo Jesús lo limpió dos
veces (Juan 2:13-17; Mat. 21:12,13). Después que los griegos
profanaron el templo antiguo (1 Macabeos capítulo 1), y los macabeos
lo limpiaron y lo dedicaron de nuevo (capítulo 4), se comenzó la
fiesta que en Juan 10:22 se llama “de la dedicación”.
De “edificio” (ver. 9)
Pablo pasa ahora a la figura de “templo”. Compárese Efes. 2:20,21 (
naos),
22; 2 Cor. 6:16 (
naos).
Dios mora en su pueblo, la iglesia, y no en templos hechos de manos (Hech.
7:48; 17:24).
-- y que el
Espíritu de Dios mora en vosotros? --
El Espíritu de Dios
moraba en su iglesia en Corinto. Como el gentil podía ser ejecutado
por entrar en (profanar) el templo de los judíos (Hech. 21:28-31,
hieron), no es cualquier
cosa que la iglesia de Dios sea corrompida por los cristianos con sus
actitudes y actividades no autorizadas. ¡Que donde Dios mora el
hombre no lo profane!
Si podemos entender con
facilidad cómo el Espíritu de Dios mora en una iglesia local, sin
intervenciones milagrosas, ¿cómo puede ser que haya tanta confusión
sobre cómo mora el Espíritu Santo en el individuo?
3:17 -- Si
alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él --
Como hay obreros que
pierden su recompensa, pero que siempre serán salvos (ver. 15,16), es
otro caso que el obrero (evangelista, maestro) haga una obra
destructiva con referencia a la iglesia del Señor, su templo. Esto es
lo que pasaba en Corinto, al haber partidos, sectarismos, divisiones y
promociones humanas.
Literalmente nadie puede
destruir la iglesia de Dios para que ya no exista, pero sí puede
asolarla (Gál. 1:13). El falso hermano puede destruir la eficacia de
una iglesia local y llevar miembros a la perdición. Dios siempre ha
destruido a los rebeldes y desobedientes, a los que profanaban lo
santo. Compárense Lev. 10:1-3; 2 Sam. 6:6,7; 2 Crón. 26:16-21; 1 Cor.
10:5-10; Heb. 10:28-31.
En Corinto
había quienes profanaban el templo santo de Dios, su iglesia. Había
hermanos falsos y apóstoles falsos (2 Cor. 11:3,4,13-15,26; 12:20).
-- porque el
templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es --
La razón por qué Dios
destruirá al destructor es que el objeto sufriendo la destrucción es
santo; es la iglesia de Dios.
3:18 -- Nadie
se engañe a sí mismo --
El imperativo presente,
en griego, enfatiza que la persona continúe haciendo tal y tal cosa, o
que no lo esté haciendo. “Que nadie esté engañándose a sí mismo”.
Los hermanos en Corinto, que causaban el problema de la división,
estaban engañados, creyendo que su exaltación de la sabiduría humana
sobre la divina era cosa de gran inteligencia. Pablo les dice que
dejen de andar con esa mentalidad; que no estén engañándose así.
-- si alguno
entre vosotros se cree sabio en este siglo --
El promotor de
divisiones se creía muy sabio, pero su supuesta sabiduría consistía
solamente en la falsa filosofía del hombre de este siglo (mundo). El
que promovía el partido “Paulino”, por ejemplo, se creía más sabio que
los de los demás partidos, y ellos más sabios que él. El sectarismo
fomenta la arrogancia y el orgullo. Siempre que tal cosa existe en la
iglesia, hay problemas serios en ella.
Las filosofías
humanas y las huecas sutilezas saquean a quienes son llevados por
tales cosas (Col. 2:8). Es lo que pasaba en Corinto en la iglesia.
Los sectarios allí abogaban por conceptos del evangelio y de la obra
del evangelista basados, no en la revelación inspirada de Dios por los
apóstoles, sino en su propia sabiduría aprendida del hombre mundano.
-- hágase
ignorante, para que llegue a ser sabio --
La verdadera sabiduría
procede de Dios, mediante la revelación divina. Para llegar la
persona a ser de veras sabio, primero tiene que hacerse ignorante; o
sea, carente de lo que el hombre carnal cree tan sabio y que
contradice la revelación divina.
Desde luego
Pablo no habla de que la persona se haga ignorante de la ciencia como
ciencia (por ej., la física, la química, la matemática, la geología,
la historia), sino de la ciencia alejada de Dios y dedicada a servir
las pasiones bajas del hombre. Habla de que el cristiano ignore la
sabiduría humana como juez sobre el evangelio, juzgándolo según ideas
humanas. Según la sabiduría de Dios, la iglesia es su templo santo en
que mora el Espíritu Santo, y no una caja de resonancia de diferentes
filosofías humanas que promueven la división y la contención.
3:19 --
Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios --
Quedándonos dentro del contexto, sabemos que Pablo habla de la
sabiduría, tal como se hallaba en la iglesia en Corinto, la que
producía división y contención y la elevación del hombre. Esa
sabiduría en la vista de Dios era insensatez. El hombre no puede
salvarse a sí mismo por medio de su propia sabiduría, porque se hace
altivo él y no humilde, sabio en su propia opinión (Rom. 12:16)
-- pues
escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos --
La cita es de Job
5:13. Dios es tan sabio y poderoso que emplea la supuesta sabiduría (astucia)
de los hombres rebeldes, y orgullosos en su pensar, para usarla de red
en que prenderles. Considérense Gál. 6:7; Jer. 6:19; 21:14.
Cuando los
hermanos introducen en la organización, obra, y adoración de la
iglesia lo que su propia sabiduría humana está dictando, corrompen la
iglesia y en lugar de “mejorar” y “hacer progresar” a la iglesia y
hacerla más atractiva al mundo, logran destruirla, todo teniendo un
completo fracaso en cuanto a agradar a Dios. La centralización y el
institucionalismo que fueron introducidos en la hermandad hace como
cincuenta años han producido más y más apostasías a tal grado que hoy
en día el modernismo mismo (la negación del nacimiento virginal de
Jesús y la inspiración de las Escrituras, etcétera) se evidencia en la
hermandad. Lo que se presentaba como para poner la iglesia “en marcha”
(así se decía en la década 50) ha destruido un gran segmento de la
hermandad. Su sabiduría era insensatez. Dios ha vuelto su astucia en
derrota y derrumbe. Ejemplo: la persecución de parte de los
incrédulos, diseñada para destruir la iglesia de Cristo, Dios la
volvió en instrumento para difundir el evangelio a través del mundo.
Véase 1:19,20,
comentarios.
3:20 -- Y otra
vez: -- Ya
citó Pablo a Job 5:13 (ver. 19), y ahora hace otra cita. Es Sal.
94:11. Aunque este pasaje dice “los hombres”, y no “los sabios”,
leyendo este salmo desde el primer versículo uno se da cuenta de que
se trata de hombres que actúan en base de su propia sabiduría, siendo
vanagloriosos, necios, y fatuos.
-- El Señor
conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos --
Todo este contexto trata de la sabiduría del hombre, la que contradice
la sabiduría de Dios. El Creador de la criatura seguramente conoce el
corazón (los pensamientos) de ella, y que no llegan a la nada tales
pensamientos contradictorios a los designios de Dios. Ellos son
huecos; no llegan a ninguna conclusión buena y constructiva. No
logran sus ideales; son vanos.
En todo esto
Pablo está dirigiéndose al problema en la iglesia en Corinto causado
por los amantes de la división (1:10-12). Dios no estaban con ellos,
como ellos se oponían a la sabiduría de Dios. Sus promociones no
llegarían a ningún fin bueno. ¿Era sabio, pues, que ellos siguieran
con sus intentos inútiles y vanos, o que la iglesia en Corinto fuera
llevada por ellos?
3:21 -- Así
que -- Con
esta frase Pablo llega a la conclusión de su argumento en este
capítulo: de que los predicadores son únicamente servidores,
colaborando con Dios; que son responsables por su construcción sobre
el fundamento ya puesto, que es Jesucristo; que destruir con la
división y la contención el templo santo de Dios trae de Dios
destrucción para quienes lo hacen; y que la sabiduría de los hombres,
que contradice la sabiduría divina, es insensatez y vanidad. Siendo
así el caso, la conclusión obvia es la declaración siguiente:
-- ninguno se
gloríe en los hombres --
Se trata de gloriarse en
la relación particular que la persona sostiene con ciertos hombres,
como si esa relación fuera la consideración más importante (ver. 4).
Ningún hombre tiene algo de interés peculiar para el cristiano para
que éste se gloríe por llevar una relación con él. Todo gloriarse
queda excluido (1:29).
-- porque todo
es vuestro --
Ahora sigue la razón de
por qué no gloriarse en los hombres, como perteneciendo a ellos. Si
todos los beneficios espirituales que ellos pueden proporcionar a
otros son nuestros, si ellos entonces en realidad pertenecen a
nosotros, no hace sentido procurar pertenecer nosotros a ellos. En
este sentido aun los ángeles son nuestros (Heb. 1:14). Todo lo que es
de Dios es para el beneficio del pueblo de Dios (Rom. 8:28).
Decir “soy de
Pablo, etcétera” equivalía a decir “soy siervo de él, soy suyo de él”,
pero en realidad ¡él es nuestro! Decir “soy de él” equivaldría a
poner la confianza en él, mientras que toda nuestra confianza debe
estar basada en Dios, y los hombres son nada más servidores de Dios
que nos benefician por medio de sus servicios.
3:22 -- sea
Pablo, sea Apolos, sea Cefas --
Lo de este versículo
explica lo que Pablo quiso dar a entender en el ver. 21, al decir,
“todo es vuestro”.
La iglesia no
pertenece a los predicadores, para que los hermanos los eleven y sigan
tras ellos, sino ¡ellos pertenecen a la iglesia! Son servidores de
ella. Compárese Col. 1:24,25, Pablo servidor de la iglesia). La
iglesia es de Cristo, y no de los predicadores. (Muchos predicadores
no han aprendido estas sencillas verdades).
Todo lo que
enseñaban Pablo, Apolos, y Cefas (y muchos otros), y el ejemplo de
ellos en sus experiencias de predicar y enseñar la Palabra, son míos
para beneficiarme en mi propia vida de cristiano. Véanse 1 Tes.
4:1,2; 1:6; Fil. 4:9; 3:17; 1 Cor. 11:1.
-- sea el
mundo -- El
mundo existe para el beneficio y uso correcto del cristiano, y
solamente él sabe usarlo debidamente. (El hombre carnal es usado por
el mundo; él no sabe emplear las bendiciones materiales de Dios de
manera correcta, sino de manera egoísta).
Considérense Mat. 5:5; 6:33;
Mar. 10:29,30; 1 Tim. 4:8; 6:17; Sal. 37:25.
Dios en su providencia mira por los suyos, Mat. 6:25-34.
-- sea la vida,
sea la muerte --
El cristiano entiende
por qué vive; es para glorificar a su Creador. Solamente él sabe que
la muerte le sirve de puerta para pasar al reposo. Vive en Cristo, y
muere en Cristo, por eso las dos cosas son de él porque le sirven y él
hace buen uso de ellas. Considérense Luc. 16:22-25; Fil. 1:19-26; Gál.
2:20; Rom. 14:8; 2 Cor. 4:16--5:8; 15:55-58; 2 Tim. 4:6-8; Apoc.
14:13; Sal. 115:16.
-- sea lo
presente, sea lo por venir --
Sea la referencia a
circunstancias personales del cristiano, o a eventos en el mundo
físico, todos sirven para beneficiar al cristiano porque sabe
aprovecharlos para su crecimiento en la fe en Cristo y para glorificar
a Dios. En este sentido tales cosas pertenecen a él.
En cuanto a lo
presente, véanse Fil. 4:7; Col. 1:13,14; Heb. 6:19. Referente a lo
por venir, véase 1 Ped. 1:3-5.
-- todo es
vuestro -- Como dijo Pablo al final del ver. 21, ahora lo repite: todo es vuestro.
Esto es cierto porque los cristianos pertenecen a Cristo quien hizo
todas las cosas (Juan 1:3) y las controla para beneficiar a los suyos.
Solamente el cristiano puede decir que todas las cosas son de él,
porque solamente él sostiene la relación correcta con Cristo.
3:23 -- y
vosotros de Cristo --
Pablo recuerda a los
corintios que son de Cristo, y por eso no habían de considerarse como
de Pablo, o de Apolos, o de Cefas. La iglesia es compuesta de los
miembros del cuerpo espiritual de Cristo. El es su cabeza, no los
hombres (15:23; 2 Cor. 10:7; Gál. 3:29; Efes. 1:22,23; Col. 1:18).
Véase Rom. 8:17.
Si no somos
nuestros (1 Cor. 6:19), ¡mucho menos somos de este predicador o de
aquél! Somos de Cristo quien nos compró (6:20). Si pretendemos que
somos de Cristo y de Dios, ¡que nos portemos como es digno de esa
reclamación!
-- y Cristo de
Dios -- El
Cristo, el Ungido de Dios, hace el papel de redentor del hombre
perdido. El está sujeto al Padre en el esquema de la salvación, y
reina ahora sobre su reino. Ese reino al final se lo entregará a Dios
(1 Cor. 15:24-28). El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son uno en
propósito, pero cada uno tiene su papel en la obra de redención.
Si todo es
nuestro, si somos de Cristo, y si Cristo es de Dios, ¿hace sentido que
nos sometamos a hombres? Dios es quien nos enriquece con todo; ¡a él
demos toda la gloria y toda la honra!