NOTAS SOBRE 1 CORINTIOS

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, 1997)  

 

 


CAPITULO 3 

          3:1 -- De manera que yo, hermanos -- Con estas palabras Pablo prosigue el tema en general sugerido por el mal de los corintios de formarse en grupos según sus predicadores favoritos. Al decirles “hermanos” suaviza la reprensión o censura necesaria.  Habla lo que tiene que hablar, pero lo hace con ternura, porque les ama.
           -- no pude hablaros --
cuando estuvo con ellos en Corinto en el tiempo de la conversión de ellos, Hechos 18.
          -- como a espirituales --
Pablo acabó de decir (2:15) que el espiritual es hombre, o inspirado como él, o hermano que acepta la inspiración del Espíritu Santo y sigue la enseñanza inspirada.  Aunque los hermanos corintios no eran “naturales” (2:14), personas que rechazan la inspiración, tampoco mostraban madurez (2:6) al promover el espíritu sectario según los dictámenes de su cultura (1:12). Por eso no se portaban como “espirituales” (personas totalmente entregados con madurez a las direcciones del Espíritu Santo).  En ese tiempo Pablo no pudo hablarles como a hermanos bien desarrollados en su crecimiento espiritual.
           En el capítulo 2 el contraste presentado fue entre el hombre natural y el hombre espiritual (el carente de la inspiración del  Espíritu Santo, y el poseedor de tal inspiración), y en el capítulo 3 es entre el discípulo carnal y el discípulo espiritual (el que no había alcanzado madurez, y el que había llegado a ella  en las cosas reveladas por el Espíritu Santo).
           -- sino como a carnales --
Es obvio que Pablo no está acusando a los corintios de carnalidad en el sentido de lo inmoral, sino que está diciendo que ellos, en el tiempo de haber estado él con ellos en el principio, tenían falta de espiritualidad (o de madurez en su aceptación de instrucción del Espíritu Santo).  El vocablo griego aquí (sarkinos), y el que aparece en el ver. 3 (sarkikos), son distintos (aunque los dos básicamente hacen referencia a la carne).  La versión católica, por Fuenterrabía, en lugar de “carnales” dice, “influenciados por la ‘carne’”, y agrega una nota que explica que el término griego no significa entregarse totalmente a vicios, sino tener un modo de pensar que es terreno y por debajo de lo que debe ser para el cristiano.  El vocablo en el ver. 1 (sarkinos)  significa “hecho de carne”, y el en el ver. 3 (sarkikos), “perteneciente a la carne, o caracterizado por ella”.
           Al agregar Pablo la frase, “como a niños”, aclara el uso que él hace de la palabra  “carnal”, que aparece aquí.  Es ser no espiritual (maduro) porque la madurez o el desarrollo ha sido detenido.  Es seguir la debilidad (Mat. 26:41), usando pensamientos de un cristiano sin madurez.           -- como a niños en Cristo -- En su vida espiritual se quedaban de poca estatura, como niños.  El vocablo griego para decir “niños” aquí es nepios, infante.  Aparece en Mat. 21:16; Heb. 5:13; Gál. 4:3; Efes. 4:14.  Aparece en otros pasajes en sentido figurado (por ej., Rom. 2:20, y aquí).  Siempre se asocia con esta palabra la idea de inmadurez. 


          3:2 -- Os di a beber leche, y no vianda --
Sigue hablando Pablo de cuando estuvo con ellos en Corinto, que no pudo en el contenido de su instrucción darles sino leche (los principios del evangelio), y no comida sólida (enseñanza propia para los maduros en el evangelio).  Compárense Heb. 5:11--6:2; Efes. 4:14,15.
           -- porque aún no erais capaces --
Hasta llegar aquí Pablo no los había censurado fuertemente.  Pero, ahora, sí.
           -- ni sois capaces todavía --
¿De quién era la culpa que esta condición entre ellos existiera?  Estos “niños” no se habían desarrollado.  Los corintios por su propia voluntad habían rehusado madurar debidamente, ocupándose más en asuntos carnales que en espirituales.  No habían madurado.  No tenían excusa alguna.
           Pablo en este contexto hace contraste entre los cristianos “hechos de carne”, o “influenciados por la carne” y que por eso no siguen creciendo espiritualmente, y los cristianos espirituales, o que han madurado en su vida de seguir la enseñanza del Espíritu Santo.
           Al seguir leyendo esta carta, vemos que los corintios tenían un número de cosas malas que abandonar para poder madurar debidamente.
          
Basta nada más mencionar que en este contexto Pablo, al decir “carnal”, no está hablando de la naturaleza del hombre, si nace depravado, o no. Hay comentaristas que fuerzan tal idea dentro de este contexto. 


          3:3 -- porque aún sois carnales --
 Aquí es el mal que había entre los hermanos en Corinto: no habían dejado el estado inmaduro, sino siendo no espirituales (carnales, hechos de carne), como niños sin experiencia, habían pasado ahora a ser no espirituales (carnales, caracterizados por la carne), en que ahora andaban en prácticas pecaminosas.  Véase ver. 1, comentarios sobre los dos vocablos griegos.  El primero de estos dos apunta a la inmadurez de los corintios, y el segundo indica que dejaban que la carne dictara al espíritu.
           -- pues habiendo entre vosotros celos --
Esta palabra (zelos) tiene sus dos sentidos distintos: el de cuidado, entusiasmo, ánimo (por ej., 2 Cor. 7:7, solicitud; 11:2), y (en plural) el de inquietud o sospecha de que la persona amada dé la preferencia a otra, o el de envidia y rivalidad hacia otros considerados como competidores.  En este pasaje se emplea en este último sentido mencionado.  Cuando hay partidos, hay celos.  Es lo que pasaba en la iglesia en Corinto.  Esta obra de la carne aparece en la lista de Gál. 5:19-21 (celos).
            -- contiendas --
(eris) De los celos (motivación de envidia y rivalidad) resultan las contiendas; de cierto modo de pensar resulta cierta acción.  Esta obra de la carne aparece en la lista de Gál. 5:19-21 (contiendas).
           --  y disensiones --
Algunas de las versiones buenas omiten la palabra “disensiones”, o divisiones (ASV., V.M., RVA., L.A., P.B., H.A.).  Los celos producen contiendas que en turno producen las divisiones (dichostasia = dos estados <en lugar de la unidad>)
.           -- ¿no sois carnales -- Ser persona  sarkikos (véase ver. 1, comentarios) es dejar ser guiado el espíritu por la carne (en lugar de controlar la carne con el espíritu).
          -- y andáis como hombres? --
Esta frase describe el sentido en que Pablo usa la palabra “carnales”.  Si la persona es carnal, anda exactamente como anda cualquier persona guiada por sus propias pasiones y los dictámenes de su cultura, y no por la revelación divina de las Escrituras.  Para tales personas lo bueno equivale a la grandeza y aclamación conferidas por otros.  (No saben que la grandeza genuina consiste en servir, Mat. 20:20-28).


          3:4 -- Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos,  ¿no sois carnales? --
Véase 1:12Aquí Pablo presenta la evidencia de su acusación contra ellos.  No podían negar que andaban en aquello, y por eso tenían que admitir que andaban en lo que es normal para hombres inconversos (en lugar de estar andando como nuevas criaturas, 2 Cor. 5:17).

          Las frase “¿no sois carnales?” no traduce bien el texto griego que literalmente dice: ¿no sois hombres?  Así lo traducen ASV., P.B., H.A. , tres versiones excelentes.  Otras muy buenas dan el sentido a modo de comentaristas, diciendo: “¿no procedéis como meros hombres?” NVI., o, “¿no procedéis al modo humano?” B.J.

          La frase es casi igual a la que aparece en el versículo anterior (andáis como hombres).  Véanse los comentarios allí.  Es andar como humanos, como inconversos, como políticos.  Compárese Mat. 16:23.


          3:5 -- ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? --
Pablo no pregunta quiénes son éstos, sino qué son ellos (para que de ellos los hermanos corintios formaran partidos, llamándose por sus nombres 1:12-15).

          -- Servidores por medio de los cuales habéis creído -- Eran servidores, y no señores, para que otros les elevaran a un nivel sobre los demás.

          El vocablo griego aquí para “servidores” es diakonos (diácono), pero no se usa en el sentido especial, como en 1 Tim. 3:8,12; Fil. 1:1, sino en el sentido común en que aun Cristo (Rom. 15:8, siervo) y los gobiernos (Rom. 13:4, servidor) son llamados diakonos.   Un servidor no merece puestos de honor especial, para que otros se gloríen en él.  Si Pablo rechazaba tales honores de hombres, con más razón debemos hacerlo los predicadores y demás servidores de Cristo de hoy en día.

          La fe no es don de Dios (como afirman los calvinistas y por eso tuercen Efes. 2:8), sino que viene por el oír.  Por eso tiene que haber predicación (Mar. 16:15).  El predicador, pues, viene siendo un mero mensajero del mensaje que se originó con Dios.  ¡A Dios sea toda la gloria! y no al instrumento que Dios emplea para difundir el evangelio.

          Al predicador se debe agradecimiento, pero él, juntamente con los demás cristianos, son todos servidores de Cristo, la Cabeza de la iglesia.   El tener un diploma de graduación de alguna llamada Escuela Para Predicadores, o de algún Instituto Bíblico, no eleva al predicador sobre los demás servidores de Cristo (Mat. 20:25-27).

          -- y eso según lo que a cada uno concedió el Señor -- El Señor ha dado (así dicen varias versiones buenas, B.A., ASV., V.M.) a los diferentes predicadores diferentes dones o habilidades para hacer la obra de evangelizar.  No todos son iguales en su manera, estilo, o habilidad de predicar, pero todos son servidores de Dios y cada uno llena un vacío mejor que otros.  En lugar de exaltar a uno de éstos predicadores sobre los demás, reconociendo que estas diferencias son según los dones de Dios, más bien debemos dar gracias a Dios por ello y ocupar a cada uno de sus servidores para el adelanto de la Causa de Cristo.

          3:6 -- Yo planté, Apolos regó -- Pablo estableció la iglesia del Señor en Corinto, y de allí se fue a otro lugar; más tarde llegó Apolos y continuó la obra, predicando y confirmando (Hech. 18).  El punto es que cada quien hizo su trabajo, teniendo los dos la misma meta.  No hubo nada de rivalidad.  La obra de los dos era importante.

          El predicador es sembrador de semilla (Luc. 8:4-15).  A él no le toca el crecimiento, ni de él depende.

          -- pero el crecimiento lo ha dado Dios. -- Mejor expresan la idea del  tiempo del texto griego (tiempo imperfecto) las versiones B.A. y H.A., “Dios producía el crecimiento”, “Dios daba el crecimiento”.  La obra de Pablo y de Apolos se terminó (tiempo aoristo, o pretérito), pero la de Dios continuaba.

          El poder de Dios para salvar está en el evangelio (Rom. 1:16), como la vida está en la semilla (Gén. 1:12).  El sembrador es servidor de Dios quien da la vida.  Este es el punto de Pablo aquí, para mostrar que no hubo por qué gloriarse los corintios en ciertos hombres.  Mirando a Dios, y no a los hombres, se evitan problemas como éstos que se habían suscitado en Corinto.

          Algunos, de persuasión calvinista, tuercen este pasaje para que enseñe que si Dios no opera milagrosamente en el corazón del oyente del evangelio, no puede haber vida espiritual en la persona.  Pero tal enseñanza no se encuentra aquí, ni en ninguna otra parte.  ¿Acaso tiene Dios que obrar un milagro en la tierra, que ha recibido la semilla, para que brote una planta viva?  ¡Claro que no!  Dios puso la vida en la semilla.


          3:7 -- Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento --
Ahora entra la conclusión del ver. 6: comparados con Dios, el que planta y el que riega no son nada.  El que sí merece la gloria y la exaltación es Dios.  En sentido absoluto, desde luego el predicador es algo: ¡es servidor de Dios, como lo es todo cristiano fiel!  Pero el punto de Pablo, dado el problema en Corinto, es que es Dios quien debe ser elevado, y no el hombre.

          El texto griego emplea tres participios: el que planta, el que riega, el que obra el crecimiento.  En comparación de importancia y de mérito en cuanto a exaltación, no son nada los primeros dos, pero el tercero, sí es algo.  ¿Quién es?  ¡Es Dios!

          3:8 -- Y el que planta y el que riega son una misma cosa -- “son uno”, dicen las versiones ASV., B.A., N.M., P.B.   Son uno en propósito, no una sola persona (como los esposos son una sola carne, los cristianos son uno, y el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son uno, pero no una sola persona (Mat. 19:5;  Jn. 17:22).

          Para que haya cosecha, la semilla sin agua no basta, ni el agua sin semilla.  Así que el que siembra y el que riega tienen el mismo propósito: que haya cosecha.

          Hay unidad de propósito entre el que planta y el que riega; tienen la misma meta.  ¿Cómo, pues, se puede hacer de los dos, que están unidos, cabezas de dos partidos opuestos y rivales?  ¡Qué ilógica fue la mentalidad de los corintios al formar partidos!

          -- aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor -- Aunque los dos obreros son uno en propósito, siempre son dos individuos y Dios va a recompensar a cada uno en consideración, no de algún resultado logrado colectivamente, sino de la labor de cada uno.

          El servidor de Cristo menos conocido en la hermandad no recibirá de Dios menos que el más conocido, si su labor ha sido de igual medida en la vista de Dios.  Tampoco recibirá más el evangelista de renombre global, si su labor no ha sido más.  La labor es la medida, no el renombre o la popularidad del obrero.  ¿Quiero yo buen salario (recompensa)?  Entonces ¡que haga buen esfuerzo (labor)!

          3:9 -- Porque nosotros somos colaboradores de Dios -- ¿Por qué recibirá su recompensa (salario) de Dios?  Porque es colaborador de Dios.  ¡Qué grande es este honor: el de colaborar con Dios (el que planta, el que riega, y el que da el crecimiento, trabajando en la misma causa)!

          Ahora, si el sentido es que Pablo y Apolos son colaboradores que pertenecen a Dios, siempre es igual el punto principal, que es que no hay por qué hacer partidos en la iglesia.  Pablo y Apolos no eran colaboradores de los corintios, sino de Dios.  Si toda la gloria se da a Dios, y ninguna a los hombres, la división desaparece.
            -- y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios -- La iglesia de Cristo en Corinto no era de diferentes partidarios y llamados “líderes”.  ¡Era de Dios!  Si la “tierra cultivada” (B.A., margen) y el “edificio” son de Dios (El es el dueño), no había por qué llamarse los corintios como pertenecientes a ciertos hombres (de Pablo, de Apolos, de Cefas).

          Referente a la figura de “tierra cultivada”, compárense Isa. 5:1-7; Mat. 3:3-30; Luc. 8:5-15; 13:6-9; Jn. 15:1-6.  En cuanto a la figura de “edificio” de Dios, compárense ver. 16 (templo); Heb. 3:6; 1 Ped. 2:5; Efes. 2:21,22; 2 Cor. 6:16. 

          El texto griego en su arreglo de palabras da énfasis al hecho de que todo es de Dios.  Dice literalmente: “de Dios” tres veces -- de Dios los colaboradores, de Dios la labranza, de Dios el edificio.  No había nada de Pablo, ni de Apolos, ni de Cefas, para que los corintios hicieran partidos de ellos.  Exaltemos a Dios, y no a los hombres.

          3:10 -- Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada -- La gracia aquí referida es el favor de Dios que proporcionó a Pablo la habilidad y la oportunidad de llegar a Corinto y predicar el evangelio y así establecer la iglesia de Dios allí.  No tomó para sí crédito, sino atribuyó a Dios toda la razón de su obra de evangelismo en Corinto.  ¡Qué grande fue el contraste entre su actitud y la de los que causan división en la iglesia!

          La iglesia de Dios en una localidad es un edificio de Dios (ver. 9).  Pablo ahora pasa a hablar de cómo él colocó el fundamento de ese edificio en Corinto.

          -- yo como perito arquitecto puse el fundamento -- Otras versiones dicen, “sabio arquitecto”.  Ese fundamento no fue Pablo, para que algunos después dijeran, “somos de Pablo”, sino Jesucristo (ver. 11).  Ninguna cosa que es de Dios va a tener a hombre por fundamento.

          Aquí Pablo se llama un arquitecto (un lector de planos de construcción); en 2 Cor. 4:7 se llama un vaso de barro; en 5:20, un embajador).

          -- y otro edifica encima -- Pablo puso (tiempo pretérito) el fundamento (hecho de una sola vez), pero ahora otros llegan (tiempo presente), edificando encima con su predicación y enseñanza (acciones duraderas).

          -- pero cada uno mire cómo sobreedifica -- El asunto es imperativo. Deben sobreedificar conforme a la verdad del fundamento que Pablo puso.  Algunos no habían edificado bien encima de ese fundamento bien puesto.  La división y la contención lo evidenciaban (1:10,11).

          Referente a otros predicadores y maestros que llegaran después de la salida de Pablo, nótese 4:15 (ayos en Cristo).

          3:11 -- Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo -- El asunto de fundamento ya está establecido y nadie puede hacer cambio en él.  Jesucristo (su persona divina, lo que ha hecho en su cruz, y toda su doctrina) es ese fundamento, el que Pablo puso (ver. 10; 2:2; compárense Mat. 21:42; Hech. 4:11,12; Efes. 2:20; 1 Ped. 2:4-8--Sal. 118.22; Isa. 28:16).

          Cristo mismo dijo (Mat. 16:17,18) que iba a edificar la iglesia sobre la roca “ésta”, que fue la confesión que Pedro acababa de hacer acerca del Cristo, y no sobre Pedro.  (Según el texto griego, Cristo dijo: “Tú eres petros, y sobre esta petra edificaré mi iglesia”).  Pedro, como el supuesto primer Papa de Roma, sería otro fundamento, y Pablo dice que otro no puede ser puesto.

          Si alguien edifica sobre otro fundamento (sobre otra persona, que tiene que ser humana, y sus doctrinas), lo que edifica no es “edificio de Dios”; no es la iglesia de Cristo, sino alguna iglesia humana.  Si los conversos de los predicadores creen y practican lo que queda fuera de la doctrina de Cristo (2 Juan  9), la doctrina apostólica (Hech. 2:42), llegan a ser parte de algún edificio no de Dios.

          3:12 -- Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca -- En este lenguaje figurado que Pablo emplea, hay dos clases de materiales con que edifica sobre el fundamento.  Los primeros tres (oro, plata, piedras preciosas, resisten el fuego; las otras tres, madera, heno, hojarasca, no lo resisten.

          Estas dos clases diferentes de materiales de construcción representan los conversos que el evangelista hace.  El tiene que tener mucho cuidado en su obra de construcción (predicación y enseñanza, ver. 10), pero no es responsable por la fidelidad de los conversos (ver. 14,15).

          3:13 -- la obra de cada uno se hará manifiesta -- Es importante guardar presente el punto que aquí Pablo enfatiza, para no ir tras ideas extrañas.  “La obra de cada uno se hará evidente” (B.A.).  La frase siguiente dice por qué será hecha manifiesta la obra de cada persona que edifica encima del fundamento, Cristo Jesús.

          No entra en este contexto nada de la idea de purgar pecados de personas.

          -- porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada -- La obra de cada evangelista y maestro de Biblia será hecha evidente, o manifiesta, porque el día la va a declarar.  Nadie va a poder esconder la calidad de dicha obra.  Será expuesta.

          ¿Cuál día es el referido en este contexto?  Algunos entienden que es el “día” en el sentido del curso de la vida, y concluyen que Pablo habla “del fuego de prueba” que viene a los cristianos a veces (1 Ped. 4:12).  Pero a mi juicio se hace referencia más bien al día final que “en fuego se revelará”, dice el texto griego.

          Conviene notar una traducción literal del texto griego.  Lacueva dice así: “de cada uno la obra manifiesta se hará; porque el día (la) descubrirá, porque por fuego se revelará...”.  El pronombre “la” en paréntesis no aparece en el texto griego, pero se implica porque la cosa descubierta es la obra del evangelista.  Es muy apegada a esta traducción literal la versión Moderna: “la obra de cada cual será puesta a manifiesto; porque el día la declarará, pues que en fuego es revelado...”.  Nótese que se dice “revelado” (es decir, el día), y no “revelada” (es decir, la obra).  El sujeto de la frase es “día”.  No puede ser “obra” porque el pronombre “la” (obra) no aparece en el texto griego.

          El día final, cuando Cristo venga la segunda vez, revelará la obra que es duradera como lo es el oro, la plata, y las piedras preciosas, y también revelará la obra que no resistirá la prueba del fuego, como no resisten el fuego la madera, el heno, y la hojarasca.  El fuego se asocia con el día final (2 Tes. 1:7,8; Heb. 12:29)

          -- y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará -- Nótese que este fuego figurado va a probar, ¡no purgar, ni castigar!  Aquí no entra nada la doctrina católica romana del purgatorio, ni tampoco la doctrina bíblica del infierno.  La idea es sencillamente la de probar, para manifestar.  En esta vida hay mucha reclamación y engaño, pero la venida de Cristo hará la separación manifiesta (Mat. 25:31 y sig.).  Como el fuego purifica lo duradero, y consume lo inflamable, la segunda venida de Cristo revelará el carácter genuino de cada persona convertida inicialmente por el evangelio.  El pecado y la falsa doctrina en la cristiano profeso no puede pasar la prueba de la venida de Cristo, como tampoco puede la madera, el heno, y la hojarasca resistir el fuego.

          3:14 -- Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa -- El versículo siguiente hace claro que aquí no se trata de la salvación eterna del obrero.  La recompensa (o salario, P.B.), y la pérdida (ver. 15), son dos cosas aparte de la salvación.

          La fidelidad hasta la muerte de parte de la persona convertida a Cristo ocasiona para el predicador que le convirtió mucho gozo; es como una corona para él (Fil. 4:1; 1 Tes. 2:19,20).  Esta es su recompensa.  Véanse también 7:19; 2 Cor. 1:14; Fil. 2:16; 3 Juan 4; Dan. 12:3.


          3:15 -- Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo -- En cambio, si el evangelista o maestro de Biblia convierte a alguno que no persevera, sufrirá la pérdida de sus labores en esa persona, pero eso no tendrá que ver nada con su propia salvación.  Véanse Gál. 4:11; Fil. 2:16; 1 Tes. 3:5.  Compárense. 2 Cor 7:9.
          Son completamente falsas y violadoras de este contexto las doctrinas que afirman que el evangelista sincero pero ignorante de la verdad será salvo, y que perseverará sin apostasía final el pecador que una vez fue salvo pero que muere en su pecado (la imposibilidad de apostasía, o seguridad del creyente).   ¿Acaso no escribió Pablo también 9:27 y 10:12?
          -- aunque así como por fuego --  El “fuego” (ver. 13, comentarios) que probará a las obras del evangelista también lo probará a él.  El mismo “fuego” que consume, o no,  su trabajo también lo prueba a él.

          Si ha edificado encima del fundamento correcto (ver. 10, comentarios), la segunda venida de Cristo lo revelará y será salvo, a pesar de cualquier pérdida en sus conversos.  Será salvo como por fuego; será de esta manera.  Su salvación no depende de la fidelidad de sus conversos, sino de haber predicado fielmente todo el consejo de Dios (Hech. 20:20-27).

          Esta frase del versículo tiene que considerarse a la luz de la explicación ya dada en los comentarios de los versículos 13,14 y la primera parte de éste.

          Compárese Ezeq. 3:16-21.

          3:16 -- ¿No sabéis que sois templo de Dios -- Aquí la palabra “templo” se refiere a la iglesia de Dios en Corinto (1:2), y Pablo continúa el mismo tema general.  (En cambio, en 6:19 el “templo” es el cuerpo físico del cristiano).

          El vocablo griego naos, el que se emplea aquí, y en 6:19,  se refiere al Santuario del Templo, con el Lugar Santo y el Lugar Santísimo (Heb. 9:2,3), donde Dios moraba entre los israelitas, la residencia de divinidad (2 Crón. 7:16; Hageo 2:9).  La iglesia de Dios en el Nuevo Testamento es representada por este “templo”. 

          Ahora el vocablo griego, hieron, también se traduce “templo”, pero con referencia, no precisamente al Santuario, sino al conjunto de sitios, rincones, pórticos, atrios, etcétera, del edificio total.   A este templo Jesús lo limpió dos veces (Juan 2:13-17; Mat. 21:12,13).  Después que los griegos profanaron el templo antiguo (1 Macabeos capítulo 1), y los macabeos lo limpiaron y lo dedicaron de nuevo (capítulo 4), se comenzó la fiesta que en Juan 10:22 se llama “de la dedicación”.

          De “edificio” (ver. 9) Pablo pasa ahora a la figura de “templo”.  Compárese Efes. 2:20,21 (naos), 22; 2 Cor. 6:16 (naos).  Dios mora en su pueblo, la iglesia, y no en templos hechos de manos (Hech. 7:48; 17:24).

          -- y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? -- El Espíritu de Dios moraba en su iglesia en Corinto.  Como el gentil podía ser ejecutado por entrar en (profanar) el templo de los judíos (Hech. 21:28-31, hieron), no es cualquier cosa que la iglesia de Dios sea corrompida por los cristianos con sus actitudes y actividades no autorizadas.  ¡Que donde Dios mora el hombre no lo profane!

          Si podemos entender con facilidad cómo el Espíritu de Dios mora en una iglesia local, sin intervenciones milagrosas, ¿cómo puede ser que haya tanta confusión sobre cómo mora el Espíritu Santo en el individuo?

          3:17 -- Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él -- Como hay obreros que pierden su recompensa, pero que siempre serán salvos (ver. 15,16), es otro caso que el obrero (evangelista, maestro) haga una obra destructiva con referencia a la iglesia del Señor, su templo. Esto es lo que pasaba en Corinto, al haber partidos, sectarismos, divisiones y promociones humanas.

          Literalmente nadie puede destruir la iglesia de Dios para que ya no exista, pero sí puede asolarla (Gál. 1:13).  El falso hermano puede destruir la eficacia de una iglesia local y llevar miembros a la perdición.  Dios siempre ha destruido a los rebeldes y desobedientes, a los que profanaban  lo santo.  Compárense Lev. 10:1-3; 2 Sam. 6:6,7; 2 Crón. 26:16-21; 1 Cor. 10:5-10; Heb. 10:28-31.

          En Corinto había quienes profanaban el templo santo de Dios, su iglesia.  Había hermanos falsos y apóstoles falsos (2 Cor. 11:3,4,13-15,26; 12:20).

          -- porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es -- La razón por qué Dios destruirá al destructor es que el objeto sufriendo la destrucción es santo; es la iglesia de Dios.

          3:18 -- Nadie se engañe a sí mismo -- El imperativo presente, en griego, enfatiza que la persona continúe haciendo tal y tal cosa, o que no lo esté haciendo.  “Que nadie esté engañándose a sí mismo”.  Los hermanos en Corinto, que causaban el problema de la división, estaban engañados, creyendo que su exaltación de la sabiduría humana sobre la divina era cosa de gran inteligencia.  Pablo les dice que dejen de andar con esa mentalidad; que no estén engañándose así.

          -- si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo -- El promotor de divisiones se creía muy sabio, pero su supuesta sabiduría consistía solamente en la falsa filosofía del hombre de este siglo (mundo).  El que promovía el partido “Paulino”, por ejemplo, se creía más sabio que los de los demás partidos, y ellos más sabios que él.  El sectarismo fomenta la arrogancia y el orgullo.  Siempre que tal cosa existe en la iglesia, hay problemas serios en ella.

          Las filosofías humanas y las huecas sutilezas saquean a quienes son llevados por tales cosas (Col. 2:8).  Es lo que pasaba en Corinto en la iglesia.  Los sectarios allí abogaban por conceptos del evangelio y de la obra del evangelista basados, no en la revelación inspirada de Dios por los apóstoles, sino en su propia sabiduría aprendida del hombre mundano.

          -- hágase ignorante, para que llegue a ser sabio -- La verdadera sabiduría procede de Dios, mediante la revelación divina.  Para llegar la persona a ser de veras sabio, primero tiene que hacerse ignorante; o sea, carente de lo que el hombre carnal cree tan sabio y que contradice la revelación divina.

          Desde luego Pablo no habla de que la persona se haga ignorante de la ciencia como ciencia (por ej., la física, la química, la matemática, la geología, la historia), sino de la ciencia alejada de Dios y dedicada a servir las pasiones bajas del hombre.  Habla de que el cristiano ignore la sabiduría humana como juez sobre el evangelio, juzgándolo según ideas humanas.  Según la sabiduría de Dios, la iglesia es su templo santo en que mora el Espíritu Santo, y no una caja de resonancia de diferentes filosofías humanas que promueven la división y la contención.

 

          3:19 -- Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios -- Quedándonos dentro del contexto, sabemos que Pablo habla de la sabiduría, tal como se hallaba en la iglesia en Corinto, la que producía división y contención y la elevación del hombre.  Esa sabiduría en la vista de Dios era insensatez.  El hombre no puede salvarse a sí mismo por medio de su propia sabiduría, porque se hace altivo él y no humilde, sabio en su propia opinión (Rom. 12:16)

          -- pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos -- La cita es de Job 5:13.  Dios es tan sabio y poderoso que emplea la supuesta sabiduría (astucia) de los hombres rebeldes, y orgullosos en su pensar, para usarla de red en que prenderles.  Considérense Gál. 6:7; Jer. 6:19; 21:14.

          Cuando los hermanos introducen en la organización, obra, y adoración de la iglesia lo que su propia sabiduría humana está dictando, corrompen la iglesia y en lugar de “mejorar” y “hacer progresar” a la iglesia y hacerla más atractiva al mundo, logran destruirla, todo teniendo un completo fracaso en cuanto a agradar a Dios.  La centralización y el institucionalismo que fueron introducidos en la hermandad hace como cincuenta años han producido más y más apostasías a tal grado que hoy en día el modernismo mismo (la negación del nacimiento virginal de Jesús y la inspiración de las Escrituras, etcétera) se evidencia en la hermandad.  Lo que se presentaba como para poner la iglesia “en marcha” (así se decía en la década 50) ha destruido un gran segmento de la hermandad.  Su sabiduría era insensatez.  Dios ha vuelto su astucia en derrota y derrumbe.  Ejemplo: la persecución de parte de los incrédulos, diseñada para destruir la iglesia de Cristo, Dios la volvió en instrumento para difundir el evangelio a través del mundo.

          Véase 1:19,20, comentarios.

          3:20 -- Y otra vez: -- Ya citó Pablo a Job 5:13 (ver. 19), y ahora hace otra cita.  Es Sal. 94:11.  Aunque este pasaje dice “los hombres”, y no “los sabios”, leyendo este salmo desde el primer versículo uno se da cuenta de que se trata de hombres que actúan en base de su propia sabiduría, siendo vanagloriosos, necios, y fatuos.

          -- El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos -- Todo este contexto trata de la sabiduría del hombre, la que contradice la sabiduría de Dios.  El Creador de la criatura seguramente conoce el corazón (los pensamientos) de ella, y que no llegan a la nada tales pensamientos contradictorios a los designios de Dios.  Ellos son huecos; no llegan a ninguna conclusión buena y constructiva.  No logran sus ideales; son vanos.

          En todo esto Pablo está dirigiéndose al problema en la iglesia en Corinto causado por los amantes de la división (1:10-12).  Dios no estaban con ellos, como ellos se oponían a la sabiduría de Dios.  Sus promociones no llegarían a ningún fin bueno.  ¿Era sabio, pues, que ellos siguieran con sus intentos inútiles y vanos, o que la iglesia en Corinto fuera llevada por ellos?
 

          3:21 -- Así que -- Con esta frase Pablo llega a la conclusión de su argumento en este capítulo:  de que los predicadores son únicamente servidores, colaborando con Dios; que son responsables por su construcción sobre el fundamento ya puesto, que es Jesucristo; que destruir con la división y la contención el templo santo de Dios trae de Dios destrucción para quienes lo hacen; y que la sabiduría de los hombres, que contradice la sabiduría divina, es insensatez y vanidad.  Siendo así el caso, la conclusión obvia es la declaración siguiente:

          -- ninguno se gloríe en los hombres -- Se trata de gloriarse en la relación particular que la persona sostiene con ciertos hombres, como si esa relación fuera la consideración más importante (ver. 4).  Ningún hombre tiene algo de interés peculiar para el cristiano para que éste se gloríe por llevar una relación con él.  Todo gloriarse queda excluido (1:29).

          -- porque todo es vuestro -- Ahora sigue la razón de por qué no gloriarse en los hombres, como perteneciendo a ellos.  Si todos los beneficios espirituales que ellos pueden proporcionar a otros son nuestros, si ellos entonces en realidad pertenecen a nosotros, no hace sentido procurar pertenecer nosotros a ellos.  En este sentido aun los ángeles son nuestros (Heb. 1:14).  Todo lo que es de Dios es para el beneficio del pueblo de Dios (Rom. 8:28).

          Decir “soy de Pablo, etcétera” equivalía a decir “soy siervo de él, soy suyo de él”, pero en realidad ¡él es nuestro!  Decir “soy de él” equivaldría a poner la confianza en él, mientras que toda nuestra confianza debe estar basada en Dios, y los hombres son nada más servidores de Dios que nos benefician por medio de sus servicios.

          3:22 -- sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas -- Lo de este versículo explica lo que Pablo quiso dar a entender en el ver. 21, al decir, “todo es vuestro”.

          La iglesia no pertenece a los predicadores, para que los hermanos los eleven y sigan tras ellos, sino ¡ellos pertenecen a la iglesia!  Son servidores de ella.  Compárese Col. 1:24,25, Pablo servidor de la iglesia).   La iglesia es de Cristo, y no de los predicadores.  (Muchos predicadores no han aprendido estas sencillas verdades).

          Todo lo que enseñaban Pablo, Apolos, y Cefas (y muchos otros), y el ejemplo de ellos en sus experiencias de predicar y enseñar la Palabra, son míos para beneficiarme en mi propia vida de cristiano.  Véanse 1 Tes. 4:1,2; 1:6;  Fil. 4:9; 3:17; 1 Cor. 11:1.

          -- sea el mundo -- El mundo existe para el beneficio y uso correcto del cristiano, y solamente él sabe usarlo debidamente.  (El hombre carnal es usado por el mundo; él no sabe emplear las bendiciones materiales de Dios de manera correcta, sino de manera egoísta).

          Considérense Mat. 5:5; 6:33; Mar. 10:29,30; 1 Tim. 4:8; 6:17; Sal. 37:25.  Dios en su providencia mira por los suyos, Mat. 6:25-34.

          -- sea la vida, sea la muerte --  El cristiano entiende por qué vive; es para glorificar a su Creador.  Solamente él sabe que la muerte le sirve de puerta para pasar al reposo.  Vive en Cristo, y muere en Cristo, por eso las dos cosas son de él porque le sirven y él hace buen uso de ellas.  Considérense Luc. 16:22-25; Fil. 1:19-26; Gál. 2:20; Rom. 14:8; 2 Cor. 4:16--5:8; 15:55-58; 2 Tim. 4:6-8; Apoc. 14:13; Sal. 115:16.

          -- sea lo presente, sea lo por venir -- Sea la referencia a circunstancias personales del cristiano, o a eventos en el mundo físico, todos sirven para beneficiar al cristiano porque sabe aprovecharlos para su crecimiento en la fe en Cristo y para glorificar a Dios.  En este sentido tales cosas pertenecen a él.

          En cuanto a lo presente, véanse Fil. 4:7; Col. 1:13,14;  Heb. 6:19.  Referente a lo por venir, véase 1 Ped. 1:3-5.

          -- todo es vuestro -- Como dijo Pablo al final del ver. 21, ahora lo repite: todo es vuestro.  Esto es cierto porque los cristianos pertenecen a Cristo quien hizo todas las cosas (Juan 1:3) y las controla para beneficiar a los suyos.   Solamente el cristiano puede decir que todas las cosas son de él, porque solamente él sostiene la relación correcta con Cristo.

          3:23 --  y vosotros de Cristo -- Pablo recuerda a los corintios que son de Cristo, y por eso no habían de considerarse como de Pablo, o de Apolos, o de Cefas.  La iglesia es compuesta de los miembros del cuerpo espiritual de Cristo.  El es su cabeza, no los hombres (15:23; 2 Cor. 10:7; Gál. 3:29; Efes. 1:22,23; Col. 1:18).  Véase Rom. 8:17.

          Si no somos nuestros (1 Cor. 6:19), ¡mucho menos somos de este predicador o de aquél!  Somos de Cristo quien nos compró (6:20). Si pretendemos que somos de Cristo y de Dios, ¡que nos portemos como es digno de esa reclamación!

          -- y Cristo de Dios -- El Cristo, el Ungido de Dios, hace el papel de redentor del hombre perdido.  El está sujeto al Padre en el esquema de la salvación, y reina ahora sobre su reino.  Ese reino al final se lo entregará a Dios (1 Cor. 15:24-28).  El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son uno en propósito, pero cada uno tiene su papel en la obra de redención.

          Si todo es nuestro, si somos de Cristo, y si Cristo es de Dios, ¿hace sentido que nos sometamos a hombres?   Dios es quien nos enriquece con todo; ¡a él demos toda la gloria y toda la honra!

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