4:1 -- Así,
pues --
Mejores
son las versiones (ASV., B.A., Mod., 1909, RVA., L.A., P.B., N.M.) que
omiten la palabra “pues”. El punto de Pablo es que “así” (de esta manera)
nos consideren los hombres a nosotros (a Pablo y a Apolos). “Que todo
hombre nos considere de esta manera” (B.A.).
Los corintios tenían un
concepto de los predicadores que no era correcto. ¿Son cabezas de
movimientos? ¿Son merecedores de partidos debido a ser ellos filósofos,
oradores destacados (u hoy en día, catedráticos, periodistas, etcétera)?
Pablo ahora les presenta el cuadro correcto de lo que es un evangelista
ante los ojos de Dios.
-- téngannos
los hombres por servidores de Cristo --
De esta manera nos
consideren los hombres: somos siervos de Cristo y
administradores de los misterios de Dios. ¡No somos cabezas de nada
para que los hombres lleven nuestros nombres como si fuéramos líderes
competidores en algo. ¡Somos servidores! (En esto consiste la grandeza
según Cristo, Mat. 20:26-28).
El vocablo
griego empleado aquí no es doulos
(siervo, en esclavitud), sino
juperestes (ayudante voluntario). No solamente hace la voluntad
de otro, al cual está sujeto, sino que lo hace voluntariamente (mientras
está sujeto o en el servicio del otro). (El esclavo hace la voluntad del
amo, pero sin tener libertad de escoger en el asunto).
El pronombre, “nos”,
se refiere a los apóstoles como él, y a los demás hombres colaboradores y
compañeros de ellos, al edificar encima del fundamento y cultivar la
tierra de Dios (3:9-11).
-- y
administradores --
El vocablo griego,
oikonomos, es compuesto de
casa y ley. Significa uno que administra la casa del
amo. Cristo es el oikodespotes,
el gobernador o amo de la casa. El tiene quien le ayude, administrando la
casa.
Luc. 16:1 y
sig. habla de un oikonomos,
administrador, o mayordomo.
José en casa de
Potifar ilustra bien lo que es un administrador de casa (Gen. 39).
-- de los
misterios de Dios -- El término “misterio” en el Nuevo Testamento
denota la verdad que Dios reveló al hombre en el evangelio (Rom. 16:25,26;
Efes. 3:5; Col. 1:26; 1 Tim. 3:9,16).
Véase 2:7,
comentarios.
Pablo, Apolos,
y otros, eran propiedad de Dios, no resultado de la selección de la
iglesia; eran responsables a Dios, no a los hombres. ¿Cómo, pues, podían
ser considerados como cabezas de partidos humanos? Su obra era
administrar y cuidar la voluntad de Dios (1 Tim. 6:20,21; 4:16; Hech.
20:27), y no dirigir movimientos sectarios de los hombres.
Para los
hombres lo sabio es encubrir por medio de sus logias secretas su
supuesta sabiduría, dándola solamente a los iniciados especiales, pero los
apóstoles revelaron los misterios de Dios al predicar el evangelio
a toda criatura (Mar. 16:15).
4:2 -- Ahora
bien -- Otras
versiones dicen: “Siendo así” (B.A.), “Además, en este caso”(N.M.),
“Siendo esto así” (FUE.), “Esto supuesto” (S.A.)
-- se requiere
de los administradores, que cada uno sea hallado fiel --
El evangelio salvador (Rom.
1:16) tiene una sola voz; a saber, la del evangelista. No le toca a él
lograr resultados, ni instituir sistemas nuevos; le toca ser fiel a
Cristo (ver. 1) en la proclamación del evangelio (3:6). Véanse Hech.
20:26,27; 1 Tim. 4:16; 2 Tim. 2:2; Heb. 3:5.
El poder para salvar está
en el evangelio (Rom. 1:16), no en el predicador. (Esto lo debe tener
muy presente todo predicador. Véase Rom. 12:3,16).
Las
preferencias parciales de los hermanos, como las de los corintios del
siglo primero, con respecto a los evangelistas, muchas veces se deben a
que éstos no se quedan dentro del requisito de este versículo. Hay
predicadores que se predican a sí mismos. Contrástese 2 Cor. 4:5.
4:3 -- Yo en
muy poco tengo el ser juzgado por vosotros --
El verbo aquí, ”ser juzgado”,
en el texto griego es anakritho,
y significa “examinar” (y así lo traduce la versión N.M.). Nótese este
vocablo griego en 1 Cor. 9:3 (acusan, o como dice Lacueva, “exigen cuentas”)
y en 10:25,27 (preguntar).
Las Escrituras
nos mandan juzgar en ciertos casos y con cierto criterio (Jn. 7:24), pero
aquí Pablo se refiere a las decisiones y declaraciones impacientes y de
prejuicios de los hombres (como si anticiparan un juicio formal más tarde).
Por ejemplo, algunos llamaban herejía al Camino que Pablo servía (Hech.
24:14), Festo “examinó” a Pablo y le halló loco (26:24), y algunos
corintios “examinaron” a Pablo y le hallaron de presencia corporal débil,
de palabra menospreciable, y de cartas duras y fuertes (2 Cor. 10:10).
El evangelista
(servidor y administrador de Cristo, los ver. 1,2) que agrada a su
maestro, no hace caso de esta clase de investigaciones humanas, sino sigue
en su fidelidad a él, pues esto es lo que se requiere de él.
-- o por
tribunal humano --
Aunque casi todas las
versiones dicen “tribunal humano”, algunas tienen una nota, indicando que
el texto griego dice, literalmente, “día humano”. La Ver. P.B. dice,
“humano día”.
Como la palabra
“día”, en la frase “el día del Señor” (1:8; 5:5; etcétera), se refiere al
juicio del Señor en cierto día, así aquí: el “día humano” es el juicio, o
tribunal, humano. Véase 3:13, comentarios sobre “día”.
-- y ni aun yo
me juzgo a mí mismo --
Con esta frase Pablo hace
claro que no menospreciaba el examen que algunos corintios, u otros,
hicieran acerca de él, porque no se menospreciaría a sí mismo. El punto
es que el juicio humano es inferior al divino. El hecho de que algunos en
Corinto exaltaran a Pablo (1:12; 3:3,4), y que otros le menospreciaran
(2 Cor. 10:10), no tenía nada que ver con su condición ante su verdadero
amo, Jesucristo. El destino eterno del individuo depende del juicio de
Cristo, y no de alguna investigación humana, sea de otros, o sea de sí
mismo. Véase 2 Cor. 10:18. La conciencia de uno no es su guía, ni
tampoco su juez. El Señor lo es (Rom. 14:4,8). Todo examen humano, en
conexión con el destino eterno del individuo, tiene que ser repudiado.
El evangelista
concienzudo no permite que el examen de otros en sí le desanime, ni le
controle en sus decisiones en la obra.
La razón de por
qué no hacer caso Pablo de estas clases de investigaciones, o juicios,
humanos, es dada en el versículo siguiente.
4:4 -- Porque
aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado --
Con referencia particular a su ministerio como apóstol de Cristo, Pablo
dice que no estaba consciente de culpa en nada; tenía una conciencia
limpia (a pesar de haber “sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador”,
1 Tim. 1:13). Pero él había sido bautizado en Cristo, lavando así sus
pecados pasados (Hech. 22:16; Gál. 3:26,27). Por eso pudo decir que tenía
una conciencia limpia. Véase Hech. 24:16.
No obstante,
esa conciencia limpia no le justificaba. La conciencia es un criterio
subjetivo, y por eso no puede ser guía infalible. Puede condenar a la
persona, si es violada, pero no puede nunca justificar a la persona.
Mientras tenía una conciencia limpia, Pablo pensaba hacer muchas cosas
contra el nombre de Jesucristo (Hech. 26:9).
Pablo sabía que
en conexión con las divisiones en Corinto, o en conexión con cualquier
otra situación, no había hecho nada malo a sabiendas, pero eso en sí no le
justificaba. La razón de esto se da en seguida:
-- pero el que
me juzga es el Señor --
La justificación viene de
Dios, y no tan sólo a consecuencia de conciencia limpia. Pablo llegó a
saber que había sido el primero de los pecadores (1 Tim. 1:15), aunque
había pecado sin saberlo. Su conciencia no siempre le guiaba bien. La
garantía para la persona de estar bien delante de Dios, es decir, de estar
justificada, consiste en haber hecho la voluntad de Dios a través del
evangelio.
Considérese 2
Cor. 10:18.
La conciencia
es muy importante, y no hemos de violarla (Rom. 14:23). Nos dice si vamos
bien en cuanto a la sinceridad y a la completa ausencia de ambición
carnal e incredulidad. Nos permite hablar como Pablo se expresaba en
tales textos como Hech. 20:18-27,33-35; 2 Cor. 7:2; 12:17. Pero, ¡no nos
justifica!
Pablo siempre
dejaba que la luz de la palabra de Dios iluminara su conciencia. Por eso,
al estar haciendo mal, se corregía, y de esa manera su conciencia siempre
le aprobaba. Ahora, las investigaciones de los corintios, o de otras
partes, no le movían; tampoco la aprobación de su conciencia, porque el
Juez que juzga (aprueba, justificando a la persona) es solamente el Señor.
Nótense Jn. 5:22,27; 12:48; Hech. 10:42; 17:31.
Pablo no está diciendo que
el predicador puede hacer libremente cualquier cosa hasta que el Señor le
juzgue en el día final. Ese no es el punto, sino es que los hombres no
pueden usurpar el papel de juez que sólo pertenece a Cristo, juzgando a
otros según su propia sabiduría.
4:5 -- Así que
-- Ahora entra
la conclusión práctica del asunto ya expuesto.
-- no
juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor -- Tales
investigaciones hechas por los corintios, en base a su propia sabiduría y
conceptos humanos, con referencia a la posición de importancia de ciertos
evangelistas, no tenían por qué hacerse, ni pertenecían a ese tiempo. El
tiempo para la aprobación o desaprobación del obrero del Señor es todavía
futuro (1:7; 3:13), y tal obra pertenece a otro; a saber, a Cristo el
Señor, el único examinador competente. Por eso, debemos procurar
agradarle a él en todo (Gál. 1:10).
Claro es que
Pablo no condena el juicio necesario en casos de pecado en la iglesia
local, o en la persona (1 Cor. 5:4-13; Rom. 16:17,18; 1 Tim. 1:20; Tito
3:10). Solamente trata aquí la cuestión de decidir sobre el valor
verdadero de otros, al juzgarles según su propia sabiduría, e involucrando
ese juicio los motivos del corazón de otros, cosa que hacían algunos
corintios.
-- el cual
aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones
de los corazones -- ¡Solamente Dios puede hacer esto! Compárense Apoc.
1:11-20; capítulo 2 y 3. Por eso eran incompetentes las investigaciones y
conclusiones de los corintios con referencia a la importancia, aprobación
o desaprobación de los evangelistas. Por eso también la misma conciencia
de uno es incompetente para esto. El hombre puede ver las obras del
corazón, pero no puede discernir las intenciones de él. Dios sí lo puede
hacer, y lo hará. Sus investigaciones justas servirán para el juicio
justo en el día final.
Por no poseer
el hombre el poder de leer el corazón de otro, a veces aprueba al que Dios
condena (Hech. 5:1-11), y ve las buenas obras pero no las malas
motivaciones (Fil. 1:16). Pero Dios es capaz de ver el intento mismo del
corazón.
Los corintios,
al decir, “soy de Pablo”, etcétera, hacían investigaciones y llegaban a
conclusiones, sin contar con la capacidad necesaria para hacerlo, y así se
ocupaban en algo que no les pertenecía. La base de sus juicios fue su
propio concepto de lo que es la grandeza en el predicador. ¡Cómo se
equivocaban, y cómo usurpaban el papel de juez! Pablo les manda desistir
de hacerlo. Sus disposiciones y conducta, al glorificar a ciertos
predicadores, eran malas.
-- y entonces
cada uno recibirá su alabanza de Dios --
El énfasis cae en la
palabra “entonces”. El tiempo para la alabanza de la persona no es ahora,
sino en el día del Señor. Los corintios alababan a ciertos hombres,
haciendo de ellos líderes de partidos, pero los alababan antes del tiempo
(y el alabarles no les tocaba a ellos).
El amo del
administrador o servidor es la persona a quien le toca alabar (o condenar,
según el caso). No le toca al hombre hacer esto.
Los corintios
no son los únicos que han sido culpables de actuar mal en este asunto.
Hasta la fecha hay quienes elevan a ciertos predicadores por encima de
otros, gloriándose en sus logros impresionantes en la vida secular, en
sus puestos oficiales en la academia, o en la elocuencia de sus palabras.
Se glorían en ellos, alabándoles y asociándose con ellos mientras
menosprecian a otros que no cumplen con tales requisitos juzgados como
sobresalientes. Pero se debe desistir de todo eso, y dejar que Dios dé la
alabanza al servidor fiel, porque solamente él puede aclarar lo oculto de
las tinieblas (hechos hipócritas no obvios) y manifestar las intenciones
de los corazones (motivaciones). Nadie de entre los hombres tiene tal
capacidad.
En el tiempo
apropiado, y por conducto del único que tiene la capacidad necesaria para
la obra, el administrador y servidor fiel recibirá su alabanza, aunque en
esta vida los “sabios” no se la hubieran conferido, sino a otros indignos
de ella.
4:6 -- Pero
esto --
Literalmente, “Y estas cosas” (V.M., H.A., L.A., ASV.). Algunos
comentaristas limitan la frase “estas cosas” a las de 3:5 a 4:5, referente
al espíritu sectario de reclamar pertenecer a ciertos evangelistas en
particular. Otros la aplican a todo lo que Pablo ha presentado desde el
principio de la carta, interpretación algo razonable, dada la frase más
tarde en este versículo que dice, “de lo que está escrito”.
-- hermanos --
Pablo está para
usar un lenguaje fuerte y emplear sarcasmo e ironía, al condenar la
disposición mala de ciertos hermanos corintios, y por eso usa este término
de afecto, para no distanciarse de sus lectores.
-- lo he
presentado como ejemplo en mí y en Apolos --
La frase, “he presentado
como ejemplo” traduce una sola palabra en el texto griego. Esta palabra
se encuentra en 2 Cor. 11:13 (se disfrazan) y en Fil. 3:21 (transformará;
Lacueva: transfigurará). Aquí significa transferir en figura (ASV.,
Mod.), aplicar en sentido figurado (B.A.), o aplicar por vía de ejemplo (H.A.).
Lacueva la traduce: “he trasladado figurativamente”. Literalmente
significa “alterar la forma”.
Desde el
capítulo 1 Pablo ha hablado acerca de la disposición carnal de algunos en
Corinto, de formar partidos según sus conceptos humanos de grandes
filósofos. En lugar de dirigirse Pablo directamente a ellos,
censurándoles por sus divisiones, estas cosas las cambia de forma,
transfiriéndolas a sí mismo y a Apolos para que ellos sirvan de ejemplo en
el asunto del papel correcto de un evangelista. Así Pablo usa el nombre
de sí mismo y el de Apolos, en lugar de usar los nombres de aquellos
hermanos errados en Corinto, al tratar la cuestión de la actitud correcta
hacia otros. Todo esto fue
-- por amor de
vosotros -- o,
por causa de vosotros (LAC.). La palabra “amor” no aparece en el texto
que dice, literalmente, “por vosotros”, pero sí completa la idea. Todo
fue para la instrucción de los corintios en la verdad; fue para el
beneficio de ellos.
-- para que
en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito -- Los
corintios necesitaban aprender cierta cosa. La podían aprender al
considerar el ejemplo de Pablo y de Apolos (mencionados estos dos en
particular, por lo que dice 3:5). Esa cosa se expresaba en un refrán, que
literalmente decía: “no sobre lo que está escrito” (Lacueva); es decir, no
propasarse o irse más allá de lo que está escrito. La H.A. y la P.B.
dicen, “para que en nosotros aprendáis aquello de ‘No más allá de lo que
está escrito’”. La NVI. dice, “a fin de que aprendáis de nuestro caso el
sentido de aquel dicho: ‘No sobrepasar de lo que está escrito’”. (La
palabra “pensar” no aparece en los mejores manuscritos).
Ese refrán, o
dicho, era conocido de los corintios, y por eso Pablo lo aplica aquí.
Representa la actitud correcta de todos nosotros hacia la autoridad de las
Escrituras. Pablo lo aplica en particular a las Escrituras del Antiguo
Testamento.
Los corintios
estaban divididos (capítulo 1) porque algunos tenían un afecto desmesurado
por la sabiduría humana. Ellos conceptuaron a los evangelistas como
portadores de nuevas filosofías que como tales buscarían seguidores. Por
eso Pablo presenta en el capítulo 2 la verdad de que el evangelio viene a
consecuencia de revelación de Dios y no de sabiduría humana. En el
capítulo 3 Pablo presenta el papel correcto del evangelista, que es el de
plantar y regar (no originar nuevas filosofías).
De Pablo y
Apolos los corintios debieron haber aprendido que los dos se quedaban
dentro de la revelación de las Escrituras. Entregaban las nuevas del
evangelio; no originaron nuevas filosofías.
Pablo ya había
citado las Escrituras del Antiguo Testamento en 1:19; 1:31; 2:9; 3:19,20.
Ciertamente él y Apolos se sometían a lo que dicen las Escrituras. Ahora
les tocaba a los corintios hacer lo mismo.
Toca a todo
hombre respetar la autoridad de lo que está escrito en la Palabra de Dios,
y no irse tras las filosofías humanas que la contradicen. Si hombres
inspirados del Espíritu Santo se sometían a las Escrituras, mucho más
debemos nosotros hacer lo mismo. Pero los que abogan por creencias y
prácticas no autorizadas por las Escrituras no van a distinguirse por
citar libro, capítulo y versículo, sino por acusar de “bibliolatría”, de “fundamentalistas”,
etcétera, a quienes lo hacen. No van a vivir de acuerdo con las
Escrituras.
-- no sea que
por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros --
En lugar de “envanecerse”, otras versiones emplean el verbo reflexivo
hincharse (P.B., N.M., 1909), volverse arrogante (B.A.), engreír (NVI.,
H.A., Mod., JTD., L.A.), inflarse (N.C.), apasionarse (1977, 1990).
No había razón por qué
hincharse o inflarse nadie, porque el conocimiento de la verdad no vino de
fuente o habilidad humana, sino de la revelación de Dios. Así que todo el
mundo tiene acceso a la verdad; no es la propiedad de unos cuantos
iniciados en misterios de filosofía. El hombre que cree tener algo que
otro no tiene tiende a volverse arrogante, y sus seguidores tienden a
inflarse a favor de él y en contra de los demás. El espíritu de
superioridad conduce a conflictos personales y a la división en general.
La verdad de Dios se revela en las Escrituras inspiradas, y todo el mundo
tiene igual acceso a ella. ¿Qué base, pues, puede haber para que algunos
se engrían a favor de un líder y contra otros? ¿o que se hinche a favor
de los de su partido y contra los de otro partido? ¡No hay ninguna!
Los partidarios
de predicadores siempre manifiestan la hinchazón y la vanagloria. En
cambio, los que reconocen que la verdad y toda bendición espiritual
proceden de Dios se glorían en el Señor (1:31; 3:21).
4:7 -- Porque ¿quién
te distingue? --
Así dice el texto griego.
Algunas versiones amplifican la idea agregando otras palabras: “Pues, ¿quién
hace que tú difieras de otro?” (N.M.); “Porque, ¿quién te hace diferente
de todos los demás?” (NIV.); “Porque, ¿quién te considera superior?”(B.A.);
“Pues, ¿quién te hace mejor que los demás? (Pop.). Este versículo
introduce la razón de lo que Pablo acabó de decir en el ver. 6. Contiene
una serie de tres preguntas retóricas que demandan (por inferencia
necesaria) cierta respuesta, la cual desinflará la vanidad de ellos en su
partidismo. Si Pablo y Apolos no se distinguían en el particular, mucho
menos debían hacerlo los corintios.
Pablo pregunta
a los corintios: “¿Quién es el que hace a uno de ustedes que sea diferente
de los demás?” Es cierto que había diferencias entre los hermanos en
Corinto en cuanto a dones natos (1 Cor. 7:7) y especialmente en dones
milagrosos (capítulo 12). Pero Dios es la fuente de tales
diferencias, dando a cada uno según su voluntad y sabiduría infinita.
Seguramente esas diferencias ¡no se debían a la sabiduría humana ni a las
realizaciones propias de ellos! No tenían nada de por sí de que ellos se
pudieran gloriar en sí mismos, hinchándose contra los demás.
-- ¿o qué
tienes que no hayas recibido? --
Todo lo que ellos tenían,
de dotación natural o de dones milagrosos, lo habían recibido de Dios, y
no de sí mismos. No tenían nada en particular que no hubieran recibido de
otro, de Dios. ¿Por qué, pues, tenían esa actitud jactanciosa? Si todo
es recibido, no hay motivo por qué gloriarse en las diferencias.
-- Y si lo
recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? --
Dios es quien les daba
a cada uno, y de él lo recibieron, pero a pesar de ello, se gloriaban como
si sus dones no hubieran sido recibidos de alguien más. Se gloriaban como
si ellos mismos por medio de sus propios obras y éxitos los hubieran
adquirido.
En el principio
de la iglesia en Corinto, Pablo era el medio por el cual Dios en su gracia
les había impartido dones milagrosos. Ahora, algunos de ellos se oponían
a Pablo, promoviéndose como si fueran algo y teniendo a Pablo como si no
fuera nada.
Nota: es cierto que la
persona puede y debe desarrollarse en el ejercicio de sus dones, y algunos
lo hacen mientras otros, no. De esto resulta diferencia de talento y de
realizaciones en las personas, pero Pablo no trata de esto. El trata el
asunto de la fuente de dones, ésta siendo Dios y no el hombre mismo.
Todos debemos
reconocer a Dios como la fuente de toda buena dádiva y de todo don
perfecto (Sant. 1:17), y siempre expresarle nuestro agradecimiento,
desarrollando estos dones y dádivas para su gloria. Esto nos mantendrá
humildes, y cooperativos, y no hinchados o envanecidos.
Debemos
reconocer que Dios tiene muchos servidores, con diferencia de dotación de
parte de él, y que todos son importantes; todos tienen un papel que jugar
en su reino. No todos somos iguales en todo aspecto. Nos gloriemos en
esta sabiduría de Dios, y en lugar de tener celos, o de inflarnos de
autoimportancia, trabajemos juntamente según lo que Dios ha dado a cada
quien. Olvidados de los celos y de las jactancias, cooperemos unos con
otros para que la obra de Dios marche hacia adelante.
(¡Qué triste es
ver que algunos predicadores rehúsen dar la mano unos a otros, o que no
reconozcan el éxito en las labores de parte de otros. No son mejores que
estos corintios a quienes Pablo ahora censura).
4:8 -- Ya
estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis --
La posición de la palabra “ya”,
en los dos casos del texto griego, indica que se da el énfasis en la idea
de que ahora los corintios se sentían así.
Los corintios
no se expresarían así en cuanto a su estado espiritual delante de Dios,
sino que así se expresa Pablo para desinflar su concepto demasiado elevado
que ellos tenían de sí mismos, gloriándose en sus maestros favoritos,
considerados como líderes de sus partidos.
El que está
saciado no siente necesidad de nada. El rico no necesita a nadie.
Compárese Apoc. 3:17. Las divisiones en Corinto existían por causa de la
vanidad, presunción, y engreimiento de los miembros.
En la tercera
frase, Pablo pone primero las palabras “sin nosotros” para dar énfasis a
la actitud tan mala de los corintios de andar como si estuvieran
plenamente establecidos en el reino de Dios, como habiendo llegado a la
cumbre de todo poder y sabiduría, y esto logrado independientemente sin
contar con la obra apostólica de Pablo. (Claro es que tal cosa sería
imposible para cualquier gente, 1 Jn. 4:1-6). Pablo habla con sarcasmo.
No es tiempo de alabarles, sino de censurarles. Habla con fuerte ironía (que
es dar a entender lo contrario de lo que se dice), al atacar la
satisfacción propia de ellos. Su condición lo merecía, y era para su
curación espiritual que Pablo les hablara de esta manera.
-- ¡Y ojalá
reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!
-- En realidad no reinaban sin Pablo; tal cosa era imposible. No
andaban bien en el reino de Dios, pues de otra manera estarían reinando
juntamente con el apóstol Pablo, quien sí andaba bien (como buen
administrador y servidor de Cristo, y sujeto a lo que está escrito
inspiradamente).
El deseo de
Pablo era que los corintios en realidad gozaran del estado espiritual que
ellos suponían tener, porque en tal caso Pablo estaría reinando juntamente
con ellos, al andar todos en lo que está escrito en la revelada palabra de
Dios.
La palabra
española, “ojalá” (del árabe, na xa
alah, ¡quiera Dios!, interjección con que se denota vivo deseo de
que suceda una cosa), aparece en muchas de las versiones, pero el texto
griego aquí no usa ninguna palabra que exprese la idea de “Dios”. El
texto emplea tres palabras: ophelon
(o que) ge (en realidad)
ebasileusate (reinaseis). La V.M. dice, “yo quisiera que en efecto
reinaseis”.
4:9 -- Porque
según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles --
Ahora Pablo comienza un
contraste entre el concepto tan exaltado que los corintios manifestaban
con referencia a sí mismos, y la realidad del estado o condición de los
apóstoles en este mundo.
Dios, dice
Pablo, en su sabiduría había permitido que sus apóstoles, en su misión de
ir por todo el mundo a predicar el evangelio, y de sentarse en doce tronos
para juzgar a las doce tribus de Israel (Mat. 19:28), sufrieran mucho de
manos de los inicuos e incrédulos. Este y los versículos que siguen nos
dan un cuadro de la vida de los embajadores de Cristo (2 Cor. 5:20) con
respecto al sufrimiento y a la degradación que ellos recibieron de parte
de quienes no eran dignos de ellos (Heb. 11:38). Y los corintios, sin el
honor de ser apóstoles, ¿debían sentirse como más honrados que ellos? ¡Qué
vergüenza que ellos se sintieran tan elevados e independientes de Pablo,
el apóstol tan sufrido por Cristo que les trajo a ellos el evangelio
salvador!
El conflicto
entre Dios y Satanás, entre el bien y el mal, siempre resulta en
persecución y fuerte oposición (2 Tim. 3:12). ¡El cristiano está en una
guerra (Apoc. 17:14; 1 Tim. 6:12; 2 Tim. 2:3)
-- como
postreros --
según vistos por los hombres mundanos y comparados con el concepto tan
vanaglorioso de los corintios en cuanto a sus ventajas personales.
-- como a
sentenciados a muerte --
Los corintios se gloriaban
en su condición supuesta de alteza y excelencia, pero por contraste Pablo
y los otros apóstoles servían a Dios diariamente como si estuvieran
sentenciados a muerte. Todo lo sufrían por causa del evangelio, para
hacerse copartícipes de él (9:23).
-- pues hemos
llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres --
De la palabra
griega, aquí traducida “espectáculo”,
theatron, viene la
castellana, “teatro”. (Véase también Heb. 10:33, espectáculo). La
persecución de los apóstoles fue como una serie de espectáculos ejecutados
para el entretenimiento de los mundanos en el teatro. Jacobo fue muerto a
espada (Hech. 12:2), Pedro seguramente murió como mártir (Jn. 21:18,19; 2
Ped. 1:14), y sin duda también Pablo (2 Tim. 4:6). Todos fueron
perseguidos repetidas veces (Jn. 16:33). El mundo incrédulo fue la
audiencia de estos eventos “teatrales”. Muy probablemente Pablo tenía en
mente, al usar este lenguaje, los espectáculos de los gladiadores y otros
sentenciados a muerte en la arena pública, eventos vistos con desprecio y
desdén por el público espectador.
No solamente
eran los hombres testigos de estos tratamientos vergonzosos contra los
apóstoles, sino también eran testigos de ello los mismos ángeles. Por
inferencia, pues, sabemos que los ángeles están conscientes de eventos en
este mundo. Por eso Cristo nos dice que hay gozo delante de ellos por un
pecador que se arrepiente (Lucas 15:10). Ellos pueden “ver” lo que sucede
en este mundo. Fueron parte de las audiencias que vieron el “espectáculo“
de la persecución, y aun la muerte, de los apóstoles.
Si Dios
permitía que sus apóstoles fueran maltratados así en su misión de predicar
las buenas nuevas de salvación, ¿era lógico que los corintios se sintieran
tan saciados, ricos y reinantes por comparación? ¿No deberían más bien
sentirse avergonzados de que se elevaran tanto sobre los apóstoles en sus
conceptos de sí mismos?
4:10 --
Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en
Cristo -- Pablo
sigue con su sarcasmo. En 3:18 aparece la palabra griega,
moros, que allí se traduce,
ignorante, y aquí, insensato. Los griegos aplicaban esa palabra a quienes
se oponían a las filosofías. Algunos en Corinto consideraban a los
apóstoles como insensatos, o ignorantes, porque predicaban la salvación
fundada en la muerte de Jesucristo. Pablo, hombre bien educado en
realidad (Hech. 22:3), se despojó de ello, y rechazando toda dirección de
filosofías humanas, se dedicó a seguir la verdad de Dios en el evangelio,
la sabiduría de Dios (2:7). Esto lo hacía “por amor de Cristo”; es decir,
por causa de Cristo (N.M., RVA.) Pablo no sabía cosa alguna sino a
Jesucristo, y a éste crucificado (2:2).
Para los
hermanos enamorados de la sabiduría humana, Pablo era persona insensata,
mientras que ellos se consideraban como muy prudentes (sensatos, P.B.;
sabios, NVI.), porque combinaban el evangelio con la filosofía. Esto lo
hacían “en (conexión con) Cristo”, o como cristianos, que empleaban la fe
de Cristo como medio de lograr mostrarse prudentes, o muy sabios.
-- nosotros
débiles, mas vosotros fuertes -- Juzgado por normas humanas, Pablo se
consideraba como débil porque sufría en su ministerio innecesariamente (2
Cor. 12:7-10), y se presentaba corporalmente como hombre débil (2 Cor.
10:10). Por otra parte, juzgándose por las mismas normas de la sabiduría
humana, ellos eran fuertes.
Véase 2:3,
comentarios.
--vosotros
honorables, mas nosotros despreciados --
Ahora Pablo menciona a
ellos primero, y luego a sí mismo. Ante la vista pública, los corintios
seguidores de las filosofías dominantes eran personas honorables (distinguidas,
B.A.; buena reputación, N.M.; tenéis gloria, V.M.; ilustres, L.A.).
Recibían la gloria de los hombres. Compárense Jn. 5:44; 12:43.
Desde luego, no
eran lo que pensaban ser. ¡Su caso era todo lo contrario! Esta ironía
de Pablo tuvo por propósito desinflar el egoísmo de los corintios, y
producir en ellos la humildad. Pablo era apóstol de Jesucristo, y ellos
el fruto de las labores de Pablo. Por eso sería ridículo en extremo que
ellos se estimaran como sabios, fuertes e ilustres, mientras que tuvieran
a él por todo lo contrario. Se exaltaban a sí mismos, porque estaban
enamorados de la filosofía humana.
Hoy en día hay
muchos hermanos en la fe, mayormente predicadores, que obtienen de los
altos centros de educación, que son fuentes del modernismo, diplomas
impresionantes, y luego, gloriándose en su recién adquirida “sabiduría”,
emplean las tácticas que aprendieron de los modernistas y se jactan de
los éxitos y realizaciones logradas, al llevar una gran parte de la
hermandad a prácticas y posiciones populares. Cuentan con megaiglesias;
es decir, con iglesias de membresías altamente numerosas. Se consideran
muy sabios, y miran con desprecio a quienes nos contentamos con el patrón
bíblico (2 Tim. 1:13), que no es nada popular. Se glorían en su sabiduría
elevada, al lograr adquirir la aceptación general del público religioso.
Algunos de éstos celebran sus “conferencias de eruditos” en las
universidades llamadas “pertenecientes a la iglesia de Cristo” y luego
publican sus discursos para mayor diseminación en la hermandad.
4:11 -- Hasta
esta hora padecemos hambre, tenemos sed --
En este versículo Pablo
deja la antítesis (vosotros/nosotros), y sigue hablando de los
sufrimientos que vinieron a los apóstoles a consecuencia de su predicación
y defensa del evangelio. En el ver. 8 se describe la situación actual (“ya”)
de los corintios. Bueno, hasta la actualidad (hasta la presente hora,
dice el texto griego; es decir, hasta el momento en que Pablo escribía
esta carta) los apóstoles sufrían hambre y sed, al ocuparse en sus
predicaciones con escasez de medios (2 Cor. 11:27). A veces Pablo
compartía con sus compañeros de milicia (Fil. 25) de lo que había ganado
con la labor de sus propias manos (Hech. 20:34).
-- estamos
desnudos --
Pablo no está hablando de andar desnudos en el sentido de estar
completamente sin ropa. Bien traduce esta palabra griega (gumneteuo)
la versión B.A., “mal vestido”; o la N.M., “escasamente vestidos”;
“vestidos de andrajos”, dice la NVI.; “nos falta ropa”, según la RVA. Por
ejemplo, Pedro “se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella)”,
según nuestra versión 1960. Lacueva, sobre este pasaje, que dice que
Pedro estuvo desnudo (gumnos),
explica con una nota: “Es decir, ‘en paños menores’, como suele decirse”.
Pedro estuvo “desnudo” en el sentido de hallarse vestido solamente de la
ropa interior. Pablo, en esta frase que ahora comentamos, al decir
“estamos desnudos”, se refiere a tener que andar mal vestidos debido a la
pobreza y a circunstancias de escasez. Véase 2 Cor. 11:27.
-- somos
abofeteados --
Muchas veces los apóstoles fueron maltratados (Hech. 14:19; 16:23; 23:2),
y esto a consecuencia directa de la propagación y defensa de la verdad.
El mismo verbo griego aparece en Mat. 26:67 (le dieron de puñetazos); Mar.
14:65 (le daban de bofetadas); 2 Cor. 12:7 (me abofetee); 1 Ped. 2:20 (sois
abofeteados).
-- y no tenemos
morada fija --
Los apóstoles frecuentemente se movían de lugar en lugar, a veces buscando
nuevos territorios en que predicar (Hech. 16:6-10), a veces huyendo por
salvar sus vidas (17:5-10). No podían radicarse en un solo sitio para
pasar sus vidas en circunstancias de comodidades. En este aspecto sus
vidas no eran normales.
Compárese Luc.
9:58.
4:12 -- Nos
fatigamos trabajando con nuestras propias manos --
Véanse Hech. 18:3; 20:34; 1
Tes. 2:9; 3:8. El apóstol Pablo tenía el derecho de vivir del evangelio
(y a veces y en parte lo hacía, 2 Cor. 11:8,9) (9:12-23), pero estaba bien
dispuesto a sacrificarse personalmente para que el evangelio llegara a más
lugares. El menciona esta situación personal como marca de vergüenza (aunque
en otro sentido es cosa de nobleza ganar la vida con el trabajo de las
manos): los corintios recibieron de Pablo las bendiciones espirituales,
sin ver que él recibiera el sostenimiento debido, aunque a sus líderes
recién llegados les daban con liberalidad (2 Cor. 11:20). ¿No deberían
los corintios sentirse avergonzados al mantener hacia Pablo su actitud de
superioridad y de contentamiento mientras Pablo se sacrificaba tanto por
la causa del evangelio?
-- nos maldicen,
y bendecimos --
Al ser insultado Pablo, por su obra en el evangelio, respondía con
bendición, siguiendo así el ejemplo de Cristo (1 Ped. 2:23; Luc. 23:34).
Véanse Luc. 6:28; 1 Ped. 4:15,16. Los apóstoles no recibían del mundo el
debido honor; al contrario, fueron maldecidos. Pero los corintios en su
situación de aceptación general recibían mucho honor (ver. 10). ¡Qué
gran contraste!
-- padecemos
persecución, y la soportamos --
Soportaban la persecución,
en lugar de desanimarse y abandonar la Gran Comisión que Cristo les
encargó (Mat. 28:18-20) (Gál. 5:11, comparado con 6:12). Es fácil hacer
lo que hacían los corintios; quedaban bien con los que promovían la
sabiduría humana en sus filosofías. Es fácil desanimarse y abandonar la
Causa de Cristo; esto es lo que muchos hacen hoy en día. Pero por
contraste los apóstoles todo lo soportaban.
Véanse 2 Cor.
4:8-12; 6:3-10.
4:13 -- Nos
difaman, y rogamos --
El mundo incrédulo
siempre representa mal a quienes abogan por la verdad de Dios (Jn.
15:18-21). Pero los apóstoles pusieron por ejemplo lo que se nos enseña
en Rom. 12:17-21.
-- hemos venido
a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos --
y ellos llevaban este
reproche para que algunos se salvaran en Cristo Jesús (9:22,23; Rom.
8:35,36; 2 Cor. 11:23-33; Efes. 3:13; Fil. 2:17; 2 Tim. 2:10). Mientras
los corintios recibían gloria (ver. 10) de quienes menospreciaban a los
apóstoles, los apóstoles recibían deshonra en lo que sufrían por causa del
evangelio. Ya para estos momentos, con la lectura de lo que Pablo les
escribe, los corintios debían haber podido reconocer el verdadero valor
de los apóstoles para honrarles debidamente.
En todo esto
Pablo no se queja. Al contrario, menciona estos hechos para enseñar a los
corintios lo ridículo de su gloriarse en los hombres, como si ellos fueran
algo importante (ver. 8,10), mientras que los apóstoles eran considerados
como escoria y desecho. Según ellos Pablo no era nada; no obstante, Pablo
se dedicaba a ellos.
Todo esto (lo de ver.
11-13) Pablo lo pasaba y sufría “por causa del evangelio” (9:23). Al oír
los corintios la lectura de este pasaje, seguramente sintieron su falta de
gratitud hacia el que con tanto sacrificio personal les había traído el
evangelio salvador (y seguía llevándolo a otros). La ingratitud es un
pecado universal. Compárese Luc. 17:15-19.
4:14 -- No
escribo esto para avergonzaros ---
Aunque es cierto que sin
duda algunos en Corinto sintieron vergüenza al oír leídas estas palabras
por primera vez, el propósito de Pablo no tenía como fin el avergonzarles,
comparando lo poco de sufrimiento de parte de ellos con lo mucho que
sufría él, sino llevaba el fin de amonestar con el amor que el padre tiene
por sus hijos amados que andan mal en algo. Buscaba el bien espiritual de
ellos.
(No lo hace
aquí, pero en 6:5; 15:34 sí habla con el propósito de moverles a la
vergüenza).
-- sino para
amonestaros como a hijos míos amados
-- El verbo griego aquí, para decir “amonestar”, en forma de sustantivo
aparece en Efes. 6:4, “amonestación”. El deber de todo padre es el de
criar a sus hijos en disciplina y amonestación del Señor. Es cierto que a
veces esta disciplina y amonestación causa que el hijo sienta vergüenza,
pero el propósito del buen padre es exponer las faltas del hijo, para que
reconozca su error, y lo abandone. Véase Heb. 12:6-13.
(A todo hijo se
le debe el amor de padre. Pero hay muchos padres que no muestran este
afecto paternal, porque no disciplinan al hijo. Compárese 1 Sam. 3:13; 1
Reyes 1:6; Prov. 13:24). ¡Pablo amaba a sus hijos, los corintios!
Compárese 2 Cor. 6:13; 12:14; Gál. 4:19.
El contraste
que Pablo presenta en estos versículos (ver. 8-13), entre la experiencia
triste de los apóstoles y la supuesta situación tan elevada de los
corintios, sirve de amonestación para los corintios para que vean el
cuadro verdadero del caso y dejen su vanidad y ceguera implantada por los
partidarios carnales en la iglesia en Corinto.
4:15 -- Porque
aunque tengáis diez mil ayos en Cristo --
Algunas versiones buenas
dicen, “tutores”. La palabra griega indica una persona, en ese tiempo
usualmente un esclavo, que el padre empleaba para cuidar del hijo y
conducirle a la escuela, y en fin, darle entrenamiento.
En Corinto eran
aquéllos, pocos o muchos, que pretendían guiar a los corintios
espiritualmente (“en Cristo”).
-- no tendréis
muchos padres --
Los corintios sabían que, a
pesar del número pequeño o grande de ayos, era uno a quien debían mayor
respeto, agradecimiento y lealtad. Los ayos pueden ser muchos, pero el
padre siempre es uno, y el padre es mayor en honor y posición que el ayo,
o tutor. El viene antes que los tutores. Los corintios voluntariamente
se habían olvidado de esta verdad básica. ¿Debían sentirse tan “ricos” (ver.
8) bajo sus tutores dados a la filosofía, y tan independientes de su padre
menospreciado pero inspirado?
Siendo Pablo su “padre” en
el evangelio, bien podía amonestarles como a hijos (ver. 14).
-- pues en
Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio --
Pablo era aquel “padre”, y
no los líderes actuales en la iglesia en Corinto. Pablo fue quien les
convirtió a Cristo (Hech. 18:1-11); fue el instrumento de su renacimiento.
Compárense 3:10; 2:1-5.
Los eruditos
católicos romanos se valen de este pasaje para justificar el uso del
título religioso, “padre”, para sus clérigos, título que les eleva sobre
los demás. Tuercen este pasaje al hacerlo. Mat. 23:9 condena tal uso de
títulos presuntuosos.
Pablo no dice
que los corintios deben llamarle “padre Pablo”. Dice que él, y no
aquellos muchos ayos en Corinto, era quien había establecido la iglesia de
Cristo en Corinto, porque él era quien sembró allí la semilla (la función
de padre) que produjo la iglesia en esa ciudad. El trata de una relación
entre él y la iglesia que él estableció, relación que demandaba gran
respeto de parte de la iglesia. Pero los sacerdotes católicos romanos, y
otros clérigos entre ellos, demandan que no solamente sus feligreses, sino
también toda persona en el mundo de entre los no católicos, les digan,
“padre (fulano)”. Demandan que se les diga “padre” aun de parte de
quienes no han sido sus conversos. Ignoran por completo el uso figurado
del término “padre” que aquí emplea el apóstol Pablo. Tuercen las
Escrituras para su propia perdición (2 Ped. 3:16). Pablo trata de una
relación espiritual; ellos de un título religioso presuntuoso.
La semilla del
reino es la palabra de Dios (Luc. 8:11). Cuando la semilla es plantada,
ella produce fruto (Hech. 18:8). Cuando el evangelio es predicado, se
produce la fe salvadora (1 Cor. 1:21; Rom. 10:17). Esta obra es hecha “en
Cristo Jesús’; es decir, en conexión con quien es Cristo Jesús. Cuando la
persona recibe la palabra implantada, nace de nuevo (Jn. 3:5; Sant. 1:18;
1 Ped. 1:23-25).
Como nueva criatura (2 Cor.
5:17) se encuentra en Cristo (Gál. 3:26,27), gozando de toda bendición
espiritual (Efes. 1:3; 1 Ped. 1:3-5).
4:16 Por tanto,
os ruego que me imitéis --
Dado lo que Pablo les acabó
de decir en los versículos 14 y 15, sigue esta conclusión: yo soy apóstol
inspirado, el que les hice llegar a ser cristianos por medio del evangelio
que me fue revelado por Dios (Gál. 1:11-17), y por eso deben imitarme a mí
respecto a mis palabras y camino de vida (y no a aquellos envanecidos <ver.
18> que no tienen verdad alguna originada en las filosofías humanas, pero
que pretenden ser grandes líderes en la iglesia).
Este pasaje
subraya la necesidad de que todo cristiano haga caso del ejemplo
apostólico aprobado. Véanse ver. 17; 11:1; Fil. 3:17; 4:9; 1 Tes. 1:6,7;
2 Tim. 3:10; Hech. 20:35; como también 1 Cor. 10:6,11; 1 Ped. 2:21; 2
Ped. 2:6.
Hoy en día hay
en la hermandad maestros falsos que procuran echar a un lado la autoridad
del ejemplo apostólico aprobado. Lo hacen porque practican cosas que
carecen de ejemplo apostólico y que contradicen lo que éste sí autoriza.
Sabemos lo que
quiere Dios que seamos y hagamos por medio de una de tres maneras: el
mandamiento o declaración directa, el ejemplo apostólico aprobado, y la
implicación divina (de la cual se deduce la inferencia necesaria). Estas
tres maneras son reveladas en la doctrina apostólica (Hech. 2:42), que es
la doctrina de Cristo (2 Jn. 9).
4:17 Por esto
mismo os he enviado a Timoteo --
El propósito de la misión
de Timoteo fue el de recordar a los corintios del proceder de Pablo para
que ellos pudieran imitar mejor al apóstol (ver. 16).
Pablo estuvo en
Efeso (véase Introd., C.). Desde allí envió a Timoteo a Macedonia (Hech.
19:22), con la idea de que Timoteo continuara su viaje hasta Corinto. Ya
estaba él en camino para allá cuando Pablo escribió estas palabras. Según
1 Cor. 16:10, Pablo esperaba que esta carta a los corintios llegaría a sus
manos antes de que llegara Timoteo a Corinto, siendo enviada por mar
directamente de Efeso a Corinto.
Pablo juzgaba
el tiempo inconveniente para irse entonces a Corinto (2 Cor. 1:23). Por
eso envió a Timoteo.
Timoteo y Silas
tuvieron parte en la fundación de la iglesia de Cristo en Corinto (Hech.
18:5; 2 Cor. 1:19).
-- que es mi
hijo amado --
Por esto se puede esperar que, como el padre y el hijo son de la misma
mente, Timoteo expresará a los corintios, una vez que llegue a Corinto, la
mente de Pablo. Véase 16:10.
Considérese
Hech. 14:6,7; 16:1-3; 1 Tim. 1:2,18; 2 Tim. 2:1. Se indica que Pablo tuvo
parte en la conversión de Timoteo.
Los corintios
mismos eran “hijos” de Pablo, en el sentido de haber sido sus conversos
(ver. 15).
-- fiel en el
Señor -- Véase
ver. 2. Esta es la recomendación más alta que puede un evangelista
recibir. Véase Fil. 2:19-21.
-- el cual os
recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y
en todas las iglesias.
Aquí dice Pablo a la
iglesia que él estableció que los miembros le imiten a él para poder
hallarse andando en el proceder correcto en Cristo, según enseñanza
apostólica que él daba en todas las iglesias. Para esto Pablo les envía a
Timoteo, quien les recordará de tal proceder; es decir, él será testigo de
cómo Pablo anda, dejando el ejemplo para todos. En particular lo que
Timoteo les recordará tendrá que ver con la unanimidad de pensar, la
humildad, y la estabilidad, como ilustradas en la vida diaria de Pablo.
Esto Pablo lo enseñaba y lo practicaba (1:10; 4:10; 2 Cor. 1:17-20).
Dios revela su
voluntad en parte por medio del ejemplo apostólico. Dado que los
apóstoles practicaban lo que enseñaban en todas partes y en todas las
iglesias, su ejemplo vino siendo la misma cosa que su doctrina. Al ser
nosotros recordados de su ejemplo, somos recordados de doctrina
apostólica.
La frase, “en
Cristo”, significa en conexión con Cristo, o en relación con Cristo. Lo
que Pablo recibió del Señor, eso lo entregaba a las iglesias (11:23;
14:37).
La doctrina
apostólica es una. Se enseñaba uniformemente en cada una de las
congregaciones, o iglesias de Cristo. No había diversidad en la
doctrina. No había “unidad en diversidad”, según el lema tan popular de
muchos hermanos en Cristo de hoy en día.
Hech. 20:6,7 es
un ejemplo de cómo la narración en Hechos, de los procederes del apóstol
Pablo, respecto a cuándo debe la iglesia tomar la cena del Señor, nos
sirve de enseñanza apostólica. Los apóstoles practicaban lo que
enseñaban. Enseñaban que la cena del Señor se ha de celebrar cada primer
día de la semana.
La frase “todas
las iglesias” no se presta para justificar el denominacionalismo. El
denominacionalismo no existía en el siglo primero, ni por largos siglos
después del primero. Para que exista el denominacionalismo, tiene que
haber una pluralidad de enseñanzas. ¡Pero la doctrina apostólica es una!
La frase se refiere a la pluralidad de iglesias locales, como en el caso
de Hech. 14:23 Rom. 16:16; 1 Tes. 2:14; Apoc. 1:11.
La obra de
recordar lo que ya es sabido es muy importante. Muchas veces la falta en
los hermanos en Cristo no es de información correcta, sino de no recordar
practicarla. Véanse 2 Tim. 1:6; Heb. 10:32; 2 Ped. 3:1
4:18 -- Mas
algunos están envanecidos (véase
ver. 6), como si yo nunca hubiese de ir a vosotros -- Aquí Pablo se
refiere a los autoescogidos líderes en Corinto que se sentían arrogantes e
hinchados por haberse considerado como victoriosos sobre Pablo en sus
acusaciones contra él, pues dirían que Pablo era persona ligera e
inestable (2 Cor. 1:17) porque no llegaba a Corinto. Pensaban que por
miedo Pablo no llegaría a Corinto para confrontarles, y que por eso se
sentían como muy en control de la iglesia allí. El orgullo siempre
conduce a la persona a pensar cosas vanas. La propia opinión se refleja
en que se presenta la persona como muy sabia (Rom. 12:16). Pero la
soberbia precede al quebrantamiento (Prov. 16:18).
Pablo había
sido informado de lo que decían esos enamorados de la sabiduría humana, y
no quiso dejar la impresión de que ahora enviaba a Corinto a Timoteo por
tener miedo de ir él mismo. Pero Pablo no es cobarde y el versículo
siguiente se dirige a esto.
4:19 -- Pero
iré pronto a vosotros --
Las intenciones Pablo eran
sinceras; no usaba de ligereza (2 Cor. 1:17). No se fue
precipitadamente. No tenía ningún miedo de ciertos orgullosos en
Corinto. Su actuar se basaba en el bien de la obra de Cristo y en la
voluntad de Dios. El tiempo de su salida para Macedonia, y luego a
Corinto, sería cosa de semanas; es decir, después del día de Pentecostés
(16:5-9).
-- si el Señor
quiere -- Véase
16:7. Todo plan para el futuro tiene que sujetarse a la voluntad de
Dios. Véanse Hech. 16:6-10; Notas Sobre Santiago, 4:15,
comentarios.
No es cuestión
de usar de cierta fórmula de palabras, sino de tener una actitud de
corazón que reconoce que el Dios omnisciente sabe mejor que nosotros lo
que es bueno para el futuro. Hágase su voluntad en la tierra como es
hecha en el cielo (Mat. 6:10).
No siempre se
puede hacer según nuestros planes, pero tal hecho no indica necesariamente
inestabilidad o insinceridad. Ciertos hombres en Corintio juzgaban a
Pablo según las apariencias (porque sus corazones eran malos) (Jn. 7:24).
-- y conoceré,
no las palabras --
Se hace referencia a los
meros discursos (aunque elocuentes: contrástese 2:1-4) basados en la
filosofía o sabiduría humana que promovían los envanecidos en Corinto. Al
llegar Pablo a Corinto iba a confrontar a los partidarios soberbios para
poner a prueba la posición y las reclamaciones de ellos. En ese encuentro
no importarían las palabras de ellos, sino la evidencia de verdadero
poder.
-- sino el
poder de los que andan envanecidos --
El poder en este caso
consistiría en sus obras, los frutos que evidenciarían, como consecuencia
de su reclamada autoridad.
Ellos, “falsos
apóstoles” (2 Cor. 11:13), que desacreditaban al apóstol Pablo, ¿podrían
hacer “señales de apóstol”; o sea, milagros (12:12)? ¿Podrían mostrar el
mismo poder que Pablo podía (por ser de veras apóstol de Jesucristo)?
4:20 -- Porque
el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder --
El reino de Dios, en el
sentido más amplio, es el gobierno divino en los asuntos de los hombres en
la tierra (Mat. 13:41,38), pero en particular es la iglesia que Cristo
estableció, porque es el único pueblo que voluntariamente se somete en sus
vidas a los dictámenes del Rey. Véanse Mat. 3:2; 16:18,19; Col.
1:13,14,21-23; 1 Tes. 2:12; Heb. 12:28; Apoc. 1:9. Nótense también los
comentarios sobre el versículo 8 de este capítulo, con respecto a reinar.
La iglesia de
Cristo en Corinto entendía que ella era parte del reino de Dios, y ahora
Pablo les recuerda que dicho reino no es establecido, mantenido, ni
edificado en base a pura reclamación ostentosa de hombres guiados por la
sabiduría humana. Lo que estableció la iglesia de Cristo, o reino de
Dios, en Corinto fue algo de gran poder; a saber, el evangelio (1:18; 2:4;
Rom. 1:16; 1 Tes. 1:5). Lo que caracteriza al reino de Dios no es el puro
hablar, sino el poderoso mensaje de salvación, que fue confirmado con
milagros por el Espíritu Santo (Heb. 2:3,4).
Los partidarios
en Corinto tenían abundancia de palabras, pero les faltaba el poder que
fue manifestado en el ministerio de Pablo. Dios estaba con Pablo, pero no
con aquellos “falsos apóstoles”.
El verbo
“consiste” es suplido por los traductores; el texto griego sencillamente
dice: “Porque no en palabra el reino de Dios, sino en poder”.
Compárense 2:4,5; Rom.
14:17.
4:21 -- ¿Qué
queréis? --
Pablo pone sobre los corintios la responsabilidad de determinar el curso
necesario para resolver el problema que ellos mismos habían causado.
Todo dependía de la reacción y subsecuente conducta de ellos. La decisión
estaba con ellos.
-- ¿Iré a
vosotros con vara --
La vara es para castigo
(Prov. 13:24; 22:15; Hech. 16:22; 2 Cor. 11:25). A veces es necesaria la
disciplina fuerte en la iglesia (considérese el capítulo siguiente). No
es placentero tener que administrarla, pero si no hay arrepentimiento y
corrección, hay que usarla (para tratar de que se produzca esa
conversión).
-- o con amor y
espíritu de mansedumbre?
Lo opuesto de castigo
(disciplina fuerte) es el amor y la disposición (espíritu) de mansedumbre,
características de un padre para con sus hijos obedientes. Los corintios
decidirían el curso que Pablo tomaría. Si se corregían, prestando
atención a esta carta de Pablo, entonces él podría llegar a ellos en amor
y con actitud mansa. La conducta de ellos iba a determinar con qué clase
de actitud llegaría Pablo a Corinto a visitarles.
Hay amor aun en
el castigo (Heb. 12:6). Pero aquí Pablo contrasta dos cursos de acción al
llegar él a Corinto, y dejaba a ellos la decisión de con cuál curso
llegar: por una parte, con el castigo que merece la mala conducta; por
otra, con el amor y espíritu de mansedumbre que prevalece cuando hay
corrección y obediencia.
No hemos de
confundir la mansedumbre con la debilidad. El manso en realidad es
fuerte; tiene su fuerza bajo control. Cristo era manso (Mat. 11:29).
A veces se oye
decir que el predicador siempre está predicando duramente, hablando de
puras cuestiones controvertibles. Bueno, eso se debe a los muchos
problemas que algunos hermanos causan. Si no fuera por esos problemas, el
evangelista no tendría que tratar tales asuntos. Si la iglesia quiere que
el predicador les hable solamente en amor y mansedumbre, que se porte bien
y habrá razón para hacerlo. Pero si persiste en el error, el tono y la
substancia de la predicación tendrán que ser de otra clase.
Muchos quieren
portarse carnalmente, y que aun así la predicación sea siempre de palabras
suaves y lisonjas. Pero el mensajero que respeta la voluntad revelada de
Dios no va a complacerles.