CAPITULO 6
6:1 -- ¿Osa
alguno de vosotros -- Los corintios no solamente no siempre
disciplinaban al miembro pecador (capítulo 5), sino tampoco juzgaban
debidamente los casos que se presentaban entre ellos cuando había
problemas. Se atrevían a tener sus litigaciones, o pleitos, delante de
jueces paganos.
Al preguntar Pablo
“¿osa?”, presenta la práctica de los corintios en este caso como
pecaminosa, y expresa su propia indignación.
-- cuando tiene
algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos -- Al tener un
cristiano en Corinto problema con otro cristiano, entablaba demanda
judicial, y esto delante de jueces del mundo. ¡Qué ridículo que los
justos (los cristianos) busquen justicia delante de injustos!
Los jueces civiles
se llaman “injustos” porque, no siendo cristianos, no son guiados por
las normas de autoridad de Dios. Las normas humanas contradicen las de
Dios, y son las que el hombre del mundo sigue. (Si siguiera las de Dios,
sería cristiano). La justicia se halla en la ley de Cristo (Gál. 6:2),
y no en la de los hombres sin Cristo. En el ver. 6 se llaman “incrédulos”.
-- y no delante
de los santos? -- Solamente los cristianos están capacitados para
juzgar problemas entre cristianos, porque solamente éstos conocen las
leyes de Dios respecto a las diferentes relaciones en la vida delante de
Dios. Considérense Mat. 18:15-17; Luc. 17:3,4.
Los corintios eran
muy negligentes en cuanto a la espiritualidad de la iglesia local.
Permitían el incesto en la iglesia, como también la práctica de demandas
judiciales de hermano contra hermano delante de jueces del mundo
inconverso.
6:2 -- ¿O no
sabéis que los santos han de juzgar al mundo? --
Esta pregunta retórica de Pablo implica que los
corintios estaban sin excusa en sus pleitos, unos hermanos contra otros,
delante de jueces no cristianos, porque sí sabían que los santos han de
juzgar al mundo en el juicio final. Sabiendo esto, sabrían que eran
capaces ahora de juzgar casos temporales entre hermanos.
Véase Apoc.
2:26,27 (también, 3:21). Los cristianos fieles reinan en el sentido
secundario por medio de sus ejemplos (Rom. 5:17; 1 Cor. 4:8). En su
reinado el cristiano juzga, o condena, al mundo pecador con su vida y su
predicación, como lo hizo Noé (Heb. 11:7; compárese Mat. 12:41). Como
los apóstoles juzgan a la iglesia por su palabra inspirada (Mat. 19:28;
Hech. 2:42), así los cristianos juzgan por sus vidas y ejemplos
conformados a la doctrina de Cristo.
Todo esto quiere
decir, pues, que participamos con Cristo en su gran reinado espiritual
ahora. Véanse Sal. 2:7-9; Hech. 4:25-28; Hech. 13:33; Rom. 1:4; Heb.
1:5 -- el reinado de Cristo en su iglesia después de su resurrección.
Los cristianos reinan con él ahora: Mat. 16:18,19; Col. 1:13; Heb.
12:28; Apoc. 1:6,9; 5:10 (reinamos debe decir, no reinaremos); 20:4; y
reinarán con él para siempre, 22:5. Asociados con Cristo, el Gran Rey,
participaremos con él en el juicio del mundo pecador.
Considérense 1
Tes. 3:13; Judas 14.
-- Y si el
mundo ha de ser juzgado por vosotros -- Esta premisa los corintios
la tuvieron que aceptar como cierta, como cosa sabida. En base a esta
premisa, sigue la conclusión implícita en la siguiente pregunta:
-- ¿sois
indignos de juzgar cosas muy pequeñas?
El mundo es muy grande, mientras que un caso entre dos hermanos es
relativamente pequeño. El que es capaz de juzgar un asunto de mayor
importancia, seguramente puede hacerlo en juicios triviales de
importancia temporal.
Este juicio del mundo no es el mismo de 5:12,13, “a
los que están fuera”. Aquí es el juicio final de hombres y ángeles,
pero el caso de 5:12,13 tiene que ver con que la iglesia local juzgue
para razones de disciplina. Tal juicio no se extiende más allá de la
membresía de la iglesia local.
6:3 -- ¿O no
sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? --
Pablo intensifica su reprensión (2 Tim. 3:16; Tito
1:13) de los corintios, al recordarles de que sabían que también han de
juzgar a los ángeles. La respuesta a esta pregunta retórica implica la
respuesta de la que sigue.
Los ángeles
también han de ser juzgados en el día final (2 Ped. 2:4; Judas 6).
-- ¿Cuánto más
las cosas de esta vida? -- El evento del
juicio final, para el mundo y para los ángeles, ha de ser tremendo en
cuanto a números involucrados y consecuencias eternas. Si los
cristianos han de juzgar en tan majestuoso evento en el día final, ¿no
pueden atender a juicios concernientes a cosas presentes de esta vida?
¡Sí lo pueden! Estas preguntas dirigidas a los corintios llevan en sí
mismas sus propias respuestas.
Toda pregunta
retórica es ejemplo de la implicación, de la cual el oyente, o lector,
deduce, o infiere, la conclusión. En los versículos siguientes Pablo
continúa haciendo uso de la pregunta retórica.
6:4 -- Si, pues,
tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que
son de menor estima en la iglesia? --
Con esta pregunta Pablo indica lo irrisorio del comportamiento de la
iglesia: Si la iglesia tiene en su membresía problemas de esta vida, ¿hace
sentido poner por jueces personas estimadas por la iglesia misma como
nada (es decir, los jueces “injustos”--ver. 1, de este mundo)?
La traducción de
este versículo, si ha de ser pregunta: “¿ponéis para juzgar?”, o
declaración imperativa: “poned por jueces”, depende de cómo se vea la
gramática del verbo, “poner” en el texto griego, porque es capaz de
representar una interrogación en modo indicativo, o una declaración
imperativa. Las versiones que emplean la interrogación (1960, ASV., H.A.,
RVA., L.A., NVI., N.M., B.A., JTD., NTP., POP., B.S.) dicen: “¿ponéis
para juzgar?”. Algunas que dicen: “poned por jueces” son P.B., 1990,
V.M., 1977, y la mayoría de las versiones católicas.
A mi parecer la
interrogación cabe mejor en el contexto que trata de que la iglesia en
Corinto usaba a jueces mundanos para solucionar sus problemas (ver. 1).
Ahora, si el verbo
ha de ser entendido como imperativo, Pablo está usando de ironía,
diciendo a los corintios que pongan a juzgar a los hermanos menos
estimados en la iglesia. Digo ironía, porque en el versículo siguiente
Pablo dice que el juez debe ser algún hermano “sabio”.
En cuanto a los
jueces de este mundo, es cierto que el cristiano a veces puede hacer
buen uso de su oficio (por ej., Hech. 25:10,11; 16:37). El cristiano
obedece las leyes del gobierno (Rom. 13:1-7; 1 Ped. 2:13-17). Pero aquí
en este contexto se trata de casos entre hermanos, y no entre el
cristiano y los hombres del mundo.
6:5 -- Para
avergonzaros lo digo -- El proceder de
los corintios en este asunto fue cosa de que sentir vergüenza, y Pablo
escribe estos versículos con el fin de hacérselo ver. La pregunta de
este versículo tuvo por diseño hacerlos humildes. En vista de tal
conducta de parte de ellos, ¡qué sabios eran!
Contrástese 4:14.
-- ¿Pues qué,
no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus
hermanos -- Aquí tenemos otra pregunta
retórica de parte de Pablo. Claro es que sí había entre ellos hombres
sabios, bien capaces de juzgar casos entre ellos, los cristianos, pero
al irse con sus problemas delante de jueces no cristianos implicaban que
no había entre ellos ni un hombre sabio. Por otra parte, los corintios
se consideraban tan sabios (4:10). ¿Cómo fue, pues, que no pudieran
hallar entre sí a sabio alguno para juzgar sus casos?
6:6 -- sino que
el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos?
-- Aquí Pablo se dirige al corazón del
problema: No solamente tenían los hermanos en Corinto problemas sobre
asuntos de esta vida física, cosa mala en sí, sino pleiteaban en juicio,
cosa peor. Y lo que fue peor que nada fue el hecho de tener sus pleitos
ante jueces de entre los injustos del mundo. ¡Esto sí se pasó de malo!
Los cristianos han
de ser de una misma mente y un mismo parecer (1:10). Han de ser
llevados por el amor que se porta como descrito en 13:4-6. ¿A qué se
debió que permitieran surgir tales problemas que les habrían de
conducir a pleitos, y esto delante de jueces incrédulos? (En el ver. 1
se llaman “injustos”, y en el 4, “de menor estima”).
Jesús no halló
justicia delante de tal juez, Pilato, ni tampoco Pablo antes los
gobernadores ni César. No obstante, los corintios, tan jactanciosos con
respecto a su gran sabiduría filosófica, ¿hallarían verdadera justicia
en las cortes de los hombres incrédulos?
Hasta la fecha hay
muchos casos de esto en algunas iglesias de Cristo, mayormente respecto
a casos sobre la posesión de edificios y propiedades. Ha habido casos
en que hermanos han amenazado a otros hermanos con invocar a las
autoridades. Ha habido casos de hermanos disciplinados por la
congregación que han ido delante de los jueces para reclamar recompensas
monetarias a consecuencia de lo que llaman “difamación”. ¿Cómo pueden
los cristianos convertir a los incrédulos si llevan delante de éstos
tales problemas que surgen entre los hermanos? ¿No reniegan de la
iglesia los incrédulos, al ver tal conducta de parte de los hermanos?
6:7 -- Así que,
por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre
vosotros mismos -- Fue malo que los
corintios fueran a jueces incrédulos para resolver sus diferencias, pero
el mal básico fue el mismo tener pleitos, no importando delante de
quiénes, ni quiénes ganaran en la disputa. La iglesia es una hermandad
(1 Ped. 2:17, P.B., ASV., H.A., etcétera). Así que tener pleitos un
hermano con otro es igual que pleitear, o litigar judicialmente, consigo
mismo.
-- ¿Por qué no
sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser
defraudados? -- Esta es la enseñanza de
Jesús (Mat. 5:38-42). Es mejor sufrir injusticias que tener pleitos con
hermanos, y esto delante de jueces incrédulos del mundo. El cristiano
no insiste en llamados “derechos civiles”, en su trato con sus hermanos,
sino en imitar a Dios, quien es amor. Sabe sufrir injusticias con
paciencia (Prov. 20:22; Rom. 12:17,19; 1 Tes. 5:15; 1 Ped. 2:20). Está
dispuesto a perder propiedades materiales (ser defraudado), antes que
pleitear con hermanos en la fe. Ama la causa del Señor, y no quiere que
ella sufra reproche a consecuencia de alguna litigación judicial entre
hermanos.
Las dos preguntas
retóricas de Pablo aquí implican que sí debemos sufrir más bien la
injusticia y ser defraudados, que tener pleitos con los hermanos. Las
cosas materiales de esta vida no son tan importantes para “peregrinos”
(1 Ped. 2:11; Heb. 11:13), en camino a una patria celestial (11:14-16),
para que tengan litigaciones judiciales con otros cristianos. Dios dará
su merecido a los hermanos que tratan mal a otro (Rom. 12:18-21).
6:8 -- Pero
vosotros cometéis el agravio, y defraudáis --
Al decir, “Pero”, Pablo implica que lo que hacían
los corintios era lo que no debían haber estado haciendo. En lugar de
sufrir injusticia y fraude, ¡ellos mismos agraviaban y defraudaban! En
lugar de sufrir lo malo, lo practicaban. No ponían por obra la ley de
Cristo (Mat. 5:38-42).
-- y esto a los
hermanos -- Es malo perjudicar y
defraudar a cualquier persona, pero es doble malo hacerlo a un hermano
en la fe, debido a la relación familiar que él lleva con la persona.
Compárese Gál. 6:10 (“mayormente”). ¡Un cristiano hacía daño a otro
cristiano! Tal espíritu es del mundo, y no del reino de Dios.
6:9 -- ¿No
sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? --
La frase, “¿No sabéis?”, expone la arrogancia de
los corintios al jactarse de ser tan sabios. De igual manera Jesús
preguntó repetidas veces a los escribas (escribanos): “¿nunca leísteis?”
(Mat. 21:15,16).
Otra pregunta retórica se dirige a la iglesia en
Corinto. ¿Cuál es la implicación? Es que al convertirse a Cristo, la
persona deja las cosas de la injusticia que prohíben la entrada al cielo.
En el versículo
anterior Pablo acabó de acusarles de cometer agravio, o injusticias
(H.A.), (adikeo); ahora
dice que los injustos (adikos)
no heredarán el reino de Dios. En griego, la conexión entre las
dos cosas es muy estrecha. Aquí la palabra “injusticia” es como la
síntesis de todos los pecados en la lista que sigue. La lista es
representativa, no exhaustiva. Véase Gál. 5:21, “cosas semejantes a
éstas”.
Obviamente lo que
hacían los corintios les prohibiría entrar en el reino de Dios (en el
cielo). Siendo así el caso, también es obvio que el cristiano puede
pecar de tal manera que caiga de la gracia y se pierda eternamente. ¡La
apostasía no es imposible! (El calvinismo enseña al contrario).
Aunque el término
“reino” se aplica a la iglesia ahora (Mat. 16:18,19; Mar. 9:1; Luc.
22:16; Col. 1:13; Heb. 12:28), también se aplica al reino en su aspecto
eterno (2 Tim. 4:18; 2 Ped. 1:11). En este caso aquí, ya que los
corintios estaban en la iglesia, el término “reino” se aplica al aspecto
eterno de él.
La idea de
“heredar” se emplea en Rom. 8:17; los cristianos son herederos. El
cielo (la vida eterna) es su herencia (Mat. 19:29; 25:34; Luc. 10:25;
Efes. 1:14).
-- No erréis --
“No os dejéis engañar” (B.A.). Otras
versiones buenas usan una frase de no engañarse (ASV., P.B., V.M., RVA.,
L.A., NVI., NTP., 1977. B.J., etcétera).
Los corintios (y
todo el mundo) eran responsables por cualquier autoengaño. Muchas son
las advertencias en el Nuevo Testamento contra el dejarse engañar,
contra el criterio falso.
El materialismo
(el amor al dinero, o a lo que con él se puede comprar) engaña a mucha
gente, causando que ella cometa mucha injusticia (pecado en general).
Muchos están engañados con respecto a lo pecaminoso de ser personas de
la lista que sigue en este versículo, y en el siguiente. En el mundo
moderno la fornicación se presenta generalmente, no como pecado, sino
como una aventura amorosa. La borrachera se considera una enfermedad
(de la cual el “enfermo” no es responsable). Se defiende la
homosexualidad con más y más aceptación pública, aun en muchas de las
iglesias modernas. Hay hasta hermanos en la fe que defienden
casamientos adúlteros, afirmando que el adulterio no tiene que ver con
el sexo, sino solamente con el acto de divorciarse y volverse a casar.
Todos éstos están engañados, y están engañando a otros.
-- ni los
fornicarios -- Véase 5:1, comentarios.
-- ni los
idólatras -- Véase 5:10, comentarios.
-- ni los
adúlteros -- El adulterio es el sexo
ilícito con una persona casada. Mientras que la fornicación es término
comprensivo, el adulterio se limita al sexo ilícito que involucra a una
persona casada.
Dos personas
pueden estar “casados”, según las leyes del país, y al mismo tiempo
estar en adulterio (Mat. 5:32; 19:9; Mar. 6:17; Luc. 16:18; Rom.
7:1-3).
-- ni los
afeminados -- La palabra griega (malakos)
significa “suave”, “delicado”, “blando”, y de las cuatro veces que
aparece en el Nuevo Testamento, tres veces y con referencia a ropa, se
traduce así (Mat. 11:8; Luc. 7:25, dos veces). Aquí casi todas las
versiones traducen la palabra, “afeminados”. Son hombres que “se tienen
para propósitos contranaturales” (dice la Versión, N.M.). Son quienes
toman el papel de la mujer en el acto homosexual.
-- ni los que
se echan con varones -- Otras versiones
emplean la palabra “homosexuales”, o “sodomitas”. Estos son
quienes toman el papel del hombre en el acto homosexual. Véanse Gén.
19:1-11 (de este caso viene la palabra, “sodomita”); Lev. 18:22; 20:13;
Deut. 23:17; Josué capítulo 19,20; Rom. 1:26,27; 1 Tim. 1:10; 2 Ped.
2:6-10; Judas 7,8). A pesar de tanto pasaje que expone la vileza de la
homosexualidad, hay iglesias modernas que aprueban este acto y
defienden el derecho de los homosexuales de servir como clérigos. Desde
luego, son iglesias modernistas.
6:10 -- ni los
ladrones – Aquí el vocablo griego (kleptes)
indica una persona que viene sin aviso para robar. En 2 Cor.
11:26 la palabra es lestes,
uno que abiertamente y con violencia asalta. Los dos son ladrones. Es
que hay diferentes maneras de robar. Véase Efes. 4:28 (kleptes).
-- ni los
avaros – Véase 5:10, comentarios. Los
avaros son codiciosos (H.A., L.A.), avarientos (N.M., JTD.), usureros (NVI.),
acaparadores (NTP.).
-- ni los
borrachos – Véase 5:11, comentarios.
-- ni los
maldicientes – Véase 5:11, comentarios.
-- ni los
estafadores – Véase 5:10,11, comentarios.
-- heredarán el
reino de Dios -- Pablo aquí se repite (véase
ver. 9, comentarios) por razones de énfasis. Los que practican
estas cosas se llaman “hijos de desobediencia”; es decir, personas
identificadas con la desobediencia. Los tales no serán salvos
eternamente, sino que la ira de Dios vendrá sobre ellos. Véase Efes.
5:5,6. Ningún cristiano fiel se acerca a tales prácticas.
Con razón serán
pocos los que se salvarán eternamente. Véase Luc. 13:24,25.
6:11 Y esto
erais algunos – Antes de su conversión a
Cristo, algunos de los corintios habían practicado algunos de los
pecados de la lista dada en los ver. 9,10, o cosas semejantes.
Compárense Efes. 2:1-10; 4:17-31.
Es interesante
notar que algunos habían sido homosexuales, pero eso lo dejaron. No
hay pecado que el hombre no pueda dejar. Hoy en día algunos sicólogos
afirman que la homosexualidad es determinada por los genes con que la
persona nace, y que por eso no puede cambiar su “orientación, o
preferencia sexual”. No es cierto. Todo pecado es practicado porque la
persona escoge hacerlo. Muchos corintios habían sido homosexuales, y
por medio del evangelio lograron dejarlo por completo. Para esto
tuvieron que arrepentirse.
-- mas –
“Pero”, dicen las versiones ASV., 1990, RVA.,
NVI., LAC., B.A., N.C.). Se hace contraste entre lo que eran los
corintios antes de su conversión (ver. 9,10), y lo que les pasó en su
conversión a Cristo.
El verbo en cada
uno de los tres casos que siguen es del tiempo aoristo. Esto significa
que la acción descrita fue de una vez en el pasado.
Los tres verbos se refieren al mismo evento en la
vida de los corintios, al obedecer al evangelio (Hech. 18:8), nada más
que cada uno enfatiza cierto punto de vista.
Nótese que Pablo
no dice que fueron santificados y justificados en el momento de sólo
creer, sino que cuando fueron bautizados.
-- ya habéis
sido lavados – Mejor, “fuisteis lavados”
(LAC.; L.A.; ASV., B.A.). Es más; en este verbo la gramática griega (la
voz media) indica acción en que las personas mismas tomaron parte: “os
lavasteis” (ASV., margen; P.B., H.A.). Los corintios tomaron pasos para
lograr esto. Compárese Hech. 22:16. Se hace referencia al bautismo en
agua para perdón de los pecados (Hech. 2:38; Mar. 16:16; Jn. 3:5; Heb.
10:22; Tito 3:5). Dios es quien lava (perdona), pero la persona
bautizada de corazón participa en el acto (Rom. 6:17).
En el llamado
bautismo infantil, el infante no toma parte en el acto. Todo se le
hace a él. Ni está consciente de lo que le está pasando. Pero no fue
así con los corintios.
-- ya habéis
sido santificados – Mejor la traducción
“fuisteis santificados” (ASV., L.A, H.A., B.A., JTD.). Cuando los
corintios fueron bautizados, Dios también los santificó (apartó),
haciéndoles así santos. Véanse Efes. 5:26; Col. 1:13; 1 Ped. 2:9.
-- ya habéis
sido justificados – Mejor, “fuisteis
justificados” (ASV., L.A., H.A., B.A., JTD.). Al mismo tiempo de
perdonar (lavar) a los corintios bautizados en Cristo Jesús, y de
santificarles, también los justificó, porque siendo personas perdonadas,
ya no tenían pecados. El justo no tiene pecados. Véanse Rom. 5:1,9;
8:33.
Ahora, aunque el
bautismo es un acto de una sola vez, la persona hecha cristiana puede
volver a pecar y estar necesitada de perdón. La sangre de Jesucristo
sigue limpiándole (1 Jn. 1:7,9), si se arrepiente, confiesa su pecado y
pide a Dios perdón (Hech. 8:22). La santificación, alcanzada en el
bautismo, es el apartamiento del pecado. Ahora, si el cristiano
comienza a practicar algo malo, necesita “limpiarse de toda
contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el
temor de Dios” (2 Cor. 7:1). Cada vez que Dios le perdona, le justifica.
-- en el nombre
del Señor Jesús – Lo que pasó a los
corintios en su conversión sucedió en conexión con quién es el Señor
Jesús, el Salvador del mundo (Jn. 1:29; 14:6; 8:24), y lo que ha hecho
por el mundo (Luc. 24:47; Efes. 1:7).
-- y por el
Espíritu de nuestro Dios – y en conexión con la obra del Espíritu
Santo, quién vino a los apóstoles a enseñarles, recordarles, y guiarles
a toda la verdad del evangelio (Jn. 14:26; 16:13).
La preposición
“por” no es la correcta aquí. Debe ser “en”, pues en el texto griego es
la misma que aparece en la frase anterior. Por ser el asunto “en
conexión con quienes son” Jesucristo y Espíritu Santo, es por su
autoridad.
Así vemos que el
Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo tienen parte en la conversión del
individuo.
La implicación es
de que los corintios deben estar viviendo en conformidad a lo que Dios
ha hecho por ellos (Efes. 4:1).
Compárese 1:2,30.
- - -
Habiendo condenado
el incesto (capítulo 5), y la litigación judicial (6:1-11), Pablo ahora
pasa a condenar en particular la fornicación, versículos 12 al 20.
Parece que está refutando argumentos hechos a favor de la fornicación,
pecado que la gente de Corinto practicaría con avidez.
6:12 Todas las
cosas me son lícitas – Compárense 10:23;
Rom. 14:14. La ley de Moisés hacía distinción entre cosas (comidas en
particular) limpias y cosas inmundas (Lev. 10:10-11; 11:47), pero ya
había pasado dicha ley. Compárese Hech. 10:9-16. Bajo la ley de Cristo,
todas las cosas amorales son lícitas; es decir, son de indiferencia.
Claro es que Pablo
no habla en lo absoluto, al decir, “todas las cosas me son lícitas”.
Acabó de condenar la fornicación y otras cosas semejantes en los ver. 9
y 10. Esta frase, o expresión, tiene que limitarse a todas las cosas
que Dios ha autorizado pero que no ha mandado que se hagan.
Al parecer,
algunos de los corintios usaban esta expresión para justificar la
fornicación. “¿No creó Dios el cuerpo y su deseo sexual? ¿Qué mal,
pues, puede haber en usar el cuerpo en el sexo para obtener placer?
Como el cuerpo es para comer, también es para relaciones sexuales.
Todas las cosas son lícitas”.
Hay cosas que Dios
ha prohibido. Son cosas malas en sí. Véase Gál. 5:19-21. No se
justifican con nada. Al hacer estas cosas, la persona peca.
Por otra parte,
hay cosas que Dios ha mandado que se hagan, y al no hacerlas la persona
peca. Por ejemplo: el bautismo, el tomar la Cena del Señor, el
ofrendar, el ser “buenos samaritanos” (Hech. 10:48; 1 Cor. 11:24; 1 Cor.
16:1; Luc. 10:37).
Luego, hay cosas
que Dios autoriza, o permite, pero que no manda que se hagan. Son cosas,
pues, indiferentes en sí. Al hacerlas, o al no hacerlas, la persona
está bien con Dios. Por ejemplo, el matrimonio, el comer carne, el
observar ciertos días (1 Cor. 7:2; Rom. 14:2-5). Pero todas las cosas
creadas por Dios tienen su propósito y el propósito no ha de ser
pervertido.
Solamente a esta
última categoría de cosas se puede aplicar la frase de Pablo: “Todas las
cosas me son lícitas”. El versículo siguiente, en cuanto a las viandas,
o el alimento, lo hace obvio. Considérese 1 Tim. 4:4. Dios creó todas
las cosas para servir ciertos propósitos, y el hombre no ha de pervertir
esos propósitos por medio del pecado. Creó en el hombre el apetito para
comida, y quiere que coma solamente lo suficiente (Prov. 25:16; Ecle.
10:17), pero el hombre no ha de ser glotón (Tito 1:12). Creó en él el
apetito sexual, y el matrimonio para su satisfacción (1 Cor. 7:2), pero
él no ha de fornicar (1 Cor. 6:18). Las cosas buenas de Dios para el
hombre están reguladas en la Palabra de Dios, y no han de ser
pervertidas por el pecado. Está dentro del poder del hombre lograr esos
propósitos divinos, y el hombre puede escoger usar esas cosas de Dios
debidamente. Cuando él viola esas regulaciones, pervirtiéndolas, deja
de ejercer su poder sobre las cosas, y llega a ser esclavo de ellas.
El cristiano no ha
de convertir la libertad en licencia (2 Ped. 2:19). No hay libertad en
la esfera de las cosas prohibidas por Dios, ni en la de las cosas
mandadas por él. Hay libertad solamente en la esfera de las cosas
indiferentes. Tampoco hay libertad en cuanto a cambiar los propósitos
que Dios tiene para las cosas buenas.
-- mas no todas
convienen – “Sí”, admite Pablo, “todas
las cosas me son lícitas (véase la explicación arriba), pero no basta
con nada más decir, ‘Todas las cosas son lícitas’”, y luego pasar a
pecar. Hay otra consideración muy importante; a saber, que no todas las
cosas convienen, o aprovechan. ¿Qué de las consecuencias? ¿Qué de la
perversión del propósito de la cosas? La libertad tiene sus límites.
Todas las cosas son lícitas, pero no todas las cosas son útiles o
provechosas para la vida cristiana.
Algunas versiones,
en lugar de emplear la palabra “convienen”, dicen, “aprovechan” (Mod.,
1990, B.A.), y otras emplean las palabras “beneficioso” (NVI.) y
“ventajosas” (N.M.).
El principio de la
conveniencia se trata ampliamente en Romanos capítulo 14, y en los
capítulos 8 y 10 de esta carta.
-- todas las
cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna --
Además de que no aprovechan, o convienen, todas
las cosas, también es cierto que no hemos de permitir que ninguna cosa
se apodere de nosotros, hasta el punto de hacernos esclavos de dicha
cosa. No es el propósito de la libertad volvernos esclavos.
En el texto griego hay aquí un juego de palabras.
La palabra “lícitas” (exesti, verbo impersonal)
significa “tiene poder, autoridad, dominación”. El verbo
“dominar” (exousiazo) viene
de la misma raíz (exesti).
Literalmente dice Pablo: “Todas las cosas están bajo mi poder,
pero no dejaré que se apodere de mí ninguna de ellas”. O, “todas
las cosas están en mi dominio, pero no permitiré que ninguna de
ellas me domine”. Todas los apetitos y pasiones han sido hechos
por Dios y tienen su uso legal, pero no todo uso de ellos es provechoso,
y si nos esclavizan, o se apoderan de nosotros, nos destruyen. El
individuo siempre tiene que mantener dominio de sí mismo (Hech. 24:25; 2
Tim. 1:7; 2 Ped. 1:6). El simple hecho de que tengo el derecho
de comer no me justifica si me hago esclavo de la comida.
Muchos hombres se
esclavizan a los diferentes vicios (el tomar, las drogas, la inmoralidad
sexual), pero nosotros ni aun en las cosas lícitas debemos
esclavizarnos porque así perdemos nuestro dominio propio. (Por ejemplo:
la obesidad hoy en día en mi país se debe en gran parte a la pérdida del
dominio propio, y ¡esto no se puede negar!).
6:13 Las
viandas para el vientre, y el vientre para las viandas –
Evidentemente algunos de los corintios razonaban
que como el estomago siente hambre y es natural satisfacer el hambre con
la comida, así también el cuerpo físico siente deseos sexuales y es
normal satisfacer esos deseos con juntarse carnalmente con otra persona
(la fornicación).
Pero tal argumento
es falaz; no todas las maneras de satisfacer los apetitos y pasiones son
morales y aceptas. Esa lógica ignora el propósito de Dios en la
creación. En el caso de las viandas y el estómago, Dios los creó el uno
para el otro para funcionar en perfecta armonía y para lograr cierto
propósito en la vida del hombre físico durante esta vida física.
-- pero tanto
al uno como a las otras destruirá Dios –
Además de eso (de la frase anterior), las dos cosas
son de utilidad temporal, pues no habrá uso de viandas, y estómagos para
digerir la comida, en el cielo. Cuando Cristo venga la segunda vez,
tales cosas habrán cumplido su propósito y Dios las destruirá. ¡No es
así con el cuerpo y la fornicación!
-- Pero el
cuerpo no es para la fornicación – Hay
una afinidad entre las viandas y el estómago, pero entre el cuerpo y la
fornicación ¡no la hay! En sus siguientes palabras Pablo pasa a dar la
razón de esto.
Dios instituyó el
matrimonio en el principio (Mat. 19:4-6). Por eso el matrimonio no
afecta esta estrecha relación entre el cuerpo y el Señor. Pero la
fornicación, que emplea no solamente un órgano del cuerpo, sino todo el
cuerpo (y aun la mente también), une el cuerpo con otra persona que no
es el Señor. La fornicación hace que el cuerpo (del fornicario), y el
de la otra persona, sean “una sola carne” (ver. 16), y esto rompe la
relación de ese cuerpo con el Señor.
-- sino para el
Señor, y el Señor para el cuerpo –
¡Noble es el propósito que Dios tiene para el cuerpo del hombre! Este y
los versículos que siguen en este capítulo desarrollan este pensamiento.
En esta vida el
cuerpo ha de ser presentado a Dios en sacrificio vivo, santo y agradable
(Rom. 12:1). Cuando el cuerpo del cristiano muere y es sepultado,
espera el día de la resurrección cuando será resucitado y transformado
en un cuerpo glorioso (1 Cor. 15:35-58). ¿Hemos de contaminar con la
inmoralidad este cuerpo que es para el Señor para propósitos nobles y
eternos? Claro que no. El cuerpo tiene una dignidad sublime, pues es
para el Señor Jesucristo, quien es Dios, y él es para el cuerpo.
Debemos ponderarla diariamente.
6:14 Y Dios,
que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder –
El cuerpo del cristiano será resucitado
a la vida eterna en virtud de su unión con Cristo. El mismo Dios que
levantó al Señor, levantará también al cuerpo del cristiano. Véanse
capítulo 15; Jn. 5:28,29; 1 Tes. 4:14-17.
Dios tiene un
propósito glorioso para el cuerpo que se extiende más allá de esta vida,
pero no es así con el vientre y las viandas. A estos últimos “destruirá
Dios” (ver. 13), porque no son para el cielo; son transitorios.
Pero al cuerpo del cristiano fiel “Dios (lo) levantará con
su poder”, porque el espíritu del cristiano, que espera en el Hades,
será unido a su cuerpo en la resurrección y así el cristiano fiel en su
cuerpo glorificado recibirá al Señor en el aire para estar siempre con
él (1 Tes. 4:16,17; 2 Cor. 4:14; Col. 3:4; Jn. 14:2,3). Dios destruirá
las viandas y el vientre, y levantará al cuerpo para la vida eterna. La
resurrección del cuerpo será demostración de la omnipotencia de Dios
(“con su poder”). Véase Efes. 1:19,20.
Noble es el cuerpo
del cristiano; ¡cómo debe respetarlo en todo sentido y nunca tratarle
con descuidado ni abuso! ¡Pertenece al Señor ahora y para la eternidad!
Véase Fil. 3:20,21.
6:15 ¿No
sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? --
Véase 12:27.
Esta verdad se
realiza cuando la persona es bautizada en Cristo (12:13; Rom. 6:4; Gál.
3:26,27). Como muertos al pecado, y hechos nuevas criaturas, los
cristianos ahora pertenecen a Cristo.
Los corintios se
jactaban de ser muy sabios (4:10). Entonces, ¿no debían saber esto?
-- ¿Quitaré,
pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? -- ¿Hace
sentido hacer esto? La pregunta implica la respuesta de Pablo que sigue.
Continúa Pablo,
hablando del valor del cuerpo del cristiano y de la preciosa relación
que sostiene con Cristo (ver. 13,17). Ese cuerpo tiene propósitos y
relación divinos.
Los miembros de un
cuerpo son para los usos de la cabeza. Cristo tiene usos, o propósitos,
para el cuerpo del cristiano, que es uno de sus miembros. Si el
cristiano fornica, priva a Cristo de uno de sus miembros para dárselo a
la ramera para que ella lo use.
Véanse Efes.
4:15,16; 5:30.
-- De ningún
modo – “No suceda (eso)”, dice el texto
griego, según Lacueva. Nótese la misma frase griega en Rom. 3:4, o en
Gál. 2:17, ¡No por cierto! (V.M). Para Pablo la idea misma fue
detestable y aborrecible. Esta idea ni siquiera se puede contemplar.
El cristiano no puede pertenecer a Cristo y al mismo tiempo a una ramera.
La unión del
cristiano con Cristo forma una relación que es violada cuando dicho
cristiano une su cuerpo con una ramera en la fornicación, porque la
unión sexual de dos personas crea una relación entre ellas, haciendo de
ellas una sola carne (Gén. 2:24).
6:16 ¿O no
sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? --
Los cristianos en Corinto sabían esto.
No había que discutir el asunto. Tan íntimo es el acto sexual que las
dos personalidades en el acto se unen en una sola. Las dos expresan el
mismo pensar y manifiestan los mismos valores (o ausencia de ellos).
-- Porque dice:
Los dos serán una sola carne – La
palabra “porque” introduce la razón o explicación de lo que se acabó de
afirmar.
Pablo se refiere a Gén. 2:24. Dios es quien lo ha
dicho (aunque Moisés lo registró). Cristo lo repitió en Mat. 19:5, y
Pablo en Efes. 5:31.
La palabra “carne”
aquí se usa en el mismo sentido que “cuerpo” en éste y en los versículos
anteriores.
6:17 Pero el
que se une al Señor, un espíritu es con él –
La verdad del versículo anterior ahora es
contrastada con la de éste. Allí la persona se une con una ramera (los
dos una carne, o cuerpo); aquí con el Señor (los dos un espíritu, o
mente). Allí la unión representa un nivel de deseos sensuales; aquí
representa uno de pensamientos puros. El cristiano, al someterse a los
dictámenes de Cristo, su cabeza (Efes. 1:22,23; 5:23,24; Col. 1:18), es
de un espíritu con él. Cristo vive en el cristiano (Gál. 2:20), quien
tiene la misma mente, o pensar, que Cristo (Fil. 2:5). Hay una perfecta
unión espiritual entre los dos.
Ahora, es cierto
que en el caso del cristiano el cuerpo es “para el Señor, y el Señor
para el cuerpo” (ver. 13); es decir, el cristiano emplea los miembros de
su cuerpo solamente según los propósitos que Dios tiene para el cuerpo
humano. Lo hace por medio de la renovación de su mente (Rom. 12:1,2).
En este sentido, pues, el cristiano se hace un espíritu con Cristo.
Ahora anda por fe, y no por vista ( 2 Cor. 5:7).
Esta unión
espiritual del cristiano con Cristo se presenta en muchos pasajes; por
ej., Jn. 15:5; 17:21,23; Rom. 8:9,10; Efes. 5:30; Col. 3:3; 2 Ped. 1:4.
Esta perfecta
unión con Cristo hace intolerable que el cristiano al mismo tiempo
fornique. Por eso, esta conclusión del asunto sigue en el versículo
siguiente.
6:18 Huid de
la fornicación – En el griego, el tiempo
presente da énfasis a lo habitual del acto. En esta frase, pues, Pablo
está diciendo que los cristianos continúen huyendo de la fornicación.
La fornicación es
un mal tan peligroso que la única acción segura en contra de ella es la
de huir. Compárese el caso de José, Gén. 39:12. Considérese Proverbios,
capítulo 5, en particular el ver. 8. Sugiero que también se estudie
Proverbios, capítulo 7.
Este mandamiento
es tan fuerte e imperativo como el de Hech. 2:38 o el de 1 Cor. 11:24.
Es locura e insensatez jugar con la tentación del diablo por medio de
este pecado tan destructivo.
-- Cualquier
otro pecado que el hombre cometa – Aquí
la palabra griega común, para decir “pecado”,
harmartia (= un errar al
blanco) no es la usada, sino es
harmartema (= un acto de desobediencia). Con esta última se da
énfasis al acto cometido.
-- está fuera
del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca – –
El pecador comete muchos actos
de desobediencia. Todos éstos se cometen fuera del cuerpo,
excepto la fornicación, que, en el contexto en que habla Pablo,
es el pecado que se comete contra el cuerpo. Para entender bien
este versículo hay que hacer dos cosas: (1) guardar presente esta
distinción; a saber, fuera del cuerpo, y contra el cuerpo,
y (2) el contexto (ver. 12-17) en que Pablo pronuncia las palabras de
esta frase ahora comentada.
Es cierto que los
miembros del cuerpo son empleados en muchos actos de pecar (Rom. 6:19).
Pero el punto de Pablo aquí no es ése. El contexto aquí trata de la
realidad de que el cuerpo del cristiano es para el Señor, y él para el
cuerpo, y que por eso pertenece al Señor (ver. 13,15). En ese contexto
y sentido, cuando el cristiano fornica, peca contra el cuerpo al
quitarlo de Cristo, a quien solamente pertenece, y lo une a otra
persona, haciéndolo una carne con ella. Otros actos de desobediencia,
en este sentido, no son contra el cuerpo, sino fuera del
cuerpo, pero la fornicación es peculiarmente un acto que viola la
realidad de la unión del cuerpo con Cristo, y Cristo con el cuerpo, para
propósitos que involucran la vida eterna más allá de la resurrección (ver.
14). Este es el punto que atraviesa esta sección, los versículos 12 al
20.
Ahora pasa Pablo a
subrayar esta verdad, al añadir que el cuerpo, que pertenece solamente
al Señor, es el templo del Espíritu Santo, y que es propiedad de Dios
por haber sido comprado. Por estas razones se puede decir que la
fornicación, que es la unión del cuerpo con otra persona (como la ramera),
es un acto cometido ¡contra el cuerpo!
6:19 ¿O
ignoráis – Muchas veces sabemos cosas,
pero sin ponerlas por obra. Este fue el caso con los corintios. Por la
negligencia se ignoran.
-- que vuestro
cuerpo es templo del Espíritu Santo –
Esta es otra razón por qué el cristiano no ocupa su cuerpo en el acto de
fornicación; a saber, el Espíritu Santo lo ocupa como templo. ¿Cómo va
a profanar ese templo, uniéndolo con una ramera?
Ya vimos en 3:16
que la iglesia local también es llamada el templo del Espíritu Santo.
Véanse los comentarios allí.
-- el cual está
en vosotros, el cual tenéis de Dios –
El Espíritu Santo seguramente mora en el cristiano, como también mora en
la iglesia local, pero no lo hace aparte de la palabra que él ha
inspirado. No hay nada milagroso en esta morada del Espíritu Santo, ni
nada de dirección ni obra independiente de las instrucciones de las
Escrituras. El cristiano es lleno del Espíritu (Efes. 5:18) cuando deja
que la palabra de Cristo more en él (Col. 3:16, pasaje paralelo).
No mora, o habita,
solamente el Espíritu Santo en el cristiano, sino también Cristo (Efes.
3:17), la palabra de Cristo (Col. 3:16), Dios (2 Cor. 6:16), y la fe (2
Tim. 1:5). Las Escrituras hablan de la morada del pecado (Rom. 7:20),
del bien (Rom. 7:18), de la justicia (2 Ped. 3:13), y de Satanás (Apoc.
2:13).
¿Hay algo
milagroso o misterioso en estas moradas?
Las Escrituras
hablan de permanecer (o hacer morada) Dios y Cristo en el cristiano (Jn.
14:23), del cristiano en Cristo y Cristo en el cristiano (Jn. 15:4; del
cristiano en Dios, y Dios en él (1 Jn. 4:15), de la palabra de Dios en
el cristiano (1 Jn. 2:14), de la verdad en el cristiano (2 Jn. 2), y del
amor de Dios en el cristiano (1 Jn. 3:17). ¿Son estas “moradas”
directas y aparte de la Palabra de Dios? Los que hablan tanto de la
morada del Espíritu Santo en la persona, ¿por qué no hablan de igual
manera de estas otras “moradas” (o de estas otras cosas que moran)? La
respuesta es obvia.
-- y que no
sois vuestros – El cuerpo que el
cristiano habita no es suyo para que él haga cualquier uso de él según
sus gustos, deseos, o cultura. Tiene que usarlo según los dictámenes
del dueño, quien es el Señor. Por ej., no puede comer por puro gusto,
hasta enfermarse de tanto comer, porque se le manda lo de Prov. 25:16;
Ecles. 10:17; Luc. 12:19; etc. No puede usar las manos para
enriquecerse, robando, porque se le manda lo de Efes. 4:28. No puede
usar la lengua para hablar palabras corrompidas, como tampoco para la
gritería y la maledicencia, porque el dueño de su cuerpo, Cristo, le
manda lo de Efes. 4:29,31. Considérese Rom. 6:10-14. Para el
cristiano, ya no vive él (como dueño de su cuerpo), sino Cristo vive en
él y su cuerpo ahora es propiedad de Cristo (Gál. 2:20).
6:20 Porque
habéis sido comprados por precio – La
palabra “porque” introduce la razón por qué el cristiano no es suyo para
usar su cuerpo según su propia voluntad y deseos (incluyendo la
fornicación). Cristo compró al cristiano con un precio bien alto.
Véanse 7:23; 2 Ped. 2:1; Apoc. 5:9; 14:3,4. En estos pasajes aparece el
mismo verbo griego (agorazo)
que en este versículo comentado. Significa “comprar”, y no
redimir ni rescatar.
Compárense Hech.
20:28; 1 Ped. 1:18,19.
Como el esclavo
comprado por su amo no hace su propia voluntad, sino solamente la de su
amo, así es el caso con el cristiano. Ya no se pertenece.
Para ser dueño de
algo, la persona paga el precio. Entre más cara la cosa, más valor se
considera que tiene. El Señor Jesucristo compró a la iglesia con el
precio de su propia sangre (la muerte en la cruz). Para él el cristiano
es de mucho valor. Ahora, como propiedad del Señor, el cristiano debe
vivir santamente y sin mancha alguna. Véase Efes. 5:25-27.
-- glorificad,
pues, a Dios en vuestro cuerpo – Dadas
las razones de arriba, se sigue esta conclusión: el cristiano debe usar
su cuerpo solamente para glorificar a Dios al vivir en ese cuerpo la
vida que su Creador ha revelado en las Sagradas Escrituras. Véanse Rom.
12:1,2; Mat. 5:16; Jn. 15:8; Efes. 2:10; Tito 2:14; 3:14; 1 Ped. 2:12.
-- y en vuestro
espíritu, los cuales son de Dios --
Esta frase no aparece en los manuscritos de más autoridad, y por eso
tampoco en las siguientes versiones: ASV., H.A., P.B., 1990, L.A., RVA.,
N.M., NVI., N.C., S.A., Fue., B.S., B.J., NTP., STR., L.B.L, JTD.,
Varias versiones (Mod., B.A.) la incluyen, pero entre corchetes, para
indicar que los manuscritos considerados más fidedignos no la contienen.