NOTAS SOBRE 1 CORINTIOS

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, 1997)  

 

 

CAPITULO 6

6:1 -- ¿Osa alguno de vosotros -- Los corintios no solamente no siempre  disciplinaban al miembro pecador (capítulo 5), sino tampoco juzgaban debidamente los casos que se presentaban entre ellos cuando había problemas.  Se atrevían a tener sus litigaciones, o pleitos, delante de jueces paganos.

            Al preguntar Pablo “¿osa?”, presenta la práctica de los corintios en este caso como pecaminosa, y expresa su propia indignación.

            -- cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos -- Al tener un cristiano en Corinto problema con otro cristiano, entablaba demanda judicial, y esto delante de jueces del mun­do.  ¡Qué ridículo que los justos (los cristianos) busquen justicia delante de injustos!

            Los jueces civiles se llaman “injustos” porque, no siendo cristianos, no son guiados por las normas de autoridad de Dios.  Las normas humanas contradicen las de Dios, y son las que el hombre del mundo sigue.  (Si siguiera las de Dios, sería cristiano).  La justicia se halla en la ley de Cristo (Gál. 6:2), y no en la de los hombres sin Cristo.  En el ver. 6 se llaman “incrédulos”.

            -- y no delante de los santos? -- Solamente los cristianos están capacitados para juzgar problemas entre cristianos, porque solamente éstos conocen las leyes de Dios respecto a las diferentes relaciones en la vida delante de Dios.  Considérense Mat. 18:15-17; Luc. 17:3,4.

            Los corintios eran muy negligentes en cuanto a la espiritualidad de la iglesia local.  Permitían el incesto en la iglesia, como también la práctica de demandas judiciales de hermano contra hermano delante de jueces del mundo inconverso.

 

            6:2 -- ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? -- Esta pregunta retórica de Pablo implica que los corintios estaban sin excusa en sus pleitos, unos hermanos contra otros, delante de jueces no cristianos, porque sí sabían que los santos han de juzgar al mundo en el juicio final.  Sabiendo esto, sabrían que eran capaces ahora de juzgar casos temporales entre hermanos.

            Véase Apoc. 2:26,27 (también, 3:21).  Los cristianos fieles reinan en el sentido secundario por medio de sus ejemplos (Rom. 5:17; 1 Cor. 4:8).  En su reinado el cristiano juzga, o condena, al mundo pecador con su vida y su predicación, como lo hizo Noé (Heb. 11:7; compárese Mat. 12:41). Como los apóstoles juzgan a la iglesia por su palabra inspirada (Mat. 19:28; Hech. 2:42), así los cristianos juzgan por sus vidas y ejemplos conformados a la doctrina de Cristo.

            Todo esto quiere decir, pues, que participamos con Cristo en su gran reinado espiritual ahora.  Véanse Sal. 2:7-9; Hech. 4:25-28; Hech. 13:33; Rom. 1:4; Heb. 1:5 -- el reinado de Cristo en su iglesia después de su resurrección.  Los cristianos reinan con él ahora: Mat. 16:18,19; Col. 1:13; Heb. 12:28; Apoc. 1:6,9; 5:10 (reinamos debe decir, no reinaremos); 20:4; y reinarán con él para siempre, 22:5.  Asociados con Cristo, el Gran Rey, participaremos con él en el juicio del mundo pecador.

            Considérense 1 Tes. 3:13; Judas 14.

            -- Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros -- Esta premisa los corintios la tuvieron que aceptar como cierta, como cosa sabida.  En base a esta premisa, sigue la conclusión implícita en la siguiente pregunta:

            -- ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?  El mundo es muy grande, mientras que un caso entre dos hermanos es relativamente pequeño.  El que es capaz de juzgar un asunto de mayor importancia, seguramente puede hacerlo en juicios triviales de importancia temporal.

            Este juicio del mundo no es el mismo de 5:12,13, “a los que están fuera”.  Aquí es el juicio final de hombres y ángeles, pero el caso de 5:12,13 tiene que ver con que la iglesia local juzgue para razones de disciplina.  Tal juicio no se extiende más allá de la membresía de la iglesia local.

 

            6:3 -- ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? -- Pablo intensifica su reprensión (2 Tim. 3:16; Tito 1:13) de los corintios, al recordarles de que sabían que también han de juzgar a los ángeles.  La respuesta a esta pregunta retórica implica la respuesta de la que sigue.

            Los ángeles también han de ser juzgados en el día final (2 Ped. 2:4; Judas 6).

            -- ¿Cuánto más las cosas de esta vida? -- El evento del juicio final, para el mundo y para los ángeles, ha de ser tremendo en cuanto a números involucrados y consecuencias eternas.  Si los cristianos han de juzgar en tan majestuoso evento en el día final, ¿no pueden atender a juicios concernientes a cosas presentes de esta vida?  ¡Sí lo pueden!  Estas preguntas dirigidas a los corintios llevan en sí mismas sus propias respuestas.

            Toda pregunta retórica es ejemplo de la implicación, de la cual el oyente, o lector, deduce, o infiere, la conclusión.  En los versículos siguientes Pablo continúa haciendo uso de la pregunta retórica.

 

            6:4 -- Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? -- Con esta pregunta Pablo indica lo irrisorio del comportamiento de la iglesia: Si la iglesia tiene en su membresía problemas de esta vida, ¿hace sentido poner por jueces personas estimadas por la iglesia misma como nada (es decir, los jueces “injustos”--ver. 1, de este mundo)?

            La traducción de este versículo, si ha de ser pregunta: “¿ponéis para juzgar?”, o declaración imperativa: “poned por jueces”, depende de cómo se vea la gramática del verbo, “poner” en el texto griego, porque es capaz de representar una interrogación en modo indicativo, o una declaración imperativa.  Las versiones que emplean la interrogación (1960, ASV., H.A., RVA., L.A., NVI., N.M., B.A., JTD., NTP., POP., B.S.) dicen: “¿ponéis para juzgar?”.  Algunas que dicen: “poned por jueces” son P.B., 1990, V.M., 1977, y la mayoría de las versiones católicas.

            A mi parecer la interrogación cabe mejor en el contexto que trata de que la iglesia en Corinto usaba a jueces mundanos para solucionar sus problemas (ver. 1).

            Ahora, si el verbo ha de ser entendido como imperativo, Pablo está usando de ironía, diciendo a los corintios que pongan a juzgar a los hermanos menos estimados en la iglesia.  Digo ironía, porque en el versículo siguiente Pablo dice que el juez debe ser algún hermano “sabio”.

            En cuanto a los jueces de este mundo, es cierto que el cristiano a veces puede hacer buen uso de su oficio (por ej., Hech. 25:10,11; 16:37).  El cristiano obedece las leyes del gobierno (Rom. 13:1-7; 1 Ped. 2:13-17).  Pero aquí en este contexto se trata de casos entre hermanos, y no entre el cristiano y los hombres del mundo.

 

            6:5 -- Para avergonzaros lo digo -- El proceder de los corintios en este asunto fue cosa de que sentir vergüenza, y  Pablo escribe estos versículos con el fin de hacérselo ver.  La pregunta de este versículo tuvo por diseño hacerlos humildes.  En vista de tal conducta de parte de ellos, ¡qué sabios eran!

            Contrástese 4:14.

            -- ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos -- Aquí tenemos otra pregunta retórica de parte de Pablo.  Claro es que sí había entre ellos hombres sabios, bien capaces de juzgar casos entre ellos, los cristianos, pero al irse con sus problemas delante de jueces no cristianos implicaban que no había entre ellos ni un hombre sabio.  Por otra parte, los corintios se consideraban tan sabios (4:10).  ¿Cómo fue, pues, que no pudieran hallar entre sí a sabio alguno para juzgar sus casos?

 

            6:6 -- sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos? -- Aquí Pablo se dirige al corazón del problema:  No solamente tenían los hermanos en Corinto problemas sobre asuntos de esta vida física, cosa mala en sí, sino pleiteaban en juicio, cosa peor.  Y lo que fue peor que nada fue el hecho de tener sus pleitos ante jueces de entre los injustos del mundo.  ¡Esto sí se pasó de malo!

            Los cristianos han de ser de una misma mente y un mismo parecer (1:10).  Han de ser llevados por el amor que se porta como descrito en 13:4-6.  ¿A qué se debió que  permitieran surgir tales problemas que les habrían de conducir a pleitos, y esto delante de jueces incrédulos?  (En el ver. 1 se llaman “injustos”, y en el 4, “de menor estima”).

            Jesús no halló justicia delante de tal juez, Pilato, ni tampoco Pablo antes los gobernadores ni César.  No obstante, los corintios, tan jactanciosos con respecto a su gran sabiduría filosófica, ¿hallarían verdadera justicia en las cortes de los hombres incrédulos?

            Hasta la fecha hay muchos casos de esto en algunas iglesias de Cristo, mayormente respecto a casos sobre la posesión de edificios y propiedades.  Ha habido casos en que hermanos han amenazado a otros hermanos con invocar a las autoridades.  Ha habido casos de hermanos disciplinados por la congregación que han ido delante de los jueces para reclamar recompensas monetarias a consecuencia de lo que llaman “difamación”.  ¿Cómo pueden los cristianos convertir a los incrédulos si llevan delante de éstos tales problemas que surgen entre los hermanos?  ¿No reniegan de la iglesia los incrédulos, al ver tal conducta de parte de los hermanos?

           

            6:7 -- Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos -- Fue malo que los corintios fueran a jueces incrédulos para resolver sus diferencias, pero el mal básico fue el mismo tener pleitos, no importando delante de quiénes, ni quiénes ganaran en la disputa.  La iglesia es una hermandad (1 Ped. 2:17, P.B., ASV., H.A., etcétera).  Así que tener pleitos un hermano con otro es igual que pleitear, o litigar judicialmente, consigo  mismo.

            -- ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? -- Esta es la enseñanza de Jesús (Mat. 5:38-42).  Es mejor sufrir injusticias que tener pleitos con hermanos, y esto delante de jueces incrédulos del mundo.  El cristiano no insiste en llamados “derechos civiles”, en su trato con sus hermanos, sino en imitar a Dios, quien es amor.  Sabe sufrir injusticias con paciencia (Prov. 20:22; Rom. 12:17,19; 1 Tes. 5:15; 1 Ped. 2:20).  Está dispuesto a perder propiedades materiales (ser defraudado), antes que pleitear con hermanos en la fe.  Ama la causa del Señor, y no quiere que ella sufra reproche a consecuencia de alguna litigación judicial entre hermanos.

            Las dos preguntas retóricas de Pablo aquí implican que sí debemos sufrir más bien la injusticia y ser defraudados, que tener pleitos con los hermanos.  Las cosas materiales de esta vida no son tan importantes para “peregrinos” (1 Ped. 2:11; Heb. 11:13), en camino a una patria celestial (11:14-16), para que tengan litigaciones judiciales con otros cristianos.  Dios dará su merecido a los hermanos que tratan mal a otro (Rom. 12:18-21).

            6:8 -- Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis -- Al decir, “Pero”, Pablo implica que lo que hacían los corintios era lo que no debían haber estado haciendo.  En lugar de sufrir injusticia y fraude, ¡ellos mismos agraviaban y defraudaban!  En lugar de sufrir lo malo, lo practicaban.  No ponían por obra la ley de Cristo (Mat. 5:38-42).

            -- y esto a los hermanos -- Es malo perjudicar y defraudar a cualquier persona, pero es doble malo hacerlo a un hermano en la fe, debido a la relación familiar que él lleva con la persona.  Compárese Gál. 6:10 (“mayormente”).  ¡Un cristiano hacía daño a otro cristiano!  Tal espíritu es del mundo, y no del reino de Dios.

 

            6:9 -- ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? -- La frase, “¿No sabéis?”, expone la arrogancia de los corintios al jactarse de ser tan sabios.   De igual manera Jesús preguntó repetidas veces a los escribas (escribanos): “¿nunca leísteis?” (Mat. 21:15,16).

            Otra pregunta retórica se dirige a la iglesia en Corinto.  ¿Cuál es la implicación?  Es que al convertirse a Cristo, la persona deja las cosas de la injusticia que prohíben la entrada al cielo.

            En el versículo anterior Pablo acabó de acusarles de cometer agravio, o injusticias (H.A.), (adikeo); ahora dice que los injustos (adikos) no heredarán el reino de Dios.  En griego, la conexión entre las dos cosas es muy estrecha.  Aquí la palabra “injusticia” es como la síntesis de todos los pecados en la lista que sigue.  La lista es representativa, no exhaustiva.  Véase Gál. 5:21, “cosas semejantes a éstas”.

            Obviamente lo que hacían los corintios les prohibiría entrar en el reino de Dios (en el cielo).  Siendo así el caso, también es obvio que el cristiano puede pecar de tal manera que caiga de la gracia y se pierda eternamente.  ¡La apostasía no es imposible!  (El calvinismo enseña al contrario).

            Aunque el término “reino” se aplica a la iglesia ahora (Mat. 16:18,19; Mar. 9:1; Luc. 22:16; Col. 1:13; Heb. 12:28), también se aplica al reino en su aspecto eterno (2 Tim. 4:18; 2 Ped. 1:11).  En este caso aquí, ya que los corintios estaban en la iglesia, el término “reino” se aplica al aspecto eterno de él.

            La idea de “heredar” se emplea en Rom. 8:17; los cristianos son herederos.  El cielo (la vida eterna) es su herencia (Mat. 19:29; 25:34; Luc. 10:25; Efes. 1:14).

            -- No erréis -- “No os dejéis engañar” (B.A.).  Otras versiones buenas usan una frase de no engañarse (ASV., P.B., V.M., RVA., L.A., NVI., NTP., 1977. B.J., etcétera).

            Los corintios (y todo el mundo) eran responsables por cualquier autoengaño.  Muchas son las advertencias en el Nuevo Testamento contra el dejarse engañar, contra el criterio falso.

            El materialismo (el amor al dinero, o a lo que con él se puede comprar) engaña a mucha gente, causando que ella cometa mucha injusticia (pecado en general).  Muchos están engañados con respecto a lo pecaminoso de ser personas de la lista que sigue en este versículo, y en el siguiente.  En el mundo moderno la fornicación se presenta generalmente, no como pecado, sino como una aventura amorosa.  La borrachera se considera una enfermedad (de la cual el “enfermo” no es responsable).  Se defiende la homosexualidad con más y más aceptación pública, aun en muchas de las iglesias modernas.  Hay hasta hermanos en la fe que defienden casamientos adúlteros, afirmando que el adulterio no tiene que ver con el sexo, sino solamente con el acto de divorciarse y volverse a casar.  Todos éstos están engañados, y están engañando a otros.

            -- ni los fornicarios -- Véase 5:1, comentarios.

            -- ni los idólatras -- Véase 5:10, comentarios.

            -- ni los adúlteros -- El adulterio es el sexo ilícito con una persona casada.  Mientras que la fornicación es término comprensivo, el adulterio se limita al sexo ilícito que involucra a una persona casada.

            Dos personas pueden estar “casados”, según las leyes del país, y al mismo tiempo estar en adulterio (Mat. 5:32; 19:9; Mar. 6:17; Luc. 16:18; Rom. 7:1-3). 

            -- ni los afeminados -- La palabra griega (malakos) significa “suave”, “delicado”, “blan­do”, y de las cuatro veces que aparece en el Nuevo Testamento, tres veces y con referencia a ropa, se traduce así (Mat. 11:8; Luc. 7:25, dos veces).  Aquí casi todas las versiones traducen la palabra, “afeminados”.  Son hombres que “se tienen para propósitos contranaturales” (dice la Versión, N.M.).  Son quienes toman el papel de la mujer en el acto homosexual.

            -- ni los que se echan con varones -- Otras versiones emplean la palabra “homosexuales”, o  “sodomitas”.  Estos son quienes toman el papel del hombre en el acto homosexual.  Véanse Gén. 19:1-11 (de este caso viene la palabra, “sodomita”); Lev. 18:22; 20:13; Deut. 23:17; Josué capítulo 19,20; Rom. 1:26,27; 1 Tim. 1:10; 2 Ped. 2:6-10; Judas 7,8).  A pesar de tanto pasaje que expone la vileza de la homosexualidad, hay iglesias modernas que aprueban este acto y  defienden el derecho de los homosexuales de servir como clérigos.  Desde luego, son iglesias modernistas.

 

            6:10 -- ni los ladrones – Aquí el vocablo griego (kleptes) indica una persona que viene sin aviso para robar.  En 2 Cor. 11:26 la palabra es lestes, uno que abiertamente y con violencia asalta.  Los dos son ladrones.  Es que hay diferentes maneras de robar.  Véase Efes. 4:28 (kleptes).

            -- ni los avaros – Véase 5:10, comentarios.  Los avaros son codiciosos (H.A., L.A.), avarientos (N.M., JTD.), usureros (NVI.), acaparadores (NTP.).

            -- ni los borrachos – Véase 5:11, comentarios.

            -- ni los maldicientes – Véase 5:11, comentarios.

            -- ni los estafadores – Véase 5:10,11, comentarios.

            -- heredarán el reino de Dios  -- Pablo aquí se repite (véase ver. 9, comentarios) por razones de énfasis.  Los que practican estas cosas se llaman “hijos de desobediencia”; es decir, personas identificadas con la desobediencia.  Los tales no serán salvos eternamente, sino que la ira de Dios vendrá sobre ellos.  Véase Efes. 5:5,6.  Ningún cristiano fiel se acerca a tales prácticas.

            Con razón serán pocos los que se salvarán eternamente.  Véase Luc. 13:24,25.

 

            6:11  Y esto erais algunos – Antes de su conversión a Cristo, algunos de los corintios habían practicado algunos de los pecados de la lista dada en los ver. 9,10, o cosas semejantes.  Compárense Efes. 2:1-10; 4:17-31.

            Es interesante notar que algunos habían sido homosexuales, pero eso lo dejaron.   No hay pecado que el hombre no pueda dejar.  Hoy en día algunos sicólogos afirman que la homosexualidad es determinada por los genes con que la persona nace, y que por eso no puede cambiar su “orientación, o preferencia sexual”.  No es cierto.  Todo pecado es practicado porque la persona escoge hacerlo.  Muchos corintios habían sido homosexuales, y por medio del evangelio lograron dejarlo por completo.  Para esto tuvieron que arrepentirse.

            -- mas – “Pero”, dicen las versiones ASV., 1990, RVA., NVI., LAC., B.A., N.C.).  Se hace contraste entre lo que eran los corintios antes de su conversión (ver. 9,10), y lo que les pasó en su conversión a Cristo.

            El verbo en cada uno de los tres casos que siguen es del tiempo aoristo.  Esto significa que la acción descrita fue de una vez en el pasado.

            Los tres verbos se refieren al mismo evento en la vida de los corintios, al obedecer al evangelio (Hech. 18:8), nada más que cada uno enfatiza cierto punto de vista.

            Nótese que Pablo no dice que fueron santificados y justificados en el momento de sólo creer, sino que cuando fueron bautizados.

            -- ya habéis sido lavados – Mejor, “fuisteis lavados” (LAC.; L.A.; ASV., B.A.).  Es más; en este verbo la gramática griega (la voz media) indica acción en que las personas mismas tomaron parte: “os lavasteis” (ASV., margen; P.B., H.A.).  Los corintios tomaron pasos para lograr esto.  Compárese Hech. 22:16.  Se hace referencia al bautismo en agua para perdón de los pecados (Hech. 2:38; Mar. 16:16; Jn. 3:5; Heb. 10:22; Tito 3:5).  Dios es quien lava (perdona), pero la persona bautizada de corazón participa en el acto (Rom. 6:17).

            En el llamado bautismo infantil, el infante no toma parte en el acto.   Todo se le hace a él.  Ni está consciente de lo que le está pasando.  Pero no fue así con los corintios.

            -- ya habéis sido santificados – Mejor la traducción “fuisteis santificados” (ASV., L.A, H.A., B.A., JTD.).  Cuando los corintios fueron bautizados, Dios también los santificó (apartó), haciéndoles así santos.  Véanse Efes. 5:26; Col. 1:13; 1 Ped. 2:9.

            -- ya habéis sido justificados – Mejor, “fuisteis justificados” (ASV., L.A., H.A., B.A., JTD.).  Al mismo tiempo de perdonar (lavar) a los corintios bautizados en Cristo Jesús, y de santificarles, también los justificó, porque siendo personas perdonadas, ya no tenían pecados.  El justo no tiene pecados.  Véanse Rom. 5:1,9; 8:33.

            Ahora, aunque el bautismo es un acto de una sola vez, la persona hecha cristiana puede volver a pecar y estar necesitada de perdón.  La sangre de Jesucristo sigue limpiándole (1 Jn. 1:7,9), si se arre­piente, confiesa su pecado y pide a Dios perdón (Hech. 8:22).  La santificación, alcanzada en el bautismo, es el apartamiento del pecado.  Ahora, si el cristiano comienza a practicar algo malo, necesita “limpiarse de toda contaminación  de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Cor. 7:1).  Cada vez que Dios le perdona, le justifica.

            -- en el nombre del Señor Jesús – Lo que pasó a los corintios en su conversión sucedió en conexión con quién es el Señor Jesús, el Salvador del mundo (Jn. 1:29; 14:6; 8:24), y lo que ha hecho por el mundo (Luc. 24:47; Efes. 1:7).

            -- y por el Espíritu de nuestro Dios – y en conexión con la obra del Espíritu Santo, quién vino a los apóstoles a enseñarles, recordarles, y guiarles a toda la verdad del evangelio (Jn. 14:26; 16:13).

            La preposición “por” no es la correcta aquí.  Debe ser “en”, pues en el texto griego es la misma que aparece en la frase anterior.  Por ser el asunto “en conexión con quienes son” Jesucristo y Espíritu Santo, es por su autoridad.

            Así vemos que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo tienen parte en la conversión del individuo.

            La implicación es de que los corintios deben estar viviendo en conformidad a lo que Dios ha hecho por ellos (Efes. 4:1).

            Compárese 1:2,30.

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            Habiendo condenado el incesto (capítulo 5), y la litigación judicial (6:1-11), Pablo ahora pasa a condenar en particular la fornicación, versículos 12 al 20.  Parece que está refutando argumentos hechos a  favor de la fornicación, pecado que la gente de Corinto practicaría con avidez. 

 

            6:12  Todas las cosas me son lícitas – Compárense 10:23; Rom. 14:14.  La ley de Moisés hacía distinción entre cosas (comidas en particular) limpias y cosas inmundas (Lev. 10:10-11; 11:47), pero ya había pasado dicha ley.  Compárese Hech. 10:9-16.  Bajo la ley de Cristo, todas las cosas amorales son lícitas; es decir, son de indiferencia.

            Claro es que Pablo no habla en lo absoluto, al decir, “todas las cosas me son lícitas”.  Acabó de condenar la fornicación y otras cosas semejantes en los ver. 9 y 10.  Esta frase, o expresión,  tiene que limitarse a todas las cosas que Dios ha autorizado pero que no ha mandado que se hagan.

            Al parecer, algunos de los corintios usaban esta expresión para justificar la fornicación.  “¿No creó Dios el cuerpo y su deseo sexual?  ¿Qué mal, pues, puede haber en usar el cuerpo en el sexo para obtener placer?  Como el cuerpo es para comer, también es para relaciones sexuales.  Todas las cosas son lícitas”.

            Hay cosas que Dios ha prohibido.  Son cosas malas en sí.  Véase Gál. 5:19-21.  No se justifican con nada.   Al hacer estas cosas, la persona peca.

            Por otra parte, hay cosas que Dios ha mandado que se hagan, y al no hacerlas la persona peca.  Por ejemplo: el bautismo, el tomar la  Cena del Señor, el ofrendar, el ser “buenos samaritanos” (Hech. 10:48; 1 Cor. 11:24; 1 Cor. 16:1; Luc. 10:37).

            Luego, hay cosas que Dios autoriza, o permite, pero que no manda que se hagan.  Son cosas, pues, indiferentes en sí.  Al hacerlas, o al no hacerlas, la persona está bien con Dios.  Por ejemplo, el matrimonio, el comer carne, el observar ciertos días (1 Cor. 7:2; Rom. 14:2-5).  Pero todas las cosas creadas por Dios tienen su propósito y el propósito no ha de ser pervertido.

            Solamente a esta última categoría de cosas se puede aplicar la frase de Pablo: “Todas las cosas me son lícitas”.  El versículo siguiente, en cuanto a las viandas, o el alimento, lo hace obvio.  Considérese 1 Tim. 4:4.  Dios creó todas las cosas para servir ciertos propósitos, y el hombre no ha de pervertir esos propósitos por medio del pecado.  Creó en el hombre el apetito para comida, y quiere que coma solamente lo suficiente (Prov. 25:16; Ecle. 10:17), pero el hombre no ha de ser glotón (Tito 1:12).  Creó en él el apetito sexual, y el matrimonio para su satisfacción (1 Cor. 7:2), pero él no ha de fornicar (1 Cor. 6:18).  Las cosas buenas de Dios para el hombre están reguladas en la Palabra de Dios, y no han de ser pervertidas por el pecado.  Está dentro del poder del hombre lograr esos propósitos divinos, y el hombre puede escoger usar esas cosas de Dios debidamente.  Cuando él viola esas regulaciones, pervirtiéndolas, deja de ejercer su poder sobre las cosas, y llega a ser esclavo de ellas.

            El cristiano no ha de convertir la libertad en licencia (2 Ped. 2:19).  No hay libertad en la esfera de las cosas prohibidas por Dios, ni en la de las cosas mandadas por él.  Hay libertad solamente en la esfera de las cosas indiferentes.  Tampoco hay libertad en cuanto a cambiar los propósitos que  Dios tiene para las cosas buenas.

            -- mas no todas convienen – “Sí”, admite Pablo, “todas las cosas me son lícitas (véase la explicación arriba), pero no basta con nada más decir, ‘Todas las cosas son lícitas’”, y luego pasar a pecar.  Hay otra consideración muy importante; a saber, que no todas las cosas convienen, o aprovechan.  ¿Qué de las consecuencias?  ¿Qué de la perversión del propósito de la cosas?  La libertad tiene sus límites.  Todas las cosas son lícitas, pero no todas las cosas son útiles o provechosas para la vida cristiana.

            Algunas versiones, en lugar de emplear la palabra “convienen”, dicen, “aprove­chan” (Mod., 1990, B.A.), y otras emplean las palabras “beneficioso” (NVI.) y “ventajosas” (N.M.).

            El principio de la conveniencia se trata ampliamente en Romanos capítulo 14, y en los capítulos 8 y 10 de esta carta.

            -- todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna --  Además de que no aprovechan, o convienen, todas las cosas, también es cierto que no hemos de permitir que ninguna cosa se apodere de nosotros, hasta el punto de hacernos esclavos de dicha cosa.  No es el propósito de la libertad volvernos esclavos. 

            En el texto griego hay aquí un juego de palabras.  La palabra “lícitas” (exesti,  verbo impersonal) significa “tiene poder, autoridad, dominación”. El verbo “dominar” (exousiazo)  viene de la misma raíz (exesti).   Literalmente dice Pablo: “To­das las cosas están bajo mi poder, pero no dejaré que se apodere de mí ninguna de ellas”.  O, “todas las cosas están en mi dominio, pero no permitiré que ninguna de ellas me domine”.  Todas los apetitos y pasiones han sido hechos por Dios y tienen su uso legal, pero no todo uso de ellos es provechoso, y  si nos esclavizan, o se apoderan de nosotros, nos destruyen.  El individuo siempre tiene que mantener dominio de sí mismo (Hech. 24:25; 2 Tim. 1:7; 2 Ped. 1:6).  El simple hecho de que tengo el derecho de comer no me justifica si me hago esclavo de la comida.

            Muchos hombres se esclavizan a los diferentes vicios (el tomar, las drogas, la inmoralidad se­xual), pero nosotros ni aun en las cosas lícitas debemos esclavizarnos porque así perdemos nuestro dominio propio.  (Por ejemplo: la obesidad hoy en día en mi país se debe en gran parte a la pérdida del dominio propio, y ¡esto no se puede negar!).

 

            6:13  Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas – Evidentemente algunos de los corintios razonaban que como el estomago siente hambre y es natural satisfacer el hambre con la comida, así también el cuerpo físico siente deseos sexuales y es normal satisfacer esos deseos con juntarse carnalmente con otra persona (la fornicación).

            Pero tal argumento es falaz; no todas las maneras de satisfacer los apetitos y pasiones son morales y aceptas.  Esa lógica  ignora el propósito de Dios en la creación.  En el caso de las viandas y el estómago, Dios los creó el uno para el otro para funcionar en perfecta armonía y para lograr cierto propósito en la vida del hombre físico durante esta vida física.

            -- pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios – Además de eso (de la frase anterior), las dos cosas son de utilidad temporal, pues no habrá uso de viandas, y estómagos para digerir la comida, en el cielo.  Cuando Cristo venga la segunda vez, tales cosas habrán cumplido su propósito y Dios las destruirá.  ¡No es así con el cuerpo y la fornicación!

            -- Pero el cuerpo no es para la fornicación – Hay una afinidad entre las viandas y el estómago, pero entre el cuerpo y la fornicación ¡no la hay!  En sus siguientes palabras Pablo pasa a dar la razón de esto.

            Dios instituyó el matrimonio en el principio (Mat. 19:4-6).  Por eso el matrimonio no afecta esta  estrecha relación entre el cuerpo y el Señor.  Pero la fornicación, que emplea no solamente un órgano del cuerpo, sino todo el cuerpo (y aun la mente también), une el cuerpo con otra persona que no es el Señor.  La fornicación hace que el cuerpo (del fornicario), y el de la otra persona, sean “una sola carne” (ver. 16), y esto rompe la relación de ese cuerpo con el Señor.

            -- sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo – ¡Noble es el propósito que Dios tiene para el cuerpo del hombre!  Este y los versículos que siguen en este capítulo desarrollan este pensamiento.

            En esta vida el cuerpo ha de ser presentado a Dios en sacrificio vivo, santo y agradable (Rom. 12:1).  Cuando el cuerpo del cristiano muere y es sepultado, espera el día de la resurrección cuando será resucitado y transformado en un cuerpo glorioso (1 Cor. 15:35-58).  ¿Hemos de contaminar con la inmoralidad este cuerpo que es para el Señor para propósitos nobles y eternos?  Claro que no.  El cuerpo tiene una dignidad sublime, pues es para el Señor Jesucristo, quien es Dios, y él es para el cuerpo.  Debemos ponderarla diariamente.

 

            6:14  Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder – El cuerpo del cristiano será resucitado a la vida eterna en virtud de su unión con Cristo.  El mismo Dios que levantó al Señor, levantará también al cuerpo del cristiano.  Véanse capítulo 15; Jn. 5:28,29; 1 Tes. 4:14-17.

            Dios tiene un propósito glorioso para el cuerpo que se extiende más allá de esta vida, pero no es así con el vientre y las viandas.  A estos últimos “destruirá Dios” (ver. 13), porque no son para el cielo; son transitorios.  Pero al cuerpo del cristiano fiel “Dios (lo) levantará con su poder”, porque el espíritu del cristiano, que espera en el Hades, será unido a su cuerpo en la resurrección y así el cristiano fiel  en su cuerpo glorificado recibirá al Señor en el aire para estar siempre con él (1 Tes. 4:16,17; 2 Cor. 4:14; Col. 3:4; Jn. 14:2,3).  Dios destruirá las viandas y el vientre, y levantará al cuerpo para la vida eterna.  La resurrección del cuerpo será demostración de la omnipotencia de Dios (“con su poder”).  Véase Efes. 1:19,20. 

            Noble es el cuerpo del cristiano; ¡cómo debe respetarlo en todo sentido y nunca tratarle con descuidado ni abuso!  ¡Pertenece al Señor ahora y para la eternidad!  Véase Fil. 3:20,21.

           

            6:15  ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? -- Véase 12:27.

            Esta verdad se realiza cuando la persona es bautizada en Cristo (12:13; Rom. 6:4; Gál. 3:26,27).  Como muertos al pecado, y hechos nuevas criaturas, los cristianos ahora pertenecen a Cristo.

            Los corintios se jactaban de ser muy sabios (4:10).  Entonces, ¿no debían saber esto?

            -- ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? -- ¿Hace sentido hacer esto?  La pregunta implica la respuesta de Pablo que sigue.

            Continúa Pablo, hablando del valor del cuerpo del cristiano y de la preciosa relación que sostiene con Cristo (ver. 13,17).  Ese cuerpo tiene propósitos y relación divinos.

            Los miembros de un cuerpo son para los usos de la cabeza.  Cristo tiene usos, o propósitos, para el cuerpo del cristiano, que es uno de sus miembros.  Si el cristiano fornica, priva a Cristo de uno de sus miembros para dárselo a la ramera para que ella lo use.

            Véanse Efes. 4:15,16; 5:30.

            -- De ningún modo – “No suceda (eso)”, dice el texto griego, según Lacueva.  Nótese la misma frase griega en Rom. 3:4, o en Gál. 2:17, ¡No por cierto! (V.M).  Para Pablo la idea misma fue detestable y aborrecible.  Esta idea ni siquiera se puede contemplar.  El cristiano no puede pertenecer a Cristo y al mismo tiempo a una ramera.

            La unión del cristiano con Cristo forma una relación que es violada cuando dicho cristiano une su cuerpo con una ramera en la fornicación, porque la unión sexual de dos personas crea una relación entre ellas, haciendo de ellas una sola carne (Gén. 2:24).

 

            6:16  ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? -- Los cristianos en Corinto sabían esto.  No había que discutir el asun­to.  Tan íntimo es el acto sexual que las dos personalidades en el acto se unen en una sola.  Las dos expresan el mismo pensar y manifiestan los mismos valores (o ausencia de ellos).

            -- Porque dice: Los dos serán una sola carne – La palabra “porque” introduce la razón o explicación de lo que se acabó de afirmar.

            Pablo se refiere a Gén. 2:24.  Dios es quien lo ha dicho (aunque Moisés lo registró).  Cristo lo repitió en Mat. 19:5, y Pablo en Efes. 5:31.

            La palabra “carne” aquí se usa en el mismo sentido que “cuerpo” en éste y en los versículos anteriores.

 

            6:17  Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él – La verdad del versículo anterior ahora es contrastada con la de éste.  Allí la persona se une con una ramera (los dos una carne, o cuerpo); aquí con el Señor (los dos un espíritu, o mente).  Allí la unión representa un nivel de deseos sensuales; aquí representa uno de pensamientos puros.  El cristiano, al someterse a los dictámenes de Cristo, su cabeza (Efes. 1:22,23; 5:23,24; Col. 1:18), es de un espíritu con él.  Cristo vive en el cristiano (Gál. 2:20), quien tiene la misma mente, o pensar, que Cristo (Fil. 2:5).  Hay una perfecta unión espiritual entre los dos.

            Ahora, es cierto que en el caso del cristiano el cuerpo es “para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (ver. 13); es decir, el cristiano emplea los miembros de su cuerpo solamente según los  propósitos que Dios tiene para el cuerpo humano.  Lo hace por medio de la renovación de su mente (Rom. 12:1,2).  En este sentido, pues, el cristiano se hace un espíritu con Cristo.  Ahora anda por fe, y no por vista ( 2 Cor. 5:7).

            Esta unión espiritual del cristiano con Cristo se presenta en muchos pasajes; por ej., Jn. 15:5; 17:21,23; Rom. 8:9,10; Efes. 5:30; Col. 3:3; 2 Ped. 1:4.

            Esta perfecta unión con Cristo hace intolerable que el cristiano al mismo tiempo fornique.  Por eso, esta conclusión del asunto sigue en el versículo siguiente.

 

            6:18  Huid de la fornicación – En el griego, el tiempo presente da énfasis a lo habitual del acto.  En esta frase, pues, Pablo está diciendo que los cristianos continúen huyendo de la fornicación.

            La fornicación es un mal tan peligroso que la única acción segura en contra de ella es la de huir.  Compárese el caso de José, Gén. 39:12.  Considérese Proverbios, capítulo 5, en particular el ver. 8.  Sugiero que también se estudie Proverbios, capítulo 7.

            Este mandamiento es tan fuerte e imperativo como el de Hech. 2:38 o el de 1 Cor. 11:24.   Es locura e insensatez jugar con la tentación del diablo por medio de este pecado tan destructivo.

            -- Cualquier otro pecado que el hombre cometa – Aquí la palabra griega común, para decir “pecado”, harmartia  (= un errar al blanco) no es la usada, sino es harmartema (= un acto de desobediencia).  Con esta última se da énfasis al acto cometido.

            -- está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca –  –           El pecador comete muchos actos de des­obediencia.  Todos éstos se cometen fuera del cuerpo, excepto la fornicación, que, en el contexto en que habla Pablo, es el pecado que se comete contra el cuerpo.  Para entender bien este versículo hay que hacer dos cosas: (1) guardar presente esta distinción; a saber, fuera del cuerpo, y contra el cuerpo, y (2) el contexto (ver. 12-17) en que Pablo pronuncia las palabras de esta frase ahora comentada.

            Es cierto que los miembros del cuerpo son empleados en muchos actos de pecar (Rom. 6:19).  Pero el punto de Pablo aquí no es ése.  El contexto aquí trata de la realidad de que el cuerpo del cristiano es para el Señor, y él para el cuerpo, y que por eso pertenece al Señor (ver. 13,15).  En ese contexto y sentido, cuando el cristiano fornica, peca contra el cuerpo al quitarlo de Cristo, a quien solamente pertenece, y lo une a otra persona, ha­ciéndolo una carne con ella.  Otros actos de deso­bediencia, en este sentido, no son contra el cuerpo, sino fuera del cuerpo, pero la fornicación es peculiarmente un acto que viola la realidad de la unión del cuerpo con Cristo, y Cristo con el cuerpo, para propósitos que involucran la vida eterna más allá de la resurrección (ver. 14).  Este es el punto que atraviesa esta sección, los versículos 12 al 20.

            Ahora pasa Pablo a subrayar esta verdad, al añadir que el cuerpo, que pertenece solamente al Señor, es el templo del Espíritu Santo, y que es propiedad de Dios por haber sido comprado.  Por estas razones se puede decir que la fornicación, que es la unión del cuerpo con otra persona (como la ramera), es un acto cometido ¡contra el cuerpo!

 

            6:19  ¿O ignoráis – Muchas veces sabemos cosas, pero sin ponerlas por obra.  Este fue el caso con los corintios.  Por la negligencia se ignoran.

            -- que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo – Esta es otra razón por qué el cristiano no ocupa su cuerpo en el acto de fornicación; a saber, el Espíritu Santo lo ocupa como templo.  ¿Cómo va a profanar ese templo, uniéndolo con una ramera?

            Ya vimos en 3:16 que la iglesia local también es llamada el templo del Espíritu Santo.  Véanse los comentarios allí.

            -- el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios –          El Espíritu Santo seguramente mora en el cristiano, como también mora en la iglesia local, pero no lo hace aparte de la palabra que él ha inspirado.  No hay nada milagroso en esta morada del Espíritu Santo, ni nada de dirección ni obra independiente de las instrucciones de las Escrituras.  El cristiano es lleno del Espíritu (Efes. 5:18) cuando deja que la palabra de Cristo more en él (Col. 3:16, pasaje paralelo).

            No mora, o habita,  solamente el Espíritu Santo en el cristiano, sino también Cristo (Efes. 3:17),  la palabra de Cristo (Col. 3:16), Dios (2 Cor. 6:16), y la fe (2 Tim. 1:5).  Las Escrituras hablan de la morada del pecado (Rom. 7:20), del bien (Rom. 7:18), de la justicia (2 Ped. 3:13), y de Satanás (Apoc. 2:13).

            ¿Hay algo milagroso o misterioso en estas moradas?

            Las Escrituras hablan de permanecer (o hacer morada) Dios y Cristo en el cristiano (Jn. 14:23), del cristiano en Cristo y Cristo en el cristiano (Jn. 15:4; del cristiano en Dios, y Dios en él (1 Jn. 4:15), de la palabra de Dios en el cristiano (1 Jn. 2:14), de la verdad en el cristiano (2 Jn. 2), y del amor de Dios en el cristiano (1 Jn. 3:17).  ¿Son estas “mora­das” directas y aparte de la Palabra de Dios?  Los que hablan tanto de la morada del Espíritu Santo en la persona, ¿por qué no hablan de igual manera de estas otras “moradas” (o de estas otras cosas que moran)?  La respuesta es obvia.

            -- y que no sois vuestros – El cuerpo que el cristiano habita no es suyo para que él haga cualquier uso de él según sus gustos, deseos, o cultura.  Tiene que usarlo según los dictámenes del dueño, quien es el Señor.  Por ej., no puede comer por puro gusto, hasta enfermarse de tanto comer, porque se le manda lo de Prov. 25:16; Ecles. 10:17; Luc. 12:19; etc.  No puede usar las manos para enriquecerse, robando, porque se le manda lo de Efes. 4:28.  No puede usar la lengua para hablar palabras corrompidas, como tampoco para la gritería y la maledicencia, porque el dueño de su cuerpo, Cristo, le manda lo de  Efes. 4:29,31.  Considérese Rom. 6:10-14.  Para el cristiano, ya no vive él (como dueño de su cuerpo), sino Cristo vive en él y su cuerpo ahora es propiedad de Cristo (Gál. 2:20).

 

            6:20  Porque habéis sido comprados por precio – La palabra “porque” introduce la razón por qué el cristiano no es suyo para usar su cuerpo según su propia voluntad y deseos (incluyendo la fornicación).  Cristo compró al cristiano con un precio bien alto.  Véanse 7:23; 2 Ped. 2:1; Apoc. 5:9; 14:3,4.  En estos pasajes aparece el mismo verbo griego (agorazo) que en este versículo comentado.  Significa “comprar”, y no redimir ni rescatar.

            Compárense Hech. 20:28; 1 Ped. 1:18,19.

            Como el esclavo comprado por su amo no hace su propia voluntad, sino solamente la de su amo, así es el caso con el cristiano.  Ya no se pertenece.

            Para ser dueño de algo, la persona paga el precio.  Entre más cara la cosa, más valor se considera que tiene.  El Señor Jesucristo compró a la iglesia con el precio de su propia sangre (la muerte en la cruz).  Para él el cristiano es de mucho valor.  Ahora, como propiedad del Señor, el cristiano debe vivir santamente y sin mancha alguna.  Véase Efes. 5:25-27.

            -- glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo – Dadas las razones de arriba, se sigue esta conclusión: el cristiano debe usar su cuerpo solamente para glorificar a Dios al vivir en ese cuerpo la vida que su Creador ha revelado en las Sagradas Escrituras. Véanse Rom. 12:1,2; Mat. 5:16; Jn. 15:8; Efes. 2:10; Tito 2:14; 3:14; 1 Ped. 2:12. 

           -- y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios --  Esta frase no aparece en los manuscritos de más autoridad, y por eso tampoco en las siguientes versiones: ASV., H.A., P.B., 1990, L.A., RVA., N.M., NVI., N.C., S.A., Fue., B.S., B.J., NTP., STR., L.B.L, JTD.,

            Varias versiones (Mod., B.A.) la incluyen, pero entre corchetes, para indicar que los manuscritos considerados más fidedignos no la contienen.

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