8:1 -- En cuanto a lo sacrificado
a los ídolos – La frase “en cuanto a” nos hace ver que los
corintios habían escrito a Pablo concerniente al tema que él ahora
introduce en su carta. (Véase 7:1, comentarios). ¿Qué se puede decir
de comer carne sacrificada a los ídolos; o sea, a los dioses paganos
del politeísmo?
En Corinto el público en general era
pagano, adorando a muchos dioses. (Compárese Atenas, ciudad vecina,
Hech. 17:16,23). Los cristianos tenían familiares, vecinos, amigos y
socios paganos que celebraban fiestas en que la carne era dedicada a
ciertos dioses. A veces la carne se comía en los templos de los
dioses y era bendecida por el sacerdote encargado. El sacerdote a
veces entregaba parte de la carne al mercado para ponerla a la venta.
Al sobrar alguna carne, era llevada a las casas particulares para que
la comieran sus moradores. Surgieron, pues, problemas respecto a la
participación del cristiano en tales comidas o compras de esa carne en
particular.
Los que se jactaban de
saber a ciencia cierta este asunto no hacían caso de los escrúpulos de
los hermanos más débiles en su conocimiento. Esto complicaba el
problema en Corinto.
Sobre los ídolos y la idolatría,
véanse 10:14-33; Hech. 15:20,29; Rom. 1:23-25; 1 Cor. 12:2; 1 Tes.
1:9; 1 Jn. 5:21; Apoc. 2:14.
Véase 6:12, comentarios.
-- sabemos que todos
tenemos conocimiento – Hay dos verbos griegos que se pueden
traducir con las palabras saber, o conocer (oida
y ginosko).
La primera trata de saber o conocer por percepción (lo que la mente ve)
y se considera como de conocimiento completo, mientras que la segunda
indica llegar a conocer por medio de experiencia o instrucción, y es
de un conocimiento creciente. Aquí Pablo emplea el verbo
oida. Parece que los
corintios, que le escribieron sobre el caso, afirmaban que sabían que
el ídolo no es nada en sí y que por eso en todo caso se podía comer de
la carne que había sido ofrecida al ídolo y bendecida por el sacerdote
pagano. Sí, dice Pablo, todos sabemos (estamos seguros de) que
tenemos ciencia en el asunto. Pero hay otras cosas que tomar en
cuenta. (Parece que Pablo, al decir “todos tenemos conocimiento”,
está diciendo que, no solamente algunos en Corinto, sino él también lo
tenía. Esto lo diría para exponer la vanidad, y la falta de amor, de
aquéllos que al tratar ellos el problema a la mano, consideraban
solamente su libertad personal en el asunto).
Nótese: lo que Pablo
aquí dice acerca del conocimiento se limita a conocimiento respecto a
las cosas de Dios, y en particular las del ver. 4. No habla de las
ciencias físicas.
-- El conocimiento
envanece, pero el amor edifica -- No hay nada malo en el
conocimiento en sí (aunque puede ser incompleto), pero por sí solo,
éste no basta para resolver el problema que se tiene por delante.
Tiende a envanecer cuando se emplea como la única consideración, al
tratar un problema. Los altamente educados tienden a ser arrogantes
hacia los demás, mirándoles con desdén. Están satisfechos en el
conocimiento que tienen, porque les disipa toda superstición o
escrúpulo.
Por otra parte, al considerar un
problema, como el que ahora se trata, la persona conocedora de hechos,
pero que al mismo tiempo tiene consideración (amor) por otros, halla
la solución de tal manera que todos son edificados en la vida
espiritual. Esta es la meta que agrada a Dios. Véanse 10:31; Rom.
15:1-7. El amor no se envanece (13:4).
Considérese Rom. 14:15. Tenemos que
andar en amor, y no solamente en ciencia. Véase 13:2. Tenemos que
buscar el bien del otro (10:24), siendo amorosos (libertad con amor) y
no egoístas (libertad sin amor).
Sobre “envanece”, véase 5:2,
comentarios.
8:2 -- Y si alguno
se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo --
Hágase un repaso de los comentarios en el ver. 1 sobre los dos verbos
griegos, oida y
ginosko. Aquí dice
Pablo que si alguno piensa haber conocido (oida)
(conocimiento completo) algo, todavía no sabe (ginosko)
(no aumenta su conocimiento) como debe saberlo (ginosko)
(como debe estar creciendo en conocimiento respecto a ello).
Los tiempos empleados
aquí de estos verbos griegos importan mucho. Como Lacueva dice: “Si
alguno piensa haber conocido (tiempo perfecto = si aprendió y ahora la
persona sigue con ese conocimiento) algo, todavía no supo, no aprendió
(tiempo aoristo, pasado) como conviene conocer” (o haber conocido;
infinitivo, tiempo aoristo). Luego Pablo sigue con el versículo
siguiente: “Pero si alguno está amando continuamente (tiempo presente)
a Dios, éste ha sido conocido (tiempo perfecto) por Dios y sigue
siéndolo en la actualidad (= siendo amado, o aprobado)”.
Pablo se refiere a
aquéllos en Corinto que se presentaban como personas que ya habían
adquirido el conocimiento completo, y que por eso continuaban con él
en la actualidad, pero en realidad ellos en el pasado no supieron la
verdad como debieron haberla sabido, porque no habían sabido (aprendido)
que sin el amor no hay el debido conocimiento. El conocimiento sin
el amor es un conocimiento hueco.
Véase Rom. 11:25,
“arrogantes en cuanto a vosotros mismos”.
El verdadero
conocimiento es aquello que tiene por propósito el conducirnos a
buscar el bien de todos. Como el egoísta no ha aprendido el uso
correcto de los bienes (Efes. 4:28; 1 Tim. 6:17-19; 1 Jn. 3:17),
tampoco ha aprendido el uso correcto de la ciencia el que no la usa
para guiar al que anda en las tinieblas, la superstición, y el error,
para que ande más bien en la verdad.
Los orgullosos en la
iglesia en Corinto pensaban tener ya la ciencia, pero en realidad
apenas estaban comenzando a aprender, pues la ciencia (completa y
correctamente usada) sin el amor no existe. El conocimiento, como una
meta en sí, conduce al egoísmo, al orgullo.
Lo importante es que
Dios nos conozca a nosotros, y para esto es preciso que amemos a Dios.
Pero tal amor nos guía a tomar en cuenta al hermano débil en
conocimiento, para no pecar contra él.
(¿Hasta cuándo
aprenderán algunos de mis hermanos en Cristo que las emociones propias
de la persona no tienen importancia en el contexto en que otros
hermanos no entiendan tan bien y que en ciertas circunstancias pueden
hacer algo que resulte en su perdición eterna?)
8:3 -- Pero si
alguno ama a Dios, es conocido por él -- Repito la traducción
literal que presento arriba en el ver. 2, párrafo 2: “Pero si alguno
está amando continuamente (tiempo presente) a Dios, éste ha sido
conocido por Dios y sigue siéndolo en la actualidad (= siendo amado, o
aprobado)”.
La prueba de estar amando la persona
a Dios es el estar guardando continuamente sus mandamientos (Jn.
14:15,21,23). Esta es la persona a quien Dios ha conocido (tiempo
perfecto = acción del pasado con efectos presentes; es decir, Dios le
conoció y sigue ahora conociéndole).
Aquí “conocido” significa “aprobado”
o “amado”. Dios reconoce (conoce) con aprobación y amor al que le
está amando continuamente. Ser amado de Dios, entonces, significa
tener su aprobación. Compárese Mat. 7:23. Véase Gál. 4:9. Dios pone
su sello de aprobación en la persona que le ama a él (guardando sus
mandamientos).
Amar a Dios requiere que se ame al
prójimo (Luc. 10:25-28).
El hermano en Corinto, que amaba a
Dios (y a la vez al prójimo), tenía el conocimiento correcto para
dirigirse correctamente al problema a la mano, para darle solución.
Pero el hermano que se basaba únicamente en conocimiento, con el cual
él podría dirigirse en sus libertades personales, tenía un
conocimiento deficiente, pues le faltaba el amor, sin el cual no
habría ninguna consideración por otro hermano de otro pensar. Tal
conocimiento no tiene el poder de edificar. Véase 1 Jn. 4:7,8.
8:4 -- Acerca, pues,
de las viandas que se sacrifican a los ídolos – Ahora Pablo
regresa al punto principal, presentado en el ver. 1. (Lo que escribe
en los ver. 1b-3 prepara al lector para recibir su enseñanza).
Mejor es la ver. H.A.
que dice: “Acerca, pues, del comer de lo sacrificado a ídolos…”. El
texto griego dice: “comer”, y esta palabra es clave en la discusión.
Una ilustración de esto:
Números 25:1,2.
Véase ver. 8,
comentario.
-- sabemos que un
ídolo nada es en el mundo y que no hay más que un Dios – El verbo
griego aquí, para decir “sabemos”, es
oida. Véase ver. 1,
comentarios. Pablo se refiere al conocimiento completo, no ganado por
educación y experiencia, sino deducido de la creación y la revelación
de Dios (Rom. 1:18-23).
Literalmente dice el
texto griego: “Sabemos que ningún (ouden)
ídolo (hay) en el mundo, y que ningún (oudeis)
Dios (hay) excepto uno”. Se notará que las palabras
ouden, oudeis modifican
a ídolo y a Dios; es decir, no hay ningún ídolo en el mundo, no hay
ningún Dios excepto uno. Así se expresa la Ver. ASV. en inglés.
No dice Pablo que no
existen imágenes en el mundo, sino que ningún ídolo (es decir, ningún
dios representado por el ídolo) existe en el mundo. De igual manera
dice que no existe ningún Dios, sino uno. Si no existe el dios pagano,
¿para qué sirve la imagen de él? Dice la Ver. S.A., “sabemos que
ningún ídolo tiene ser en el mundo…”. Véanse 10:19; Hech. 14:15; Gál.
4:8.
No existen en el
mundo los dioses que los paganos inventaron según sus imaginaciones.
Nunca ha tenido existencia ni Júpiter ni Mercurio (Hech. 14:11,12),
sino solamente en la mente de alguna gente depravada. Han existido en
nombre pero no en hecho.
Todo cristiano tiene
conocimiento completo del hecho de que ningún Dios existe excepto uno,
Jehová Dios. Véanse Deut. 6:4, “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios,
Jehová uno es”; Mar. 12:29.
En el Antiguo
Testamento los ídolos son llamados mentirosos y vanidad; son nada más
obra de las manos de hombres (1 Crón. 16:26; Sal. 115:4,8; Isa. 2:8;
31:7; 41:24, 29; 44:8—17; 45:20; 46:6,7; Jer. 10:14,15; Hab. 2:18).
Los ídolos representan dioses que no existen. Ofrecer sacrificios a
los ídolos equivalía a ofrecerlos a la nada. ¿Cómo, pues, pueden
tales dioses tener efecto en la carne que se coma? Si no son nada, lo
sacrificado a ellos es como si no hubiera sido sacrificado.
Nada en este mundo
debe ser adorado. Véase Hech. 17:24,25,29. Los ídolos de los hombres
son nada más expresiones de conceptos falsos que algunos hombres
tienen acerca de Dios. Véase Rom. 1:21-23; Sal. 96:5.
Sólo a Dios hemos de
adorar (Mat. 4:10; 1 Tes. 1:9; Apoc. 19:10; 22:9). Dios es uno. No
hay tres Dioses, pero sí hay tres personas en la Deidad (El Espíritu,
El Señor y el Padre, Efes. 4:5,6).
8:5 -- Pues aunque
haya algunos que se llamen dioses – Pablo acabó de afirmar que no
hay ídolos (dioses) en el mundo; no existen. Pero, por razones de
argumentación, por el momento dice que si los hay, seguramente para
el cristiano no existen (ver. 6).
Al decir, “se llamen”,
Pablo hace claro que en realidad no existen.
-- sea en el cielo,
o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores) – Los
paganos tenían dioses en el cielo como también en la tierra. Tal vez
los “señores” eran dioses menores que los que supuestamente residían
en los cielos; eran más regionales o locales. Por ejemplo,
considérese el caso de Poseidón (Neptuno de los romanos), éste era el
dios del Mar. Muchas ciudades tenían su propio dios guardián. Por
otra parte puede ser que la referencia, al decir dioses y señores,
apunte a la idea de Deidad (dioses) y de dominio (señores).
Lo cierto es que eran
muchos estos supuestos dioses y señores, y eran reales a la masa de la
humanidad pagana, afectando sus vidas en todo aspecto o consideración,
con temor, superstición y corrupción. Aun hasta a los emperadores se
les consideraba a veces como dioses dignos de adoración.
8:6 – para
nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre – Pablo no está
diciendo que los paganos creen así y así, pero que nosotros los
cristianos creemos de otra manera. ¡No! Ya había dicho, ver. 4, que
no hay ningún Dios sino uno. El punto es que el problema de comer o
no carne ofrecida a ídolos era problema entre los cristianos, y
que los cristianos sabemos que hay un solo Dios mientras que los
dioses paganos no existen.
Para el cristiano el
número de dioses es una discusión cerrada, porque las Escrituras nos
revelan a un solo Dios, Jehová Dios, el Padre de todas sus criaturas.
(No se hace
referencia exclusiva a Dios el Padre en el sentido de la primera
persona de la Deidad. Si fuera así, Pablo luego abajo diría el Hijo
Jesucristo. El término “Padre” aquí apunta al Creador de todo el
mundo).
-- del cual
proceden todas las cosas –
Dios es la fuente de
todas las cosas (y no los diferentes dioses paganos según la mitología
de la gente). Véase Gén. 1:1.
-- y nosotros
somos para él – Los cristianos existimos para servir a Dios. Las
cosas materiales (la creación física) son de él, y nosotros los
cristianos (la nueva creación) somos para él.
-- y un Señor,
Jesucristo – Hay un Dios (Divinidad, Deidad, Hech. 17:29), en tres
personas (2 Tes. 13:14), y aquí Pablo hace referencia a la segunda
persona en la Deidad. Como arriba Pablo dice “dioses y señores”,
ahora dice “un Dios y un Señor”. Véase Efes. 4:4,5. En Jesucristo
habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Col. 2:8). En
otros pasajes se le llama Dios (Rom. 9:5; Tito 2:13; 2 Ped. 1:1).
-- por medio del
cual son todas las cosas – La preposición “por” apunta a la
agencia que empleó Dios para crear todas las cosas. Todas son de
él, y por Jesucristo. Véanse Jn. 1:3,10; Col. 1:16; Heb. 1:2.
Estos textos
presuponen la eternidad de Cristo.
-- y nosotros por
medio de él – Nosotros los cristianos existimos porque Dios por
Jesucristo (por la agencia de él) nos hizo nuevas criaturas e hijos
suyos; por Jesucristo nos redimió (2 Cor. 5:17; Efes. 1:7; 1 Cor.
1:30; Rom. 3:24; 1 Ped. 1:18-21; véanse también Efes. 4:24; Col.
1:20). Compárese Rom. 11:36.
El argumento es que
no hay dioses del paganismo; hay un solo Dios. Por eso el comer
carne sacrificada a ídolos, o no, si no fuera por los hermanos débiles
en el asunto, sería para los cristianos cosa de total indiferencia.
8:7 -- Pero no en
todos hay este conocimiento – Según el ver. 1, todos tenían
conocimiento, y aquí se afirma que este conocimiento no lo tenían
todos. Pero no hay contradicción. Véanse ver. 1,2, comentarios. Lo
dicho en el ver. 1 era una verdad general, pero no universal, pues
algunos tenían debilidad en su conciencia respecto al problema (ver.
7).
Todos los cristianos
en Corinto sabían que ningún ídolo (dios pagano) existe, y que existe
solamente Jehová Dios, pero no todos comprendían todas las
consecuencias de este conocimiento. (Hasta la fecha hay cristianos
que saben que Dios todo lo controla desde el cielo, pero al mismo
tiempo muestran a veces ciertas supersticiones).
-- porque algunos,
habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos –
El hábito, o fuerza de la costumbre, es un amo poderoso en las
vidas de algunos. Les afecta grandemente su mirada mental. El
pagano convertido en cristiano tendía a traer consigo a la verdad del
evangelio el fuerte hábito de siempre asociar con el comer comida
sacrificada a ídolos la adoración a verdaderos dioses. No siempre
aplicaba de lleno las implicaciones de la vida en Cristo. No le fue
fácil librarse totalmente de sus sentidos e ideas supersticiosos.
Tenía vestigios de creencia de que los dioses sí tenían ciertos
poderes y controles sobre el hombre.
(Los judíos
convertidos en cristianos también hallaban difícil dejar totalmente
ciertas restricciones mosaicas que ya no valían bajo la ley de Cristo.
Aunque ya como cristianos no habrían pecado al hacer ciertas cosas de
esas prohibidas, como, por ejemplo, el comer carne de puerco,
habituados a no hacerlas, se les hacía difícil hacerlas o aprobar a
quienes las hicieran).
(Hay cristianos hoy
en día, convertidos del catolicismo romano, que al parecer no pueden
desasociar del catolicismo ninguna práctica identificada como de la
llamada Navidad, aunque sea puramente una actividad de la temporada
del fin del año y de día de fiesta nacional. Los que nunca fueron
católicos no batallan nada, o no tanto, con este problema).
-- y su conciencia,
siendo débil, se contamina -- El corintio, que sabía muy bien el
hecho de que Dios es uno, pero tan habituado a siempre asociar el
comer comida ofrecida a ídolos con la adoración de dioses paganos,
tenía una debilidad en su conocimiento, lo cual conducía a su
conciencia a condenar tal actividad. Al comer dicha comida violaba su
conciencia mal informada, y por eso pecaba, porque “lo que no proviene
de fe (conciencia) es pecado” (Rom. 14:23).
La conciencia en el
hombre es esa parte de él que juzga lo correcto o lo incorrecto de
cierto hecho. Si ella está bien instruida en la verdad, es fuerte; si
no lo es, se llama “débil”. La débil o condena lo que en realidad es
permisible, o no está segura de lo legítimo del caso.
Sea como sea la
conciencia, tiene que ser respetada. Es pecado violarla. Una
actividad en sí puede ser permisible, pero para el que la mira como
pecaminosa, le es pecado si aún así la lleva a cabo. No peca porque
hace la actividad, sino porque viola su conciencia que equivocadamente
le dice que es malo hacerla. Su pecado consiste en la intención
viciada, y no en el hecho mismo. Véanse ver. 11, 13; 10:25-29.
En realidad la comida
no contamina al hombre (Mar. 7:18,19). Lo que contamina a la
conciencia es el violarla por medio de hacer con intención cualquier
acto que ella indique como pecaminoso. Le queda a la persona un
sentido de culpa.
La conciencia no es
guía; no establece la verdad en un dado caso. Tiene que ser educada.
Su función verdadera es la de decir a su dueño si él está haciendo
conforme a su conocimiento, o no. Considérense Hech. 23:1 más
26:9-11. Véase también 24:16.
8:8 -- Si bien la
vianda no nos hace más aceptos ante Dios – Un alimento no nos
presentará (en griego, tiempo futuro) a Dios (para encomio o para
condenación). No tendrá que ver con ello, porque está en la categoría
de cosas indiferentes o amorales, y por eso no tiene que ver con
nuestra relación espiritual con Dios.
La Ver. H. A. dice:
“Pero las viandas no nos recomendarán a Dios”. La ASV. en inglés dice
lo mismo, con una nota en el margen que dice, “griego, presentar”.
El mismo verbo griego aparece en Hech. 1:3, “se presentó”.
La palabra “vianda”,
significando comida, es del vocablo griego
broma. En el ver. 4 el
vocablo es brosis, que
significa el acto de comer.
-- pues ni porque
comamos seremos más, ni porque no comamos, seremos menos – Si la
persona todo lo come, no por eso está más acepta ante Dios; no abunda
en excelencia moral. Si rehúsa comer ciertos alimentos, no por eso
está menos acepta ante Dios; no carece de excelencia moral. La
sencilla razón de esto está en el hecho de que “el reino de Dios no es
comida ni bebida” (Rom. 14:17); es decir, no es caracterizado por
distinciones en comidas y bebidas, y tales cosas indiferentes.
Pablo no favorecía a
los hermanos corintios que abogaban por el comer lo sacrificado a
ídolos, aunque admitía con ellos que ningún ídolo (dios pagano) es
algo en este mundo. Pero tampoco favorecía al que se abstenía de comer
lo sacrificado a ídolos. En este asunto ninguno tenía ventaja, ni
desventaja. Aquí Pablo condena la soberbia del que se jactaba de su
conocimiento, como también la soberbia del escrupuloso que tenía
prejuicio en el asunto.
Considérense Mat.
15:11,17-20.
Por ser asunto de
indiferencia, el hermano fuerte debe acceder a la conciencia débil del
otro (ver. 9-13). Ahora, si fuera asunto de fe, sería pecado acceder
a él. Compárese Gál. 2:5. No importa qué cosa se coma, pero sí
importa mucho que algún hermano se anime a pecar y así pierda su alma.
La cuestión no era de
si se permitía comer ciertas viandas, o no, sino de si se
amaba (ver. 1) a otro tanto que se disponga la persona a pasar por
alto cierta libertad con el fin de salvar a un hermano débil.
8:9 -- Pero mirad
que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles
– El modo imperativo del verbo “mirad” en el texto griego es del
tiempo presente, y por eso indica que la persona siempre debe estar
mirando.
La palabra “libertad”
aquí es del mismo vocablo que “lícitas” en 6:12; 10:23. Tiene que ver
con poder o derecho. La misma palabra griega aparece en 7:37 (dueño
de; “autoridad tiene sobre la propia voluntad”, Lacueva);
9:6,12,18 (derecho); Hech. 5:4 (poder).
Pablo se dirige en
este versículo al que entiende que es lícito comer lo que se ha
ofrecido a algún ídolo. (No hay diferencia entre una comida y otra,
Rom. 14:14; 1 Tim. 4:4,5). Aunque no pecaría al comerlo, sí debe
tener cuidado de que al hacerlo en ciertas circunstancias no cause
tropiezo al hermano débil en su conciencia al respecto. (De esas
circunstancias en particular Pablo va a escribir en el capítulo 10).
Algo lícito en sí no
necesariamente ni siempre es conveniente (6:12). El hermano fuerte,
pues, tiene que tener cuidado de que no haga nada que sirva de
tropiezo para el hermano débil. No debe abusar de su libertad,
autoridad o poder, de comer cosa ofrecida a ídolo, sabiendo que es
comida ordinaria. La cosa que hacer, en un dado caso, no gira en el
conocimiento tocante al hecho mismo, sino en el amor
hacia otra persona que no tenga ese conocimiento. Véase ver. 1b,
comentarios.
Sobre “tropezadero”,
compárese Rom. 14:13. No vivimos solos en este mundo. Nuestras
acciones pueden tener que ver con las de otras personas, o para bien o
para mal.
Los “débiles” son
quienes no tienen el conocimiento correcto, o que dudan o se detienen
frente a comida ofrecida a ídolos. La debilidad está en su
conocimiento, y no en su convicción ni en el fervor de fe. Véase el
versículo siguiente.
8:10 -- Porque si
alguno te ve a ti, que tienes conocimiento – En este versículo
Pablo supone un caso que ilustra el punto del versículo anterior; a
saber, el de causar tropezar a otro hermano. El “alguno” en este caso
es el que no tiene el conocimiento correcto en cuanto a la
indiferencia entre comidas, y en cuanto a la libertad que el fuerte
tiene en el asunto.
Sobre el peligro de
este “alguno” ya ha hablado Pablo. Ahora entra en el caso un elemento
muy importante; a saber, el amor (ver. 1).
-- sentado a la
mesa en un lugar de ídolos –Las casas, o templos, de los ídolos (véase
9:13, comentarios) disponían de salones en que se celebraban fiestas
de comida, con todo y mesas. Eran usadas por el público para
diferentes ocasiones públicas, como por ejemplo los banquetes.
Ahora Pablo presenta una situación probable en Corinto en el siglo
primero en que el amor para con otro tiene que superar el derecho
personal. En su ilustración Pablo ve a dos hermanos en la fe
presentes en tal casa de ídolos y el hermano débil ve al otro
sentado a la mesa (literalmente, reclinado—la costumbre de
aquel tiempo para comer) para comer. (¿Comer qué cosa en particular?
¿para cuál ocasión? Pablo no dice; no importa. Lo que importa en
esta ilustración es el lugar y la asociación general que el hermano da
a ellos).
-- la conciencia
de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a
los ídolos? -- Véase en ver. 7, comentarios.
Ahora vemos cómo
actúa a veces la conciencia del “débil”; que se deja llevar por la
conducta de otro. El “débil” no cree que puede comer de lo
sacrificado a ídolos (para él se significa adorar a un dios pagano,
ser idólatra), pero al ver a otro hermano hacerlo (quien come como de
comida ordinaria, y sin hacer caso de adoración a dioses paganos),
deja que ese ejemplo y las circunstancias del momento le “edifiquen” (estimulen,
el mismo verbo griego que aparece en el ver. 1, “edifica”) a comer
también. Ya que lo hace (que come como acto de idolatría), viola su
conciencia y peca (Rom. 14:23).
Aquí la palabra
“edificar” se usa en un sentido malo. Compárese Mal. 3:15, “los que
hacen impiedad son edificados” (ASV.); es decir, prosperados. En
lugar de edificar a otro a que haga lo bueno, se le “edifica” a hacer
lo malo. El ejemplo del sabio pone un desafío ante el débil, y le
induce a pecar.
En todo esto el
fuerte (en conocimiento) en realidad desbarata lo edificado en el
débil, porque contribuye al pecado de él. Con ironía, pues, dice
Pablo que el fuerte en este caso “edifica” al débil a hacer algo que
viola su conciencia. Compárese 9:12. Es de capital importancia la
consideración para con otros, y no el ejercicio de derechos personales
(Rom. 15:1-3). El ejercicio de derechos personales es promovido por
el conocimiento, pero a la consideración la promueve el amor.
8:11 -- Y por el
conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió
-- El pecado produce muerte espiritual. Ya que el hermano viola
su conciencia, peca, y se pierde; cae de la gracia (Gál. 5:4). Ahora
se encuentra en el mismo estado que los perdidos de 1:18.
El quinto punto de
los cinco puntos principales calvinistas (1. la depravación total, 2.
la elección y la reprobación incondicionales, 3. la expiación limitada,
4. la operación directa del Espíritu Santo , 5. la imposibilidad de
apostasía) aquí queda expuesto como falso. Un hermano en Cristo
(persona por la cual murió Cristo) puede pecar de tal manera que se
pierda eternamente.
Cuando el fuerte (en
conciencia) insiste en ejercer sus derechos, aun a punto de causar
que el hermano débil (en conciencia) peque, muestra que no le importa
la obra redentora de Cristo y hace que la muerte de Cristo en la cruz
resulte en vano. Pero así pasa cuando rige el conocimiento, y no el
amor.
Compárese Rom. 14:20.
(Los padres tienen
que comenzar desde la cuna a enseñar al niño a ser amoroso, y no
egoísta. El consentir al niño produce un adulto egoísta, que no
piensa en la otra persona, sino solamente en sí mismo, y luego se le
crían en la vida numerosos problemas. En cambio, el educar al niño a
considerar a otros produce un adulto amoroso que, amando, busca el
bien del prójimo, y de esto resultan paz y felicidad).
El que no considera
el efecto que sus derechos personales puedan tener en otro hermano en
Cristo, es persona egoísta y carente de amor. No se parece en nada a
su Padre Celestial (1 Juan 4:7-12). Cristo amó tanto a aquel hermano
que murió por él; ahora toca al cristiano de pleno conocimiento amarle
tanto para no hacerlo que tropiece, pecando al violar su conciencia.
Pero el efecto del
hecho del hermano fuerte, al hacer tropezar al hermano débil, no
termina aquí; ese hecho no afecta solamente al hermano débil. Pablo
ahora pasa a hablar de otro efecto serio también.
8:12 -- De esta
manera – La frase “de esta manera” alude al cuadro pintado en los
ver. 10 y 11.
-- pues, pecando
contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia -- Tal conducta
tiene varias consecuencias bien pesadas y feas: hacer perder al
hermano débil (ver. 11), golpear la débil conciencia (ver. 12), y
pecar contra Cristo (ver. 12).
No vivimos solos en
este mundo. Muchos de nuestros hechos afectan a otros. En el caso a
la mano, los hermanos fuertes pecan con su proceder (ver. 10), aunque
lo que en sí hacen (es decir, comer como comida común de lo
sacrificado a ídolos) no es pecado. Pecan al no amar al hermano débil
suficientemente para pasar por alto sus derechos para que él no se
estimule a violar su conciencia débil.
Aquí Pablo usa la
expresión “herir la débil conciencia”. La misma palabra griega aquí
para decir “herir” se emplea en Mat. 27:30 (golpeaban). El tiempo
presente da énfasis a las consecuencias continuas de actuar “de esta
manera”.
-- contra Cristo
pecáis – Nótese también que aquí Pablo pasa de usar el número
singular, “tú”, y ahora dice “vosotros”. Es decir, pasa de un caso en
particular a una generalización.
Actuar “de esta
manera” (hacer una cosa permisible e indiferente en sí, bajo
circunstancias que conduzcan al hermano débil a violar su conciencia y
así perderse, es pecar contra Cristo; es destruir la obra de Dios
(Rom. 14:20).
Mat. 25:34-45 ilustra
este punto de cómo nuestros hechos hacia otras personas pueden ser
hechos hacia Cristo mismo. Saulo de Tarso, al perseguir a los
cristianos, perseguía a Cristo mismo (Hech. 9:4,5).
El hermano fuerte en
conocimiento y conciencia tiene que tener mucho cuidado de que sus
hechos, bajo ciertas circunstancias, no resulten a la vez tanto en
homicidio (haciendo perder a otro) como en suicidio (condenándose
a sí mismo a la perdición, por haber pecado contra Cristo). Compárese
Mat. 18:6; Zac. 2:8.
8:13 -- Por lo
cual – Habiendo dicho lo anterior, Pablo ahora viene a hacer la
conclusión del asunto.
-- si la comida le
es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás – Con la
palabra “si”, Pablo presenta un caso condicional. Pablo no
dice que nunca jamás comerá carne. Presenta una condición específica;
a saber, si comer carne da ocasión a un hermano en la fe a estimularse
a comerla, en violación de su conciencia débil, al hacerlo como un
acto de culto a un ídolo (ver. 7,10). Dada esta condición, entonces
Pablo no comería carne, cosa permisible en sí.
En lugar de decir
“ocasión de caer”, o "hacer tropezar”(B.A.), algunas versiones dicen
“escandalizar” u “ofender”. Algunos se valen de este versículo para
afirmar que siempre que algún hermano “se ofenda”, al ver que otros
practiquen cierta cosa, los que la practican deben dejar de hacerlo,
para no lastimar los sentimientos del hermano. Tal afirmación ignora
lo que Pablo está diciendo, y se basa en la idea común de la palabra
“ofender” (lastimar sentimientos). ¡De esto no habla Pablo! Habla de
hacer algo que induzca a otro a pecar, al hacer él la misma cosa en
violación de su conciencia. Ciertamente no habla de no hacer cierta
cosa que contradiga la opinión o el escrúpulo de algún hermano en el
asunto. Las ideas peculiares de alguien no han de determinar las
acciones de los demás. Los sentimientos personales de algún hermano
no han de controlar a la iglesia local.
A veces pasa que
algún hermano quiere imponer cierto escrúpulo suyo. Se considera muy
fuerte en la fe. Por nada haría otra cosa. Pone presión sobre los
demás para que se conformen, porque si no, él se siente. Cita este
pasaje para apoyarse. Pero su caso no entra aquí. El caso aquí es de
algún hermano “débil” que sí es estimulado a hacer algo que le prohíbe
su conciencia, y al hacerlo peca, y se pierde. ¡Hay una gran
diferencia!
Hasta aquí Pablo ha
usado la palabra para decir “comida” (broma);
véase ver. 8, comentarios. Aquí usa la palabra “carne” (kreas),
que es la clase de vianda en particular que se trata en la cuestión.
Véase Rom. 14:21 donde aparece
kreas.
-- para no poner
tropiezo a mi hermano – Lo que se prohíbe a todo cristiano es que
ponga tropiezo, u ocasión de caer (en pecado), a otra persona. Véase
Mat. 18:6. El verbo griego en este versículo es
skandalizo, hacer trampa.
Aparece también en Mat. 5:29. En el ver. 9, y en Rom. 14:13,21, el
verbo griego es proskomma,
estorbo o tropiezo.
La repetición en este
versículo de la palabra “hermano” da énfasis a la motivación de por
qué pasar por alto derechos personales; a saber, el amor hacia el
hermano.
Ahora, entrando en el
capítulo 9, Pablo nos va a dar algunos ejemplos de como él pasaba por
alto a ciertos derechos suyos por consideración a otros y por el bien
del evangelio (9:23). Pablo tenía conocimiento, pero también tenía
amor (8:1; capítulo 9). (Lamentablemente he conocido a algunos
hermanos en Cristo que no han imitado a Pablo en este particular).
Véanse Rom.
14:21—15:34.