NOTAS SOBRE 1 CORINTIOS

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, 1997)  

 

 

 

CAPÍTULO  9

 

Nota Introductora:

En este capítulo Pablo presenta una serie de ilustraciones de cómo él practicaba lo que acaba de decir en 8:13.  Luego, en el capítulo 10:14 continúa con la discusión del tema tratado en el capítulo 8 referente a comer carne sacrificada a los ídolos.  La defensa de Pablo de su apostolado, cosa presentada en este capítulo, en realidad es una ilustración de la abnegación noble de Pablo a fin de edificar a otros y beneficiar a la Causa de Cristo.  El a veces renunciaba a sus derechos por motivo del amor que tenía hacia sus hermanos.

Pero algunos en Corinto tergiversaban esta abnegación de Pablo presentándola como prueba de que él no era apóstol genuino.

 

9:1 -- ¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? --

En este capítulo hay una serie de preguntas retóricas, las que no esperan respuesta en alta voz, sino solamente que el oyente razone y acepte la respuesta obvia.  Son ejemplos de la implicación.  Implican ciertas conclusiones que el oyente necesariamente infiere.  Esta forma de enseñanza se emplea mucho en las Escrituras, como también en la vida diaria.

Por ser Pablo hombre libre seguramente tenía todo derecho de practicar lo permisible (por ejemplo, el comer carne dedicada a ídolos; 8:9) igual que cualquier otro hermano en Cristo.  No obstante, no siempre ejercía sus derechos (por razones como la que da en 8:9-13).  Compárese ver. 19.

Pablo comienza a defender su apostolado (ver. 1-3).  Esto implica que algunos en Corinto du­daban de él, o que lo desacreditaban.  Al parecer algunos insinuaban, según este versículo, que Pablo no era apóstol genuino porque no había convivido con Jesús en la tierra, y que no actuaba libremente en algunos asuntos como los otros apóstoles (por ejemplo, la libertad de vivir del evangelio, sin trabajar en lo secular).

Todas estas preguntas retóricas demandaban una respuesta de “sí”.  Sí era apóstol; sí era libre; sí había visto a Jesucristo (15:8; Hech. 9:3-6; 22:12-16; 26:12-18).  Compárense Hech. 18:9; 2 Cor. 12:1. Para ser apóstol, era requisito ser testigo ocular del Cristo resucitado, Hech. 1:21,22; 2:32.  (¡Esto prueba que no puede haber apóstoles vivos hoy en día!).  Sí eran ellos conversos de él (y de esto se prueba su apostolado, porque la fe en Cristo de los corintios dependía de la conversión que Pablo obró en ellos, 4:15).

Los corintios tenían que admitir que eran ciertas las cosas que aquí Pablo afirma por medio de sus preguntas retóricas.

Todo esto (lo involucrado en las preguntas) era “en el Señor”; es decir, en conexión con el Señor y su autoridad.  Sobre esta frase véase 7:39, comentarios.  “En el Señor” es la esfera dentro de la cual procede la acción.

 

9:2 -- Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy – Iglesias no establecidas por Pablo tal vez podrían discutir su apostolado, pero ¿cómo lo podía hacer la iglesia en Corinto, habiendo sido establecida por uno que (por año y medio, Hech. 18:11) obró milagros en su presencia (2 Cor. 12:12) y a quienes él impartió dones milagrosos? (1:7, comentarios).  Solamente un apóstol podía hacer eso (Hech. 8:18).  Compárese Rom. 15:18,19.

-- porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor – Como el sello autentifica (Jn. 3:33; Rom. 4:11), la iglesia de Dios en Corinto autentificaba el apostolado de Pablo.  No obstante allí entre ellos se permitía algo de negación de dicho apostolado.  ¡Qué inconsecuencia!

 

9:3 -- Contra los que me acusan, esta es mi defensa – Se dirige Pablo a los corintios que le desacreditaban como apóstol genuino de Cristo.  Ponían en tela de juicio su apostolado.

En lugar de “acusan” otras versiones dicen “examinan” (ASV., Mod., B.A., N.M., LAC.).  Sobre el vocablo griego, véase 4:3, comentarios.

La palabra griega aquí para decir “defensa” es apologia.  Aquí significa una defensa verbal, o respuesta.  Se emplea en Fil. 1:7,11; 1 Ped. 3:15.

Me parece que la palabra “ésta” se refiere a lo que precede a este versículo (9:1,2), más bien que a lo que sigue a él.  La existencia de la iglesia de Cristo en Corinto probaba el apostolado de Pablo.  Tal “apo­lo­gía” satisfizo a Pedro, Jacobo y Juan (Gál. 2:8,9).

 

9:4 -- ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber – En ésta, y en las demás preguntas que siguen, Pablo está anticipando objeciones que algunos podrían lanzar en su contra.  Estas preguntas retóricas contienen en sí las implicaciones que los lectores lógicamente inferirían.

Sobre la palabra “derecho”, véanse 6:12; 8:9, comentarios.

Como el hermano fuerte no debe ejercer sus derechos bajo tales circunstancias en que el hermano débil tropiece y caiga en pecado, tampoco Pablo siempre gozaba de su derecho de vivir del evangelio (ver. 14,18).

Pero para llegar a esta conclusión, Pablo ahora por medio de esta pregunta establece su derecho de subsistir a expensas de la iglesia, o iglesias.  Ya que dedicaba tiempo completo a la predicación del evangelio, tenía el derecho de esperar sustento de la iglesia.  (Más tarde va a dar las razones por qué no siempre ejercía este derecho).

Al usar la primera persona plural (nosotros), tal vez se refiere a sí mismo y a sus compañeros en los viajes de predicación (por ej., Timoteo, Tito, Lucas).

Hasta aquí, Pablo establece que es apóstol y que tiene derecho a sostén (la comida y bebida diaria).

 

9:5 -- ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer – Este versículo prueba que en el tiempo del Nuevo Testamento era práctica común que los evangelistas llevaran a sus esposas consigo con suficiente sostenimiento de las iglesias para que se cubrieran los gastos de la familia.

Algunos comentaristas antiguos trataban de afirmar que estas “mujeres” no eran esposas, sino mujeres solteras y que éstas acompañaban a los apóstoles en sus viajes de predicación.  Pero la frase griega dice: “¿Acaso no tenemos derecho una hermana mujer a traer …” (Lacueva, y luego él explica en una nota que el verbo “traer” significa llevar consigo en todo el viaje).   Desde luego toda hermana es mujer; no hay que decir que la hermana sea mujer.  Así que Pablo aquí más bien se refiere a una esposa (mujer) que es hermana en la fe.

Un evangelista con esposa no cristiana no tendría derecho de pedir fondos de las iglesias para que ella le acompañara en sus viajes de predicación.

Algunos comentaristas católicos niegan que este pasaje trate de esposas cristianas, tratando de afirmar un clero célibe.  (Alegan que los apóstoles abandonaron a sus familias antes de salir a predicar por todo el mundo).  Citan Luc. 8:1-3 para “probar” que cada apóstol podía llevar consigo en sus viajes a una mujer piadosa “como hacía el Señor”.  Pero el caso no es nada paralelo.  Jesús no andaba solo, acompañado de un grupo de mujeres, sino andaba en compañía de los doce apóstoles cuando las referidas mujeres también les acompañaban para servirles de sus bienes.  Fue una congregación, o gran compañía  de personas, la que Lucas describe en 8:1-3.

Dado que algunos salen del contexto y hacen que Pablo con estas palabras aquí enseñe que es pecado que un cristiano se case con una persona no cristiana, pregunto: ¿Qué es el punto de Pablo con estas palabras en este contexto?  No es que si es pecado que el cristiano se case con una persona no cristiana.  Su punto es que si tiene derecho a sostenimiento de iglesias el evangelista casado con una esposa cristiana al salir él a predicar.  Tal punto no tiene nada que ver con la cuestión de que si peca el cristiano si se casa con una esposa no cristiana.  Tal cuestión no está en este contexto.  El contexto trata del derecho del evangelista casado con una cristiana de llevarle en sus viajes de predicación y al mismo tiempo esperar ser sostenido con finanzas necesarias para vivir.  (Claro es que si no tiene esposa cristiana, no tiene tal derecho.  Esta es la inferencia necesaria del pasaje). 

-- como también los otros apóstoles –

Los detractores de Pablo en Corinto tal vez implicarían que Pablo, por no llevar esposa consigo en los viajes con eso admitía que no era apóstol genuino.  Pero el punto de Pablo en esta sección es que sí tenía tales derechos pero que no siempre los reclamaba, y esto por razones muy nobles nacidas de amor.

Llamo la atención del lector a dos puntos en particular:

     (1) Todos los apóstoles eran hombres casados.  No obstante, la Iglesia Católica Romana desde hace muchos siglos ha negado a sus clérigos que ellos se casen.  Se les ha obligado a ser hombres célibes.

     (2) Aquí vemos el poder del ejemplo apostólico para aprobar cierta práctica.  Hay hermanos en la fe que desde la década de los años 50 han afirmado fuertemente que el ejemplo apostólico no entra en la hermenéutica para establecer la autoridad en cuanto a hacer o no hacer ciertas cosas.  A partir de la década 80 han surgido algunos predicadores de la falsamente llamada “Nueva Hermenéutica” que terminantemente rechazan el ejem­plo apostólico como factor en el establecimiento de autoridad bíblica.

-- y los hermanos del Señor -– Después del nacimiento de Jesús, José conoció en relación sexual a su esposa, María (Mat. 1:25).   Jesús tenía hermanos uterinos (Mat.  12:46-50; 13:55,56).  Sus hermanos en la carne no creían en él durante su ministerio personal (Jn. 7:5), pero vemos en 1 Cor. 15:7 que el Cristo resucitado apareció a su hermano, Jacobo, quien después llegó a ser columna en la iglesia en Jerusalén (Gál. 1:19).  La carta que lleva el nombre de Santiago es de este mismo hermano en la carne de Jesús.  Vemos (Hech. 1:14) que después de la resurrección de Jesús, sus hermanos ya creían en él.

-- y Cefas? -- Véase Jn. 1:42.  Pedro era hombre casado (Mat. 8:14) y con hijos (1 Ped. 5:1 más 1 Tim. 3:2-5).  ¿Cómo puede con razón y consecuencia la Iglesia Católica Romana afirmar que Pedro fue el primer Papa y que los papas todos tienen que ser hombres solteros? 

¿Por qué menciona Pablo a Pedro en particular?  Ciertamente no fue por un supuesto papado, cosa completamente desconocida en el Nuevo Testamento.  Puede ser que le menciona por nombre porque ya le había mencionado en 1:12. Incuestionablemente Pedro era apóstol destacado en el siglo primero (Gál. 2:8), pero no se le menciona primero en la lista del ver. 9, sino que se menciona primero Jacobo. Si la mera mención de un nombre significa un alto oficio en la iglesia como institucional y global, ¿cuál fue el oficio de Bernabé, mencionado en seguida (9:6)?

 

9:6 -- ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar?   A todo cristiano se le manda trabajar (2 Tes. 3:10), pero en el contexto aquí Pablo se refiere al derecho de predicar, viviendo del evangelio (ver. 14),  en lugar de trabajando en lo secular para sostenerse.

Cuando primero llegó Pablo a Corinto, se puso a trabajar en la fabricación de tiendas (Hech. 18:1-4).  Más tarde comenzó a recibir sostenimiento de otras iglesias para entregarse totalmente a la predicación, pero no recibía de los corintios mismos (2 Cor. 11:7-9; Fil. 4:15,16).  Se negó de su derecho de cobrar a la iglesia en Corinto. Considérense Hech. 20:34,35; 1 Tes. 2:9; 2 Tes. 3:7-9.

Bernabé era un cristiano de medios y muy generoso (Hech. 4:36,37).  La mención de este servidor de Dios aquí por Pablo es la primera que tenemos en la Escrituras desde que los dos se separaron después de un tiempo de andar de compañeros en el evangelio (15:36-41).  Pablo todavía sabía de las labores de él, y le alaba por sacrificarse a causa del evangelio.  Bien tenía derecho a salario de las iglesias, pero se negaba de él, prefiriendo por alguna razón sostenerse a sí mismo mientras iba predicando.

Se implica en este pasaje (más los ver. 11,12) que los corintios sabían del caso de Bernabé, de que predicaba a sus propias expensas, sosteniéndose por medio de su labor manual, o haciendo negocios lícitos con su capital.  Tenía fama de esto en la hermandad a lo largo.  ¡Qué grandeza de carácter!  (Hoy en día se observa poco de este espíritu.  Al contrario, se oye decir que fulano está dispuesto a predicar tiempo completo con tal que se le arregle un salario de las iglesias).

 

9:7 -- ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?  -- Aquí Pablo ilustra el punto de su argumentación, el de que el predicador tiene derecho a salario de las iglesias (2 Cor. 11:8), al citar los casos del soldado, del cultivador, y del pastor.  Las experiencias diarias de la vida común nos obligan a todos a contestar estas preguntas retóricas, diciendo que nadie lo hace.   La conclusión inevitable es que tampoco se espera del que dedica tiempo completo a la predicación del evangelio que lo haga a sus propias expensas.  Al contrario, tiene derecho a los beneficios o recompensas de su labor.  El sentido común nos enseña esto.

En lugar de “expensas”, otras versiones emplean las palabras estipendios (LAC.), sueldo (P.B.), costa propia (B.J.).  La misma palabra griega empleada aquí aparece también en Rom. 6:23 (paga) y 2 Cor. 8:11 (salario).

 

9:8 -- ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? -- No, Pablo no razona solamente conforme al sentido común, al afirmar que el evangelista merece un salario de las iglesias.  Ningún oponente puede acusar a Pablo de solamente afirmar una idea propiamente suya.  La contención de Pablo se basa también en lo que dice la ley de Dios (en este caso, el Antiguo Testamento).  Sí, la ley de Moisés también afirma la misma verdad.   Esta ley es de Dios.  En el próximo versículo Pablo pasa a citar un pasaje bíblico.

 

9:9 -- Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla – El apóstol Pablo aquí, como en 1 Tim. 5:18, cita a Deut. 25:4.  Atribuye, pues, el libro Deuteronomio a Moisés como autor.  (Los que niegan la inspiración de Pablo, los modernistas, no aceptan esta conclusión).  Los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, el Pentateuco, tienen a Moisés por autor.  Son de la “ley de Moisés”.  Véase Luc. 24:44.

Esta ley prohibía el maltratamiento de los animales.

-- ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes – La forma gramatical griega de esta pregunta demanda una respuesta de “no”, pues la frase comienza con la palabra me, que significa que no.  Véase el ver. 8, donde también aparece (“¿Acaso según hombre …?”, LAC.).  Varias versiones buenas (P. B., LAC., Mod., NVI., dicen, ¿”Acaso de los bueyes ….?”  Con la palabra “Acaso” se espera respuesta negativa.

Claro es que Dios tiene cuidado de los animales (Sal. 104; Mat. 5:26-30; 10:29), pero esta pregunta, con la respuesta negativa implicada, nos hace ver que los bueyes no son el único objeto del cuidado de Dios con referencia a la justicia de que el obrero es digno de su salario, y que no se le debe negar.

 

9:10 -- o lo dice enteramente por nosotros? --  En lugar de “enteramente” otras versiones dicen, “expresamente” (1990), “más bien” (B.A.), “abso­lutamente” (P.B.), “seguramente” (V.M.), “real­mente” (N.M.), “precisamente” (LAC.).   El vocablo griego, pantos, significa aquí “sin duda, seguramente, o ciertamente”.  Aparece en el ver. 22 (de todos modos); Luc. 4:23 (Sin duda); Hech. 21:22 (de cierto); 28:4 (Ciertamente).

A causa del hombre en particular Dios dio tal ley.  Pablo, por inspiración, aplica el principio de la referida ley a los humanos.  (Pablo en esta consideración no se limita a los evangelistas, como el contexto lo demuestra).

-- Pues por nosotros se escribió -– Esa ley fue escrita para el hombre que sabe leer (los animales no leen), y en ella Dios implica que la nobleza de ese mandamiento tiene aplicación general y muy especialmente para el beneficio del hombre que tiene dominio sobre los animales (Gén. 1:26).  Por medio de esa ley Dios daba a entender que todo obrero es digno de su salario.

-- porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto – La palabra “porque” introduce la razón por qué Pablo citó Deut. 25:4.  Aunque dicha ley se dirigía en particular al caso del animal, Pablo la cita porque el que siembra, como el que siega, hacen su trabajo con la esperanza de recibir del fruto, y es justo que lo reciban.  No se les puede negar.  Considérese Sal. 126:5,6.  Compárese Jn. 4:34-36.

Aunque Pablo y Bernabé trabajaban en el evan­gelio muchas veces sin cobrar por sus labores, ¡tenían el derecho de hacerlo!  Este es el punto que los corintios tenían que admitir.

 

9:11 -- Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? -- Como el sembrador tiene derecho de esperar cosecha por sus labores, así también el evangelista tiene derecho de esperar compensación material por las suyas.

La frase “lo espiritual” se refiere al evangelio predicado, juntamente con el repartimiento de dones milagrosos y demás actividades de Pablo (y Timoteo y Silas, 2 Cor. 1:19) entre los corintios para el bienestar de sus almas.  “Lo material” se refiere a dinero para comida, ropa, hospedaje y gastos personales, y demás cosas necesarias para esta vida, como recompensa.

La frase “gran cosa” hace hincapié en el hecho de que las cosas del evangelio valen mucho más que las cosas materiales recibidas como recompensa por la obra de predicación.  Ningún bien material de esta vida física puede valer lo que vale la predicación del evangelio que trae la vida eterna.  Grande es la antítesis que Pablo presenta al hablar de los dos valores indicados: el valor espiritual, y el temporal.

Compárense Rom. 15:27; Gál. 6:6.

 

9:12 -- Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? -- Otros evangelistas y maestros, que habían trabajado en el evangelio entre los corintios, habían recibido de ellos sostenimiento por sus labores.  Entonces, ¡con más razón tenían Pablo, el fundador de la iglesia en Corinto, y sus colaboradores, el mismo derecho a salario de parte de ellos.  Admitido este derecho en tal caso, se esperaría que Pablo luego dijera algo acerca de que los corintios le pagaran algo.  Pero no; ¡ése no es el punto!  El punto gira en 8:13.  Véase 9:1, comentarios.  El punto clave es el renunciamiento, la abnegación personal, por el bien de una causa más grande que el individuo.

Sobre “derecho”, véase 8:9, comentarios.

--  Pero no hemos usado de este derecho –  Habiendo establecido el simple hecho de que el obrero es digno de su salario, Pablo sigue ilustrando cómo él seguía la misma regla que dio a los corintios en 8:13 referente a comer de lo sacrificado a ídolos; a saber, se debe negar a veces de ciertos derechos, o libertades, para poder lograr los gloriosos fines de la obra del evangelio en las vidas de los hombres.  Véase 9:1, comentarios.

-- sino que lo soportamos todo --  como por ejemplo, trabajar manualmente para sostenerse, en lugar de aceptar salario, aunque en cuanto a derechos no tenía obligación de trabajar así.  Se fatigaba, trabajando día y noche, para el progreso del evangelio que él tanto amaba.  Véase 4:11, comentarios.

-- por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo --  En esta frase vemos lo desinteresado y lo generoso de espíritu que era Pablo el apóstol.  Pocos son los predicadores de hoy que son como él.  Sobre todo le importaba a Pablo no hacer nada, ni aun en cuanto a usar de derechos o libertades personales, para no impedir el avance del evangelio.  Toda otra cosa la sacrificaba, cuando era necesario, para que el evangelio tuviera su buena obra salvadora.

Véase 2 Cor. 11:7-15.  Deliberadamente  rehusó tomar salario de los corintios, por razones que él tenía, aunque tenía todo derecho de tomarlo.  (En otras ocasiones ejercía este derecho, Fil. 4:15,16). Tenía ciertas libertades, pero nunca buscaba con ellas ventajas terrenales.  No se promovía a sí mismo, sino al evangelio (Fil. 4:17; contrástese 2:21).  Véanse los ver. 18, 23.

Muchos predicadores, y otros cristianos, están dispuestos a dividir congregaciones y causar mucho escándalo, y problemas, más bien que dejar ciertas ideas suyas, o humillarse un poco cuando están equivocados en algo.  La vanagloria de la vida (1 Jn. 2:16) es su meta, y no el evitar poner obstáculo al evangelio de Cristo.

Véase Rom. 1:18, sobre detener a la verdad.

 

9:13 -- ¿No sabéis que los que trabajan  en las cosas sagradas, comen del templo – Pablo presenta otro argumento en la presentación de su caso, al mencionar la práctica común de las religiones tanto paganas como la judaica, aunque su referencia  aquí es al altar del templo de los judíos.  (En 8:10 Pablo dice, eidolieon = “un lugar de ídolos”; aquí dice naos = templo, el que estaba en Jerusalén).

Véanse Núm. 18:8-20; Lev. 6:16,26; 7:6,31,32; Neh. 12:44,47; 13:10-14.  No solamente los judíos, sino también los gentiles, admitirían este principio, esta verdad.  Ya que los corintios sabían esto, tenían que aceptar que Pablo tenía derecho a sostenimiento regular.  No obstante, se negaba de ese derecho o libertad a veces, para hacer  progresar la causa del evangelio.  El hacía lo que mandaba que ellos estuvieran haciendo (8:9-13).

-- y que los que sirven al altar, del altar participan?  Esta frase repite el punto de la anterior: el sacerdote come de lo que se sacrifica en el altar.  Es su recompensa por su servicio regular de día en día.

9:14 -- Así también – Pablo ya presentó la analogía del soldado, del viñador, y del pastor, presentó el dictamen de la ley de Moisés, y presentó el ejemplo de los sacerdotes en el templo.  De acuerdo con todo eso es lo que ahora ha ordenado el Señor mismo.

La palabra “así” tiene que ver, no con detalles de cómo ser pagada la persona que trabaja, sino solamente con el sencillo punto de que como los sacerdotes en el templo reciben algo por sus servicios, también  es justo que los evangelistas por la misma razón también reciban por los suyos.

-- ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.  Véanse Mat. 10:9,10: Luc. 10:7.  Con estos argumentos Pablo ha establecido bien la premisa de que el evangelista tiene todo derecho a salario.

(Tuercen las Escrituras quienes apelan a Jn. 10:12 para negar esta gran verdad.  El punto de Cristo en ese pasaje no es que es malo ser asalariado, sino que el que no es dueño de las ovejas, sino solamente uno que trabaja por salario, no va a correr grandes riesgos personales para que las ovejas sean protegidas.  No va a entregar su vida por ellas.  ¿Acaso no trabajan por salario los que se oponen a que el evangelista reciba salario de las iglesias?  ¿No son ellos asalariados?)

El evangelista no es objeto de benevolencia, ni lo que reciba son regalos o limosnas.  El trabaja, y por eso es digno de salario.  Véanse 2 Cor. 11:8; Gál. 6:6; Fil. 4:15-16; 1 Tim. 5:17,18.

 

 

9:15 --Pero yo de nada de esto me he aprovechado – Pablo presentó a los corintios en 8:1-13 el principio de actuar motivados por amor, negándose la persona de cosas lícitas, con el fin de salvar almas.  En 9:1-14 ha estado ilustrando este principio por medio de ejemplos suyos y de sus compañeros.  En estos versículos del 15 al 18, Pablo prueba que lo que a los corintios les ha pedido hacer,  él mismo lo ha estado haciendo.  En los ver­. 19-27 él dará el propósito del principio.

Dejando el plural (nosotros), ahora Pablo emplea la primera persona (yo), porque va pasando de principio a aplicación personal.  El personalmente estaba decidido a no aprovecharse de sus derechos de tales cosas como el llevar consigo a una esposa, o el recibir salario de la iglesia a la cual sirviera.

El en este versículo menciona el hecho del caso; en el siguiente va a dar la razón de él.

Algunos citaban este caso como prueba de que Pablo no era un apóstol genuino, pero estos contrincantes le juzgaban según las apariencias, y no con justo juicio (Jn. 7:24).  En lugar de usar del derecho de recibir salario por su predicación, prefería muchas veces trabajar con las manos para sostenerse.  Véanse Hech. 18:3; 20:33,34.

-- ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo – Tampoco Pablo escribe esta parte, de lo que nosotros llamamos el capítulo 9, con el fin de que las iglesias de ahora en adelante le paguen un salario.

-- porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria –

Para él valían más que la vida misma las ventajas que el realizaba a consecuencia de no aprovecharse de sus derechos.  (Pablo, al decir “mi gloria”, aquí se refiere, no al acto de gloriarse, sino a la razón de gloriarse.  Usa la palabra “gloria” en el sentido bueno de exaltar algo para que sirva de buen ejemplo a seguir por sus hermanos cristianos.  Considérese 2 Cor. 7:14,15).

En lugar de “desvanezca”, otras versiones dicen, ”anulara“, LAC., ASV.; “ser despojado”, NVI.; “hará vana”, H.A.; “quitarme”, P.B.; “me prive”, B.A., Mod., L.A.; “invalidar”, N.M.  El mismo verbo griego se halla en 1:17 (haga vana) y en Fil. 2:7 (se despojó).  Significa vaciar, anonadar, destruir.

Nadie podía acusar a Pablo de avaricia, o de predicar por dinero.  Sus adversarios (que hacían mercadería con el evangelio, 2  Cor. 2:17) no podían desacreditarle con justicia.  Para Pablo esto le valía más que la vida, y antes que dejara que alguien le destruyera esta (base de) gloria, habría preferido morir.  Véase 2 Cor. 11:7-12.  Esos “fal­sos apóstoles” no podían competir con Pablo en el asunto de desinterés y privación personal en la obra del Señor.  El actuaba  por amor y no movido por egoísmo ni por puro conocimiento (1 Cor. 8:1).

La renuncia de Pablo (a recibir salario) tenía gloria en consideración de la razón de ella.  De ello Pablo se expresará en seguida acerca de esto.

Considérese 2 Cor. 12:14-18.

 

--9:16 -- Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme – Su gloria no consistía en el simple hecho de que predicaba, pues otros muchos también predicaban.  La base de su gloria, pues, no se hallaba en el simple hecho de haber sido comisionado a predicar a los gentiles (Gál. 2:9).

-- que me es impuesta necesidad – Pablo predicaba el evangelio pero no como si él sólo hubiera decidido hacerlo.  Otro determinó que él fuera apóstol y predicador del evangelio (1:17; Hech. 9:15; 22:14,15,21; 26:15-18; Gál. 1:15,16; Hech. 13:2; Rom. 1:14,15; Fil. 3:12).  Pablo solamente pudo escoger entre obedecer al Señor, o no obedecerle.  (Decidió obedecerle, Hech. 26:17).  No pudo gloriarse en solamente cumplir con un deber.  Compárese Luc. 17:10.

-- y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!  El sabía que le esperaría la calamidad, o perdición de su alma, si no predicara, porque el Señor le había dado esa comisión.  No se puede desobedecer al Señor y a la vez ser salvo.

 

9:17 -- Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada – Más claras son algunas otras versiones:  “Pues si hago esto voluntariamente, tengo recompensa; pero si (lo hago) en contra de mi voluntad, una mayordomía se me ha confiado”, B.A.;  “Porque, si de mi propia voluntad hago esto, galardón tengo; mas si no es de mi propia voluntad, se me ha confiado mayordomía”, L.A.  “Si, pues, queriendo esto hago, salario tengo; si involuntariamente, una administración me ha sido confiada”, LAC.

Si Pablo de su propia voluntad e iniciativa hubiera entrado en la obra de predicación, habría recibido recompensa por ello.  Pero no fue así en el caso de él.  El entró por la necesidad de la mayordomía que se le confió.  Este es todo el punto de este contraste.  Siendo así el caso con él, la base de su gloria tuvo que hallarse en otra consideración.  (Pablo no está hablando de si laboraba como predicador con ánimo y voluntad, o si carente de las dos cosas.  Tal punto no entra en este contexto).  El caso del voluntario es uno, y el del esclavo (como lo era Pablo, Rom. 1:1) es otro.  El esclavo, o administrador, simplemente cumple con sus órdenes (4:1), o es castigado; no tiene de que gloriarse (Luc. 17:7-10).

El contraste entre “buena voluntad” y “mala voluntad” no es uno entre hacer con ánimo y hacer sin ánimo, sino uno entre opción y obligación.  Con Pablo era caso de obligación.

Pablo usa la palabra galardón (premio, salario, recompensa), ver. 17, en el sentido de gloria, ver. 16, la gran satisfacción que la persona siente por haber hecho algo de su propia voluntad, y no por obligación.  Aunque se le mandó a Pablo ir a predicar, no se le mandó hacerlo sin salario.

Ahora él pasa a definir su galardón.

 

9:18 -- ¿Cuál, pues, es mi galardón? -- Ahora está para decirnos cuál es su gloria (ver. 15), su galardón (ver. 17, recompensa).

-- Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo – En esto consiste su gloria: en la satisfacción interior de predicar el evangelio sin cobrar salario a las iglesias, cosa a la cual tenía todo derecho.  Predicar sin cobrar equivale a renunciar derechos.  Mi pago (gloria, galardón, salario), dice Pablo, es trabajar sin pago (2 Cor. 11:7,10).  En lugar de cobrar a los corintios, Pablo se consumía a sí mismo por ellos (2 Cor. 12:15). 

El hacer esto no era para Pablo ninguna llamada (por el catolicismo romano) “obra de supererogación”.   Por haberlo hecho no esperaba algo de premio adicional a su salvación eterna en los cielos.  Como esclavo de Cristo, obligado a llevar a cabo su tarea (de predicar el evangelio) superó esa posición de obligación al hacer algo que no se le mandaba, y de esta manera recibía galardón como si fuera voluntario.  De predicar no podía gloriarse, pero de  hacerlo sin pago, sí.

-- para no abusar de mi derecho en el evangelio – Mejor se expresan estas versiones: “para no hacer pleno uso de mi derecho en el evangelio”, B.A.; “de modo que no use hasta lo sumo de mi derecho en el evangelio”, Mod.; “sin hacer pleno uso de mi derecho …”, L.A.; “por no usar del todo …”, H.A.; ASV.  El verbo griego empleado aquí aparece también en 7:31 (disfrutan).  Lacueva dice: “no hacer valer el derecho”.

Pablo se gloriaba en la abnegación personal al predicar el evangelio.  No usó del todo de sus derechos con el propósito de adelantar la obra del evangelio.  Actuaba por amor y no por egoísmo. Esto es precisamente lo que pedía a los corintios que hicieran (capítulo 8).  Ha estado ilustrando cómo él hacía exactamente en la manera que él pedía que se hiciera en el caso de ellos (8:9,13).  Las cosas lícitas (de libertad, o derecho) no siempre convienen (6:12; 10:23), y el que es motivado por el amor se somete a esta verdad, y como resultado logra edificar, y salvar (8:1,13; 9:22; 10:24).   Por otra parte, la persona que es motivada únicamente por el conocimiento, ejerce sus derechos al máximo, y en algunos casos eso puede lograr la perdición de una alma (8:11,12).

 

9:19 -- Por lo cual, siendo libre de todos – Véase ver. 1, comentarios.  Todo cristiano tiene libertad en los asuntos bajo consideración, pero este hombre libre (Pablo) hallaba su gloria en hacerse esclavo de todos.   Esto lo hace solamente la persona motivada por el amor.

-- me he hecho siervo de todos –Renunciaba a sus derechos, y se conformaba al pensar de her­manos débiles, cuando las circunstancias lo indi­ca­ban.  Véase 8:13, comentario sobre “si”.

(No entra en este contexto la idea de que se le obligue a uno siempre a acceder a cualquier noción vaga de algún hermano en la fe.  Se trata de casos de posible violación de conciencia de parte de alguno que, por el ejemplo de otro quien ejerce su libertad, pasa a hacer lo mismo y así peca.  Véase 10:23-33.  Nadie esclavizaba a Pablo; de su propia iniciativa él se esclavizaba a quienes desearan salvarse y a quienes él pudiera ayudar a lograr ese fin.  En esto seguía a Cristo, Fil. 2:7; 2 Cor. 8:9.  En cuestiones de indiferencia, Pablo se conformaba a las opiniones de hermanos débiles, para ayudarles en su lucha con su conciencia, pero en cuestiones de fe, Pablo no accedía, ni por una hora, Gál. 2:5).

-- para ganar a mayor número – Aquí está la meta suprema de la abnegación personal.  Este es el por qué del amor.  Sobre todo la persona quiere ganar almas para Cristo; quiere ver salvas a las personas.  Para este fin glorioso está dispuesta a “esclavizarse” a otros.  Imita a su Padre Celestial (Jn. 3:16).  En el ver. 23 Pablo expresa esta meta en otras palabras: hacerse partícipe del evangelio.

Nadie va a salvar a todo el mundo, pero el número de salvos logrados puede ser mayor si se sigue el ejemplo de Pablo.  Véase ver. 22.  Compárense 5:5; Mat. 18:15.

Pablo pudo ganar a más gente en Corinto por medio de no aceptar salario de la iglesia allí.  Evidentemente había quienes le desacreditaban, y bien les hubiera gustado haber podido acusarle de predicar por dinero, pero se les quitó esa ocasión en su contra.  Ignoramos las circunstancias en detalle, pero vemos la magnanimidad de espíritu de este gran hombre al negarse de sus derechos con el fin de ganar a más gente por  Cristo.

¡Qué triste es ver a muchos predicadores, y a otros cristianos, que no tienen delante de sí esta gran meta!  Sus sentimientos personales, idiosin­crasias, prejuicios, y ventajas materiales les im­por­tan mucho más que el ganar almas para Cristo.  Es obvio que sus pasos no son motivados por el deseo de ganar almas.  No imitan a Pablo, 1 Cor. 11:1.

 

9:20 -- Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos – Andando entre los judíos, se acomodaba a la cultura, o prácticas y costumbres, de los judíos, aunque no tenía obligación de hacerlo, pues estaba libre de cualquier cultura en particular.  Pero, para ganar a los judíos para  Cristo, cuando no entraba en el caso ningún principio de fe, Pablo estaba dispuesto a conformarse a las prácticas y predilecciones características de los judíos.  Lo podía hacer porque les amaba y buscaba su salvación eterna en Cristo.

-- a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley – La frase “los que están sujetos a la ley” es una manera de decir, “judíos”, dando énfasis a la ley que les había regido por quince siglos.  Pablo el apóstol era cristiano; no vivía sujeto a la ley de Moisés, sino a la ley de Cristo (ver. 21).  Por ejemplo, no tenía que guardar el sábado ni  abstenerse de carne de puerco, pero estando entre los judíos, para poder influir en ellos con el evangelio, rehusaría trabajar en sábado y comer carne prohibida por la ley de Moisés.  No provocaba a los judíos con sus derechos de cristiano, haciendo cosas a propósito contra la ley de Moisés, sino que se acomodaba a las costumbres y los prejuicios de ellos para hallar en ellos una audiencia para el evangelio.  Esto le permitía tener entrada en las sinagogas para predicarles a Cristo (por ej., Hech. 13:14 y sig.).  Pablo era hombre flexible en cuanto a modos y maneras, al hacer llegar el evangelio, pero bien inflexible en cuanto a la fe una vez dada a los santos (Judas 3).

Aunque rehusaba circuncidar a Tito, para no acceder en una cuestión de fe a los falsos hermanos, los judaizantes (Gál. 2:3,4), al mismo tiempo circuncidó a Timoteo para poder tener entrada a los judíos para predicarles el evangelio (Hech. 16:3).  En este segundo caso fue asunto de conveniencia, y no de fe.  Lo mismo lo vemos en el caso de Hech. 21:20-26.  Pablo, para ganar la confianza de los hermanos judíos en Jerusalén, en la referida ocasión actuó como judío en un asunto que no involucraba en nada la ley de Cristo, sino que fue sencillamente cosa de costumbre judaica.  (Con  llegar a ser cristiano, el judío no quedaba obligado a dejar costumbres judaicas por ser judaicas.  Sin embargo le obligaba a someterse a Cristo en todo). 

-- para ganar a los que están sujetos a la ley – Véase ver. 19, comentarios.

Su meta siempre era la salvación de almas, y para esto estaba bien dispuesto a negarse de sus derechos como cristiano, habiendo oportunidad de lograr así la salvación de alguna persona, o personas.  Esta palabra “ganar” (o salvar) sobresale en este contexto (ver. 19, 20, 21, 22). 

 

9:21 -- a los que están sin ley – Esta expresión era usada por los judíos para referirse a los no judíos, o sea, a los gentiles (a las personas de las diferentes naciones).  Compárese Rom. 2:12,14).  El vocablo griego, anomos, puede significar “desti­tui­do de la ley” (o sea, uno no sujeto a la ley), como también “violador de la ley” (o sea, uno que actúa sin autorización de la ley, como en Lucas 22:37, inicuos.  Véase también, Mateo 7:23, maldad).  Aquí Pablo emplea la palabra en el primero de los dos sentidos.

Esta frase se contrasta con la del versículo anterior, “a los que están sujetos a la ley”.  Los judíos estaban sujetos a la ley, pero los gentiles, no lo estaban.

-- como si yo estuviera sin ley – Cuando Pablo andaba entre los gentiles, actuaban como gentil, conformándose a su cultura y costumbres.  Por ejemplo, comía con ellos sin discriminación (Hech. 16:34), y condenó a Pedro por no hacerlo en cierta ocasión (Gál. 2:11,12).  Su sermón a los atenienses (Hech. 17) ilustra su manera de ser entre los gentiles.  Véase también Hech. 14:15.

-- (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo) – Pablo, habiendo dicho que él en lo permisible actuaba como gentil cuando estaba entre los gentiles, gente identificada como “sin ley” (es decir, no sujeta a la ley de Moisés), quiere dejarlo bien claro que eso no quiere decir que está sin ley para con Dios, o delante de Dios.  No, al contrario, se encuentra sujeto a la ley de Cristo.

El texto griego dice literalmente, haciendo contraste: “a los anomos como anomos, no estando anomos de Dios, sino ennomos (dentro de la ley) de Cristo”.  Como anomos significa “sin ley”, ennomos significa “en ley”.

Estos dos versículos, el 20 y el 21, enseñan claramente que:

1. Hubo un cambio de leyes (Heb. 7:12).  La ley de Moisés ya no regía en el tiempo de los apóstoles.  Pablo no estaba bajo la ley de Moisés, sino bajo la de Cristo.

2. Los neocalvinistas en la hermandad, que por nada quieren que el evangelio de Cristo tenga que ver con ley (ellos que tuercen Rom. 6:14), no pueden con este pasaje.  Para ellos todo es de gracia y ponen por el suelo toda referencia a “ley” (las condiciones del evangelio que el hombre tiene que obedecer).  Pero, nótense también estos otros pasajes: Rom. 3:27 (la ley de la fe); 8:2 (la ley del Espíritu); Gál. 6:2 (la ley de Cristo).  Estos falsos hermanos quieren comulgar con los sectarios en base a la fe sola, y por eso no quieren hablar de las condiciones de la salvación por gracia (que incluye el mandamiento de bautizarse), pues para ellos eso significa “ley” y no gracia.

Rom. 6:14 no dice que no hay nada de ley en el evangelio de Cristo.  Dice que el cristiano no está bajo la ley de Moisés, sino bajo la gracia (que es la ley de Cristo).

3. Si no hubiera ley (en ningún sentido), no habría pecado (Rom. 4:15; 1 Jn. 3:4).  Hay pecado, y por eso queda manifiesto que hay ley.  Pero la ley que rige a todos los hombres hoy en día es la de Cristo, y no la de Moisés. 

-- para ganar a los que están sin ley.  Véanse ver. 19,20, comentarios.

 

9:22 -- Me he hecho débil a los débiles --  Los “débiles” de este contexto son los cristianos de 8:7-12.  Véanse los comentarios allí.  Por su falta de conocimiento respecto a los ídolos, o por su duda frente a la carne ofrecida a ídolos, si comieran de ella lo harían en violación de su conciencia, y por eso pecarían.  En lugar de chocar con éstos, bajo las circunstancias delineadas en 8:10-13, Pablo siem­pre se hacía como uno de ellos, al conformarse a sus escrúpulos en lugar de ejercer su libertad basada en conocimiento.  (Muchos de mis hermanos no han aprendido este arte de amar).

Compárese Rom. 14:1; 15:1,2; 1 Tes. 5:14.

--  para ganar a los débiles – Véanse ver. 19, 20, 21, comentarios.  Compárese 10:33.

Pablo usa la palabra “ganar” aquí en el sentido de “salvar” (véase la frase final de este versículo).

-- a todos me he hecho de todo – Al decir  “de todo”, Pablo se refiere a todas las cosas y circunstancias amorales, o indiferentes, cosas que en sí no son malas.  (Claro es que el contexto no trata de comprometer la verdad, o de hacer males para que vengan bienes—Rom. 3:8.  En cuestiones de fe Pablo ni por un momento accedía al falso maestro—Gál. 2:5; véanse ver. 3,14).

Cristo se asociaba con los publicanos y pecadores (Luc. 15:1,2), no siendo uno de ellos, sino para enseñarles y si fuera posible salvarles de sus pecados, porque Dios nos ama y busca nuestra salvación.  Los fariseos y los escribas murmuraban contra él, y por eso la enseñanza de los ver. 4-32 Cristo se la dirigió a ellos (ver. 3).  De igual manera había flexibilidad en las costumbres y hábitos personales de Pablo para poder ganar personas para Cristo.  Entre los judíos se conformaba a su cultura, pero entre los gentiles no seguía con prácticas judaicas, sino más bien con las costumbres gentiles, y todo por imitar a Cristo.  Solamente el amor nos guía a abnegarnos de derechos personales con el fin de ganar almas para Cristo.

Pablo, igual que Cristo, amaba y por eso se esclavizó (ver. 19) a todos para ganar almas para Cristo.  Pero siempre en estas concesiones Pablo veía que el asunto fuera uno de indiferencia en las prácticas de cultura o costumbre que en sí no violaran ningún punto de fe en Cristo.  Pablo nunca hizo nada que justamente podría ser interpretado como acto de pecado o de admisión de que el acto, no autorizado por la ley de Cristo, fuera necesario para la salvación eterna.

La abnegación de Pablo, motivada por el amor y como ejemplo del amor de Cristo, le conducía a acomodarse a los escrúpulos, costumbres y prejuicios (en cosas indiferentes en sí) de los judíos, de los gentiles, y también de los hermanos débiles en Cristo.  Aplicaba esta flexibilidad a todos al enseñarles el evangelio salvador.

-- para que de todos modos salve a algunos – El evangelio es el poder que Dios emplea para salvar almas (ver. 23; Rom. 1:16), pero aquí Pablo habla de sus propias actividades y abnegaciones dentro del evangelio que pudieran contribuir en “algunos” casos a la salvación final de la persona.  Véase 10:33.  Compárese 7:16; Rom. 11:14. 

Los “débiles“ pueden ser perdidos (8:11).  El cristiano ¡sí puede caer de la gracia!  Pablo, en lugar de esto, buscaba salvarles.  Sacrificaba sus derechos personales para lograrlo.  ¡Esto sí es amar!

Lo que Pablo exhortaba a los corintios que hicieran (8:9-13) ¡él mismo lo practicaba por todas partes, inclusive en Corinto!

 

9:23 -- Y esto hago por causa del evangelio – En lugar de “esto”, mejor traducción es “todas las cosas” (ASV.; N.M.), “todo” (P.B.; B.A.; Mod.; H.A.; N.C.), “todo esto” (LAC.; JTD.; NVI.; B.J.).

Aquí entra otro motivo que impelía a Pablo a la abnegación de derechos personales en ciertos casos, o bajo ciertas circunstancias; a saber, la causa del evangelio que salva al hombre perdido.

-- para hacerme copartícipe de él –  Pablo aquí no habla de participar en la siembra (predica­ción) del evangelio, sino de participar (hacerse copartícipe con los corintios y otros cristianos) en las bendiciones del evangelio con respecto a la salvación que éste ofrece al hombre perdido.  El no pensaba solamente en el bien espiritual de otros, al negarse a veces de derechos personales, sino en el propio suyo.  Desde este versículo hasta el final de este capítulo Pablo enfatiza este punto.  El cristiano que no se dispone a negarse de derechos personales, cuando el caso lo exija, sella su propia perdición.  Se ha dicho que “comete suicidio espiritual”.  Compárense ver. 27; Fil. 3:12-14; 1 Tim. 4:16.

 

9:24 -- ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? -- En los próximos versículos se emplean referencias a la vida deportiva, a los juegos olímpicos de los griegos de aquel tiempo.  (Tal vez la referencia es en particular a los juegos Ístmicos celebrados cada dos años cerca de Corinto, y no a los olímpicos de cada cuatro años al poniente de Corinto).  El punto de énfasis que Pablo presenta aquí es que el alcanzar la vida eterna requiere mucho esfuerzo, vigor y empeño.  Dado que solamente uno de los varios corredores se va a llevar el premio (Fil. 3:14), corre con extrema energía.  Para ganar el premio no basta solamente estar en la carrera; hay que llegar primero al fin de ella.

(Ahora, en la carrera cristiana más de uno puede alcanzar la meta final, que es la vida eterna).

-- Corred de tal manera que lo obtengáis – Para obtener la vida eterna los cristianos tienen que correr todos de la misma manera en que corre el que solo gana el premio en las carreras deportivas; a saber, correr con todo empeño y energía.  El sencillo hecho de que la persona ha sido bautizada y que asiste a unos pocos servicios de la iglesia local no basta para alcanzar el premio.  La indiferencia no tiene promesa de nada (Apoc. 3:15,16).  Compárense Heb. 12:1, como también Luc. 13:24; Hech. 20:24; 1 Cor. 15:32; Gál. 5:7; Efes. 6:12;  Fil. 4:1; 1 Tes. 2:19; 2 Tim. 2:5; Sant. 1:12; 1 Ped. 5:4; Judas 3; Apoc. 2:10; 3:11, todos estos textos que sugieren la idea de lucha, competición, agonía y corona.

Tampoco todo “corredor cristiano” ganará el premio (ver. 27; 10:1-5).  Entre otros requisitos, está la perseverancia (Mateo  10:22; Luc. 21:19).

 

9:25 -- Todo aquel que lucha, de todo se abstiene – El atleta se niega de muchas clases de comida y de muchas actividades que en sí no son malas, disciplinándose al máximo con una dieta y un horario para ganar la requerida fuerza y habilidad físicas para poder ganar la competición en los juegos.  De igual manera el dominio propio (Hech. 24:25; Gál. 5:23; 2 Tim. 1:7; Tito 1:8; 2 Ped. 1:8) se ejerce en la vida del cristiano que en serio procura alcanzar la vida eterna.  Aun en cosas permisibles no ejerce su libertad si en la abnegación más se le asegura la vida eterna en el cielo con Dios.

La palabra aquí, “lucha”, es del vocablo griego que transliterado viene siendo “agonizar”.  En este contexto se aplica al atleta que compite en los juegos.

El verbo “se abstiene”, en cuanto al verbo grie­go, aparece también en 7:9 (no tener don de continencia).  Véanse allí los comentarios sobre este verbo.  Aquí en 9:25 Lacueva dice, “ejercita propio dominio”.

El punto de énfasis de Pablo es que,  como el atleta está dispuesto a hacer cualquier sacrificio personal para poder lograr su meta, el cristiano tiene que armarse de la misma actitud en su carrera a la vida eterna.

-- ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible – Las renuncias del corredor del estadio se hacían libremente, aunque la corona deseada no sería duradera.  Los atletas griegos fueron recompensados con coronas (stephanos, símbolo de triunfo) que eran nada más guirnaldas de hojas.  Tales coronas y la reputación y fama ganadas no duraban largo tiempo.  Eran triunfos efímeros.  No obstante, para el atleta griego ese premio justificaba cualquier sacrificio personal necesario en su preparación para la carrera y en la ejecución de ella.  (La forma verbal de esta palabra griega aparece en 2 Tim. 2:5.  En Apoc. 4:4 la corona—stephanos--, corona de victoria, es de oro, simbolizando victoria permanente).

Nótese: Las coronas, o diademas, de Apoc. 12:3; 13:1; 19:12, eran coronas reales, significando, no victoria, sino realeza.  La palabra griega es diadema.

-- pero nosotros, una incorruptible –  La corona (el premio) para el cristiano fiel no es de hojas, ni de metales preciosos, sino es una de justicia (2 Tim. 4:8) y de vida eterna (Sant. 1:12; Apoc. 2:10).  Pedro dice que ella es una de gloria (1 Ped. 5:4), y que ella es incorruptible.  Obviamente es de mucho más valor que cualquier corona de este mundo y vida.  Si el atleta de este mundo, entrenándose con esmero, hace tanto sacrificio personal para conseguir una corona corruptible, ¿no conviene al cristiano abnegarse de cosas permisibles y renunciar intereses personales, cuando las circunstancias lo dictan, con el fin de alcanzar un premio eterno?  ¡Claro que sí!  Véanse también 2 Cor. 4:17,18; Heb. 9:15; 10:34; 11:10; 12:28; 1 Ped. 1:4.

O, ¿han de llegar a ser amos nuestros derechos y privilegios?  ¿Hemos de menospreciar la vida eterna por ejercer a toda costa nuestros derechos?  ¿Ejercemos tan poco dominio propio?

 

9:26 -- Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura – La frase “así que” nos lleva a la conclusión del asunto: Pablo no es atleta que corra sin certeza, porque él ejerce el domino propio arriba descrito.  El corre, ejerciendo dominio propio en todas las cosas, aun en las permisibles pero que no necesariamente son convenientes.  Alcanzar la corona incorruptible le importaba mucho más que el ejercicio de algún derecho suyo en un dado caso en que esto causaría la perdición de algún hermano débil (8:9-13).  Todo cristiano, pensando con seriedad y en vista de la eternidad, llega a la misma conclusión.  Pero la vanidad de algunos les impide a que piensen así, y pasan a perder su corona incorruptible en el cielo, todo por sus intereses personales del momento.

-- a esta manera peleo, no como quien golpea el aire – Pasando a otra figura, aunque todavía dentro del deporte, Pablo dice que como boxeador sabio agoniza en su tarea, no actuando locamente como quien da golpes al oponente pero sin puntería, sino haciendo uso del dominio propio y la autodisciplina para dar golpes vencedores.  Pablo quiere ganar; quiere esa corona incorruptible.  Cueste lo que cueste, la va a conseguir.  La tiene siempre por delante de su vista.  Nunca la pierde de vista.  Y me pregunto: ¿Peleo yo así?  ¿Ejerzo severa autodisciplina?  O, ¿doy rienda suel­ta a ejercer mis “derechos”?

Es evidente, por la vida de algunos que no pelean así la buena batalla de la fe (1 Tim. 6:12), que no quieren esa corona de vida como Pablo la buscaba, pues en sus vidas no se ve la renuncia o abnegación de intereses personales que en la vida de Pablo se evidenciaba.  Son amadores de sí mismos (2 Tim. 3:2), y por eso no piensan en el bien espiritual de otros hermanos afectados por los hechos permisibles en sí pero que causan tropiezos (8:9).  No son maestros de sí mismos, sino dejan que sus derechos, poderes y libertades sean sus amos, gobernando más bien a ellos.  A fin de cuentas, dirían ellos, ¿no tenemos “conocimiento” (8:1-3)?

La frase “golpea el aire” corresponde a la anterior que dice, “como a la ventura”.

9:27 -- sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre – Figuradamente Pablo daba puñetazos (P.B.) a su cuerpo, como para ponerse los ojos morados, al cuidar de que su espíritu gobernara a los miembros de su cuerpo (Rom. 6:13,19).  Sigue la figura del boxeador que da golpes.  Pablo está diciendo que al proseguir a la meta de la vida eterna (Fil. 3:12-14), no va a dejar que el hacer lo que su cuerpo quiera hacer, con permiso y derecho, porque es bueno y placentero, sirva de tropiezo a hermanos débiles, sino que va a controlar en lo absoluto a su cuerpo (en particular, a tales deseos permisibles).  Va a ejercer siempre el dominio propio.  El cuerpo no va a controlar al espíritu, sino éste al cuerpo.  De otra manera, Pablo puede resultar perdido eternamente.

Seguramente Pablo no está hablando literalmente de tratar severamente al cuerpo físico.  ¡Pablo no era gnóstico!  Tampoco era asceta del catolicismo, ni calvinista con su doctrina de depravación total (naturaleza pecaminosa). Escribió por el Espíritu Santo Col. 2:23: “Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”.  El ascetismo no es medio de Dios para alcanzar la santidad.

Pablo mismo explica lo que quiere decir con la figura de oración que emplea: habla de esclavizar su cuerpo (“lo pongo en servidumbre”).  El no iba a dejar que sus deseos de practicar cosas, como el comer carne sacrificada a ídolos, le gobernaran a él, a grado de poner tropiezo a algún hermano débil (8:8,13), sino que él iba a gobernar al cuerpo, ejerciendo siempre el dominio propio.  De esa manera su cuerpo (el uso de sus miembros y apetitos) siempre estaría como un esclavo de él, y nunca él esclavo del cuerpo.

El lenguaje fuerte que aquí Pablo emplea hace hincapié en su determinación de dominarse o controlarse, absteniéndose aun de cosas permisibles cuando las circunstancias así obligaban, para no perder la vida eterna al fin de la carrera.

Pablo se debía a todos (ver. 19-22), pero no se olvidaba de que tenía que cuidar de sí mismo.

-- no sea que habiendo sido heraldo para otros –  El heraldo anuncia.  Este término técnicamente se aplicaba al heraldo en los juegos olímpicos antiguos en Grecia.  Si Pablo sigue la figura que ha llevado en varios versículos, se refiere a haber anunciado las reglas y condiciones del juego, y los nombres de los vencedores, pero si vuelve a hablar de su oficio de apóstol de Cristo, en su ministerio para los gentiles (Gál 2:7), se refiere a su obra de predicar el evangelio.  Yo favorezco esta última interpretación.

-- yo mismo venga a ser eliminado.  Otras versiones dicen “descalificado” (B.A., L.A., NVI.,1990, N.C., ACT.); “reprobado” (P.B.);  “desa­pro­bado” (N.M.), “rechazado” (V.M., H.A.)El vocablo griego se usaba en los juegos para señalar al atleta descalificado, como también era usado por el alquimista para referirse al metal rechazado o descalificado.

El quinto punto del calvinismo clásico es La Perseverancia De Los Santos; es decir, una vez salva la persona, no se puede perder.  Según esta falsa doctrina, el cristiano no puede pecar de tal manera que se pierda eternamente.  Es obvio que Pablo no era calvinista; no era bautista.  Ellos tienen gran problema con este versículo, y con razón.

Muchísimos son los pasajes que enseñan que el cristiano sí puede ser descalificado o eliminado eternamente.  Algunos son: 10:12; 1 Crón. 28:9; Luc. 8:13; Gál. 5:4; Col. 2:8; 2 Tes. 2:3; 1 Tim. 4:1; Heb. 3:12; 4:1-4; 6:4-6; 2 Ped. 2:20-22.  Toda advertencia de Dios, como la de Heb. 10:26-31, se basa en la realidad de la posibilidad de apostasía.  No solamente es caso de posibilidad, sino de realidad.  Es historia que los de Heb. 6:6 ¡recayeron!

     Si un apóstol ejercitaba tal cuidado en el dominio propio, para no ser perdido, ¿no necesito yo hacer lo mismo?
 

 
 

Al índice                                                                <<Anterior - Siguiente>>