CAPÍTULO 9
Nota Introductora:
En este capítulo
Pablo presenta una serie de ilustraciones de cómo él practicaba lo
que acaba de decir en 8:13. Luego, en el capítulo 10:14 continúa
con la discusión del tema tratado en el capítulo 8 referente a comer
carne sacrificada a los ídolos. La defensa de Pablo de su
apostolado, cosa presentada en este capítulo, en realidad es una
ilustración de la abnegación noble de Pablo a fin de edificar a
otros y beneficiar a la Causa de Cristo. El a veces renunciaba a
sus derechos por motivo del amor que tenía hacia sus hermanos.
Pero algunos en
Corinto tergiversaban esta abnegación de Pablo presentándola como
prueba de que él no era apóstol genuino.
9:1 -- ¿No soy
apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No
sois vosotros mi obra en el Señor? --
En este capítulo hay
una serie de preguntas retóricas, las que no esperan respuesta en
alta voz, sino solamente que el oyente razone y acepte la respuesta
obvia. Son ejemplos de la implicación. Implican ciertas
conclusiones que el oyente necesariamente infiere. Esta forma de
enseñanza se emplea mucho en las Escrituras, como también en la vida
diaria.
Por ser Pablo hombre
libre seguramente tenía todo derecho de practicar lo permisible (por
ejemplo, el comer carne dedicada a ídolos; 8:9) igual que cualquier
otro hermano en Cristo. No obstante, no siempre ejercía sus
derechos (por razones como la que da en 8:9-13). Compárese ver. 19.
Pablo comienza a
defender su apostolado (ver. 1-3). Esto implica que algunos en
Corinto dudaban de él, o que lo desacreditaban. Al parecer algunos
insinuaban, según este versículo, que Pablo no era apóstol genuino
porque no había convivido con Jesús en la tierra, y que no actuaba
libremente en algunos asuntos como los otros apóstoles (por ejemplo,
la libertad de vivir del evangelio, sin trabajar en lo secular).
Todas estas preguntas
retóricas demandaban una respuesta de “sí”. Sí era apóstol; sí era
libre; sí había visto a Jesucristo (15:8; Hech. 9:3-6; 22:12-16;
26:12-18). Compárense Hech. 18:9; 2 Cor. 12:1. Para ser apóstol,
era requisito ser testigo ocular del Cristo resucitado, Hech.
1:21,22; 2:32. (¡Esto prueba que no puede haber apóstoles vivos hoy
en día!). Sí eran ellos conversos de él (y de esto se prueba su
apostolado, porque la fe en Cristo de los corintios dependía de la
conversión que Pablo obró en ellos, 4:15).
Los corintios tenían
que admitir que eran ciertas las cosas que aquí Pablo afirma por
medio de sus preguntas retóricas.
Todo esto (lo
involucrado en las preguntas) era “en el Señor”; es decir, en
conexión con el Señor y su autoridad. Sobre esta frase véase 7:39,
comentarios. “En el Señor” es la esfera dentro de la cual procede
la acción.
9:2 -- Si para
otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy –
Iglesias no establecidas por Pablo tal vez podrían discutir su
apostolado, pero ¿cómo lo podía hacer la iglesia en Corinto,
habiendo sido establecida por uno que (por año y medio, Hech. 18:11)
obró milagros en su presencia (2 Cor. 12:12) y a quienes él impartió
dones milagrosos? (1:7, comentarios). Solamente un apóstol podía
hacer eso (Hech. 8:18). Compárese Rom. 15:18,19.
-- porque el sello
de mi apostolado sois vosotros en el Señor – Como el sello
autentifica (Jn. 3:33; Rom. 4:11), la iglesia de Dios en Corinto
autentificaba el apostolado de Pablo. No obstante allí entre ellos
se permitía algo de negación de dicho apostolado. ¡Qué
inconsecuencia!
9:3 -- Contra los
que me acusan, esta es mi defensa – Se dirige Pablo a los
corintios que le desacreditaban como apóstol genuino de Cristo.
Ponían en tela de juicio su apostolado.
En lugar de “acusan”
otras versiones dicen “examinan” (ASV., Mod., B.A., N.M., LAC.).
Sobre el vocablo griego, véase 4:3, comentarios.
La palabra griega
aquí para decir “defensa” es
apologia. Aquí significa una defensa verbal, o respuesta.
Se emplea en Fil. 1:7,11; 1 Ped. 3:15.
Me parece que la
palabra “ésta” se refiere a lo que precede a este versículo (9:1,2),
más bien que a lo que sigue a él. La existencia de la iglesia de
Cristo en Corinto probaba el apostolado de Pablo. Tal “apología”
satisfizo a Pedro, Jacobo y Juan (Gál. 2:8,9).
9:4 -- ¿Acaso no
tenemos derecho de comer y beber – En ésta, y en las demás
preguntas que siguen, Pablo está anticipando objeciones que algunos
podrían lanzar en su contra. Estas preguntas retóricas contienen en
sí las implicaciones que los lectores lógicamente inferirían.
Sobre la palabra “derecho”,
véanse 6:12; 8:9, comentarios.
Como el hermano
fuerte no debe ejercer sus derechos bajo tales circunstancias en que
el hermano débil tropiece y caiga en pecado, tampoco Pablo siempre
gozaba de su derecho de vivir del evangelio (ver. 14,18).
Pero para llegar a
esta conclusión, Pablo ahora por medio de esta pregunta establece su
derecho de subsistir a expensas de la iglesia, o iglesias. Ya que
dedicaba tiempo completo a la predicación del evangelio, tenía el
derecho de esperar sustento de la iglesia. (Más tarde va a dar las
razones por qué no siempre ejercía este derecho).
Al usar la primera
persona plural (nosotros), tal vez se refiere a sí mismo y a sus
compañeros en los viajes de predicación (por ej., Timoteo, Tito,
Lucas).
Hasta aquí, Pablo
establece que es apóstol y que tiene derecho a sostén (la comida y
bebida diaria).
9:5 -- ¿No tenemos
derecho de traer con nosotros una hermana por mujer – Este
versículo prueba que en el tiempo del Nuevo Testamento era práctica
común que los evangelistas llevaran a sus esposas consigo con
suficiente sostenimiento de las iglesias para que se cubrieran los
gastos de la familia.
Algunos comentaristas
antiguos trataban de afirmar que estas “mujeres” no eran esposas,
sino mujeres solteras y que éstas acompañaban a los apóstoles en sus
viajes de predicación. Pero la frase griega dice: “¿Acaso no
tenemos derecho una hermana mujer a traer …” (Lacueva, y luego él
explica en una nota que el verbo “traer” significa llevar consigo en
todo el viaje). Desde luego toda hermana es mujer; no hay que
decir que la hermana sea mujer. Así que Pablo aquí más bien se
refiere a una esposa (mujer) que es hermana en la fe.
Un evangelista con
esposa no cristiana no tendría derecho de pedir fondos de las
iglesias para que ella le acompañara en sus viajes de predicación.
Algunos comentaristas
católicos niegan que este pasaje trate de esposas cristianas,
tratando de afirmar un clero célibe. (Alegan que los apóstoles
abandonaron a sus familias antes de salir a predicar por todo el
mundo). Citan Luc. 8:1-3 para “probar” que cada apóstol podía
llevar consigo en sus viajes a una mujer piadosa “como hacía el
Señor”. Pero el caso no es nada paralelo. Jesús no andaba solo,
acompañado de un grupo de mujeres, sino andaba en compañía de los
doce apóstoles cuando las referidas mujeres también les acompañaban
para servirles de sus bienes. Fue una congregación, o gran compañía
de personas, la que Lucas describe en 8:1-3.
Dado que algunos
salen del contexto y hacen que Pablo con estas palabras aquí enseñe
que es pecado que un cristiano se case con una persona no cristiana,
pregunto: ¿Qué es el punto de Pablo con estas palabras en este
contexto? No es que si es pecado que el cristiano se case con una
persona no cristiana. Su punto es que si tiene derecho a
sostenimiento de iglesias el evangelista casado con una esposa
cristiana al salir él a predicar. Tal punto no tiene nada que ver
con la cuestión de que si peca el cristiano si se casa con una
esposa no cristiana. Tal cuestión no está en este contexto. El
contexto trata del derecho del evangelista casado con una cristiana
de llevarle en sus viajes de predicación y al mismo tiempo esperar
ser sostenido con finanzas necesarias para vivir. (Claro es que si
no tiene esposa cristiana, no tiene tal derecho. Esta es la
inferencia necesaria del pasaje).
-- como también
los otros apóstoles –
Los detractores de
Pablo en Corinto tal vez implicarían que Pablo, por no llevar esposa
consigo en los viajes con eso admitía que no era apóstol genuino.
Pero el punto de Pablo en esta sección es que sí tenía tales
derechos pero que no siempre los reclamaba, y esto por razones muy
nobles nacidas de amor.
Llamo la atención del
lector a dos puntos en particular:
(1) Todos los
apóstoles eran hombres casados. No obstante, la Iglesia Católica
Romana desde hace muchos siglos ha negado a sus clérigos que ellos
se casen. Se les ha obligado a ser hombres célibes.
(2) Aquí vemos
el poder del ejemplo apostólico para aprobar cierta práctica.
Hay hermanos en la fe que desde la década de los años 50 han
afirmado fuertemente que el ejemplo apostólico no entra en la
hermenéutica para establecer la autoridad en cuanto a hacer o no
hacer ciertas cosas. A partir de la década 80 han surgido algunos
predicadores de la falsamente llamada “Nueva Hermenéutica” que
terminantemente rechazan el ejemplo apostólico como factor en el
establecimiento de autoridad bíblica.
-- y los hermanos
del Señor -– Después del nacimiento de Jesús, José conoció en
relación sexual a su esposa, María (Mat. 1:25). Jesús tenía
hermanos uterinos (Mat. 12:46-50; 13:55,56). Sus hermanos en la
carne no creían en él durante su ministerio personal (Jn. 7:5), pero
vemos en 1 Cor. 15:7 que el Cristo resucitado apareció a su hermano,
Jacobo, quien después llegó a ser columna en la iglesia en Jerusalén
(Gál. 1:19). La carta que lleva el nombre de Santiago es de este
mismo hermano en la carne de Jesús. Vemos (Hech. 1:14) que después
de la resurrección de Jesús, sus hermanos ya creían en él.
-- y Cefas? --
Véase Jn. 1:42. Pedro era hombre casado (Mat. 8:14) y con hijos (1
Ped. 5:1 más 1 Tim. 3:2-5). ¿Cómo puede con razón y consecuencia la
Iglesia Católica Romana afirmar que Pedro fue el primer Papa y que
los papas todos tienen que ser hombres solteros?
¿Por qué menciona
Pablo a Pedro en particular? Ciertamente no fue por un supuesto
papado, cosa completamente desconocida en el Nuevo Testamento.
Puede ser que le menciona por nombre porque ya le había mencionado
en 1:12. Incuestionablemente Pedro era apóstol destacado en el siglo
primero (Gál. 2:8), pero no se le menciona primero en la lista del
ver. 9, sino que se menciona primero Jacobo. Si la mera mención de
un nombre significa un alto oficio en la iglesia como institucional
y global, ¿cuál fue el oficio de Bernabé, mencionado en seguida
(9:6)?
9:6 -- ¿O sólo yo
y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? A todo cristiano
se le manda trabajar (2 Tes. 3:10), pero en el contexto aquí Pablo
se refiere al derecho de predicar, viviendo del evangelio (ver.
14), en lugar de trabajando en lo secular para sostenerse.
Cuando primero llegó
Pablo a Corinto, se puso a trabajar en la fabricación de tiendas (Hech.
18:1-4). Más tarde comenzó a recibir sostenimiento de otras
iglesias para entregarse totalmente a la predicación, pero no
recibía de los corintios mismos (2 Cor. 11:7-9; Fil. 4:15,16). Se
negó de su derecho de cobrar a la iglesia en Corinto. Considérense
Hech. 20:34,35; 1 Tes. 2:9; 2 Tes. 3:7-9.
Bernabé era un
cristiano de medios y muy generoso (Hech. 4:36,37). La mención de
este servidor de Dios aquí por Pablo es la primera que tenemos en la
Escrituras desde que los dos se separaron después de un tiempo de
andar de compañeros en el evangelio (15:36-41). Pablo todavía sabía
de las labores de él, y le alaba por sacrificarse a causa del
evangelio. Bien tenía derecho a salario de las iglesias, pero se
negaba de él, prefiriendo por alguna razón sostenerse a sí mismo
mientras iba predicando.
Se implica en este
pasaje (más los ver. 11,12) que los corintios sabían del caso de
Bernabé, de que predicaba a sus propias expensas, sosteniéndose por
medio de su labor manual, o haciendo negocios lícitos con su
capital. Tenía fama de esto en la hermandad a lo largo. ¡Qué
grandeza de carácter! (Hoy en día se observa poco de este espíritu.
Al contrario, se oye decir que fulano está dispuesto a predicar
tiempo completo con tal que se le arregle un salario de las iglesias).
9:7 -- ¿Quién fue
jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come
de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del
rebaño? -- Aquí Pablo ilustra el punto de su argumentación, el
de que el predicador tiene derecho a salario de las iglesias (2 Cor.
11:8), al citar los casos del soldado, del cultivador, y del
pastor. Las experiencias diarias de la vida común nos obligan a
todos a contestar estas preguntas retóricas, diciendo que nadie lo
hace. La conclusión inevitable es que tampoco se espera del que
dedica tiempo completo a la predicación del evangelio que lo haga a
sus propias expensas. Al contrario, tiene derecho a los beneficios
o recompensas de su labor. El sentido común nos enseña esto.
En lugar de “expensas”,
otras versiones emplean las palabras estipendios (LAC.), sueldo (P.B.),
costa propia (B.J.). La misma palabra griega empleada aquí aparece
también en Rom. 6:23 (paga) y 2 Cor. 8:11 (salario).
9:8 -- ¿Digo esto
sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? -- No, Pablo no
razona solamente conforme al sentido común, al afirmar que el
evangelista merece un salario de las iglesias. Ningún oponente
puede acusar a Pablo de solamente afirmar una idea propiamente suya.
La contención de Pablo se basa también en lo que dice la ley de Dios
(en este caso, el Antiguo Testamento). Sí, la ley de Moisés también
afirma la misma verdad. Esta ley es de Dios. En el próximo
versículo Pablo pasa a citar un pasaje bíblico.
9:9 -- Porque en
la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla –
El apóstol Pablo aquí, como en 1 Tim. 5:18, cita a Deut. 25:4.
Atribuye, pues, el libro Deuteronomio a Moisés como autor. (Los que
niegan la inspiración de Pablo, los modernistas, no aceptan esta
conclusión). Los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, el
Pentateuco, tienen a Moisés por autor. Son de la “ley de Moisés”.
Véase Luc. 24:44.
Esta ley prohibía el
maltratamiento de los animales.
-- ¿Tiene Dios
cuidado de los bueyes – La forma gramatical griega de esta
pregunta demanda una respuesta de “no”, pues la frase comienza con
la palabra me, que
significa que no. Véase el ver. 8, donde también aparece (“¿Acaso
según hombre …?”, LAC.). Varias versiones buenas (P. B., LAC.,
Mod., NVI., dicen, ¿”Acaso de los bueyes ….?” Con la palabra “Acaso”
se espera respuesta negativa.
Claro es que Dios
tiene cuidado de los animales (Sal. 104; Mat. 5:26-30; 10:29), pero
esta pregunta, con la respuesta negativa implicada, nos hace ver que
los bueyes no son el único objeto del cuidado de Dios con
referencia a la justicia de que el obrero es digno de su salario, y
que no se le debe negar.
9:10 -- o lo dice
enteramente por nosotros? -- En lugar de “enteramente” otras
versiones dicen, “expresamente” (1990), “más bien” (B.A.),
“absolutamente” (P.B.), “seguramente” (V.M.), “realmente” (N.M.),
“precisamente” (LAC.). El vocablo griego,
pantos, significa aquí
“sin duda, seguramente, o ciertamente”. Aparece en el ver. 22 (de
todos modos); Luc. 4:23 (Sin duda); Hech. 21:22 (de cierto); 28:4 (Ciertamente).
A causa del hombre en
particular Dios dio tal ley. Pablo, por inspiración, aplica el
principio de la referida ley a los humanos. (Pablo en esta
consideración no se limita a los evangelistas, como el contexto lo
demuestra).
-- Pues por
nosotros se escribió -– Esa ley fue escrita para el hombre que
sabe leer (los animales no leen), y en ella Dios implica que la
nobleza de ese mandamiento tiene aplicación general y muy
especialmente para el beneficio del hombre que tiene dominio sobre
los animales (Gén. 1:26). Por medio de esa ley Dios daba a entender
que todo obrero es digno de su salario.
-- porque con
esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de
recibir del fruto – La palabra “porque” introduce la razón por
qué Pablo citó Deut. 25:4. Aunque dicha ley se dirigía en
particular al caso del animal, Pablo la cita porque el que siembra,
como el que siega, hacen su trabajo con la esperanza de recibir del
fruto, y es justo que lo reciban. No se les puede negar.
Considérese Sal. 126:5,6. Compárese Jn. 4:34-36.
Aunque Pablo y
Bernabé trabajaban en el evangelio muchas veces sin cobrar por sus
labores, ¡tenían el derecho de hacerlo! Este es el punto que los
corintios tenían que admitir.
9:11 -- Si
nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si
segáremos de vosotros lo material? -- Como el sembrador tiene
derecho de esperar cosecha por sus labores, así también el
evangelista tiene derecho de esperar compensación material por las
suyas.
La frase “lo
espiritual” se refiere al evangelio predicado, juntamente con el
repartimiento de dones milagrosos y demás actividades de Pablo (y
Timoteo y Silas, 2 Cor. 1:19) entre los corintios para el bienestar
de sus almas. “Lo material” se refiere a dinero para comida, ropa,
hospedaje y gastos personales, y demás cosas necesarias para esta
vida, como recompensa.
La frase “gran cosa”
hace hincapié en el hecho de que las cosas del evangelio valen mucho
más que las cosas materiales recibidas como recompensa por la obra
de predicación. Ningún bien material de esta vida física puede
valer lo que vale la predicación del evangelio que trae la vida
eterna. Grande es la antítesis que Pablo presenta al hablar de los
dos valores indicados: el valor espiritual, y el temporal.
Compárense Rom.
15:27; Gál. 6:6.
9:12 -- Si otros
participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? --
Otros evangelistas y maestros, que habían trabajado en el
evangelio entre los corintios, habían recibido de ellos
sostenimiento por sus labores. Entonces, ¡con más razón tenían
Pablo, el fundador de la iglesia en Corinto, y sus colaboradores, el
mismo derecho a salario de parte de ellos. Admitido este derecho en
tal caso, se esperaría que Pablo luego dijera algo acerca de que los
corintios le pagaran algo. Pero no; ¡ése no es el punto! El punto
gira en 8:13. Véase 9:1, comentarios. El punto clave es el
renunciamiento, la abnegación personal, por el bien de una causa más
grande que el individuo.
Sobre “derecho”,
véase 8:9, comentarios.
-- Pero no hemos
usado de este derecho – Habiendo establecido el simple hecho de
que el obrero es digno de su salario, Pablo sigue ilustrando cómo él
seguía la misma regla que dio a los corintios en 8:13 referente a
comer de lo sacrificado a ídolos; a saber, se debe negar a veces de
ciertos derechos, o libertades, para poder lograr los gloriosos
fines de la obra del evangelio en las vidas de los hombres. Véase
9:1, comentarios.
-- sino que lo
soportamos todo -- como por ejemplo, trabajar manualmente para
sostenerse, en lugar de aceptar salario, aunque en cuanto a
derechos no tenía obligación de trabajar así. Se fatigaba,
trabajando día y noche, para el progreso del evangelio que él tanto
amaba. Véase 4:11, comentarios.
-- por no poner
ningún obstáculo al evangelio de Cristo -- En esta frase vemos
lo desinteresado y lo generoso de espíritu que era Pablo el apóstol.
Pocos son los predicadores de hoy que son como él. Sobre todo le
importaba a Pablo no hacer nada, ni aun en cuanto a usar de derechos
o libertades personales, para no impedir el avance del evangelio.
Toda otra cosa la sacrificaba, cuando era necesario, para que el
evangelio tuviera su buena obra salvadora.
Véase 2 Cor.
11:7-15. Deliberadamente rehusó tomar salario de los corintios,
por razones que él tenía, aunque tenía todo derecho de tomarlo. (En
otras ocasiones ejercía este derecho, Fil. 4:15,16). Tenía ciertas
libertades, pero nunca buscaba con ellas ventajas terrenales. No se
promovía a sí mismo, sino al evangelio (Fil. 4:17; contrástese
2:21). Véanse los ver. 18, 23.
Muchos predicadores,
y otros cristianos, están dispuestos a dividir congregaciones y
causar mucho escándalo, y problemas, más bien que dejar ciertas
ideas suyas, o humillarse un poco cuando están equivocados en algo.
La vanagloria de la vida (1 Jn. 2:16) es su meta, y no el evitar
poner obstáculo al evangelio de Cristo.
Véase Rom. 1:18,
sobre detener a la verdad.
9:13 -- ¿No sabéis
que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo –
Pablo presenta otro argumento en la presentación de su caso, al
mencionar la práctica común de las religiones tanto paganas como la
judaica, aunque su referencia aquí es al altar del templo de los
judíos. (En 8:10 Pablo dice,
eidolieon = “un lugar de ídolos”; aquí dice
naos = templo, el que
estaba en Jerusalén).
Véanse Núm. 18:8-20;
Lev. 6:16,26; 7:6,31,32; Neh. 12:44,47; 13:10-14. No solamente los
judíos, sino también los gentiles, admitirían este principio, esta
verdad. Ya que los corintios sabían esto, tenían que aceptar que
Pablo tenía derecho a sostenimiento regular. No obstante, se negaba
de ese derecho o libertad a veces, para hacer progresar la causa
del evangelio. El hacía lo que mandaba que ellos estuvieran
haciendo (8:9-13).
-- y que los que
sirven al altar, del altar participan? Esta frase repite el
punto de la anterior: el sacerdote come de lo que se sacrifica en el
altar. Es su recompensa por su servicio regular de día en día.
9:14 -- Así
también – Pablo ya presentó la analogía del soldado, del viñador,
y del pastor, presentó el dictamen de la ley de Moisés, y presentó
el ejemplo de los sacerdotes en el templo. De acuerdo con todo eso
es lo que ahora ha ordenado el Señor mismo.
La palabra “así”
tiene que ver, no con detalles de cómo ser pagada la persona que
trabaja, sino solamente con el sencillo punto de que como los
sacerdotes en el templo reciben algo por sus servicios, también es
justo que los evangelistas por la misma razón también reciban por
los suyos.
-- ordenó el Señor
a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.
Véanse Mat. 10:9,10: Luc. 10:7. Con estos argumentos Pablo ha
establecido bien la premisa de que el evangelista tiene todo derecho
a salario.
(Tuercen las
Escrituras quienes apelan a Jn. 10:12 para negar esta gran verdad.
El punto de Cristo en ese pasaje no es que es malo ser asalariado,
sino que el que no es dueño de las ovejas, sino solamente uno que
trabaja por salario, no va a correr grandes riesgos personales para
que las ovejas sean protegidas. No va a entregar su vida por ellas.
¿Acaso no trabajan por salario los que se oponen a que el
evangelista reciba salario de las iglesias? ¿No son ellos
asalariados?)
El evangelista no es
objeto de benevolencia, ni lo que reciba son regalos o limosnas. El
trabaja, y por eso es digno de salario. Véanse 2 Cor. 11:8; Gál.
6:6; Fil. 4:15-16; 1 Tim. 5:17,18.
9:15 --Pero yo de
nada de esto me he aprovechado – Pablo presentó a los corintios
en 8:1-13 el principio de actuar motivados por amor, negándose la
persona de cosas lícitas, con el fin de salvar almas. En 9:1-14 ha
estado ilustrando este principio por medio de ejemplos suyos y de
sus compañeros. En estos versículos del 15 al 18, Pablo prueba que
lo que a los corintios les ha pedido hacer, él mismo lo ha estado
haciendo. En los ver. 19-27 él dará el propósito del principio.
Dejando el plural (nosotros),
ahora Pablo emplea la primera persona (yo), porque va pasando de
principio a aplicación personal. El personalmente estaba decidido a
no aprovecharse de sus derechos de tales cosas como el llevar
consigo a una esposa, o el recibir salario de la iglesia a la cual
sirviera.
El en este versículo
menciona el hecho del caso; en el siguiente va a dar la razón de él.
Algunos citaban este
caso como prueba de que Pablo no era un apóstol genuino, pero estos
contrincantes le juzgaban según las apariencias, y no con justo
juicio (Jn. 7:24). En lugar de usar del derecho de recibir salario
por su predicación, prefería muchas veces trabajar con las manos
para sostenerse. Véanse Hech. 18:3; 20:33,34.
-- ni tampoco he
escrito esto para que se haga así conmigo – Tampoco Pablo
escribe esta parte, de lo que nosotros llamamos el capítulo 9, con
el fin de que las iglesias de ahora en adelante le paguen un salario.
-- porque prefiero
morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria –
Para él valían más
que la vida misma las ventajas que el realizaba a consecuencia de no
aprovecharse de sus derechos. (Pablo, al decir “mi gloria”, aquí se
refiere, no al acto de gloriarse, sino a la razón de
gloriarse. Usa la palabra “gloria” en el sentido bueno de exaltar
algo para que sirva de buen ejemplo a seguir por sus hermanos
cristianos. Considérese 2 Cor. 7:14,15).
En lugar de “desvanezca”,
otras versiones dicen, ”anulara“, LAC., ASV.; “ser despojado”, NVI.;
“hará vana”, H.A.; “quitarme”, P.B.; “me prive”, B.A., Mod., L.A.; “invalidar”,
N.M. El mismo verbo griego se halla en 1:17 (haga vana) y en Fil.
2:7 (se despojó). Significa vaciar, anonadar, destruir.
Nadie podía acusar a
Pablo de avaricia, o de predicar por dinero. Sus adversarios (que
hacían mercadería con el evangelio, 2 Cor. 2:17) no podían
desacreditarle con justicia. Para Pablo esto le valía más que la
vida, y antes que dejara que alguien le destruyera esta (base de)
gloria, habría preferido morir. Véase 2 Cor. 11:7-12. Esos
“falsos apóstoles” no podían competir con Pablo en el asunto de
desinterés y privación personal en la obra del Señor. El actuaba
por amor y no movido por egoísmo ni por puro conocimiento (1 Cor.
8:1).
La renuncia de Pablo
(a recibir salario) tenía gloria en consideración de la razón de
ella. De ello Pablo se expresará en seguida acerca de esto.
Considérese 2 Cor.
12:14-18.
--9:16 -- Pues si
anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme – Su gloria no
consistía en el simple hecho de que predicaba, pues otros muchos
también predicaban. La base de su gloria, pues, no se hallaba en el
simple hecho de haber sido comisionado a predicar a los gentiles (Gál.
2:9).
-- que me es
impuesta necesidad – Pablo predicaba el evangelio pero no como
si él sólo hubiera decidido hacerlo. Otro determinó que él fuera
apóstol y predicador del evangelio (1:17; Hech. 9:15; 22:14,15,21;
26:15-18; Gál. 1:15,16; Hech. 13:2; Rom. 1:14,15; Fil. 3:12). Pablo
solamente pudo escoger entre obedecer al Señor, o no obedecerle. (Decidió
obedecerle, Hech. 26:17). No pudo gloriarse en solamente cumplir
con un deber. Compárese Luc. 17:10.
-- y ¡ay de mí si
no anunciare el evangelio! El sabía que le esperaría la
calamidad, o perdición de su alma, si no predicara, porque el Señor
le había dado esa comisión. No se puede desobedecer al Señor y a la
vez ser salvo.
9:17 -- Por lo
cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de
mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada – Más claras
son algunas otras versiones: “Pues si hago esto voluntariamente,
tengo recompensa; pero si (lo hago) en contra de mi voluntad, una
mayordomía se me ha confiado”, B.A.; “Porque, si de mi propia
voluntad hago esto, galardón tengo; mas si no es de mi propia
voluntad, se me ha confiado mayordomía”, L.A. “Si, pues, queriendo
esto hago, salario tengo; si involuntariamente, una administración
me ha sido confiada”, LAC.
Si Pablo de su
propia voluntad e iniciativa hubiera entrado en la obra de
predicación, habría recibido recompensa por ello. Pero no fue así
en el caso de él. El entró por la necesidad de la mayordomía que se
le confió. Este es todo el punto de este contraste. Siendo así el
caso con él, la base de su gloria tuvo que hallarse en otra
consideración. (Pablo no está hablando de si laboraba como
predicador con ánimo y voluntad, o si carente de las dos cosas. Tal
punto no entra en este contexto). El caso del voluntario es uno, y
el del esclavo (como lo era Pablo, Rom. 1:1) es otro. El esclavo, o
administrador, simplemente cumple con sus órdenes (4:1), o es
castigado; no tiene de que gloriarse (Luc. 17:7-10).
El contraste entre
“buena voluntad” y “mala voluntad” no es uno entre hacer con ánimo y
hacer sin ánimo, sino uno entre opción y obligación. Con Pablo era
caso de obligación.
Pablo usa la palabra
galardón (premio, salario, recompensa), ver. 17, en el sentido de
gloria, ver. 16, la gran satisfacción que la persona siente por
haber hecho algo de su propia voluntad, y no por obligación. Aunque
se le mandó a Pablo ir a predicar, no se le mandó hacerlo sin
salario.
Ahora él pasa a
definir su galardón.
9:18 -- ¿Cuál,
pues, es mi galardón? -- Ahora está para decirnos cuál es su
gloria (ver. 15), su galardón (ver. 17, recompensa).
-- Que
predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de
Cristo – En esto consiste su gloria: en la satisfacción interior
de predicar el evangelio sin cobrar salario a las iglesias, cosa a
la cual tenía todo derecho. Predicar sin cobrar equivale a
renunciar derechos. Mi pago (gloria, galardón, salario), dice
Pablo, es trabajar sin pago (2 Cor. 11:7,10). En lugar de cobrar a
los corintios, Pablo se consumía a sí mismo por ellos (2 Cor.
12:15).
El hacer esto no
era para Pablo ninguna llamada (por el catolicismo romano) “obra de
supererogación”. Por haberlo hecho no esperaba algo de premio
adicional a su salvación eterna en los cielos. Como esclavo de
Cristo, obligado a llevar a cabo su tarea (de predicar el evangelio)
superó esa posición de obligación al hacer algo que no se le mandaba,
y de esta manera recibía galardón como si fuera voluntario. De
predicar no podía gloriarse, pero de hacerlo sin pago, sí.
-- para no
abusar de mi derecho en el evangelio – Mejor se expresan estas
versiones: “para no hacer pleno uso de mi derecho en el evangelio”,
B.A.; “de modo que no use hasta lo sumo de mi derecho en el
evangelio”, Mod.; “sin hacer pleno uso de mi derecho …”, L.A.; “por
no usar del todo …”, H.A.; ASV. El verbo griego empleado aquí
aparece también en 7:31 (disfrutan). Lacueva dice: “no hacer valer
el derecho”.
Pablo se gloriaba
en la abnegación personal al predicar el evangelio. No usó del todo
de sus derechos con el propósito de adelantar la obra del evangelio.
Actuaba por amor y no por egoísmo. Esto es precisamente lo que pedía
a los corintios que hicieran (capítulo 8). Ha estado ilustrando
cómo él hacía exactamente en la manera que él pedía que se hiciera
en el caso de ellos (8:9,13). Las cosas lícitas (de libertad, o
derecho) no siempre convienen (6:12; 10:23), y el que es motivado
por el amor se somete a esta verdad, y como resultado logra edificar,
y salvar (8:1,13; 9:22; 10:24). Por otra parte, la persona que es
motivada únicamente por el conocimiento, ejerce sus derechos al
máximo, y en algunos casos eso puede lograr la perdición de una alma
(8:11,12).
9:19 -- Por lo
cual, siendo libre de todos – Véase ver. 1, comentarios. Todo
cristiano tiene libertad en los asuntos bajo consideración, pero
este hombre libre (Pablo) hallaba su gloria en hacerse
esclavo de todos. Esto lo hace solamente la persona motivada
por el amor.
-- me he hecho
siervo de todos –Renunciaba a sus derechos, y se
conformaba al pensar de hermanos débiles, cuando las circunstancias
lo indicaban. Véase 8:13, comentario sobre “si”.
(No entra en este
contexto la idea de que se le obligue a uno siempre a acceder a
cualquier noción vaga de algún hermano en la fe. Se trata de casos
de posible violación de conciencia de parte de alguno que, por el
ejemplo de otro quien ejerce su libertad, pasa a hacer lo mismo y
así peca. Véase 10:23-33. Nadie esclavizaba a Pablo; de su propia
iniciativa él se esclavizaba a quienes desearan salvarse y a quienes
él pudiera ayudar a lograr ese fin. En esto seguía a Cristo, Fil.
2:7; 2 Cor. 8:9. En cuestiones de indiferencia, Pablo se conformaba
a las opiniones de hermanos débiles, para ayudarles en su lucha con
su conciencia, pero en cuestiones de fe, Pablo no accedía, ni por
una hora, Gál. 2:5).
-- para ganar a
mayor número – Aquí está la meta suprema de la abnegación
personal. Este es el por qué del amor. Sobre todo la persona
quiere ganar almas para Cristo; quiere ver salvas a las personas.
Para este fin glorioso está dispuesta a “esclavizarse” a otros.
Imita a su Padre Celestial (Jn. 3:16). En el ver. 23 Pablo expresa
esta meta en otras palabras: hacerse partícipe del evangelio.
Nadie va a salvar a
todo el mundo, pero el número de salvos logrados puede ser mayor si
se sigue el ejemplo de Pablo. Véase ver. 22. Compárense 5:5; Mat.
18:15.
Pablo pudo ganar a
más gente en Corinto por medio de no aceptar salario de la iglesia
allí. Evidentemente había quienes le desacreditaban, y bien les
hubiera gustado haber podido acusarle de predicar por dinero, pero
se les quitó esa ocasión en su contra. Ignoramos las circunstancias
en detalle, pero vemos la magnanimidad de espíritu de este gran
hombre al negarse de sus derechos con el fin de ganar a más gente
por Cristo.
¡Qué triste es ver
a muchos predicadores, y a otros cristianos, que no tienen delante
de sí esta gran meta! Sus sentimientos personales, idiosincrasias,
prejuicios, y ventajas materiales les importan mucho más que el
ganar almas para Cristo. Es obvio que sus pasos no son motivados
por el deseo de ganar almas. No imitan a Pablo, 1 Cor. 11:1.
9:20 -- Me he
hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos – Andando
entre los judíos, se acomodaba a la cultura, o prácticas y
costumbres, de los judíos, aunque no tenía obligación de hacerlo,
pues estaba libre de cualquier cultura en particular. Pero, para
ganar a los judíos para Cristo, cuando no entraba en el caso ningún
principio de fe, Pablo estaba dispuesto a conformarse a las
prácticas y predilecciones características de los judíos. Lo podía
hacer porque les amaba y buscaba su salvación eterna en Cristo.
-- a los que
están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como
sujeto a la ley – La frase “los que están sujetos a la ley” es
una manera de decir, “judíos”, dando énfasis a la ley que les había
regido por quince siglos. Pablo el apóstol era cristiano; no vivía
sujeto a la ley de Moisés, sino a la ley de Cristo (ver. 21). Por
ejemplo, no tenía que guardar el sábado ni abstenerse de carne de
puerco, pero estando entre los judíos, para poder influir en ellos
con el evangelio, rehusaría trabajar en sábado y comer carne
prohibida por la ley de Moisés. No provocaba a los judíos con sus
derechos de cristiano, haciendo cosas a propósito contra la ley de
Moisés, sino que se acomodaba a las costumbres y los prejuicios de
ellos para hallar en ellos una audiencia para el evangelio. Esto le
permitía tener entrada en las sinagogas para predicarles a Cristo (por
ej., Hech. 13:14 y sig.). Pablo era hombre flexible en cuanto a
modos y maneras, al hacer llegar el evangelio, pero bien inflexible
en cuanto a la fe una vez dada a los santos (Judas 3).
Aunque rehusaba
circuncidar a Tito, para no acceder en una cuestión de fe a los
falsos hermanos, los judaizantes (Gál. 2:3,4), al mismo tiempo
circuncidó a Timoteo para poder tener entrada a los judíos para
predicarles el evangelio (Hech. 16:3). En este segundo caso fue
asunto de conveniencia, y no de fe. Lo mismo lo vemos en el caso de
Hech. 21:20-26. Pablo, para ganar la confianza de los hermanos
judíos en Jerusalén, en la referida ocasión actuó como judío en un
asunto que no involucraba en nada la ley de Cristo, sino que fue
sencillamente cosa de costumbre judaica. (Con llegar a ser
cristiano, el judío no quedaba obligado a dejar costumbres judaicas
por ser judaicas. Sin embargo le obligaba a someterse a Cristo en
todo).
-- para ganar a
los que están sujetos a la ley – Véase ver. 19,
comentarios.
Su meta siempre era
la salvación de almas, y para esto estaba bien dispuesto a negarse
de sus derechos como cristiano, habiendo oportunidad de lograr así
la salvación de alguna persona, o personas. Esta palabra “ganar” (o
salvar) sobresale en este contexto (ver. 19, 20, 21, 22).
9:21 -- a los
que están sin ley – Esta expresión era usada por los judíos para
referirse a los no judíos, o sea, a los gentiles (a las personas de
las diferentes naciones). Compárese Rom. 2:12,14). El vocablo
griego, anomos, puede
significar “destituido de la ley” (o sea, uno no sujeto a la ley),
como también “violador de la ley” (o sea, uno que actúa sin
autorización de la ley, como en Lucas 22:37, inicuos. Véase también,
Mateo 7:23, maldad). Aquí Pablo emplea la palabra en el primero de
los dos sentidos.
Esta frase se
contrasta con la del versículo anterior, “a los que están sujetos a
la ley”. Los judíos estaban sujetos a la ley, pero los gentiles, no
lo estaban.
-- como si yo
estuviera sin ley – Cuando Pablo andaba entre los gentiles,
actuaban como gentil, conformándose a su cultura y costumbres. Por
ejemplo, comía con ellos sin discriminación (Hech. 16:34), y condenó
a Pedro por no hacerlo en cierta ocasión (Gál. 2:11,12). Su sermón
a los atenienses (Hech. 17) ilustra su manera de ser entre los
gentiles. Véase también Hech. 14:15.
-- (no estando
yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo) – Pablo,
habiendo dicho que él en lo permisible actuaba como gentil cuando
estaba entre los gentiles, gente identificada como “sin ley” (es
decir, no sujeta a la ley de Moisés), quiere dejarlo bien claro que
eso no quiere decir que está sin ley para con Dios, o delante de
Dios. No, al contrario, se encuentra sujeto a la ley de Cristo.
El texto griego
dice literalmente, haciendo contraste: “a los
anomos como
anomos, no estando
anomos de Dios, sino
ennomos (dentro de la
ley) de Cristo”. Como anomos
significa “sin ley”, ennomos
significa “en ley”.
Estos dos
versículos, el 20 y el 21, enseñan claramente que:
1. Hubo un cambio
de leyes (Heb. 7:12). La ley de Moisés ya no regía en el tiempo de
los apóstoles. Pablo no estaba bajo la ley de Moisés, sino bajo la
de Cristo.
2. Los
neocalvinistas en la hermandad, que por nada quieren que el
evangelio de Cristo tenga que ver con ley (ellos que
tuercen Rom. 6:14), no pueden con este pasaje. Para ellos todo es
de gracia y ponen por el suelo toda referencia a “ley” (las
condiciones del evangelio que el hombre tiene que obedecer). Pero,
nótense también estos otros pasajes: Rom. 3:27 (la ley de la fe);
8:2 (la ley del Espíritu); Gál. 6:2 (la ley de Cristo). Estos
falsos hermanos quieren comulgar con los sectarios en base a
la fe sola, y por eso no quieren hablar de las condiciones
de la salvación por gracia (que incluye el mandamiento de bautizarse),
pues para ellos eso significa “ley” y no gracia.
Rom. 6:14 no dice
que no hay nada de ley en el evangelio de Cristo. Dice que el
cristiano no está bajo la ley de Moisés, sino bajo la gracia (que es
la ley de Cristo).
3. Si no hubiera
ley (en ningún sentido), no habría pecado (Rom. 4:15; 1 Jn. 3:4).
Hay pecado, y por eso queda manifiesto que hay ley. Pero la ley que
rige a todos los hombres hoy en día es la de Cristo, y no la de
Moisés.
-- para ganar a
los que están sin ley. Véanse ver. 19,20, comentarios.
9:22 -- Me he
hecho débil a los débiles -- Los “débiles” de este contexto son
los cristianos de 8:7-12. Véanse los comentarios allí. Por su
falta de conocimiento respecto a los ídolos, o por su duda frente a
la carne ofrecida a ídolos, si comieran de ella lo harían en
violación de su conciencia, y por eso pecarían. En lugar de chocar
con éstos, bajo las circunstancias delineadas en 8:10-13, Pablo
siempre se hacía como uno de ellos, al conformarse a sus escrúpulos
en lugar de ejercer su libertad basada en conocimiento. (Muchos de
mis hermanos no han aprendido este arte de amar).
Compárese Rom.
14:1; 15:1,2; 1 Tes. 5:14.
-- para ganar a
los débiles – Véanse ver. 19, 20, 21, comentarios. Compárese
10:33.
Pablo usa la
palabra “ganar” aquí en el sentido de “salvar” (véase la frase final
de este versículo).
-- a todos me he
hecho de todo – Al decir “de todo”, Pablo se refiere a todas
las cosas y circunstancias amorales, o indiferentes, cosas que en sí
no son malas. (Claro es que el contexto no trata de comprometer la
verdad, o de hacer males para que vengan bienes—Rom. 3:8. En
cuestiones de fe Pablo ni por un momento accedía al falso maestro—Gál.
2:5; véanse ver. 3,14).
Cristo se asociaba
con los publicanos y pecadores (Luc. 15:1,2), no siendo uno de ellos,
sino para enseñarles y si fuera posible salvarles de sus pecados,
porque Dios nos ama y busca nuestra salvación. Los fariseos y los
escribas murmuraban contra él, y por eso la enseñanza de los ver.
4-32 Cristo se la dirigió a ellos (ver. 3). De igual manera había
flexibilidad en las costumbres y hábitos personales de Pablo para
poder ganar personas para Cristo. Entre los judíos se conformaba a
su cultura, pero entre los gentiles no seguía con prácticas judaicas,
sino más bien con las costumbres gentiles, y todo por imitar a
Cristo. Solamente el amor nos guía a abnegarnos de derechos
personales con el fin de ganar almas para Cristo.
Pablo, igual que
Cristo, amaba y por eso se esclavizó (ver. 19) a todos para ganar
almas para Cristo. Pero siempre en estas concesiones Pablo veía que
el asunto fuera uno de indiferencia en las prácticas de cultura o
costumbre que en sí no violaran ningún punto de fe en Cristo. Pablo
nunca hizo nada que justamente podría ser interpretado como acto de
pecado o de admisión de que el acto, no autorizado por la ley de
Cristo, fuera necesario para la salvación eterna.
La abnegación de
Pablo, motivada por el amor y como ejemplo del amor de Cristo, le
conducía a acomodarse a los escrúpulos, costumbres y prejuicios (en
cosas indiferentes en sí) de los judíos, de los gentiles, y también
de los hermanos débiles en Cristo. Aplicaba esta flexibilidad a
todos al enseñarles el evangelio salvador.
-- para que de
todos modos salve a algunos – El evangelio es el poder que Dios
emplea para salvar almas (ver. 23; Rom. 1:16), pero aquí Pablo habla
de sus propias actividades y abnegaciones dentro del evangelio que
pudieran contribuir en “algunos” casos a la salvación final de la
persona. Véase 10:33. Compárese 7:16; Rom. 11:14.
Los “débiles“
pueden ser perdidos (8:11). El cristiano ¡sí puede caer de la
gracia! Pablo, en lugar de esto, buscaba salvarles. Sacrificaba
sus derechos personales para lograrlo. ¡Esto sí es amar!
Lo que Pablo
exhortaba a los corintios que hicieran (8:9-13) ¡él mismo lo
practicaba por todas partes, inclusive en Corinto!
9:23 -- Y esto
hago por causa del evangelio – En lugar de “esto”, mejor
traducción es “todas las cosas” (ASV.; N.M.), “todo” (P.B.; B.A.;
Mod.; H.A.; N.C.), “todo esto” (LAC.; JTD.; NVI.; B.J.).
Aquí entra otro
motivo que impelía a Pablo a la abnegación de derechos personales en
ciertos casos, o bajo ciertas circunstancias; a saber, la causa del
evangelio que salva al hombre perdido.
-- para hacerme
copartícipe de él – Pablo aquí no habla de participar en la
siembra (predicación) del evangelio, sino de participar (hacerse
copartícipe con los corintios y otros cristianos) en las
bendiciones del evangelio con respecto a la salvación que éste
ofrece al hombre perdido. El no pensaba solamente en el bien
espiritual de otros, al negarse a veces de derechos personales, sino
en el propio suyo. Desde este versículo hasta el final de este
capítulo Pablo enfatiza este punto. El cristiano que no se dispone
a negarse de derechos personales, cuando el caso lo exija, sella su
propia perdición. Se ha dicho que “comete suicidio espiritual”.
Compárense ver. 27; Fil. 3:12-14; 1 Tim. 4:16.
9:24 -- ¿No
sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren,
pero uno solo se lleva el premio? -- En los próximos versículos
se emplean referencias a la vida deportiva, a los juegos olímpicos
de los griegos de aquel tiempo. (Tal vez la referencia es en
particular a los juegos Ístmicos celebrados cada dos años cerca de
Corinto, y no a los olímpicos de cada cuatro años al poniente de
Corinto). El punto de énfasis que Pablo presenta aquí es que el
alcanzar la vida eterna requiere mucho esfuerzo, vigor y empeño.
Dado que solamente uno de los varios corredores se va a llevar el
premio (Fil. 3:14), corre con extrema energía. Para ganar el
premio no basta solamente estar en la carrera; hay que llegar
primero al fin de ella.
(Ahora, en la
carrera cristiana más de uno puede alcanzar la meta final, que es la
vida eterna).
-- Corred de tal
manera que lo obtengáis – Para obtener la vida eterna los
cristianos tienen que correr todos de la misma manera en que
corre el que solo gana el premio en las carreras deportivas; a
saber, correr con todo empeño y energía. El sencillo hecho de que
la persona ha sido bautizada y que asiste a unos pocos servicios de
la iglesia local no basta para alcanzar el premio. La indiferencia
no tiene promesa de nada (Apoc. 3:15,16). Compárense Heb. 12:1,
como también Luc. 13:24; Hech. 20:24; 1 Cor. 15:32; Gál. 5:7; Efes.
6:12; Fil. 4:1; 1 Tes. 2:19; 2 Tim. 2:5; Sant. 1:12; 1 Ped. 5:4;
Judas 3; Apoc. 2:10; 3:11, todos estos textos que sugieren la idea
de lucha, competición, agonía y corona.
Tampoco todo
“corredor cristiano” ganará el premio (ver. 27; 10:1-5). Entre
otros requisitos, está la perseverancia (Mateo 10:22; Luc.
21:19).
9:25 -- Todo
aquel que lucha, de todo se abstiene – El atleta se niega de
muchas clases de comida y de muchas actividades que en sí no son
malas, disciplinándose al máximo con una dieta y un horario para
ganar la requerida fuerza y habilidad físicas para poder ganar la
competición en los juegos. De igual manera el dominio propio
(Hech. 24:25; Gál. 5:23; 2 Tim. 1:7; Tito 1:8; 2 Ped. 1:8) se ejerce
en la vida del cristiano que en serio procura alcanzar la vida
eterna. Aun en cosas permisibles no ejerce su libertad si en la
abnegación más se le asegura la vida eterna en el cielo con Dios.
La palabra aquí, “lucha”,
es del vocablo griego que transliterado viene siendo “agonizar”. En
este contexto se aplica al atleta que compite en los juegos.
El verbo “se
abstiene”, en cuanto al verbo griego, aparece también en 7:9 (no
tener don de continencia). Véanse allí los comentarios sobre este
verbo. Aquí en 9:25 Lacueva dice, “ejercita propio dominio”.
El punto de énfasis
de Pablo es que, como el atleta está dispuesto a hacer cualquier
sacrificio personal para poder lograr su meta, el cristiano tiene
que armarse de la misma actitud en su carrera a la vida eterna.
-- ellos, a la
verdad, para recibir una corona corruptible – Las renuncias del
corredor del estadio se hacían libremente, aunque la corona deseada
no sería duradera. Los atletas griegos fueron recompensados con
coronas (stephanos,
símbolo de triunfo)
que eran nada más guirnaldas de hojas. Tales coronas y la
reputación y fama ganadas no duraban largo tiempo. Eran triunfos
efímeros. No obstante, para el atleta griego ese premio justificaba
cualquier sacrificio personal necesario en su preparación para la
carrera y en la ejecución de ella. (La forma verbal de esta palabra
griega aparece en 2 Tim. 2:5. En Apoc. 4:4 la corona—stephanos--,
corona de victoria, es de oro, simbolizando victoria permanente).
Nótese: Las
coronas, o diademas, de Apoc. 12:3; 13:1; 19:12, eran coronas
reales, significando, no victoria, sino realeza. La palabra
griega es diadema.
-- pero nosotros,
una incorruptible – La corona (el premio) para el cristiano
fiel no es de hojas, ni de metales preciosos, sino es una de
justicia (2 Tim. 4:8) y de vida eterna (Sant. 1:12; Apoc. 2:10).
Pedro dice que ella es una de gloria (1 Ped. 5:4), y que ella es
incorruptible. Obviamente es de mucho más valor que cualquier
corona de este mundo y vida. Si el atleta de este mundo,
entrenándose con esmero, hace tanto sacrificio personal para
conseguir una corona corruptible, ¿no conviene al cristiano
abnegarse de cosas permisibles y renunciar intereses personales,
cuando las circunstancias lo dictan, con el fin de alcanzar un
premio eterno? ¡Claro que sí! Véanse también 2 Cor.
4:17,18; Heb. 9:15; 10:34; 11:10; 12:28; 1 Ped. 1:4.
O, ¿han de llegar a
ser amos nuestros derechos y privilegios? ¿Hemos de menospreciar la
vida eterna por ejercer a toda costa nuestros derechos? ¿Ejercemos
tan poco dominio propio?
9:26 -- Así que,
yo de esta manera corro, no como a la ventura – La frase “así
que” nos lleva a la conclusión del asunto: Pablo no es atleta que
corra sin certeza, porque él ejerce el domino propio arriba descrito.
El corre, ejerciendo dominio propio en todas las cosas, aun en las
permisibles pero que no necesariamente son convenientes. Alcanzar
la corona incorruptible le importaba mucho más que el ejercicio de
algún derecho suyo en un dado caso en que esto causaría la perdición
de algún hermano débil (8:9-13). Todo cristiano, pensando con
seriedad y en vista de la eternidad, llega a la misma conclusión.
Pero la vanidad de algunos les impide a que piensen así, y pasan a
perder su corona incorruptible en el cielo, todo por sus intereses
personales del momento.
-- a esta manera
peleo, no como quien golpea el aire – Pasando a otra figura,
aunque todavía dentro del deporte, Pablo dice que como boxeador
sabio agoniza en su tarea, no actuando locamente como quien da
golpes al oponente pero sin puntería, sino haciendo uso del dominio
propio y la autodisciplina para dar golpes vencedores. Pablo quiere
ganar; quiere esa corona incorruptible. Cueste lo que cueste, la va
a conseguir. La tiene siempre por delante de su vista. Nunca la
pierde de vista. Y me pregunto: ¿Peleo yo así? ¿Ejerzo severa
autodisciplina? O, ¿doy rienda suelta a ejercer mis “derechos”?
Es evidente, por la
vida de algunos que no pelean así la buena batalla de la fe (1 Tim.
6:12), que no quieren esa corona de vida como Pablo la buscaba, pues
en sus vidas no se ve la renuncia o abnegación de intereses
personales que en la vida de Pablo se evidenciaba. Son amadores de
sí mismos (2 Tim. 3:2), y por eso no piensan en el bien espiritual
de otros hermanos afectados por los hechos permisibles en sí pero
que causan tropiezos (8:9). No son maestros de sí mismos, sino
dejan que sus derechos, poderes y libertades sean sus amos,
gobernando más bien a ellos. A fin de cuentas, dirían ellos, ¿no
tenemos “conocimiento” (8:1-3)?
La frase “golpea el
aire” corresponde a la anterior que dice, “como a la ventura”.
9:27 -- sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre –
Figuradamente Pablo daba puñetazos (P.B.) a su cuerpo, como para
ponerse los ojos morados, al cuidar de que su espíritu gobernara a
los miembros de su cuerpo (Rom. 6:13,19). Sigue la figura del
boxeador que da golpes. Pablo está diciendo que al proseguir a la
meta de la vida eterna (Fil. 3:12-14), no va a dejar que el hacer lo
que su cuerpo quiera hacer, con permiso y derecho, porque es bueno y
placentero, sirva de tropiezo a hermanos débiles, sino que va a
controlar en lo absoluto a su cuerpo (en particular, a tales deseos
permisibles). Va a ejercer siempre el dominio propio. El cuerpo no
va a controlar al espíritu, sino éste al cuerpo. De otra manera,
Pablo puede resultar perdido eternamente.
Seguramente Pablo
no está hablando literalmente de tratar severamente al cuerpo físico.
¡Pablo no era gnóstico! Tampoco era asceta del catolicismo, ni
calvinista con su doctrina de depravación total (naturaleza
pecaminosa). Escribió por el Espíritu Santo Col. 2:23: “Tales cosas
tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto
voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no
tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”. El ascetismo
no es medio de Dios para alcanzar la santidad.
Pablo mismo explica
lo que quiere decir con la figura de oración que emplea: habla de
esclavizar su cuerpo (“lo pongo en servidumbre”). El no iba a dejar
que sus deseos de practicar cosas, como el comer carne sacrificada a
ídolos, le gobernaran a él, a grado de poner tropiezo a algún
hermano débil (8:8,13), sino que él iba a gobernar al cuerpo,
ejerciendo siempre el dominio propio. De esa manera su cuerpo (el
uso de sus miembros y apetitos) siempre estaría como un esclavo de
él, y nunca él esclavo del cuerpo.
El lenguaje fuerte
que aquí Pablo emplea hace hincapié en su determinación de dominarse
o controlarse, absteniéndose aun de cosas permisibles cuando las
circunstancias así obligaban, para no perder la vida eterna al fin
de la carrera.
Pablo se debía a
todos (ver. 19-22), pero no se olvidaba de que tenía que cuidar de
sí mismo.
-- no sea que
habiendo sido heraldo para otros – El heraldo anuncia. Este
término técnicamente se aplicaba al heraldo en los juegos olímpicos
antiguos en Grecia. Si Pablo sigue la figura que ha llevado en
varios versículos, se refiere a haber anunciado las reglas y
condiciones del juego, y los nombres de los vencedores, pero si
vuelve a hablar de su oficio de apóstol de Cristo, en su ministerio
para los gentiles (Gál 2:7), se refiere a su obra de predicar el
evangelio. Yo favorezco esta última interpretación.
-- yo mismo
venga a ser eliminado. Otras versiones dicen “descalificado”
(B.A., L.A., NVI.,1990, N.C., ACT.); “reprobado” (P.B.);
“desaprobado” (N.M.), “rechazado” (V.M., H.A.). El vocablo
griego se usaba en los juegos para señalar al atleta
descalificado, como también era usado por el alquimista para
referirse al metal rechazado o descalificado.
El quinto punto del
calvinismo clásico es La Perseverancia De Los Santos; es decir, una
vez salva la persona, no se puede perder. Según esta falsa doctrina,
el cristiano no puede pecar de tal manera que se pierda eternamente.
Es obvio que Pablo no era calvinista; no era bautista. Ellos tienen
gran problema con este versículo, y con razón.
Muchísimos son los
pasajes que enseñan que el cristiano sí puede ser descalificado o
eliminado eternamente. Algunos son: 10:12; 1 Crón. 28:9; Luc. 8:13;
Gál. 5:4; Col. 2:8; 2 Tes. 2:3; 1 Tim. 4:1; Heb. 3:12; 4:1-4; 6:4-6;
2 Ped. 2:20-22. Toda advertencia de Dios, como la de Heb. 10:26-31,
se basa en la realidad de la posibilidad de apostasía. No solamente
es caso de posibilidad, sino de realidad. Es historia que los de
Heb. 6:6 ¡recayeron!
Si un apóstol ejercitaba tal cuidado en el dominio propio, para no
ser perdido, ¿no necesito yo hacer lo mismo?