NOTAS SOBRE 1 CORINTIOS

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, 1997)
 

 
 


INTRODUCCIÓN

A. LA CIUDAD DE CORINTO

Estaba situada ocho kilómetros al sudoeste del istmo que conecta Grecia propiamente al norte, y el Peloponeso al sur extremo. A cada lado de este istmo hay dos mares, al oriente el Egeo, y al poniente el Jónico. Para no tener que viajar por mar unos trescientos kilómetros, para rodear el Peloponeso, los marineros antiguos atravesaban el istmo con las cargas de sus barcos para subirlas de nuevo en el otro lado en otros barcos. Aun las barcas pequeñas eran arrastradas por tierra de una costa a la otra, por ser tan angosto el istmo (como de unos siete kilómetros).

Tenía dos puertos: Cencreas (Rom. 16:1) al oriente, y Laqueo al poniente. Se encontraba en la ruta entre Roma y el oriente, por eso era un centro comercial estratégico y a la vez opulento. Había llegado allí gente griega, romana y oriental. La concentración de comercio trajo la de riqueza y con ello los vicios e inmoralidades. Allí se encontraba el templo de la diosa Afrodita con mil sacerdotisas (prostitutas, mujeres públicas).

Corinto era conocida por su relajamiento moral. Se había acuñado el término corintianizar, que significaba “hacer como los corintios”. El término “corinta” se usaba para decir mujer inmoral, o pública, y “corinto” significaba borracho. Como
Atenas se ganó la fama de poetas y filósofos, adorando a la mente, Corinto se ganó la de enfermedad venérea, y de los juegos ístmicos (celebrados en honor de Poseidón, o Neptuno), adorando al cuerpo físico.

Desde Corinto Pablo escribió a los romanos, dándoles el catálogo de pecados hallado en Rom. 1:29-32. Aquí llegó el evangelio, ¡requiriendo y logrando la santidad! El libertinaje puede ser vencido por el evangelio. La prueba está en la iglesia de Cristo en Corinto, a mediados del siglo primero.

No fue fácil para Pablo predicar en Corinto (2:3), pero el Señor le consoló (Hech. 18:9,10).

La ciudad adoraba a muchos dioses (8:5). La arqueología ha descubierto los restos de varios templos muy distintos entre sí.

En el tiempo de Pablo esta ciudad era una colonia romana. Había sido destruida por Roma más de un siglo antes de Jesucristo, (146 a. de J. C.) y reedificada por Julio César medio siglo antes de Jesucristo (46 a. de J. C.). César la pobló de ciudadanos romanos, y por eso aparecen muchos nombres romanos en la primera carta que Pablo escribió a la iglesia (por ej., Crispo, Fortunato, Sóstenes).

Había en el tiempo de Pablo una colonia de judíos allí, pues Claudio había mandado que salieran los judíos de Roma, y muchos (entre ellos Aquila y Priscila) se ubicaron en Corinto. Estos tenían su sinagoga allí (Hech. 18:1-4).

B. EL AUTOR Y LA AUTENTICIDAD DE LA EPÍSTOLA

Autores y comentaristas de los primeros siglos de la era cristiana atestiguan a la autenticidad de esta epístola como siendo de Pablo, el gran apóstol a los gentiles (Hech. 26:17,18; Gál. 2:8). Entre éstos están Clemente de Roma (escribió cerca del 95 d. de J. C.), Policarpo de Esmirna (murió 155 d. de J. C.), e Ireneo de Alejandría (150-215 d. de J. C.). Otros son Ignacio Mártir (117 d. de J. C.), San Justino, Clemente de Alejandría, y Tertuliano. Aparte de estas pruebas externas, y la aceptación de esta epístola en las listas de libros canónicos, las internas (vocabu­lario, estilo y temas desarrollados) ciertamente apuntan a Pablo el apóstol como el autor.

C. LOS DESTINATARIOS

La iglesia de Dios en Corinto fue establecida por Pablo en su primera visita, Hech. 18:1-17. Permaneció allí un año y medio. Silas y Timoteo estaban con él. La iglesia pronto llegó a tener muchos miembros (Hech. 18:8). Así vemos que ¡el evangelio es poderoso aun en lugares de gran inmoralidad (6:9-11)!

Después de la salida de Pablo, tal vez al año de eso, llegó Apolos y “regó” lo “plantado” por Pablo (3:6). Estuvo como un año en Corinto, y luego fue a Efeso, donde ya estaba Pablo (16:12). Al pasar el tiempo, llegaban judaizantes (judíos de Palestina) a la iglesia en Corinto, siendo algunos “falsos apóstoles” (2 Cor. 11:15). A éstos Pablo combatió en su segunda carta a los corintios (capítulo 11).

De Corinto vinieron a Pablo en Efeso tres hermanos representantes de la iglesia, Estéfanas, Fortunato y Acaico (16:17). A la iglesia Pablo envió en misión especial a Timoteo (4:17; 16:10), y a Tito (2 Cor. 8:6,16,23).

Según la narración de Hechos, Pablo visitó a Corinto dos veces (capítulo 18; la primera vez y 20:2,3, la tercera). Pero sabemos por la carta, 2 Corintios, que iba a hacer una tercera visita, implicando que ya había ido alguna segunda vez (2 Cor. 12:14; 13:1). La segunda visita habría sido hecha durante los tres años que estuvo en Efeso, y antes de escribir esta epístola, 1 Corintios.

La mayor parte de la membresía de la iglesia en Corinto eran gentiles (12:2), y gente humilde (1:26).

Mientras Pablo estaba en Corinto la primera vez, escribió 1 y 2 Tesalonicenses, y posiblemente Gálatas. Escribió Romanos desde Corinto en su tercera visita de tres meses.

D. LA FECHA Y EL LUGAR DONDE LA ESCRIBIÓ

Según 16:8, Pablo escribió esta carta poco antes de salir de Efeso y antes del Pentecostés del año 57 d. de J. C. (según otros, del año 55 o 56), probablemente en la primavera del tercer año de su estadía en Efeso (Hech. 19:10). La escribió antes de salir en un viaje principal (Hech. 19:21; 20:1).

Véase Hech. 19:1 -- 20:3.

E. EL PROPÓSITO DE LA CARTA

Considerando la etnicidad, o carácter étnico, de la iglesia, compuesta de judíos y de gentiles (Hech. 18:1-17), de una variedad de culturas diferentes, Pablo tuvo que tratar una variedad de problemas (la división, la inmoralidad, la litigación entre hermanos, problemas sobre el matrimonio, la idolatría, la autenticidad de su propio apostolado, la confusión en la asamblea, el mal uso de los dones milagrosos, la falsa doctrina, y la colecta para los santos). Tuvo que dar contestación a algunos asuntos tratados en la correspondencia de los corintios a Pablo (considérese 7:1).

Esta epístola trata los desórdenes en la iglesia, y la gran necesidad de que reine la unidad y la santidad.

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