NOTAS SOBRE 2 CORINTIOS

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, 1997)

 
 


CAPITULO 10

 

      10:1 -- "Yo Pablo ... ternura de Cristo".  Ahora entramos en la tercera sección de esta carta.  Véase UN BOSQUEJO BREVE, en la Introducción.  Pablo hasta aquí usaba la primera persona plural (nosotros), al referirse a sí mismo, juntamente con los demás apóstoles o con sus compañeros en el evangelio, pero ahora dice "yo Pablo" porque los falsos en Corinto le habían atacado a él en particular, negando su apostolado e insinuando cosas en su contra.    En esta sección Pablo defiende su apostolado y responde a las acusaciones falsas de sus detractores.

      Apeló a los corintios fieles con la mansedumbre y ternura de Cristo, rogándoles que abandonaran a los falsos para no tener él que usar de osadía cuando llegara a Corinto (que sería la tercera vez).  Cristo era manso y tierno (Mat. 11:29; 12:19,20), aunque también, al tratar con hipócritas, era severo (23:13-36).  Pablo sigue el ejemplo de Cristo al entrar en esta tercera sección y final de su carta a los corintios.

      --"yo que estando ... con vosotros".  La versión católica de Bueno Monreal dice: "que parezco tan pequeño estando entre vosotros, pero que ausente soy para con vosotros osado".  La Ver. Nuevo Testamento Puebla dice: "¡Les suplica ese Pablo tan humilde entre ustedes y tan prepotente cuando está lejos!"  Pablo está citando a sus enemigos en Corinto.  Ellos decían que Pablo, cuando estaba lejos era muy atrevido, pero que cuando estaba presente pues era muy pequeño, muy humilde, y nada confiado.  En cambio ellos se sentían como super-apóstoles (11:5).  Se consideraban como profesionales, oradores y maestros de alta categoría.  Pablo ruega a los corintios fieles que no participen en este reto o desafío de su osadía, porque si era necesario, cuando llegara a Corinto usaría de osadía en contra de los que le insultaban (ver. 2).

 

      10:2 -- "ruego, pues, que ... según la carne".  No quiso Pablo cuando llegara a Corinto tener que usar de osadía contra los hermanos fieles, como pensaba tener que hacer contra sus enemigos.  La palabra "algunos" en este versículo representa a los que causaban el problema en Corinto, y que representaban mal a Pablo, como si él anduviera como gente mundana con tácticas carnales.  Pablo estaba dispuesto a actuar resueltamente contra ellos, y si los hermanos fieles se dejaban engañar por ellos, tendría que actuar de igual manera contra ellos.  Esto les ruega que se evite.

 

      10:3 -- "Pues aunque ... la carne".  Aunque somos humanos, dice Pablo, andando en la carne, no nos portamos en nuestra lucha contra el mal como actúan hombres dejados a su propia sabiduría.  Actuar según la carne es seguir la sabiduría humana (Sant. 3:14-16), empleando las tácticas de calumnia y fal­sa representación, porque para el hombre carnal este comportamiento es "sabio"; es la manera de lograr fines deseados.  Así actuaban los falsos hermanos en Corinto. 

 

      En la hermandad hoy en día, en cuanto a la división que han causado los hermanos liberales que son promotores de la centralización y del institucionalismo, algunos de ellos han empleado las mismas tácticas carnales, militando según la carne.  Acusan a sus oponentes de ser divisionistas, carentes de amor para con los huérfanos, en contra de la cooperación, y como lo expresó uno de ellos en una carta circular en España, "son anti todo y más".  En un país de Centroamérica se circula que los "antis" son adúlteros, dejando la impresión en la mente de los ingenuos de que el adulterio caracteriza a ellos. Se han circulado cartas difamando en muchas formas a los que nada más insistimos en que toda práctica nuestra tenga autorización bíblica.  Las tácticas carnales de ellos exponen la falsedad de lo que promueven.  La verdad no es servida de tales tácticas.

 

      10:4 --  "porque las armas ... carnales".  Pablo dice que no militaba según la carne porque sus armas de milicia no eran carnales.  No tenía metas carnales, y por eso no tenía que emplear armas carnales.  Los que emplean armas (tácticas) carnales lo hacen para alcanzar fines carnales.  Pablo no era guiado por la vanidad, la ambición mundana, o el sentimiento humano. No se encontraba bajo dirección humana, y por eso no se encontraba en una lucha puramente humana.  ¿Para qué, pues, usar armas carnales?  No tenía por qué usarlas, pero sus enemigos, sí.  Véanse 1 Cor. 4:18; 2 Cor. 11:15,18).

      --"sino poderosas ... de fortalezas".  Que no fueran carnales sus armas, no significaba que fueran débiles.  Todo lo contrario; eran poderosas para la tarea en la cual Pablo las empleaba.  Véase Efes. 6:10-17.  Como las máquinas de guerra de esos tiempos eran poderosas para tumbar paredes de fortalezas, así también las armas de Pablo, que eran la verdad de Dios (1 Cor. 2), podían derribar la fortaleza del pecado.  La verdad es suficiente para exponer la falsedad del error, y lo hueco de la sofistería, las deducciones y los razonamientos del hombre.

      Posiblemente Pablo alude a sus poderes milagrosos como parte de sus armas poderosas espirituales (1 Cor. 4:19,20; 2 Cor. 12:12).

 

      10:5 -- "derribando argumentos ... de Dios".  "derribando razonamientos", dice la Ver. Moderna, y otras.  La verdad es capaz de vencer a todo razo­namiento humano que se ensalza contra el conocimiento de Dios.  La humana sabi­duría, basada en la altivez del corazón del incrédulo, es hueca y transparen­te.  La espada del Espíritu, que es la palabra de Dios" (Efes. 6:17), la derri­ba fácilmente.  El hombre que se opone a la verdad de Dios (a Dios mismo se o­pone), es arrogante, vano, y presuntuoso.  Sus razonamientos reflejan su vanidad.  Está en contra del conocimiento de Dios porque la palabra de Dios está en contra de él.  Véase 1 Cor. 3:18-23.

      --"y llevando cautivo ... a Cristo".  No obstante, la palabra de Dios es poderosa en el proceso de cambiar el pensar del hombre, trayéndole a la obediencia a Cristo.  Hombres grandes y humildes, reyes y esclavos, han sido persuadidos a obedecer al evangelio de Cristo por medio de la predicación de la verdad (1 Cor. 1:18-31).  Las legislaciones humanas a cierto grado controlan al hombre, pero solamente el evangelio tiene el poder de cambiar el corazón del hombre "sabio en este siglo" (Rom. 1:16).  Cambiado el corazón, hay esperanza de cambios vitales y perdurables en la sociedad humana.  Las leyes huma­nas no lo logran.

 

      10:6 -- "y estando prontos ... perfecta".  En estas palabras Pablo no se dirige a los fieles en Corinto (7:11), sino a sus detractores que tanto estorbaban a la iglesia en Corinto. 

      (Nótese que el que en realidad estorba lo que es bueno y correcto siempre acusa de ESTORBAR a sus oponentes.  El acusa a otros de lo que él mismo es culpable.  Considérese el ejemplo de esto en 1 Reyes 18:17,18.  Hoy en día mis hermanos en la fe que han dividido la hermandad con la introducción de la centralización y el institucionalismo, como la dividieron en el siglo pasado los innovadores de la Sociedad Misionera, me acusan a mí de divisionista, exactamente como los liberales del siglo pasado acusaban a sus oponentes de ser divisionistas.  Es una táctica de diversión, y una de las armas carnales que emplean los que introducen prácticas no bíblicas).

      Pablo había advertido que si fuera necesario castigaría la desobediencia (1 Cor. 4:18-21).  Lo va a repetir en 13:2 de esta carta.  No alardeaba.

      Pospuso su viaje a Corinto, para dar tiempo a los hermanos para corregir sus faltas (1:23,24).  Para cuando él llegara, la obediencia de los arrepentido estaría completa.  A los no arrepentidos, los castigaría, usando de severidad (13:10).  Compárese Rom. 11:22.

 

      10:7 -- "Miráis las cosas según la apariencia".  "¿Veis las cosas según la apariencia exterior?" (Ver. Biblia de las Américas, nota al pie de la  página).  Pablo se dirige, ahora que está para hacer defensa de su apostolado, a los hermanos corintios que simpatizaran con los judaizan­tes.  Ellos mira­ban las cosas superficialmente.  Debían haber visto lo que en realidad eran los judaizantes en profesión, actuación y motivo, pero Pablo siempre lo declara a ellos.  Véase también 11:20-33.  Los hermanos no siempre son objetivos en sus juicios; algunos se dejan llevar por la apariencia.  Esto no es sabio.

      --"Si alguno ... somos de Cristo".  Los que atacaban a Pablo reclamaban ser de Cristo.  Pero, ¿cómo lo podían ser y al mismo tiempo desacreditar a uno que sin duda alguna era de Cristo?  Desde su conversión Pablo se sometía a la voluntad de Cristo (Hech. 22:10; 26:19; Gál. 2:20; 6:17).  Los corintios sabían esto.  ¿Habían visto esto en los judaizantes venidos de Judea?  Nadie podía con razón reclamar ser de Cristo sin reconocer al mismo tiempo que Pablo era de Dios.  La prueba estaba en la conducta.

 

      10:8 -- "Porque aunque me ... avergonzaré".  El gloriarse de los judaizantes obligaba a Pablo a gloriarse algo también, pero en su autoridad.  La veracidad de la iglesia de Dios en Corinto dependía de la veracidad del apostolado de Pablo.  Ahora, Dios dio a Pablo esa autoridad (la comisión como relatada en Hech. 26:16-20) con el fin de edificar almas en lo espiritual y así traerlas a la herencia para los santos.  En Corinto Pablo usó de milagros para confirmar su mensaje (12:12).  En nada se exaltaba a sí mismo, ni se ocupaba en destruir, cosas en que los judaizantes sí se ocupaban.  No edificaban; tumbaban, al oponerse a Pablo y a enseñorearse de los corintios.  Compárense 1:24 y 11:20.  Pablo edificaba a la iglesia; ellos la destruían. 

      Lo mismo pasa hoy en día cuando los llamados "líderes" se presentan como estando "al frente de la iglesia" y quienes "se encargan de la obra", y manejan los asuntos de la congregación, como si la iglesia fuera de su propiedad.  Eso destruye una iglesia que profesa ser de Cristo; no es de Cristo, sino de ellos.

      Pablo, aunque ahora se le obligaba a gloriarse algo en su autoridad de apóstol, siempre tenía confianza en que su mensaje a los corintios lograría los fines deseados y así no sería avergonzado por el resultado de todo eso.  Algu­nos en Corinto aparentemente prestaban atención a los judaizantes y estaban influidos por ellos, pero Pablo estaba confiado de que la verdad ganaría la vic­toria en la batalla contra los falsos.  No sería, pues, avergonzado.

 

      10:9 -- "para que no  ... por cartas".  Aquí Pablo alude a las falsas representaciones de los judaizantes, de que Pablo amenazaba mucho pero que no tenía poder suficiente para llevarlo a cabo, que nada más asustaba al lector.  No, no era así.  No escribió puras amenazas para asustar.  Lo que dijo, por ejemplo en 1 Cor. 4:19-21, y ahora dice en 13:10, no son puras amenazas para asustar.  Son advertencias genuinas de parte de su padre en el evangelio que les ama.

     

      10:10 -- "Porque a la verdad ... menospreciable".  Lo que decían los judaizantes en Corinto en contra de Pablo eran insultos crueles.  Habían insinuado que no cumplía con la palabra (1:17), y que no tenía cartas de alta recomendación como tenían ellos (3:1).  Además de eso decían que escribía cartas duras, pero que en realidad su presencia física era poco impresionante y su manera de hablar menospreciable.  Usaban de desprecio y desdén.  Su meta era destruir la confianza de los corintios en el que les trajo el evangelio.  Así pensaban  poder introducirse a sí mismos más efectivamente en la iglesia en Corinto.

      Este proceder mundano es visto hasta la fecha en la hermandad, de parte de hermanos liberales que a toda costa quieren anular la buena influencia de quienes exponen los errores de ellos.  Se ha dicho que algunos son muy simpáticos en apariencia, para meterse secretamente en congregaciones y así lograr divi­dirlas.  Las tácticas carnales siempre revelan la falsedad de quienes las emple­an

 

      10:11 -- "Esto tenga ... estando presentes".  Pablo aseguró a tales hombres que le acusaban de cobardía, y de otros defectos, que las amenazas de sus cartas, hechas con la autoridad de apóstol, no eran huecas.  Seguramente cumpliría con la palabra, si era necesario, una vez que llegara a Corinto.  Cual era en palabra, tal sería en obra; no había diferencia.  De esto podrían ellos estar seguros.

     

      10:12 -- "Porque no nos ... a sí mismos".  Pablo se gloriaba de su autoridad como apóstol (ver. 8), pero no se atrevía compararse con los "falsos apóstoles" (ver. 13).  (Los "algunos" de este versículo son los mismos a que se refiere el ver. 2).  El recibió su autoridad directamente de Cristo (ver. 8); ellos alzaron su propia norma de grandeza por la cual se medían.  En esta manera podían alabarse grandemente.

      --"pero ellos, ... juiciosos".  No eran sensatos en medirse entre sí mismos y en compararse consigo mismos.  La base de la verdadera relación con Cristo consiste en la palabra apostólica (Hech. 2:42; 1 Jn. 4:1-6; Mat. 10:40; Luc. 10:16; Jn. 13:20).  Seguramente no consiste en reclamaciones vanagloriosas.

      Pablo rehusaba compararse con ellos, y ellos en ninguna manera podían compararse con Pablo (en servicio fiel a Cristo).

 

      10:13 -- "Pero nosotros no ... hasta vosotros".  Pablo se gloriaba en su apostolado, conforme a la regla que Dios le dio para determinar su esfera de operaciones.  Había sido comisionado a ir a predicar a todo el mundo (Hech. 26:17), y más tarde a los gentiles en particular (Hech. 13:46; Gál. 2:7-9; Rom. 15:17-21)).  En diferentes ocasiones recibió directivas sobrenaturales del Señor mismo (Hech. 16:6-10; 23:11).  Bajo esa comisión (la regla divina), Pablo había llegado a Corinto, donde convirtió almas y así quedó establecida una iglesia de Cristo (1 Cor. 3:6; 4:15; Hech. 18:1-18).  Ahora, ¿con qué au­toridad habían llegado los falsos apóstoles a Corinto para destruir ese "templo de Dios" (1 Cor. 3:16,17)?  No eran ministros de Cristo, sino de Satanás (11:13-15).

 

      10:14 -- "Porque no nos hemos ... hasta vosotros".  "Porque no es cierto (como si no alcanzásemos a vosotros), que nos hemos excedido de nuestros linderos", Ver. Moderna.  "Pues no estamos excediéndonos a nosotros mismos, como si no os alcanzáramos", Ver. Biblia de las Américas.

      En llegar hasta Corinto a predicar el evangelio, Pablo no excedió los límites de la medida (ver. 13) que Dios le dio para predicar.  Corinto estaba dentro del campo de actividad de Pablo en el evangelio.

      --"pues fuimos los primeros ... de Cristo".  La iglesia de Dios en Corinto (1 Cor. 1:2) vino a existir a consecuencia de las labores de Pablo, y no de ningún otro. 

 

      10:15 -- "No nos gloriamos ... ajenos".  Pablo no entraba en campos ya trabajados (Rom. 15:20,21).  ¿Podían los falsos maestros en Corinto decir esto?  ¿Podían gloriarse de esto? 

      Si para gloriarse en los corintios Pablo hubiera tenido que entrar en el trabajo de otros, reclamando que los otros eran nada más agentes de él, se habría gloriado "desmedidamente".  Pero no fue así.  (Con los falsos sí fue así).

      No es malo entrar en campos ya sembrados.  Por ejemplo, Apolos entró a trabajar en donde Pablo ya había trabajado (Hech. 18:27,28; 1 Cor. 3:6-11).  Pero Apolos edificaba sobre el fundamento que el apóstol Pablo había puesto.  En cambio los falsos en Corinto iban derribando la obra de Pablo allí.

      (De vez en cuando hermanos liberales se oyen decir, quejándose y representándonos mal, que otros y yo entramos en iglesias establecidas por ellos para destruirlas; que no tenemos dónde predicar en nuestro propio país, y que por eso vamos al extranjero, buscando dónde predicar.  Desde luego decir tal cosa es mentir.  Si uno predica la verdad, tiene permiso de hacerlo dondequiera, y en cualquier congregación que le invite.  Pablo no se quejaba de que otros predicaran en Corinto después de él (pues Apolos lo hizo), sino de que otros sobreedificaran mal (1 Cor. 3:10).

      Predicar la verdad no destruye congregaciones.  En lugar de gritar "divisionistas", que los hermanos liberales muestren en qué estamos mal en nuestra enseñanza.  Esto no lo hacen porque no pueden.  No nos reciben; algunos rehusan vernos.  Se esconden, y lanzan sus críticas injustas a espaldas de nosotros. ¡Esto no lo hizo Pablo!  Pablo prometió tratar con sus oponentes según fuera necesario cuando llegara a Corinto (13:2).

      --"sino que esperamos ... nuestra regla".  Pablo esperaba que, al crecer la fe de los corintios, ellos le tendrían con debido aprecio, reconociendo que en realidad como apóstol de Cristo actuaba dentro de su medida en predicar en Corinto y hacer conversos allí.  Con la misma autoridad apostólica ahora seguía trabajando con ellos por carta.  Esto también se conformaba a su medida.

 

      10:16 -- "y que anunciaremos ... preparado".  Continúa la expresión de su esperanza respecto a los corintios.  Esperaba que al crecer la fe de ellos sería engrandecido en sus mentes y que así no solamente entre ellos, sino aun en lugares más allá de ellos (Rom. 15:26-28), podría seguir trabajando en el evangelio, sin entrar en campos ya sembrados por otros.

      Puede haber una indicación en sus palabras de que esperaba que, como otras iglesias habían tenido comunión con él en predicar (Fil. 4:14-16), ellos también le enviaran sostenimiento para predicar.  De todos modos Pablo expresa la esperanza de que ellos aumentarían el lugar en sus afectos para él para la extensión de la obra del evangelio.

 

      10:17 -- "Mas el que ... Señor".  Véanse 1 Cor. 1:31; Jer. 9:23,24.  Pablo se gloriaba en lo que Dios le había permitido hacer (ver. 13), y no en las labores de otros.  Con estas palabras condenó a los "falsos apóstoles" en Corinto que se recomendaban a sí mismos y se comparaban consigo mismos, aparte de haber entrado en las labores de Pablo, desacreditándole y procurando destruir su obra.

 

      10:18 -- "porque no es ... Dios alaba".  Los falsos maestros en Corinto no buscaban la aprobación de Dios; se contentaban con nada más encomiarse a sí mismos.  Eran arrogantes, soberbios.  Pero a Pablo le concernía la aprobación de Dios, cosa que viene al que Dios alaba.  Dios alaba a la persona por la cual se le permite obrar.

      Para Pablo no era de ninguna importancia cómo otros le juzgaran; ni a sí mismo se juzgaba.  Lo que le importaba era tener la aprobación de Dios, porque Dios es quien nos juzga (1 Cor. 4:3,4).  Pablo permitía que Dios obrara por medio de él, y así logró la aprobación de Dios.  ¡Qué diferente fue la situa­ción de los falsos maestros en Corinto, como también de los muchos autollamados "líderes" y "misioneros" que hoy en día en su arrogancia amenazan a quienes expongan sus errores y los representan con toda clase de mentira!  Estos se consideran muy grandes, basándose en sus títulos y posiciones de mando, y alabándose a sí mismos.  Tienen de todo menos la aprobación de Dios.  ¡Qué triste es esto! 

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