NOTAS SOBRE 2 CORINTIOS

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, 1997)

 
 


CAPITULO 12

 

      12:1 -- "Ciertamente no me conviene gloriarme".  "Es preciso gloriarme, aunque en verdad no me conviene", Ver. Moderna.  "El gloriarse es necesario, aunque no es provechoso", Ver. Biblia de las Américas.  Pablo sentía la necesidad de seguir jactándose porque las falsas representaciones y reclamaciones de sus oponentes judaizantes (11:5,13; 12:11), y la actitud de los corintios ante ello (12:11), le obligaban a hacerlo.  El gloriarse en sí, basándose en lo que es puramente humano, nunca conviene; nada se gana con ello.  Pablo mismo había probado su apostolado, entre otras cosas por medio de los milagros que hizo en Corinto (v.12).  Pero las circunstan­cias del momento le forzaron a continuar gloriándose, pero no como persona en sí, sino como instrumento usado directamente por Dios.  Véase 10:8,13; 11:10.    "pero vendré ... del Seor".  Una visión era una medida sobrenatural para traer ante la vista de la persona ciertas verdades (por ej., Hech. 10:3-17; 9:10; 9:27; 18:9; 22:17-21; 23:11).  Pablo había tenido varias visiones del Señor.  Ahora pasa a contar acerca de una en particular, en la cual vio las glorias del cielo.

      Las revelaciones eran descubrimientos de verdades por conducto sobrenatural (por ej., Hech. 13:2; 1 Tim. 4:1).  La palabra griega para decir "revelación" (APOCALIPSIS, Gál. 1:12; Apoc. 1:1) significa literalmente descubrir para que lo antes oculto ahora se vea.

 

      12:2 -- "Conozco a un hombre . . . Dios lo sabe").  Desde luego Pablo se refería a sí mismo (v.7), pero presenta el caso en forma completamente impersonal para no dejar la impresión de estar gloriándose como persona en sí. Una persona, queriendo gloriarse en su propia exaltación, habría dicho: "Nada menos que yo fui arrebatado al tercer cielo".  En todo esto Pablo muestra su humildad.

      No sabía Pablo si en la referida visión fue llevado en cuerpo o fuera del cuerpo (es decir, en puro espíritu) para ver las cosas en el Paraíso.

      Si esta carta fue escrita en el año 57 d. de J.C., entonces la referida visión aconteció más o menos en el año 43, el tiempo de los eventos de Hechos 13:1-3.

      --"fue arrebatado hasta el tercer cielo".  Según el pensar judaico, y su modo de expresarlo, el primer cielo era el lugar del aire en el cual vuelan las aves (Gén. 2:19), el segundo el espacio donde están el sol, la luna y las estrellas (Mat. 24:29), y el tercero el lugar de la habitación de Dios (Mat. 5:16, que comúnmente decimos, el cielo).  Pablo fue arrebatado al cielo, al lugar de la presencia de Dios.

 

      12:3 -- "Y conozco ... lo sabe".  Pablo repite lo que escribió en el versículo anterior, para enfatizar lo completamente impersonal del evento.  El even­to lo experimentó una persona que Dios escogió para ello, y solo Dios sabía si fue llevada en cuerpo o fuera del cuerpo al Paraíso.  Claro que esa persona era Pablo, pero declara el evento de tal manera que nadie podría acusarle de vanagloria.

 

      12:4 -- "que fue arrebatado al paraíso".  Lo que Pablo en el ver. 2 llama "el tercer cielo" aquí lo llama "el paraíso".

      La palabra griega para decir Paraíso, PARADEISOS, aparece en el Nuevo Testamento solamente aquí, en Luc. 23:43, y en Apoc. 2:7. 

      Esta palabra es de origen oriental, significando un parque encerrado como los que tenían los reyes persas y otros nobles.  A la mente oriental significa­ba la totalidad de bienaventuranza.  En el Antiguo Testamento, en la Versión de los Setenta, aparece en Gen. 2:8 y en 3:1,2 con referencia al huerto de Edén (como también en Ezeq. 31:8,9).  Véanse también Neh. 2:8 (bosque); Ecles. 2:5 (huerto); Cantares 4:13 (paraíso).

      En Luc. 23:43 la referencia se hace al lugar o estado (en el Hades, Luc. 16:22-26) en que las almas de los salvos, encomendadas al cuidado de Dios (Luc. 23:46), esperan el día de la resurrección.  (Recuérdese que Cristo no ascendió al Padre aquel día; no fue al "cielo", Juan 20:17).

      En Apoc. 2:7 la palabra griega PARADEISOS se usa figuradamente para indicar el lugar de supremo gozo y salvación para los redimidos.  Es figura del cielo donde mora Dios.

      --"donde oyó ... expresar".  El uso que Pablo aquí hace de la palabra griega referida indica que fue arrebatado a la presencia de la Deidad, donde se le permitió ver y oír cosas que no conciernen al hombre mortal, por no ser parte de la revelación de Dios al hombre, y que por eso "a hombre alguno le es permitido proferir" (Ver. Hispano-americana).  Considérese 1 Jn. 3:2.

 

      12:5 -- "De tal hombre ... en mis debilidades".  Pablo pudo gloriarse de "tal hombre" porque el caso tuvo que ver con lo que el Señor, y no él, había hecho (el haber llevado a Pablo al Paraíso).  Aunque los falsos en Corinto se gloriaban en sí mismos, Pablo rehusaba hacerlo, excepto para gloriarse en sus debilidades.  Véase 11:30.  Pablo se gloriaba solamente en el Pablo des­crito en 11:23-33.  Aquellos falsos no podían criticar a Pablo en nada, pues él se gloriaba en sus debilidades, cosa que ellos no harían, y en el "otro Pablo" a quien el Señor, sin mérito propio de parte de Pablo, permitió que tuviera visiones tan sobresalientes.

 

      12:6 -- "Sin embargo ... oye de mí".  Habría sido para Pablo insensatez gloriar­se en sí mismo, como lo hacían sus detractores, exagerando las cosas e inventando mentiras, para parecer muy grandes en la vista de los hombres.  Si hubiera querido gloriarse en sus logros personales, siempre diría la verdad.  Pero ni eso convenía.  Aunque el Señor había hecho cosas grandes con él, no quería Pablo que nadie pensara de él más de lo que veían en su vida y oían de sus labios.  Véanse 4:7; 1 Cor. 4:6.

      Un servidor verdadero de Cristo, por grandes las experiencias que en la vida el Señor le dé, siempre es humilde, y bien reconoce que en él mismo no reside ningún mérito ni poder en el plan de Dios de salvación.  --  He oído de numerosos casos en Centro América en los últimos años en que los llamados "misioneros" y "líderes" han tratado de callar a hermanos sinceros, recordándoles de que ellos son graduados de ciertos "seminarios" o "institutos bíblicos" y que por eso tienen autoridad al hablar mientras que los hermanos no saben de qué hablan.  Tales hermanos vanagloriosos y huecos en carácter están imitando a los falsos hermanos en Corinto.

 

      12:7 -- "Y para que ... enaltezca sobremanera".  Aunque Pablo usa el plural, diciendo "revelaciones", es obvio que se refiere en particular al evento cuando fue llevado a la gloria del cielo.  Hasta la fecha ningún hombre había tenido tal experiencia (la del apóstol Juan, Apoc. 1:9-20, sucedió más tar­de).  En tal experiencia una persona no tan dedicada al Señor como Pablo tendería a gloriarse, y la gente a gloriarse en él (en lugar de en Cristo). Pablo siempre cuidaba de su espiritualidad para no perderse (1 Cor. 9:27).  No obstante, en la sabiduría de Dios convino que se le diera un "aguijón en la carne", o sea una indeseable condición física y crónica, para evitar el enaltecerse demasiado.

      Dios permitió que Satanás le hiriera a Pablo con ese mal.  Compárense Job 1:9--2:7 (Sant. 5:10,11) y Luc. 13:16.  De Dios vienen solamente dádivas buenas (Sant. 1:17), pero Dios reina en el universo; todo lo controla.  A Satanás a veces Dios le permite que haga males para realizar sus buenos propósitos.

      Ese mal le abofeteaba.  Este mismo verbo se encuentra también en Mat. 26:67 y en 1 Cor. 4:11.

      No se sabe cuál era en particular ese mal.  Ha habido mucha especulación vana.  Las Escrituras no existen para satisfacer la curiosidad del hombre.  No nos importa saber algunos detalles.

      Compárese Gál 4:13,14.

 

      12:8 -- "respecto a lo ... de mí".  Tres veces Pablo pidió a Dios que se le quitara ese mal en la carne que le afligía.

 

      12:9 -- "Y me ha dicho ... la debilidad".  El Señor no le concedió lo que pedía.  Compárese el caso de Jesucristo, Heb. 5:7; Mat. 26:39,42; Mar. 14:36.  Dios oyó la petición de Cristo; oyó la de Pablo.  Pero ellos oraban que se hiciera la voluntad del Padre en todo, y así debemos nosotros orar (1 Juan 5:14).  Dios contesta nuestras oraciones, hechas conforme a Sus instrucciones, de maneras que reflejan la sabiduría de El, y no la nuestra.  Nos toca hacerle saber en oración nuestras peticiones (Fil. 4:6,7), pero no nos toca decirle cómo o en qué manera El nos las conteste.

      Dios contestó las oraciones de Pablo sobre el particular, asegurándole que le daría su gracia que sola sería adecuada para el caso.  Dios no promete al cristiano completa libertad de tentaciones (2 Tim. 3:12), pero sí promete al fiel la salida para poder vencerlas (1 Cor. 10:13; Mat. 6:13).

      La gracia de Dios (Su cuidado providencial) siempre basta para cualquier necesidad que tenga el cristiano fiel.  Siempre Dios conduce en victoria al cristiano fiel (2:14).   Compárese 1 Cor. 15:10.  ¡Véase Heb. 4:16!

      El aguijón en la carne representaba la debilidad de Pablo; las revelaciones y visiones de Dios, el poder de Dios.  Su alguno, tan débil en la carne, podía experimentar el triunfo y la victoria, era evidente que Dios obraba en él.  Sólo Dios puede conquistar y vencer, haciendo uso de vasos enfermos y débiles.  Su poder, pues, es perfeccionado en la debilidad (del hombre).

      La visita de Pablo al Paraíso bien pudo haber resultado en hacer que se gloriara en sí mismo, haciéndose así un instrumento inútil como apóstol de Cristo.  Por eso el Señor permitió que Satanás le afligiera con el mal crónico, pero al mismo tiempo le prometió proporcionarle Su gracia para "el oportu­no socorro".

      --"Por tanto, ... el poder de Cristo".  Muy gustosamente Pablo se gloriaba en sus debilidades personales, porque solamente así permitía al Todopoderoso que Su espíritu residiera en él.  (En cambio, los detractores de Pablo en Corinto, siempre gloriándose en sí mismos, no tenían ninguna demostración de poder de Cristo habitando en ellos porque el poder de Cristo no mora en los autosuficientes).

      Cristo había prometido enviar a los apóstoles el Espíritu Santo (Hech. 1:8).  Eso se cumplió el día de Pentecostés (cap. 2).  El Espíritu Santo seguía capacitándoles para su obra (2:43; Heb. 2:3,4), aunque en sí ellos eran nada más "vasos de barro".  Todo esto demostraba que el poder era de Dios, y nunca de los hombres (2 Cor. 4:7).  Cuando Pablo estaba en Corinto, había sido usado por el Espíritu de Cristo en la ejecución de milagros (12:12).  Como cubre una carpa, o tienda, al peregrino en el desierto, la gracia (cuidado providencial) del Señor siempre protegía a este gran servidor de Cristo, porque no se gloriaba en sí mismo, sino en el poder de Cristo.

      12:10 -- "Por lo cual, ...entonces soy fuerte".  Estas palabras expresan el clímax, o conclusión, del gloriarse de Pablo, ya que se le obligó hacer­lo (v.11).  Otros podían gloriarse en la carne (Fil. cap. 3), pero el sabio Pablo, amando al Señor, prefería gloriarse en las cosas que el hombre considera de pura debilidad y deshonra (11:23-33), porque sabía que su fuerza consistía  en tener reposando en él el poder de Cristo.  Si el pobre hombre, vanaglorioso, engreído y presuntuoso, no puede contar con el poder de Cristo reposado en él, a pesar de todas sus reclamaciones, verídicas o imaginarias, ¡no es nada fuerte!

      Solamente en la Causa de Cristo puede el hombre soportar las cosas en este versículo mencionadas, y siempre salir triunfante y fuerte.  Solamente en depender del poder de Cristo puede el hombre glorificar a Dios.  Solamente con esta comprensión y actitud puede el hombre gozarse o sentir gusto en tales cosas débiles, desde el punto de vista humano.  Véase 4:10. 

      Como 6:10 es paradójico, también este versículo (12:10).  Pero ¡es la pura verdad!

 

      12:11 -- "Me he hecho ... por vosotros".  Es necedad gloriarse en la carne; a Pablo le dio pena tener que hacer lo que sería visto como gloriarse (11:l,16,17; 12:1).  Pero fueron los corintios los que le obligaron a hacerlo, porque en lugar de recomendarle delante de los falsos en Corinto, hicieron mucho caso de ellos, siendo grandemente impresionados por sus reclamaciones presuntuosas (11:20).  Pablo era el padre de ellos en el evangelio, no aquéllos (1 Cor. 4:15).  Su autenticidad como iglesia de Cristo dependía del apostolado de Pablo y de la verdad que predicó allí.  El les había repartido muchos dones milagrosos (1 Cor. 12:8-10) de tal modo que a ellos no les falta­ba nada (1:4-7).  ¿Por qué, pues, permitían que los falsos en Corinto le desacreditaran, así obligando a Pablo a tener que en un sentido compararse con aquéllos?  La culpa en todo esto, que para Pablo era tan desagradable, la tenían los corintios.

      --"porque en nada ... nada soy".  Aunque Pablo admitía libremente que no tenía nada en sí mismo en que gloriarse, sino que el poder y la gloria eran de Dios y por la gracia de Dios (1 Cor. 4:9-13; 15:8-10), al mismo tiempo no era inferior en nada a aquellos maestros vanagloriosos en Corinto que reclamaban falsamente ser apóstoles (o iguales a los apóstoles)(2 Cor. 11:13).  Aquellos ha­bían atacado a Pablo para congraciarse con la iglesia en Corinto, la cual era fruto de las labores de Pablo.  Ahora Pablo recuerda a la iglesia que aquéllos no le llevaban ninguna ventaja en nada.

 

      12:12 -- "Con todo ... toda paciencia".  La Ver. Hispano-americana dice, "Entre vosotros ciertamente...".  La Moderna dice, "Verdaderamente".

      Los corintios no tenían excusa por qué obligar a Pablo a defenderse ante los ataques de los "super-apóstoles".  Verdaderamente él había probado su apostolado cuando en el principio del evangelio en Corinto había ejercido las señales de un apóstol, y esto mientras sufría con paciencia las persecuciones (He­chos 18:1-11).  En cambio los falsos en Corinto no podían mostrar nada sino reclamaciones huecas y jactancias personales.

      "por señales, prodigios y milagros".  Véanse Mat. 10:8; Heb. 2:4; Hech. 2:22.  Contrástese 2 Tes. 2:9.  Las "señales" daban a entender a la gente que Dios obraba en la persona.  Algunos milagros dejaban a la gente asombrada y maravillada (por ej., Mar. 2:1-12).  Todos mostraban gran poder de Dios.

 

      12:13 -- "Porque ]en qué ... este agravio!"  Aquí Pablo usa de ironía fuerte, ¡dando a entender lo contrario de lo que dice!  La iglesia en Corinto no era inferior a otras congregaciones en nada.  Los corintios habían sido con­vertidos por un apóstol verdadero de Cristo, quien hizo milagros entre ellos; él les había repartido dones espirituales.  No les faltaba nada (1 Cor. 1:7).  La única diferencia consistiría en que Pablo cobraba salario a otras iglesias, pero no a la iglesia en Corinto (2 Cor. 11:8).  En lugar de haberles causado un agravio, ¡les había favorecido sobre las demás iglesias!  A pesar de todo esto, la iglesia se había dejado persuadir por los falsos apóstoles en contra de Pablo.  En realidad a ella le tocaba pedir perdón a Pablo.

 

      12:14 -- "He aquí, ... ir a vosotros".  Véanse 13:1,2; 2:1.  Los comentaristas difieren mucho con respecto a cuántos viajes hizo Pablo a Corinto. Hechos registra solamente dos (18:1-17 y 20:2,3).  Así que algunos insisten en que Pablo no fue tres veces a Corinto, sino la primera vez (Hech. 18:1-17), luego la "vez" que propuso o intentó ir, y no fue (2 Cor. 1:15-23), y la ir a Corinto, habiendo estado allí dos veces anteriores.  La Ver. Nuevo Testamento Puebla dice, "Esta es la tercera vez que voy a verlos".  La Nueva Versión Internacional dice, "Esta será la tercera visita que os hago".  El Nuevo Testamento Viviente, Biblia al Día, dice, "Voy a visitarlos por tercera vez".

      Probablemente Pablo hizo la segunda visita a Corinto durante los dos aos que estuvo en Efeso (Hech. 19:10).  Si es así, este viaje fue hecho antes de escribirse 1 Corintios.

      --"y no os ... para los hijos".  Véanse 1 Cor. 9:15-17; 2 Cor. 11:7-10.  Pablo buscaba las almas de los corintios, y no sus bienes materiales.  (Se implica en esto que los falsos en Corinto sí buscaban sus bienes materiales).  Pablo se interesaba en el bien espiritual de sus conversos, que fueran fieles al Señor.  Como los padres atesoran para sus hijos, y no éstos para los padres, y como Pablo sostenía la relación de padre espiritual a ellos (1 Cor. 4:15), así había buscado el bien de los corintios, protegiéndoles contra el pecado y los errores de los falsos, tan caros para él que eran ellos.

 

      12:15 -- "Y yo con ... de vuestras almas".  El amor de Pablo para con los corintios no solamente se expresaba en gastar de lo suyo, sino en consumirse él mismo, que es la expresión suprema de amor.  (¿Podían los falsos en Corinto decir tal cosa?)  En esto Pablo imitaba a Cristo (Mat. 20:28).  Ahora, ]por eso los corintios amarían menos a Pablo?  ¡Qué innatural sería!  Seguramente sintieron vergüenza cuando por primera vez esta carta fue leída públicamente en Corinto y oyeron las palabras de este versículo.

 

      12:16 -- "Pero admitiendo esto, ... por engaño".  Pablo había anticipado posibles dificultades con los corintios y por eso determinó no aceptar salario de ellos, sino vivir de sus labores y del dinero donado por las iglesias de Macedonia.  En esto actuó con astucia.  Les "engañó" en el sentido de que ellos no sabían las razones por qué Pablo no aceptaba salario de ellos.  Ahora ellos entenderían sus razones.

 

      12:17 --"¿acaso os he ... a vosotros?"  Esta pregunta retórica, como también la primera del versículo siguiente, implica una respuesta de "no".  Pablo no tomaba dinero de los corintios, como tampoco les explotó por medio de los mensajeros que había enviado a ellos.

 

      12:18 --"Rogué a Tito ... al hermano".  Véase 8:16-24.  No sabemos quién era el hermano aquí referido; los corintios lo sabían, y eso es lo que importa.

      --"Os engañó ... mismas pisadas?"  No, estos hermanos tampoco habían explotado a los corintios.  Tanto ellos, como Pablo, habían procedido con el mismo espíritu de sacrificio personal y amor genuino.  Habían andado en las mismas pisadas, evitando cualquier crítica injusta.  De todo esto los corintios mismos eran testigos.  Pablo siempre andaba libre de la avaricia (1 Tes. 2:3-5).

 

      12:19 -- "¿Pensáis aún que nos disculpamos con vosotros?"  Algunas versiones ponen la frase en el modo indicativo, en lugar del interrogativo.  Por ejemplo, la Ver. Hispano-americana dice, "Hace tiempo venís pensando que nos estamos defendiendo ante vosotros".  La Ver. Biblia de las Américas dice, "Todo este tiempo habéis estado pensando que nos defendíamos ante vosotros".  De cualquier modo, sale el pensamiento igual: ¡Ellos no eran corte de juicio para Pablo!  No se defendía delante de ellos en cuanto a haber tenido que cambiar sus planes de visitarles, o en cuanto a ninguna otra consideración.  No estaba haciendo excusas, sino más bien advirtiéndoles duramente y dándoles instrucciones para su propio bien espiritual.  Era apóstol de Jesucristo, y como tal era juez de ellos (Mat. 19:28); ellos no le juzgaban a él (1Cor.2:15; 4:4).  Les había dado explicaciones de su conducta (1:15-24; 8:20-24; 11:7-12), pero no implicaba que ellos eran algún tribunal para juzgar los méritos de su caso. 

      --"Delante de Dios en Cristo hablamos".  Su motivo en hablar de la manera en que les había hablado no fue quedarse bien con ellos, vindicado y recibido por ellos, sino decir la verdad sobre el caso delante de su Juez, Dios, y restringiéndose dentro de la verdad de Cristo al hacerlo.  Así, instruidos en la verdad como Dios la ve, no se quedarían en la ignorancia que condena el alma.

      --"y todo ... edificación".  Todo lo que les había escrito era para el bien espiritual de ellos.  El aclarar las cosas no era para vindicarse en lo personal delante de ellos, quedando bien con ellos, sino para que ellos mismos tuvieran confianza en el evangelio que él les había predicado y para que así fueran edificados en la santa fe.  Al leer esta carta reconocerían que Dios les estaría mirando, pues todo esto fue dicho delante de Dios, dice Pablo. (Ahora, al no hacer ellos las correcciones necesarias, tendría él que castigar a ciertos miembros cuando llegara, ver. 20,21).

 

      Es cierto que Pablo explicó su caso delante de ellos, y que refutó las acusaciones falsas hechas contra él, pero no lo hizo para razones de ganancia personal, sino ¡para el bien espiritual de los corintios!

 

      12:20 -- "Pues me temo ... desórdenes".  El temor de Pablo en este caso se debía al efecto de la obra de los falsos hermanos en Corinto y al hecho de que muchos hermanos en la iglesia prestaban atención a ellos.  Ellos habían permitido que los males mencionados en este versículo continuaran en la iglesia.  Perpetuaban tales cosas.  La primera carta de Pablo a la iglesia de Dios en Corinto había tenido buen efecto; Tito así lo reportó (7:6-16; 2:5-11), pero la influencia de los falsos continuaba y existía el peligro de que estos males continuarían.  Pablo seguía con el temor que expresó en la primera carta (4:21).  Los males enumerados en este versículo caracterizan los frutos de "ministros de Satanás" (11:13-15).

      La gente de Cloé había informado a Pablo acerca de la carnalidad entre los corintios (1 Cor. 1:10-17; 3:1-4). ¿Ahora volvían los corintios a practicar ta­les cosas?  Los falsos en Corinto contribuirían a todo ello.

      Pablo temía que los referidos males no estarían corregidos para cuando él llegara, y en tal caso él tendría que disciplinar a ciertos miembros, cosa no grata ni placentera para él como tampoco para ellos.  Pero todo estaba bajo el control de ellos; ellos eran quienes determinarían cómo sería el caso al llegar Pablo (1 Cor. 4:21).

 

      12:21 -- "que cuando vuelva ... cometido".  Si Pablo tuviera que ejercer fuerte disciplina al llegar a Corinto, sería caso muy triste.  En lugar de sentir orgullo por ellos, sentiría humillación.  Como Cristo, después de haber hecho tanto por Judas, tuvo que sufrir la traición de él, Pablo, quien había hecho tanto por los corintios, ahora temía que tendría que sufrir pérdida     entre ellos.

      Sobre el arrepentimiento, véase 7:9,10, comentarios.  El arrepentimiento es un cambio de voluntad, producido por la tristeza de haber pecado contra Dios, y que produce reformación de vida.  Temía Pablo que en algunos no hallaría el arrepentimiento para cuando volviera a ellos.

          La inmundicia representa toda forma de impureza sexual, la fornicación la forma usual de ella, y la lascivia el libertinaje o exceso en la práctica.

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