CAPITULO 12
12:1 -- "Ciertamente no me conviene gloriarme". "Es
preciso gloriarme, aunque en verdad no me conviene", Ver. Moderna.
"El gloriarse es necesario, aunque no es provechoso", Ver. Biblia de
las Américas. Pablo sentía la necesidad de seguir jactándose porque
las falsas representaciones y reclamaciones de sus oponentes
judaizantes (11:5,13; 12:11), y la actitud de los corintios ante
ello (12:11), le obligaban a hacerlo. El gloriarse en sí, basándose
en lo que es puramente humano, nunca conviene; nada se gana con
ello. Pablo mismo había probado su apostolado, entre otras cosas
por medio de los milagros que hizo en Corinto (v.12). Pero las
circunstancias del momento le forzaron a continuar gloriándose,
pero no como persona en sí, sino como instrumento usado directamente
por Dios. Véase 10:8,13; 11:10. "pero vendré ... del Seor". Una
visión era una medida sobrenatural para traer ante la vista de la
persona ciertas verdades (por ej., Hech. 10:3-17; 9:10; 9:27; 18:9;
22:17-21; 23:11). Pablo había tenido varias visiones del Señor.
Ahora pasa a contar acerca de una en particular, en la cual vio las
glorias del cielo.
Las revelaciones eran descubrimientos de verdades por conducto
sobrenatural (por ej., Hech. 13:2; 1 Tim. 4:1). La palabra griega
para decir "revelación" (APOCALIPSIS, Gál. 1:12; Apoc. 1:1)
significa literalmente descubrir para que lo antes oculto ahora se
vea.
12:2 -- "Conozco a un hombre . . . Dios lo sabe").
Desde luego Pablo se refería a sí mismo (v.7), pero presenta el caso
en forma completamente impersonal para no dejar la impresión de
estar gloriándose como persona en sí. Una persona, queriendo
gloriarse en su propia exaltación, habría dicho: "Nada menos que yo
fui arrebatado al tercer cielo". En todo esto Pablo muestra su
humildad.
No sabía Pablo si en la referida visión fue llevado en cuerpo
o fuera del cuerpo (es decir, en puro espíritu) para ver las cosas
en el Paraíso.
Si esta carta fue escrita en el año 57 d. de J.C., entonces la
referida visión aconteció más o menos en el año 43, el tiempo de los
eventos de Hechos 13:1-3.
--"fue arrebatado hasta el tercer cielo". Según el pensar
judaico, y su modo de expresarlo, el primer cielo era el lugar del
aire en el cual vuelan las aves (Gén. 2:19), el segundo el espacio
donde están el sol, la luna y las estrellas (Mat. 24:29), y el
tercero el lugar de la habitación de Dios (Mat. 5:16, que comúnmente
decimos, el cielo). Pablo fue arrebatado al cielo, al lugar de la
presencia de Dios.
12:3 -- "Y conozco ... lo sabe". Pablo repite lo que
escribió en el versículo anterior, para enfatizar lo completamente
impersonal del evento. El evento lo experimentó una persona que
Dios escogió para ello, y solo Dios sabía si fue llevada en cuerpo o
fuera del cuerpo al Paraíso. Claro que esa persona era Pablo, pero
declara el evento de tal manera que nadie podría acusarle de
vanagloria.
12:4
-- "que fue arrebatado al paraíso". Lo que Pablo en el ver. 2 llama
"el tercer cielo" aquí lo llama "el paraíso".
La palabra griega para decir Paraíso, PARADEISOS, aparece en
el Nuevo Testamento solamente aquí, en Luc. 23:43, y en Apoc. 2:7.
Esta palabra es de origen oriental, significando un parque
encerrado como los que tenían los reyes persas y otros nobles. A la
mente oriental significaba la totalidad de bienaventuranza. En el
Antiguo Testamento, en la Versión de los Setenta, aparece en Gen.
2:8 y en 3:1,2 con referencia al huerto de Edén (como también en
Ezeq. 31:8,9). Véanse también Neh. 2:8 (bosque); Ecles. 2:5
(huerto); Cantares 4:13 (paraíso).
En Luc. 23:43 la referencia se hace al lugar o estado (en el
Hades, Luc. 16:22-26) en que las almas de los salvos, encomendadas
al cuidado de Dios (Luc. 23:46), esperan el día de la resurrección.
(Recuérdese que Cristo no ascendió al Padre aquel día; no fue al
"cielo", Juan 20:17).
En Apoc. 2:7 la palabra griega PARADEISOS se usa
figuradamente para indicar el lugar de supremo gozo y salvación para
los redimidos. Es figura del cielo donde mora Dios.
--"donde oyó ... expresar". El uso que Pablo aquí hace de la
palabra griega referida indica que fue arrebatado a la presencia de
la Deidad, donde se le permitió ver y oír cosas que no conciernen al
hombre mortal, por no ser parte de la revelación de Dios al hombre,
y que por eso "a hombre alguno le es permitido proferir" (Ver.
Hispano-americana). Considérese 1 Jn. 3:2.
12:5 -- "De tal hombre ... en mis debilidades". Pablo
pudo gloriarse de "tal hombre" porque el caso tuvo que ver con lo
que el Señor, y no él, había hecho (el haber llevado a Pablo al
Paraíso). Aunque los falsos en Corinto se gloriaban en sí mismos,
Pablo rehusaba hacerlo, excepto para gloriarse en sus debilidades.
Véase 11:30. Pablo se gloriaba solamente en el Pablo descrito en
11:23-33. Aquellos falsos no podían criticar a Pablo en nada, pues
él se gloriaba en sus debilidades, cosa que ellos no harían, y en el
"otro Pablo" a quien el Señor, sin mérito propio de parte de Pablo,
permitió que tuviera visiones tan sobresalientes.
12:6 -- "Sin embargo ... oye de mí". Habría sido para
Pablo insensatez gloriarse en sí mismo, como lo hacían sus
detractores, exagerando las cosas e inventando mentiras, para
parecer muy grandes en la vista de los hombres. Si hubiera querido
gloriarse en sus logros personales, siempre diría la verdad. Pero
ni eso convenía. Aunque el Señor había hecho cosas grandes con él,
no quería Pablo que nadie pensara de él más de lo que veían en su
vida y oían de sus labios. Véanse 4:7; 1 Cor. 4:6.
Un servidor verdadero de Cristo, por grandes las experiencias
que en la vida el Señor le dé, siempre es humilde, y bien reconoce
que en él mismo no reside ningún mérito ni poder en el plan de Dios
de salvación. -- He oído de numerosos casos en Centro América en
los últimos años en que los llamados "misioneros" y "líderes" han
tratado de callar a hermanos sinceros, recordándoles de que ellos
son graduados de ciertos "seminarios" o "institutos bíblicos" y que
por eso tienen autoridad al hablar mientras que los hermanos no
saben de qué hablan. Tales hermanos vanagloriosos y huecos en
carácter están imitando a los falsos hermanos en Corinto.
12:7 -- "Y para que ... enaltezca sobremanera". Aunque
Pablo usa el plural, diciendo "revelaciones", es obvio que se
refiere en particular al evento cuando fue llevado a la gloria del
cielo. Hasta la fecha ningún hombre había tenido tal experiencia
(la del apóstol Juan, Apoc. 1:9-20, sucedió más tarde). En tal
experiencia una persona no tan dedicada al Señor como Pablo tendería
a gloriarse, y la gente a gloriarse en él (en lugar de en Cristo).
Pablo siempre cuidaba de su espiritualidad para no perderse (1 Cor.
9:27). No obstante, en la sabiduría de Dios convino que se le diera
un "aguijón en la carne", o sea una indeseable condición física y
crónica, para evitar el enaltecerse demasiado.
Dios permitió que Satanás le hiriera a Pablo con ese mal.
Compárense Job 1:9--2:7 (Sant. 5:10,11) y Luc. 13:16. De Dios
vienen solamente dádivas buenas (Sant. 1:17), pero Dios reina en el
universo; todo lo controla. A Satanás a veces Dios le permite que
haga males para realizar sus buenos propósitos.
Ese mal le abofeteaba. Este mismo verbo se encuentra también
en Mat. 26:67 y en 1 Cor. 4:11.
No se sabe cuál era en particular ese mal. Ha habido mucha
especulación vana. Las Escrituras no existen para satisfacer la
curiosidad del hombre. No nos importa saber algunos detalles.
Compárese Gál 4:13,14.
12:8 -- "respecto a lo ... de mí". Tres veces Pablo
pidió a Dios que se le quitara ese mal en la carne que le afligía.
12:9 -- "Y me ha dicho ... la debilidad". El Señor no
le concedió lo que pedía. Compárese el caso de Jesucristo, Heb.
5:7; Mat. 26:39,42; Mar. 14:36. Dios oyó la petición de Cristo; oyó
la de Pablo. Pero ellos oraban que se hiciera la voluntad del Padre
en todo, y así debemos nosotros orar (1 Juan 5:14). Dios contesta
nuestras oraciones, hechas conforme a Sus instrucciones, de maneras
que reflejan la sabiduría de El, y no la nuestra. Nos toca hacerle
saber en oración nuestras peticiones (Fil. 4:6,7), pero no nos toca
decirle cómo o en qué manera El nos las conteste.
Dios contestó las oraciones de Pablo sobre el particular,
asegurándole que le daría su gracia que sola sería adecuada para el
caso. Dios no promete al cristiano completa libertad de tentaciones
(2 Tim. 3:12), pero sí promete al fiel la salida para poder
vencerlas (1 Cor. 10:13; Mat. 6:13).
La gracia de Dios (Su cuidado providencial) siempre basta para
cualquier necesidad que tenga el cristiano fiel. Siempre Dios
conduce en victoria al cristiano fiel (2:14). Compárese 1 Cor.
15:10. ¡Véase Heb. 4:16!
El aguijón en la carne representaba la debilidad de Pablo; las
revelaciones y visiones de Dios, el poder de Dios. Su alguno, tan
débil en la carne, podía experimentar el triunfo y la victoria, era
evidente que Dios obraba en él. Sólo Dios puede conquistar y
vencer, haciendo uso de vasos enfermos y débiles. Su poder, pues,
es perfeccionado en la debilidad (del hombre).
La visita de Pablo al Paraíso bien pudo haber resultado en
hacer que se gloriara en sí mismo, haciéndose así un instrumento
inútil como apóstol de Cristo. Por eso el Señor permitió que
Satanás le afligiera con el mal crónico, pero al mismo tiempo le
prometió proporcionarle Su gracia para "el oportuno socorro".
--"Por tanto, ... el poder de Cristo". Muy gustosamente Pablo
se gloriaba en sus debilidades personales, porque solamente así
permitía al Todopoderoso que Su espíritu residiera en él. (En
cambio, los detractores de Pablo en Corinto, siempre gloriándose en
sí mismos, no tenían ninguna demostración de poder de Cristo
habitando en ellos porque el poder de Cristo no mora en los
autosuficientes).
Cristo había prometido enviar a los apóstoles el Espíritu
Santo (Hech. 1:8). Eso se cumplió el día de Pentecostés (cap. 2).
El Espíritu Santo seguía capacitándoles para su obra (2:43; Heb.
2:3,4), aunque en sí ellos eran nada más "vasos de barro". Todo
esto demostraba que el poder era de Dios, y nunca de los hombres (2
Cor. 4:7). Cuando Pablo estaba en Corinto, había sido usado por el
Espíritu de Cristo en la ejecución de milagros (12:12). Como cubre
una carpa, o tienda, al peregrino en el desierto, la gracia (cuidado
providencial) del Señor siempre protegía a este gran servidor de
Cristo, porque no se gloriaba en sí mismo, sino en el poder de
Cristo.
12:10 -- "Por lo cual, ...entonces soy fuerte". Estas
palabras expresan el clímax, o conclusión, del gloriarse de Pablo,
ya que se le obligó hacerlo (v.11). Otros podían gloriarse en la
carne (Fil. cap. 3), pero el sabio Pablo, amando al Señor, prefería
gloriarse en las cosas que el hombre considera de pura debilidad y
deshonra (11:23-33), porque sabía que su fuerza consistía en tener
reposando en él el poder de Cristo. Si el pobre hombre,
vanaglorioso, engreído y presuntuoso, no puede contar con el poder
de Cristo reposado en él, a pesar de todas sus reclamaciones,
verídicas o imaginarias, ¡no es nada fuerte!
Solamente en la Causa de Cristo puede el hombre soportar las
cosas en este versículo mencionadas, y siempre salir triunfante y
fuerte. Solamente en depender del poder de Cristo puede el hombre
glorificar a Dios. Solamente con esta comprensión y actitud puede
el hombre gozarse o sentir gusto en tales cosas débiles, desde el
punto de vista humano. Véase 4:10.
Como 6:10 es paradójico, también este versículo (12:10). Pero
¡es la pura verdad!
12:11 -- "Me he hecho ... por vosotros". Es necedad
gloriarse en la carne; a Pablo le dio pena tener que hacer lo que
sería visto como gloriarse (11:l,16,17; 12:1). Pero fueron los
corintios los que le obligaron a hacerlo, porque en lugar de
recomendarle delante de los falsos en Corinto, hicieron mucho caso
de ellos, siendo grandemente impresionados por sus reclamaciones
presuntuosas (11:20). Pablo era el padre de ellos en el evangelio,
no aquéllos (1 Cor. 4:15). Su autenticidad como iglesia de Cristo
dependía del apostolado de Pablo y de la verdad que predicó allí.
El les había repartido muchos dones milagrosos (1 Cor. 12:8-10) de
tal modo que a ellos no les faltaba nada (1:4-7). ¿Por qué, pues,
permitían que los falsos en Corinto le desacreditaran, así obligando
a Pablo a tener que en un sentido compararse con aquéllos? La culpa
en todo esto, que para Pablo era tan desagradable, la tenían los
corintios.
--"porque en nada ... nada soy". Aunque Pablo admitía
libremente que no tenía nada en sí mismo en que gloriarse, sino que
el poder y la gloria eran de Dios y por la gracia de Dios (1 Cor.
4:9-13; 15:8-10), al mismo tiempo no era inferior en nada a aquellos
maestros vanagloriosos en Corinto que reclamaban falsamente ser
apóstoles (o iguales a los apóstoles)(2 Cor. 11:13). Aquellos
habían atacado a Pablo para congraciarse con la iglesia en Corinto,
la cual era fruto de las labores de Pablo. Ahora Pablo recuerda a
la iglesia que aquéllos no le llevaban ninguna ventaja en nada.
12:12 -- "Con todo ... toda paciencia". La Ver.
Hispano-americana dice, "Entre vosotros ciertamente...". La Moderna
dice, "Verdaderamente".
Los corintios no tenían excusa por qué obligar a Pablo a
defenderse ante los ataques de los "super-apóstoles".
Verdaderamente él había probado su apostolado cuando en el principio
del evangelio en Corinto había ejercido las señales de un apóstol, y
esto mientras sufría con paciencia las persecuciones (Hechos
18:1-11). En cambio los falsos en Corinto no podían mostrar nada
sino reclamaciones huecas y jactancias personales.
"por señales, prodigios y milagros".
Véanse Mat. 10:8; Heb. 2:4; Hech. 2:22. Contrástese 2 Tes. 2:9.
Las "señales" daban a entender a la gente que Dios obraba en la
persona. Algunos milagros dejaban a la gente asombrada y
maravillada (por ej., Mar. 2:1-12). Todos mostraban gran poder de
Dios.
12:13 -- "Porque ]en qué ... este agravio!" Aquí Pablo
usa de ironía fuerte, ¡dando a entender lo contrario de lo que
dice! La iglesia en Corinto no era inferior a otras congregaciones
en nada. Los corintios habían sido convertidos por un apóstol
verdadero de Cristo, quien hizo milagros entre ellos; él les había
repartido dones espirituales. No les faltaba nada (1 Cor. 1:7). La
única diferencia consistiría en que Pablo cobraba salario a otras
iglesias, pero no a la iglesia en Corinto (2 Cor. 11:8). En lugar
de haberles causado un agravio, ¡les había favorecido sobre las
demás iglesias! A pesar de todo esto, la iglesia se había dejado
persuadir por los falsos apóstoles en contra de Pablo. En realidad
a ella le tocaba pedir perdón a Pablo.
12:14 -- "He aquí, ... ir a vosotros". Véanse 13:1,2;
2:1. Los comentaristas difieren mucho con respecto a cuántos viajes
hizo Pablo a Corinto. Hechos registra solamente dos (18:1-17 y
20:2,3). Así que algunos insisten en que Pablo no fue tres veces a
Corinto, sino la primera vez (Hech. 18:1-17), luego la "vez" que
propuso o intentó ir, y no fue (2 Cor. 1:15-23), y la ir a Corinto,
habiendo estado allí dos veces anteriores. La Ver. Nuevo Testamento
Puebla dice, "Esta es la tercera vez que voy a verlos". La Nueva
Versión Internacional dice, "Esta será la tercera visita que os
hago". El Nuevo Testamento Viviente, Biblia al Día, dice, "Voy a
visitarlos por tercera vez".
Probablemente Pablo hizo la segunda visita a Corinto durante
los dos aos que estuvo en Efeso (Hech. 19:10). Si es así, este
viaje fue hecho antes de escribirse 1 Corintios.
--"y no os ... para los hijos". Véanse 1 Cor. 9:15-17; 2 Cor.
11:7-10. Pablo buscaba las almas de los corintios, y no sus bienes
materiales. (Se implica en esto que los falsos en Corinto sí
buscaban sus bienes materiales). Pablo se interesaba en el bien
espiritual de sus conversos, que fueran fieles al Señor. Como los
padres atesoran para sus hijos, y no éstos para los padres, y como
Pablo sostenía la relación de padre espiritual a ellos (1 Cor.
4:15), así había buscado el bien de los corintios, protegiéndoles
contra el pecado y los errores de los falsos, tan caros para él que
eran ellos.
12:15 -- "Y yo con ... de vuestras almas". El amor de
Pablo para con los corintios no solamente se expresaba en gastar de
lo suyo, sino en consumirse él mismo, que es la expresión suprema de
amor. (¿Podían los falsos en Corinto decir tal cosa?) En esto
Pablo imitaba a Cristo (Mat. 20:28). Ahora, ]por eso los corintios
amarían menos a Pablo? ¡Qué innatural sería! Seguramente sintieron
vergüenza cuando por primera vez esta carta fue leída públicamente
en Corinto y oyeron las palabras de este versículo.
12:16 -- "Pero admitiendo esto, ... por engaño". Pablo
había anticipado posibles dificultades con los corintios y por eso
determinó no aceptar salario de ellos, sino vivir de sus labores y
del dinero donado por las iglesias de Macedonia. En esto actuó con
astucia. Les "engañó" en el sentido de que ellos no sabían las
razones por qué Pablo no aceptaba salario de ellos. Ahora ellos
entenderían sus razones.
12:17 --"¿acaso os he ... a vosotros?" Esta pregunta
retórica, como también la primera del versículo siguiente, implica
una respuesta de "no". Pablo no tomaba dinero de los corintios,
como tampoco les explotó por medio de los mensajeros que había
enviado a ellos.
12:18 --"Rogué a Tito ... al hermano". Véase 8:16-24.
No sabemos quién era el hermano aquí referido; los corintios lo
sabían, y eso es lo que importa.
--"Os engañó ... mismas pisadas?" No, estos hermanos tampoco
habían explotado a los corintios. Tanto ellos, como Pablo, habían
procedido con el mismo espíritu de sacrificio personal y amor
genuino. Habían andado en las mismas pisadas, evitando cualquier
crítica injusta. De todo esto los corintios mismos eran testigos.
Pablo siempre andaba libre de la avaricia (1 Tes. 2:3-5).
12:19 -- "¿Pensáis aún que nos disculpamos con
vosotros?" Algunas versiones ponen la frase en el modo indicativo,
en lugar del interrogativo. Por ejemplo, la Ver. Hispano-americana
dice, "Hace tiempo venís pensando que nos estamos defendiendo ante
vosotros". La Ver. Biblia de las Américas dice, "Todo este tiempo
habéis estado pensando que nos defendíamos ante vosotros". De
cualquier modo, sale el pensamiento igual: ¡Ellos no eran corte de
juicio para Pablo! No se defendía delante de ellos en cuanto a
haber tenido que cambiar sus planes de visitarles, o en cuanto a
ninguna otra consideración. No estaba haciendo excusas, sino más
bien advirtiéndoles duramente y dándoles instrucciones para su
propio bien espiritual. Era apóstol de Jesucristo, y como tal era
juez de ellos (Mat. 19:28); ellos no le juzgaban a él (1Cor.2:15;
4:4). Les había dado explicaciones de su conducta (1:15-24;
8:20-24; 11:7-12), pero no implicaba que ellos eran algún tribunal
para juzgar los méritos de su caso.
--"Delante de Dios en Cristo hablamos". Su motivo en hablar
de la manera en que les había hablado no fue quedarse bien con
ellos, vindicado y recibido por ellos, sino decir la verdad sobre el
caso delante de su Juez, Dios, y restringiéndose dentro de la verdad
de Cristo al hacerlo. Así, instruidos en la verdad como Dios la ve,
no se quedarían en la ignorancia que condena el alma.
--"y todo ... edificación". Todo lo que les había escrito era
para el bien espiritual de ellos. El aclarar las cosas no era para
vindicarse en lo personal delante de ellos, quedando bien con ellos,
sino para que ellos mismos tuvieran confianza en el evangelio que él
les había predicado y para que así fueran edificados en la santa
fe. Al leer esta carta reconocerían que Dios les estaría mirando,
pues todo esto fue dicho delante de Dios, dice Pablo. (Ahora, al no
hacer ellos las correcciones necesarias, tendría él que castigar a
ciertos miembros cuando llegara, ver. 20,21).
Es cierto que Pablo explicó su caso delante de ellos, y que
refutó las acusaciones falsas hechas contra él, pero no lo hizo para
razones de ganancia personal, sino ¡para el bien espiritual de los
corintios!
12:20 -- "Pues me temo ... desórdenes". El temor de
Pablo en este caso se debía al efecto de la obra de los falsos
hermanos en Corinto y al hecho de que muchos hermanos en la iglesia
prestaban atención a ellos. Ellos habían permitido que los males
mencionados en este versículo continuaran en la iglesia.
Perpetuaban tales cosas. La primera carta de Pablo a la iglesia de
Dios en Corinto había tenido buen efecto; Tito así lo reportó
(7:6-16; 2:5-11), pero la influencia de los falsos continuaba y
existía el peligro de que estos males continuarían. Pablo seguía
con el temor que expresó en la primera carta (4:21). Los males
enumerados en este versículo caracterizan los frutos de "ministros
de Satanás" (11:13-15).
La gente de Cloé había informado a Pablo acerca de la
carnalidad entre los corintios (1 Cor. 1:10-17; 3:1-4). ¿Ahora
volvían los corintios a practicar tales cosas? Los falsos en
Corinto contribuirían a todo ello.
Pablo temía que los referidos males no estarían corregidos
para cuando él llegara, y en tal caso él tendría que disciplinar a
ciertos miembros, cosa no grata ni placentera para él como tampoco
para ellos. Pero todo estaba bajo el control de ellos; ellos eran
quienes determinarían cómo sería el caso al llegar Pablo (1 Cor.
4:21).
12:21 -- "que cuando vuelva ... cometido". Si Pablo
tuviera que ejercer fuerte disciplina al llegar a Corinto, sería
caso muy triste. En lugar de sentir orgullo por ellos, sentiría
humillación. Como Cristo, después de haber hecho tanto por Judas,
tuvo que sufrir la traición de él, Pablo, quien había hecho tanto
por los corintios, ahora temía que tendría que sufrir pérdida
entre ellos.
Sobre el arrepentimiento, véase 7:9,10, comentarios. El
arrepentimiento es un cambio de voluntad, producido por la tristeza
de haber pecado contra Dios, y que produce reformación de vida.
Temía Pablo que en algunos no hallaría el arrepentimiento para
cuando volviera a ellos.
La inmundicia representa toda forma de impureza sexual, la
fornicación la forma usual de ella, y la lascivia el libertinaje o
exceso en la práctica.