CAPITULO 3
3:1 -- Las palabras de 2:14 al 17 no habían de ser
tomadas por los corintios como palabras de auto recomendación.
Evidentemente los falsos hermanos en Corinto acusaban a Pablo de
recomendarse a sí mismo, y que eso evidenciaba que no era apóstol
genuino. Pablo supo de tales acusaciones falsas, tal vez por Tito,
y por eso repetidas veces hace referencia a ello en esta carta
(5:12; 10:12,18; 12:11). Estuvo consciente de la arrogancia de
algunos en Corinto (1 Cor. 4:18; 2 Cor. 10:10), quienes eran capaces
de representar mal al apóstol Pablo.
--"¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos"?
La pregunta implica un "no" como respuesta. La forma gramatical
griega de la frase demanda que la respuesta sea "no". Sería
falsedad acusar a Pablo de recomendarse a sí mismo.
--"¿O tenemos necesidad ... vosotros?" Las recomendaciones
por carta eran comunes en ese tiempo, como lo son hoy en día (Hech.
15:25; 18:27; Rom. 16:1; Col. 4:10; 2 Tim. 4:11; Tito 3:13). Pero
tales recomendaciones pueden ser falibles y se puede abusar de ellas
(Gál. 1:7; 2:12). Los enemigos de Pablo tal vez habían traído de
Judea, o de ciertas iglesias, cartas de recomendación. Ellos las
necesitaban, pero Pablo, ¡no! Sin esas cartas, ellos no eran nadie;
de ellas Pablo no tenía ninguna necesidad. ¡Qué fuerte es la
ironía, o el sarcasmo, de Pablo aquí!
Pablo era el padre de los corintios en el evangelio (1 Cor.
4:15; 3:10). ¿Necesita el padre una recomendación para llegar a sus
hijos? Todo lo que tenían los corintios (la conversión a Cristo,
los dones milagrosos, etc.), de lo cual hubieran podido hacer una
carta de recomendación para otro, lo habían recibido de Pablo.
Ahora, podían ellos facilitarle a Pablo alguna carta de
recomendación? ¿Necesita el padre una carta de recomendación de sus
hijos? Cuando menos para los corintios Pablo ciertamente era
apóstol, ¡pues ellos eran el mismo sello de su apostolado! (1 Cor.
9:2).
3:2 -- "Nuestras cartas sois vosotros". (Otras
versiones bien dicen: "nuestra carta"--singular). En la iglesia de
Dios en Corinto, con sus dones milagrosos recibidos por la
imposición de las manos de Pablo, él tenía su carta de recomendación
de Dios. Seguramente no necesitaría una carta de recomendación para
Corinto mientras existiera dicha iglesia.
--"escritas en nuestros corazones". Esta "carta", o iglesia,
fue escrita por medio de las labores de Pablo, labores de corazón.
El llevaba en su corazón las tribulaciones y demás sentimientos,
inclusive el amor, conectados con el establecimiento de la iglesia
allí. Los hermanos corintios sabían que Pablo les amaba como un
padre ama a sus hijos. Ellos siempre estaban en su corazón.
--"conocidas y leídas por todos los hombres". Corinto era
ciudad principal en el mundo de aquel entonces, como una ciudad
sentada sobre un monte, y por eso el gran cambio de vida, obrada por
el evangelio en los corintios de la iglesia de Dios, daba gran
testimonio al llamamiento de Pablo por Dios de ser apóstol a los
gentiles. Además de vidas cambiadas (1 Cor. 6:9-11), los hermanos
en Corinto tenían dones milagrosos; no les faltaba nada de beneficio
apostólico (1 Cor. 1:5-8; 2 Cor. 12:12). Todo esto daba testimonio
a la obra de Pablo como uno aprobado por Dios. El mundo en general
observaba la existencia y actividad de la iglesia en Corinto, y así
se le aseguraba a Pablo su "carta de recomendación".
3:3 -- "siendo manifiesto ... por nosotros". Los
corintios eran una carta de Cristo, escrita por Pablo, en el sentido
de que Cristo comisionó a Pablo a hacer en Corinto la obra de
predicación en esa ciudad que trajo a la existencia esa iglesia de
Cristo. Si ella era de veras una carta de Cristo, entonces quedaba
aprobada la obra de Pablo, porque él fue quien fundó esa
congregación de cristianos (1 Cor. 3:10).
--"escrito no con ... Dios vivo". La figura de escribir en
corazones también se ve en el Antiguo Testamento (Jer. 31:33; Prov.
3:3).
Pablo ahora comienza un contraste entre el Nuevo Testamento y
el Antiguo, entre la ley de Cristo, la que está todavía en vigor, y
la de Moisés que en parte los judaizantes todavía promovían. En el
ver. 6 empieza un contraste entre las dos leyes, o pactos.
Los hermanos en Corinto representaban una carta, no como una
de papel con palabras escritas en ella con tinta, sino escrita por
el Espíritu Santo, en que su conversión fue lograda por medio de la
predicación de Pablo (1 Cor. 2:1-5), hombre inspirado de Dios. Esta
carta, la cual eran ellos, era de Cristo, y era leída por todos el
mundo al ver la vida de ellos tan cambiada por el evangelio de
Cristo.
--"no en tablas ... del corazón". La frase "tablas de piedra"
apunta al Antiguo Testamento (Deut. 4:13), mientras que la frase
"tablas de carne del corazón" (o, "tablas de corazones humanos",
Ver. La Biblia de las Américas) sugiere al Nuevo Testamento (Jer.
31:31-34; citado en Heb. 8:8-13).
3:4 -- "Y tal confianza ... Dios". Pablo aquí declara
su confianza de que su comisión y obra, de predicar el evangelio,
vino mediante Cristo y de Dios (ver. 5). Cristo le apareció en el
camino a Damasco (Hech. 9, 22, 26), y le comisionó. Su obra en
Corinto fue una carta de Cristo que él había escrito. Con razón
sentía esta confianza, la cual no se apoyaba en cartas de
recomendación de hombres, sino en su comisión divina y en la
aceptación de su obra de parte de Dios. Todas sus labores las hacía
en relación con Dios y para su aprobación.
3:5 -- "no que seamos ... de nosotros mismos". Nadie
ha de insinuar que Pablo sentía confianza basada en su propia
persona y reclamaciones. En sí no tenía ninguna suficiencia (2:16),
o competencia, para lograr tales éxitos como los representados en la
iglesia de Dios en Corinto. Pablo no tomaba ningún crédito para sí
mismo.
--"sino que ... de Dios". En estos versículos Pablo continúa
el contraste entre su comisión y obra, y las reclamaciones de los
judaizantes (11:20-22). La competencia que Pablo tenía vino de
Dios. Dios fue quien le capacitó para el ministerio de predicar la
Palabra que tenía que ver con la vida y la muerte (1 Cor.2: 6-16).
Para confirmar su mensaje, se le dio el poder de hacer grandes
milagros (12:12). Los hombres se glorían en sí mismos y en sus
supuestas conexiones importantes. La competencia que Pablo tenía
era ésa que Dios le dio.
3:6 -- "el cual ... nuevo pacto". Lo que hizo Dios con
los apóstoles fue hacerles competentes o suficientes para anunciar
al mundo el evangelio del nuevo pacto, o acuerdo, que Dios ha hecho
con los hombres por medio de Cristo Jesús. El antiguo pacto
(Antiguo Testamento) fue hecho con Moisés y era para los judíos; fue
hecho en Sinaí. Pero 430 años antes de darse la ley en Sinaí Dios
ya había hecho una promesa a Abraham de que en la simiente de él
serían benditas todas las naciones de la tierra (Gén. 12:3; 22:18;
Hech. 3:25,26; Gál. 3:8, 16-22; Heb. 8:6-13).
En cambio, los judaizantes abogaban por la ley de Moisés,
tratando de obligar a los gentiles a ser circuncidados, es decir,
identificados como judíos en la carne, para ser salvos (Hech.
15:1). Estos en Corinto trataron duramente de desacreditar a Pablo
para robarle su influencia en la iglesia en Corinto. Mucho de lo
que trae esta segunda carta a los corintios trata este problema.
--"no de la letra ... vivifica". Los dos términos, "letra" y
"espíritu", son empleados por Pablo en este pasaje para referirse a
los dos pactos, al antiguo (ver. 14) y al nuevo (ver. 6). La
palabra "letra" apunta a los diez mandamientos, escritos en tablas
de piedra y que representaban a la ley de Moisés completa. La
palabra "espíritu" apunta a la fuente de la revelación del evangelio
salvador de Cristo, pues el Espíritu Santo reveló el mensaje a
testigos escogidos de antemano (Hech. 1:1-8).
Se dice que la "letra" mata, porque la ley de Moisés no traía
en sí perdón de pecados en realidad. (Sí había perdón típico en el
derramamiento de la sangre de animales en los sacrificios, pero en
realidad esa sangre no podía perdonar, Heb. 10:4). Se dice que el
"espíritu" vivifica, porque la ley de Cristo sí trae perdón para el
hombre muerto en el pecado. El que obedece al evangelio, siendo
renacido (Jn. 3:3,5; Hech. 22:16; Tito 3:5; 1 Ped. 1:18-25), ya
tiene vida de nuevo con Dios (Efes. 2:1,5).
Bajo la ley de Moisés el israelita, al pecar, se hallaba bajo
la condenación de la ley. La ley le condenaba. La paga del pecado
es la muerte (Rom. 6:23). No había perdón en la sangre de los
animales. Para él la ley le resultó para muerte (Rom. 7:10-13).
Era imposible que la ley de Moisés salvara al pecador (Rom. 8:3);
era débil, pues. Tenía este defecto (Heb. 8:7). Tenía la ley de
Moisés, el Antiguo Testamento, buen propósito, pero fue temporario y
no permanente (Gál. 3:19-29). Ya que vino Cristo y estableció el
nuevo pacto, el cristiano, al tratar de volver a la ley de Moisés
para justificarse, se desliga de Cristo y cae de la gracia de Dios (Gál.
5:4).
Este versículo es uno de los favoritos de los modernistas, los
que niegan la inspiración de las Escrituras, los milagros de la
Biblia, la deidad de Jesús de Nazaret, el juicio final, etc. A
ellos les gusta aplicar este versículo como si dijera que la letra
significa cualquier interpretación literal de las Escrituras, y que
eso mata, mientras que el espíritu significa cualquier determinación
de ellos respecto a las Escrituras, hecha por el subjetivismo, y que
eso vivifica; es decir, que sí vale. Desde luego ellos ignoran por
completo el contexto y juegan con palabras. Obviamente Pablo aquí
no contrasta un supuesto sentido literal con uno puramente alegórico
o simbólico, llamado "espiritual".
Considérense Rom. 2:29; 7:6.
3:7 -- Habiendo mostrado que el Nuevo Testamento es más
poderoso, ahora Pablo pasa a mostrar que es más glorioso.
--"Y si el ministerio ... con gloria". La ley de Moisés se
llama "ministerio de muerte" (ver. 6, "mata") porque condenaba todo
pecado en el israelita, pero no podía limpiar su conciencia (Heb.
9:9,10); no podía perdonar pecados.
Los diez mandamientos representaban el antiguo pacto (Ex.
34:28), y Dios mismo los escribió en las dos tablas de piedra (Deut.
5:22). Fue ocasión gloriosa (ver. 24).
--"tanto que ... de su rostro". Véase Exodo 34:29-35.
Habiendo estado hablando cara a cara con Dios, resplandecía el
rostro de Moisés. Después de hablar Moisés con el pueblo,
repitiéndoles las palabras de Dios, se ponía un velo sobre su
rostro.
Esa gloria era temporaria. Cuándo, o con qué rapidez, se
desvaneció esa gloria, las Escrituras no nos lo dicen. Pero sí
pasó. Era una gloria en el rostro de carne de Moisés y por eso
expresada en sentido físico. Esa gloria se desvaneció ante la
llegada del ministerio del espíritu. Dios mismo quitó el primer
pacto para establecer el segundo, el Nuevo Testamento (Heb. 10:9).
3:8 -- "¿cómo no será ... del espíritu?" Si el primer
pacto (la ley de Moisés; o sea, el Antiguo Testamento) fue con
gloria, una gloria visible en la carne, más bien es con gloria el
segundo pacto (la ley de Cristo; o sea, el Nuevo Testamento), con
una gloria no visible en la carne sino en el espíritu, porque bajo
el Nuevo Testamento el hombre nace de nuevo (o, de arriba, Jn.
3:3-12, 31 -- lit. en griego, ANOTHEN, ver. 3,7,31, de arriba), y es
cambiado de tal modo que ahora es nueva criatura. Todo esto es
realizado a base de la sangre de Cristo en la cruz. Obviamente, la
gloria del Nuevo Testamento sobrepasa la del Antiguo.
3:9 -- "Porque si ... de justificación". La ley de
Moisés condenaba al israelita cuando éste pecaba. Era un
ministerio, pues, de condenación. Se concede que fue introducido
con gran gloria. Pero en sí tiene que tener más abundante gloria el
ministerio de Cristo en el evangelio, porque trae la justificación
del pecador perdido, perdonándole sus pecados. Considérese Rom.
3:21-26.
Los judaizantes se gloriaban en un ministerio que era de
muerte. Pablo y los otros apóstoles y evangelistas inspirados
participaban en un ministerio de gloria abundante y permanente.
Este es el punto de énfasis de Pablo en esta sección de su carta a
los corintios.
3:10 -- "Porque aun ... más eminente". El Nuevo
Testamento tiene una gloria eminente (que "sobrepasa", Ver. La
Biblia de las Américas; que "sobrepuja", Ver. Hispano-americana y
Ver. Moderna). La gloria del Antiguo Testamento no se compara con
ésta. Tuvo gloria, pero no la gloria del Nuevo, porque (como dice
el versículo siguiente) la del Nuevo es permanente.
La gloria del Nuevo Testamento sobrepasa la del Antiguo en que
Cristo es mayor en gloria que Moisés, y las recompensas del Nuevo
(la vida eterna en el cielo, redimida la gente por Cristo) son
mayores que las del Antiguo (una tierra prometida de este mundo).
3:11 -- "Porque si ... permanece". La gloria que se
vio en el rostro de Moisés pasó, y eso simbolizaba la pasada del
Antiguo Testamento. La ley de Moisés fue añadida hasta que viniera
Cristo (Gál. 3:19-29). Nunca era de la permanencia del plan de Dios
para redimir al hombre. (Considérese la alegoría de Pablo en Gál.
4:21-31). Cuando Dios profetizó por Jeremías que iba a hacer un
pacto nuevo (Heb. 8:8-13), eso indicó que el primer pacto perecería.
El pacto nuevo permanece porque tiene el sacrificio perfecto
del mismo Hijo de Dios, y ya no hay más necesidad de sacrificio
(Heb. 10:1-18; Efes. 1:7; 1 Jn. 1:7; 2:2).
Ahora, argumenta Pablo y con razón, de que si algo perecedero
tuvo gloria, mucho más tiene gloria lo que es permanente. Esto los
judaizantes, enemigos de Pablo como también del evangelio de Cristo,
no lo podían negar.
3:12 -- "Así que, ... franqueza". La esperanza de
Pablo descansaba en la permanencia del pacto nuevo con sus
bendiciones espirituales en Cristo (Efes. 1:3; Rom. 5:1,2). La ley
de Moisés (ministerio de condenación y de muerte, ver. 7, 9) fue
abrogada porque no perfeccionaba nada; era débil e ineficaz. En
cambió, la ley de Cristo introdujo una esperanza mejor, que es la de
redención del pecado en esta vida y la vida eterna con Dios en el
cielo. Véase Heb. 7:18,19.
Esta esperanza dio a Pablo una gran confianza para hablar las
cosas del evangelio tan glorioso. El estuvo estrechamente asociado
con el evangelio glorioso porque Cristo le comisionó a predicarlo a
los gentiles (Efes. 3:1-7). Con razón hablaba así porque su
eficacia o competencia vino de Dios (ver. 5).
3:13 -- "y no como Moisés ... su rostro". Véanse los
comentarios, ver. 7.
--"para que ... ser abolido". El punto de controversia en
esta frase tiene que ver con la interpretación de la palabra "fin".
Puede significar terminación; puede significar propósito.
Algunos entienden que aquí Pablo se refiere a que Moisés puso
el velo sobre su rostro para que los israelitas no vieran que el
resplandor en su cara se desvanecía. Después de terminar de revelar
a los israelitas lo que Dios le revelaba a él, Moisés no tuvo que
seguir poniéndose ese velo, pues ese resplandor no continuaba. Esa
gloria (de que Dios estaba con Moisés en la presentación de la ley)
fue temporaria, simbolizando que la ley era temporaria.
Otros entienden que Pablo se refiere a que Moisés puso el velo
para que los israelitas no vieran el propósito verdadero de la ley,
que era ser algo añadido hasta que viniera Cristo (Rom. 10:4).
En la primera interpretación de esta frase el punto es que la
terminación del resplandor en el rostro de Moisés indicaba la
naturaleza temporaria de la ley de Moisés que contenía sombras o
simbolismos (Heb. 9:9; 10:1), que como el resplandor de su rostro se
terminaba, así también terminaría la ley dada en Sinaí.
En la segunda interpretación, el punto es que Moisés se puso
el velo para encubrir el propósito de la ley dada en Sinaí. Moisés
ciertamente habló de Cristo, proféticamente (Jn. 5:46; Deut. 18:15;
Hech.3:22-26), pero el evangelio de Cristo no fue declarado
claramente hasta los días apostólicos (Efes. 3:5). Según esta
interpretación, el verdadero impedimento para el judío, en no ver
que Cristo cumplió la ley de Moisés, no fue el velo simbólico que se
puso Moisés, sino el que ellos mismos se pusieron por medio de su
entendimiento embotado.
Pablo podía hablar, usando de mucha franqueza (de "un lenguaje
muy claro"--Ver. Moderna) (ver. 12), pero Moisés no lo pudo hacer,
referente al fin o al propósito, de la ley, que era la justicia para
todo hombre. Tuvo que administrar una dispensación de sombras y
símbolos, así encubriendo la claridad del fin del Antiguo
Testamento.
Las dos interpretaciones tienen mérito. Yo favorezco la
segunda.
La ley de Moisés, con toda su gloria, quedó de ser "abolida"
(acabarse, Ver. Moderna).
3:14 -- "Pero el ... embotó". Véase Rom. 11:7-10.
Dice la Ver. Biblia de las Américas, "el entendimiento de ellos se
endureció". La causa fue su rebeldía en el pecado. Véase 2 Cor.
4:4. Fueron responsables por su condición de ceguera (Mat.
13:10-15; Hech. 13:38-41; 28:23-28).
--"porque hasta ... es quitado". Los israelitas tenían
endurecido su entendimiento, y por eso, hasta el tiempo de Cristo y
de sus apóstoles, no comprendían bien la naturaleza y el propósito
de la dispensación mosaica. Al oír las Escrituras del Antiguo
Testamento leídas en las sinagogas en el tiempo de Pablo, a los
judíos contemporáneos suyos les quedaba el mismo velo no quitado.
Como un velo obscurece, así les quedaba obscuro el verdadero
propósito de la ley de Moisés. Moisés, con ponerse el velo sobre su
rostro resplandeciente, obscurecía el verdadero propósito de la ley,
y los judíos desobedientes y rebeldes seguían mirando a la ley con
obscurecimiento.
Pero Cristo Jesús es quien puede quitar ese velo de
obscurecimiento y hacer claro el verdadero propósito de la ley de
Moisés, pues él cumplió lo que la ley tenía por propósito. La ley
era buena (Rom. 7:12). Fue dada al judío para decirle qué hacer y
cómo vivir para ser justo delante de Dios. Pero la justicia de la
ley consistió en hacer las cosas de la ley (Rom. 10:5). El judío,
al pecar, ya no podía conseguir la justicia bajo la ley de Moisés.
Pero esa justicia, que tenía la ley por meta, es alcanzada en Cristo
Jesús (Rom. 10:4). Cristo es quien puede quitar el "velo" para el
judío incrédulo, pues Moisés predicó a Cristo (Jn. 5:45-47).
3:15 -- "Y aun hasta ... de ellos". Aunque Cristo
quitó el velo de obscurecimiento e hizo todo claro (Jn. 1:17), pues
El es la verdad respecto al propósito de la ley de Moisés, el judío
rebelde, al oír que le es leído Moisés, mantiene un velo sobre su
corazón para no ver que Moisés hablaba acerca de Cristo. Véanse
Rom. 1:1-4; 3:21-31.
Ese velo de obscuridad lo mantenían sobre los ojos de su
entendimiento porque querían más bien seguir sus tradiciones que los
mandamientos de Dios (Mat. 15:3-9). Estaban sin excusa (Rom. 2:1).
3:16 -- "Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se
quitará". Algunos, valiéndose en parte de esta versión que dice "se
conviertan", concluyen que algún día los judíos como nación se van a
convertir al Señor. Pero el texto griego emplea un verbo en número
singular; el sujeto tiene que ser singular. Dice la Ver. Biblia de
las Américas, "Pero cuando alguno se convierte..". Dice la Ver.
Moderna, "Mas cuando alguno de ellos se vuelva..." El judío que se
convierte a Cristo ya no tiene dicho velo de obscuridad sobre sus
ojos; ya comprende muy claramente que Cristo es el fin de la ley de
Moisés (Rom. 10:4). Hizo una investigación honesta de las
reclamaciones del evangelio predicado, y ahora le es bien claro que
Dios "en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo" (Heb.
1:1).
3:17 -- "Porque el Señor es el Espíritu". Casi toda
versión de la Biblia usa la "E" mayúscula para escribir la palabra
"espíritu". Esto indica que se cree que se hace aquí referencia al
Espíritu Santo. Puede ser que sí. Pero a través del contexto (ver.
6 al 11) la palabra "espíritu" (letra minúscula) se usó para indicar
el nuevo pacto. ¿Por qué, pues, cambiaría Pablo de tema para decir
a los corintios que Jesucristo es el Espíritu (Santo); es decir, que
está asociado o identificado con El? El Señor es Jesucristo (1:3;
4:5). Y ya había escrito Pablo que el Nuevo Testamento fue dado por
dirección del Espíritu Santo (ver. 3).
Cabe mejor en el contexto la idea de que El Señor (Jesucristo)
es (identificado con) ese espíritu, o nuevo pacto. El contraste en
este contexto es entre Moisés que no pudo hablar del antiguo pacto
excepto con velo puesto, y Pablo y los apóstoles que hablan del
nuevo pacto con toda franqueza y claridad. Moisés representaba la
"letra"; Jesucristo el Señor el "espíritu".
--"y donde ... hay libertad". Si la interpretación dada
arriba es correcta, sigue Pablo diciendo que donde está el pacto
llamado "espíritu", o sea el Nuevo Testamento, allí hay libertad,
porque allí hay perdón de los pecados y por eso libertad de la
condenación traída por el pecado. Véanse Gál. 4:5-7,31; 5:1. La
ley de Moisés, un ministerio de muerte y de condenación, tenía al
judío pecador bajo la sentencia de la muerte. La ley de Cristo
libra al pecador de esa esclavitud al pecado, y le da vida nueva.
3:18 -- "Por tanto, ...del Señor". El cristiano no
tiene velo puesto sobre su corazón, sino mira claramente ("a cara
descubierta") al nuevo pacto y ve la gloria del Señor. Cuando uno
mira al espejo, ve claramente la imagen en él.
Santiago, en 1:23-25, usa la figura de mirar en espejo,
diciendo "el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la
libertad".
--"somos transformados ... del Señor". La ley de Cristo
refleja la imagen de Cristo. Por medio de nuestro conocimiento de
su ley y obediencia a ella, nos transformamos en la gloria del
Señor. Cristo en nosotros es la esperanza de gloria (Fil. 1:27).
La iglesia de Cristo es ese pueblo glorioso al que se le ha quitado
toda mancha y arruga. Cada miembro de ella fue limpiado en las
aguas del bautismo. No se conforma al mundo, sino ahora se
transforma por medio de la renovación de su entendimiento (Rom.
12:2).
Vemos la gloria del Señor cuando miramos atentamente en su ley
y somos transformados en esa gloria al hacer lo que su ley nos
manda. Tenemos que ser como él es, en carácter y conducta; tenemos
que imitarle (1 Cor. 11:1; 4:17; Efes. 4:20; Col. 2:6,7).
Dice la Ver. Biblia de las Américas que este proceso es "por
el Señor, el Espíritu". Según la interpretación dada arriba en el
ver. 17, podemos leerlo así: "por el pacto denominado 'espíritu' del
Señor", o "por el Señor, (identificado con) el nuevo pacto. El
texto griego dice literalmente: "como por (el) Señor (el)
espíritu". Como Moisés habló por "la letra", el antiguo pacto, es
el Señor Jesucristo quien ha hablado por el "espíritu", el nuevo
pacto.
Si el Espíritu Santo es referido en esta frase del ver. 18,
entonces se afirma que el Espíritu Santo es quien ha inspirado el
mensaje del nuevo pacto.