NOTAS SOBRE 2 CORINTIOS

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, 1997)

 
 


CAPITULO 4

 

      4:1 --  "Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio".  La frase "por lo cual" conecta lo que dijo anteriormente (cap. 3) acerca del ministerio (la gloria del nuevo pacto sobre la del antiguo y la competencia de su ministerio en el nuevo pacto) con lo que ahora enfatiza, que es el efecto en su carácter y disposición de sufrir injustamente que tiene el referido ministerio (3:6).  Rehusa desmayar.

      --según la misericordia ... no desmayamos".  Compárese 3:4.  Pablo había perseguido la iglesia del señor, pero fue "recibido a misericordia" (1 Tim. 1:12-14).  El nunca se olvidaba de esa misericordia que se le mostró.  Dios le perdonó cuando fue bautizado en Cristo (Hech. 22:16) y ahora sufría mucho a manos de los incrédulos, y aun de los mismos hermanos en la fe, pero no desmayaba.  Teniendo delante de sí continuamente lo glorioso del nuevo pacto, y lo que Dios había hecho por él para salvarle, todo lo aguantaba.

 

      4:2 -- "Antes bien ... la palabra de Dios".  Pablo hace contraste entre su ministerio (el verdadero) y el de los falsos maestros en Corinto.  Ellos actuaban con egoísmo.  Referente a Pablo habían cometido cosas que eran vergonzosas y que por eso tenían que ser escondidas.  Empleaban la mente carnal en sus ataques contra Pablo, y adulteraban la palabra de Dios con el judaísmo.

      --"sino por ... de Dios".  En lugar de portarse como ellos, Pablo se ocupaba solamente en predicar la verdad a los hombres (como lo había hecho en Corinto), y esto en la vista de Dios (siempre consciente de que Dios nos mira), dejando que esto le encomendara a las conciencias de las personas.  Ellos buscaban seguidores (considérense Hech. 20:37; Rom. 16:18) por medio de la sabiduría carnal; Pablo por medio de la presentación de la verdad buscaba encomendarse a sus conciencias.

 

      4:3 -- "Pero si ... está encubierto".  Pablo aquí anticipa objeciones que el judío (o incrédulo o judaizante) posiblemente levantaría, dado que Pablo había dicho en 3:13-15 que Moisés puso un velo sobre su rostro y que había velo puesto sobre el corazón de los judíos incrédulos de su tiempo.  Algunos pudieron haber dicho que el evangelio también está encubierto porque muchos no ven ninguna claridad o verdad en él.  Sí, admite Pablo, para algunos está encubierto, pero la causa no está en la naturaleza del evangelio.  Si debe a otra causa, la cual pasa a mencionar (ver. 4).  Está encubierto para los que perecen porque no aceptan la salvación ofrecida en el evangelio; pues solamente por el evangelio se consigue la salvación (Rom. 1:16; Mar. 16:15,16).

 

      4:4 -- "en los cuales ... incrédulos".  Satanás es la causa de que esté encubierto el evangelio entre algunos.  Se llama el dios de este siglo, o mundo, porque es a la voluntad de él que el hombre inconverso se somete, y esto desde el tiempo de Adán y Eva (11:3).  Hay un solo Dios (1 Cor. 8:6), pero el mundano adora y sirve a Satanás como si fuera un dios (1 Cor. 8:5).  Compárese Fil. 3:19.  Satanás se llama "el príncipe de este mundo" (Jn. 12:31), y "el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia" (Efes. 2:2).

      Los incrédulos permiten que Satanás ciegue su entendimiento.  No es por ninguna predestinación incondicional, o depravación heredada.  No es por ninguna falta en el evangelio.  La causa está en el diablo que lo hace y en ellos que lo permiten.  Las Escrituras nos advierten en contra del engaño (Efes. 5:6; Col. 2:8; 1 Jn. 4:1; Jesús dijo las palabras en Mat. 7:15); no tenemos que ser engañados.  Todo hombre puede salirse de las tinieblas del engaño (Jn. 8:12; Hech. 26:28).  En este sentido, ¡el destino de todo hombre está en sus propias manos!

      El judío que buscaba su propia justicia (Rom. 10:3), y que amaba la gloria que viene del hombre (Jn. 5:42), no iba a creer en Cristo.  Léanse las palabras de Cristo en Jn. 8:42-47.  Solamente para los tales está encubierto en evangelio.

      -- "para que no ... de Dios".  Teniendo el entendimiento embotado (3:14), y rehusando creer, no permitían que la luz del evangelio iluminara sus mentes para su salvación.  Hay quienes aman las tinieblas más que la luz, y la razón es obvia: sus obras son malas (Jn. 3:19).

      Rechazar a Cristo es rechazar a Dios, porque Cristo es la imagen de Dios.  La fe en la deidad de Jesús de Nazaret es necesaria para la salvación (Jn. 8:24; 17:3).

      Sobre ser Cristo la imagen de Dios, véanse Col. 1:15; 2:9; Heb. 1:3.  Considéren­se también Jn. 1:18; 10:30; 14:6-9.

 

      4:5 -- "Porque no nos ... como Señor".  Otra vez Pablo hace contraste entre su persona y obra y la de los falsos maestros en Corinto.  Ellos se proyectaban a sí mismos (10:12).  Pablo no se predicaba a sí mismo; no se enseñoreaba de la fe de nadie (2:24).  Era nada más agente de Cristo.  Siempre se escondía detrás de la cruz de Cristo (1 Cor. 2:1-5).

      --"y a nosotros ... de Jesús".  Sabía que la grandeza consiste, no en pretensiones vanas, sino en servir (Mat. 20:25-28; Mar. 10:43-45).  (Hasta la fecha hay muchos hermanos evangelistas que no han aprendido esto).

      Pablo buscaba el bien espiritual de los corintios; era, pues, su siervo.  Esto lo hacía para exaltar a Cristo y lograr a la vez la salvación eterna de ellos.  Véanse 12:15; 1 Cor. 9:19.  En esto seguía a Cristo; en esto debemos imitar a Pablo (1 Cor. 11:1).

 

      4:6 -- "Porque Dios".  La razón de por qué predicaba Pablo a Jesús, y no a sí mismo (como lo hacían los falsos en Corinto), era Dios, y lo que había hecho Dios.

      --"que mandó ... la luz".  El dios de este mundo ciega con tinieblas para que el incrédulo se pierda; el verdadero Dios, quien en la creación del mundo trajo luz de las tinieblas (Gén. 1:2,3), es quien resplandece en el corazón del creyente. 

      --"es el que ... Jesucristo".  Por medio de la predicación del evangelio (1 Cor. 1:21) Dios quita del corazón las tinieblas y lo ilumina con el conocimiento de la verdad del evangelio de Cristo.  Para esto Pablo había sido llamado y comisionado (Gál. 1:15,16; Hech. 26:12-18--"para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz").  Véase también 1 Ped. 2:9.

      Pablo ya se había referido a la gloria del rostro de Moisés (3:7,13); ahora es la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Jesucristo.  La gloria de Dios es vista en la persona de Jesucristo.  Pablo había visto esa gloriosa luz, que resplandecía más fuerte que el sol del mediodía, cuando Cristo se le apareció en el camino a Damasco (Hech. 26:13)

      Cristo es la luz del mundo (Jn. 8:12; 1:4).  El mundo de tinieblas no puede prevalecer en contra de El que es la luz del mundo (Jn. 1:5).  El que cree en Cristo es librado de las tinieblas para andar en la luz.  De esto habla Pablo aquí en 4:6 de esta carta.

 

      4:7 -- "Pero tenemos ... barro".  Con este pensamiento Pablo refuta la idea de que sus sufrimientos y aflicciones probaran que no era embajador de Dios.  Es cierto, dice Pablo, que el tesoro, que es el evangelio o su ministerio en el evangelio, está en un recipiente muy humilde, en un ser humano como él (un vaso de barro).  Pero, hay una razón en particular de por qué es así.  Sigue esa razón:

      --"para que ... de nosotros".  Ciertamente los grandes éxitos del evangelio, logrados en las vidas de los conversos (al quitar dicho evangelio las tinieblas del error e iluminar el corazón para la vida eterna), no se debían a ningún poder humano, pues como humano Pablo sufría muchas injusticias.  Pero el valor del evangelio que Pablo predicaba, el del "tesoro", se echaba de ver en que siempre el "vaso de barro", débil en sí, salía victorioso sobre los impedimentos y obstáculos.  Obviamente, el poder para esto venía de Dios, y no del hombre.  Compárese Rom. 1:16.

      En su propia persona Pablo no era nada poderoso.  Véanse 1 Cor. 2:3,4; 2 Cor. 10:10).  La debilidad del cuerpo hacía evidente que la fuente del poder del mensaje que predicaba era Dios, y no él mismo.  Los que creían a la predicación de Pablo, usando del poder de Dios para confirmar sus mensaje con milagros, tenían su fe fundada, no en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (1 Cor. 2:4,5).

      Evidentemente los judaizantes en Corinto se gloriaban en su presencia corporal, en sus recomendaciones, y en su excelencia de oración.  Pablo aquí se contrasta con ellos, reclamando que su poder venía de Dios.  Por eso podía vencer a todo obstáculo, como así se expresa en los versículos siguientes.

 

      4:8 -- "que estamos ...no angustiados".  Sabiendo que tenía a su cargo un tesoro precioso (compárese 1 Tim. 1:11,12), y que el poder de él venía de Dios, no se angustiaba en las tribulaciones.

      --"en apuros, mas no desesperados".  Por eso tampoco se desesperaba nunca, aunque a veces estaba grandemente apurado.

      Véanse Hechos 14:19,20; 19:29-31; 21:30-36; 23:10,11.

      En lugar de "apuros", dice la Ver. Biblia de las Américas "perplejos".  Los problemas, como los en Corinto, le dejaban perplejo.  También en otras clases de problemas se encontraba mentalmente estorbado, pero nunca desesperado, porque sabía de ese "tesoro" y de ese poder.

 

      4:9 -- "perseguidos, ... no destruidos".  Cristo había prometido estar con sus apóstoles hasta el fin del mundo (Mat. 28:20).  Les había advertido que serían perseguidos, pero que él estaría con ellos (Mat. 10:19; Jn. 15:20; 16;2-4,33;).  Considérense Hech. 27:21-25; 2 Tim. 4:16,17.

      El enemigo, principalmente el judío inconverso, muchas veces procuraba derribarle (por ejemplo, Hech. 14:19,20), pero nunca fue destruido por él.  Dios siempre miraba por ello.

      Las adversidades en la vida del apóstol Pablo no eran pocas ni casuales.  Esto hizo evidente que había algún poder sobrenatural que le protegía en su ministerio.

 

      4:10 -- "llevando en ... de Jesús".  Con estas palabras Pablo en su ministerio se identifica con la muerte de Cristo, porque sus sufrimientos vinieron a consecuencia de contender por la fe de Jesús.  Por el evangelio de Cristo, siempre confrontaba la muerte.  Véanse Rom. 8:35,36; 1 Cor. 15:31; Gál. 6:17; Fil. 3:10; Col. 1:24. 

      --"para que ... nuestros cuerpos".  Pablo en su vida de apóstol duplicaba la experiencia de Cristo en ser crucificado y resucitado. "Moría" diariamente. Sus sufrimientos sirvieron el propósito de declarar al mundo que, como Cristo resucitó de los muertos para vivir para siempre, Cristo es la vida (Jn. 14:6; 11:25),y da vida, la vida eterna, a los suyos.  Somos salvos por su vida (Rom. 5:11).  Cristo, quien es la vida, sostenía a Pablo en sus sufrimientos por él, y esto se declaraba claramente a los que consideraban su vida de apóstol.

 

      4:11 -- "Porque nosotros ... carne mortal".  Su ministerio en el evangelio exponía a Pablo a muerte constantemente, pero Cristo le sostenía y así la vida de Cristo se manifestaba en lo que en sí era muy débil; es decir, en la carne física.  En la vida del apóstol Pablo, pues, se manifestaba el poder de la vida de Cristo Jesús en un órgano que en sí era débil.

      4:12 -- El vaso de barro (la persona humana en cuerpo físico; en este caso, Pablo) llevaba el precioso mensaje de salvación a los hombres.  A consecuencia de esto, Pablo sufría muerte casi diariamente, pero los oyentes obedientes recibían la vida espiritual que Cristo promete a los suyos.  Se contentaba Pablo, a pesar de sus muchos sufrimientos por Cristo, con que los corintios gozaran de la vida en Cristo Jesús.  No sufría, pues, en vano, como tampoco Jesús, el ejemplo por excelencia de esto.

 

      4:13 -- "Pero teniendo ... lo cual hablé".  Debe leerse el Salmo 110. En él el salmista declaró sus angustias y aflicciones, pero que no se desesperó.  Obró su fe, y pidió alivio a Dios.  Pablo ahora se identifica con el salmista, diciendo que tiene el mismo espíritu, o disposición, de fe, ante la muerte que diariamente le viene porque predica el evangelio de Cristo.

      --"nosotros también ... hablamos".  Su fe en el Cristo resucitado (pues era testigo ocular del Cristo resucitado, Hech. 9:5) le conduce a hablar abiertamente al mundo acerca de Cristo, aunque esto le trae mucha persecución.

 

      4:14 -- "sabiendo que ... con vosotros".  Pablo bien pudo hablar del evangelio de Cristo, y al mismo tiempo sufrir grandes persecuciones, porque sabía algo; sabía que Dios, quien levantó a Jesús de la muerte, también le levantaría a él para ser presentado, juntamente con los cristianos fieles en corinto, en el día del juicio final.  La esperanza de la resurrección le sostenía en sus aflicciones.  Véanse Col. 1:22; 1 Tes. 4:14; Judas 24.

 

      4:15 -- "Porque todas ... amor a vosotros".  Dicen otras versiones así: "Porque todo (lo que sufrimos) es por vuestra causa" (Ver. Moderna); "Pues todo es por amor de vosotros" (Ver. Hispano-americana); "Porque todo (esto es) por amor a vosotros" (Ver. Biblia de las Américas).  Literalmente dice el texto griego, "Porque todas las cosas por vosotros".  Según el contexto Pablo, al decir "todas estas cosas", se refiere a todo lo que sufría como apóstol de Jesucristo.

      Mucho sufría Pablo, pero ahora declara a los corintios que lo había sufrido por el bien de ellos, los recipientes de sus predicaciones.  Dios mostró su amor en darnos a Su hijo (Rom. 5:8; 8:32); Pablo mostró su amor (para con los corintios) en sufrir mucho por el evangelio que él predicaba.  Todo era por amor de ellos.

      --"para que ... gloria de Dios".  Entre más sufría Pablo en el evangelio, más se predicaba al mundo y así se extendía la gracia de Dios.  Entre más se recibía la gracia de Dios, más agradecimiento se sentía y como consecuencia de ello, más gracias se daban a Dios por su amor.  Pablo consideraba sus sufrimientos en el evangelio como de poca monta en vista de las gracias que se daban a Dios de parte de los que fueron salvos por su predicación.  El gozo de Pablo consistía en ver que a Dios redundara la gloria.

 

      4:16 -- "Por tanto no desmayamos".  Dado que sus sufrimientos en el evangelio trajeron la gracia de Dios a los corintios, y luego daban gracias los corintios a Dios por esa gracia que les trajo la salvación, Pablo no desmayaba.

      --"antes aunque ... en día".  El hombre exterior de Pablo (la carne mortal, ver. 11), al padecer persecución y al pasar por las vicisitudes de la vida, se iba desgastando o decayendo.  Al mismo tiempo, los mismos sufrimientos y cambios en la vida hacían que el hombre interior (el alma sujeta a Cristo) se renovara diariamente.  Considérese 2 Tim. 1:12.  La mente, o corazón, de Pablo diariamente crecía en fe, en perseverancia, y en fortaleza.  Considérese 3:18, comentarios.

      Este pasaje desmiente la afirmación del materialista que niega la existencia del alma.  Hay algo en el hombre mortal, aparte de su cuerpo físico, que no se envejece con el cuerpo físico.  Compárese Rom. 7:22

 

      4:17 -- Porque esta leve ... peso de gloria".  ¿Cómo pudo Pablo llamar "leve" la tribulación que sufría como apóstol de Jesucristo?  (Considérese la lista de tribulaciones dada en 11:23-33).  La pudo llamar así solamente en comparación con el "eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación" (Ver. Biblia de las Américas).

      Era "momentánea" esa tribulación que Pablo sufría, comparada con lo "eterno" del peso de gloria que a todo cristiano fiel le espera.  Véanse Rom. 8:17; 2 Tim. 2:12; 1 Ped. 4:3.

 

      4:18 -- "no mirando ... no se ven".  Aquí "mirar" significa apreciar, o considerar como fin en sí.  Pablo no hacía caso de las tribulaciones, ni del desgaste del cuerpo físico, cosas que se veían solamente con el ojo físico.

      --"sino las que no se ven".  Se veían las tribulaciones con el ojo físico, pero Pablo "miraba" (apreciaba) más bien las cosas que con el ojo físico no se pueden ver.

      --"pues las cosas ... son eternas".  Esta es la razón de por qué Pablo no miraba las cosas que se ven.  Las que se ven (como las tribulaciones, el decaimiento del cuerpo físico, etc.) son de esta vida y pasan; son temporales.  Tales cosas, pues, no le detenían en su camino hacia las metas espirituales.  Tenía siempre la mirada en las cosas que no se ven, por ser éstas eternas.

      Considérense Col. 3:2-4; Heb. 1:13,27.

          Lo que uno sufre por Cristo en esta vida le prepara para las glorias eternas.  Es parte de la disciplina de Dios para sus hijos.

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