CAPITULO 4
4:1 -- "Por lo cual, teniendo nosotros este
ministerio". La frase "por lo cual" conecta lo que dijo
anteriormente (cap. 3) acerca del ministerio (la gloria del nuevo
pacto sobre la del antiguo y la competencia de su ministerio en el
nuevo pacto) con lo que ahora enfatiza, que es el efecto en su
carácter y disposición de sufrir injustamente que tiene el referido
ministerio (3:6). Rehusa desmayar.
--según la misericordia ... no desmayamos". Compárese 3:4.
Pablo había perseguido la iglesia del señor, pero fue "recibido a
misericordia" (1 Tim. 1:12-14). El nunca se olvidaba de esa
misericordia que se le mostró. Dios le perdonó cuando fue bautizado
en Cristo (Hech. 22:16) y ahora sufría mucho a manos de los
incrédulos, y aun de los mismos hermanos en la fe, pero no
desmayaba. Teniendo delante de sí continuamente lo glorioso del
nuevo pacto, y lo que Dios había hecho por él para salvarle, todo lo
aguantaba.
4:2 -- "Antes bien ... la palabra de Dios". Pablo hace
contraste entre su ministerio (el verdadero) y el de los falsos
maestros en Corinto. Ellos actuaban con egoísmo. Referente a Pablo
habían cometido cosas que eran vergonzosas y que por eso tenían que
ser escondidas. Empleaban la mente carnal en sus ataques contra
Pablo, y adulteraban la palabra de Dios con el judaísmo.
--"sino por ... de Dios". En lugar de portarse como ellos,
Pablo se ocupaba solamente en predicar la verdad a los hombres (como
lo había hecho en Corinto), y esto en la vista de Dios (siempre
consciente de que Dios nos mira), dejando que esto le encomendara a
las conciencias de las personas. Ellos buscaban seguidores
(considérense Hech. 20:37; Rom. 16:18) por medio de la sabiduría
carnal; Pablo por medio de la presentación de la verdad buscaba
encomendarse a sus conciencias.
4:3 -- "Pero si ... está encubierto". Pablo aquí
anticipa objeciones que el judío (o incrédulo o judaizante)
posiblemente levantaría, dado que Pablo había dicho en 3:13-15 que
Moisés puso un velo sobre su rostro y que había velo puesto sobre el
corazón de los judíos incrédulos de su tiempo. Algunos pudieron
haber dicho que el evangelio también está encubierto porque muchos
no ven ninguna claridad o verdad en él. Sí, admite Pablo, para
algunos está encubierto, pero la causa no está en la naturaleza del
evangelio. Si debe a otra causa, la cual pasa a mencionar (ver.
4). Está encubierto para los que perecen porque no aceptan la
salvación ofrecida en el evangelio; pues solamente por el evangelio
se consigue la salvación (Rom. 1:16; Mar. 16:15,16).
4:4 -- "en los cuales ... incrédulos". Satanás es la
causa de que esté encubierto el evangelio entre algunos. Se llama
el dios de este siglo, o mundo, porque es a la voluntad de él que el
hombre inconverso se somete, y esto desde el tiempo de Adán y Eva
(11:3). Hay un solo Dios (1 Cor. 8:6), pero el mundano adora y
sirve a Satanás como si fuera un dios (1 Cor. 8:5). Compárese Fil.
3:19. Satanás se llama "el príncipe de este mundo" (Jn. 12:31), y
"el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en
los hijos de desobediencia" (Efes. 2:2).
Los incrédulos permiten que Satanás ciegue su entendimiento.
No es por ninguna predestinación incondicional, o depravación
heredada. No es por ninguna falta en el evangelio. La causa está
en el diablo que lo hace y en ellos que lo permiten. Las Escrituras
nos advierten en contra del engaño (Efes. 5:6; Col. 2:8; 1 Jn. 4:1;
Jesús dijo las palabras en Mat. 7:15); no tenemos que ser
engañados. Todo hombre puede salirse de las tinieblas del engaño (Jn.
8:12; Hech. 26:28). En este sentido, ¡el destino de todo hombre
está en sus propias manos!
El judío que buscaba su propia justicia (Rom. 10:3), y que
amaba la gloria que viene del hombre (Jn. 5:42), no iba a creer en
Cristo. Léanse las palabras de Cristo en Jn. 8:42-47. Solamente
para los tales está encubierto en evangelio.
-- "para que no ... de Dios". Teniendo el entendimiento
embotado (3:14), y rehusando creer, no permitían que la luz del
evangelio iluminara sus mentes para su salvación. Hay quienes aman
las tinieblas más que la luz, y la razón es obvia: sus obras son
malas (Jn. 3:19).
Rechazar a Cristo es rechazar a Dios, porque Cristo es la
imagen de Dios. La fe en la deidad de Jesús de Nazaret es necesaria
para la salvación (Jn. 8:24; 17:3).
Sobre ser Cristo la imagen de Dios, véanse Col. 1:15; 2:9;
Heb. 1:3. Considérense también Jn. 1:18; 10:30; 14:6-9.
4:5 -- "Porque no nos ... como Señor". Otra vez Pablo
hace contraste entre su persona y obra y la de los falsos maestros
en Corinto. Ellos se proyectaban a sí mismos (10:12). Pablo no se
predicaba a sí mismo; no se enseñoreaba de la fe de nadie (2:24).
Era nada más agente de Cristo. Siempre se escondía detrás de la
cruz de Cristo (1 Cor. 2:1-5).
--"y a nosotros ... de Jesús". Sabía que la grandeza
consiste, no en pretensiones vanas, sino en servir (Mat. 20:25-28;
Mar. 10:43-45). (Hasta la fecha hay muchos hermanos evangelistas
que no han aprendido esto).
Pablo buscaba el bien espiritual de los corintios; era, pues,
su siervo. Esto lo hacía para exaltar a Cristo y lograr a la vez la
salvación eterna de ellos. Véanse 12:15; 1 Cor. 9:19. En esto
seguía a Cristo; en esto debemos imitar a Pablo (1 Cor. 11:1).
4:6 -- "Porque Dios". La razón de por qué predicaba
Pablo a Jesús, y no a sí mismo (como lo hacían los falsos en
Corinto), era Dios, y lo que había hecho Dios.
--"que mandó ... la luz". El dios de este mundo ciega con
tinieblas para que el incrédulo se pierda; el verdadero Dios, quien
en la creación del mundo trajo luz de las tinieblas (Gén. 1:2,3), es
quien resplandece en el corazón del creyente.
--"es el que ... Jesucristo". Por medio de la predicación del
evangelio (1 Cor. 1:21) Dios quita del corazón las tinieblas y lo
ilumina con el conocimiento de la verdad del evangelio de Cristo.
Para esto Pablo había sido llamado y comisionado (Gál. 1:15,16; Hech.
26:12-18--"para que abras sus ojos, para que se conviertan de las
tinieblas a la luz"). Véase también 1 Ped. 2:9.
Pablo ya se había referido a la gloria del rostro de Moisés
(3:7,13); ahora es la gloria de Dios que resplandece en el rostro de
Jesucristo. La gloria de Dios es vista en la persona de
Jesucristo. Pablo había visto esa gloriosa luz, que resplandecía
más fuerte que el sol del mediodía, cuando Cristo se le apareció en
el camino a Damasco (Hech. 26:13)
Cristo es la luz del mundo (Jn. 8:12; 1:4). El mundo de
tinieblas no puede prevalecer en contra de El que es la luz del
mundo (Jn. 1:5). El que cree en Cristo es librado de las tinieblas
para andar en la luz. De esto habla Pablo aquí en 4:6 de esta
carta.
4:7 -- "Pero tenemos ... barro". Con este pensamiento
Pablo refuta la idea de que sus sufrimientos y aflicciones probaran
que no era embajador de Dios. Es cierto, dice Pablo, que el tesoro,
que es el evangelio o su ministerio en el evangelio, está en un
recipiente muy humilde, en un ser humano como él (un vaso de
barro). Pero, hay una razón en particular de por qué es así. Sigue
esa razón:
--"para que ... de nosotros". Ciertamente los grandes éxitos
del evangelio, logrados en las vidas de los conversos (al quitar
dicho evangelio las tinieblas del error e iluminar el corazón para
la vida eterna), no se debían a ningún poder humano, pues como
humano Pablo sufría muchas injusticias. Pero el valor del evangelio
que Pablo predicaba, el del "tesoro", se echaba de ver en que
siempre el "vaso de barro", débil en sí, salía victorioso sobre los
impedimentos y obstáculos. Obviamente, el poder para esto venía de
Dios, y no del hombre. Compárese Rom. 1:16.
En su propia persona Pablo no era nada poderoso. Véanse 1 Cor.
2:3,4; 2 Cor. 10:10). La debilidad del cuerpo hacía evidente que la
fuente del poder del mensaje que predicaba era Dios, y no él mismo.
Los que creían a la predicación de Pablo, usando del poder de Dios
para confirmar sus mensaje con milagros, tenían su fe fundada, no en
la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (1 Cor.
2:4,5).
Evidentemente los judaizantes en Corinto se gloriaban en su
presencia corporal, en sus recomendaciones, y en su excelencia de
oración. Pablo aquí se contrasta con ellos, reclamando que su poder
venía de Dios. Por eso podía vencer a todo obstáculo, como así se
expresa en los versículos siguientes.
4:8 -- "que estamos ...no angustiados". Sabiendo que
tenía a su cargo un tesoro precioso (compárese 1 Tim. 1:11,12), y
que el poder de él venía de Dios, no se angustiaba en las
tribulaciones.
--"en apuros, mas no desesperados". Por eso tampoco se
desesperaba nunca, aunque a veces estaba grandemente apurado.
Véanse Hechos 14:19,20; 19:29-31; 21:30-36; 23:10,11.
En lugar de "apuros", dice la Ver. Biblia de las Américas
"perplejos". Los problemas, como los en Corinto, le dejaban
perplejo. También en otras clases de problemas se encontraba
mentalmente estorbado, pero nunca desesperado, porque sabía de ese
"tesoro" y de ese poder.
4:9 -- "perseguidos, ... no destruidos". Cristo había
prometido estar con sus apóstoles hasta el fin del mundo (Mat.
28:20). Les había advertido que serían perseguidos, pero que él
estaría con ellos (Mat. 10:19; Jn. 15:20; 16;2-4,33;). Considérense
Hech. 27:21-25; 2 Tim. 4:16,17.
El enemigo, principalmente el judío inconverso, muchas veces
procuraba derribarle (por ejemplo, Hech. 14:19,20), pero nunca fue
destruido por él. Dios siempre miraba por ello.
Las adversidades en la vida del apóstol Pablo no eran pocas ni
casuales. Esto hizo evidente que había algún poder sobrenatural que
le protegía en su ministerio.
4:10 -- "llevando en ... de Jesús". Con estas palabras
Pablo en su ministerio se identifica con la muerte de Cristo, porque
sus sufrimientos vinieron a consecuencia de contender por la fe de
Jesús. Por el evangelio de Cristo, siempre confrontaba la muerte.
Véanse Rom. 8:35,36; 1 Cor. 15:31; Gál. 6:17; Fil. 3:10; Col. 1:24.
--"para que ... nuestros cuerpos". Pablo en su vida de
apóstol duplicaba la experiencia de Cristo en ser crucificado y
resucitado. "Moría" diariamente. Sus sufrimientos sirvieron el
propósito de declarar al mundo que, como Cristo resucitó de los
muertos para vivir para siempre, Cristo es la vida (Jn. 14:6;
11:25),y da vida, la vida eterna, a los suyos. Somos salvos por su
vida (Rom. 5:11). Cristo, quien es la vida, sostenía a Pablo en sus
sufrimientos por él, y esto se declaraba claramente a los que
consideraban su vida de apóstol.
4:11 -- "Porque nosotros ... carne mortal". Su
ministerio en el evangelio exponía a Pablo a muerte constantemente,
pero Cristo le sostenía y así la vida de Cristo se manifestaba en lo
que en sí era muy débil; es decir, en la carne física. En la vida
del apóstol Pablo, pues, se manifestaba el poder de la vida de
Cristo Jesús en un órgano que en sí era débil.
4:12 -- El vaso de barro (la persona humana en cuerpo
físico; en este caso, Pablo) llevaba el precioso mensaje de
salvación a los hombres. A consecuencia de esto, Pablo sufría
muerte casi diariamente, pero los oyentes obedientes recibían la
vida espiritual que Cristo promete a los suyos. Se contentaba
Pablo, a pesar de sus muchos sufrimientos por Cristo, con que los
corintios gozaran de la vida en Cristo Jesús. No sufría, pues, en
vano, como tampoco Jesús, el ejemplo por excelencia de esto.
4:13 -- "Pero
teniendo ... lo cual hablé". Debe leerse el Salmo 110. En él el
salmista declaró sus angustias y aflicciones, pero que no se
desesperó. Obró su fe, y pidió alivio a Dios. Pablo ahora se
identifica con el salmista, diciendo que tiene el mismo espíritu, o
disposición, de fe, ante la muerte que diariamente le viene porque
predica el evangelio de Cristo.
--"nosotros también ... hablamos". Su fe en el Cristo
resucitado (pues era testigo ocular del Cristo resucitado, Hech.
9:5) le conduce a hablar abiertamente al mundo acerca de Cristo,
aunque esto le trae mucha persecución.
4:14 -- "sabiendo que ... con vosotros". Pablo bien
pudo hablar del evangelio de Cristo, y al mismo tiempo sufrir
grandes persecuciones, porque sabía algo; sabía que Dios, quien
levantó a Jesús de la muerte, también le levantaría a él para ser
presentado, juntamente con los cristianos fieles en corinto, en el
día del juicio final. La esperanza de la resurrección le sostenía
en sus aflicciones. Véanse Col. 1:22; 1 Tes. 4:14; Judas 24.
4:15 -- "Porque todas ... amor a vosotros". Dicen
otras versiones así: "Porque todo (lo que sufrimos) es por vuestra
causa" (Ver. Moderna); "Pues todo es por amor de vosotros" (Ver.
Hispano-americana); "Porque todo (esto es) por amor a vosotros"
(Ver. Biblia de las Américas). Literalmente dice el texto griego,
"Porque todas las cosas por vosotros". Según el contexto Pablo, al
decir "todas estas cosas", se refiere a todo lo que sufría como
apóstol de Jesucristo.
Mucho sufría Pablo, pero ahora declara a los corintios que lo
había sufrido por el bien de ellos, los recipientes de sus
predicaciones. Dios mostró su amor en darnos a Su hijo (Rom. 5:8;
8:32); Pablo mostró su amor (para con los corintios) en sufrir mucho
por el evangelio que él predicaba. Todo era por amor de ellos.
--"para que ... gloria de Dios". Entre más sufría Pablo en el
evangelio, más se predicaba al mundo y así se extendía la gracia de
Dios. Entre más se recibía la gracia de Dios, más agradecimiento se
sentía y como consecuencia de ello, más gracias se daban a Dios por
su amor. Pablo consideraba sus sufrimientos en el evangelio como de
poca monta en vista de las gracias que se daban a Dios de parte de
los que fueron salvos por su predicación. El gozo de Pablo
consistía en ver que a Dios redundara la gloria.
4:16
-- "Por tanto no desmayamos". Dado que sus sufrimientos en el
evangelio trajeron la gracia de Dios a los corintios, y luego daban
gracias los corintios a Dios por esa gracia que les trajo la
salvación, Pablo no desmayaba.
--"antes aunque ... en día". El hombre exterior de Pablo (la
carne mortal, ver. 11), al padecer persecución y al pasar por las
vicisitudes de la vida, se iba desgastando o decayendo. Al mismo
tiempo, los mismos sufrimientos y cambios en la vida hacían que el
hombre interior (el alma sujeta a Cristo) se renovara diariamente.
Considérese 2 Tim. 1:12. La mente, o corazón, de Pablo diariamente
crecía en fe, en perseverancia, y en fortaleza. Considérese 3:18,
comentarios.
Este pasaje desmiente la afirmación del materialista que niega
la existencia del alma. Hay algo en el hombre mortal, aparte de su
cuerpo físico, que no se envejece con el cuerpo físico. Compárese
Rom. 7:22
4:17 -- Porque esta leve ... peso de gloria". ¿Cómo
pudo Pablo llamar "leve" la tribulación que sufría como apóstol de
Jesucristo? (Considérese la lista de tribulaciones dada en
11:23-33). La pudo llamar así solamente en comparación con el
"eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación" (Ver. Biblia
de las Américas).
Era "momentánea" esa tribulación que Pablo sufría, comparada
con lo "eterno" del peso de gloria que a todo cristiano fiel le
espera. Véanse Rom. 8:17; 2 Tim. 2:12; 1 Ped. 4:3.
4:18 -- "no mirando ... no se ven". Aquí "mirar"
significa apreciar, o considerar como fin en sí. Pablo no hacía
caso de las tribulaciones, ni del desgaste del cuerpo físico, cosas
que se veían solamente con el ojo físico.
--"sino las que no se ven". Se veían las tribulaciones con el
ojo físico, pero Pablo "miraba" (apreciaba) más bien las cosas que
con el ojo físico no se pueden ver.
--"pues las cosas ... son eternas". Esta es la razón de por
qué Pablo no miraba las cosas que se ven. Las que se ven (como las
tribulaciones, el decaimiento del cuerpo físico, etc.) son de esta
vida y pasan; son temporales. Tales cosas, pues, no le detenían en
su camino hacia las metas espirituales. Tenía siempre la mirada en
las cosas que no se ven, por ser éstas eternas.
Considérense Col. 3:2-4; Heb. 1:13,27.
Lo que uno sufre por Cristo en esta vida le prepara para
las glorias eternas. Es parte de la disciplina de Dios para sus
hijos.