Se
da méritos por la solución del problema: “Yo he hallado…”.
En realidad la solución del problema la proporcionó la
Providencia de Dios.
2:26 -- Respondió el rey y dijo
a Daniel, al cual llamaban Beltsasar – Véanse
1:7; 4:8; 5:12.
-- ¿Podrás tú hacerme conocer
el sueño que vi, y su interpretación? -- Véanse
vers. 3-7.
2:27 -- Daniel respondió delante
del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni
astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey -– Daniel
reprende suavemente al rey por haber pedido lo imposible para el
ser humano, y le prepara para lo que va a decir enseguida: Jehová
Dios es el único que puede hacer tal cosa, porque todo lo sabe.
2:28 -- Pero hay un Dios en los
cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey
Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días –- Véanse
Gén. 49:1; Núm. 24:14; Isa. 2:2; Miq. 4:1.
La frase “los postreros días” puede referirse
generalmente a un tiempo más tarde, o específicamente a la era
mesiánica. Aquí el alcance de la interpretación se extiende hasta
dentro de la era cristiana. Véanse
vers. 44,45. Dios
tiene el mando de todo.
Ante
la presencia del rey que se considera como un dios, y que tiene
autoridad sobre la vida de todos sus súbditos, con gran valor y
fe en Dios Daniel declara a este pagano que es el Dios de los
cielos él que revela el sueño que Nabucodonosor había olvidado,
y que le había causado tanta turbación.
Dios quiere que este rey sepa acerca de lo que ha de pasar
en los días postreros. Todo
este suceso es parte del plan de Dios, y no sencillamente una
demostración del poder de Dios en un sueño insignificante de un
pagano olvidadizo.
-- He aquí tu sueño, y las
visiones que has tenido en tu cama -– Algunos
comentaristas insisten en que en realidad el rey no olvidó el
sueño sino solamente quiso poner a prueba a los sabios.
Si el caso hubiera sido así, Daniel habría sido engañado,
pues ¡está para declarar al rey el sueño!
Pero Dios y Daniel no fueron engañados por alguna maña de
humano.
2:29 -- Estando tú, oh rey, en
tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo que había de ser
en lo por venir -– Este
gran monarca, la cabeza del mundo de aquel entonces, se pone a
pensar en el futuro, dada la gran gloria de que dispone.
¡Qué grande es el sueño que Dios le dio!
-- y el que revela los misterios
te mostró lo que ha de ser -– Daniel
describe a su Dios: es él que revela misterios; o sea, secretos.
(Sin duda Nabucodonosor comprende que el Dios de Daniel
es mucho muy superior a los dioses babilónicos cuyos sabios no
pueden revelar el sueño olvidado).
Da a entender al rey que este sueño en particular le vino
porque Dios quiso revelarle un futuro que alcanzaría seis siglos.
El gran esquema de Dios está en marcha.
2:30 -- Y a mí me ha sido
revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que
en todos los vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la
interpretación, y para que entiendas los pensamientos de tu corazón
–- El
humilde Daniel no se aprovecha de la ocasión para apropiarse
gloria (como lo hizo Arioc, ver. 25; compárese Gén. 41:16), sino
declara la pura verdad: Dios quiere informar a Nabucodonosor
acerca del futuro y para esto hace uso de un siervo suyo para
interpretar el sueño que Dios mismo había dado al rey.
Dios no necesita de sabios para revelar sabiduría; Dios
mismo proporciona la sabiduría a la persona para luego hacer
uso de ella en su servicio. Dios
hizo uso de Daniel porque era hombre fiel y justo, no porque
tuviera en sí sabiduría más alta que la de otros seres humanos.
Daniel no tuvo control sobre la sabiduría, pero sí sobre
la justicia suya. Considérese
Ezeq. 14:14.
2:31 -- Tú, oh rey, veías, y he
aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya
gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto
era terrible –- El
texto no dice que Nabucodonosor vio, sino que veía cuando de
pronto pareció la terrible imagen colosal con apariencia de
hombre. Queda conmovido, mirándola con gran atención y con el
temor que la vista infundía en el rey.
Con razón quiere saber la interpretación de este sueño
singular.
2:32,33 -- La cabeza de esta
imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su
vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies,
en parte de hierro y en parte de barro cocido –- Desde
la cabeza, el centro de la mente, hasta las piernas y los pies,
los miembros humildes del cuerpo, desde el oro hasta el hierro y
barro, Daniel recuerda al rey la apariencia de la imagen de tamaño
extraordinario.
2:34 -- Estabas mirando, hasta
que una piedra fue cortada, no con mano –- Daniel
sigue recordándole al rey lo que se suscitó en este sueño de
acción. Mientras el
rey miraba atónito a la imagen terrible y espantosa, entonces ve
una piedra (supuestamente de tamaño
significante) que fue cortada (de una montaña, ver. 45) de
manera sobrenatural (“no con mano”; compárese Col. 2:11).
La acción de la roca en este sueño es obra directa de
Dios; el sueño no representa algo por casualidad.
Ahora, no es la imagen lo que ocupa el centro de interés,
sino la piedra.
La
figura de “roca”, con referencia a Dios, es una figura común
en las Escrituras (Deut. 32:15; Sal. 18:2; Isa. 51:1; etc.).
Cristo es la “roca”, el fundamento de su propia iglesia
(Mat. 16:18; 1 Cor. 3:11; 10:4).
-- e hirió a la imagen en sus
pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó –- La
gran imagen está en medio de la senda que traza la piedra
extraordinaria. Le da
a la imagen en sus pies un golpe tan fuerte que la imagen queda
hecha, no tan sólo pedazos,
sino polvo.
2:35 -- Entonces fueron
desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la
plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se
los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno –- Se
describe la completa destrucción de la imagen.
Ya no está en evidencia; toda su gloria se desvanece.
No queda nada.
-- Mas la piedra que hirió a la
imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra --
Ahora
lo que toma toda la prominencia es la piedra.
Sigue creciendo hasta llenar toda la tierra, superando
totalmente la gloria que ocupaba un poco antes la gran imagen
tan terrible. Una
cosa reemplaza la otra. (Como
veremos, esta piedra representa el reino mesiánico).
¡Qué maravilla! Con
razón se emocionó el rey al tener este sueño.
2:36 -- Este es el sueño; también
la interpretación de él diremos en presencia del rey -–
Habiendo
dado los detalles del sueño, ahora Daniel, el joven judío,
procede a interpretarlo en la presencia del gran rey,
Nabucodonosor. La
interpretación va a darle a entender que Dios tiene un reino que
va a dominar a todo reino humano y que esto acontecerá en un período
específico de la historia.
2:37 -- Tú, oh rey, eres rey de
reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y
majestad –- Por
la gracia de Dios, Nabucodonosor era el rey supremo de su tiempo,
porque es Dios quien quita y pone en referencia a tronos humanos (ver.
21). Dios todo lo
controla. Compárese
1 Cor. 15:10.
2:38 -- Y dondequiera que habitan
hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha
entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres
aquella cabeza de oro –-- Claro
es que Daniel habla hiperbólicamente, al decir
“dondequiera…”, porque Nabucodonosor no regía literalmente
a todo ser humano en la tierra de su tiempo, pero sí lo hacía en
todo el mundo de entidades de fuerza e influencia. Hasta este momento del sueño nadie en el mundo le está
retando.
De
los cuatro imperios mundiales representados por la imagen,
Nabucodonosor es el rey del primero.
Es la cabeza de oro.
Considérense Jer. 27:5-7; Ezeq. 26:7.
2:39 -- Y después de ti se
levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de
bronce, el cual dominará sobre toda la tierra –- Daniel
no especifica quiénes son estos dos reinos o imperios que seguirán
al de Nabucodonosor, pero la evidencia en los capítulos
subsecuentes de este libro, juntamente con la historia secular,
los identificarán como Medo-Persia y Grecia.
Como la plata es inferior al oro, así va a serlo el reino
de los medo-persas. El
reino de bronce es el griego.
Los soldados griegos se vestían con protección de bronce
mientras que los persas de uniforme de ropa suave.
El
reino medo-persa reemplazó al babilónico en el año 539 a. C., y
el griego reemplazó al medo-persa en 333 a. C.
2:40 -- Y el cuarto reino será
fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las
cosas, desmenuzará y quebrantará todo –- La
interpretación que Daniel está dando profetiza el levantamiento
de cuatro imperios mundiales que harán su contribución al
“cumplimiento del tiempo” (Gál. 4:4). Ahora, el cuarto imperio ha de ser muy feroz y destructor,
como el hierro es más fuerte que los demás metales ya designados
en la imagen. Se identificará como el imperio romano que hizo
gran uso del hierro en sus armas de guerra.
Véase 7:7, cometarios.
2:41 -- Y lo que viste de los
pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte
de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la
fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro
cocido -– No
se funden el barro y el hierro; es una mezcla sin adhesión. Este cuarto reino iba a tener en sí una debilidad inherente,
una división interior, que con el tiempo produciría su
desaparición. Mientras
tanto conquistaría a muchos pueblos, persiguiendo a muchos con
crueldad.
2:42 -- Y por ser los dedos de
los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino
será en parte fuerte, y en parte frágil -–
Roma
sería fuerte en sus conquistas, pero al mismo tiempo se debilitaría
en gran parte por la mezcla de grupos étnicos que llegarían a
formar el imperio.
2:43 -- Así como viste el hierro
mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas;
pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla
con el barro -– Probablemente
la referencia aquí es a la migración de tribus del norte (Europa)
que se mezclarían con los latinos de Italia.
El resultado de esto sería una debilidad que prevendría
que Roma siguiera siendo un imperio mundial.
2:44 -- Y en los días de estos
reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás
destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y
consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para
siempre –- La
frase, “en los días de estos reyes” puede referirse a los
reyes de los cuatro reinos, si ellos se consideran como incorporándose
todos en uno. La piedra destruyó toda la imagen. Pero históricamente hablando, la frase tiene que entenderse
como refiriéndose en particular a los reyes (Césares) del cuarto
imperio, el romano.
Este
reino va a ser de origen divino y de duración eterna. (No puede ser, pues, reino milenario; es decir, de solamente
mil años literales). Los
reinos humanos pasan de poder en poder (dejados “a otros
pueblos”). Este reino conquista a todo reino humano, no con armas
carnales (2 Cor. 10:4,5), sino con el evangelio salvador (Efes.
6:17). Cristo comenzó
su conquista en su resurrección de los muertos (Col. 2:15) y la
terminará en su segunda venida (1 Cor. 15:23-27).
Este
es el versículo de gran controversia en el llamado cristianismo.
Los premilenaristas hablan de un futuro reino romano revivificado o reestructurado,
que de repente será terminado por un juicio divino, y que
luego será establecido el reino del cielo de mil años de duración.
Esto acontecerá en la segunda venida de Cristo, dicen.
Para ellos la iglesia no es el reino, sino algún
substituto que Cristo establezca en lugar del reino, hasta que
vuelva la segunda vez. Esta
falsa doctrina tiene a Cristo fallando en su primera venida.
Si falló una vez, ¿qué seguridad tenemos de que no falle
otra vez?
Jesús predicó que el reino se había acercado (Mar.
1:15), y Juan el bautista afirmaba lo mismo (Mat. 3:2).
Ese reino iba a venir con poder durante la vida de
algunos de las personas presentes en la ocasión referida en Mar.
9:1. El día de
Pentecostés los apóstoles fueron investidos del poder de lo alto
(Luc. 24:49) en la ciudad de Jerusalén (Hech. 2:1-4).
Comenzaron a hacer uso de las llaves del reino (Mat. 16:19;
18:18) aquel día, predicando los términos del evangelio, y así
quedó establecida la iglesia de Cristo (Hech. 2:47).
La iglesia y el reino es la misma institución.
A la iglesia en Colosas, Pablo dijo que ellos habían sido
trasladados al reino del amado hijo de Dios (Col. 1:13).
Juan estaba en ese reino (Apoc. 1:9).
Santos del siglo primero recibían el reino (Heb. 12:28).
La Cena del Señor se toma en la iglesia; se toma en el
reino (1 Cor. 11:20; Luc. 22:16-18; Mar. 14:25).
Nótese: si el reino todavía no ha sido establecido, según
afirman los premilenaristas, ¿por qué toman la Cena del Señor
en sus iglesias?
Cristo habló de la iglesia y del reino como una sola
institución (Mat. 16:18,19).
Los cristianos reinan ahora (Apoc. 1:6, “nos hizo reyes”;
5:10, “nos has hecho reyes”, y por eso el texto correcto dice,
“reinamos sobre la tierra”).
Los tesalonicenses habían sido llamados por el evangelio
(2 Tes. 2:14) al reino (1 Tes. 1:12).
Cristo ascendió a los cielos para recibir su reino (Luc.
19:12), y está reinando ahora, y reinará hasta que destruya la
muerte (1 Cor. 15:25), cosa que sucederá en el día de la
resurrección.
Los premilenaristas fallan porque no ven la naturaleza
espiritual del reino. Todo
lo interpretan física y literalmente, que como la piedra dio
violentamente contra la imagen, dicen, así en la segunda venida
de Cristo habrá una batalla catastrófica y violenta en Armagedón
(Apoc. 16:16), llevada a cabo con armas carnales de guerra moderna.
Ignoran que la imagen del sueño de Nabucodonosor fue una
figura con aplicación espiritual.
¿Qué dijo Cristo a Pilato?
“Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este
mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a
los judíos; pero mi reino no es de aquí”.
2:45 -- de la manera que viste
que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual
desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El
gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por
venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación -–
Nabucodonosor había deseado saber acerca del futuro con referencia a su
gran poderío en Babilonia, y Dios le dio este sueño, y luego a
su tiempo y a su manera dio la interpretación.
Por su siervo Daniel, Dios reveló la gran verdad de la
venida del reino de Cristo (la piedra) de origen divino, en el
cumplimiento del tiempo (Gál. 4:4),
el cual en batalla espiritual vencería a todo reino humano
dirigido por sabiduría humana y terrenal.
Jesucristo ganará la batalla (espiritual) por la simple
razón de que “es Señor de señores y Rey de reyes” (Apoc.
17:14).
Sobre
la frase “en lo por venir”, véase ver. 28, comentarios.
Daniel, por haber recordado al rey el sueño y por haber
dado la interpretación, bien puede aseverar que todo lo que ha
dicho es verdadero, cosa que Nabucodonosor no puede negar, ni
quiere.
2:46 -- Entonces el rey
Nabucodonosor se postró sobre su rostro y se humilló ante
Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e incienso –- El
rey a quien se le llama “rey de reyes” (ver. 37) ahora se
postra sobre su rostro; se encuentra humilde frente a la gran
revelación que Daniel acaba de darle.
En
lugar de la frase “se humilló”, otras versiones buenas dicen
“se postró”, o “adoró” (a Daniel).
La escuela crítica censura a Daniel aquí por aceptar
adoración, cosa que rehusó el apóstol Pedro, dicen (Hech.
10:25,26). Afirman
que su reacción no se comporta con la de una persona de las
reclamaciones de Daniel. Pero
su censura no se justifica. El
texto aquí no dice nada en cuanto a reacción de parte de Daniel;
dice solamente que Nabucodonosor reaccionó de tal y tal manera.
2:47--El rey habló a Daniel, y
dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de
los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar
este misterio –- Véase
ver. 28. Solamente Dios de los cielos pudo hacerlo, y lo hizo
por medio de su siervo, Daniel.
La
confesión de Nabucodonosor no sube más allá del nivel del
politeísmo. Nada más
reconoce que el Dios de Daniel pudo hacer algo que los dioses
babilonios no pudieron hacer.
Nótese que en los vers. 46-49 se interesa más en Daniel
que en Dios. Sus
gestos benignos faltan en substancia verdadera.
2:48 -- Entonces el rey
engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y
le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe
supremo de todos los sabios de Babilonia –- El
rey cambia de genio; estuvo muy airado; ahora, placentero.
Cumple con su promesa (ver. 6).
Engrandece a
Daniel en
gran manera, pero en realidad fue la gracia de Dios que dio vida a
Daniel, a sus tres amigos, y a todos los sabios de la corte para
que no perecieran en el furor del rey (ver. 13).
Engrandecido,
Daniel continúa en la corte de Babilonia con la misma fidelidad e
integridad de antes, dejando que su vida diaria, bajo cualquier
circunstancia, glorifique a Dios.
2:49 -- Y Daniel solicitó del
rey, y obtuvo que pusiera sobre los negocios de la provincia de
Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego; y Daniel estaba en la corte
del rey –- Daniel no se olvida de sus amigos.
Contrástese Gén. 40:23.
Los hombres del mundo buscan lo propio suyo; el hombre de
Dios no es egoísta (Fil. 2:20).
Los reinos se levantan, y caen; las filosofías, políticas,
y religiones humanas perecen con el hombre, pero detrás de todos
los eventos en la historia del hombre obra el plan de Dios de
renovar a todo hombre caído que permita que Dios lo haga. La vida eterna consiste en conocer (aprobar) a Dios (Jn.
17:3). El hombre que
hace esto pone la mira en las cosas de arriba, no en las de la
tierra (Col. 3:2). Esta es la lección que nos trae Daniel.
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