Al comentar los versículos de
este famoso capítulo, tendremos que considerar dos puntos
principales de controversia; a saber, la persona del Darío del
versículo 1, y la interpretación correcta de las “semanas”
de la sección de los versículos 24 al 27.
(Hay que familiarizarnos con la palabra “hebdómada”,
una transliteración del vocablo griego, hebdomas,
que significa un período de siete, o siete unidades; y
de eso, una “semana”. Véase
el mismo vocablo en 10:2,3, “tres semanas”).
Antes que nada, nos conviene notar que en este capítulo,
Daniel, sabiendo que los setenta años de cautividad para los
judíos llegaban a su fin, ora por sí mismo y por el pueblo judío,
confesando pecados, e implorando que Dios perdone y restaure a
su pueblo y a su ciudad, Jerusalén (ver. 18,19).
Pero recibirá la revelación de que los problemas de los
judíos no terminarán con la llegada del fin de los setenta años
de exilio, sino que el templo y la ciudad de Jerusalén serán
restaurados con gran conflicto y que queda más dominio
extranjero y conflictos para los judíos (de parte de los
griegos, al caer el imperio persa). Además, al establecerse el reino de Cristo, toda la economía
judaica llegará a su fin, y esta consumación incluirá la
destrucción total