Un comentario por nuestro erudito hermano Reeves:  

NOTAS SOBRE DANIEL

 

Por Bill H. Reeves

(Derechos reservados, copyright, diciembre 2000)

¡El Altísimo tiene dominio en los reinos de los hombres!  (4:24) 

INTRODUCCION:

      

Esta introducción contiene por traducción una gran parte de la obra en inglés, “SURVEY OF DANIEL”, por mi hijo en la carne, y hermano en la fe, Chris Hatton Reeves.

 

EL AUTOR

(El libro reclama que el autor es Daniel, 12:4)

A. Daniel el hombre:         

       1. Su nombre.  El significado del nombre Daniel es “Dios es Juez”, o “Dios es mi Juez”.  Fuera de este libro que lleva su nombre, el nombre Daniel se encuentra en 1 Crón. 3:1; Esdras 8:2; Neh. 10:6; Ezeq. 14:14,20; 28:3; Mat. 24:15; Mar. 13:14.  Su nombre fue cambiado en Babilonia a Beltsasar (1:7), nombre que significa “que Bel proteja al rey”, o sencillamente “proteja su vida”.  (Sobre el dios pagano, Bel, véase 4:8; Jer. 50:2; 51:44; Isa. 46:1).

       2. Su vida pasada y carrera.   Daniel era de familia real (1:3), un joven talentoso y bien educado (1:4).  Había sido llevado cautivo a Babilonia en el año 605 a. C. cuando Nabucodonosor derrotó a los egipcios en Carquemis y luego unos meses después pasó a Jerusalén para llevar cautivos junto con el botín.   (Esto sucedió unos ocho años antes del cautiverio de Ezequiel).    En aquel tiempo Daniel tenía aproximadamente 20 años de edad, o tal vez unos 15 a 18 años.  Véanse 2 Crón. 35:20—36:7; Jer. 46:2; 25:1-12; Dan. 9:1,2.

       Cuando menos vivió en Babilonia hasta el tercer año de Ciro, rey persa, cerca de 536 a. C. (7:1; 8:1; 9:1; 10:1,2).  Se cree que nació en el tiempo de las reformas de Josías (621 a. C.), y que murió cerca de los noventa años de edad.  Según Josefo, el his­toriador, Daniel y sus com­pañeros eran descen­dientes del rey Sedequías.

       Después de tres años de entrenamiento (1:5; compárense 2 Rey. 20:17,18; Isa. 39:7), sirvió de con­sejero político de Nabucodonosor, rey de Babilonia (1:1), de Belsasar (5:1), de Darío de Media (5:31), y de Ciro, rey de Persia (10:1).  Sus actividades públicas correspondían a su educación formal indicada en el capítulo 1.

       Era estudiante de la palabra de Dios (9:1,2; compárense Jer. 25:11; 29:10).  Fuera del libro de Daniel, no sabemos nada acerca de su vida.

       Daniel (605-536 a. C.) sirvió en la ciudad de Babilonia, mientras que Jeremías (626-586 a. C.) sirvió en Jerusalén, y Ezequiel (592-570 a. C.) en el sudeste de Babilonia en el río Quebar (Ezeq. 1:1).

       El período de tiempo cubierto por el libro de Daniel se ex­tiende de 605 a. C. a 165 a. C.

       3. Su carácter. Era hombre grande en sabiduría (1:17), en integridad y cortesía (1:8, 9,11,13), y en oración (2:18 y sig.; 6:10; 9:3 y sig.; 10:12).  Era compañero de reyes, un gran estadista y consejero, un gran líder y protector de su pue­blo.  Era estadista, pero también profeta.  Subió de esclavo a estadista de primer rango.

       Era hombre humilde y modesto (2:28-30), de justicia y valor (1:8 y sig., Ezeq. 14:14,20), y de capacidad y autoridad (1:20; 2:48,49; 6:1-3).  Al mismo tiempo era hombre considerado (2:49).

       No solamente era hombre grande en la tierra, sino también considerado así en el cielo (9:23; 10:11,19).

       Otras palabras que describen el carácter de este hombre de Dios son: preeminencia (1:20), propósito (1:8), poder (2:48; 6:2), oración (6:10; 9:1 y sig.), principio (6:23), e inocencia (6:22).

       4. Su tarea. Dios usó a Daniel para la interpretación de sueños, señales y visiones.  Dios le usó para que  sirviera de oficial en la corte de Babilonia y de los reyes medo-persas.   En cada tarea, Daniel se portó con fidelidad e integridad.  El fue instrumento de Dios en Babilonia para mantener el honor de Dios en esa tierra ajena, y para registrar las revelaciones de Dios tocante al futuro con respecto al reino de Dios.

 

EL LIBRO

A.  Daniel el libro:

       1. Su lugar en el Antiguo Testamento.  En la Bi­blia hebrea, Daniel está colocado entre “los Escritos”, porque los judíos no consideraban al hombre Daniel como profeta, como lo eran Isaías o Ezequiel, sino como vidente y hombre de sabiduría.     (Esta localización del libro no argu­menta en contra de la inspiración o canonicidad del libro).

       En la Versión Septuaginta (versión de los se­tenta, en griego), Daniel fue puesto entre los profetas o la Hagiografía (los Escritos Santos).

       La Biblia nuestra lo pone en los Profetas Mayores, siguiendo el orden de la Septuaginta y de la Vulgata.

       2. Título. Como muchos de los libros del Anti­guo Testamento, el libro Daniel toma su nom­bre del protagonista central en él.  El título, Daniel, en nuestra Biblia es tomado de la versión  Septuaginta.

3. Autor.

            a. Evidencia interna.  No se declara en nin­guna parte quién es el autor, ni hay reclamaciones de haber sido escrito con inspiración.  Daniel habla en primera persona, y reclama haber recibido reve­la­cio­nes registradas en un libro (véanse 7:2 y sig.; 8:1 y sig.; 9:2 y sig.; 12:4).

       Daniel, dado que vivía entre los babilonios,  hu­biera sabido que Susa estaba ubicada en la provincia de Elam (8:2).

            b. Evidencia externa. Ezequiel, libro admitido aún por los críticos como del siglo sexto, se refiere a Daniel (14:14,20; 28:3) en 591 a. C. y en 586 a. C.

       Jesús habla de “la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel” (Mat. 24:15; compáre-           

 

se Dan. 9:27).   Nótese que Jesús se refiere a Daniel como (1) una persona histórica, (2) como un profeta y no solamente como un historiador, y (3) como un profeta verdadero.

       El Talmud judaico atribuye el libro al sexto siglo a. C.

       Los críticos liberales atribuyen para el libro un número múltiple de autores, hasta nueve de ellos, porque niegan la unidad del libro.  Estos críticos  niegan que el autor haya sido una sola persona de nombre Daniel.  Pero la unidad del libro apunta a un solo autor, a Daniel. La primera parte del libro prepara al lector para la segunda parte. Cada narración en el libro mues­tra un solo propósito; a saber, muestra que Dios rige y controla los reinos de los hombres.  El carácter de Daniel es el mismo a través del libro.

       4. Fecha.

            a. Dado que Daniel registra eventos y visiones desde 605 a. C. (1:1) hasta 536 a. C. (10:1), los eruditos conservadores datan el libro a una fecha cerca de 535 a 530 a. C.

            b. Los críticos liberales, que son modernistas, dado que niegan la inspiración verbal de las Escrituras, no pueden admitir la profecía.  Según ellos, las cosas predichas en el libro de Daniel en realidad fueron escritas después de acontecer dichos eventos.  Por eso la mayoría de ellos datan el libro entre 168 a. C. a 165 a. C., un período que a veces es llamado “la fecha de los Macabeos”.  Algunos lo datan cerca de 250 a. C., un período llamado, “de los griegos”. La controversia sobre la fecha de este libro ha sido larga y difícil.  Para los humanistas, este libro ha sido muy odioso. Uno de ellos escribió que este libro es “ni más ni  menos que un fraude pío”.

       ¿Por qué, pues, datan los liberales la fecha del libro de Daniel en el período de los griegos o de los Macabeos?  Lo hacen porque si el libro de Daniel fue escrito en el siglo sexto (como en el 530 a. C.), ya que describe con exactitud cosas que no acontecerían hasta siglos después, ento­n­ces eso apunta a la profecía (a lo predicho de antemano), cosa que a su vez apunta a la inspiración divina y ésta al sobrenaturalismo.  El sobrenaturalismo apunta a la existencia de Dios, y todo esto es imposible para el modernista.  Como se expresó cierto autor: “Estos leones (modernistas) no han podido devorar el libro Daniel, como tampoco pudieron los leones devorar al hombre, Daniel”.  El orgullo intelectual del hombre no le permite aceptar las profecías tan detalladas y precisas que anunció Daniel.  Pero si Daniel era un mentiroso, reclamando pre­decir, siendo nada más un historiador, entonces Jesucristo también es un fraude porque atestó a la autenticidad de Daniel y sus escritos.

       5. Auditorio y ocasión. 

            a. Había un auditorio gentil que re­cibiría advertencia de las palabras de Daniel, sabiendo que Dios destruye y levanta naciones (Cap. 2, 4, 5).

            b. Había un auditorio judaico que reci­biría ánimo de las palabras de Daniel, sabiendo que Dios restauraría a Israel (2:44).  Daniel demostraba a los exiliados que la fe verdadera en Dios y el destierro no son dos cosas incompatibles.

       La ocasión para escribir la sección histórica del libro vino de las experiencias extraordinarias de Daniel en la corte de Babilonia.  La ocasión para recordar las visiones (Cap. 7-12) vino de la necesidad de describir los eventos de tiempos fu­turos.

       6. Estilo y forma.

            a. Profecía apocalíptica. La palabra “apo­calipsis” significa revelación. Daniel revela mu­chas cosas que ocurrirían en “el tiempo del fin”.  La literatura apocalíptica emplea el reporte de visiones vistas, el uso de símbolos, la predicción con respecto al pueblo de Dios con relación a las naciones de la tierra, y el estilo prosa en lugar del poético.

       El libro Daniel puede ser comparado con los libros Ezequiel y Zacarías.

       7. Lengua.  El libro está escrito en dos len­guas.  La parte de 2:4b hasta 7:28 está escrito en arameo, y el resto en hebreo.  Muchos opinan que cuando el autor hablaba del pueblo de Dios y de su destino, que escribió en el hebreo, y que cuando hablaba de los grandes reinos mundiales, empleó el arameo.

       8. El tema.  Sin duda, el tema es que Dios rige las naciones de la tierra; los hombres reinan, pero Dios es soberano. Él pone y él quita líderes políticos según sus propósitos y planes. Al mismo tiempo todo lo controla Dios para el bien último de su reino y del pueblo que lo compone.  Dios guarda, revela, entrega y libra, y juzga porque es todopoderoso.

       Mientras que el orgullo de reyes terrenales con­duce a su caída, hay esperanza de libertad para el pueblo oprimido de Dios.  Antes de que llegara el reino del Mesías, otros tres imperios mundanales aparte del babilónico se levantarían.

       9. El bosquejo.  Básicamente hablando, el libro se divide en dos partes: Daniel y sus reyes (Cap. 1-6), y Daniel y sus visiones (7-12).

       10. El libro Daniel para hoy.

            a. En un sentido, los cristianos somos “exi­liados” (Fil. 3:20; 1 Ped. 1:17; 2:11,12).  “El mundo no es mi hogar”.  El libro Daniel nos enseña cómo los exiliados deben portarse en un mundo hostil: a no ser intimidados por las ame­nazas del mundo (3:16-18); a no ser influidos por ofertas mundanas (5:17), y a no ser infectados por las religiones mundanas (6:1-10).

       Daniel y sus compañeros se hallaron en diferentes posiciones difíciles: en la corte de un emperador poderoso, en el horno de fuego, y en el foso de los leones.

            b. Dios está presente para su pueblo en tiempo de necesidad desesperada. Estuvo presente para los exiliados en Egipto (Ex. 3:7,8), para los exiliados en Babilonia, y para los exiliados de hoy.

            c. Podemos saber algunas cosas con respecto al fin del tiempo, aunque no nos toca saberlas todas. ¿Necesitamos saber más?  ¿Qué clase de gente somos con lo que sí sabemos (2 Ped. 3:11-15)? 

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