Cuando el "mono" se vea verde, píquele con el ratón para charlar conmigo.


El Libro del  Pueblo de Dios


Por Hoyt Houchen

 

 

  Home 

   
 

El verdadero pueblo de Dios aprecia el libro que tiene, la Biblia. La palabra «Biblia» es en realidad una palabra griega que significa «libros». Esta Biblia es preciosa para el pueblo de Dios: la revelación de Dios al hombre (Sal. 19:7; 2 Tim. 3:16,17; Judas 3).

El pueblo fiel de Dios del pasado ha estimado la ley de Dios y se ha esforzado por sujetarse a ella. Los judíos oyeron con gran reverencia la lectura de la ley, de esto se encuentra registrado un ejemplo en Neh. 8. Esdras leyó el libro a toda la asamblea, y tan grande fue su devoción que todo el pueblo lloró.

Aquellos que se han dedicado a servir al Señor han hecho del Libro su guía y la fuente de sus meditaciones. Está escrito en el salmo primero: «Sino que en la ley de Jehová está su delicia y en su ley medita de día y de noche». También en el salmo 119: «¡Oh cuánto amo yo tu ley! Todo el día es en ella mi meditación».

LA INSPIRACIÓN DEL LIBRO

La palabra «inspirada» viene de la palabra griega theopneustos, literalmente «alentada por Dios». El verdadero significado de la inspiración bíblica es que sus autores no emplearon sus propias palabras, sino las del Espíritu Santo. «Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual» (1 Cor. 2:13).

La Biblia reclama ser inspirada (2 Tim. 3:16,17; 2 Ped. 1:21). Si la Biblia no fuera lo que reclama ser (la palabra de Dios), entonces sería un fraude perpetrado contra la humanidad. Si fuera un fraude, entonces no podría ni siquiera ser catalogada como un buen libro; así que los que la alaban como un gran libro, pero niegan su inspiración, son inconsecuentes.

La evidencia convincente de su inspiración son sus profecías con su cumplimiento. Desde Génesis hasta Malaquías se da una visión profética detallada de Jesús, y el cumplimiento exacto se encuentra en el Nuevo Testamento (ejemplo, su nacimiento virginal, Isaías 7:14; Mat. 1:18-23). Nos maravilla el cumplimiento preciso de las predicciones hechas en la Biblia tocante a personas, ciudades y naciones. La destrucción de los amalecitas fue prometida en Éxodo 7:14 y se cumplió unos 412 años después (1 Sam. 15). Tras la caída de Jericó, la suerte de aquellos que se levantaran para reedificarla fue predicha (Jos. 6:16), su cumplimiento específico sucedió 550 años más tarde (1 Rey. 16:34). La ruina de Babilonia, Tiro y Sidón, se profetizaron (Isa. 13; Jer. 50, 51; Eze. 26-28, etc.). La desolación de esas ciudades hoy testifica silenciosamente sobre lo exacto de las predicciones bíblicas. El nombre específico de Ciro se menciona en Isa. 44:28 antes de que naciera, al identificársele como el instrumento de Jehová que derrotaría a Babilonia 150 años más tarde. Ciro y los persas derrotaron a Babilonia en 539 (a. de J. C.).

La Biblia no es de origen humano. En primer lugar, el hombre no escribiría un libro que lo condenara como lo hace la Biblia, y, en segundo lugar, el hombre no es capaz de escribir un libro como la Biblia.

LO INERRABLE DEL LIBRO

Ya que la Biblia ha sido inspirada verbalmente, está exenta de error. Hasta algunos eruditos malamente llamados conservadores, sostienen la peligrosa posición de que la Biblia es inerrable en asuntos de fe y doctrina solamente, pero no en tales ramas como la ciencia, la geología, la geografía, y la historia. En realidad, no sólo es científicamente exacta, sino que arqueología ha verificado su exactitud en otros campos también. Las que algunas veces se consideraban inexactitudes han sido probadas todo lo contrario. Por ejemplo, algunos críticos de la Biblia dudaban que la nación hetea mencionada en la Biblia hubiera existido jamás. Pero los descubrimientos arqueológicos han revelado que esta nación ocupaba el norte de Siria y el sur de Asia Menor durante más de siete siglos. En Historical Backgrounds of the Bible (Fondos Históricos de la Biblia) por Jack P. Lewis, se presenta evidencia arqueológica que testifica sobre la existencia de muchos sitios y personas mencionadas en la Biblia. Tales nombres como Sargón II, Sisac, Tlglat-Pileser, Senaquerib, y Darío son identificados. La famosa Piedra Moabita, descubierta en 1868, y ahora en el museo del Louvre (París), data del tiempo de Mesa, Rey de Moab (c. 850 a. de J. C. y relata, entre otras cosas, como Omri, rey de Israel, conquistó a los moabitas y los obligó a pagar tributo. La mención de Dios tiene un interés especial y la referencia a Jehová. Las relaciones entre Moab e Israel son correctamente descritas como están registradas en el relato bíblico (2 Rey. 3).

El Obelisco Negro de Salmanaser III, descubierto en 1846, y ahora en el Museo Británico, testifica también de la historia bíblica. En el segundo tablero de arriba hacia abajo, se muestra a Jehú de rodillas pagando tributo al rey asirio (Salmanaser III). Este monumento confirma el reinado de Jehú y suplementa las Escrituras al revelar el tributo que pagó al rey asirio.

La Biblia no es para depender de ella en parte, sino enteramente.

LA CONSERVACIÓN DEL LIBRO

Nosotros creemos que es por la providencia divina que el texto sagrado ha sido conservado. La nación judía no fue escogida solamente como un pueblo para ser la posesión de Dios y a través del cual fuera conservada la pureza ancestral de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, sino que fue también que a través de ese pueblo que los sagrados escritos fueron meticulosamente conservados.

Los masoretas (escribas judíos del siglo quinto al décimo, d. de J. C.) se tomaron las mayores fatigas para conservar el texto hebreo. El descubrimiento de los rollos del Mar Muerto en las cuevas de Qumrán (al noroeste del Mar Muerto) también ha confirmado la exactitud del texto hebreo del Antiguo Testamento. Los rollos, descubiertos por un jovencito pastor árabe en 1947, están fechados de 175 a. de J. C. a 68 d. J. C. El hallazgo original incluía un manuscrito completo de Isaías y otro como de un tercio del libro. Descubrimientos posteriores revelaron fragmentos de todos los libros de la Biblia, con excepción de Ester. Exceptuando muy pocas ligeras variaciones, armonizan con el texto Masotérico. Una tercera fuente confiable como evidencia de la conservación del texto hebreo es la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento (c. 270 a. de J. C.). Hay aproximadamente más de 300 citas en el Nuevo Testamento tomadas del Antiguo Testamento y, con muy pocas excepciones, son tomadas de la Septuaginta. Jesús mismo hizo uso de ella en su enseñanza.

Aunque no tenemos los autógrafos originales del Nuevo Testamento, hay una brecha muy estrecha entre los más viejos manuscritos existentes y esos originales. Un cálculo conservador es que hay más de 4,500 manuscritos del Nuevo Testamento, o de alguna parte de él.

Nuestros más antiguos manuscritos del Nuevo Testamento, el (Códice Sinaítico y el Códice Vaticano) se remontan hasta el siglo cuarto. Algunas traducciones de la Biblia tienen fechas tan tempranas como 175 a. de J. C. (La Versión Siriaca). Solamente de los escritos de Orígenes (siglo segundo), puede encontrarse un 75% del Nuevo Testamento citado palabra por palabra.

Tenemos un número mucho mayor de manuscritos que se pueden obtener sobre el texto de la Biblia que los que existen sobre los escritos seculares, griegos y romanos, escritos que son aceptados sin pestañear. Creemos que el cristiano puede tomar la Biblia completa en sus manos y decir sin temor ni titubeos que tiene en ella la verdadera palabra de Dios.

LA AUTORIDAD DEL LIBRO

La inspiración y la autoridad de la Biblia se sostienen o caen juntas. Por ser la Biblia inspirada es autoritativa. Seamos un pueblo que usa la Biblia como su única regla de fe y práctica.


  Al índice

Otros tratados:

Hace mucho tiempo...,

La iglesia de Cristo, ¿Qué es?
 

La Vírgen María


El Espíritu Santo y la iglesia

¿Hacen los hombres milagros por 
el poder de Dios hoy en día?


El Camino al Cielo


La iglesia del Nuevo Testamento

La iglesia del Señor  

 

 
 

free hit counter