Hay mucha evidencia bíblica de que milagros semejantes
a los de la Biblia no existen hoy en el mundo. En este tratado
vamos a presentar brevemente estas evidencias. Pero primeramente,
queremos afirmar nuestra confianza en los milagros de la Biblia.
No queremos dejar ni por un momento la impresión de que
negamos los milagros de la Biblia. Tampoco queremos dejar la
impresión de que no creemos que Dios tiene el poder de
hacer milagros ahora. Creemos que Dios tiene tanto poder como
siempre y, si quisiera, podría dar a los hombres ahora
el mismo poder milagroso que dio a sus apóstoles. Lo que
sucede es que Dios no quiere dar a los hombres tal poder ahora.
Al negar la existencia de milagros en el tiempo presente, no
negamos en ninguna manera el poder de la oración, y creemos
que Dios contesta nuestras oraciones. Pedimos el pan de cada
día (Mateo 6:11). Entonces salimos a buscar la vida. Dios
prospera nuestro esfuerzo y, por la providencia de Dios, tenemos
el pan de cada día en contestación a nuestra oración
a Dios. Pero Dios no manda el pan milagrosamente como mandó
el maná en el desierto a los judíos (Exodo 16).
Cuando estamos enfermos oramos a Dios y pedimos sanidad y entonces
hacemos la misma cosa que cuando pedimos el pan de cada día.
Trabajamos en todas las maneras que sabemos hacerlo para curarnos,
consultando a los médicos, tomando las medicinas que necesitamos,
etc. Dios en su providencia nos sana.
LOS MILAGROS
FUERON DADOS PARA PROBAR LA DIVINIDAD DE CRISTO Y LA INSPIRACIÓN
DE LOS APÓSTOLES.
"Hizo además Jesús muchas otras señales
en presencia de sus discípulos, las cuales no están
escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para
que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis
vida en su nombre" (Juan 20:30,31). Este texto nos dice
por qué Cristo hizo sus milagros y para qué tenemos
en el Nuevo Testamento el testimonio de
estos milagros. Cristo no sanó a todos los enfermos. Sanó
solamente a los que servirían como testimonio de su divinidad.
Cristo, en una ocasión, llegó al estanque de Betesda
donde "yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos,
y paralíticos", y Cristo sanó a un solo hombre
allí (Juan 5: 8).
Los apóstoles y otros discípulos de Cristo en el
primer siglo del cristianismo hicieron sus milagros para probar
su inspiración y para confirmar
el mensaje que predicaban. "Y ellos (los apóstoles),
saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor
y confirmando la palabra con las señales que la seguían"
(Marcos 16:20). "¿Cómo escaparemos nosotros,
si descuidamos una salvación
tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por
el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando
Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos
milagros y repartimientos del Espíritu Santo según
su voluntad" (Hebreos 2:3-4). Ya que tenemos ahora la Santa
Biblia en su forma completa y mucha evidencia en ella para hacernos
creer en Cristo por la palabra de sus apóstoles, no necesitamos
poder milagroso para confirmar la palabra. Ya fue confirmada
la palabra de Dios. El testimonio escrito es suficiente. Si hay
algunos que no van a creer ahora hasta que vean un milagro, están
en la misma condición de los cinco hermanos del hombre
rico en Lucas 16:19-31. Abraham dijo al hombre rico: "Si
no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán
aunque alguno se levantare de los muertos". Nosotros decimos
de la misma manera, que si alguno no cree por el testimonio del
Nuevo Testamento, tampoco se persuadiría si alguien le
hiciera un milagro en su presencia. En verdad, muchos de los
fariseos, después de ver
muchos milagros de Cristo, todavía dijeron: "Maestro,
deseamos ver de ti señal" (Mateo 12:38). Entonces
el propósito que Cristo tuvo al hacer milagros y al dar
a otros el poder de hacer milagros, ya no existe. Cristo ya cumplió
ese propósito. La palabra ya está confirmada. Nuestra
fe ahora está basada en el testimonio escrito. (Juan 20:30,
31; Romanos 10:17).
LA BIBLIA PROFETIZÓ
EL FIN DE LOS DONES MILAGROSOS.
En 1 Corintios
13 el apóstol Pablo profetizó el fin de los dones
milagrosos, y dijo claramente que fueron para la niñez
de la iglesia (v.11). En 1 Corintios 12 Pablo comenzó
una discusión de los dones milagrosos, incluyendo los
dones de lenguas, de profecía, y de sanidades (vv. 8-10,
28, 30). El capítulo 13 dice que el don del amor es más
grande que los dones milagrosos y una razón es que el
don del amor permanece (1 Corintios 13:8). En el versículo
13 dice que hay tres dones que son más permanentes que
el don milagroso: la fe, la esperanza, y el amor. Pero si creyéramos,
como algunos, que los dones milagrosos van a continuar hasta
el fin del mundo, tendríamos que decir que Pablo se equivocó
al decir que la esperanza permanece y los dones milagrosos se
terminan, porque en el fin del mundo se terminará la esperanza.
Se convertirá en realidad para los salvos y los condenados
no tendrán ninguna esperanza. En el fin del mundo se termina
la esperanza, pero si los dones se terminan al mismo tiempo,
¿en qué manera es la esperanza más permanente
que los dones milagrosos? ¿Por qué hizo Pablo este
argumento? Pablo dice que los dones de lenguas, profecía,
y ciencia, se terminarían cuando viniera lo que es perfecto
(1 Corintios 13:8-10). ¿Qué era la cosa perfecta
que iba a traer el fin de los dones? Por supuesto que es una
cosa que hace con perfección lo que estos dones de lenguas,
ciencia y profecía hacían en parte. ¿Qué
hacían estos dones? Revelaban al mundo la voluntad de
Dios, pero no revelaron en una sola ocasión toda la voluntad
de Dios. Pablo dijo: "En parte conocemos, y en parte profetizamos"
(v.9). Por ejemplo, en Hechos 2 el apóstol Pedro recibió
el Espíritu Santo y predicó la Palabra de Dios
con los otros apóstoles. Pero Pedro no entendió
que Dios quería que predicara a los gentiles también,
hasta Hechos capítulo 10. ¿Ha venido ya una cosa
que revela hasta la perfección la voluntad de Dios? Sí,
ha venido y es la Santa Biblia en su forma completa. En los primeros
años de la existencia de la iglesia no existía
todavía el Nuevo Testamento. Los autores inspirados estaban
escribiéndolo. Durante ese tiempo si un profeta predicaba
una cosa, ¿cómo sabía la gente si predicaba
la verdad o no? Ahora nosotros podemos probar la doctrina de
cada uno por la Biblia, pero ellos no tenían la Biblia
completa. Faltando esto, Dios les dio a los profetas el poder
de hacer milagros para confirmar su palabra, y en varias maneras
les dio poder milagroso para confirmar la predicación
de la Palabra. Pero durante el primer siglo los autores inspirados
completaron el trabajo de escribir el libro perfecto. Ahora,
si queremos saber si alguno enseña la verdad o no, estudiamos
la Biblia y comparamos la enseñanza con la Biblia. Ya
vino lo que es perfecto, y ya se terminaron los dones milagrosos.
Muchos leen los textos que prometen dones milagrosos, como Marcos
16:17-18, y Santiago 5:14,15, pero ignoran los textos que anuncian
el fin de estos dones milagrosos. La misma Biblia que dice una
cosa dice la otra. ¿Vamos a creer toda la Biblia, o solamente
la parte que nos conviene?
LA BIBLIA DICE
QUE LOS DONES MILAGROSOS SE TERMINARON.
Dos grupos de personas
podían hacer milagros: los que habían recibido
el bautismo del Espíritu Santo, y los que habían
tenido la imposición de las manos de los apóstoles
(Hechos 2:4,43; Hechos 8:17-19; Hechos 19:6). El bautismo del
Espíritu Santo no se recibe ahora. Nunca fue prometido
a todo el mundo (Juan 14:17). Fue prometido a los apóstoles
(Hechos 1:5; Lucas 24:49). La casa de Cornelio también
recibió este bautismo (Hechos 10:44). Pero el apóstol
Pedro, hablando de esta ocasión en Hechos 11:15 dijo:
"Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu
Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio".
Estas palabras "al principio" significan mucho. Significan
que no era la costumbre de Dios bautizar en el Espíritu
Santo con mucha frecuencia. Aunque la iglesia había existido
por algunos años, Pedro no pudo acordarse de otra ocasión
cuando el Espíritu Santo hubiera caído sobre los
seres humanos desde "el principio" o, en otras palabras,
desde el día de Pentecostés. Después de
esto, el apóstol Pablo dijo en Efesios 4:5 que hay un
solo bautismo, y en Efesios 5:26 que este bautismo es en agua.
Entonces, si hay un solo bautismo, y este bautismo es en agua,
ya no existe el bautismo en el Espíritu Santo. Tampoco
existen los dones milagrosos dados por la imposición de
las manos de los apóstoles, por la sencilla razón
de que ya no hay nadie en el mundo hoy que pueda haber recibido
la imposición de las manos de un apóstol. Con la
muerte de los apóstoles se terminó el don milagroso.
¿CÓMO
EXPLICAMOS LOS LLAMADOS MILAGROS DEL TIEMPO PRESENTE?
Muchos dan testimonio de haber visto milagros o de haber sido
sanados milagrosamente. ¿Cómo explicamos esto?
El
mucho testimonio de tantos diferentes grupos es una cosa que
produce duda de la veracidad de tal testimonio. Por ejemplo:
Los Católicos dan mucho testimonio de milagros que supuestamente
han hecho sus "santos". Los Mormones dan el mismo testimonio
de los suyos hechos por sus ancianos. Los diferentes grupos de
"Pentecosteses" dan testimonio de los supuestos milagros
que han hecho por medio de oraciones a Dios y del poder del Espíritu
Santo. Pero bien sabemos que el Espíritu de Dios no está
con los Católicos, los Mormones, ni los Pentecosteses
al mismo tiempo. Si los milagros de los Católicos son
verdaderos, entonces los milagros de los Mormones y de los Pentecosteses
son falsos, etc. Pero todos dan el mismo testimonio y el testimonio
de cada grupo tiene la misma fuerza. Esto es suficiente para
hacernos creer que los milagros de los tres grupos son falsos.
No hay ninguna razón lógica por qué debamos
creer en los milagros de un grupo y negar los milagros de los
otros.
Quizás no hay una razón que sola describa lo que
pasó en todos estos llamados milagros, pero hay algunas
explicaciones que vamos a enumerar. Cada supuesto milagro se
entiende por uno o más de los puntos siguientes:
1.Muchos llaman "milagro"
a una curación natural cuando viene pronto. Los médicos
dicen que el 80% de las enfermedades se curan solas por causa
del poder del cuerpo para resistir y vencer las enfermedades
que lo atacan.
2.Muchos confunden el milagro con la
providencia de Dios. Un milagro fue instantáneo y sirvió
como señal de la autoridad de quien hizo el milagro. Dios
en su providencia y en contestación a nuestras oraciones
todavía sana a los enfermos. Hay que distinguir entre
las dos cosas.
3.El poder de la sugestión. Los
médicos dicen que muchos no están enfermos físicamente,
sino que están sugestionados. Están enfermos porque
creen que están enfermos. Los doctores tienen tabletas
hechas de harina y azúcar que dan a esas personas. Si
el enfermo tiene suficiente fe en el doctor y en la medicina,
sanará por sugestión de los síntomas que
tiene también por sugestión. Muchos están
enfermos de verdad, pero por el poder de la sugestión
pueden creer que están sanos y aun comportarse temporalmente
como si estuvieran sanos.
4.Muchos son víctimas de un diagnóstico
falso. Los médicos más expertos a veces se equivocan
al decir qué enfermedad tiene uno. Dicen que uno tiene
síntomas de cáncer o tuberculosis u otra enfermedad
grave, y después descubren que no es como pensaban. Muchos,
después de oír el primer diagnóstico, se
arrodillan enfrente de una imagen, o piden las oraciones de un
"sanador" y cuando resulta que no tuvieron la enfermedad
que los doctores indicaron, creen que fueron sanados milagrosamente.
5.Satanás tiene poder para hacer
milagros falsos y para confundir y hacernos creer doctrina falsa.
"Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas,
y harán grandes señales y prodigios, de tal manera
que engañarán, si fuera posible, aun a los escogidos"
(Mateo 24:24). "Y entonces se manifestará aquel inicuo,
a quien el Señor matará con el Espíritu
de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida;
inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran
poder y señales y prodigios mentirosos" (2 Tesalonicenses
2:8,9). "También hace grandes señales, de
tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra
delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la
tierra con las señales que se le ha permitido hacer en
presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra
que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada,
y vivió" (Apocalipsis 13:13,14). A la luz de estos
textos es interesante notar que los que pretenden tener poder
milagroso para hablar en lenguas, profetizar, sanar enfermos,
etc., son los mismos que también enseñan doctrinas
falsas acerca del plan de salvación, la iglesia, la adoración
que Dios manda, la organización de la iglesia, etc.
Cristo dijo en Mateo 7:22,23: "Muchos me dirán en
aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos
en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu
nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé:
Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad".
No confiemos entonces en estos maestros falsos que pretenden
tener poder milagroso que Dios no les dio. Confiemos mejor en
Cristo, en su Palabra escrita, para aprender a sanar nuestras
almas de sus enfermedades espirituales.
Fin
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