La Iglesia de Cristo ¿Qué Es?

Por L. A. Mott, Jr.

Traducido del inglés por

Aurora V. Puig
   

Cuando el "mono"
se vea verde,
 
llámenme
(picándole al mono

con el ratón)
para conversar.


Una investigación superficial sobre la doctrina y de las prácticas de algunas iglesias que se llaman de Cristo o de otro modo reclaman ser la iglesia de Cristo o la iglesia de Dios es muy probable que conduzca al error. Uno pronto reconoce que ¡cualquier persona puede colgar un letrero! La única fuente infalible de información sobre la iglesia de Cristo es el Nuevo Testamento.

        La primera vez que aparece la palabra "iglesia" en el Nuevo Testamento es en Mateo 16:18. "Edificaré mi iglesia". Así dijo Jesucristo cerca de Cesarea de Filipo. "Mi iglesia", dijo él. Jesús tiene una iglesia. Es la iglesia. Es de él: la iglesia de Cristo. Es la iglesia del Señor la cual ganó por su propia sangre" (Hech. 20:28). "Su propia sangre" enseña que Pablo estaba hablando de Cristo cuando hablaba de "la iglesia del Señor". La iglesia pertenece a Cristo. El la ganó con su propia sangre. "Os saludan todas las iglesias de Cristo". Así escribió Pablo en Romanos 16:16.

        La iglesia de Cristo también es la iglesia de Dios (1 Cor. 1:2; Gál. 1:13). La iglesia pertenece a Cristo y a su Padre. Jesús hablaba de personas que le pertenecían a él cuando indicó que todas ellas le pertenecían a él y a su Padre igualmente (Juan 17:9,10). Así que la iglesia que le pertenece a Cristo le pertenece a su Padre también. La iglesia es de Cristo y la iglesia es de Dios. 

        ¿Qué es eso que se llama "iglesia" y que no es meramente cualquier iglesia, sino específicamente aquella iglesia que le pertenece a Cristo y a su Padre?
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        La iglesia es gente. "Dilo a la iglesia"; "y si no oyere a la iglesia" (Mat. 18:17). Puede oír y puede hablar. Son personas--no ladrillos y mezcla. Puede temer (Hech. 5:11). Puede ser perseguida (8:1). Puede orar (12:5). La iglesia es gente.

        La iglesia que le pertenece a Dios y a Cristo es, entonces, la gente que le pertenece a Dios y a Cristo: el pueblo de Dios. La iglesia de Cristo se compone de esas personas que Cristo compró con la sangre de su vida (Hech. 20:28; 1 Cor. 6:19,20; 1 Ped. 1:18,19), y que, por lo tanto, le pertenecen a él. Dichas perso-nas son su pueblo, rescatadas por su sangre, que le sirven con amor.

        Los predicadores a menudo dicen: "Sálvese, hágase un hijo de Dios; y luego júntese con la iglesia de su preferencia". Esos predicadores no saben nada de la iglesia de Cristo. Toda persona salva, todo hijo de Dios, es parte de la iglesia de Cristo. Eso es lo que es su iglesia: las personas que le pertene-cen por virtud del poder salvador de su sangre.

        Saulo de Tarso perseguía a la iglesia. El historiador de Dios lo describió en Hech 8:3. "Entonces Saulo asolaba a la iglesia". El siguiente capítulo nos dice que Saulo estaba "respirando aun amenazas y muerte contra los discípulos del Señor" (Hech. 9:1).

        ¡Nótese este detalle! La iglesia perseguida por Saulo son los discípulos del Señor. La iglesia de Cristo y sus discípulos son una y la misma cosa. Además en Hech. 9:13 aquellas personas persequidas por Saulo son llamadas santos del Señor. La iglesia de Cristo son los santos. Los santos no son un grupo especial en la iglesia; no son can-onizados después de muertos. Los santos son personas que le pertenecen a Dios, consagrados a Dios (que es el significado de santos).

        El mismo detalle aparece en 1 Cor. 1:2. Pablo escribe "a la iglesia de Dios que está en Corinto, santificados en Cristo Jesús, llamados santos". La iglesia son los santificados, aquellos llamados a ser santos.

        He aquí la verdad del asunto: la palabra "iglesia" es solamente un sustantivo colectivo (como hato, bandada, grupo, etc.) que se refiere a personas de Dios como un grupo, una colectividad. Iglesia es la traducción del sustantivo griego ekklesia que significa una congregación, una reunión, o una asamblea. Ekklesia es una palabra compuesta de la preposición ek que significa fuera de y el sustantivo klesis que significa llamado. La iglesia son, por lo tanto, los pertenecientes a Dios que han sido llamados fuera. Está intregrada de aquellos que Dios ha llamado "a su reino y gloria" (1 Tes. 2:12) aquellos que han sido llamados por el evengelio "para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo" (2 Tes. 2:14); aquellos que Dios ha llamado "de las tinieblas a su luz admirable" (1 Ped. 2:9). Así que la definición de la palabra misma indica la conclusión ya hecha de que la iglesia son las peronsas salvadas por Dios, aquellas rescatadas por la sangre, llamadas de las tinieblas a la luz. La iglesia de Cristo es aquellas personas que son de Cristo, que le pertenecen a él, que son sus discípulos.

        La Biblia habla de la iglesia en un lugar particular. Así: "la iglesia de Dios que está en Corinto" (1 Cor.1:2). La iglesia de Cristo o de Dios) en un lugar son las personas de Dios, los discípulos de Cristo, en ese lugar. Había muchos de estos grupos locales en la época apostólica: iglesias en Jerusalén (Hechos 8:1), en Corinto (1 Cor. 2:2), otros lugares (Apoc. 1:11). Pablo se refería a muchos de tales grupos locales de disípulos cuando él hablaba de "las iglesias de Cristo" (Rom. 16:16).

        Pero algunas veces se habla de la iglesia en términos generales sin referencia a ningún lugar (Mat. 16:18; Efes. 1:22,23; etc.). En tales pasajes la referencia es a los santos, discípulos, cristianos, o personas de Dios en general; es decir, a todos ellos en el mundo.
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        ¿Quienes son estas personas que pertenecen a Cristo y que se les trata como su iglesia? Son las personas ganadas por la sangre de Cristo (Hech. 20:28; 1 Cor. 6:19,20; 1 Ped. 1:18,19). Pero esto no los describe completamente. Cristo murió por todos los hmbres (1 Juan 2.1,2). Pero no todos ellos admiten que Cristo los reclame como suyos. La iglesia verdaderamente está compuesta de aquellos que reconocen que Cristo tiene un derecho de posesión sobre ellos y le rinden servicio voluntario porque le reconocen como su Señor. Este detalle está immplícito en el argumento de Pablo en 1 Cor. 1:11-13. 

        Pablo había oído de las "contiendas" que había entre los corintios. El explica: Unos dicen: "Yo soy de Pablo"--dando a entender, yo pertenezco a Pablo. Otros dicen: "Yo soy de Apolos"; otros: "Yo soy de Cefas"; mientras otros dicen: "Yo soy de Cristo".

        Pablo reprende estas "contiendas" con hacer tres preguntas. La primera es, "¿Está dividido Cristo?" La respuesta tiene que ser "¡No!" (Véase 1 Cor. 12:12). Esto implica: "Por lo visto, este estado de división no es correcto. Es del todo erróneo".

        Unos decían, "Yo soy de Pablo" y Pablo los fulminó con otras dos preguntas. Primera: "¿Fue crucificado Pablo por ustedes?" Cristo murió para comprarlos (1 Cor. 6:19,20), de modo que le pertenecieran a Cristo solamente. Así que la contestación es "¡No! Pablo no fue crucificado por nosotros". Lo que se implica es: "Entonces uno no puede decir: 'Yo soy de Pablo'".

        Pero esto no termina aquí. Pablo hace una tercera pregunta: "¿Fueron ustedes bautizados en el nombre de Pablo?" Otra vez la respuesta puede ser solamente "¡No!" (véase Hechos 19:5). Y otra vez el significado tácito es igual: "Entonces uno no puede decir: 'Yo soy de Pablo'".

        Lo que Pablo enseña aquí es que por lo menos dos cosas tienen que ser ciertas antes de que alguien pudiera pertenecer a Pablo: Pablo tendría que haber sido crucificado por él, y él tendría que haber sido bautizado en el nombre de Pablo.

        La lógica de Pablo, la cual uno puede fácilmente apreciar, se aplica con igual fuerza a los otros grupos. Nadie tiene el derecho de pertenecer ni a Apolos ni a Cefas, porque (1) ninguno de estos hombres fue crucificado por nosotros. Y (2) no hemos sido bautizados en el nombre de ninguno de ellos.

        Pero otros decían: "Yo soy de Cristo". Es claro que la lógica de Pablo es igual para alguien que reclama pertenecer a Cristo. Hay que hacer dos preguntas: (1) ¿Fue Cristo crucificado por usted? Y ¿fue usted bautizado en el nombre de Cristo? La persona tiene que poder contestar "sí" a cada una de estas preguntas, o no pertenece a Cristo ni tiene el derecho de decir: "Yo soy de Cristo".

        Nos vemos obligados a decir que hay dos condiciones necesarias que tienen que ser satisfechas antes de que una persona puede pertenecer a Cristo y ser parte de la iglesia que es de Cristo: (1) El precio del rescate pagado por Cristo cuando él murió en la cruz por nosotros; esta condición ha sido satisfecha. Pero la segunda condición es igualmente esencial. (2) La persona reconoce que Cristo tiene derecho a reclamarle como suya, reconocimiento que se expresa por ser bautizada la persona en el nombre de Cristo. Por medio de este acto la persona se entrega a Cristo y comienza una nueva vida de servicio en sumisión a su verdadero dueño y Señor. Son las personas rescatadas por Cristo y que se rinden por medio de este acto a Cristo las que componen la iglesia de Cristo. Estas y solamente éstas son las personas que pertenecen a Cristo; éstas y solamente éstas son la iglesia de Cristo.
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        Uno podría comenzar de nuevo y usar el lenguaje de otros pasajes. La iglesia de Cristo está compuesta de todos aquellos creyentes penitentes que han sido sepultados con Cristo en el bautismo pára la remisión de sus pecados.

        Después de su resurrección, Jesús ordenó a sus apóstoles: "Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura". Les dijo además: "El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Marcos 16:15,16).

        Según las instrucciones de Jesús, los apóstoles comenzaron este trabajo en Jerusalén. El mensaje de Pedro en Pentecostés tocó el corazón de muchos de aquellos judíos a los cuales él acusaba del asesinato de Cristo, y ellos preguntaron, "¿Qué haremos?" La respuesta de Pedro fue: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hech. 2:37,38). Unas tres mil personas recibieron el mensaje de Pedro; y se alegraron de encontrar el camino de perdón que les estaba abierto y cumplieron felizmente con sus términos (v. 41).

        ¿Qué eran estas personas religiosamente? Y cuando cumplieron con los divinos términos de perdón, ¿qué fueron hechos ellos?

        Lo que encontramos, leyendo más adelante en el libro de Hechos, es que aquellos bautizados, creyentes penitentes, eran la iglesia de Cristo. Se hace referencia a ellos como creyentes: "Los que creían" (Hech. 2:44; 4:32; 5:14). Eran "los que habían de ser salvos" (Hechos 2:47). Eran "los discípulos" (Hech. 6:1,2,7). Eran "hermanos" (Hech. 6:3). Eran los "santos" (Hechos 9:13). Después se nos dice que los "discípulos" fueron llamados "cristianos" (Hech. 11:26; véase 26:28; 1 Ped. 4:16). También se hace referencia a ellos como "la iglesia" (Hechos 5:11; 8:1,3). Como ya hemos notado, "la iglesia", "los discípulos", y "los santos" eran términos que se usaban alternativamente, todos se alplicaban al mismo grupo, aquellos perseguidos por Pablo, así que "iglesia" era solamente un término refiriéndose a los discípulos de Cristo, los santos, como una colectividad, un grupo, un cuerpo de personas. No hay referencia a denominaciones u organizaciones denominacionales. Estos creyentes penitentes bautizados eran solamente discípulos o santos trabajando juntos para hacer la obra del Señor.

        Sencillo, ¿verdad? ¿No sería grato si hombres y mujeres pudieran volver atrás el calendario 2,000 años y restaurar esta sencillez primitiva por medio de hacer solamente lo que las personas hacían cuando los apóstoles estaban en el mundo hablando la palabra de Dios en su pureza? Ah, ser solamente un creyente, un discípulo, un cristiano, un miembro de la iglesia de Cristo, ¡así como Dios quería que fueran los hombres!
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        ¡Es posible? Tal vez, viviendo como vivimos en medio de las complicaciones de organizaciones denominacionales y la cofusión de credos humanos, doctrinas, y tradiciones, tal aspecto de cristianismo le parezca a uno un sueño maravilloso pero imposible de lograr. ¿Será posible hoy en día librarse de los lazos del denominacionalismo modernos y ser solamente un sencillo creyente, un discípulo de Cristo, un cristiano, un miembro de la iglesia del Señor, sin adoptar los credos o unirse a las instituciones de hombres? La respuesta tiene que ser: "Nada lo impide".

        Jesús dijo: "La simiente (en la parábola del sembrador) es la palabra de Dios (Luc. 8:11). Y mucho antes de eso Dios había establecido la ley de la naturaleza de que cada árbol reproduciría según su género (Gén. 1:11,12,21,24,25). La semilla de maíz produce solamente maíz y ninguna otra cosa. Si quiere plantar trigo tendrá que tener una clase distinta de semilla.

        La palabra de Dios fue sembrada en los corazones de hombres y mujeres sinceros en Jerusalén, y el resultado fue una cosecha de creyentes, discípulos, santos, la iglesia de Cristo. Cuando la misma simiente fue sembrada en Samaria (Hech. 8:4,5,14), la cosecha fue igual. Así fue en Antioquía, Filipos, Tesalónica, Corinto. Nunca podría ser distinto sembrando la misma simiente.

        Si la misma simiente es sembrada hoy en su corazón, y usted procede exactamente igual a los hombres y mujeres sinceros de aquella época, usted no será y nunca podrá ser más, menos, o distinto a ellos. Nunca nadie se ha hecho otra cosa más que sencillamente cristiano siguiendo la biblia. Usted tendría que hacer algo que no está en la Biblia para ser otra cosa.

        ¿Usted cree que podría ser un musulmán siguiendo la Biblia? Seguro que no. Nadie diría eso. Pero enséñele a alguna persona el Corán; hágalo que acepte a Mahoma como un profeta; y eso lo hará un musulmán.

        ¿Qué versículo de las Escrituras obedecería uno para entrar en la organización de los Testigos de Jehová? No hay ninguno. Nadie se ha hecho nunca Testigo de Jehová siguiendo la Biblia. Tendría que tener Sea Dios Veraz y otros libros semejantes. Se podría hacer un Testigo de Jehová siguiendo esos libros pero no siguiendo la Biblia. Hasta los Testigos de Jehová le dirán eso. Ellos se dirán que uno no puede entender la Biblia sin la infalible ayuda de la organización Atalaya.

        Igualmente sucede con el Catolicismo. Nunca nadie se hizo católico haciendo algo que la Biblia enseña. Otra vez, les dicen a las personas que no pueden entender la Biblia sin ser guiados por la iglesia. Cuando miran la Biblia a través de los lentes teñidos de Catecismo, tradiciones, y prácticas de la Iglesia Católica se hacen católicos. Pero ninguna persona se ha hecho católica siguiendo solamente la Biblia.

        Usted puede hacerse Mormón si quiere--pero no siguiendo la Biblia y solamente la Biblia. Eso sería imposible. Los Santos de los Ultimos Días saben eso. Ellos le dirán que la Biblia no es suficiente; que necesita el Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios, y otras "revelaciones" de los últimos días. Se necesitan todas estas cosas para hacerse Mormón. Es lo mismo usar el Corán para hacerse católico que usar la Biblia para hacerse Mormón. El Corán no hace católicos; tampoco la Biblia hace mormones.

        Tampoco se unió jamás una persona a ninguna de las instituciones humanas llamadas denominaciones por medio de seguir la Biblia. Hace años tuve un intercambio de artículos sobre la cuestión del sábado con un Adventista del Séptimo Día. El hombre que estaba imprimiendo el periódico en el cual aparecían estos artículos me dijo: "Yo estoy de acuerdo con usted en que debemos guardar el primer día de la semana. Por eso soy bautista". El estaba equivocado. No por eso era bautista. Yo también guardo el primer día de la semana, y eso no me hace bautista. Nunca una persona se hace bautista obedeciendo alguna cosa de la Biblia. ¿Qué hay en la Biblia que pueda uno obedecer para hacerse bautista?

        La Iglesia Bautista no se menciona en la Biblia, y no se da información en la palabra de Dios de cómo hacerse bautista. El erudito bautista, Edward T. Hiscox, así lo admite en El Manual de Regla Fija par las Iglesias Bautistas, pág. 22, bajo el título general de "Membresía de la Iglesia". El escribe:

        Es muy probable que en la época apostólica cuando había solamente "Un Señor, una Fe, y un Bautismo", y cuando no existían ningunas denominaciones que difirieran, el bautismo del converso por el mismo acto le constituía un miembro de la iglesia y de una vez lo dotaba con todos los derechos y privilegios de un miembro completo. En ese sentido, "el bautismo era la puerta de entrada de la iglesia." Ahora es diferente; y mientras que las iglesias están deseosas de recibir miembros, están precavidas y vigilantes de no recibir personas indignas. Las iglesias por eso tienen candidatos para que vengan y hagan su declaración en presencia de ellas y den "testimonio", y entonces la admisión de ellos se decide por la votación de los miembros. Y mientras ellos no pueden hacerse miembros sin el bautismo, sin embargo es la votación del grupo la que los admite a su asociación al recibir el bautismo.

        "Ahora es diferente". Hiscox reconoce la práctica bíblica, pero confiesa directamente que el modo bautista es "diferente". Y tiene razón. No hay nada en la Biblia semejante a ese plan "diferente". Nunca nadie se ha hecho bautista siguiendo la Biblia.

        Si a una persona le enseñaran las doctrinas de la Disciplina Metodista, y esa persona las creyera y las cumpliera cuidadosamente, esa persona sería metodista. Nadie podría hacerse metodista sin esa serie de doctrinas, y nadie nunca podría hacerse otra cosa con ellas. Nunca nadie podría hacerse presbiteriano siguiendo la Disciplina Metodista. Un libro diferente o una serie de doctrinas diferentes se requiere para eso.

        Si a una persona se le enseña El Catecismo Breve de Westminister, lo cree y lo obedece, él se hace un presbiteriano--esto sucede, no noventa y nueve y medio por ciento de las veces, sino cada vez. El tendría que tener el Catecismo Luterano para hacerse un luterano, y el Libro de Oraciones para hacerse un episcopal.

        Mi intención no es ofender, pero debemos tener la verdad ante todo. Nunca nadie se ha hecho miembro de alguna de estas denominaciones siguiendo la Biblia. Comience a leer la Biblia desde Génesis 1:1. Léala desde la primera página hasta la última. Apunte todo lo que Dios nos ha dicho que hagamos. Usted lo puede hacer todo, y no ser miembro de ninguna de estas denominaciones. Dios nunca le dijo a nadie que hiciera algo para unirse a alguna de ellas. Usted tendría que apartarse de la palabra de Dios para unirse a una de ellas.

        ¿Podremos ser solamente cristianos? Seguramente. Nunca nadie se hizo otra cosa siguiendo la Biblia. Toda persona inteligente puede y debe volver a la Biblia y obedecer a Dios como está escrita y no después que ha sido alterada a través de los credos y doctrinas de hombres. Entonces deje que ella haga de usted lo que ella designe.

        Pero usted sabe lo que la palabra hará de usted. Usted puede volver al libro de Hechos y encontrar lo que el seguir la palabra de Dios en su pureza hizo de los hombres. Los hizo creyentes, discípulos, santos, cristianos; hizo que un grupo de ellos fuera una iglesia de Cristo. Y eso es todo lo que esa clase de simiente produce. Si hace usted exactamente lo que aquellas personas de Hechos hicieron para ser salvos, las cosas que ellos hicieron para llegar a ser lo que eran, entonces usted será solamente lo que ellos fueron--solamente cristiano. Usted tendrá que hacer otra cosa, algo en adición o diferente a la palabra de Dios, para hacerse algo diferente. Pero cuando usted haga esto, usted estará obedeciendo a los hombres, no a Dios; usted se convertirá en lo que los hombres quieren que usted sea, no en lo que Dios haría de usted.
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        Nuestro estudio nos ha traído a la conclusión de que la iglesia de Cristo es la suma total de aquellas personas que le pertenecen a Cristo por virtud de haber sido compradas por la sangre de Cristo y haberse rendido a Cristo, como creyentes penitentes, en el acto del bautismo. Lo que ahora debe entender es que el bautismo no es el fin de esta rendición a Cristo, sino su principio, el nacimiento para entrar en su reino (Juan 3:3,5), la entrada a una nueva vida (Rom. 6:4). El bautismo es solamente el principio de una vida entera de sumisión a la voluntad de Cristo. La iglesia de Cristo puede explicarse muy bien como la iglesia que en todos los puntos está sujeta a Cristo. Pablo lo explica de esta manera en Efes. 5:23,24:
23 Porque el marido es cabeza de la mujer así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 
24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.

        Cristo es la cabeza de su iglesia, y su iglesia le está sujeta. La iglesia de Cristo obedece a Cristo; se sujeta a sus órdenes; actúa solamente como él la dirige. Cualquier iglesia que no se sujeta a Cristo, le niega a él como su cabeza y, por lo tanto, no es iglesia de Cristo.

        1. Las iglesias de Cristo están sujetas a Cristo respecto a las condiciones de perdón y comunión.
Según la cabeza de la iglesia, los pecadores son salvos por fe (Juan 3:16; Rom. 5:1). Pero así como los muros de Jericó cayeron por fe, no en el momento en que la fe fue concebida en el corazón, sino solamente después que los muros fueron rodeados por siete días (Heb. 11:30), así el pecador es salvo por fe, pero solamente después que la fe ha sido expresada en un acto de fe: el acto del bautismo. La Biblia da muchos ejemplos de personas que tienen fe en sus corazones, sin embargo no son salvas porque esa fe no encuentra expresión en la vida (Juan 2:23-25; 8:30-34; 12:42,43; Hech. 26:27-29; Sant. 2:19). ¡La fe tiene que actuar! Debe guiar a las personas a arrepentirse de sus pecados (Luc. 13:3,5; Hech. 17:30), a confesar su fe en Cristo (Hech. 8:36,37; Rom. 10:9,10) y a ser sepultadas en el bautismo para la remisión de sus pecados (Mar. 16:16; Hech. 2:38; 22:16; Rom. 6:3,4; Gál.3:26,27; Efes. 5:25,27; 1 Ped. 3:20,21).

        Estos son los términos en que Cristo y su Padre reciben a los hombres en su comunión. Y los miembros de la iglesia de Cristo se someten al juicio y a la autoridad de su cabeza; se reciben uno al otro así como Cristo los recibió a ellos (Rom. 15:7). Ellos no se atreven a cambiar los términos de comunión aumentando o disminuyendo, ni tampoco reciben a quien Cristo no ha recibido ni rechazan a quien Cristo ha recibido. ¿Cómo puede una iglesia cambiar esos términos en los cuales las personas se hacen miembros de la iglesia de Cristo y todavía reclamar ser una de El?

        Por supuesto que Cristo también rechazará a uno que una vez fue recibido si él deja de servir a Cristo y anda desordenadamente (Juan 15:1-6; 1 Ped. 2:20-22; Apoc. 3:15,16). Y en este respecto también las iglesias de Cristo son enseñadas a respetar la voluntad de su cabeza al retirarse de los miembros desordenados (1 Cor. 5; 2 Tes. 3:6,14,15).

        2. Las iglesias de Cristo están sujetas a Cristo en la práctica del bautismo.
De acuerdo con la orden de Cristo (1) el elemento del bauutismo es agua (Hech. 8:38,39), no pétalos de rosa como se dijo que un predicador había empleado; (2) la acción del bautismo es una sepultura (Rom. 6:4; Col. 2:12), no rociar, derramar, o mojar la frente; (3) el sujeto del bautismo es un creyente (Mar. 16:15,16; Hech. 2:38,41; 8:12), no un infante; (4) el propósito del bautismo es obtener perdón (Hech. 2:38; 22:16), no expresar por fuera el perdón que ha ocurrido por dentro; y finalmente (5) es un bautismo "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mat. 28:19), no en el nombre de "Cristo solamente".

        Las iglesias de los hombres harán lo que ellas quieran, pero las iglesias de Cristo están sujetas a su cabeza; se dejan conducir por él, y respetan su autoridad.

        3. Las iglesias de Cristo están sujetas a Cristo en la organización.
El grupo local es la única organización que Cristo dio a su iglesia. La iglesia simplemente no está organizada en un sistema denominacional complicado en una escala universal. El grupo local de sus santos es su principio y su fin.

        De acuerdo con la dirección de la cabeza de la iglesia, cada grupo local debe tener sus propios ancianos (Hech. 24:23), también llamados obispos (Hech. 20:17-28; Tito 1:5,7) cuyo trabajo no es de actuar como una junta directiva en el trabajo de ese grupo local ni de varios grupos locales combinados, sino es de supervisar, pastorear, y cuidar de la congregación (Hech. 20:17, 28-31; 1 Ped. 5:1-3). Semejante trabajo no puede ser hecho por personas incompetentes, y Pablo da las cualidades que alguno debe tener para actuar como un obispo de la iglesia (1 Tim. 3:1-7; Tito 1:5-9).

        Cristo también constituyó diáconos (servidores, ministros) en la iglesia (Filip. 1:1), hombres cuya función es actuar como servidores especiales, principalmente sobre el trabajo de caridad de la iglesia (Hech. 6:1-6; "servir en el versículo 2 es diakoneo), y tal trabajo no fue dado a una junta de directores separada de la iglesia local.
        Cristo también constituyó evangelistas en la iglesia a quienes encargó el trabajo de predicar la palabra (Hech. 21:8; 1 Tim. 4:1-5).

        Finalmente, en los primeros días de la iglesia, Cristo proveyó apóstoles y profetas, los primeros como embajadores especiales y representantes de Cristo (apóstoles: unos que han sido enviado) y testigos especiales de Cristo (Hech. 1:21-26), y los dos como instrumentos de la revelación divina que Dios estaba haciendo en los primeros días de la iglesia (Efes. 3:5; 4:11). La función y cualidad de un apóstol (Hech. 1:21-26; 1 Cor. 9:1) y la manera en la cual un profeta recibía su habilidad de profetizar (Hech. 8:14-19; 19:1-7) demuestran que estos oficios solamente podían ser ocupados por hombres que vivieron en los primeros días del cristianismo. Sin embargo, Pedro, Pablo, Santiago, Juan y los otros apóstoles todavía funcionan en la iglesia como apóstoles de Cristo a través de la palabra que ellos han dejado, así como aquellas personas del tiempo de Cristo "tenían" a Moisés y a los profetas a través de las escrituras del Antiguo Testamento dejadas por ellos (Lucas 16:29).

        La iglesia local era el principio y el fin de la organización que Cristo le dio a la iglesia, y no leemos nada de otras "organizaciones de iglesia" u organizaciones "relacionadas con la iglesia" o "sostenidas por la iglesia", como colegios, seminarios, hospitales, y "casas" benévolas. La iglesia hacía el trabajo que le estaba encargado sin estas organizaciones "extras". Cualquier trabajo que la iglesia no podía hacer no era el trabajo de la iglesia en primer lugar.

        4. Las iglesias de Cristo están sujetas a Cristo en su misión y función en el mundo.
Cristo no dejó la iglesia libre para que hiciera cualquier cosa que se le ocurriera hacer, pero le dio una misión especial en el mundo: predicar el evangelio a los que están perdidos (Filip. 2:15,16; 2 Tim. 3:14,15; 1 Ped. 2:9). Esa es su función en el mundo, y no hay indicio alguno de que Cristo haya dirigido a la iglesia a que tratara de efectuar cambios revolucionarios en el orden social, ni a comprometerse en proyectos sociales generales, políticos ni seculares, ni proveer entretenimiento ni recreo para personas dentro o fuera de la iglesia. Muchos de estos proyectos ameritan y se necesitan, pero no son el trabajo de la iglesia y son ajenos a su misión en el mundo.

        La iglesia de Cristo tampoco es una organización para levantar fondos ni está obligada ni aún autorizada a sostener organizaciones humanas, benévolas, evangelísticas, ni educacionales.

        Pablo fue enviado "no a bautizar sino a predicar el evangelio" (1 Cor. 1:17). El bautizó a algunos (ver. 14-16) pero eso fue incidental y no su misión principal. Así las iglesias de Cristo del Nuevo Testamento hicieron algún trabajo que no era su misión principal, pero fue cumplido como incidental a su misión. Tal era el trabajo de caridad. La primera obligación recaía en los parientes de las personas necesitadas (1 Tim. 5:4,8,16). La iglesia actuaba nada más que en una situación de emergencia, como cuando una persona necesitada no tenía familiares que la cuidaran (1 Tim. 5:16).

        Aún entonces la iglesia no tenía un programa general de benevolencia. Ayudaba a los cristianos necesitados (Hech. 11:29; Rom. 15:25-27; 1 Cor. 16:1,2). Pero no hay ningún indicio de una colecta de la iglesia hecha para alguien que no fuera cristiano. Los discípulos son enseñados a ayudar a personas que no son cristianos independientemente de la iglesia (Luc. 10:30-37), pero la iglesia no es una Cruz Roja ni una agencia de beneficencia general, sino que se encargaba del bienestar de los espíritus de los hombres en vez de sus cuerpos.

        Los apóstoles no "dejaron la palabra de Dios para servir a las mesas" (Hech. 6:2). Ni tampoco debe la iglesia desviarse de su misión verdadera ni usar sus energías y sus recursos para una función de menos importancia en el mundo.

        Las iglesias de los hombres probablemente harán lo que ellos quieran en esta área como en otras, pero las iglesias de Cristo permanecerán sujetas a su cabeza.

        5. Las iglesias de Cristo están sujetas a Cristo en el uso de sus recursos materiales.

        Cristo ordenó a sus discípulos que recaudaran el dinero que fuera necesario para las funciones de la iglesia, dando lo que por la voluntad de Dios pudieran, el primer día de la semana (1 Cor. 16:1,2). No hay indicio de cenas ni otros proyectos para levantar fondos hechos por la iglesia del Nuevo Testamento con la aprobación de Cristo.

        Tampoco fue la iglesia autorizada para hacer colectas para cualquier motivo o proyecto. Podía hacer una colecta para los santos necesitados (1 Cor. 16:1,2), y para el sostenimiento de los predicadores del evangelio (2 Cor.11:8,9; Filip. 4:15-17). Pero la cabeza de la iglesia nunca autorizó a su iglesia para que hiciera colectas de dinero para programas de recreo. Tampoco hay ninguna escritura que autorice a la iglesia a mandar fondos a otra iglesia para un gran programa evangélico, ni en verdad por ninguna otra razón, excepto cuando la iglesia que iba a recibir el dinero estuviera destituida y en necesidad física (Hech. 11:17-30; Rom. 15:25-27; 2 Cor. 8:13-15). Eran las iglesias necesitadas, no las ricas, las que recibían fondos de otras iglesias en la época del Nuevo Testamento.

        6. Las iglesias de Cristo están sujetas a Cristo en su adoración.

        Los discípulos del Nuevo Testa-mento, observando todas las cosas que Cristo les ordenó (Mat. 28:20). se reunían el primer día de la semana para partir el pan (Hech. 20:7), --ese partimiento del pan que es parte de la cena del Señor (Mat. 26:20; 1 Cor. 11:24), porque ése es el único partimiento del pan que fue permitido en las asambleas públicas, de acuerdo con la instrucción de Pablo en 1 Cor. 11:33, 34. Junto con el pan ellos tomaban el jugo de la vid en memoria del sacrificio de Cristo (Mat. 26:27-29; 1 Cor. 11:25,26). Las iglesias de los hombres harán lo que ellas quieran. Pero las iglesias de Cristo se reunen el primer día de la semana para recordar a Cristo.

        Jesús instruyó a sus discípulos a cantar alabanzas a Dios y a edificarse los unos a los otros (Efes. 5:19; Col. 3:16). Pero no como en los tiempos del Antiguo Testamento cuando sacrificaban animales, usaban música instrumental, y esas cosas eran parte de la alabanza; no hay el menor indicio de la autoridad de la cabeza de la iglesia para el uso de otra música sino la música vocal en la adoración de la iglesia de Cristo.

        Los hijos de Dios se encuentran orándole a El (Hech. 2:42; 12:5) y escuchando la palabra de Dios enseñada por un hombre (Hech. 20:7). Las mujeres son enseñadas a guardar silencio en la iglesia (1 Cor. 14:34,35). Las iglesias de los hombres pueden determinar que esta práctica discrimina indebidamente, y hasta injustamente, contra las mujeres, pero las iglesias de Cristo no ponen en duda la autoridad de su cabeza.

        También, como hemos visto, los discípulos fueron enseñados a contribuir de sus medios para ciertos especificados propósitos como parte de las actividades del primer día de la semana (1 Cor. 16:1,2; véase también 2 Cor. 11:8,9 y Filip. 4:15-17 para aprender sobre el uso de los fondos de la iglesia).
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        En todas estas áreas que hemos discutido, de estas instituciones humanas con cabezas humanas solo se puede esperar que hagan lo que ellas quieran, obedeciendo a lo que el corazón humano dicte. Pero las iglesias de Cristo tienen a Cristo como su única cabeza y están sujetas en todas las cosas a su cabeza. Solamente un "Así dice el Señor" las pondrá a ellas en acción. Pero cuando ellas oyen ese "Así dice el Señor", ellas se pondrán en acción sin discusión ni demora.

        Toda iglesia que no se somete a la autoridad y dirección de Cristo como su única cabeza, gobernador, y legislador, puede reclamar lo que quiera para sí misma, o puede llamarse como quiera, pero realmente no tiene derecho de ser iglesia de Cristo ni iglesia de Dios.

        Todo esto no quiere decir que los hijos de Dios sean perfectos en la obediencia o sin faltas de discernimiento. Ellos cometerán errores. (¡Mire la iglesia de Corinto!). Tienen que guardarse constantemente para no ser desviados. Ellos tienen constantemente que renovar su súplica a Dios para el perdón de sus pecados por el poder purificador de la sangre de Cristo (1 Juan 1:5-10). Ellos deben querer siempre corregir las faltas hechas manifiestas por la palabra de su cabeza (como hizo la iglesia de Corinto, 2 Cor. 7). Toda iglesia que no se someta a su cabeza para corregir las faltas señaladas por su palabra, será negada por Cristo como su iglesia. Jesús advirtió a una iglesia que si seguía impenitente, le quitaría su candelero (Apoc. 2:4,5), y el candelero, según se explica, representa a la iglesia (1:20).
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        Es hora de resumir y concluir. No puedo pensar de una manera mejor que citar por completo un artículo de Dan S. Shipley que publicó en Plain Talk (una pequeña pero muy acreditada revista, traductor). El artículo, "El Tiempo y La Verdad" es dado más abajo con el permiso de su autor.

EL TIEMPO Y LA VERDAD
        En la primera mitad del primer siglo Cristo envío al Espíritu de Verdad para guiar a los apóstoles a toda la verdad (Juan 16:13; Hech. 2:1 y sig.). El Nuevo Testamento registra esa verdad que estos hombres inspirados escribieron y enseñaron. Esta verdad del evangelio era predicada, creída, y obedecida antes de mediados del primer siglo. Hace más de 1900 años que las almas eran salvas de sus pecados por medio del conocimiento de esta verdad. Las implicaciones de esta sencilla verdad son profundas.

        Piense en esto: Un pecador podía ser salvo en obediencia a este evangelio más de 250 años antes de que el Credo Niceno fuera formulado; mucho antes de que hubiera una Iglesia Católica que estableciera la "Tradición Divina" o "interpretara" las Escrituras; más de 500 años antes de que el cotolicismo tuviera un Papa universal; antes de la doctrina católica del celibato, el bautismo por medio de rociamiento, música instrmental en la alabanza, transubstanciación, purgatorio, extrema unción, santas órdenes, adoración a María, confesión ante los sacerdotes--más de 1800 años antes de la doctrina de la infalibilidad del Papa.

        Piense en esto: Un individuo podía ser reconciliado con Dios por medio de Cristo más de 1450 años antes de que el monje católico Martín Lutero hiciera su histórica protesta; antes de que él propusiera la idea falsa de la justificación por la fe solamente; antes que su nombre lo llevara alguien que no fuera de su familia.

        Piense en esto: Hombres y mujeres podían hacerse cristianos, vivir y morir con la esperanza del cielo, más de 1450 años antes de que existiera la Iglesia de Inglaterra (Episcopal) o una Iglesia Presbiteriana; antes de Juan Calvino y su falsa enseñanza sobre la predestinación, la operación directa del Espíritu Santo, y el bautismo de infantes.

        Piense en esto: Los hombres eran rescatados por la sangre de Cristo más de 1500 años antes de que Juan Smyth empezara su trabajo que tuvo por resultado la fundación de la primera Iglesia Bautista; más de 1650 años antes de Juan Wesley y la Iglesia Metodista; más de 1750 años antes de que José Smith, el padre del mormonismo, recibiera su pretendida revelación; que fue casi al mismo tiempo en que el grupo Adventista tuvo su comienzo bajo la dirección de Guillermo Miller; más de 1800 años antes de la "revelación" de María Baker Eddy y la Ciencia Cristiana; más de 1800 años antes de que hubiera una secta de Testigos de Jehová que tocaran en las puertas para distribuir la revista Atalaya.

        Piense en esto: El sencillo evangelio de Cristo estaba proporcionando a los hombres todas las cosas pertenecientes a la vida y a la piedad hace más de 1900 años (2 Ped.1:3). Estaba preparando a los hombres completamente para toda buena obra en esa fecha temprana (2 Tim. 3:17). Por el hecho de que los hombres van a ser juzgados un día por el evangelio (Juan 12:48), se hace más evidente que la verdad del evangelio proporciona la base para que el hombre se convierta, sea y haga todo lo que Dios requiere de él.

        Piense en esto: Si los 1900 años de tradiciones, "revelaciones", opiniones, conceptos, doctrinas e ideas de los credos religiosos desaparecieran en su totalidad combinada, ¡todavía sabrían los hombres cómo servir a Dios y ser salvos! ¿Acaso no es ya hora de que usted considere el cristianismo no adulterado ni confuso del Nuevo Testamento? ¿No quisiera usted ser solamente cristiano?

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