Capítulo Cuatro

Mateo 24 —

Las Señales de Su Venida

 

Después de lamentar sobre Jerusalén y declarar que Su generación de Judíos infieles cargaría con toda la sangre derramada de los justos desde Abel hasta Zacarías (Mat. 23:33-39), Jesús se va del templo, para nunca entrar a este de nuevo, al área externa de la esplanada del templo.  Sus discípulos hicieron notar los edificios del templo y las macizas murallas y fortificaciones alrededor de la corte exterior (Mat. 24:1-2).  Particularmente, el tamaño y forma de los bloques de piedra caliza y las obras de mampostería Herodiana y la riqueza de los ornamentos del templo emocionaban a los discípulos de la provincia de Galilea (Mr. 13:1).

En ese tiempo el templo estaba siendo hermoseado y reconstruido con gran esplendor por el ambicioso y arrogante Herodes, y lo cual no sería completado hasta mas de treinta años después de la crucifixión de Jesús.  Josefo menciona que los cimientos del templo fueron hechos de grandes piedras, sepultadas profundamente en la tierra.  El cuerpo del edificio era de mármol blanco, de 60 codos de longitud y 20 de anchura, y tenía dos pisos de altura.  Aquí estaba un esplendor artístico y arquitectónico como quizás nunca había sido visto en alguna parte (Antigüedades de los Judíos, Tomo 2, Libro 8, Cap. 3, Sec. 2, Págs. 76-81).

Jerusalén era una ciudad de palacios reales, murallas, salidas y casa imponentes.  Ciertamente, las magníficas construcciones evocaban la gloriosa admiración de Judíos y Gentiles de ese día como un espécimen perfecto de habilidad en el oficio.  Ella era realmente una maravillosa antigüedad.

Los Judíos a través del imperio no conocían de ninguna ciudad que se comparara con su propia Jerusalén.  El templo de Herodes era venerado como el lugar de adoración por todos los creyentes fieles de Jehová.  Pero de este imponente edificio, Jesús en respuesta a la admiración de los discípulos, profetizó enfática y aplastantemente que “no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mat. 24:2b).

Pasando a través de la ciudad y sobre el valle de Jehosafat, Jesús sube al declive del Monte de los Olivos con Sus discípulos y se sienta en su cima que domina la Ciudad y el  templo bañado por el sol, el esplendoroso templo con sus piedras macizas y su subestructura considerada como indestructible.

Aún sobrecogidos y pasmados por Su corto anuncio, como si pensaran que una destrucción sistemática del templo piedra sobre piedra era ciertamente una predicción precipitada y temeraria, cuatro de los discípulos, todos pescadores de Galilea, le preguntaron privadamente, “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mat. 24:3).  En Marcos se lee, “¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?” (13:4).  La narración paralela de Lucas dice, “Maestro, ¿cuándo será esto?  ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?” (21:7).

La pregunta de los discípulos acerca de la destrucción del templo y la extensión de la respuesta de Jesús en Mateo 24, Marcos 13, y Lucas 21 ha sido fuente de muchos sermones sensacionales desde el púlpito.  Los especuladores religiosos hacen uso amplio  de las “señales de la inminente destrucción” – las guerras, terremotos, hambres, llegada de falsos maestros, el evangelio a todo el mundo, “la abominación desoladora”, y la gran tribulación – y las transfieren todas ellas al tiempo precediendo a la “segunda venida” de Cristo.

Durante los últimos 100 años y mas, los milenarios han aplicado las “señales de los tiempos” a los eventos contemporáneos (porque uno o mas de estos están presentes en cualquier época) y declaran que el fin del siglo y el retorno del Señor es inminente.  Aún hoy día, los bulliciosos religiosos radiales disparan los versículos de Mateo 24 y declaran que debemos esperar al Señor en nuestro tiempo.

Por medio de comparar cuidadosamente todas las tres narraciones de la pregunta de Jesús que llevó a Su discurso en los Olivos, es evidente que la “segunda venida” no era el tema de Su alocución.  No hay referencia al fin del tiempo o al juicio final.  Los discípulos simplemente  preguntaron acerca del tiempo cuando el templo sería destruido.  “¿Habrá alguna advertencia?  ¡Danos las señales!”  Pero los milenarios han dado por sentado que los discípulos preguntaron acerca del fin de los eventos mundiales.

Esta suposición es errónea a causa de que en ese momento los discípulos no creían que El sería asesinado, ¡muchos menos que regresaría!  Unos pocos días antes de la ocasión cuando los discípulos le preguntaron acerca de la destrucción del templo, Jesús les dijo que sería muerto durante Su visita a Jerusalén y que resucitaría de nuevo.  “Ellos nada comprendieron de estas cosas, ... y no entendían lo que se les decía” (Luc. 18:31-34).

En realidad, esta noción no estaba tan firmemente enraizada en sus mentes que cuando Jesús murió en la cruz, sus esperanzas se fueron a pique inmediatamente.  “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel ...” (Luc. 24:21; véase también Hch. 1:6).  Algunos habían comprado especies para una sepultura apropiada.  Otros habían dudado que Jesús realmente resucitaría, cuando se acercó con las nuevas.  Solamente después de que había sido visto, entonces muchos entendieron.  Sin ninguna esperanza de que moriría y resucitaría al tercer día, ¿cómo pudieron los discípulos haberle estado preguntando acerca de Su “segunda venida”?

 

Análisis de las Preguntas de los Discípulos

Mateo 24:1-3 da la narración más completa de las preguntas de los apóstoles a medida que salían del templo con Jesús después de su denuncia de los líderes religiosos de los Judíos:

 

“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.  Respondiendo él, les dijo:  ¿Veis todo esto?  De cierto  os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.  Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo:  Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”

 

Por supuesto, nuestro entendimiento de las preguntas de los apóstoles es importante para nuestro entendimiento  de la respuesta de Jesús, porque la enseñanza de Mateo 24 es claramente en respuesta a sus preguntas.  Mientras muchos gastan cantidad de tiempo en considerar CUANTAS preguntas le hicieron los discípulos a Jesús, quiero hacer esta observación:  HACIENDO CASO OMISO DE CUANTAS PREGUNTAS LE HICIERON LOS DISCIPULOS A JESUS, NINGUNA DE ESTAS PREGUNTAS ERA CON RESPECTO A LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO A ESTE MUNDO.

 

El Lenguaje de Su Pregunta No Demanda Que Ellos Estaban Preguntando

Acerca de la Segunda Venida de Jesucristo

Es importante para uno identificar y definir el significado de la frase, “estas cosas”.  Cristo explica el significado de la frase en Mat. 24:2 – “¿Véis todo esto?”  – Luego muestra el significado de la frase por medio de referirse a la destrucción del templo:  “... no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada”.  De esta manera, no hay cuestionamiento en cuanto al significado de “todo esto” en Mat. 23:36.  La frase apunta a la caída de Jerusalén, la destrucción del templo, y el fin del Judaísmo.  Ahora trace la frase hasta Mat. 24:34 –

 

(1) Los discípulos hicieron la pregunta, “¿cuándo serán estas cosas?” (Mat. 24:3).

(2) “... porque es necesario que todo esto acontezca ...” (Mat. 24:6).

(3) “Y todo esto será principio de dolores” (Mat. 24:8).

(4) “Cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca a las puertas” (Mat. 24:33).

(5) “... no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mat. 24:34).

 

No puede haber equivocación en el significado de la frase.  Se refiere a la destrucción del templo.  Nótese también que Jesús usó la palabra “todo” y dijo, TODO esto vendrá sobre esta generación”.  La discusión fue introducida en Mat. 23:36 con “todo esto”.  El mismo lenguaje usado por Cristo para guardarlo a uno de confundir las señales de la caída de Jerusalén con la discusión de Su regreso personal en el Capítulo 24:36 en adelante.

En segundo lugar, es importante entender el significado de “venida” (Mat. 23:36).  Cristo dijo –“todo esto VENDRA ...”  ¿Hay algo en el capítulo para ayudar a determinar el significado de esta palabra?  La respuesta es si.  La frase “todo esto” separa esta venida del regreso personal de Cristo.  Además el versículo 34 del capítulo 24 explica el significado de la palabra “vendrá” en 23:36.   El versículo 23:36 es citado de nuevo en 24:34 con una variación que explica el “vendrá” en 23:36.  El “vendrá” de 23:36 es “cumplido” en 24:34.  Si uno deja que el capítulo se intérprete a sí mismo, puede ver que el “vendrá” se refiere a la venida en Juicio sobre Jerusalén y no al retorno personal de Cristo.  Cristo explica lo que quiere decir por “vendrá”.  Aún usó palabra ambiguas en esto de manera que no pudiera haber equivocación.

Ahora considere la “venida” en Mat. 24:3 – “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas?”  El contexto muestra que “estas cosas” se refieren a la destrucción del templo – “¿y qué señal habrá de tu venida?”  ¿Cuál venida?  La que es introducida en 23:36, y cumplida en estas señales y eventos conducentes a Jerusalén (y la destrucción de Jerusalén) en Mat. 24:34.  La “venida” de 24:3 es la misma como 23:36 y 24:34.  De esta manera, la  “venida” de 24:3 es Su venida en juicio sobre Jerusalén.

La tercera cosa a determinar es el significado de la frase, “esta generación”.  Recuerde que Mateo escribe especialmente para Judíos.  Considere sólo uno de los casos donde Mateo usa la palabra “generación” – “... ¡Generación de víboras!  ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?” (Mat. 3:7).  Nótese la descripción de Juan de los Fariseos y Saduceos y también la advertencia.  Cristo usa el mismo lenguaje en Mat. 23:33.  Luego en Mat. 23:36 Cristo dijo, “... todo esto vendrá sobre esta generación”.  En el versículo siguiente llama a Jerusalén por su nombre (23:37).  En el que sigue menciona específicamente el templo (23:38).  Colocando todo esto junto y “esta generación” es igual a Judaísmo.  “Esta generación” es sencillamente otra forma de describir el Judaísmo y su caída final.

La cuarta frase a estudiar es – “el fin del siglo”.  Algunos han pensado que esta frase “fin del siglo” hace referencia a la última parte del Capítulo 24 antes que a la caída de Jerusalén.  De esta manera, dividen la pregunta de 24:3 en dos partes.  Aquí está la forma en que la dividen: 

 

(1) ¿Cuándo serán estas cosas?

(2) ¿Qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 

 

Pero un estudio cuidadoso del versículo mostrará que no hay dos preguntas, sino una.  Divida el versículo en las frases: 

 

(1) ¿Cuándo serán estas cosas? 

(2) ¿Qué señal habrá de tu venida? 

(3) ¿Y del fin del siglo? 

 

Todas las tres frases señalan la misma cosa – la destrucción de Jerusalén.  Ya ha sido mostrado que “venida” apunta a la caída de Jerusalén, de manera que aquí no puede haber cuestionamiento acerca de las primeras dos frases.  También, la palabra “señal” en conexión con “venida” muestra que esto se refiere a la caída de Jerusalén.  Ni Marcos ni Lucas usan la frase, “el fin del siglo”.  Marcos dice, “... y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?” (Mr. 13:4).  Lucas tiene, “... y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?” (Luc. 21:7).  Si uno guarda en mente que Mateo escribió para Judíos, y Marcos y Lucas escribieron para los Gentiles, puede entender por qué Mateo usa la frase, “fin del siglo”, mientras que Marcos y Lucas no lo hacen.  “El fin del siglo” en Mateo no se refiere al regreso personal de Cristo, sino a la misma cosa como “estas cosas” y “la señal de tu venida”.  Esta es sencillamente otra forma de referirse al mismo evento, la caída de Jerusalén.

Digo que los apóstoles no le preguntaron a Jesús acerca de la segunda venida de Cristo al final del tiempo con su acompañante destrucción de la tierra como pensamos, porque el lenguaje usado en su pregunta no demanda tal cosa.  La expresión “fin del siglo” podría indicar aparentemente la segunda venida sin cuestionar algo, pero una examinación de otros pasajes donde esa misma expresión es usada nos llevará quizás a una conclusión diferente.

Por ejemplo, en Hebreos 9:26, encontramos usada la misma expresión, cuando el escritor Hebreo dijo:  “De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado”.  La expresión  “en la consumación de los siglos”, refiriéndose a la primera venida de Cristo, viene de la misma expresión Griega que es usada en Mateo 24:3, y significa, literalmente, “la consumación de los siglos”.  Cristo fue ofrecido en su primera venida como el cumplimiento o consumación del plan de Dios para la redención de la humanidad.

Esencialmente la misma expresión es usada en 1 Cor. 10:11, donde Pablo, hablando del valor de la escritura del Antiguo Testamento para los Cristianos del Nuevo Testamento, dice:  “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.  Nuevamente, aquí la expresión se refiere no a la segunda venida de Cristo sino a aquella en la que estamos viviendo desde la primera venida de Cristo.

Viendo como ésta particular expresión es usada en el Nuevo Testamento, vemos que el lenguaje de los apóstoles en Mateo 24:3 no implica en absoluto que estaban preguntando acerca de la segunda venida de Jesús.  En realidad, simplemente le están preguntando a Jesús:  “¿Cuándo vas a consumar todas las cosas tal como los profetas dijeron que el Cristo lo haría?”

Habiendo visto que el lenguaje de las preguntas de los apóstoles no demanda que estuvieran preguntando acerca de la segunda venida de Cristo, ahora vamos a ver que LOS APOSTOLES NO HABIAN ESTADO PREGUNTANDO ACERCA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, PORQUE EN ESE TIEMPO, ELLOS NO SABIAN QUE JESUS IBA A DESAPARECER.

Como señalamos al principio, los apóstoles hicieron estas preguntas en la última semana de vida de Jesús, y en ese tiempo, ellos, por supuesto, no tenían toda la verdad.  En Juan 16:12,  hablando solamente unos pocos días después de Mateo 24, Jesús dijo a los apóstoles:  “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar”.  En realidad, como vamos a mostrar en detalle, los apóstoles no pudieron haber preguntado acerca de la segunda venida, porque en ese tiempo, ellos ni aún creían en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

(5) (6) Juan 14:1-3

           Juan 16:17-18

De la Figura Uno, queremos discutir en orden cronológico  ocho pasajes de la Biblia que demostrarán la absoluta imposibilidad  de los apóstoles preguntando a  Jesús acerca de la segunda venida en Mateo 24:3 –

 

 

                                                      

 
 

 

 

 

 

 

 

 


Figura Uno

 

1. Mateo 24:  Como se notó en la primera parte de este material, esta discusión entre  Jesús y sus apóstoles ocurrió dos o tres días antes de Su muerte.

 

Pasajes de la Escritura Ocurriendo Cronológicamente Antes de Mateo 24

 

2. Mateo 16:21-22 - “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.  Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo:  Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca”.

En este pasaje, hablando al menos seis meses antes de la muerte de Jesús, Jesús dijo claramente que debía ir a morir, y ser resucitado, pero como lo indica claramente la respuesta de Pedro, no comprendieron el significado de la enseñanza de Jesús, y no estaban enterados de la segunda venida en ese tiempo, porque no esperaban que Jesús se fuera.  En este tiempo, aún estaban esperando que Jesús estableciera un reino físico, como es ilustrado en el siguiente pasaje.

 

3. Mateo 20:20-22 - Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.  El le dijo:  ¿Qué quieres?  Ella le dijo:  Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.  Entonces Jesús respondiendo, dijo:  No sabéis lo que pedís ...”

Este pasaje ilustra nuevamente,  que los apóstoles y otros discípulos no comprendían que Jesús no iba a establecer un reino físico en la tierra,  y que iba a morir, ser resucitado y regresar al cielo.  Esto demuestra que no habían estado preguntándole acerca de la  segunda venida en este corto intervalo antes de Mateo 24.

 

4. Lucas 19:11 - En el camino a Jerusalén por última vez antes de morir, aproximadamente una semana antes de que fuera crucificado, el registro dice:  “Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente”.

Este pasaje demuestra que a una semana del tiempo del discurso de Mateo 24, los apóstoles aún creían que Jesús iba a establecer un reino físico con su cuartel general en Jerusalén.  No creían que El se iba.  Ni creían en la segunda venida en este momento, exactamente unos pocos días antes de la pregunta a Jesús en Mateo 24:3.

 

Pasajes de la  Biblia Ocurriendo Cronológicamente Después de  Mateo 24

 

5. Juan 14:1-3 - En este pasaje, hablando la noche antes que Jesús fuera muerto, dijo a los apóstoles:  “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.  En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.  Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Aquí nuevamente, Jesús les está diciendo claramente a los apóstoles que es necesario para él irse. Sin embargo, en este momento, resueltamente rehúsan creer esto, porque tal enseñanza no se ajusta con su concepción del reino en ese tiempo.  Esto es particularmente evidente en el siguiente pasaje, el cual fue hablado en la misma noche antes que Jesús fuera crucificado.

 

6. Juan 16:17-18 - Jesús, hablando a los apóstoles, dice:  “Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.  Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros:  ¿Qué es esto que nos dice:  Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre?  Decían, pues:  ¿Qué quiere decir con:  Todavía un poco?  No entendemos lo que habla”.

De esta manera, como Jesús está aquí diciéndoles  claramente la absoluta necesidad de su muerte, sepultura y resurrección, tenemos el testimonio de los mismos apóstoles de que no sabían acerca de qué se estaba hablando.  No estaban esperando que Jesús se fuera la noche antes de morir,  y ciertamente no le habrían estado preguntando acerca de la segunda venida, la cual, ellos en ese tiempo no creían.

Estos seis pasajes de la escritura demuestran conclusivamente lo qué ocurrió brevemente antes de Mateo 24 y lo que ocurrió poco después de Mateo 24, que los apóstoles no estaban esperando que Jesús se fuera, y por tanto, no entendieron acerca de esta segunda venida; a causa de esto, no hubiera sido posible que ellos preguntaran acerca de la segunda venida en Mateo 24.

Hay otros dos pasajes que demuestran esto aún con más detalles.

 

7. Juan 20:9 - Este pasaje relata el descubrimiento de la tumba de Jesús vacía por parte de Pedro y Juan en el día de Su resurrección:  “Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos”.

Por tanto, nuevamente, los apóstoles aunque habían sido enseñados una y  otra vez que Jesús debía morir, ser resucitado, y regresar al Padre, no lo creyeron en ese tiempo, en el mismo día de la resurrección de Jesús.

 

8. Hechos 1:6 - Cuarenta días después de la resurrección de Jesús, los apóstoles aún no visualizaban la partida de Jesús y su ascenso de regreso al cielo:  “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo:  Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”  Nuevamente, esta pregunta por parte de los apóstoles muestra que aún en el día de la ascensión de Cristo, continuaban esperando que estableciera un reino físico aquí en la tierra.

 

A la luz de estas consideraciones, la declaración de Hal Lindsey, en su popular La Agonía del Gran Planeta Tierra, que no es nada  mas que una presentación muy superficial de las doctrinas premilenarias y una perversión basada en Mateo 24, parece absurda en extremo.  Con respecto a las preguntas hechas por los apóstoles, Lindsey dice:

 

“Esta venida a la cual se refieren los discípulos es la que llamamos comúnmente la segunda venida de Cristo.  ERA MUY NATURAL QUE ELLOS QUISIERAN SABER CUALES SEÑALES INDICARIAN SU REGRESO A ESTABLECER EL REINO DE DIOS QUE HABIA PROMETIDO”.

(Hal Lindsey, La Agonía del Gran Planeta Tierra, Pág. 61).

 

A la luz de la enseñanza Bíblica, ¡nada puede estar más allá de la verdad!  Cuan ridículo decir que era muy natural para los apóstoles estar preguntando acerca de la segunda venida, cuando los apóstoles mismos admitieron que no sabían acerca de qué estaba hablando Jesús cuando habló acerca de irse (Juan 16:17-18).

De esta manera, en nuestro análisis de las preguntas hechas en Mateo 24:3, vemos que el lenguaje de las preguntas no demanda que estuvieran preguntando acerca de la segunda venida,  y hemos visto además que el presente estado de conocimiento de los apóstoles demanda que ellos ciertamente no estaban preguntando acerca de la segunda venida.  ¡Simplemente no creían que Jesús se iba a ir!  En lo que estaban interesados era en la destrucción de Jerusalén, pensaron que la única cosa que podría dar lugar a tal evento sería cuando Jesús, acorde a su visión, la destruyera en el establecimiento de Su reino físico con el cuartel general ahí en Jerusalén.  Simplemente estaban preguntándole a Jesús cuándo iba a venir en juicio, trayendo un fin a la dispensación Judía, y dando lugar a la consumación del plan del Dios, el fin de las dispensaciones.1

Entonces, ¿cuál es el significado cuando los discípulos preguntaron, “¿qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mat. 24:3).  La palabra Griega “venida” es parousia, “presencia”; el “fin del siglo” es literalmente, “la consumación del siglo”.  La venida es una divina en poder y espíritu en la destrucción del templo que implica también la devastación de ciudad, exactamente como la destrucción del templo en el 586 A.C. fue al tiempo cuando toda Jerusalén fue arrasada.

La “consumación del siglo” es la terminación del gobierno Judío.  Un parafraseo del versículo se leería, “¿Cuándo este estado existente de cosas, este sistema de dispensación sea completado, recogido, o llegado a una conclusión?”  Aun cuando parece que Jesús le hubieran hecho dos o tres preguntas en Mateo (como han escrito la mayoría de los comentaristas), realmente se le está haciendo sino una.  La estructura de la frase es un paralelismo semítico.  Por medio de alterar el término, la segunda pregunta se expande y explica la primera.

Por tanto, las preguntas en Mateo, Marcos y Lucas son todas la misma.  En varias ocasiones previas había dicho a los discípulos de la violencia que sobrevendría a los Judíos (Lucas 13,19, etc.).  En la parábola de la viña (Mat 21:33-46) Jesús enseñó que Dios destruiría a la nación Judía.  Sus líderes comprendieron que la parábola estaba dirigiéndose a ellos (v.45).  Muy probablemente Jesús pronunció esta historia el mismo día que profetizó el desmantelamiento del templo.  Por tanto, la aplicación, estaba fresca en la mente de Sus seguidores.

Los profetas del Antiguo Testamento enseñaron que bajo algunas circunstancias Dios consignó el templo a la destrucción.  Antes de que ocurriera, Jeremías dijo que Jerusalén sería puesto en llamas por Nabucodonosor (21:10; 37:8-10).  Ezequiel 8:1-6; 10:18 muestra el movimiento de la gloria del Señor a través del templo y fuera de este.  En ese tiempo Dios estaba ejecutando juicio divino con ira, y esto es probablemente lo que los discípulos de Jesús entendieron.

Ellos, por tanto, no asociaron el “fin del siglo” del versículo 3 con el regreso final de Cristo.  Este se refiere al siglo del cual ellos eran parte y tenían conocimiento.  Este siglo es la semana setenta de Daniel 9:25-27; 69 de estas semanas ya habían pasado cuando el Mesías fue “cortado”.  La “abominación desoladora” en la semana setenta de Daniel es cumplida en Mateo 24:15, acorde a Jesús mismo.

De esta manera, cualquier idea de que estas “señales de los tiempos” pronostican la “segunda venida” y el juicio final del mundo, reposa en una mala interpretación de Mateo 24:3 y el resto del capítulo.  La destrucción total – “no quedará aquí piedra sobre piedra” – fue cumplida enfáticamente cuando el ejército Romano de Tito arrasó el templo en el 70 D.C. después de conquistar Jerusalén.

Es importante considerar la palabra “salvo” en Mateo 24.  Aun cuando la palabra “salvo” puede tener un doble significado en Mateo 24, puesto que la salvación de la destrucción de Jerusalén es simbólica de nuestra salvación eterna y final, su significado primario es la salvación física en la destrucción de Jerusalén.  Obsérvese algunas cosas que establecen esta verdad:

 

(1) “... cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos ...” – (Luc. 21:20) – No hay duda en cuanto a qué se refiere esto.

(2) “Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes” – (Mat. 24:16) – Debe ser evidente a cualquiera que esto no puede referirse al retorno personal de Cristo.

(3) “Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!” – (Mat. 24:19) – Esto apunta de igual manera a la caída de Jerusalén.

(4) “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo” – (Mat. 24:20) – El hecho de que las puertas de Jerusalén estarían cerradas el día de reposo es la razón para esta declaración, y por tanto, obstaculizaría su huida de la ciudad.

(5) “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo ...” – (Mat. 24:22) – Ciertamente este lenguaje no puede ser equivocado.  Apunta a una salvación física.  La Versión Moderna en Mat. 24:22 hace esto claro a medida que usa las palabras “carne” y “salvo” conjuntamente – “Y si no se abreviasen aquellos días, ninguna carne podría salvarse ...”

 

Además, también es encontrada evidencia en Lucas:  “Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá” (Luc. 21:18).  Ciertamente este lenguaje no puede ser malentendido; podría no tener referencia a la salvación del pecado, o a nuestra salvación eterna y final.  La palabra “salvo” en Mat. 24 se refiere a la salvación física cuando Jerusalén cayó.  Esto no debería sorprender a nadie, así como la salvación física en Noé, y la liberación de la nación de Israel de la esclavitud en Egipto, tienen una significancia típica en relación a nuestra salvación espiritual, lo mismo es verdad de la salvación física en Mat. 24.  Es necesario tener estas cosas claras en la mente a medida que se conviertan en la clave para entender los pasajes en las Epístolas.

 

Guerras y Rumores de Guerras ...

Jesús inicia Su discurso en los Olivos por medio de anunciar la llegada de falsos Cristos antes del fin (vs.4-5).  Los premilenarios insisten que la historia no registra los nombres  de los pretensores antes del sitio de Tito.  Pero en vista de que los inescrupulosos no dejarían instituciones detrás, no escaparon a la observación de los escritores contemporáneos.  Josefo declara que:

 

“Los asuntos de los judíos día a día empeoraban.   El país estaba lleno de ladrones y de impostores que seducían a la multitud.  Todos los días Félix capturaba a algunos de los últimos, junto con ladrones y los hacía perecer ... Los impostores y los hombres falaces persuadían a la multitud que los siguieran al desierto.  Decían que allí les mostrarían signos y señales que sólo pueden producirse por obra y providencia de Dios.  Muchos que los creyeron, sufrieron los castigos que merecían por su locura, pues Félix los hizo ejecutar cuando le fueron entregados.

En ese tiempo llegó a Jerusalén un egipcio que simulaba ser profeta y quiso persuadir a la multitud que ascendiera con él al monte de los Olivos, que se encuentra a la distancia de cinco estadios de la ciudad.  Les dijo que desde allí verían caer por su orden los muros de Jerusalén, y les prometió abrirles un camino para volver a la ciudad ...

... Festo envió tropas de infantería y caballería contra los que habían sido engañados por un impostor que les había prometido la cesación de todos los malos y plena seguridad, si lo seguían al desierto.  Los soldados mataron al impostor y a los que estaban con él” – (Antigüedades de los Judíos, Tomo 3,  Libro 20; Cap. 8; Par. 5,6,10; Págs. 337-338,340).

 

“Siendo Fado procurador de Judea, un cierto mago de nombre Teudas persuadió a un gran número de personas que, llevando consigo sus bienes, lo siguieran hasta el río Jordán.  Afirmaba que era profeta, y que a su mando se abrirían las aguas del río y el tránsito les resultaría fácil.  Con estas palabras engañó a muchos.  Pero Fado no permitió que se llevará a cabo esta insensatez ...” – (Antigüedades de los Judíos, Tomo 3, Libro 20; Cap. 5; Par. 1; Pág. 330).

 

“... Porque aquellos hombres, engañadores del pueblo, pretendiendo con sombra y nombre de religión hacer muchas novedades, hicieron que enloqueciese todo el vulgo y gente popular, porque se salían a los desiertos y soledades, prometiéndoles y haciéndoles creer que Dios les mostraba allí señales de la libertad que habían de tener ... Pero mayor daño causó a todos los judíos un hombre egipcio, falso profeta:  porque, viniendo a la provincia de ellos, siendo mago, queríase poner nombre de profeta, y juntó con él casi treinta mil hombres, engañándolos con vanidades, y trayéndolos consigo a la soledad adonde estaban, al monte que se llama de las Olivas, trabajaba por venir de allí a Jerusalén, y echar la guarnición de los romanos, y hacerse señor de todo el pueblo” – (Las Guerras de los Judíos, Tomo 1, Libro 2; Cap. 12; Pág. 238).

 

Lucas registra que Simón el mago de Hechos hizo tales pretensiones antes de su conversión (Hch. 8:9-10).

 

Versículo 6, “... guerras y rumores de guerras ...” señala los años de inestabilidad justo antes del 70 D.C. no sólo en Judea sino a través del imperio Romano.  Durante ese tiempo ocurrieron levantamientos Gentiles contra los Judíos, también como las amenazas de ataque por parte de los Romanos.  Brotaron peleas en la Ciudad cuando las facciones formaron sus propios ejércitos.  Los Judíos revolucionarios tomaron ventaja de los disturbios generales para adquirir riquezas para sí mismos a expensas de los parientes.

Después de la muerte violenta de Nerón en Junio del 68 A.C., en todas partes reinaban los desordenes.  El imperio se bamboleaba mientras las revueltas menores relumbraban.  Seis meses después el sucesor de Nerón, Galba, fue derrocado por Othón, quien a su vez murió violentamente tres meses después y fue reemplazado por Vitelio.  El, también, fue acuchillado en una reciente ola de peleas y Vespasiano asumió el trono.  En el período de un año tres emperadores Romanos cayeron bajo la espada.

 

“... No se avergonzaba Juan por causa de aquellos que había dejado huyendo; antes, yendo por todas partes incitaba a todos a la guerra, trayéndoles delante de la flaqueza de los enemigos ... Todas las ciudades estaban revueltas con guerra que entre sí tenían, y las horas que los romanos aflojaban contra ellos su fuerza, ellos mismos se mataban los unos a los otros, teniendo grande y cruel contienda entre sí los que deseaban la paz y los que amaban la guerra y la procuraban; y esta discordia encendíase luego dentro de las casas, y después los amigos del pueblo estaban discordes, y cada uno se juntaba con su parcialidad y con los que querían defender:  así estaba todo el pueblo dividido en ayuntamientos, y se rebelaban.

Había, pues, grandes disensiones entre todos:  los que deseaban revueltas y las armas, eran más mancebos y más atrevidos que los viejos y que aquellos que procuraban la paz.  Los naturales, pues, comenzaron a robar e iban haciendo latrocinios a manadas por toda aquella tierra de tal manera, que en lo que toca a la crueldad e injusticia no diferían de los romanos; ... ” – (Las Guerras de los Judíos, Tomo 2; Libro 4, Cap. 5, Pág. 58).

 

 “Porque se levantará nación contra nación ...” (v.7) hace eco de Isaías 19:2 durante un tiempo similar de gran desasosiego en Egipto.  Los “rumores de guerras” son los reportes conflictivos y exagerados que preceden al acercamiento de los ejércitos y producen pánico.  La ansiedad de la guerra es un tema común del Antiguo Testamento (Isa. 13:4 y Sigs.; 19:1 y Sigs.; Jer. 4:19 y Sigs.; Joel 2:4-6; Nahum 2:3 y Sigs.).

En medio de todas estas cosas los discípulos deberían mantener la calma, una mente prudencial y no estar en incertidumbre por causa de la guerra.  Notablemente, Jesús pronunció esta profecía cuando el mundo estaba encestado en la paz y la nación Judía gozaba de toda la protección Romana.

Como resultado de la guerra hizo erupción el hambre.  En el versículo 7 Jesús profetiza de “pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares”.  Cuatro hambrunas se presentaron durante el reinado de Claudio.  Hechos 11:28 se refiere a una gran hambre la cual ocurriría en los días de Claudio Cesar (41-54 D.C.); otras ocurrieron en Italia, Judea y Grecia.  Mas de 30.000 murieron de una peste sólo en Roma, antes del 70 D.C.  Josefo registra las hambres de este período:

 

“Ahora reinaba el hambre en la ciudad, y los rebeldes tomaban todos los alimentos que pudieran encontrar en registros casa por casa, mientras que los pobres morían de hambre a miles.  La gente daba sus riquezas por una pequeña medida de trigo, y la ocultaban rápidamente y en secreto para que no les fuera quitada.  Las mujeres les quitaban la comida a sus maridos, los hijos a los padres, y las madres de la misma boca a los bebés ...” – (Josefo:  Los Escritores Esenciales, Pág. 333.  Las Guerras de los Judíos, Libro 6, Cap. 11, Pág. 178).

 

“Mientras tanto, incontables miles de judíos morían de hambre.  En cada casa donde había el menor bocado de comida, los parientes luchaban por él.  Transidos por el hambre, los proscritos husmeaban como perros enloquecidos, royendo lo que fuera:  cinturones, zapatos, e incluso el cuero de sus escudos.  Otros devoraban manojos de paja, y luego sucedió el horroroso caso de María de Betezuba. [Las Guerras de los Judíos, Tomo 2, Libro 7, Cap. 7, Pág. 223].

Distinguida en familia y fortuna, María había huido de Perea a Jerusalén, pero sus propiedades habían sido saqueadas por los tiranos durante el asedio. y su comida por los registros diarios de sus seguidores.  Enloquecida por el hambre, tomo al bebé que tenía en su pecho, y dijo:  ‘¡Pobre bebé!  ¿Por qué debería preservarte para la guerra, el hambre y la rebelión?  Ven, sé mi alimento:  venganza contra los rebeldes, y el punto culminante de la tragedia judía para el mundo’.  Con esto, mató a su pequeño, asó su cuerpo, y devoró la mitad del mismo, ocultando el resto. – [Las Guerras de los Judíos, Tomo 2, Libro 7, Cap. 8, Págs. 224-225].

Los rebeldes llegaron al instante, oliendo la impía olor, y amenazándola de muerte si no les entregaba lo que había preparado.  Ella les había reservado también una buena porción, les dijo, destapando los restos de su bebé.  Ellos se quedaron paralizados de horror.  ‘Este es mi hijo y mi acción –les dijo.– Servíos, porque yo ya he tenido mi parte.  ¡No seáis más débiles que una mujer ni más compasivos que una madre!  Pero si sois melindrosos y no aprobáis mi sacrificio, dejadme entonces el resto para mí’” – [Ibíd, Pág. 225].  (Josefo:  Los Escritos Esenciales, Págs. 344-345).

 

“... se había reunido una gran multitud en Jerusalén desde todas partes del país para la fiesta de los Panes Azimos.  Se encontraron inmersos en la guerra y en hacinamiento, lo que produjo peste y hambre ...” – (Josefo:  Los Escritos Esenciales, Pág. 352.  Las Guerras de los Judíos, Tomo 2, Libro 7, Cap. 17, Pág. 253).

 

 Los terremotos han tenido su lugar en la descripción de la intervención de Dios en la historia (Jueces 5:5; Sal. 18:13-14; 68:8; 77:18; 114:7; Isa. 24:19; 29:6; 64:1).  Durante el reinado de Nerón, Pompeya fue virtualmente destruida y Roma también sufrió daños; los terremotos demolieron Laodicea y otras ciudades en Asia Menor.  Los Anales de Tácito describen el período como uno “rico en calamidades, horrorizado con guerras, despedazado con las revueltas ...”  Estas cosas en el principio de dolores presagiaban dificultades aún mas espantosas.  Tácito menciona un terremoto en el reinado de Claudio, en Roma; y dice que en el reinado de Nerón, las ciudades de Laodicea, Hierapolis, y Colosas, fueron demolidas; y la celebre Pompeya fue abrumada y casi destruida por un terremoto, Anales, 15,22.  Otros son mencionados como ocurriendo en Esmirna, Mileto, Chios, y Samos.

Versículo 8, “Y todo esto será principio de dolores”, es una imagen de juicio divino que se repite en el Antiguo Testamento (Isa. 13:8; 26:17; Mi 4:9 y Sigs.; Os. 13:13; Jer. 4:31; 6:24; 13:21; 22:23; 49:22; 50:43).  Esta frase describe un período de intenso sufrimiento.  Pero el Cristiano podría enfrentar la turbulencia con la confianza y seguridad de que sería librado.

El versículo 9 profetiza la muerte de los santos cuando los Judíos fanáticos y más tarde el Romano Nerón los entregarían a mucha tribulación.  Los Zelotes Judíos colocaron cortes fingidas en Jerusalén y arrastraron a los nobles ante ellos.  Mas definidamente, el libro de Hechos muestra el cumplimiento del versículo 9.  Pedro y Juan fueron encarcelados (4:1-3; Comp. vs.15-21; 5:17-18,40); Esteban fue apedreado (7:59); la iglesia en Jerusalén fue esparcida por las regiones de Judea y Samaria (Hch. 8:1-4); Saulo antes de su conversión, era un líder de las persecuciones contra los Cristianos (Hch. 8:3; 9:1-2).  Herodes hecho mano de los Cristianos para maltratarlos y mató al apóstol Jacobo (Hch. 12:1-2); Pablo y sus compañeros fueron azotados (16:23), apedreados (14:19), traídos a juicio (18.12), y amenazados con tortura y encarcelamiento (22:23-24).  Acorde a la tradición, Pablo fue muerto en Roma y Pedro fue crucificado (Juan 21:18-19), antes del 70 D.C.

Esta enseñanza del versículo 9 es paralela a esa de Jesús en Juan 15:20-21, cuando dijo a los apóstoles: “Acordaos de la palabra que yo os he dicho:  El siervo no es mayor que su señor.  Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.  Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió”. 

Esta profecía fue cumplida durante la terrible persecución de los Cristianos que precedió a la destrucción de Jerusalén, bajo Nerón en el 64 A.C.

La persecución de Nerón en Roma envolvió torturas exquisitas sobre los odiados Cristianos.  Tácito escribió,  “Burlas de toda clase fueron añadidas a sus muertes.  Cubiertos con pieles de bestias, fueron despedazados por perros y perecieron, o aún fueron clavados en cruces, o fueron arrojados a las llamas y quemados, para servir como iluminación nocturna, cuando la luz del día había expirado”.

Al ser entregados a los concilios, el Cristiano no estaría abandonado en una situación de juicio.  El fiel no debía estar preocupado, puesto que el Espíritu Santo proporcionaría sabiduría y respuestas incontrovertibles.  De esta manera el Cristiano podría hablar osadamente como un apologista (defensor) ante los gobernadores y reyes (v.9-10; véase también Mr. 13:9-11).  La misión del evangelio resultaría en divisiones familiares dolorosas y en traición (Mr. 13:12).

En el versículo 11, Jesús dice del surgimiento de falsos profetas que engañarían a muchos.  Pablo advierte de hombres engañosos que se disfrazan como obreros de Cristo (2 Cor. 11:13-15).  En Galacia algunos pervirtieron el Evangelio (1:7).  Otros abandonarían la fe (1 Tim. 4:1).  Pedro habló de muchos que siguen falsos maestros que introdujeron herejías encubiertamente (2 Ped. 2:1-2).  El autor de Hebreos advirtió contra la apostasía y la incredulidad (3:7-8; 10:25a), hablando de los peligros de caer (6:4-8; 10:38).

Himeneo y Alejandro eran blasfemos, habiendo naufragado de la fe (1 Tim. 1:19-20).  Figelo y Hermógenes se alejaron (2 Tim. 1:15).  Himeno y Fileto eran falsos maestros (2 Tim. 2:17-18).  Demas desamparó a Pablo, amando este mundo (2 Tim. 4:10).  Alejandro el calderero se opuso a Pablo (2 Tim. 4:14).

Josefo, en su historia de la destrucción de Jerusalén, da esta narración:

 

“... porque muchos profetas sobornados entonces por los tiranos, denunciaban al pueblo que esperasen el socorro de Dios y no tuviesen cuidado de guardarse y menos de huir de ellos, y los que no temían, ni se guardaban, se detuviesen también mucho mejor con la esperanza que les daban estos falsos profetas ...” – (Las Guerras de los Judíos, Tomo 2, Libro 7, Cap. 11; Pág. 235).

 

Nuevamente tenemos una narración histórica directa del cumplimiento de esta declaración particular de Jesús, una vez mas en conexión con la destrucción de Jerusalén.2

De esta manera, muchos se apartaron de la fe antes que sufrir por Cristo.  Falsos profetas se levantaron.  La maldad se multiplicó, haciendo morir la verdadera fe espiritual.  Jesús prometió salvación para el fiel, no sólo después de la vida sino también de la angustia y dolor físico de la tribulación antes de la destrucción de Jerusalén.

Las exhortaciones a la fidelidad y las reprensiones a la infidelidad son numerosas.  La declaración:  “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (v.13) no es una referencia a la salvación al final en la segunda venida del Señor, sino a la liberación de los fieles al momento de la terrible desolación que vendría sobre Jerusalén.

El versículo 14 declara que el evangelio debe ir a todo el mundo antes del fin.  Los premilenarios aplican este al fin del mundo e insisten que después que ciertas tribus Africanas y naciones sean evangelizadas, Jesús vendrá de nuevo.  Pero esta aplicación administra mal las claras palabras de Pablo a los Colosenses, en la que declaró que “A causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado a vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece ... Si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo (1:5-6,23).  Pablo escribió la carta a los Colosenses en el 62 D.C., ocho años antes de la destrucción de Jerusalén, en obvio cumplimiento de la declaración de Jesús en Mateo 24:14.

Esta declaración de Jesús con respecto a la predicación del evangelio es controversial algunas veces, pero cualquier cosa que Jesús incluyó en esa profecía se ve que se cumple abundantemente en Hechos 2:5 - “Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo”.  También en Romanos 1:8, Pablo usó lenguaje similar al hablar de la fe de los Romanos:  “Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo”.  El cumplimiento literal de la predicación del evangelio en todo el mundo lo podemos leer una vez mas en Rom. 10:15-18 – “... así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios.  Pero digo:  ¿No han oído?  Antes bien, por toda la tierra ha salido la voz de ellos, y hasta los fines de la tierra sus palabras”.  La carta a los Romanos fue escrita por el apóstol Pablo en el año 55 D.C., durante su tercer viaje de predicación, 15 años antes de la destrucción de Jerusalén.  “Todo el mundo” abarca esa parte gobernada por Roma (véase Lucas 2:1).

 

La Abominación Desoladora

El versículo 15 introduce portentosamente la “la abominación desoladora”, un concepto profetizado por Daniel (véase 9:27; 12:11).  La narración de Marcos se lee esencialmente lo mismo como Mateo, añadiendo “donde no debe estar” (13:14).  Esta abominación sería una señal distintiva para los discípulos de Judea para que huyeran de la ciudad (Mat. 24:16).  Lucas añade – “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.  Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes ...” (Luc. 21:20-21).

Desafortunadamente la naturaleza de la abominación es imprecisa.  Muchos comentaristas refieren esto a las acciones de los conquistadores paganos durante y después del sitio del templo.  Acorde a esa visión, la colocación de los estandartes del ejército Romano fuera de la Ciudad sería una abominación porque esto era pagano y una desolación a causa de que los Romanos conquistaron por medio de la devastación.  Algunos ven la abominación como la profanación interna del templo por los Judíos Zelotes bajo la pretensión de defenderlo.

Son ofrecidas otras interpretaciones menores, incluyendo la referencia premilenaria al tiempo antes de la “segunda venida”, aunque la destrucción de Jerusalén los satisface como un cumplimiento parcial.  Tal interpretación ignora el contexto y las claras palabras de Jesús.  En la interpretación de este difícil pasaje, debemos determinar lo que se sabe y lo que no se sabe y trabajar desde lo conocido a lo no conocido.

El lenguaje de Mateo 24:15 es Bíblico.  En Daniel 11:31-32, cuando la “abominación desoladora” apareció, Dios abandonó Su cuidado protector del templo.  Esta es la desecración de Antioco Epifanes alrededor del 165 A.C., quien ofreció carne de cerdo sobre el altar del templo, destruyó las copias de la ley e impidió a los Judíos fieles de celebrar el día de reposo.  También levantó un pequeño altar dedicado a Zeus, el dios Griego.

Como en el tiempo de Antioco, la desolación del versículo 15 también significa que el templo estaría vacío de adoradores.  Esto fue sugerido por una abominación tan detestable que el pueblo de Dios se olvidó del templo, provocando de esta manera la desolación.

La abominación tiene un carácter religioso, puesto que está conectada con el lugar santo.  Esta es una profanación del santuario del templo en alguna forma (Dan. 11:31a), e implica actos sacrilegos.  Para llevar a cabo un sacrificio, es necesario un grado de compromiso religioso y de esta manera la fuente de la corrupción vino desde dentro de la nación.  Esto envuelve una perversión del pacto (v.32) y un quitar el continuo sacrificio (v.31b).  Por tanto, cualquier sacrificio pagano y acto religioso de los Romanos por parte de sus soldados está descartado.

La abominación sería inconfundible y fácil de reconocer por parte de los santos.  Al verla, los creyentes debían huir apresuradamente de Jerusalén (Mat. 24:16).  Si se confinó al templo, esta sería aparente a todos dentro de la Ciudad; no hay insinuación de que la abominación es un Antioco revivido u otro extranjero.

La narración paralela de Marcos (13:14) proporciona una guía vital para el entendimiento del pasaje.  “Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar ...”  Esta traducción reconoce el lenguaje neutro de la “abominación desoladora” y el uso masculino de la palabra “puesta”.  La NVI lo tiene, “Cuando vean la abominación que causa desolación instalada donde no le pertenece ...”

Por tanto un sacrificio varonil estuvo implicado.  Vino desde dentro.  El cumplimiento ocurrió muy probablemente durante el tiempo en que los Zelotes profanaron el templo durante el invierno del 67 y 68.  Retuvieron el templo bajo las pesadas armas, permitiendo que los pies de los criminales se apiñaran dentro de los lugares santos, y perpetraron asesinatos en el templo mismo.

 

“... hartos ya de perseguir a los hombres, quisieron injuriar a Dios, y comenzaron a entrar con sus pies sucios y dañados en el lugar que les era prohibido” – (Las Guerras de los Judíos, Tomo 2, Libro 4, Cap. 5, Pág. 60).

 

La abominación precisa que desocupó el templo – el evento que señaló el tiempo de la huida – llegó probablemente cuando los Zelotes instalaron como sumo sacerdote a un imbécil, al injusto Fanni, quien de esta manera “usurpó una posición que no era suya”.  En esa ocasión, completamente conmocionado el cesante sumo sacerdote salió con lágrimas y lamentó el futuro del sacerdocio.  Esto nos lo cuenta Josefo de esta manera:

 

“Luego, los bandidos llegaron a tal grado de locura que usurparon la autoridad de designar al sumo sacerdote, seleccionando a los individuos innobles y de baja cuna para aquel cargo para lograr cómplices para sus impíos crímenes.  Además, mediante historias calumniosas, enfrentaban a los funcionarios en autoridad, y así aumentaron su propio poder creando divisiones. –  

Al final la gente, hastiada, se dispuso a la rebelión contra los zelotes, instigada por Anano, el más anciano de los principales sacerdotes.  Los zelotes se habían refugiado en el templo de Dios y lo tranformaron en fortaleza, haciendo del santuario su cuartel general.  Pretendían que, según la antigua ley, el sumo sacerdocio debía ser escogido por suertes, aunque la sucesión era hereditaria.  Echando suertes, el cargo recayó en un vulgar payaso llamado Fanni, que apenas si sabía que significaba el sumo sacerdocio, pero le vistieron con los ropajes sagrados, y le enseñaron lo que debía hacer.  Esta asombrosa impiedad, que para ellos era cuestión de diversión, hizo derramar lágrimas a los otros sacerdotes, que se dolieron de esta burla de la ley” – (Josefo, Los Escritos Esenciales, Pág. 302.  Las Guerras de los Judíos, Tomo 2, Libro 4, Cap. 5, Págs. 60-61).

 

Los actos sediciosos de los zelotes también incluyeron la admisión de los guerreros Idumeos sanguinarios en el área del templo. 

 

“... Aquella noche hubo una terrible tempestad de lluvia y viento, rayos y extraordinarios truenos.  Los idumeos se arrebujaron juntos para mantenerse en calor, y solaparon sus escudos para protegerse de la lluvia.  Preocupados por sus aliados, expuestos a aquella terrible tormenta, los zelotes discutieron qué podían hacer para aliviarlos.  Los impetuosos entre ellos querían abrirse paso entre los centinelas y abrir las puertas a los idumeos.  Pero los más prudentes objetaron, por cuanto los centinelas iban armados hasta los dientes y estaban encolerizados contra los idumeos ... Al ir avanzando la noche, los centinelas de la columnata cayeron dormidos.  Mientras tanto, los zelotes tomaron algunas de las sierras del templo y cortaron las barras de las puertas, primero en el templo y luego de la ciudad, mientras el viento y los truenos impedían que fueran oídos.

... por petición de los que les habían dejado entrar, los idumeos marcharon primero al templo para liberar a los zelotes.  Algunos de los centinelas fueron muertos durante su sueño, y luego toda la fuerza despertó y tomaron sus armas para defenderse ...” – (Josefo, Los Escritos Esenciales, Pág. 304.  Las Guerras de los Judíos, Tomo 2, Libro 4, Cap. 7, Págs. 77-78).

 

Ocurrió una matanza y se dijo que 8500 personas perecieron en la batalla (Josefo, Los Escritos Esenciales, Págs. 303-305).  Josefo escribió que los villanos Zelotes - “Los zelotes pisoteaban toda ley humana y se burlaban de los oráculos de los profetas como fábulas de impostores ...” – (Josefo, Los Escritos Esenciales, Pág. 306.  Las Guerras de los Judíos, Tomo 2, Libro 5, Cap. 2, Págs. 89-90).

De esta manera, primero las manos nativas contaminaron los recintos sagrados antes de que Dios abandonara el templo como el lugar de Su gloria.  Los discípulos fieles huyeron después de la instalación.  La narración paralela de Lucas considera la llegada de las fuerzas militares al área como la señal para huir:  “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado” (Luc. 21:20).  El cumplimiento llegó probablemente cuando los Idumeos estaban acampando en el Monte de los Olivos y otros lugares cercanos la ciudad.  De esta manera la desolación (destrucción) llegaría muy pronto (Luc. 21:20b), porque Dios quitaría la protección.  Una vez nos cuenta Josefo:

 

“Una gente turbulenta y caótica, los idumeos se movilizaron y marcharon hacia Jerusalén con un ejército de 20.000 hombres.  Anano que supo de su venida, cerró las puertas, pero prefería la persuasión antes que las hostilidades.  Así que Jesús, el principal sacerdote que era inmediatamente más joven que Anano, se dirigió a los idumeos desde una torre adyacente ... Pero los idumeos no quisieron oir las propuestas de Jesús, y Simón, uno de sus líderes, contestó que habían venido como verdaderos patriotas contra hombres que conspiraban para entregar la tierra a los romanos.  ‘Aquí nos quedaremos con nuestras armas, delante de estas murallas –les dijo,– hasta que los romanos se cansen de escucharos, o que os convirtáis a la causa de la libertad”’ - (Josefo, Los Escritos Esenciales, Págs. 303-304).

 

 

“El que lee, entienda” de Mat. 24:15 que está entre paréntesis, es la súplica de Jesús para que todos noten el antecedente profético de la abominación desoladora (véase Dan. 2:21-23; 9:25a; 12:10b; Ap. 1:3).  Aún para hoy día, un entendimiento de Mateo 24 imposible sin un conocimiento de los profetas del Antiguo Testamento y el uso Oriental del lenguaje simbólico.

Es interesante que Josefo también confirma está profecía de Daniel:

 

“Daniel también escribió con respecto al gobierno Romano y que nuestro país sería desolado por ellos” – (Antigüedades de los Judíos, Tomo 2, Libro 10, Cap. 2, Sec. 7, Pág. 215).

 

Los Discípulos Huyen de Jerusalén

El versículo 16 empieza una sección que describe una situación local de Judea de la inminente invasión Romana.  El tiempo no puede ser al regreso de Cristo cuando la huida sería inútil, porque uno no podrá evitar la ira de Dios por medio de ocultarse en las montañas.  Los versículos 16-22 muestran que Jesús se dirigió a los Judíos solamente y no a las modernas razas mezcladas a través del mundo que nunca ha visto Jerusalén.

Huir para evitar juicio es otra idea del Antiguo Testamento.  En Gén. 19:17 la familia de Lot huyó de Sodoma, un tipo de abominación.  Era una huida urgente como en Ezequiel 7.14-16, donde el destino de aquellos que no huyeron antes de la destrucción de Jerusalén en el 586 A.C. es descrita vividamente:  “De fuera espada, de dentro pestilencia y hambre ... y los que escapen de ellos huirán y estarán sobre los montes ...” Véase también Jer. 6.16 y Zac. 14:5b.

Los Cristianos en Jerusalén debían huir para escapar al terrible castigo que vendría sobre Judea a causa del sacrilegio (v.15) y otras transgresiones Judías incluyendo aquellas contra Jesús y los primeros Cristianos.  El refugio estaría en los montes los cuales evitarían los Romanos.  David huyó a las cuevas para evitar el peligro (1 Sam. 22:1; Sal. 11:1).  Otros en el Antiguo Testamento se ocultaron de igual manera (Jos. 10:16; 1 Sam. 13:6; 2 Sam. 23:13).

Los versículos 17-18 hablan de la urgencia de la huida:  ¡sin demora!  Un hombre en la azotea podía correr sobre las azoteas planas de sus vecinos hasta las puertas de la Ciudad.  No debería tomar tiempo para empacar las posesiones de la casa, porque un intento por llevárselas le impediría huir.  El hombre en el campo no debería regresar a su casa por vestidos extras.  No podía haber dilación después del anuncio de que los Romanos estaban en marcha de total batalla hacia Jerusalén.  Rodearían la Ciudad tan rápidamente que toda hora preciosa sería necesaria para escapar.

Jesús tuvo compasión por las embarazadas y las madres que estuvieran criando (v.19-20).  El invierno y el día de reposo también serían obstáculo para huir exitosamente, pero Dios contestaría las oraciones fervientes para evitar las dificultades en el viaje.  Los vientos fríos y húmedos de Judea también significan días cortos y caminos malos.  Las pesadas lluvias de la época se convirtieron en torrentes de ríos impasables.

Una huida en el día de Reposo sería imposible porque las puertas de la ciudad estarían cerradas (Neh. 13:19-22) y la seguridad de unas pocas provisiones sería dificil.  La cortedad de los viajes en el día reposo – menos de un kilómetro y medio – también podría restringir el movimiento.  De otra manera, habría persecución por violar la ley.

Los versículos 21 y 22, que discuten la gran tribulación, mencionan las razones para la huida, mientras que los versículos 23 y 24 advierten de falsos Cristos que desanimarían el huir.  Esta “gran tribulación” ha sido la piedra de toque de mucha especulación.  Los premilenarios insisten que esto ocurrirá a la “segunda venida” de Cristo, la cual estará precedida por todas las señales del discurso que empieza en el versículo 3.

Esa visión declara que antes de Su venida, guerras mundiales titánicas sumirán a las naciones (v.6) y las hambres se enfurecerán.  Las enfermedades, las epidemias y la pestilencia asolaran las ciudades y campos, mientras que grandes terremotos desgarraran y convulsionaran la tierra (v.7).  Una persecución final se infligirá a Sus seguidores y se levantarán falsos ministros (vs.9-11).

Habrá una época de desorden, de iniquidad rampante, y un gran derrumbamiento de la moralidad al tiempo antes del fin.  El evangelio será llevado a cada nación, incluyendo aquellas en las profundidades del Africa (v.14).  Habrán tribulaciones sin precedente tan grandes que nadie será salvo a no ser que aquellos días sean acortados por la aparición de Cristo (v.22).  En ese versículo insisten los premilenarios que solamente desde la 2 Guerra Mundial el mundo jamás ha estado amenazado de la completa aniquilación a causa de la acumulación de armas atómicas capaces de exterminar toda carne de la tierra.

Los premilenarios creen que esta tribulación ocurrirá al momento del “rapto” – la ocasión cuando los santos de Dios se supone deben estar con Jesús en el aire arriba de la tierra, mientras que la tierra misma experimenta siete años de terribles angustias y desgracias.  Pero Mateo dice claramente que los discípulos debían huir a las montes cuando empezara la tribulación (v.15).  De esta manera, los santos estarán en la tierra al momento del así llamado rapto en el cielo (1 Tes. 4:16-17).

Las mujeres criando hijos (v.19) especialmente estarían amarradas por la demora, y cada una necesitaría asistencia divina para evitar el viaje en día de reposo o en invierno.  Al tiempo de la tribulación, el destino eterno de uno no dependería de tales cosas mundanas.  Estos hechos tomados juntos muestran la falacia de la teoría del rapto.

¿Qué sentido tendrían estos versículos, si se interpretaran como describiendo la segunda venida de Cristo?  ¿Qué diferencia hay si viene en invierno o el día de reposo?  Ninguna.  ¿Qué bien tendría al huir desde la azotea o el campo?  Ninguno.  ¿A dónde iría?  A ninguna parte.  ¿Y con qué propósito?

Los versículos 23-26 son repeticiones de las primeras advertencias contra los falsos Cristos.  Véase la referencia al versículo 11 para el cumplimiento histórico de estas declaraciones durante el sitio de Jerusalén.

 

Anotaciones al Pie

1Mateo 24 y la Especulación Profética, Samuel Dawson, Págs. 3-8.

2Ibíd, Pág. 9. 

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