Capítulo Seis

Las Estrellas Caerán ...

Las Potencias de los Cielos Conmovidas

 

El final de la nación Judía está enfatizada en muchos pasajes altamente figurativos.  Fue Cristo quien “vino” contra la apóstata nación de Israel, empuñando la vara de hierro de Su ira (Sal. 2:9; Ap. 1:5).  Esta cualidad espiritual de Cristo está expresada en términos figurativos usando relámpagos, las nubes, el sol y otros objetos celestiales.

Mateo 24:29 emplea estas siniestas palabras de calamidad y ruina – “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días (comp. v.21), el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas”.  En Marcos se lee, “y las potencias que están en los cielos serán conmovidas” (13:25).  La imagen indica un punto de viraje importante en la historia, pero no el último al final del tiempo como creen los premilenarios.

Antes que referirse a la “segunda venida”, estos versículos anuncian algo que se cumpliría “inmediatamente” después de los eventos del v.28 y aquellos que lo preceden.  Ningún lapso de tiempo separa los versículos 28 y 29.  La fraseología anuncia apropiadamente el final del poder Judío y da a entender la zozobra y desgracia acompañando a la destrucción de Jerusalén.  El uso de Mateo del sol, la luna, las estrellas, y los cielos es sumamente adeudado a la imagen profética del Antiguo Testamento y a las palabras claves que inequivocamente describen los juicios temporales de las varias sociedas terrenales antiguas.

El sol obscurecido, la luna no dando el resplandor, y las estrellas cayendo y las potencias de los cielos conmovidas o temblando, todo dio a entender el fin del liderazgo político de Babilonia (Isa. 13:10,13).  Isaías declara que esto era un juicio local –“Profecía sobre Babilonia” (v.1)– y por tanto, el capítulo no hace referencia al juicio al final del tiempo.  De igual manera, la caída de Edom y las naciones aliadas fue descrita como cuando “todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como un libro  ...” (Isa. 34:4).  En esta figura de juicio, varios gobiernos terrenales dejaron de existir.  El cumplimiento es un asunto de hecho histórico.

Jeremías mezcló las señales celestiales y terrenales para describir en su día un destacado juicio de Jerusalén:  “Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz.  Miré a los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruidos ... Toda la tierra será asolada; pero no la destruiré del todo.  Por esto se enlutará la tierra, y los cielos arriba se oscurecerán ...” (4:23-24,27-28).  El profeta habla acerca del fin de la impiedad de Jerusalén en el 586 A.C. por parte de Babilonia, y no del fin del tiempo, porque el pueblo no sería traído a un fin total.

Muy al principio, el profeta Joel alrededor del 830 A.C. enfatizó la terriblez de la vista de Dios sobre Judá por medio de asociar el día de Jehová con calamidades naturales.  Este fue un juicio local.  “... porque viene el día de Jehová, porque está cercano.  Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra ...” (2:1-2).  De los enemigos de Judá, Joel dijo que “... temblará la tierra, se estremecerán los cielos; el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor” (2:10).  Dios usó la pagana nación de Babilonia para castigar a Judá en el 586 A.C.  Ciertamente, cuando “Jehová rugirá desde Sion” temblarán los cielos y la tierra (3:16).

En la reprensión de la infidelidad del pueblo después de su regreso de la cautividad en Babilonia, Dios prometió:  “... yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a las naciones ...” (Hageo 2:6-7).  El versículo 21a muestra claramente que este es un juicio temporal de una situación local, no obstante, el profeta usa imagenes sacadas del fenómeno natural como una exhortación a la obediencia.

Amós dice figurativamente de la madurez del Reino Norteño para el juicio, indicando el paso de una era:  “... haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en día claro” (8:9).  De esta manera, Samaría caería pronto.  La misma cosa le sucedió a Jerusalén en el 586 A.C.:  “... su sol se puso siendo aún de día ...” (Jer. 15:9; contrastado con Isa. 60:20-21).  Antes que asolearse en la gloria, Judá moriría inesperadamente.  Véase también Isa. 24:23 y 50:3.

Al profetizar el fin del antiguo Egipto por parte de Babilonia, Ezequiel empleó un simbolismo similar al de Mateo 24:29.  El profeta dijo que Dios vestiría el cielo con tinieblas:  “Y cuando te haya extinguido (Egipto) cubriré los cielos, y haré entenebrecer sus estrellas; el sol cubriré con nublado, y la luna no hará resplandecer su luz” (32:7).  Este pasaje marca el fin de una era y el establecimiento de otra; es imposible aplicar la declaración de Ezequiel al fin del tiempo.

El poderoso “cuerno pequeño” de Daniel (8:9) pensado por la mayoría de los eruditos Bíblicos que es Antíoco Epifanes, era uno que “... las estrellas echó por tierra, y las pisoteó” (v.10).  Un líder poderoso y arrogante es descrito administrando juicio.  Esta fue la descripción profética de Daniel del destino de los nobles de Israel en el 165 A.C.:  de sus jueces, líderes, sacerdotes, escrias y ancianos.

Por tanto, en el pasaje bajo discusión, Mateo 24:29, el apóstol retrata figurativamente la caída en el 70 D.C. de los grandes líderes políticos y religiosos de Jerusalén por medio usar imagenes Orientales familiares y comprensibles usadas por los profetas del Antiguo Testamento.  El lenguaje enfatiza los tiempos tristes y preocupantes en medio del juicio de una nación decadente.

En Mateo 24:29, las “potencias de los cielos” eran probablemente los líderes de la iglesia Judía; perdieron su identidad y rango de tribu con la destrucción de Jerusalén.  El sol probablemente representa la luz religiosa Judía; la luna la luz terrenal; y la caída de las estrellas a los setenta miembros del Sanedrín y otros nobles Judíos siendo removidos de sus altas posiciones de autoridad religiosa.

El lenguaje de Mateo 24:29 coincide casi verbalmente con ese usado por Joel (véase 2:30-31), cuando profetizó el derramamiento del Espíritu Santo, cumplido en Pentecostés (véase Hechos 2:19-20).  Joel declaró que el “sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová”.  En Pentecostés Pedro cita esto y otras partes relevantes de Joel y declara su cumplimiento:  “Esto es” (Hch. 2:16).

Como se anotó previamente, la última parte de esta profecía culminando con el “día del Señor”, debe ser aplicada correctamente por la ley de la correspondencia a la misma época, ciertamente dentro de una generación.  La mala exégesis y la confusión resulta por saltarse este obvio cumplimiento al principio en el 70 D.C., y aplicar el pasaje de Joel lejos en el futuro a la venida final del Señor en el fin del tiempo.

Al tomar la visión de la “segunda venida”, los premilenarios insisten en un cumplimiento literal de Mateo 24:29, en una venida física del Cristo en gloria.  Además ignorando el uso bien establecido del lenguaje figurado, la visión milenaria encuentra otras dificultades inmensas.  Mientras un oscurecimiento del sol también haría que la luna se oscureciera, es difícilmente concebible que aún una estrella pudiera caer sobre la tierra, ¡en vista de que cualquiera de ellas es mucho más grande que la tierra!  Y muy ciertamente, la maciza luna no podría desafiar la ley natural y convertirse en sangre líquida, como lo profetizó Joel.  Por tanto, el pasaje no puede ser tomado literalmente, en el sentido de oscurecimiento o de una destrucción terrenal.

El paralelo de Mateo 24:29 está en Lucas 21:25-26.  El último simplemente menciona que “habrá señales en el sol, en la luna y las estrellas”.  No obstante, Lucas añade a esto, “... y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas”.

La imagen de Lucas de una calamidad terrible y de gran tumulto y aflicción entre la gente,  es mostrado por el bramido del mar en agitación.  (La perplejidad indica la duda y ansiedad de ellos – incertidumbre e inseguridad a causa del temor).  El mar en el Antiguo Testamento es un símbolo de naciones alteradas y de la sociedad en alzada intranquilidad.  Los gobiernos terrenales surgieron del mar.  Jeremías registró que las naciones eran semejantes a aguas poderosas (46:7 y Sigs.); cuando hubo tristeza en el mar hubo tristeza en la sociedad (49:23-24).

Isaías dijo que las naciones braman como el mar y estrépito como de ruido de muchas aguas (17:12-13).  Más adelante declaró que los impíos eran como el mar en tempestad, sin quietud (57:20).  Daniel también escribió que la humanidad es un gran mar de sociedad sin descanso (7:2-3,17).  Entonces, el mar agitado de Lucas incluye a la angustiada nación Judía la cual estaba en un estado constante de fundición durante el tiempo justo antes de su caída en el 70 D.C.  De esta manera, todos los símbolos celestiales de Mateo indican un juicio inminente y amenazante, no algo lejano en el futuro al final del tiempo.

 

Sobre Nubes de Gloria

El versículo 30 de Mateo 24 suministra símbolos de juicio adicionales, con motivos y lenguaje Bíblico sacados nuevamente del material del Antiguo Testamento:  “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.

Muchos aplicarán este versículo a la “segunda venida” de Cristo porque lo describe como viniendo en las nubes.  Los Premilenarios dicen que son nubes literales iluminadas por Su gloria.  Pero el uso de la palabra “nubes” en el Antiguo Testamento muestra que “viniendo sobre las nubes” es también figurativa.

Ezequiel enseña claramente que un día de nubes es un tiempo de juicio sobre las naciones:  “Porque cerca está el día, cerca está el día de Jehová, día de nublado, día de castigo de las naciones será.  Y vendrá espada a Egipto, y habrá miedo en Etiopía ...” (30:3-4).  Con respecto a Egipto, Isaías dijo que “... He aquí que Jehová monta sobre una ligera nube, y entrará en Egipto ...” (19:1).  Todos reconocen que Dios no apareció literalmente de una manera visible en el cielo a los antiguos Egipcios, pero visitó esa nación idólatra en juicio.

Jeremías declaró que Dios subiría como nubes sobre Judá (4:13).  Estas eran nubes de destrucción.  De igual manera, Jesús no se presentaría literalmente en Jerusalén en el 70 D.C., sino que vendría en juicio con el uso del ejército Romano.  Su “presencia” sería tan real que todos reconocerían Su influencia en la destrucción de la Ciudad, exactamente como si lo hubieran visto con sus propios ojos.

Hay otros pasajes en el Antiguo Testamento que asocian a Dios con las nubes.  En Exodo 13:22 Jehová iba delante del pueblo durante el día en una columna de nube.  Descendió en una nube en el Mte. Sinaí, en la entrega de la ley (Ex. 34:5).  Apareció en una nube sobre el propiciatorio después de la muerte de los hijos de Aarón (Lev. 16:2).  En el templo la gloria de Jehová estaba en la nube (1 Rey. 8:10-11); las nubes están alrededor de El (Sal. 97:2).  En el Salmo 104:3 Dios hace de las nubes Su carroza, mostrando Su grandeza.  Otra asociación específica está en el Salmo 18:10-12 – “... por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron ...”  En la descripción de Ezequiel de una visión de Jehová (1:4), una gran nube contenía los cuatro seres vivientes de Jehová (v.5).

Mateo 24:30 también menciona la “señal del Hijo del Hombre en el cielo”.  En Mateo 24:3 los discípulos preguntaron, “¿Y qué señal habrá de tu venida?”  Los comentarios previos sobre ese versículo muestran que cualquier “segunda venida” es imposible porque en ese tiempo los discípulos ni creían que El sería muerto.  La venida es parousia, “presencia”.  Por tanto, la señal del versículo 30 indica nada velado o misterioso,  tal como una cruz celestial, una estrella, un relámpago, o una hueste de ángeles, sino que es meramente figurativo de la presencia de Cristo en juicio contra “los cielos” (Luc. 21:26c) – la sociedad Judía y sus líderes corruptos.

Cuando Jesús está hablando de la aparición de la señal del Hijo del Hombre en el cielo, creo que está hablando de una señal  que indica que el Hijo del Hombre está en el cielo.  El versículo no dice que Jesús aparecerá, sino que la señal de Jesús en el cielo aparecería1.  Por ejemplo, Jesús dio a los apóstoles tal señal en Juan 14 cuando prometió a los apóstoles que iba a regresar al cielo, y que enviaría el Espíritu Santo para guiarlos a toda la verdad (Juan 14:16-17,26; 16:13).   Cuando recibieron toda la verdad, esa era una señal de que Jesús estaba en el cielo, sin embargo los apóstoles no lo habían visto sentado a la diestra de Dios.  En Juan 14:20 Jesús les dice:  En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Comp. 16:23,26).  En aquel díase refiere al día de Pentecostés cuando Jesús, a través de la agencia del Espíritu Santo, empezó la completa revelación de la verdad, capacitando de esta manera a los apóstoles para entender a plenitud Su relación con el Padre, y la de ellos con El.  Con los eventos que ocurrieron en aquel día, conocieron que Cristo estaba con el Padre.  De esta manera, Pedro declara en Hechos 2:33 - “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís”.  El argumento era que en vista de que el Espíritu Santo había venido tal como se prometió a los apóstoles, sabían que Jesús había sido exaltado a la diestra de Dios.

Para una ilustración adicional, si un político local hizo campaña entre sus vecinos que si lo elegían, verían que su torre de agua local se pintaría de naranja, y luego al día siguiente usted ve que la torre del agua está siendo pintada de color naranja, ¿qué sabe usted que ha ocurrido aún si no conoce el resultado de la elección directamente?  Usted sabe que la torre del agua de color naranja es una señal de fue elegido.

Similarmente, cuando Jesús vino en juicio sobre la ciudad de Jerusalén, esa era otra señal de que él estaba en el cielo.  Una expresión de similar significancia fue usada por Jesús al hablar con Caifás en Mateo 26:64, la noche de la traición:  “... y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.  ¿Vió Caifás eso o no?  Yo afirmo que lo vió porque Jesús dijo a Caifás que lo vería, que sería un testigo vivo de estos eventos.  Vio a  Jesús cuando envió al ejército Romano para destruir la ciudad de Jerusalén.  En este momento, Caifás habría comprendido que esto había ocurrido exactamente como Jesús dijo que lo sería.2   La referencia al Hijo del Hombre viniendo “con gran poder y gran gloria” y “sentado a la diestra de su poder” es enfatizando la magnitud del poder de los eventos acontecidos.

Cristo vino en poder por medio de los eventos alrededor de la caída de Jerusalén, los eventos serían un testimonio de que él estaba en el cielo sobre su trono (Mat. 26:64; Comp. Mr. 14:61-62).  La Señal del Hijo del Hombre en el cielo era una señal, la evidencia de la visitación e intervención divina en la caída de las autoridades Judías y en todos los eventos acontecidos.

La caída de Jerusalén fue una señal de Su reinado en el cielo.  Una de las primeras manifestaciones de Su poder después de asumir Su reinado fue destruir la ciudad que lo había rechazado.  Esta acción dio clara evidencia del poder que ejercía desde Su trono celestial.3

El versículo también menciona que “... y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra”.  Zacarías restringe un pasaje parafraseado similarmente a Israel solamente, y no a algo universal (12:10).  Los eventos localizados de Miqueas 1:2-7 muestran al Señor saliendo del santuario para castigar los crímenes de Samaria y Judá, no obstante, toda la tierra es afectada.  En Hageo 2:6-7, Dios dijo que haría temblar a “todas las naciones”, sin embargo, solo el pueblo de Judá estaba siendo reprobado.  El aparente castigo de alcance mundial de Isaías 13:6-11 es una carga sólo sobre Babilonia (v.1).  Por tanto, no es raro expresar oráculos de juicio locales en un lenguaje universal y radical.

El lamento de todas las tribus probablemente se refiere al lamento de las familias Judías esparcidas a través del Imperio Romano, apesadumbradas a causa de la destrucción del templo y de la terrible perdida de parientes.  La referencia premilenaria a los malhechores que traspasaron a Jesús en toda época desde el tiempo de Cristo no es sugerida por el pasaje.

El versículo 31 anuncia que Cristo enviará Sus ángeles.  El término Griego traducido “ángeles” es ANGELOS, que significa “un mensajero” (de angello, entregar un mensaje), Vine, Vol. 1, Pág. 100.  No siempre se refiere a seres celestiales; algunas veces es usado con referencia a mensajeros humanos.  Por ejemplo, el término es usado de Juan el Bautista (Mat. 11:10; Mr. 1:2), de los mensajeros enviados por Juan el Bautista (Luc. 7:24), de los mensajeros que Jesús envió delante de El (Luc. 9:52), y de los hombres enviados por Josué a Jericó (Stg. 2:25).4

Estos ángeles del v.31 son los mensajeros del evangelio que irían a todas partes llevando el mensaje de salvación, haciendo sonar la trompeta para llamar a la obediencia.  Después de la caída de Jerusalén los Cristianos no continuaron siendo obstaculizados ya mas por el Judaísmo fanático, el evangelio se multiplicaría y exitosamente cubriría al imperio (véase Hch. 17:6).  Antes que reunirse anualmente en el templo en Jerusalén, el nuevo pueblo escogido de Dios esparcido se uniría alrededor del triunfante Hijo del Hombre.

Aquellos mensajeros reunirían a sus escogidos de todo el mundo; trayéndolos a Jesús por medio del evangelio.

En este pasaje poético, la referencia a la trompeta no debe ser tomada literalmente.  Es una referencia simbólica similar a esa de Isaías (Isa. 27:13).  Isaías habló de una trompeta sonando a fin de traer a Jerusalén los Judíos cautivos en Babilonia, en Asiria y Egipto.  Obviamente, ninguna trompeta literal fue escuchada en Asiria y Egipto.  Isaías estaba expresando la idea de que aquellos cautivos vendrían a Jerusalén como si hubieran sido llamados por una gran trompeta.  La referencia de Jesús a una trompeta no es más literal que la de Isaías.  A través del mensaje del evangelio, las personas vendrían a Jesús como si hubieran sido llamados por una gran trompeta.5

Los ángeles “juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.  Lejos de ser una descripción literal, esta frase dice figurativamente cómo la predicación del Cristo ganaría muchos conversos de todas partes, principalmente de entre los gentiles.

Juntar al pueblo esparcido fue una función atribuible a Dios en el Antiguo Testamento.  “Y yo los sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra ...” (Ez. 34:13; véase también 36:24; Jer. 32:37; Dt. 30:3-4; Isa. 43:5-6).  Dios pudo retornar a Su pueblo a la tierra de Judá en un día (Isa. 66:8-9).  Dios pudo esparcir a Su pueblo (Zac. 2:6) como también juntarlos (Sal. 50:3-5).

Los “cuatro vientos” en el metafórico Antiguo Testamento indica toda la extensión de la tierra, como en Dan. 7:2; Zac. 2:6; Jer. 49:36; Ez. 37:9; Ap. 7:1.  Véase también Lucas 13:29.  La última parte del versículo 31 – “desde un extremo del cielo hasta el otro”, significa que personas de todas las clases económicas y sociales en el Imperio Romano obedecerían al evangelio.

Los v.32-33 relatan una parábola obtenida de una higuera e invita a una comparación con los eventos de los versículos previos.  “Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.  Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas”.  Acorde al pasaje paralelo, Lucas 21:31, eso que “está cerca” es el reino de Dios.  La comparación no es aparente hasta que sea determinado lo que se quiere decir por “todas estas cosas” en el v.33.

La misma frase es repetida en el versículo siguiente.  “... no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (v.34) – (Compárese el N.T. Interlineal).  Cuando expresiones similares aparecen en frases consecutivas, deben referirse a la misma cosa, a no ser que entre ellas el autor introduzca algo notable que fuerce a un significado diferente en la segunda aparición.  En la primera parte del v.34 no existe nada que sugiera un cambio.

Por tanto, en la misma forma que la llegada del verano es inminente cuando a la higuera que brotan las hojas, los discípulos podían saber que la destrucción de Jerusalén estaba cerca, cuando vieran “todas estas cosas”, es decir, las señales relatadas a través del capítulo – los falsos Cristos, los terremotos, las guerras, la abominación desoladora, etc.  Este sería el tiempo para huir de la Ciudad (v.16 y Sigs.).

 

La Generación de “Todas Estas Cosas”

El pasaje clave Mateo 24:33-34 determina el elemento tiempo.  Solemnemente declara que “... cuando veáis todas estas cosas, conoced  que está cerca ... no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”.  Lo que abarca “todas estas cosas” o “todo esto” es un punto de seria disputa.

La respuesta está determinada por la examinación de la estructura lingüística del discurso de Jesús en los Olivos allí en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21.  Nótese la repetición de la frase clave “todo esto” o “estas cosas” o  en el discurso en Mateo 24:2,3,6 y 8.  Lucas, en los versículos 21:28,31 y 32, usa la frase en conexión con el sol, la luna y las estrellas altamente figurativas y controversiales (compare con Mateo 24:29).  Véase también Lucas 21:6,7,9,12 y especialmente el v.36.

Daniel 12:7 emplea esta frase “todas estas cosas” en un contexto que profetiza de la “abominación desoladora” (v.11), la cual Jesús en Mateo 24:15 atribuye al tiempo antes de la destrucción de Jerusalén.  Por tanto, la estructura de Mateo 24 y Lucas 21 enlaza “todas estas cosas” a todos los eventos mencionados en el discurso.  El evento ocurrió ante la generación de Judíos a la que Jesús se estaba dirigiendo que pasaría.

Jesús tenía solamente en mente Su generación porque usó la misma frase al principio en el día que pronuncio los ayes sobre los Fariseos, concluyendo con, “De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación” (Mat. 23:36).  Considerando la repetición de la frase clave y el contexto, la única conclusión defendible es que los discípulos testificarían el cumplimiento de Su palabra profética, culminando con la caída de Jerusalén y el desmantelamiento del templo.

Esta generación de Jesús en el tiempo de Jesús es descrita extensamente por Mateo.  Era incrédula y perversa (17:17), mala, adúltera y buscadora de señal (16:4), de mal genio y caprichosa (11:16-19), maldiciente e inhumana (23:4,14), seguidora de tradiciones (15:9), y pecadora.  Estaba destinada para la condenación (12:42), porque había rechazado al Cristo (Luc. 17:25).  Era peor que las generaciones previas (12:45).  En realidad, Jesús prometió amontonar sobre ellos la sangre de los profetas desde Abel hasta Zacarías (23:35).

Los Fariseos hipócritas de esa generación habían cerrado el reino de Dios delante de los hombres (Mat. 23:13); y los intérpretes de la ley habían quitado la llave de la ciencia (Luc. 11:52).  Era la generación que Pedro amonestó a otros a ser salvos de ella (Hch. 2:40), a causa de la maldición de desastre nacional que sería llevado a cabo en el 70 D.C.

Que la generación del v.34 es la de Cristo, también es apoyada por los eruditos.  La palabra Griega es genea, significando “edad o linaje ... No indica un período de duración ilimitada”.  Vine dice que genea significa “de toda la multitud de personas (un linaje) viviendo en el mismo período, ... y especialmente de aquellos miembros de la raza judía viviendo en la misma época” (Tomo 2, Pág. 9).

Otros insisten que la palabra “generación” significa “raza”.  Genea es usada en este sentido solamente una vez en el Nuevo Testamento, en 1 Pedro 2:9 – “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio ...”  La Versión Moderna lo traduce – “Vosotros al contrario, sois una raza escogida, un sacerdocio real ...” (Comp. también la Biblia Latinoamericana).  Si generación significa “raza” en Mat. 24:34, entonces Jesús erró en la lógica.  Después de enumerar ciertos eventos afectando a la raza Judía (vs.3-33), tendría completamente una verdad trillada en el v.34 si dijo que la raza Judía no pasaría hasta que todas estas cosas acontecieran a la raza Judía.  Por tanto, “generación” transmite su significado corriente.

Mateo 24:35, “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”, también indica juicio.  Isaías 40:6-8 y Salmos 102:25-27 contrastan las cualidades perdurables de la palabra de Dios con la transitoriedad de las cosas en el universo creado.  Varias referencias Bíblicas  muestran que la frase “el cielo y la tierra” es una expresión figurativa significando la organización Judía.

Moisés usó el término “el cielo y la tierra” para ganar atención a eso que representa, la organización Judía, en Dt. 31:30-32:1, y como lo hace Isaías en 1:2-4, y 51:6 y Hageo en 2:6; 3:21-22.  Véase el Salmo 102:25-26.  Pedro la usa para hablar del fin del mundo y de la expectativa de un nuevo orden – cielo (2 Ped. 3:13).  De esta manera, un sistema está tomando el lugar del otro, como se explicó al principio al comentar sobre Isaías 65 y 66 y Joel 3:14-17.

Lucas 16:17 declara que “más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley”.  Nuevamente, la organización Judía es lo que se quiere decir.  En el Sermón del Monte (Mat. 5:18), Jesús declaró, “... hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”.  Todas las cosas que habían sido escritas por el Salmista, Moisés y los otros profetas necesitaban ser cumplidas (Luc. 24:44; véase también Juan 17:4).  El último de estos eventos sería la disolución de la organización Judía en el 70 D.C.

Mateo 24:36 declara que nadie sabe el día ni la hora, por tanto la exhortación a velar y estar preparados (vs.42,44).  Este es el día o período de tiempo de inconveniencia para las madres criando hijos (Mat.24:19), y de gran tribulación que destruiría mucha carne (Mat. 24:21-22).  El día no podía referirse al retorno final de Cristo, quien ciertamente sabe cuando regresará después de ser restaurado a la gloria con el Padre.  Jesús posee “... todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col. 2:3).

 

Versículos 35-36 - “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.  Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre”.       

 

Este pasaje de la Escritura que hemos escuchado aplicado a la segunda venida de Cristo muy a menudo, podría hacernos preguntar que si Jesús ciertamente está hablando acerca de la destrucción de Jerusalén, entonces ¿significa eso que podemos ciertamente saber cuándo ocurrirá la segunda venida de Cristo?  La respuesta es NO, porque hay otros pasajes de la Biblia (1 Tes. 5:2; 2 Ped. 3:10) que nos enseñan que el tiempo de la segunda venida es desconocido.  Tomando estos versículos en su correcto contexto, como estamos tratando de hacerlo, el asunto aquí aun sería la destrucción de Jerusalén antes que la segunda venida de Cristo.

En los versículos 37-44, Jesús da algunas exhortaciones para la vigilancia, advirtiéndoles que durante el juicio físico que vino en la generación de Noé, la mayoría de las personas que no estuvieron vigilantes perecieron; por tanto, a los que Jesús les estaba hablando debían estar vigilantes de manera que pudieran escapar y no ser consumidos en la terrible tragedia que estaba a punto de ocurrir.

 

El Juicio Del Que Jesús Habla en Mateo 24 es un Juicio Escapable

Es exactamente aquí, en estas exhortaciones de cierre para la vigilancia, que podemos ver que el juicio del que Jesús está hablando no es el juicio final, donde todos los hombres van a estar ante el tribunal del juicio de Dios, sino más bien un juicio escapable.  Recordamos, que con respecto al juicio final, Pablo dijo:  “... porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo” (Rom. 14:10).  En este juicio, “... Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras” (Rom. 2:5-6).  Sin embargo, el juicio contemplado en Mateo 24 es un juicio escapable.

 

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

    Es aquí que es especialmente útil una comparación de la narración de los tres evangelios.  En la Figura Dos están registrados los versículos concluyentes de las narraciones de Marcos, Mateo y Lucas:

Nótese especialmente en las narraciones de Marcos y Mateo, ambos tienen esencialmente la mismas exhortaciones de vigilar, sin embargo  Lucas añade  algo en su narración que no está presente en las otras narraciones:  “Velad, pues, en todo tiempo orando que SEAIS TENIDOS POR DIGNOS DE ESCAPAR DE TODAS LAS COSAS QUE VENDRAN, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”.

De estas palabras, es obvio que Jesús está hablando no del juicio final, al cual ningún hombre escapará, sino de la destrucción de Jerusalén, de la cual desea que los fieles escapen.  El juicio del cual Jesús está hablando en este capítulo era un juicio escapable que debía ocurrir en el tiempo de vida de la generación a la cual le estaba hablando.

Recordemos ahora las palabras de Jesús en Mateo 24:15-16 - “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora ... entonces los que estén en Judea, huyan a los montes”.  ¿Por qué estaba dando estas señales que debían preceder a su venida en las nubes?  “... para que seáis tenidos por dignos de escapar de todas las cosas que vendrán ...” (Lucas 21:36).

 

Registro Histórico de Que Esto Verdaderamente Ocurrió

Como hemos visto que el propósito de las palabras de Jesús en este capítulo es para que los individuos fieles vieran las señales del acercamiento del juicio físico y escapar de este, Eusebio, un historiador del tercer siglo, escribió sobre la iglesia primitiva en Jerusalén:

 

“Además de éstos, también el pueblo de la iglesia de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llamaban Pella), por un oráculo transmitido por revelación a los nobles de aquel lugar.   Así pues, habiendo emigrado a ella desde Jerusalén los que creían en Cristo, como si los hombres santos hubiesen dejado enteramente la metrópoli real de los judíos y toda Judea, la justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles, e hizo desaparecer totalmente de entre los hombres aquella generación impía” - (Historia Eclesiástica, Eusebio de Cesarea, Tomo 1, Libro 3, Cap. 5, Par. 3, Pág. 141-142).

 

Por tanto, en el sitio de  Jerusalén en el cual 1.100.000 Judíos perecieron, y dos millones y medio fueron tomados cautivos, ninguno de los individuos fieles que hizo caso de las advertencias de Jesús dadas en este capítulo pereció, porque huyeron tal como Jesús había mandado que lo hicieran.6

Los días de tribulación vendrían inesperadamente como los días antes del diluvio.  Por tanto, el Maestro urgió a la preparación constante (vs.43-44) para escapar de la calamidad del 70 D.C., por medio de reconocer las señales que precederían al evento.

Después de profetizar el fin de la nación y Su venida visible en Su reino Mesiánico, Jesús mira más allá, al destino final del individuo.  Mateo 25 registra tres parábolas impresionantes que amonestan a Sus discípulos a ser activos en el reino, urgiendo a velar y estar preparados.  La serie culmina con la escena poderosa del juicio final (vs.31-46).

 

Anotaciones al Pie

1Las Señales de Tu Venida, Un Estudio de Mateo 24; Johny Stringer, Pág. 22.

2Mateo 24 y la Especulación Profética, Samuel Dawson, Págs. 14-15.

3Las Señales de Tu Venida, Un Estudio de Mateo 24; Johny Stringer, Pág. 22.

4Ibíd, Pág. 24.

5Ibíd, Pág. 25.

6Mateo 24 y la Especulación Profética, por Samuel Dawson, Págs. 16-18.

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