Capítulo Siete

Otras Referencias del N.T.

al 70 D.C.

 

En Su última semana, Jesús hizo otras referencias al terrible destino de Israel, además de aquellas registradas en Mateo 22 al 24.  En la noche, Judas el traidor llevó una multitud de Judíos, incluyendo algunos de sus líderes, armados con espadas y palos, para capturar a Jesús (Mat. 26:47-52).  En respuesta a la defensa del Maestro por parte de Pedro, Jesús dijo, “Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen la espada, a espada morirán” (v.52).  En la presentación de un principio general de que el violento usualmente sufrirá un tipo de muerte similar, Jesús también recordó a Sus discípulos que la espada sería el instrumento de la propia destrucción de los Judíos por parte de los Romanos, dentro de esa generación.

En el proceso judicial ante el Sanedrín, Caifás el sumo sacerdote claramente le preguntó si El era el Cristo (Mat. 26:62-64).  Al contestar afirmativamente, Jesús también dijo, “... y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Véase también Mr. 14:62 y Luc. 22:69).  El sumo sacerdote vería en el curso de su propia experiencia el juicio traído contra toda la nación incluyendo la jerarquía Judía.  Jesús vendría figurativamente en nubes de juicio, en las que Su influencia en el cielo sería exhibida sobre la tierra a través del ejército Romano.

En la ocasión cuando Pilato se lavó sus manos ante la multitud Judía, el pueblo contesto a esto por medio de decir, “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mat. 27:25).  De esta manera, los Judíos aceptaron la culpabilidad de la sangre y las consecuencias de la crucifixión de Jesús.  La implicación fue terriblemente contestada por su destrucción en el 70 D.C.  Los Judíos también tuvieron que responder por la sangre justa de generaciones de profetas (Mat. 23:25).  En el cometimiento del crimen nacional de asesinato, pagarían una pena nacional – la muerte; la sangre de Cristo sería expiada con la sangre del pueblo.

Mientras Jesús estaba en camino a la cruz, un gran número de personas, incluyendo mujeres, lloraban y hacían lamentación por El.  En respuesta, Cristo dijo, “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos” (Luc. 23:27-28).  El corazón partido de Jesús sabía bien los ayes que les vendrían en la destrucción de la Ciudad dentro de su generación.  En medio de las tribulaciones, las bienaventuradas ciertamente serían las estériles, y las sin hijos (v.29).

En el versículo siguiente los Judíos claman por protección por medio de invocar a los montes que caigan sobre ellos y para que los collados los cubran.  En escenas similares del Antiguo Testamento, el pueblo buscó refugio entre las rocas a causa de la calamidad inminente.  Los hombres se escondieron en las cuevas en la descripción figurativa de Isaías de la caída de Jerusalén en el 586 A.C. (2:19,21).  En un juicio de Samaria mencionado en Oseas 10:7-8, el pueblo clama a las montañas que los cubran durante la destrucción.  De igual manera, la ira de Cristo en gloria y juicio descendería sobre la Ciudad en el 70 D.C.  Véase también Ap. 6:16.

El pensamiento concluye con el proverbio en el v.31 – “Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?”  En otras palabras, si los Judíos crucifican al Cristo, la esperanza de la nación Judía, que le harán ellos a la nación misma?  El árbol verde abarca la conspiración ilícita y la crucifixión instigada por los líderes Judíos en la semana final de Cristo.  El árbol seco es la decadente Jerusalén y su jerarquía política y religiosa antes del 70 D.C., lista para ser consumida como un montón de madera seca.

Otra consideración que podemos dar a este versículo es esta:  Lo del versículo 31 fue dicho por Jesús en camino al Calvario.  El “árbol verde” representaría a Jesús y el “árbol seco” describiría a la nación Judía.  Jesús, en el contexto, habla de la destrucción del estado Judío (v.28-30) lo cual sucedió 40 años más tarde.  El significado aparentemente sería:  Si los Romanos matan a Jesús, al Inocente y Santo, ciertamente no tendrán piedad ni misericordia con la corrupta y rebelde nación Judía.

Jesús era un árbol suculento, jugoso, con hermoso follaje, y con fruto abundante y excelente.  Tal árbol debía ser preservado.  Pero si este (Jesús) no fue perdonado, ciertamente el árbol seco y marchito (la nación Judía) sería cortado, derribado. 

La declaración podría ser aplicada en mas de un sentido:

 

(1) Si los Romanos me tratan a Mí, quien ellos admiten que es inocente, de esta manera, ¿cómo tratarán  a aquellos que son rebeldes y culpables?

(2) Si los Judíos tratan de esta manera a Aquel que ha venido a salvarlos, ¿qué tratamiento recibirán ellos mismos por destruirlo?

(3) Si ellos proceden de esta manera antes de que su copa de impiedad esté llena, ¿a qué se entregarán cuando rebosé?

 

El peso del contexto favorece la número uno de los tres sentidos que se dan.

 

Romanos

Hay algunos pasajes en las Epístolas que solamente pueden ser interpretados con referencia a la caída de Jerusalén.  Si estos pasajes no son considerados en esta luz, el resultado será que los apóstoles estaban equivocados.  Si los apóstoles estaban equivocados en sus predicaciones y escritos, entonces uno tiene un problema con la inspiración.  No hay forma de reconciliar la inspiración con los apóstoles estando equivocados acerca de la venida de Cristo.  Mateo 24, Marcos 13, y Lucas 21 dan una narración inspirada de la promesa de Cristo de venir en juicio sobre la Nación Judía.  Cuando los pasajes en las Epístolas son entendidos en esta luz, no hay problema.  La venida de Cristo en juicio sobre la Nación Judía estaba cerca, o se había acercado, cuando los apóstoles escribieron.  Ciertamente no será difícil para uno interpretar estos pasajes contra el antecedente de que el Antiguo y Nuevo Testamento enseñan con respecto a la venida de Cristo en juicio sobre Jerusalén, cuando la única otra alternativa sería una interpretación que deba rechazar la inspiración de los apóstoles.

 

“Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.  La noche está avanzada, y se acerca el día.  Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz” (Rom. 13:11-12).

 

Comprendo que Rom. 13:11 ha sido usado como argumento contra la imposibilidad de la apostasía, pero el contexto muestra que la salvación mencionada aquí no es la salvación del pecado, sino la salvación mencionada en Mat. 24:14 de la destrucción de Jerusalén.  Nótese algunas de estas cosas en estos versículos:

 

1. “... conociendo el tiempo ...” – ¿Cuál tiempo?  El tiempo para la caída de Jerusalén hacia la cual apuntaban las señales de Mat. 24.  “Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, CONOCED que está CERCA, a las puertas” (Mat. 24:33).  El tiempo de Rom. 13:11 es el mismo tiempo de Mat. 24.

 

2. “... porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” – ¿Cuál salvación?  La salvación mencionada en Mat. 24:13 y 22.  Considere también la palabra “cerca” o “más cerca” de Rom. 13:11.  ¿Cuál salvación estaba cerca?  La liberación de la caída de Jerusalén.  Mat. 24:33 dice, “cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca ...”  ¿Qué estaba cerca?  Toda la discusión en Mat. 24 hasta el v.34 es con referencia a la caída de Jerusalén.  La salvación de Rom. 13:11 que estaba cerca es la salvación de Mat. 24 y no la salvación eterna y final del alma cuando no habrá más tiempo.

 

3. “... y se acerca el día ...” – ¿Cuál día?  Este no puede referirse al retorno personal de Cristo en vista de que Su retorno personal no estaba cerca cuando Pablo escribió su carta.  ¿Deberíamos concluir, como hacen algunos, que Pablo estaba equivocado acerca del retorno personal de Cristo?  No podemos aceptar esta conclusión si aceptamos la inspiración verbal de la Biblia.  Yo acepto su inspiración verbal.  El día de la destrucción de Jerusalén estaba cerca.  Esto armoniza con otro pasaje, con el antecedente de la enseñanza de Mateo 24, y la inspiración del apóstol Pablo.  “... sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Heb. 10:25).  ¿Cuál día se acercaba? – “... cuando veáis todas estas cosas ...” (Mat. 24:33).  Cuando ellos vieron todas estas cosas, vieron el día acercándose.  El día de Heb. 10:25 era el día de Rom. 13:12 – la caída de Jerusalén.  Romanos 16:20 es otro pasaje en esta Epístola que apunta a la caída de Jerusalén. 

 

a. Romanos 16:20 – La caída de Jerusalén es un símbolo de la derrota final de la impiedad y del derribamiento de Satanás.  Los ayes de Mat. 23 son los  pronunciamientos de Cristo del juicio sobre una nación incrédula.  En Rom. 16:20, Pablo anteve la caída de Jerusalén y describe esto como la caída de Satanás:  “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies ...”  Nótese que Pablo dice que esto sucederá “en breve”.  Si Pablo era inspirado, y no hay “si” acerca de su inspiración, esta declaración no puede referirse al retorno final y personal de Cristo.  El dijo que Dios aplastaría a Satanás en breve.  La palabra “en breve” significa “con precipitud, rápidamente”.  La palabra “aplastar” significa “quebrar, hacer pedazos”.  De esta manera, el Judaísmo como un agente de Satanás al tratar de derrotar la iglesia, sería derrotado a pesar de los vanos esfuerzos del Judaísmo por mantenerse vivo y afirmar ser la religión ordenada por Dios.  Esto desciende hasta la derrota en la caída de Jerusalén.  Fue derrotado para no levantarse mas.  Si, aún hay Judíos vivos.  Pero el Judaísmo está muerto y sepultado.  Fue sepultado cuando Jerusalén cayó en el 70 D.C.  La derrota del Judaísmo es un símbolo de la derrota final del impío cuando no habrá mas tiempo.  Tan cierto como el Judaísmo cayó para no levantarse mas, cuando Jerusalén cayó, también es seguro y cierto, que el impío terminará en derrota para no levantarse mas cuando Cristo regrese.  El aplastamiento de Satanás y la caída de Jerusalén son la descripción de su ruina final cuando Cristo regrese.

 

El Hombre de Pecado

Este hombre de pecado descrito en 2 Tes. 2:1-10 ha sido la piedra de toque de una especulación religiosa profética inusual y salvaje.  Este hacedor de maldad se manifestaría a sí mismo durante un tiempo de apostasía (v.3) el cual probablemente ocurrió en la década del 60 D.C. y está detallado más particularmente en la Epístola a los Hebreos.

El “se levanta contra todo lo que se llama Dios” (v.4) y se sienta en el templo de Dios (v.4b).  Su obra inicua ya estaba en acción cuando Pablo escribió la epístola (v.7).  Pero Jesús vendría – una presencia espiritual, véase v.1– y mataría a este inicuo.

Este “hombre de pecado” no es el anticristo de Juan, quien es descrito como existiendo cuarenta años después que la carta a los Tesalonicenses fue escrita (véase 1 Juan 2:18,22; 4:3; 2 Juan 7).  Mientras que el anticristo tiene amplia aplicación, el hombre de pecado es definidamente una persona – ya sea el emperador Romano o mas probablemente un sumo sacerdote Judío en Jerusalén quien tenía su oficio en el santuario del templo.  Este estaba en el centro del edificio del templo mismo, como distinto de las estructuras y cortes accesorias.  Este santuario es lo mismo como el “lugar santo” de  Mateo (24:15) donde la abominación desoladora estaba residiendo.  Como se concluyó al principio, esta “desolación sacrílega” era un hombre, probablemente el injusto sumo sacerdote Fanni.  Aparentemente el hombre de pecado es el mismo individuo.

Hay precedentes en el Antiguo Testamento que describe cierto oficio tenido como “dioses”.  Isaías describe a un hombre en una alta posición en Babilonia quien se exaltó a sí mismo como Dios (14:4,12-14,22).  Era el arrogante Rey Nabucodonosor quien sería arrojado del cielo político; Dios se levantaría contra él.

Ezequiel describe al Príncipe de Tiro como rico, no necesitando nada (28:2,6,11-12).  “Yo soy un dios”, dijo él, pero Jehová lo tumbaría.  Belsasar también se exaltó a sí mismo por encima del Señor (Dan. 5:23).  Pero su reino fue hallado falto del Dios verdadero y fue  derribado en una sola noche.

Definiendo la identidad del hombre de pecado de Pablo, es admitidamente difícil.  Quizás su verdadera identidad nunca se sabrá.

 

La Carta a los Hebreos

En vista de los tiempos difíciles antes de la caída de Jerusalén, el autor de la carta a los Hebreos escribiendo alrededor del 65 D.C. advirtió a sus lectores a no abandonar la fe en el momento de peligro.  Los amonestó “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos ... sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca (Heb. 10:24-25).

Este “día” de tribulación y juicio era uno que claramente pudieron percibir como acercándose por medio del discernimiento espiritual.  El rechazo continuo de la nación Judía de volver a Cristo y arrepentirse de la impiedad espiritual  claramente presagió el estallido de la ira de Dios.  A medida que la tribulación y finalmente la destrucción de Jerusalén se acercaba, la llama de la apostasía estaba desanimando cuando los santos se estimulaban y exhortaban unos a otros en las reuniones de la iglesia y en privado.

Una referencia al primer día de la semana como el “día” de Heb. 10:25 no es razonable.  Por ejemplo, ¿nos es mandado que exhortemos a un hermano mas el Viernes que el Jueves, y mas el Sábado que el Viernes?  Hay aún menos justificación para aplicar el “día” al juicio al final del tiempo, algo que aún nosotros en el siglo 20 no podemos ver acercándose, mucho menos los santos del primer siglo.

La visitación de Cristo sobre Jerusalén fue por tanto, un incentivo a la fidelidad.  La base para la exhortación era Mateo 24 y las muchas otras exhortaciones y advertencias de los evangelios refiriéndose al paso de la nación.

En Hebreos 10:37, el autor demuestra la certeza del enemigo viniendo sobre Jerusalén.  “el que ha de venir vendrá, y no tardará” es de Habacuc 2:3, donde el profeta profetizó de la rapidez de la venida de Senaquerib sobre Jerusalén en el 606 A.C.  El profeta estaba haciendo los preparativos para el juicio el cual se aplica al cierre de la temprana historia Judía, el fin viniendo con la caída de Jerusalén en manos de los Caldeos en el 586 A.C.

El escritor de Hebreos hace la misma aplicación, excepto que el enemigo es Roma y el tiempo es el 70 D.C., cuando el Judaísmo llegaría a un fin.  El inicio del versículo se lee, “Porque aún un poquito, y el que ha de venir ...” (Heb. 10:37).  La conquista Romana ocurrió solo unos pocos años después que la carta a los Hebreos fue publicada.

En 8:13 el autor de Hebreos explica que el nuevo pacto de Jesús hizo viejo al primero, terminando con este, “... lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer”.  La redención bajo el nuevo pacto empezó después de la cruz, en el 33 D.C.  Para el tiempo de la escritura de Hebreos, en el 65 D.C., el viejo estaba “próximo a desaparecer” y estaría totalmente invalidado y reemplazado en el 70 D.C., cuando el templo Judío, las generaciones y el sacerdocio serían destruidos.

Hebreos 12:26-28 contrasta las cosas movibles con lo inconmovible.  “La voz (de Dios) del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo:  Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.  Y esta frase:  Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles ... para que queden las inconmovibles ...”

La expresión, “Aún una vez ...” (v.27) implica que habría una sacudida que achicaría otras sacudidas similares.  Esta es una cita de Hageo 2:6, donde el profeta habla de una nueva dispensación, pacto y reino – un nuevo orden de cosas.  La sacudida o temblor de los cielos y la tierra es, como se anotó previamente, una descripción figurativa de un gran cambio político y social.  La “remoción de las cosas movibles” (v.27b) es la destrucción del orden Judío por parte de Roma.  En el v.28, el reino de Cristo, o reinado, que no puede ser movido, es comparado con el reino Judío que esta a punto de ser conmovido.

Hebreos 13:12 habla de Jesús sufriendo fuera de las puertas de la ciudad de Jerusalén; el versículo siguiente declara que los Cristianos Hebreos deben separarse religiosamente a sí mismos de la degenerada Jerusalén – ir más allá del viejo orden – porque, como lo declara el versículo siguiente, “no tenemos aquí ciudad permanente” (v.14).  Ella sería destruida en el 70 D.C.  En lugar de eso, el Cristiano anhelante busca la ciudad eterna por venir – el cielo (v.14).  Finalmente, en medio de la sublevación Judía, el autor describe a Dios como el “Dios de paz” (13:20; véase también Ez. 37:26).

 

Santiago y Pedro

Santiago advirtió a sus lectores de lo necio de acumular tesoros para los “días postreros” (5:3; compárese con Heb. 1:2).  Este es el tiempo cuando la venida del juicio nacional sobre los Judíos estaba muy cerca.  El autor amonesta a sus lectores Judíos (1:1) a ser pacientes “hasta la venida del Señor” (5:7).  La venida es, literalmente, “presencia”, y en el 70 D.C., esta traería descanso a los sufrimientos de los Cristianos Judíos de los parientes fanáticos sobre toda mano.  El v.8 dice que la venida del Señor “se acerca”, y el v.i dice que el “juez está delante de la puerta” (5:9) indicando la cercanía de la venida de Cristo en juicio

En su primera carta, Pedro escribió que el fin de todas las cosas estaba cerca – la caída de Jerusalén no estaba lejana (4:7).  El fuego de prueba (vs.12-14) incluye la persecución Romana y Judía.  En la revelación de Su gloria (v.13), aquellos que sufren serán liberados de la opresión, pero sería un tiempo de ira para los Judíos impíos.  Ciertamente, el final de estas cosas se acercaba.

Sobre 1 Pedro 4:7 dice el  hermano Bill H.  Reeves.

 

“... El fin referido por Pedro no es el fin del mundo, como si él resultara errado o malinformado, pues han pasado casi dos milenios y todavía no ha venido el fin del mundo físico.  Pero habla del fin de la economía judaica, de la destrucción de la nación judaica ... Ese tiempo se había acercado, y trajo mucha persecución de parte de los romanos, porque los Cristianos se consideraban como asociados con el judaísmo”.1

 

“[Pedro] escribió [esta carta] antes del 70 D.C., cuando fue destruida Jerusalén, a lo cual Pedro se refiere en 2:12 y 4:7,17.  Eusebio dice que Pedro fue muerto en el año decimotercero de Nerón (67,68 D.C.).  Las fechas atribuidas comúnmente a esta epístola varían entre 58 y 65 D.C.  Yo favorezco la fecha de 65”.2

 

A menudo he escuchado a algunos decir:  “los justos se salvarán con dificultad”.  ¿Está Pedro hablando acerca de eso en 4:17, o hay algún otro evento que tenga en mente?

Creo que ayudará saber a que hace Pedro referencia si tenemos en cuenta la fecha en que aproximadamente escribió la carta, el 65 D.C.  Un tiempo de gran aflicción era inminente.  Pedro dijo:  “es tiempo” – [“Porque ha llegado el tiempo ...”Versión Moderna].  Esto indica que algo estaba cerca, próximo, no 1900 años más tarde.  La historia secular registra la destrucción de Jerusalén en el 70 D.C.  Jesús previamente había enseñado que esto ocurriría.

Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21, registran lo que Jesús dijo que ocurriría conduciendo a este evento.  Algunas de las cosas mencionadas son:  (1) los Cristianos sufrirían aflicciones (1 Ped. 4.16); (2) los Cristianos verían la abominación desoladora (Mat. 24:15); (3) los Cristianos debían huir a los montes (Mat. 24:16); (4) los Cristianos no debían regresar a sus casas por las posesiones (Mat. 24:17-18); (5) las que iban a ser madres y las que tuvieran hijos se encontrarían en dificultad para huir (Mat. 24:19); (6) orar que no fuera en invierno, o en día de reposo (Mat. 24:20); (7) esta gran tribulación no tendría igual desde el comienzo del mundo (Mat. 24:21).

Cuando Pedro escribió la carta en el 65 D.C., los Cristianos vivían en Jerusalén.  Les fue advertido que sufrirían por Cristo y no debían desfallecer, trayendo gloria a Dios.  “Si alguno padece como Cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (1 Ped. 4:16).

Los Cristianos fueron advertidos sobre lo que debía ser hecho para salvar sus vidas físicas.  Dios proporcionó los medios de escape para aquellos que le obedecieran.  Por tanto, concluyo que – “el justo con dificultad se salva” – hace referencia a su escape físico de Jerusalén antes de que la ciudad fuera tomada y destruida por los Romanos en el 70 D.C.

Escucho a las personas hablando que la declaración “con dificultad se salva” hace referencia al día del juicio final.  Yo no creo que el justo con dificultad se salvará, sino que más bien tiene abundante entrada en el reino eterno de Dios.  Pedro, escribiendo en su segunda carta, dijo:  añadir a la fe virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal, amor (2 Ped. 1:5-7).  Estas gracias lo capacitarán a uno para ser fructífero en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (2 Ped. 1:8).  Pedro dice luego lo que ocurrirá a los justos:  “Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Ped. 1:11).  Esto no indica que uno será salvo con dificultad.  Aquellos que hacen la voluntad del Padre entrarán en el cielo (Mat. 7:21).  No habrá nada difícil acerca de la entrada.  “Bienaventurados los que lavan sus ropas , para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad” (Ap. 22:14; Comp. Mat. 25:34).

Todos los individuos que aprendan y obedezcan la palabra de Dios obtendrán libre entrada a la vida eterna.  No habrá dificultad acerca de esto en absoluto.  Cuando consideramos el tiempo en que Pedro escribió la carta (65 D.C.), a raíz del acercamiento de la destrucción de Jerusalén (70 D.C.), y vea el cumplimiento en esa luz, “con dificultad se salva” hacía referencia a aquellos Cristianos huyendo de Jerusalén, o serían muertos en la destrucción.3

 

 

El Libro de Apocalipsis

El Apocalipsis de Juan se coloca en la línea principal de la tradición profética.  Los capítulos seis hasta el veinte son un desvelamiento de los eventos futuros “que deben suceder pronto” (1:1c) después que el apóstol Juan había escrito el Libro de Apocalipsis alrededor del 95 D.C., hacia el final del reinado del emperador Romano Domiciano.

En el capítulo doce la historia que fluye es detenida abruptamente por la introducción de una mujer celestial vestida con el sol y la luna debajo de sus pies y llevando una corona  de doce estrellas (v.1).  Este capítulo parece ser un retroceso a los eventos mucho más tempranos que aquellos desarrollándose al cierre del primer siglo, el tiempo y establecimiento para los eventos de las visiones de Juan.

La mujer está con dolores de parto (v.2); muy probablemente representa el remanente fiel del pueblo de Israel del Antiguo Pacto (la iglesia del Antiguo Testamento) esperando ardientemente por el Cristo, el hijo varón del v.5.  Jeremías caracterizó a la Israel del Antiguo Pacto como una mujer (2:32), como lo hizo Isaías (50:1; 54:1 y Sigs.; 66:7) y Oseas (2:2 y Sigs.).

El gran dragón escarlata y espantosamente feroz, destructivo y corruptivo en propósito (v.3) está resuelto a matar al hijo varón en su nacimiento.  Fallando en eso (v.5) persigue a la mujer en la tierra (v.13).  Pero Dios le había dado alas a la mujer para escapar del dragón (vs.6,14).

De esta manera, los versículos 6 y 14-16 bien podrían estar describiendo la fortuna de la mujer, la cual para entonces, había dejado de ser un símbolo del remanente fiel del Antiguo Testamento para convertirse en la más reciente forma del pueblo del pacto Judío bajo Cristo, específicamente los Cristianos Judíos en Jerusalén durante la tribulación y las guerras del 66-70 D.C.

Durante ese tiempo hubo un retiro gradual de los Cristianos Judíos desde Jerusalén, huyendo acorde al mandamiento del Señor a las montañas desérticas antes del inminente asedio Romano (Mat. 24:16 y Sigs.).  El resto de la descendencia de ella (v.17) serían entonces los Judíos y gentiles Cristianos en otras partes del mundo, especialmente entre las siete iglesias de Asia, el objetivo de ataque en 13:7.

 

Anotaciones al Pie

1Notas Sobre 1 Pedro, por Bill H. Reeves, Pág. 36.

2Ibíd, Pág. 2.

3The Preceptor; por Carol R. Lumpkin, Vol. 41, Pág. 167).

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