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Hechos I
I:1-2.
Lucas
fija el punto de partida de su narración en el día en que terminó lo que
refiere del Señor Jesús: (1) “En el primer
tratado, oh Teófilo, he hablado de todas las cosas que Jesús comenzó
a hacer y a enseñar, (2)
hasta el día en que, habiendo dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que El escogió,
fue recibido arriba.” Este punto es el
propio de partida cronológicamente, pues el tratado actual es la
continuación de la historia que se comenzó en el primero; y las órdenes
que se dieron "el día en que fue recibido arriba", que no pueden ser
otras que la Comisión Apostólica, son lógicamente el punto de partida,
porque de ahí derivaron los apóstoles autoridad para los hechos que van
a registrarse. Durante el ministerio personal del Señor, a nadie
autorizó para que lo predicara como el Cristo: al contrario, prohibió a
los apóstoles que tal hicieran (Mateo 16:20; 17:9). No hay duda de que a
ello lo movió la consideración de los conceptos inadecuados que ellos
tenían referentes al mesiazgo, su comprensión
defectuosa de la índole de Su reino, y lo imperfecto que ellos habían
captado mucho de Su doctrina. Hasta ese momento eran incapaces de
plantear correctamente lo que él exigía. La noche de la traición les
informó que en poco tiempo se les daría el Espíritu Santo para guiarlos
a toda verdad, y luego se quitaría aquella restricción. Finalmente, "el
día que fue recibido arriba", dijo lo que Lucas ha escrito: "Así está
escrito y fue necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los
muertos al tercer día; y que se predicase en Su nombre el
arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones,
comenzando de Jerusalén" (Lucas 24:46-47);
o como Marcos lo anotó: "Id por todo el mundo; predicad el evangelio a
toda criatura. El que creyere y fue bautizado, será salvo; mas el que no creyere será condenado"
(Marcos 16:15-16).
Hallamos que esta comisión es la clave de todo el relato que tenemos delante
y los hechos que de los apóstoles aquí se anotan son la contraparte de sus términos,
la mejor exposición de su significado.
3. Como pronto han de aparecer
los apóstoles en la narración dando testimonio de la resurrección del
Señor, el autor nos da un compendio de sus requisitos para este
testimonio: (3) “a los cuales, después de haber padecido, se presentó
vivo con muchas pruebas in dubitables, apareciéndoles por cuarenta días
y hablándoles del reino de Dios.” En el capitulo final del primer relato
ya se dieron algunas de estas pruebas, y no se repiten aquí. Sin
embargo, se nos informa de un hecho no referido allí, que el lapso entre
la resurrección y la ascensión fue de cuarenta días. Los críticos
enemigos han tratado esta declaración de Lucas como idea tardía suya,
pues se aferran a que en el primer tratado se representa a Jesús
ascendiendo al cielo en el mismo día que resucitó. Lo cierto es que allá
describe una entrevista que ocurrió el día de la resurrección, y otra
del día de la ascensión, sin anotar el hecho del intervalo de tiempo que medió
(Lucas 24:43-51); pero aquí especifica de modo definido que el
lapso fue de cuarenta días. Esto otro sirve de explicación sin ser
contradicción.
4-5. Para dar cuenta de la
demora de los apóstoles en Jerusalén después de recibir su comisión, y
también para fijar definidamente el tiempo en que habrían de empezar su
obra, cita el historiador enseguida parte de la conversación que tuvo
lugar el día de la ascensión: (4) “Y estando juntos, les mandó que no se
fuesen de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, que
oísteis, dijo, de mi. (5) Porque Juan a la verdad bautizó con agua, mas
vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo no muchos días después
de estos. ” Este mandato se ha tomado por muchos comentadores por la
orden que se dio arriba (Versículo 2): pero ya hemos visto que aquella
orden fue la comisión, y esto no es más que limitación de la comisión en
cuanto al tiempo y lugar de inicio. "La promesa del Padre" que de él oyeron es
la del Espíritu Santo, que les hizo la noche de la traición (Juan 14:26;
15:26,27;
16:12,13). Por el significado de la expresión "bautizados en
el Espíritu Santo", véase adelante en
Capítulo 2:4. La alusión al
bautismo de Juan la sugirió quizás lo que éste había dicho; "Yo, a la
verdad, os bautizo en agua mas viene quien es más poderoso que yo, de
quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos; El os bautizará
en Espíritu Santo y fuego" (Lucas 3:16)
6. Muerto Jesús, toda esperanza de que estableciera el tan deseado reino
se desvaneció por lo pronto; pero ya resucitado, mucho habló con los
discípulos respecto al reino (Versículo 3), y les dijo según Mateo:
"Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (28:18); y por
dichos tales los apóstoles habían comenzado a creer que el reino que no
había fincado antes de Su muerte lo construiría después de su
resurrección. Revela Lucas este avivamiento en lo que dice enseguida:
(6) "Entonces los que se hablan juntado le preguntaron diciendo:
Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo?” La forma de la
pregunta, "¿restituirás el reino a Israel"?, muestra que aún retenían
sus antiguos errores de que el reino del Cristo habría de ser la
restauración del viejo reino de David, y no una institución nueva y
diferente. La pregunta muestra inerrablemente que no se había inaugurado aún
este reino; pues si lo hubiera sido, no es concebible que estos
hombres, sus ejecutores principales en la tierra nada supieran de ese
hecho; y tampoco es concebible que al serlo, Jesús no hubiera luego
corregido disparate tan egregio de parte de sus discípulos. Cierto, nada
sino un mal concepto casi tan craso como el de los apóstoles ha podido
originar entre algunos de los tiempos modernos la idea de que para ese
tiempo ya el reino de Cristo se había establecido. Todos los argumentos
para sostener tal idea, y todas interpretaciones de pasajes especiales
para favorecerla, por muy plausibles que sean, que dan orillados ante
una consideración; a saber, que no era posible inaugurar ese reino
mientras el Rey no hubiera sido coronado en el cielo. Esto tuvo lugar
tras la ascensión (Fili-penses 2:8-11;
Hebreos 2:9), y su primer acto
de adminis-tración sobre la tierra fue enviar el Espíritu Santo sobre los
apóstoles al llegar el Pentecostés (Hechos 2:32-33).
7-8. Ahora tomamos la contestación a la pregunta que
se acaba de considerar: (7) "Y les dijo: No toca a vosotros saber los
tiempos o las sazones que el Padre puso en Su sola potestad; (8) mas
recibiréis la virtud (poder) del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, y en toda Judea, y Samaria, y
hasta lo último de la tierra". Sugiere la contestación que los tiempos
y sazones de los propósitos de Dios se guardan en mayor reserva que los
propósitos mismos; y esto armoniza más con el conocido rasgo de la
profecía, que trata más de hechos y sucesión de eventos que de fechas y
de periodos definidos. No les importaba saber el tiempo en que el reino
se estableciera; pero de suma importancia era que recibieran el poder
necesario para la parte que habían de tomar en su comienzo y su
progreso; así se contesta principalmente esto último. El poder prometido
y la obra de ellos como testigos, tienen conexión tan estrecha que
indica que se había de poder para dar testimonio efectivo. Como lo vemos
en el testimonio que después dieron, no fue esto solo decir lo que
habían visto y oído, que bien podían haberlo hecho por su propio poder
sin ayuda; sino que comprendía la habilidad de recordar todo cuanto les
había hablado en los años de Su ministerio; y la de testificar de Su
exaltación en el cielo, de su voluntad en todo asunto espiritual en la
tierra, y sus tratos futuros con hombres y con ángeles. Este poder había
de conferirles, como ya lo había prometido (Lucas 24:48), y como una vez
más se lo asegura, por el Espíritu Santo que habrían de recibir "no
muchos días después de éstos". El orden de las regiones en que les dice
den testimonio no fue fruto de parcialidad alguna en favor de judíos y
samaritanos sobre los gentiles, ni tampoco por cumplir la predicción que
así habla de ser, pues se habla predicho porque habla buenas razones de
que así fuera. Una razón que en general sugieran los comentadores es que
así se vindicaría en la ciudad misma en que fue condenado; pero la
razón dominante fue esta sin duda: que la porción más ferviente del
pueblo judío, la que más favorablemente quedó impresionada por la
predicación preparatoria de Juan y del Señor, se reunía siempre en
Jerusalén a las grandes festividades anuales, y por lo mismo allí se
podía dar principio con mayor éxito que en ninguna otra parte. Enseguida los habitantes de las regiones rurales de Judea estaban mejor
preparados por la predicación previa; luego los samaritanos que habían
visto los milagros del Cristo, y los últimos eran los gentiles. El
resultado justificó la regla que los guió de un lugar a otro, pues el
triunfo más brillante que el evangelio obtuvo fue en Jerusalén, y el más
productivo acceso a los gentiles en todo país fue siempre mediante la
sinagoga judaica.
9. Terminado ya su breve relato de la última entrevista entre Jesús y
sus discípulos, Lucas dice: (9) “Y habiendo dicho estas cosas,
viéndolo ellos, fue alzado; y una nube le recibió y le quitó de sus ojos .”
Por el relato anterior de Lucas acerca de la ascensión, del que éste es
complemento, sabemos que el Señor estaba en el acto de bendecirlos con las
manos levantadas cuando se separó de ellos y fue llevado arriba (Lucas
24:50-51). La nube era un fondo que daba a la figura de su persona
completa distinción mientras estuvo a la vista, pero repentinamente lo
ocultó como si en ella hubiera entrado. Así todas las circunstancias de
partida tan apropiada fueron con objeto de que no fuera posible la sospecha
de engaño o ilusión óptica.
Algunos escritores escépticos han hecho base del silencio en la que se
refiere a la ascensión, que guardan Mateo y Juan, testigos oculares de ella,
si realmente ocurrió, mientras que solo Lucas y Marcos, sin estar presentes
la mencionan, para asegurar que hay razón en sospechar que éstos recibieron
su información de fuentes impuras. Sin embargo, que es creíble el testimonio
de Marcos y de Lucas se muestra a todos los que creen en la resurrección del
Señor si solo se plantea la pregunta: ¿qué pues pasó con el cuerpo después
que resucitó? Aunque ninguno de los historiadores hubiera descrito la
ascensión, siempre llegáramos a la conclusión de que en algún tiempo y de
alguna manera ocurrió. Debiera observarse también que, si Juan no la
menciona, cita la conversación entre Jesús y María Magdalena que la denota.
Decía a ella: "No me toques, porque aún no he subido a mi Padre"
(Juan
20:17). Tal vez Mateo y Juan la omiten por terminar sus narraciones con
escenas en Galilea, bien lejos de Jerusalén; mientras Marcos y Lucas
concluyen la parte de las suyas en Jerusalén el día que la ascensión tuvo
lugar. Así, la asociación del pensamiento, que con tanta frecuencia rige
inserciones y omisiones, pueda haber influido en ellos naturalmente.
Finalmente, hay razón especial para que Lucas la mencione, fundado en el
hecho de que las alocuciones y discusiones que va a anotar hacen referencia
constante al Cristo ascendido y glorificado y fue sumamente adecuado que en
su introducción mencionara el hecho de la ascensión.
10-11. Iban a ser tópico prominente en el relato que presenta, no
solo la ascensión del Señor al cielo, sino también su venida futura a juzgar,
por lo que Lucas introduce aquí otro hecho que omitió en el anterior: (10)
“Y estando con los ojos puestos en el cielo, entretanto que El
iba, he aquí dos varones se pusieron junto a ellos en vestidos blancos;
(11) los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿qué estáis
mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado desde vosotros arriba
al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” La venida
repentina, la aparición y las palabras" dos varones en vestidos blancos",
concurren a mostrar que eran ángeles, lo que el autor quiere que creamos. No
sólo expresan que el Señor vendrá de nuevo, sino que vendrá como los
apóstoles le habían visto ir; es decir, visible y en cuerpo.
12. Los discípulos, al reproche de los ángeles, retiraron la vista de
la nube y se alejaron: (12) “Entonces se volvieron a Jerusalén del
monte que se llama el Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un
sábado.” Ocurrió la ascensión cerca de Betania (Lucas
24:50), que estaba como a tres kilómetros de Jerusalén (Juan
11:18), y por la ladera oriental del cerro. El lado más cercano, que es
la cumbre, es el que está distante "camino de un sábado" , o sea a un
kilómetro de la ciudad. Por la primera narración de Lucas sabemos que "se
volvieron a Jerusalén con gran gozo" (Lucas
24:52); la tristeza por haber perdido a su Señor se trocó en gozo al
pensar que se le reunían de nuevo.
13. “Y entrados, subieron al aposento alto donde mora-ban Pedro
y Jacobo, y Juan y Andrés, y Felipe y Tomás, Bar-tolomé y Mateo, Jacobo hijo
de Alfeo y Simón Celotes, y Judas hermano de Jacobo.” La enumeración
de nuevo de los once con propiedad halla lugar aquí; porque muestra que
cuantos recibieron la comisión estaban en su puesto, listos para comenzar su
trabajo señalado y esperando de lo alto el poder prometido.
14. El modo en que estos hombres emplearon el tiempo de su espera,
intervalo de 10 días fue de esperarse. (14) “Todos éstos perseveraban
unánimes en oración y ruego, con las mujeres y con Maria la madre de Jesús,
y con Sus hermanos.” El lugar para esta oración y súplica no era
principalmente el "aposento alto donde moraban", sino el templo, pues
sabemos por el primer relato de Lucas que "estaban siempre en el
templo alabando y bendiciendo a Dios" (Lucas
24:53). Esta es la última vez que aparece en la historia del Nuevo
Testamento la madre de Jesús. El hecho de que haya vuelto con los
discípulos a Jerusalén y se haya quedado allí en vez de volver a su
residencia en Nazaret indica que Juan cumplió con el encargo que el Maestro
le hizo desde la cruz, y la cuidaba como a su propia madre, aunque ésta
vivió todavía (Mateo
27:56). Aunque la prominencia que aquí se da a su nombre es prueba de
consideración y respeto por parte de los apóstoles, la manera en que Lucas
habla de ella es evidencia de que no pensó él en homenaje que más tarde
comenzó a tributarle una iglesia idólatra. Las que aquí se denominan
"las mujeres", también en este grupo de adoradores, eran las que habían
acompañado al Señor desde Galilea (Lucas
23:49); las menciona de este modo informal, pues Teófilo que había leído
el primer tratado, las habría de recordar. También ellas habían regresado de
sus hogares en Galilea para esperar con los doce a que "la promesa del
Padre" viniese. El hecho de que los hermanos de Jesús fueran de esta
compañía es prueba del gran cambio que en ellos se operara desde que su
divino Hermano clausuró sus labores en Galilea; pues allá no creían en él (Juan
7:1-5); pero ahora los vemos íntimamente identificados con los apóstoles.
Cuál evidencia especial operó tal cambio, o en qué momento ocurrió, no
tenemos medio de indagarlo. De la mañana después del sábado de la semana de
pascua hasta el Pentecostés eran 50 días (Lucas
23:15,16), y ya había 40 cuando la ascensión tuvo lugar.
15-19. El incidente que sigue se introduce con estas
palabras: (15) “Y en aquellos días Pedro, levantándose en
medio de sus hermanos, dijo (y era la compañía junta como ciento
y veinte en número): (16) Varones hermanos,
convino que se cumpliese la Escri tura, la cual dijo antes el
Espíritu Santo por la boca de David, de Judas que fue el guía de
los que prendieron a Jesús; (17) el cual era
contado con nosotros y tenia suerte en este ministerio.
(18) (Este, pues, adquirió un campo del salario de su
iniquidad, y colgándose (cayendo de cabeza), reventó por medio y
todas sus entrañas se derramaron, (19) y fue
notorio a todos los moradores de Jerusalén; de tal manera que
aquel campo es llamado en su propia lengua Akéldama, que es
Campo de Sangre).” La observación entre paréntesis de
que la compañía junta era como de ciento veinte, no se ha de
entender que esos fueran todos los discípulos que el Señor
tuviera, sino que esos eran los que allí se reunían; Pablo dice
que El fue visto una vez después de su resurrección por más de
quinientos hermanos (1
Corintios 15:6). Probable es que los ciento veinte fueran
todos los que entonces residían en Jerusalén.
El segundo paréntesis (Versículos 18 y 19) que describe la
suerte de Judas, es sin duda algo de Lucas, aunque lleva
conexión tan estrecha con lo anterior que parece que todo lo
dice la misma persona. La seguridad de que Lucas lo interpone
están en la expresión "en su propia lengua", pues Pedro
habría dicho "en nuestra lengua" ; y además la traducción
de la palabra "Akéldama" del hebreo al griego, que
Pedro no hubiera hecho, pues hablaba con hebreos. Fue un
paréntesis para que los que leyeran lo de Lucas entendiesen bien
las alusiones que Pedro hace de Judas, las que, si eran
perfectamente inteligibles para quienes oían a Pedro, no lo eran
para los lectores del libro.
Pero si este paréntesis sirve muy bien a su objeto obvio,
presenta tres puntos de conflicto aparente con lo que Mateo
refiere de la suerte de Judas. Primero: dice que cayó de
cabeza y reventó por medio, y Mateo dice que se ahorcó. Segundo:
lo representa consiguiendo una propiedad con el pago de su
iniquidad, pero Mateo dice que los príncipes de los sacerdotes
compraron el campo con ese dinero. Tercero: deriva el nombre de
Akéldama de la circunstancia de que Judas cayó ahí y se reventó,
mas Mateo lo saca de que el campo se compró con dinero de sangre
(Mateo
27:3-8). En cuanto al primer punto los dos relatos van de
acuerdo perfecto , porque si se colgó, o lo bajaron o se cayó, y
Lucas dice que se cayó. Si cayó y reventó, debe haber caído de
altura considerable , o también el abdomen se hallaba ya en
descomposición, pudiendo haber ocurrido ambas cosas. Ahorcarse,
quedando en suspenso hasta caer, llena toda condición de ambos
relatos y explica bien que se reventara el cuerpo. Pero si
tentamos de explicar todo esto con otra hipótesis, veremos que
es muy difícil imaginar una adecuada. Así, no solo van en
armonía los dos relatos, sino que el de Lucas sirve de sostén al
de Mateo. En cuanto al segundo punto, si Judas devolvió el
dinero según describe Mateo, y los sacerdotes compraron con él
un campo del alfarero, ese campo era propiedad de Judas
realmente, y sus herederos podían reclamarlo, pues se había
adquirido con dinero que le pertenecía, y Lucas con toda
propiedad pudo decir que Judas adquirió el campo. En tercer
lugar: si el campo se compró con dinero de sangre y Judas cayó
allí y se reventó, pudo el campo derivar su nombre de una y otra
circunstancia, y con mayor propiedad de las dos. La probabilidad
es que el terreno se haya vuelto comparativamente sin valor por
las muchas excavaciones hechas allí por el alfarero en busca de
su barro; y si en añadidura se halló salpicado del contenido de
los intestinos putrefactos de un traidor que se ahorcó allí; ya
era lugar tan horrible que el dueño con gusto lo vendió por una
bagatela, lo que dio ocasión a los sacerdotes de comprarlo por
treinta piezas de plata que probablemente equivalían a dieciséis
dólares.* Un pedazo de terreno de buenas dimensiones para hacer
un cementerio pequeño no era posible comprarlo cerca del muro de
Jerusalén por tan pequeña suma. Era para sepultar extranjeros
demasiado pobres para darse el lujo de un sepulcro cavado en la
roca. Los pobres, judíos o gentiles, allí se sepultaban, pues.
*Cuando
el dólar tenía más valor, VR.
20. El historiador ahora vuelve a informar del
discurso de Pedro, que interrumpió con el paréntesis. En lo que ya se
citó, Pedro basa la acción que va a proponer en cierta predicción que
David externó, lo que declaró el apóstol como base de la ponencia que
iba a presentar fue que Judas habla sido contado con ellos y que
"tenia suerte en este ministerio". Ahora cita la predicción a que
alude: (20) “Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea
hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y Tome otro
su obispado (oficio).” Son dos pasajes, aquél del
Salmo 69:25, y éste del
Salmo 109:8, y en su contexto original no tienen referencia
específica a Judas. Ocurren entre maldiciones, no por parte de David,
sino como Pedro dice explícitamente, por el Espíritu Santo por boca de
David (Versículo 16), referentes a los inicuos en general que persiguen
a los siervos de Dios. Pero si propio es que la morada de tales hombres
en general se torne en desierto, y que el oficio que tienen se dé a
otros, tal fue el caso de Judas de un modo preeminente; y propio fue
decir que tal se escribió con referen-cia a él entre otros. Sin duda fue
lo que Pedro quería decir, porque pudo ver tan claro como nosotros la
mira general de tal acusación.
La palabra traducida aquí "obispado" en griego se dice “episcopen”, y
es cita textual de la Septuaginta en la que se usa en el sentido del
puesto de un sobreveedor. A qué clase de sobreveeduría se refiere
el salmo no lo indica el contexto. Pero el hecho es evidente que en
tiempos del salmista no había obispados ni obispos de los de hoy.
Careciendo de conocimiento de la clase de sobreveedor a que se refería
el salmista, nos parece que el vocablo está mejor traducido del hebreo
con “oficio", como lo vemos en el salmo de referencia en nuestra
versión común de la Palabra. Más adelante, al tratar del Capítulo 20:28,
veremos algo más sobre el uso de este vocablo.
21-22. Es de algún valor observar aquí que lo que Pedro discutía
no fue el nombramiento original de un apóstol, sino la elección del que
había de suceder a uno que fue apóstol. Así, las cualidades que se dicen
necesarias para cubrir tal elección son las que debe poseer el que
aspire a sucesor de un apóstol. En la siguiente oración dice: (21) “Conviene,
pues, que de éstos hombres que han estado juntos con nosotros todo el
tiempo que el Señor Jesús entró y salió entre nosotros, (22)
comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día que fue recibido
arriba de entre nosotros, uno que sea hecho testigo con nosotros de su
resurrección.” No habiendo en el Nuevo Testamento otra instancia
de elección de sucesor para un apóstol, ésta es la única guía bíblica en
el asunto; y hay que concluir que todos los que después han pretendido
ser sucesores de los apóstoles, pero no anduvieron con el Señor en Su
ministerio personal, carecen de la cualidad esencial para ocupar ese
puesto. La razón obvia para limitar la elección a los que habían andado
con los apóstoles desde el principio es que solo éstos serían testigos
completamente competentes de la identidad de Jesucristo al verlo después
de su resurrección. Así Pedro, al igual que Pablo (1
Corintios 9:1), hace característica esencial de un apóstol el ser
testigo de la resurrección del Señor Jesús.
23-26. (23) “Y señalaron a dos: a José llamado Barsabás,
que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. (24) Y orando
dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál
escoges de éstos dos, (25) para que tome el oficio de este
ministerio y aposto lado, del cual cayó Judas por trasgresión, para irse
a su lugar. (26) Y cayó la suerte sobre Matías; y fue
contado con los once apóstoles.”
Debe observarse que los discípulos mismos no eligieron a Matías, sino
que, habiendo presentado a los dos entre quienes la elección se haría,
rogaron al Señor que mostrara el que é l escogía, y luego echaron
suertes, entendiendo que aquél sobre quien la suerte cayera era el
escogido del Señor. Esto muestra que creían en una providencia de
Dios tan especial que abarca, en todo lo que determina, hasta el
echar suertes —de todo, lo más accidental, en apariencia. Si se inquiere
por qué limitaron a dos personas la selección del Señor, es obvio
contestar que éstos eran los que poseían las cualidades especificadas
por Pedro.
La plegaria que en esta ocasión se ofreció es modelo de su clase. Los
peticionarios tenían un solo objeto por el que vinieron inclinándose al
Señor, y limitan sus palabras a presentarlo propia mente. No repiten un
pensamiento ni elaboran uno más allá que la claridad. Su petición se
refería a las cualidades espiritua-les, lo mismo que las
intelectuales de dos personas, y por esto se dirigían al Señor como
el "kardiognoosta", el que conoce los corazones. No le piden:
"Muéstranos a quién vas a escoger", como si en el Señor hubiera
necesidad de reflexión, sino "muestra cuál escoges de estos dos".
Describen el puesto que desean que el Señor llene "el oficio de este
ministerio y aposto-lado, del cual cayó Judas para irse a su lugar".
Había ocupado un lugar del que resultó indigno, y no vacilaron en decir
que se había ido a su lugar, al que los hipócritas van después de la
muerte. Así, tan breve oración en ocasión tan importante no hubiera sido
tenida por plegaria en esta edad voluble; y como expresaba tan
llanamente la suerte de un difunto, se hubiera considerado como no
caritativa; pues ¿quién se atreve en estos días a indicar que un pecador
que murió se ha ido a su propio lugar?
Como esta gestión tuvo lugar antes que los apóstoles recibieran
inspiración, y como Pedro no basa su autorización en precepto alguno del
Señor, sino en lo que los críticos llaman citas impertinentes de los
Salmos, se ha tenido por algunos por totalmente desautorizada, y a
Matías como si realmente no fuera apóstol. Pero lo que Lucas dice,
"fue contado con los once apóstoles", se escribió mucho
tiempo después de venir la inspiración de los doce, y expresa el juicio
definitivo de ellos sobre el caso. Además, de aquí en adelante no se
habla ya de la compañía de los apóstoles como "los once" , sino
"los doce", lo que indica que el nombramiento de Matías lo había
constitui-do en uno de ellos. Obsérvese luego que el que Pedro haya
omitido citar la autoridad del Señor no es en ningún modo prueba de no
tenerla. Puede haber sido este asunto una de las cosas que él les habló
del reino en los cuarenta días que se les apareció (Versículo 3), y
Pedro quizá haya omitido mencionarlo por ser ya cosa bien sabida de los
discípulos, como tampoco se habían fijado en las predicciones que lo
hacían propio. Finalmente la promesa hecha a los apóstoles de que se
sentarían sobre doce tronos a juzgar las doce tribus de Israel (Mateo
19:28), cualquiera que fuese el sentido de esto, pedía que se
llenara el lugar vacante , y aun de esto puede haberse hablado en
ocasión previa, por lo que se omite aquí: el apostolado de Pablo fue
especial para los gentiles.
Ya completó el autor sus declaraciones de introducción. Ha mostrado que
su narración comienza al dar el Señor s u comisión el día de la
ascensión; que a los apóstoles ese día se les dio seguridad del muy
próximo bautismo en el Espíritu Santo, lo que les daría poder pleno para
testificar de su Maestro; que presenciaron Su ascensión al cielo de
donde había de enviar el Espíritu prometido; que los once originales
estaban en sus puestos tras la ascensión, esperando la promesa; y que
hablan llenado con sucesor adecuado el lugar que el traidor dejara
vacante. Todo detalle listo ya, en la sección siguiente se abrirá la
historia con el advenimiento del esperado Espíritu.
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