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Sana doctrina Copyright June, 1999 Derechos reservados junio, 1999
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CAPÍTULO SEIS
LA UNIDAD EN CONTRASTE CON LA UNIÓN.
La unidad significa la cualidad de ser una sola cosa. Con tal
que haya singularidad de fe y propósito, la congregación
está unida con pegamento como una cosa. Por el contrario,
un número de elementos incongruentes, o antagónicos,
puede juntarse en combinación o en unión y hasta
donde van las apariencias exteriores, puede tener aspecto de
unidad, mientras que existen en ello todos los elementos de división
y de contienda. Los males de la división 1. LO DESAGRADABLE DE ELLA. Lo desagradable
de la división es manifiesto al que ha sido miembro de
congregación donde existen facciones. A veces el espíritu
faccioso en la congregación se manifiesta en el hogar,
aún entre esposos, como también en los asuntos
sociales y de negocios de los miembros de la congregación. 2. IMPIDE EL PROGRESO. Una iglesia sumergida
en división y contienda no puede esperar hacer mucho para
convertir a sus vecinos. Tales condiciones logran tapar los oídos
de la gente para que no oiga ningún ruego de la iglesia.
Las acciones de uno son el comentario más fuerte sobre
su concepto de la justicia que cualquier cosa que diga. Así
es que una iglesia por medio de sus contiendas contribuye a la
perdición de aquellos a quienes debería de salvar.
En este sentido la división llega a ser un enemigo de
Cristo porque le estorba en su obra de salvar a los hombres. 3. CONDUCE A TODA SUERTE DE PECADOS. "Pero
si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que
también no os consumáis unos a otros" (Gál.
5:15). Consumirse los unos a los otros es destruir el carácter
cristiano del otro por medio de disputas impías. "Pero
si tenéis celos amargos y contención en vuestro
corazón, no os jactéis, ni mintáis contra
la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende
de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica, Porque donde
hay celos y contención, allí hay perturbación
y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto
es primeramente pura, después pacífica, amable,
benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre
ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz
para aquellos que hacen la paz" (Sant. 3:14-18). Este pasaje
nos enseña que donde hay facción los que tienen
envidias amargas y contenciones en sus corazones mentirán
para sostener su propia opinión y para representar mal
a la otra parte; además acudirán a toda obra perversa
y son animales y diabólicos. 4. LAS CONSECUENCIAS RESPECTO A OTROS MIEMBROS.
Los que no participan en la división siempre son perturbados
en su relación para con la iglesia, se desaniman, y frecuentemente
vienen a ser inactivos, y a veces se apartan totalmente de la
iglesia. Así es que los que son responsables de la división
destruyen al hermano por el cual Cristo murió. 5. ECHA FUERA A CRISTO. Si por causa del espíritu
faccioso se echa fuera de la congregación a un miembro,
así se echa fuera a Cristo (Mateo 25:40). Recuérdese,
sin embargo, que puede surgir un espíritu faccioso por
oposición a algo que Cristo manda que se haga. LAS DIVISIONES ESTÁN PROHIBIDAS DIOS ABORRECE AL QUE LAS CAUSA. "Seis
cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los
ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de
sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos,
Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que
habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos"
(Prov. 6:16-19). El Señor clasifica al que siembra discordia
entre los hermanos entre las peores especies conocidas. Tal hombre
causa disensión en la iglesia de Dios, y en muchos casos
destruye almas de seres humanos. Por ser mayor crimen el destruir
almas que propiedad o reputación, el Señor en este
pasaje pone al que siembra discordia entre los hermanos como
el clímax de los caracteres nombrados. LA DIVISIÓN EN CORINTO. "Os ruego,
pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo,
que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre
vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos
en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado
acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé,
que hay entre vosotros contiendas" (1 Cor. 1:10,11). "De
manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales,
sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a
beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces,
ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales;
pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones,
¿no sois carnales, y andáis como hombres?"
(1 Cor. 3:1-3). Se afirma con toda claridad que la división
impide el desarrollo espiritual, porque los que son responsables
por las facciones no se han desarrollado más allá
de la etapa de niños en Cristo, no importa el tiempo que
tengan de ser miembros de la iglesia ni cuáles sean sus
pretensiones; "andan como hombres"-al ser carnales,
no andan según Cristo. CAUSAS DE DIVISIÓN ASUNTOS PERSONALES. Frecuentemente los disgustos
entre dos hermanos, o más, sobre cuestiones de negocios
o de género personal que en ningún sentido tienen
algo que ver con la congregación, se perpetúan
a tal grado que se envuelve casi toda la congregación.
En lugar de dejar que tales cosas impregnen toda la membresía,
la iglesia debe demandar, y si necesario proponer, un arreglo
justo del asunto (1 Cor. 7); y si uno u otro de los participantes
no concuerda en hacer lo justo, apartarse de él. En lugar
de esto, lo que suele pasar muchas veces es que se toman lados,
todos se involucran, y se hace un desorden en toda la iglesia. AMBICIÓN EGOÍSTA. A veces hay
quien tiene espíritu dogmático que busca su propio
agrado en todo sin respetar los derechos o deseos de otros, ni
siquiera en asuntos de poca monta. Tal hombre viene a ser regañón,
tiránico, y desagradable a los que son espirituales. Tales
hombres generalmente son hombres pequeños mentalmente,
y parecen pensar que tienen qué expresarse para obtener
reconocimiento. Cosa bien relacionada a esto es tener ambiciones
de ser director de algo. Puesto que es raro que se halle toda
una congregación que se someta a uno que busca la dirección
para satisfacer su propia ambición o para alcanzar sus
propios fines egoístas, resulta que tal hombre se va llevándose
consigo una facción. "Yo he escrito a la iglesia;
pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar
entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré
las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros;
y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a
los que quieren recibirlos se lo prohibe, y los expulsa de la
iglesia" (3 Juan 9,10). LA REGLA DE OPINIÓN. El cristianismo
es esencialmente una religión de fe (2 Cor. 5:7), y la
fe no puede ser más extensa que la revelación (Rom.
10:17). "Por fe andamos, no por vista". Es por la fe
que agradamos a Dios (Heb. 11:6), por la fe llegamos a ser hijos
de Dios (Gál. 3:26), y por la fe nos acercamos a Dios
en oración (Sant. 1:6). La fe es la base de toda obediencia
aceptable a Dios. La fe no es solamente la creencia de la verdad
de que Dios existe, sino que es también confianza en él.
Moisés y Aarón no dudaban de la existencia de Dios,
sin embargo porque se apartaron de hacer exactamente lo que Dios
había mandado, Dios les dijo: "No creísteis
en mí" (Núm. 20:10-13). Parece que tenían
la opinión de que hacer cosa distinta a lo mandado específicamente
por Dios serviría lo mismo, si no mejor. El caso de Caín
y Abel ilustra aún más la diferencia entre la fe
y la opinión. Abel trajo el sacrificio que mandó
Jehová-hizo su sacrificio por fe (Heb. 11:4). Caín
trajo uno no mandado por el Señor, teniendo la opinión
de que serviría de igual valor. La opinión es perniciosa
como base de comunión de la iglesia, porque le falta tanto
autoridad como también estabilidad; y si fuera posible
unirnos sobre la opinión hoy, uno podría cambiar
su opinión mañana, y su derecho de promover su
opinión es tan grande como el de cualquier otro. Si las
opiniones han de ser las reglas de acción, entonces todo
hombre viene a ser ley a sí mismo, porque cada hombre
tiene igual derecho que los demás respecto a sus opiniones.
Todo acto de adoración basado en la opinión es
pecado (Rom. 14:23). No son inquietadas muchas iglesias por el
esfuerzo de alguno de apartar a la iglesia de lo que ha mandado
Dios para seguirle a él, sino que son los asuntos de conveniencia,
como por ejemplo la construcción de una casa de oración,
o uso de bautisterios, himnarios y luces. En estas cosas nadie
tiene derecho de forzar a la congregación para que adopte
su opinión, pero en estos asuntos se debe haber el debido
respeto a la comodidad, las conveniencias, y los deseos de todos.
Nunca hemos oído de congregación perturbada por
persona que trate de hacer a un lado la Cena del Señor,
o de cambiar los elementos,** pero han habido problemas cuando
alguno trata de forzar su opinión sobre otros tocante
a la hora del día, o tocante a usar una copa o varias,
y otros asuntos que son puramente incidentales. Una propia condescendencia
y la enseñanza paciente de los directores de la congregación
frecuentemente conducirán a la armonía y unidad
de acción. Si usted difiere con otros sobre asuntos casuales,
tome tiempo para examinar plena y cuidadosamente su posición
y determine si en realidad es cuestión de fe, o sencillamente
de opinión, entre usted y los demás. Si es solamente
opinión, trate de ajustarse benignamente a las condiciones.
Puede ser que la costumbre de usted, por su uso continuado, ha
llegado a serle sagrada. Esté seguro de que su posición
no es determinada por la costumbre. Algunos rehusan hacer alguna
contribución si no pueden hacerla en la manera acostumbrada
por largo tiempo, y así se ponen en la clase de la cual
habló el Salvador cuando dijo: "Porque dejando el
mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición
de los hombres" (Mar. 7:8). **el pan y el fruto de la vid. POLÍTICA NO BÍBLICA. La congregación
selecciona para sí obispos, ancianos, o directores. Por
este hecho expresa su confianza en el juicio y sabiduría
de ellos. A veces pasa que el juicio de estos directores no concuerda
con la acariciada política de un hermano ambicioso; y
a veces, el hermano ambicioso, en lugar de obedecer a sus pastores
(Heb. 13:17), comienza a fomentar sentimiento contra los ancianos,
y luego demanda que los ancianos renuncien de su oficio; y si
rehusan hacerlo, son echados fuera por mayoría de votos.
Esta conducta siempre resulta en división. No hay ni vestigio
de autoridad bíblica para tal conducta. "Cualquiera
que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo,
no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése
sí tiene al Padre y al Hijo" (2 Juan 9). "Pero
esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y
en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis
a no pensar más de lo que está escrito, no sea
que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros"
(1 Cor. 4:6). LA INACTIVIDAD. En toda congregación
hay cierta medida de vitalidad que tiene qué hallar expresión,
y la hallará, en alguna manera. La inactividad fomenta
el descontento, y este espíritu de descontento se convierte
en espíritu de inquietud y de insatisfacción del
uno para con el otro. Surgen riñas, se engendran malas
actitudes, y el resultado inevitable es la contienda. Los obispos
han de cargar con parte de la responsabilidad por tales condiciones.
Es su deber cuidar de que todo miembro esté activamente
ocupado en la obra del Señor. Que los ancianos den salida
a este espíritu militante inherente en la gente con guiarla
en campañas activas contra los sectarios y contra toda
otra forma de pecado (1 Tim. 6:12). Si los miembros de la iglesia
no tienen otra cosa contra la cual pelear, pelearán entre
sí. No se debe tratar de conservar la energía de
la congregación. Se dice que una mente desocupada es un
taller de Satanás; este dicho se aplica tanto a iglesias
como a otros. Cada cristiano es parte del cuerpo de Cristo y
"cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose
en amor" (Ef. 4:16). Dios requiere servicio activo de parte
de todo miembro. "ocupaos en vuestra salvación con
temor y temblor" (Fil. 2:12). Perseverar en bien hacer se
contrasta con el camino de contención y desobediencia
(Rom. 2:7,8). LO DESEABLE DE LA UNIDAD PABLO ROGÓ POR ELLA. "Unánimes
entre vosotros" (Rom. 12:16). "Os ruego, pues, hermanos,
por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis
todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones,
sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente
y en un mismo parecer. Os ruego, pues, hermanos, por el nombre
de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos
una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino
que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en
un mismo parecer" (1 Cor. 1:10). PEDRO EXHORTÓ A TENERLA. "Finalmente,
sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente,
misericordiosos, amigables" (1 Ped. 3:8). JESÚS ORÓ POR ELLA. "Mas
no ruego solamente por éstos, sino también por
los que han de creer en mí por la palabra de ellos, que
todos sean uno" (Juan 17:20,21). LA UNIDAD ES POSIBLE SOLAMENTE CUANDO- 1.- SEA DESEADA. Uno a veces duda de que ciertas
congregaciones quieran en realidad la unidad. Parece que algunos
miembros se complacen en los alborotos. Pero antes de que la
unidad pueda ser lograda y mantenida, el deseo por ella tiene
qué ser suficientemente fuerte para conducirnos a un esfuerzo
en esa dirección, y suficientemente fuerte para guardar
en sujeción nuestras preferencias personales. Esto requiere
esfuerzo. Pablo exhorta a los hermanos a que estén solícitos
a guardar la unidad del espíritu en el vínculo
de la paz. Al deseo genuino por la unidad lo deben acompañar
la humildad, la mansedumbre, la paciencia, y la tolerancia de
los unos a los otros. "Yo pues, preso en el Señor,
os ruego que andéis como es digno de la vocación
con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos
con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos
en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo
de la paz" (Ef. 4:1-3). 2.- SE ADOPTA UN PROGRAMA DEFINIDO. Todo cristiano
verdadero quiere ver que la Causa avance. La congregación
debe de tener un programa definido y bien entendido, con cierta
obra constructiva a la cual se le dedique toda la energía.
Todo cristiano está mejor capacitado para cierto campo
de actividad; pero cuando varios miembros son activos, esforzándose
cada uno en su obra particular, tratan de lograr que la iglesia
se dedique totalmente al programa de cada uno, de seguro van
a surgir fricciones. Algunos miembros probablemente se unirán
con cada uno. En caso de que alguno logre que la iglesia se dedique
a la obra de él, el interesado en otro campo de actividad
va a creer que la iglesia no le ha tratado justamente. Este es
un estado indeseable de asuntos, pero fácilmente se puede
evitar si la iglesia, bajo la dirección de ancianos sabios
y alertas, traza planes para diferentes campos de trabajo que
se necesita hacer, y señala aproximadamente la cantidad
de dinero que ha de ser gastado en cada campo de actividad, no
haciendo nada "por contienda o por vanagloria; antes bien
con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores
a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino
cada cual también por lo de los otros" (Fil. 2:3,4).
3 "¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de
acuerdo?" (Amós 3:3). 3.- LA BIBLIA ES NUESTRA GUÍA. Si hubiera
unidad basada en cosa distinta a la Biblia, no sería la
unidad del Espíritu. La unidad del Espíritu es
aquella que viene por seguir la enseñanza del Espíritu.
"Pero si andamos en luz, como él está en luz,
tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo
su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7). 4.- SE RECONOCE A JESÚS COMO CABEZA.
La iglesia es comparable al cuerpo humano. "Porque de la
manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos
los miembros tienen la misma función, así nosotros,
siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los
unos de los otros" (Rom. 12:4,5). En un cuerpo humano sano
hay unidad de acción, porque todos los miembros son dirigidos
por la cabeza. Hay trabajo para cada miembro del cuerpo humano,
como también para cada miembro del cuerpo de Cristo. Si
algún miembro no responde a la cabeza, es que la conexión
entre el miembro y la cabeza ha sido dañada. Así
también en la iglesia, el cuerpo espiritual, sobre el
cual Jesús es cabeza, y del cual somos miembros, hay unidad
de acción cuando cada miembro es guiado por Jesús,
la cabeza. "Y él es la cabeza del cuerpo que es la
iglesia" (Col. 1:18). 5.- UNO SE NIEGA A SÍ MISMO. En nuestras
relaciones sociales, si no nos negáramos ni tuviéramos
respeto a las ideas, derechos y conveniencias de otros, habría
dificultades constantes, llegaríamos a ser desagradables
y nos ignorarían los demás. En nuestras relaciones
con la iglesia, no nos olvidemos de que nuestra conducta sea
sazonada con sal. "Cada uno de nosotros agrade a su prójimo
en lo que es bueno, para edificación" (Rom. 15:2).
"Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira,
gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos
unos con otros" (Ef. 4:31,32)". "Amaos los unos
a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos
los unos a los otros" (Rom. 12:10). "No seáis
sabios en vuestra propia opinión" (Rom. 12:16). EL TRATO CON LOS QUE CAUSAN DIVISIÓN
2.- LO QUE DIOS HARÁ CON LOS QUE CAUSAN
DIVISIÓN. "Pero ira y enojo a los que son contenciosos
y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;
tribulación y angustia" (Rom. 2:8,9) LA SANTIDAD DE LA IGLESIA 2.- CRISTO LA AMÓ. "Maridos, amad
a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia,
y se entregó a sí mismo por ella, santificarla,
habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la
palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una
iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante,
sino que fuese santa y sin mancha" (Ef. 5:25-27). Que nunca
hable nadie a la ligera de la iglesia, ni la repruebe en forma
alguna. Puede reprobarse el pecado de algún miembro de
la iglesia, pero ¡nunca se repruebe a la iglesia! Nos parecen
endurecidos de corazón y criminales los soldados por clavar
el cuerpo físico del Señor y por abrirle un costado
con una lanza; pero ese cuerpo no era tan apreciado para él
como la iglesia, su cuerpo espiritual. ¡Cuán pecador
es para Cristo el que, por medio de sus propias opiniones o sus
ambiciones egoístas, divide la iglesia del Señor!
La sentencia del tal ya se ha declarado. "¿No sabéis
que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora
en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le
destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual
sois vosotros, santo es" (1 Cor. 3:16,17). 1. ¿Qué causó la división
del reino de Israel? 1. ¿En qué difieren la unidad
y la unión? |
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