Sana doctrina
Tomo III
Por C. R. Nichol
y
R. L. Whiteside
Nueva versión de Valente Rodríguez G.

Copyright June, 1999

Derechos reservados junio, 1999

 

 
 

CAPÍTULO SEIS


LA UNIDAD

Al discutir el tema de la unidad en esta lección nos referimos solamente a la unidad que debe de existir dentro de las congregaciones locales donde a veces se hallan la división y la contienda. El propósito de esta lección es ayudar a corregir las divisiones que ya existen y a prevenir otras.

LA UNIDAD EN CONTRASTE CON LA UNIÓN. La unidad significa la cualidad de ser una sola cosa. Con tal que haya singularidad de fe y propósito, la congregación está unida con pegamento como una cosa. Por el contrario, un número de elementos incongruentes, o antagónicos, puede juntarse en combinación o en unión y hasta donde van las apariencias exteriores, puede tener aspecto de unidad, mientras que existen en ello todos los elementos de división y de contienda.

Los males de la división

1. LO DESAGRADABLE DE ELLA. Lo desagradable de la división es manifiesto al que ha sido miembro de congregación donde existen facciones. A veces el espíritu faccioso en la congregación se manifiesta en el hogar, aún entre esposos, como también en los asuntos sociales y de negocios de los miembros de la congregación.

2. IMPIDE EL PROGRESO. Una iglesia sumergida en división y contienda no puede esperar hacer mucho para convertir a sus vecinos. Tales condiciones logran tapar los oídos de la gente para que no oiga ningún ruego de la iglesia. Las acciones de uno son el comentario más fuerte sobre su concepto de la justicia que cualquier cosa que diga. Así es que una iglesia por medio de sus contiendas contribuye a la perdición de aquellos a quienes debería de salvar. En este sentido la división llega a ser un enemigo de Cristo porque le estorba en su obra de salvar a los hombres.

3. CONDUCE A TODA SUERTE DE PECADOS. "Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros" (Gál. 5:15). Consumirse los unos a los otros es destruir el carácter cristiano del otro por medio de disputas impías. "Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica, Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz" (Sant. 3:14-18). Este pasaje nos enseña que donde hay facción los que tienen envidias amargas y contenciones en sus corazones mentirán para sostener su propia opinión y para representar mal a la otra parte; además acudirán a toda obra perversa y son animales y diabólicos.

4. LAS CONSECUENCIAS RESPECTO A OTROS MIEMBROS. Los que no participan en la división siempre son perturbados en su relación para con la iglesia, se desaniman, y frecuentemente vienen a ser inactivos, y a veces se apartan totalmente de la iglesia. Así es que los que son responsables de la división destruyen al hermano por el cual Cristo murió.

5. ECHA FUERA A CRISTO. Si por causa del espíritu faccioso se echa fuera de la congregación a un miembro, así se echa fuera a Cristo (Mateo 25:40). Recuérdese, sin embargo, que puede surgir un espíritu faccioso por oposición a algo que Cristo manda que se haga.

LAS DIVISIONES ESTÁN PROHIBIDAS

DIOS ABORRECE AL QUE LAS CAUSA. "Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos" (Prov. 6:16-19). El Señor clasifica al que siembra discordia entre los hermanos entre las peores especies conocidas. Tal hombre causa disensión en la iglesia de Dios, y en muchos casos destruye almas de seres humanos. Por ser mayor crimen el destruir almas que propiedad o reputación, el Señor en este pasaje pone al que siembra discordia entre los hermanos como el clímax de los caracteres nombrados.

LA DIVISIÓN EN CORINTO. "Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas" (1 Cor. 1:10,11). "De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?" (1 Cor. 3:1-3). Se afirma con toda claridad que la división impide el desarrollo espiritual, porque los que son responsables por las facciones no se han desarrollado más allá de la etapa de niños en Cristo, no importa el tiempo que tengan de ser miembros de la iglesia ni cuáles sean sus pretensiones; "andan como hombres"-al ser carnales, no andan según Cristo.

 

CAUSAS DE DIVISIÓN

ASUNTOS PERSONALES. Frecuentemente los disgustos entre dos hermanos, o más, sobre cuestiones de negocios o de género personal que en ningún sentido tienen algo que ver con la congregación, se perpetúan a tal grado que se envuelve casi toda la congregación. En lugar de dejar que tales cosas impregnen toda la membresía, la iglesia debe demandar, y si necesario proponer, un arreglo justo del asunto (1 Cor. 7); y si uno u otro de los participantes no concuerda en hacer lo justo, apartarse de él. En lugar de esto, lo que suele pasar muchas veces es que se toman lados, todos se involucran, y se hace un desorden en toda la iglesia.

AMBICIÓN EGOÍSTA. A veces hay quien tiene espíritu dogmático que busca su propio agrado en todo sin respetar los derechos o deseos de otros, ni siquiera en asuntos de poca monta. Tal hombre viene a ser regañón, tiránico, y desagradable a los que son espirituales. Tales hombres generalmente son hombres pequeños mentalmente, y parecen pensar que tienen qué expresarse para obtener reconocimiento. Cosa bien relacionada a esto es tener ambiciones de ser director de algo. Puesto que es raro que se halle toda una congregación que se someta a uno que busca la dirección para satisfacer su propia ambición o para alcanzar sus propios fines egoístas, resulta que tal hombre se va llevándose consigo una facción. "Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohibe, y los expulsa de la iglesia" (3 Juan 9,10).

LA REGLA DE OPINIÓN. El cristianismo es esencialmente una religión de fe (2 Cor. 5:7), y la fe no puede ser más extensa que la revelación (Rom. 10:17). "Por fe andamos, no por vista". Es por la fe que agradamos a Dios (Heb. 11:6), por la fe llegamos a ser hijos de Dios (Gál. 3:26), y por la fe nos acercamos a Dios en oración (Sant. 1:6). La fe es la base de toda obediencia aceptable a Dios. La fe no es solamente la creencia de la verdad de que Dios existe, sino que es también confianza en él. Moisés y Aarón no dudaban de la existencia de Dios, sin embargo porque se apartaron de hacer exactamente lo que Dios había mandado, Dios les dijo: "No creísteis en mí" (Núm. 20:10-13). Parece que tenían la opinión de que hacer cosa distinta a lo mandado específicamente por Dios serviría lo mismo, si no mejor. El caso de Caín y Abel ilustra aún más la diferencia entre la fe y la opinión. Abel trajo el sacrificio que mandó Jehová-hizo su sacrificio por fe (Heb. 11:4). Caín trajo uno no mandado por el Señor, teniendo la opinión de que serviría de igual valor. La opinión es perniciosa como base de comunión de la iglesia, porque le falta tanto autoridad como también estabilidad; y si fuera posible unirnos sobre la opinión hoy, uno podría cambiar su opinión mañana, y su derecho de promover su opinión es tan grande como el de cualquier otro. Si las opiniones han de ser las reglas de acción, entonces todo hombre viene a ser ley a sí mismo, porque cada hombre tiene igual derecho que los demás respecto a sus opiniones. Todo acto de adoración basado en la opinión es pecado (Rom. 14:23). No son inquietadas muchas iglesias por el esfuerzo de alguno de apartar a la iglesia de lo que ha mandado Dios para seguirle a él, sino que son los asuntos de conveniencia, como por ejemplo la construcción de una casa de oración, o uso de bautisterios, himnarios y luces. En estas cosas nadie tiene derecho de forzar a la congregación para que adopte su opinión, pero en estos asuntos se debe haber el debido respeto a la comodidad, las conveniencias, y los deseos de todos. Nunca hemos oído de congregación perturbada por persona que trate de hacer a un lado la Cena del Señor, o de cambiar los elementos,** pero han habido problemas cuando alguno trata de forzar su opinión sobre otros tocante a la hora del día, o tocante a usar una copa o varias, y otros asuntos que son puramente incidentales. Una propia condescendencia y la enseñanza paciente de los directores de la congregación frecuentemente conducirán a la armonía y unidad de acción. Si usted difiere con otros sobre asuntos casuales, tome tiempo para examinar plena y cuidadosamente su posición y determine si en realidad es cuestión de fe, o sencillamente de opinión, entre usted y los demás. Si es solamente opinión, trate de ajustarse benignamente a las condiciones. Puede ser que la costumbre de usted, por su uso continuado, ha llegado a serle sagrada. Esté seguro de que su posición no es determinada por la costumbre. Algunos rehusan hacer alguna contribución si no pueden hacerla en la manera acostumbrada por largo tiempo, y así se ponen en la clase de la cual habló el Salvador cuando dijo: "Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres" (Mar. 7:8). **el pan y el fruto de la vid.

POLÍTICA NO BÍBLICA. La congregación selecciona para sí obispos, ancianos, o directores. Por este hecho expresa su confianza en el juicio y sabiduría de ellos. A veces pasa que el juicio de estos directores no concuerda con la acariciada política de un hermano ambicioso; y a veces, el hermano ambicioso, en lugar de obedecer a sus pastores (Heb. 13:17), comienza a fomentar sentimiento contra los ancianos, y luego demanda que los ancianos renuncien de su oficio; y si rehusan hacerlo, son echados fuera por mayoría de votos. Esta conducta siempre resulta en división. No hay ni vestigio de autoridad bíblica para tal conducta. "Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo" (2 Juan 9). "Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros" (1 Cor. 4:6).

LA INACTIVIDAD. En toda congregación hay cierta medida de vitalidad que tiene qué hallar expresión, y la hallará, en alguna manera. La inactividad fomenta el descontento, y este espíritu de descontento se convierte en espíritu de inquietud y de insatisfacción del uno para con el otro. Surgen riñas, se engendran malas actitudes, y el resultado inevitable es la contienda. Los obispos han de cargar con parte de la responsabilidad por tales condiciones. Es su deber cuidar de que todo miembro esté activamente ocupado en la obra del Señor. Que los ancianos den salida a este espíritu militante inherente en la gente con guiarla en campañas activas contra los sectarios y contra toda otra forma de pecado (1 Tim. 6:12). Si los miembros de la iglesia no tienen otra cosa contra la cual pelear, pelearán entre sí. No se debe tratar de conservar la energía de la congregación. Se dice que una mente desocupada es un taller de Satanás; este dicho se aplica tanto a iglesias como a otros. Cada cristiano es parte del cuerpo de Cristo y "cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor" (Ef. 4:16). Dios requiere servicio activo de parte de todo miembro. "ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor" (Fil. 2:12). Perseverar en bien hacer se contrasta con el camino de contención y desobediencia (Rom. 2:7,8).

LO DESEABLE DE LA UNIDAD
DAVID CANTÓ DE ELLA. "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!" (Sal. 133:1)

PABLO ROGÓ POR ELLA. "Unánimes entre vosotros" (Rom. 12:16). "Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer" (1 Cor. 1:10).

PEDRO EXHORTÓ A TENERLA. "Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables" (1 Ped. 3:8).

JESÚS ORÓ POR ELLA. "Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, que todos sean uno" (Juan 17:20,21).

LA UNIDAD ES POSIBLE SOLAMENTE CUANDO-

1.- SEA DESEADA. Uno a veces duda de que ciertas congregaciones quieran en realidad la unidad. Parece que algunos miembros se complacen en los alborotos. Pero antes de que la unidad pueda ser lograda y mantenida, el deseo por ella tiene qué ser suficientemente fuerte para conducirnos a un esfuerzo en esa dirección, y suficientemente fuerte para guardar en sujeción nuestras preferencias personales. Esto requiere esfuerzo. Pablo exhorta a los hermanos a que estén solícitos a guardar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz. Al deseo genuino por la unidad lo deben acompañar la humildad, la mansedumbre, la paciencia, y la tolerancia de los unos a los otros. "Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" (Ef. 4:1-3).

2.- SE ADOPTA UN PROGRAMA DEFINIDO. Todo cristiano verdadero quiere ver que la Causa avance. La congregación debe de tener un programa definido y bien entendido, con cierta obra constructiva a la cual se le dedique toda la energía. Todo cristiano está mejor capacitado para cierto campo de actividad; pero cuando varios miembros son activos, esforzándose cada uno en su obra particular, tratan de lograr que la iglesia se dedique totalmente al programa de cada uno, de seguro van a surgir fricciones. Algunos miembros probablemente se unirán con cada uno. En caso de que alguno logre que la iglesia se dedique a la obra de él, el interesado en otro campo de actividad va a creer que la iglesia no le ha tratado justamente. Este es un estado indeseable de asuntos, pero fácilmente se puede evitar si la iglesia, bajo la dirección de ancianos sabios y alertas, traza planes para diferentes campos de trabajo que se necesita hacer, y señala aproximadamente la cantidad de dinero que ha de ser gastado en cada campo de actividad, no haciendo nada "por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros" (Fil. 2:3,4). 3 "¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?" (Amós 3:3).

3.- LA BIBLIA ES NUESTRA GUÍA. Si hubiera unidad basada en cosa distinta a la Biblia, no sería la unidad del Espíritu. La unidad del Espíritu es aquella que viene por seguir la enseñanza del Espíritu. "Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7).

4.- SE RECONOCE A JESÚS COMO CABEZA. La iglesia es comparable al cuerpo humano. "Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros" (Rom. 12:4,5). En un cuerpo humano sano hay unidad de acción, porque todos los miembros son dirigidos por la cabeza. Hay trabajo para cada miembro del cuerpo humano, como también para cada miembro del cuerpo de Cristo. Si algún miembro no responde a la cabeza, es que la conexión entre el miembro y la cabeza ha sido dañada. Así también en la iglesia, el cuerpo espiritual, sobre el cual Jesús es cabeza, y del cual somos miembros, hay unidad de acción cuando cada miembro es guiado por Jesús, la cabeza. "Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia" (Col. 1:18).

5.- UNO SE NIEGA A SÍ MISMO. En nuestras relaciones sociales, si no nos negáramos ni tuviéramos respeto a las ideas, derechos y conveniencias de otros, habría dificultades constantes, llegaríamos a ser desagradables y nos ignorarían los demás. En nuestras relaciones con la iglesia, no nos olvidemos de que nuestra conducta sea sazonada con sal. "Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación" (Rom. 15:2). "Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros" (Ef. 4:31,32)". "Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros" (Rom. 12:10). "No seáis sabios en vuestra propia opinión" (Rom. 12:16).

EL TRATO CON LOS QUE CAUSAN DIVISIÓN
1.- CÓMO DEBE LA IGLESIA DE TRATAR CON LOS QUE CAUSAN DIVISIÓN. "Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos" (Rom. 16:17,18). La iglesia que atiende, anima, extiende comunión, a uno que divide iglesias contra la doctrina de Cristo, o le retiene en su comunión, no obedece un mandamiento positivo del Señor. Aunque él sea amigo de uno, no debe uno de sacrificar la paz y unidad de la iglesia en el altar de la amistad personal. Muy poca atención se presta al mandamiento del Señor en este particular. Se necesita concienciar en este detalle. Alguno puede dividir la iglesia de una localidad, y luego hallar plena comunión con la iglesia de otra localidad. A veces sucede que tal hombre, sin arrepentimiento o esfuerzo de subsanar la división que causó en una iglesia, es escogido por maestro y director en otra iglesia. Tal cosa no sucedería si aquella iglesia respetara lo que ha dicho el Señor. "Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, 11 sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio" (Tit. 3:10,11). Un hombre faccioso es uno que causa disensión o división.

2.- LO QUE DIOS HARÁ CON LOS QUE CAUSAN DIVISIÓN. "Pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia" (Rom. 2:8,9)

LA SANTIDAD DE LA IGLESIA
1.- GANADA CON SANGRE. "La iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre" (Hechos 20:28). La iglesia no fue redimida con "oro o plata", sino con la preciosa sangre de Cristo (1 Ped. 1:18).

2.- CRISTO LA AMÓ. "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha" (Ef. 5:25-27). Que nunca hable nadie a la ligera de la iglesia, ni la repruebe en forma alguna. Puede reprobarse el pecado de algún miembro de la iglesia, pero ¡nunca se repruebe a la iglesia! Nos parecen endurecidos de corazón y criminales los soldados por clavar el cuerpo físico del Señor y por abrirle un costado con una lanza; pero ese cuerpo no era tan apreciado para él como la iglesia, su cuerpo espiritual. ¡Cuán pecador es para Cristo el que, por medio de sus propias opiniones o sus ambiciones egoístas, divide la iglesia del Señor! La sentencia del tal ya se ha declarado. "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es" (1 Cor. 3:16,17).
* * *
Temas para investigación y discusión:

1. ¿Qué causó la división del reino de Israel?
2. Muéstrese cómo son uno Dios, el Hijo, y el Espíritu Santo.
3. La necesidad de que todos entiendan igualmente.
4. ¿De quién es el deber de predicar?
5. El propósito de Dios en convertir a los hombres.
* * *
Preguntas:

1. ¿En qué difieren la unidad y la unión?
2. ¿Hay unión en la unidad?
3. ¿Por qué es cosa deseable la unidad?
4. ¿Cómo impide la división la obra de la iglesia?
5. ¿A dónde conduce la división?
6. ¿Cuáles son los frutos de la división?
7. ¿Qué dice el Señor respecto a las divisiones? Cítese.
8. ¿Qué efecto tiene en los miembros la división en las congregaciones?
9. ¿Cómo echa la división fuera a Cristo muchas veces? Cítese pasaje.
10. ¿Son siempre pecaminosas las divisiones?
11. ¿Qué dice Dios respecto a los que causan divisiones? Cítese.
12. Cítese el pasaje que clasifica a los que causan divisiones.
13. ¿Cuál fue la causa de la división en Corinto? Cítese.
14. ¿Qué muestra la división?
15. ¿Cómo causan muchas veces divisiones los asuntos personales?
16. ¿Cómo es que muchas veces causan divisiones ambiciones egoístas?
17. Cuéntese lo de Diótrefes.
18. ¿En qué manera echó de la iglesia Diótrefes? Dése la referencia.
19. ¿En qué se basa la fe? Cítese.
20. ¿Qué es andar por fe? Cítese.
21. Muéstrese que la fe es más que la mera aceptación de algún hecho.
22. ¿En qué manera manifestaron falta de fe en Dios Moisés y Aarón? Dése la referencia.
23. Contrástense la opinión y la fe.
24. ¿Por qué fue rechazado el sacrificio de Caín? Cítese.
25. ¿Puede la opinión ser base de unidad? Dése la razón.
26. ¿Por qué es pecado la adoración basada en la opinión?
27. En asuntos de opinión, ¿Qué curso de acción debe de ser seguido?
28. ¿Cómo llega la costumbre a ser una ley para muchos?
29. ¿Cómo debería de hacerse la colecta?
30. ¿Cómo futuros líderes causan a veces división?
31. ¿Cuál es el resultado de la inactividad?
32. ¿Quién es responsable por la inactividad?
33. ¿Hay trabajo para todo hermano? ¿Cuál es el de usted?
34. ¿Qué dijo David acerca de la unidad? Dé la cita.
35. ¿Qué dijo Pablo acerca de la unidad? Dé la cita.
36. Cítese lo dicho por Pedro acerca de la unidad.
37. Cítese la oración de Cristo por la unidad.
38. ¿Cuándo es posible la unidad?
39. Nómbrense algunos elementos necesarios para que haya unidad.
40. ¿Qué parte tiene un programa definido de la iglesia en la unidad?
41. ¿Cómo es la Biblia la base de la unidad?
42. Muéstrese la unidad del cuerpo físico.
43. Cristo es la cabeza; muéstrese la unidad de los miembros de la iglesia-su cuerpo.
44. ¿Cómo nos portamos en la sociedad tocante a los derechos de otros?
45. ¿Cómo debemos de tratar con los que causan divisiones? (Rom. 16:17,18)
46. ¿Cómo deben las distintas congregaciones tratar a un hombre faccioso?
47. ¿Cómo tratará Dios a los facciosos?
48. Cítese Hechos 20:28.
49. Cítese Efesios 5:25-27.
50. Cítese 1 Pedro 1:18.
51. ¿Por qué no se debe reprobar a la iglesia?
52. Muéstrese cómo Cristo amó a la iglesia.

 

Al índice

Al Capítulo Uno

Al Capítulo Dos

.Al Capítulo Tres

Al Capítulo Cuatro

Al Capítulo Cinco

Al Capítulo Siete

Al Capítulo Ocho

Al Capítulo Nueve

Al índice

 

 
 

A obras de VRG

Al contenido del sitio