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Sana doctrina Copyright June, 1999 Derechos reservados junio, 1999
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CAPÍTULO SIETE LA REUNIÓN EN EL DÍA DEL SEÑOR
Las iglesias pueden tener tantas reuniones como quieran, pero respecto a la reunión en día del Señor no tienen opción--el Señor manda que la iglesia se congregue en este día para adoración. LOS PREPARATIVOS PARA LA REUNIÓN. Toda reunión pública resulta mejor si se hacen de antemano los debidos preparativos. El servicio en el día del Señor puede ser mejorado en varios sentidos, si las iglesias prestan más atención a la preparación. Los que dirigen los servicios deben hacer algunos preparativos especiales. CASAS CÓMODAS. Toda iglesia debe de tener una casa cómoda en que congregarse, si le es posible; y comúnmente lo es si así lo quiere. ¿Por qué no tener un lugar atractivo en que adorar al Señor? El edificio debe de tener calefacción para tiempo de frío, y estar debidamente ventilado a la hora de servicio. CANTIDAD SUFICIENTE DE BIBLIAS. "Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino" (Sal. 119:105). Respecto a biblias, algunas iglesias no están bien alumbradas. Que haya una cantidad suficiente de biblias en el edificio; que estén distribuidas de tal manera que los presentes tengan acceso a ellas. Toda congregación debe de tener una buena concordancia, un diccionario bíblico, y mapas de tierras bíblicas, para ser usados en sus estudios. HIMNARIOS. Debe de haber una suficiente cantidad de himnarios. Téngase cuidado de seleccionar himnarios de valor intrínseco. La costumbre de algunas congregaciones de cambiar de himnarios cada año se debe al hecho de que no compran los de cualidades permanentes. Aprenden solamente unos cuantos cantos en el himnario, y pronto quieren cambiar de himnario. EL OBJETO DE LA REUNIÓN LLENA ALGUNAS DE NUESTRAS NECESIDADES. El servicio en el día del Señor llena algunas de nuestras necesidades espirituales, o de otra manera el Señor no lo hubiera mandado. ADORAR A DIOS. Con esto no queremos decir que uno no puede adorar a Dios en otro tiempo, no obstante hay algunos actos de adoración que solamente se pueden llevar a cabo en este servicio. ¿CUÁNDO SE LOGRA EL OBJETO? El objeto de este servicio no se ha logrado cuando uno sencillamente acaba de tomar la Cena del Señor, y nadie crea que por haber participado en esta una parte del ser-vicio, ha realizado plenamente el objeto del servicio. "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2:42). LA ADORACIÓN SIGNIFICADO. La palabra griega usada más frecuentemente para expresar la idea de adoración, es "proskuneo". Otra palabra a veces traducida "adoración" (Fil. 3:3-Versión Moderna; Heb. 9:9, culto, Versión Moderna; 10:2, culto, Versión Moderna y Valera), es "latruo". Más frecuentemente se traduce esta palabra "servir". Hay otras cuantas palabras griegas de vez en cuando se traducen "adoración". Una investigación cuidadosa de todas las palabras griegas traducidas "adoración" nos conduce a esta conclusión: es decir, que adorar a Dios aceptablemente significa rendirle obediencia sincera y reverente. Nos es imposible hacer esa distinción microscópica entre "adoración" y "servicio" que algunos pretenden ver. La distinción entre "adoración" y "servicio" que algunos piensan poder hacer ha dejado que algunos participen en algunas cosas no autorizadas en lo que ellos llaman "servicio", cosas que no practicarían en la hora de "adoración". ADORACIÓN VANA. "Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres" (Mat. 15:9). Es vana porque no beneficia al que adora, ni tributa honor a Jehová (véase Mar. 7:6,7). Hacer cosas en ceremonia religiosa, cosas que no ha mandado Dios, es adoración, pero es adoración vana. No le corresponde al hombre planear su propia adoración, ni tampoco puede idear un sistema de adoración que agrade a Jehová. Determine si su adoración es aceptable, o si es vana, midiendo sus actos con la palabra de Dios. LA ADORACIÓN VERDADERA. "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" (Juan 4:24). La adoración verdadera es la única que es digna de nuestro tiempo y atención, porque es la única que agrada a Dios. La adoración verdadera es adorarle al Padre en espíritu y en verdad. Adorar "en espíritu" es involucrar nuestro espíritu-con sinceridad, no con formalidad e indiferencia. El hombre siempre se ha inclinado a caer en vanas formalidades, y a Dios le ha desagradado siempre tal adoración. "Pero le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían; Pues sus corazones no eran rectos con él, Ni estuvieron firmes en su pacto" (Sal. 78:36,37; véase Mat. 15:7,8). Adorar "en verdad" es ser guiado por la verdad. "Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado" (Isaías 29:13). Su temor, o culto, era reglamentado por la enseñanza de hombres. "Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace" (Sant. 1:25; véase Ezeq. 22:26; 33:30,32; Mat. 15:8,9; Col. 2:20-23; Mar. 7:13). ENSEÑANZA Y AMONESTACIÓN UNA PARTE ESENCIAL. Toda adoración verdadera se basa en la enseñanza idónea. "Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos" (Jer. 10:23). "Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad" (Sal. 86:11). "Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios" (Sal. 143:10). "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento" (Oseas 4:6). "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32). La igle-sia primitiva "perseveraba en la doctrina de los apóstoles" (Hechos 2:42)-es decir, que perseveraban siendo alumnos atentos de los apóstoles. Según la Gran Comisión, después de que la gente había sido enseñada y bautizada, continuaba siendo enseñada (Mat. 28:19,20). La ejecución debida de esta obligación requiere que toda iglesia haga un esfuerzo sistemático de desarrollar a cada miembro al punto más alto de eficiencia en enseñar la palabra, no solamente a los miembros, sino también a los que no conocen al Señor. LA OBLIGACIÓN ES PARA TODOS. Parece que algunos piensan que el estudiar la Biblia es privilegio más bien que deber; la verdad es que es ambas cosas. Todo hijo de Dios debiera considerarlo gran privilegio y bendición, como también deber solemne, el aprender más de sí mismo, de Dios, y del camino de la vida. En la Gran Invitación dijo Jesús, "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí" (Mat. 11:29). Se nos manda que, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadamos conocimiento (2 Ped. 1:5). Dios espera que todos sus hijos dentro de un tiempo razonable lleguen al grado de conocimiento que les capacite para enseñar a otros. "Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido" (Heb. 5:12). En la tentación de nuestro Salvador, confió él de la palabra de Dios como su arma de defensa (Mat. 4). "Escrito está" fue la terminación de cada tentación. Toda persona debería de familiarizarse tanto con las Escrituras que pudiera traer a la memoria una cita apropiada para toda tentación. Tome parte cada uno en el estudio bíblico
de día del Señor, o como maestro o como alumno.
Será de ayuda para usted y de ánimo para la obra.
Sea usted un ayudante, y verá cuánto le ayuda a
usted. En la obra de enseñar, recuerde que está
trabajando juntamente con Dios: "Así, pues, nosotros,
como colaboradores suyos, os exhortamos también a que
no recibáis en vano la gracia de Dios" (2 Cor. 6:1). CÓMO ENSEÑAR. Dios no nos ha atado a ningún método enseñanza en particular. Se puede usar la página impresa o comentarios orales. Deben de procurar los maestros hacer la lección interesante e instructiva. El interés merma cuando el estudio se atrasa. Que el maestro esté bien preparado. Es interesante la discusión de puntos, pero la discusión interminable mata el interés. Cuando cada uno haya opinado sobre dado punto, sigan adelante, aunque no han llegado a un acuerdo. Dé la admonición a cada uno a llevar los puntos expresados a casa y allí meditar en ellos. Puede morir el interés por la excesiva discusión de puntos en que, quizás, sólo dos o tres se interesan. "Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas" (2 Tim. 2:23). LA PREPARACIÓN DE LA LECCIÓN.
El maestro debe de sentir su responsabilidad, y si en verdad
es maestro, la sentirá. No toleraríamos por mucho
tiempo en nuestras escuelas y universidades a un maestro que
habitualmente se presentara ante su clase falto de preparación.
La responsabilidad de usted como maestro de la palabra de Dios
es mayor que la de él. Si no puede usted reconocer debidamente
esta responsabilidad, no haga burla del sagrado oficio de maestro-entrégueselo
a otro que tenga un sentido más vivo de responsabilidades.
"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como
obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien
la palabra de verdad" (2 Tim. 2:15). Cada discípulo
debe de sentir su responsabilidad. Nadie haga que la clase se
alargue. Un alumno bien despierto es un estimulante maravilloso
para los demás. "Bienaventurado el varón que
no anduvo en consejo de malos, LA OFRENDA En otra lección en este tomo discutimos esta lección en detalle. LA OFRENDA. No se revela en la Escritura ningún método en particular con que se haga la colecta. Hay qué mantener buen orden a través de todo el servicio. Evítese la confusión. "pero hágase todo decentemente y con orden" (1 Cor. 14:40). Seguramente que una congregación de cualquier tamaño no va a empujar y codear para tratar de llegar a la mesa para dejar su ofrenda. Tal confusión es sin excusa puesto que una manera más tranquila es siempre más práctica. Además, algunos cristianos no gustan hacer notorias sus ofrendas en manera tan pública. Su sentido de buena crianza se rebela contra eso. Ninguna congregación anda, moviéndose en confusión, en tomar la Cena. Se reconoce la buena razón de tener la Cena servida a la congregación; así se haga respecto a la colecta. EL CANTO ENSEÑAR, AMONESTAR, HACER MELODÍA. "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones" (Ef. 5:18,19). "La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales" (Col. 3:16). El canto podría muy bien ser clasificado bajo el encabezado de la enseñanza. Pero corresponde también a la oración y la ala-banza. Por lo tanto, lo discutimos como asunto distinto. Los requisitos puestos por Pablo para guiarnos en el canto nos obligan a considerar con cuidado la naturaleza de los himnos que cantemos. Evítense todas las canciones triviales y sin significado, compuestas de un revoltijo de rimas llamativas. Muchos de los himnos que cantamos no tienen nada recomendable, excepto quizás la melodía, y aún la melodía puede causar aversión al que en realidad tiene discernimiento musical. Muchos de nuestros himnos son escritos por hombres de poca sabiduría bíblica, ninguna instrucción literaria, ninguna devoción espiritual, y poca habilidad musical. No es buena una canción por ser vieja; ni es mala por ser nueva. Puesto que el arte de escribir canciones ha llegado a ser general, cada año ha producido una cantidad de canciones, y solamente las buenas han sobrevivido. Los buenos himnos antiguos que cantamos son la rebusca de entre incontables cientos escritos en años que pasaron. De vez en cuando un himno escrito en nuestro tiempo vivirá, pero la mayoría perece en un período breve, o cuando mucho en unos cuantos años. Piense usted en las canciones que cantaba hace unos años-¿Quién las canta ahora? Toda la iglesia les debe cantar himnos a sus niños, cuando menos algunos, que permanecerán con ellos en los años venideros. Tales himnos son una verdadera edificación espiritual. Un estudio cuidadoso de los pasajes dados al principio de este párrafo mostrará la naturaleza de los cantos que usted debe de cantar. Deben de ser bíblicos y devotos. HIMNOS APROPIADOS. Contando con tan grande variedad de himnos, no es difícil seleccionar un himno apropiado para alguna ocasión o alguna parte de la adoración. El director de himnos que en un servicio de bautismo dirigió la canción "Trabaja con los remos, marinero, trabaja con los remos", mientras que estaba levantándose del agua el bautizado, causó más júbilo que devoción. Otro director dirigió el himno "¿Por qué no esta noche?" como invitación en el servicio de la mañana. Hay himnos espirituales apropiadas para toda ocasión apropiada. LA INTERPRETACIÓN. Decid vuestras palabras clara y distintamente. A menos que la gente entienda a quienes cantan, ellos no obedecen el mandato de Pablo de enseñar y exhortar el uno al otro al cantar himnos. Esto es parte esencial que considerar. Producir música meramente, no es obedecer el mandato inspirado. No debe ninguna congregación olvidarse a tal grado del propósito del cantar que cante sin propósito. "Cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento" (1 Cor. 14:15). Esto quiere decir que el espíritu participa en el canto, y que cantan de tal manera que otros pueden entender. El contexto claramente indica esta explicación. Una nota musical, en cuanto a duración, no tiene valor absoluto; su valor es relativo. El compás, ya sea rápido o lento, debe de ser determinado por el sentimiento del himno y por la ocasión. Recuerden, no deben cantar para agradar a la gente. EL DIRECTOR. Ciertamente el director debe de ser cristiano-uno que no es profundamente religioso nunca debe de dirigir ninguna parte del servicio. El director puede mejorar o arruinar esta parte del servicio. Un servicio religioso no debe ser ocasión para que el director exhiba su destreza ni para que luzca el alcance de su voz. Él es quien dirige en esta parte del culto que puede hacerse con mucha devoción y edificación. Debería él de hacer una selección cuidadosa de himnos apropiados, y luego guiar a la congregación de tal manera que resulte en los resultados deseados. No haga comentarios a la ligera ni se haga el gracioso entre himnos. Comúnmente, mientras menos se diga, mejor, a menos que sea alguna palabra bien planeada para hacer el canto más edificante. Cuando estamos congregados para culto, no es tiempo de solamente cantar notas. LA CENA LA MESA. Cuando la iglesia ya tenga lugar permanente en qué congregarse, una mesa apropiada para el propósito debe de ser parte de los muebles. LOS MANTELES Y UTENSILIOS. Los manteles buenos y de largura suficiente para la mesa no salen costosos. La creciente ciencia sanitaria crea una demanda de copitas individuales. Al desearlas una congregación, cómprese un buen juego-Uno que se pueda guardar higiénicamente. Si se tiene un juego así, o de otra clase, procúrese uno que convenga a esta parte del culto. Entonces guárdense limpios tanto los manteles como los utensilios. LOS PREPARATIVOS PARA LA CENA. En toda congregación hay mujeres buenas que tienen interés en la adoración pura. Una de éstas debe de ser encargada de hacer el pan. La Cena fue instituida en conexión con la última pascua bajo la ley (Luc. 22:14-23). En esa fiesta no se usaba la levadura; por eso, fue usado pan sin levadura en la institución de la Cena del Señor. Pan sin levadura es sin polvos de hornear que lo levanten. Una buena harina, un poco de sal, leche pasteurizada o aceite vegetal, y agua deben de usarse. Evítese que el pan sea duro o quebradizo, pero al mismo tiempo que esté bien cocido al horno. No vemos lugar para controversia sobre el uso de jugo de uvas o vino de uva-los dos son el fruto de la vid (Luc. 22:l8). EL ENCARGADO DE SERVIR LA MESA. ¿Está usted encargado de servir la mesa? Entonces no se encargue de esa fiesta sagrada despeinado ni desarreglado, como si no tuviera respeto para el servicio. Usted no debe parecer como si fuera invitado a tener parte pública en alguna otra clase de junta. Tampoco es el tomar la cena del Señor ocasión para controversia o reprensión. A menos que preceda un buen sermón apropiado, pueden ser útiles algunas palabras bien preparadas. Se debe de hablar levantando el volumen de la voz de modo que oiga bien toda la congregación. ACCIÓN DE GRACIAS. La oración se compone de petición, alabanza, y acción de gracias. No obstante, el dar gracias no es orar, y el orar no es dar gracias. Dé gracias-no ore-deje el orar para la ocasión apropiada. Además, al dar gracias, hable de manera que todos oigan, para que todos digan "amén" (1 Cor. 14:16). Hay que pensar en lo que decimos. A menudo se oye decir: "Padre, te damos gracias por este fruto de la vid que representa tu sangre", como si fuera el Padre, y no el Hijo, quien hubiera vertido su sangre. Tal ignorancia o descuido, no tiene excusa. ¿QUIÉNES DEBEN DE PARTICIPAR? "Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí" (1 Cor. 11:23-25). Esto fue escrito a "la iglesia de Dios que está en Corinto" (1 Cor. 1:2). Es la mesa del Señor, (1 Cor. 10:21), y está en Su reino (Luc. 22:29,30). Ciertamente todo cristiano tiene derecho de participar de ella. Uno no debe comer o beber indignamente (1 Cor. 11:28,29; véase la lección sobre in Cena del Señor, Sana Doctrina, Tomo 1., pp. 168-183). LA ORACIÓN Hay algo que es oración congregacional-es decir, una oración ofrecida por un grupo de gente. "Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos" (Mateo 18:19). Esto enseña que un grupo de gente puede concordar de antemano en pedir cierta cosa. EL DIRECTOR. No se espera que hable en voz alta toda la congregación. Uno es señalado para dirigir. El ha de guiar a la congregación, y debe de pedir las cosas que desee toda la congregación. La congregación debe de seguirlo, y dar sanción a su oración con decir en voz alta "amén" (1 Cor. 14:15,16). Esto requiere que el director hable en voz suficientemente alta para que todos oigan. Las oraciones registradas en la Biblia son breves. Algunas oraciones de hoy no son bíblicas en cuanto a su largura. Puntualidad Una iglesia debería de mostrar en sus
asuntos los elementos de empresa y puntualidad que son esenciales
a cualquier vocación. "Todo lo que te viniere a la
mano para hacer, hazlo según tus fuerzas" (Ecl. 9:10).
"En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes
en espíritu, sirviendo al Señor" (Rom. 12:11).
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