Capítulo Dos

Profecías del Antiguo Testamento

de la Destrucción de Jerusalén

 

En los tiempos del Antiguo Testamento Dios vino sobre las naciones impías y las visitó en juicio.  Los profetas usaron los objetos celestiales y las calamidades naturales para expresar el enojo de Jehová y la ira divina.  Dios no eximió a Su pueblo escogido, los Israelitas, de la destrucción si continuaban un curso de desobediencia.  Moisés dice explícitamente del terrible final de una nación degenerada.

Deuteronomio 28, escrito por Moisés al menos 1200 años antes del tiempo de Cristo, dice claramente acerca del destino de Israel.  Estaría por encima de todas las otras naciones y sería bendecida grandemente (v.1-6), si “... oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios ...” (v.1a).  Pero las espantosas consecuencias de la desobediencia son descritas completamente en el resto del capítulo.

Si la rebelión era continuada, vendrían maldiciones sobre el pueblo Judío (vs.15-16), en la ciudad y en el campo (compárese con Ez. 7:15 y Mat. 24:17-18).  Vendría sobre ellos la enfermedad (v.22,27-28), y también la espada, un poder extranjero.  Esto probó ser los Romanos.  Levítico 26:25 dice que la espada sería “... vengadora, en vindicación del pacto”.  En ese tiempo habría escasez de alimento.

Los hijos e hijas de Israel serían llevados en cautiverio y esclavitud (v.41,48).  La nación agresora vendría de lejos, “... traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la tierra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entiendes” (v.49).  En el año 70 D.C. los ejércitos Romanos descendieron velozmente sobre la desventurada y espiritualmente desolada Jerusalén.  Es una coincidencia que los Romanos tuvieran un águila en su estandarte.

Moisés describió además a los invasores como una “gente fiera de rostro ...” (v.50), indicando crueldad.  Los Romanos asesinaron sin tregua a los Judíos en la captura de Jerusalén.  Los versículos 52-57 describen gráficamente el sitio – los muros caerían, en los cuales habían confiado (porque los Judíos habían perdido su confianza en Dios), y las puertas serían aguzadas.  Los miembros de las familias serían enemigos unos de otros, y codiciarían la comida.  “Y comerás el fruto de tu vientre ...” (v.53a).  En vista de que todo esto fue cumplido tan literalmente en el año 70 D.C., Moisés bien pudiera estar equivocado para un testigo ocular.

El consumo de carne humana resultaría cuando Dios impartiera el más severo grado de castigo por la desobediencia (Lev. 26:27 y Sigs.).  El canibalismo de bebés ocurrió en Samaria, en la capital del Reino Norteño, durante el período de los Sirios (2 Rey. 6:28-29), y en Jerusalén cuando Nabucodonosor de Babilonia tomó la ciudad en el año 586 A.C. (Lam. 2:20; 4:10).  Pero aparentemente fue practicado muy espantosamente durante el sitio de Jerusalén por parte de Tito en el 70 D.C.  Véase también Jeremías 19:9.

Finalmente, Moisés dijo que los Judíos serían movidos de una parte a otra entre todos los reinos de la tierra (Dt. 28:25).  “Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos ... y ni aun entre estas naciones descansarás ...” (Dt. 28:64-68).  Josefo dijo que los Romanos embarcaron miles de Judíos a Egipto y a otras provincias Romanas para ser vendidos en cautiverio (véase v.68).

En cada siglo desde el cumplimiento en el año 70 D.C., los Judíos no han encontrado reposo.  Véase también Lev. 26:31-33; Dt. 4:27; Jeremías virtualmente profetizó la misma cosa (4:27; 5:10-18, 30:11, 46:28).  Ambos, él y Moisés enseñaron que la tierra de Judá se convertiría en desolación pero no habría un completo final para los Judíos.

¡Con cuánta exactitud se han cumplido las profecías!  Escribiendo en el desierto de Moab, antes de que hubiera sido asegurada la tierra prometida, Moisés profetizó esencialmente el destino del pueblo escogido, si en algún momento se volvían rebeldes.  Aún hoy día, los Judíos son perseguidos en muchos países, y el minúsculo estado de Israel debe estar siempre alerta para guardarse de ser invadido por sus vecinos Árabes.

El profeta anticipó que después de su muerte el pueblo se corrompería (Dt. 31:29), y añade que “... os ha de venir mal en los postreros días”  En el cántico de Moisés a la asamblea de Israel (Capítulo 32), describió claramente a los Judíos viviendo en el tiempo de la degradación:  “... generación torcida y perversa” (v.5,20; compare con Hch. 2:40 y Mat. 17:17).

En vista de que la nación había provocado la ira de Dios con sus vanidades, traería a los Gentiles dentro de Su familia (32:21b; Rom. 10:19-21).  Dios prometió amarga destrucción, y los Judíos serían  esparcidos lejos (v.26), en el día de su aflicción (v.35).  El enemigo actuaría velozmente contra ellos en el tiempo de la venganza (v.35), porque Dios no continuaría siendo su protector (v.38).  La destrucción de Jerusalén cumple adecuadamente las portentosas advertencias en el Cántico de Moisés.

Muchos refieren Zacarías 14 a la conquista Romana de la apóstata Jerusalén en el 70 D.C., porque el conjunto de imágenes es apropiado.  El Día de Jehová (v.1), es nada más que un día de juicio temporal.  En el ejército Romano (v.2), todas las naciones combatirían contra Jerusalén.  La ciudad fue tomada, las casas saqueadas, las mujeres violadas y un número considerable fue llevado en cautiverio.  Esto es similar a lo que ocurrió durante la destrucción de Babilonia (Isa. 13:9,15-16).  Jehová peleó contra las naciones en el versículo 3 cuando los bárbaros pueblos norteños invadieron Roma.

“Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos ...” (v.4) probablemente se refiere a los ejércitos Romanos acampados en las líneas de batalla; Jesús también se puso en pie sobre el Monte de los Olivos cuando profetizó la sentencia de la ciudad (Mat. 24:3 y Sigs.).  La última parte del versículo 7 profetiza la difusión del conocimiento después de la persecución fanática a que estuvieron inclinados los Judíos en el 70 D.C.; los versículos 8 y 9 anotan el evangelio de Cristo y la iglesia cosmopolita.

El lenguaje catastrófico de Zacarías 14 no describe necesariamente la “segunda venida” de Cristo, como afirman los premilenaristas.  En concordancia con el uso común del lenguaje figurado, el conjunto de imágenes de Zacarías tal como la división del Monte de los Olivos, la remoción de los montes y la apertura de los valles se refiere a los eventos políticos comunes, y no a una renovación geográfica de Palestina.

Isaías describe gráficamente la misión sencilla, sin pretensiones de Juan el Bautista como un proceso de alzar todo valle y de allanar toda montaña y colina (40:3-5; véase también Lucas 3:4-6).  El profeta emplea lenguaje exuberante para hablar de lo emparejado del camino para el Cristo-Rey, Jesús:  “Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane” (v.4).

La nación de Israel debía ayudar en la remoción de cualquier barrera espiritual que pudiera obstaculizar Su venida.  Israel falló en esta obligación; en lugar de allanar las montañas y de rellenar los valles para un apropiado camino Mesiánico, los Judíos colocaron obstáculos para el Rey.  No removieron los obstáculos morales, fallando en arrepentirse a la predicación de Juan.  La nación sufriría el castigo dentro de una generación tal como lo profetizó Zacarías, a través de la separación o rompimiento de las familias por la destrucción militar Romana en el 70 D.C.

El Salmo 2 tiene una referencia menor a la disolución del orden Judío en el 70 D.C.  El v.2 declara que a través de Cristo “hablara a ellos en su furor, y los turbará con su ira” (véase también Sal. 110:5).  La turbación vio su cumplimiento en la destrucción de Jerusalén y la subsecuente dispersión de los Judíos.

En el Salmo 46 el autor se dirige a Israel en los postreros días, anotando su caída:  “Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida ...” (v.2).  La tierra es el fundamento sobre el cual se colocan los montes, tipificando el orden de la civilización humana lo cual  sustenta cualquier gobierno político.  La desintegración de Israel no debía ser observada con ansiedad o alarma porque está siendo reemplazada por el nuevo orden – la iglesia de Jesucristo.

 

 

 

Isaías

El profeta Isaías también escribió acerca de los terribles eventos antes de la caída de la nación.  Declaró que la parte de la obra del Mesías era la proclamación del “... día de la venganza” de Dios (61:2; véase también 63:4).  Aquellos afligidos serían consolados y no desamparados (62:12), pero el desobediente perecería (60:12).  El sustentador y fuerte de Judá (3:1) fue quitado durante el sitio bajo Nabucodonosor en el 586 A.C., y también en los días de los Romanos bajo Tito en el 70 D.C.

La invasión descrita en Isa. 29:3-8 no fue llevada a cabo completamente en la marcha de Senaquerib sobre Jerusalén alrededor del 701 A.C. sino en el sitio Romano:  “Porque acampare contra ti alrededor, y te sitiaré con campamentos, y levantaré contra ti baluartes”.  Isaías continua luego con lenguaje de juicio:  “Por Jehová de los ejércitos serás visitada (Jerusalén) con truenos, con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor”.

De esta manera Isaías uso expresiones figurativas de juicio comunes para hablar de la caída y destrucción de la ciudad.  Como se mostró previamente, la Deidad puede visitar a las naciones terrenales en un sentido espiritual como Dios lo hizo con Egipto (Isa. 19:1, etc.).  El trueno, el terremoto, el ruido y el fuego expresan la ira de Dios, como en Exodo 19:16; Isa. 13:13; 64:3; Sal. 18:3, y otros.  Cualquier aplicación de esto a la “Segunda Venida” de Cristo ignora el cumplimiento histórico y no sirve como una advertencia directa para las generaciones en Jerusalén después de los días de Isaías.

 

Los Cielos Nuevos y la Tierra Nueva de Isaías

Isaías 51:16; 65:17 y Sigs. y el capítulo 66 describen las numerosas bendiciones que vendrían al remanente Judío en el exilio después de su retorno de Babilonia en los “cielos nuevos y la tierra nueva”.  Despojado del simbolismo, esta frase significa que un nuevo sistema tomaría el lugar del otro.  El paso de los cielos y la tierra significa el fin de un orden, acorde a Joel 3:14-17.  En el retorno del exilio Babilónico a su hogar natal, Isaías declaró que Israel experimentaría un nuevo orden en el cual debían guardar los mandamientos de Dios.

Aún en medio de este optimismo Isaías advirtió de la caída y juicio que finalmente fue llevado a cabo en la destrucción de Jerusalén en el 70 D.C. – el paso del viejo orden de cosas y la inauguración de otro.  El profeta presenta la figura de un padre, con una mano extendida, apelando a un hijo descarriado (Isa. 65:2).  La súplica es a la rebelde nación Judía, a la cual Pablo llama “rebelde y contradictor” al citar este pasaje de Isaías (Rom. 10:21).  Los Judíos serían arrojados porque tercamente rehusaron escuchar las numerosas suplicas y llamados de arrepentimiento por parte de Jesucristo y los otros apóstoles incluyendo a Juan el Bautista, “... ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos ... y no quisiste!” (Mat. 23:37).

Jehová da el pago a Sus enemigos, incluyendo a los Judíos apóstatas, en medio de las voces desde la ciudad y el templo (66:6).  Los versículos 15 y 16 nos aseguran que Jehová viene con fuego “... para descargar su ira con furor, y su reprensión con llama de fuego.  Porque Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre ...”  Esa es la forma en que Jerusalén fue destruida en el 70 D.C.

No obstante, para los Judíos fieles después del cautiverio y para los gentiles obedientes, habrían abundantes bendiciones, como una fuente donde no hay joven ni viejo, y ningún lloro, porque Jehová crearía “cielos nuevos y tierra nueva” (65:17-20; 66:22).  Habría un nuevo sistema espiritual bajo el Mesías (Juan 4:24) desplazando el viejo orden del reino Israelita en medio de las naciones gentiles.  Jehová dice del juicio sobre el desobediente, porque la Sion espiritual  “saldrá y verá los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí ...” (66:24; véase también Sal. 110:6).  Estos cadáveres incluyen a los Judíos desobedientes de la generación de la destrucción de Jerusalén.

Las referencias Bíblicas a Moisés, Zacarías, David e Isaías no identifican naciones, eventos o personas asociadas con la destrucción de Jerusalén.  Aquellos profetas generalmente profetizaron del fin del estado Judío y el sitio acompañante, de la tribulación, de la dispersión de los Judíos, y del hecho de que todas estas cosas sería la manifestación de la ira y venganza de Dios.  Sin embargo, otros tres profetas, se refieren inequívocamente a eventos específicos que precederían al final del estado Judío en el 70 D.C.  Estos tres son Joel, Malaquías y Daniel.

 

Joel

“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:  Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne” (Hch. 2:16-17).  Véase Joel 2:28.  Esto que dijo Joel vio su cumplimiento en Pentecostés (Hch. 2:1-4) alrededor del año 33 D.C. y años más tarde en la casa de Cornelio (Hch. 10:44).  Continuando, el profeta describe figurativamente los eventos asociados:  “Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.  El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.  Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación ...” (2:29-32).

Los milenarios admiten al menos un cumplimiento parcial de este pasaje en Pentecostés, pero buscan su cumplimiento final y aún mayor en los “postreros días” en el esencial “fin del tiempo”.  Esta visión es contradicha por Pedro quien en Hch. 2:16-21 cita la profecía de Joel en respuesta al derramamiento del Espíritu con sus acompañantes milagros en Pentecostés y declara “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel ...”  En vista de que la primera parte de la profecía de Joel anuncia el inicio de la era del evangelio, y Pedro declara el cumplimiento, la última parte de la misma pronunciación profética  necesariamente, por la ley de la correspondencia, debe ser aplicada al mismo período.

El Día del Señor (“el día grande y espantoso de Jehová” ) anunciado por Joel (2:31), en consistencia con el uso profético de los Hebreos, denota un período de tiempo cuando  Jehová revelaría Su poder.  Por ejemplo, “El día grande de Jehová” de Sofonías (1:14), es el tiempo cuando la ira de Dios vendría sobre Judá.  Es un día de terror y venganza sobre el desobediente, aunque para el justo sería un día de liberación de la opresión.  La tribulación antes de la caída de Jerusalén, 66-70 D.C. cumple adecuadamente tal día.

El Día de Jehová es un día de decisión para Jehová (Joel 3:14).  Si el pueblo se arrepintiera y volviera a la justicia y nuevamente sirvieran a Dios de veras, los eximiría del terror.  Pero si permanecían desobedientes, serían como un enemigo en el día del Señor.  El pueblo rebelde sería destruido, pero a los fieles se les proporcionaría una vía de escape y se les daría seguridad (2:32).  Ciertamente, Jesús proporcionó numerosas señales (en Mateo 24) a los Cristianos de manera que pudieran saber cuándo y cómo huir de la Jerusalén apóstata.

 

Malaquías

Como el último de los profetas del Antiguo Testamento, Malaquías también usó la frase “el día de Jehová, grande y terrible” (4:5) y , como en Joel, es un día de juicio sobre la nación Judía.  El contexto empieza en el 3:17; allí Jehová promete traer un día de juicio, uno en el que “... viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará ...” (4:1).

Esta poderosa metáfora describe el día en que Dios destruiría las obras arrogantes; es un pronunciamiento de juicio contra la generación de Judíos que rechazaron al Cristo y persiguieron a Sus seguidores.  El día  “... no les dejará ni raíz ni rama” (v.1) asegurándonos que la destrucción sería completa – nadie escaparía.  Los malos serían como cenizas después de haber sido quemados con el fuego del juicio (v .3).

Más allá de esta obscuridad espiritual Malaquías observó confiadamente la aparición de “Elías”, quien vendría antes de ese día de juicio (4:5).  Los milenarios creen que el cumplimiento primario será justo antes de la “segunda venida” de Cristo cuando un Elías literal, personal, aparecerá.  Para ellos la llegada de Juan el Bautista antes de la destrucción de Jerusalén sirve simplemente como una buena fe o arras de la última venida.  Esto es conocido como cumplimiento sucesivo.  Pero nuevamente, esta especulación religiosa es contraria a las claras palabras de Cristo.

Jesús aclaró que este “Elías” es Juan el Bautista.  Dijo que “... Elías vino primero, y restaurará todas las cosas” (Mat. 17:11).  De Juan, dijo, Este es de quien está escrito:  He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti” (Mat. 11:10, citando Malaquías 3:1).  Cristo declaró enfáticamente que “desde los días de Juan el Bautista ... porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.  Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir(Mat. 11:12-14).  Además dijo, “Mas os dijo que Elías ya vino, y no le conocieron ... Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista” (Mat. 17:12-13).

Por tanto, Juan el Bautista, viniendo con el poder y el espíritu de Elías, cumple completamente el precursor de Malaquías de los versículos 3:1 y 4:5.  Su misión conciliatoria estaba destinada a volver los corazones de una generación de Judíos desobedientes para prepararlos para la aceptación de Aquel de quien habían profetizado sus profetas (4:6a).  Este sería el juicio de Dios contra la nación de los Judíos por rechazar a Su Cristo, algo cumplido enfáticamente por la conquista Romana de Jerusalén el 70 D.C.

 

Daniel y el Reino de Dios

El libro de Daniel es altamente apropiado a la situación política e histórica; también está clasificado correctamente como apocalíptico.  Ese tipo de literatura fue escrita en tiempos de perturbación durante períodos de pruebas, tristezas y casi desesperación.  Pero en medio de la adversidad, el escritor promete a los fieles un tiempo de liberación de la opresión y de triunfo sobre los enemigos.

No obstante, los milenarios extraen porciones de Daniel y las aplican muy lejos, en el futuro, lejos de la aplicación histórica inmediata, a un retorno terrenal del Señor quien entonces presidirá sobre un reino largamente esperado.  Esta es una referencia al fin del tiempo para la destrucción del sistema del mundo gentil el cual existirá durante un Imperio Romano “revivido”.  Tal interpretación debe ser cuestionada en su mismo acercamiento porque ignora el elemento histórico inmediato.  Al desechar el principio de “por quién, para quién”, la interpretación premilenaria ofrece poco consuelo y significado a los Judíos de los días de Daniel y subsecuentes generaciones.

Cualquier análisis del libro de Daniel ciertamente debe considerar su contenido profético e histórico.  Los especuladores milenarios  se concentran en lo primero y generalmente ignoran el último.  En los Capítulos 2 y 7 el profeta relata las dinastías de una nación Babilónica en existencia y tres monarquías sucesivas, terminando con la cuarta bestia “... espantosa y terrible y en gran manera fuerte ...” (7:7), la cual desmenuza–rompe–quebranta (2:40) y “... a toda la tierra devorará, trillará y despedazará” (7:23).  Esta fuerte figura es el Imperio Romano, como la mayoría de los comentaristas de buena gana concuerdan.

Pero fue en los días de estos reyes – antes de los Romanos, que la nación descrita terminó su gobierno – y en eso mismos días el Dios del cielo levantaría un reino (gobierno) que nunca sería destruido, uno que desmenuzaría y consumiría los otros reinos (2:44).  Siendo para siempre (2:44), nunca sería destruido (7:14) y se levantaría por encima de todos los otros reinos terrenales (Isa. 2:1-5).

Aquel que heredaría el gobierno de este reino sería el Cristo.  Daniel registra Su recibimiento de este reinado desde el punto de vista celestial.  “... Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran ...” (7:13-14).  De esta manera, si Dios estableció el reino durante el tiempo del Imperio Romano, Jesús ahora es rey.  El apóstol Pablo reafirmó esta verdad a Timoteo (1 Tim. 6:15).

La parábola de las minas (Luc. 19:11-27) amplia lo que Daniel había profetizado.  Como el hombre noble, Jesús se fue lejos a recibir un reino y volver.  Los siervos terrenales a los que se les había dado las minas para negociar tendrían que dar cuenta de ellos mismos cuando el hombre noble regresara.  Las bendiciones serían conferidas acorde a la fidelidad, en la misma forma que el Maestro dio los talentos adicionales a los siervos productivos en la parábola de los talentos en Mateo 25.  Pero ciertos ciudadanos, siervos del hombre noble, no permitieron que su señor reinará sobre ellos (v.14).  El hombre noble ordenó entonces la muerte de los siervos infieles “que no querían que yo reinase sobre ellos ...” (v.27).

Este reinado de Cristo, y no una entidad externa sobre la cual gobierna, es la naturaleza primaria del reino.  No está organizado terrenalmente, sino que es más bien el gobierno del Maestro sobre los corazones humanos.  Los súbditos constituyen la iglesia del Nuevo Testamento.  De esta manera, el dominio de Cristo debería ser definido por majestad, poder real y gobierno, y no con términos institucionales o políticos.

En otra ocasión, un escriba perceptivo dijo a Jesús que amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma y con todas las fuerzas, y amar al prójimo terrenal era de mucho mas valor que todos los holocaustos y sacrificios (Mr. 12:32-33).  En respuesta, Jesús dijo, “No estás lejos del reino de Dios” (v.34).  La cercanía estaba en relación a la prudencia del escriba y la respuesta discreta a la enseñanza de Cristo, y no cercana en un sentido de tiempo o una cronología de inicio.  Jesús apreció la condición de la mente del escriba la cual mostró que Dios podía reinar en su corazón.

El propio anuncio de Jesús del inicio del reino de Dios está mencionado en Marcos 1:14-15:  “... el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado ...”  Jesús comisionó a Sus discípulos por medio de decirles, “En cualquier ciudad donde entréis ... decidles:  Se ha acercado a vosotros el reino de Dios” (Luc. 10:8-9).  El ministerio publico de Jesús habló acerca de las buenas nuevas del reino (Mat. 4:23; Luc. 4:42).  El no habría dicho que el reino estaba cerca si no hubiera estado disponible por otros dos mil años o mas en el futuro.

El reino envuelve un corazón puro y una obediencia absoluta e ilimitada a Dios.  Una respuesta afirmativa al evangelio habría permitido a los cobradores de impuestos y a las rameras entrar al reino antes que los Fariseos (Mat. 21:31-32).  El reino de Dios muy ciertamente no estaba en los corazones de los Fariseos a quienes Jesús encontró; en realidad, la disponibilidad del reino de Dios sería quitada de ellos (v.42) porque habían cerrado el reino de Dios contra los hombres (Mat. 23:13).  Los Judíos habían tratado de impedir a muchos otros de ser súbditos del reino.  Pablo declaró a los Romanos que el reino era justicia, paz, gozo (14:17).  A este se entra por medio de la obediencia (Mat. 7:21).

Cuando alguien en una multitud de Judíos preguntó a Jesús cuando llegaría el reino de Dios, respondió que no vendría con advertencia, porque ya estaba en medio de ellos – “está entre vosotros” (Luc. 17:21).  El reino estaba en ese momento entre ellos en su mismo vecindario y solamente necesitaba ser reconocido.  Cualquiera podía buscarlo a través de la fe, la justicia y el amor.  El reino no es un territorio o un sistema de maquinaria eclesiástica; Jesús tenía en mente un programa espiritual.

Algunos pensaron que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente (Luc. 19:11), pero Jesús no limitó su venida a una ocurrencia en un momento, ya fuera en un extenso futuro en la así llamada “segunda venida” o en Pentecostés.  La última es un fuerte ejemplo del cumplimiento, así demostrado por Lucas 22:18 y 24:46-49, Daniel 2 y otros pasajes; pero el reino de Dios también empieza (o es extendido) en cualquier momento que un creyente arrepentido es bautizado (Juan 3:3-5).  Sujeta su voluntad al Rey, entrando en  Su reino por medio de un cambio intelectual y moral y una subsecuente transformación de vida.  En ese sentido el reino viene a los individuos hoy día.

El reino de Dios también “vino” sobre Jerusalén en el 70 D.C. cuando Jesús desplegó el poder divino por medio de traer juicio sobre la nación Judía desobediente y rebelde, mientras entregaba a los Cristianos a la seguridad (Luc. 21:31; compárese cuidadosamente con Mat. 24:33). La liberación de estos Cristianos fue por medio de las advertencias dadas a los Cristianos Judíos para que dejaran Jerusalén, como está registrado en Luc. 21:5 y Sigs.:  “cuando veáis que suceden estas cosas (señales), sabed que está cerca el reino de Dios” (v.31).

De esta manera, el reino de Dios no es una nación física que deba ser establecida sobre la tierra al final del tiempo, sino que es completamente espiritual en propósito y diseño.  Nunca está limitado geográficamente sino que es el gobierno real del Mesías en los corazones de los creyentes.  Es el poder del evangelio para cambiar un corazón de manera que El pueda reinar sobre este.

Este reino no es material.  No es externo.  “No es de este mundo” (Jn. 10:36).  Es completamente espiritual, al que se entra por obediencia, y es recibido con humildad (Luc. 18:17), y habitado por súbditos que reconocen libremente el reinado de Cristo y le permiten reinar en sus corazones.  Está caracterizado por el servicio:  “... el que quiera ser grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mat. 20:26).

De esta manera, como el Cristo mismo reina ahora, todos los Cristianos fieles por la vida y la verdad la cual poseen también reinan ahora por medio de El.  Los Cristianos al vencer (Ap. 3:21), sufrir (2 Tim. 2:11-12) y en su comida de la Cena del Señor (Juan 6:57), se sientan y reinan con el Cristo en vida (Rom. 5:17).  Los Cristianos son ahora un sacerdocio real (1 Ped. 2:9); en vista de que Cristo es ahora nuestro sumo sacerdote (Heb. 6:20; 7:1 y Sigs.), también debe ser nuestro Rey (Zac. 6:13).

Por tanto, los anuncios proféticos del reino tuvieron su cumplimiento en la iglesia primitiva del Nuevo Testamento y eventos asociados.  Claramente, “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios (Dios reinando en los corazones) es anunciado ...” (Luc. 16:16).  El reino no esperaría por un tiempo en el lejano futuro durante un revivido Imperio Romano cuando serían restaurados los sacrificios en el templo, junto con la aparición del anticristo al final del tiempo.  Lo último no es algún individuo, como creen los especuladores milenarios, sino que el anticristo es cualquiera que niegue la deidad de Jesús (1 Juan 2:20 y 2 Juan 7).

 

Las Setenta Semanas de Daniel

El profeta Daniel habló del curso de los eventos futuros que trajeron un fin de la nación de Israel en el 70 D.C.  Estos son discutidos en dos pasajes altamente figurativos, 9:24-27 y todo el Capítulo 12.  Ambos pasajes de Daniel mencionan la “abominación desoladora” la cual Jesús en Mat. 24:15 y Mr. 13:14 atribuye ciertamente al tiempo antes de la destrucción de Jerusalén.  Por tanto, esta referencia inspirada por Jesús mismo no está sujeta a una reserva humana o “cumplimiento parcial”.

La visión de las setenta semanas (9:24-27) es un pasaje favorito de los milenarios.  Su familiar interpretación “un día es igual a un año” significa que las setenta semanas se extenderían sobre un período literal de 490 años.  Varios expositores milenarios difieren grandemente en cuanto a cuándo empieza y termina este período, y los juegos malabares de los eventos históricos para ajustarse a los 490 años muestra la falacia de tal suposición.  Las setenta semanas muy probablemente representan una completa plenitud de tiempo indefinido, quizás simbólica de los setenta años de cautiverio.  Cuando Jesús dijo perdonar “setenta veces siete” (Mat. 18:22), tuvo en mente un indefinido número de veces.

Seis declaraciones en el v.24 describen al Mesías y lo que haría; todo se cumplió con Su misión y obra en la tierra.  El más dificultoso versículo 25 menciona el evento que inició las setenta semanas “determinadas sobre tu pueblo” (v.24a).  Este era la “salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén ...”  Probablemente el decreto de Ciro en el 536 A.C. de reedificar a Jerusalén es lo que se quiso decir, aunque existen más de una docena de interpretaciones, ¡cada una con su propio año como punto de inicio!  No debería haber tanto interés sobre un principio o un final como la substancia y propósito del pasaje.

Las primeras siete semanas se extienden a Esdras en el 432 A.C., cuando los muros de la ciudad fueron reconstruidos.  El período de 62 semanas mencionadas en el v.26 es probablemente la era de alrededor de 450 años entre los pactos, llegando al tiempo cuando al Ungido se le “quitaría la vida” (v.26b), eso es, en la cruz.  El dificil versículo 27 declara que un pacto sería hecho con muchos por una semana y que los sacrificios cesarían, y luego la abominación y desolación aparecería cuando se derramara la ira.

La semana en el v.27 es el último de los tres segmentos en la visión.  Si el primer período de tiempo profético de “siete semanas” fue cumplido en 104 años literales, y el segundo período de “62 semanas” abarca alrededor de 450 años literales, entonces la “otra semana” final sería consistentemente un período de tiempo literal de menos de siete semanas, exactamente como las 62 semanas son más que las siete semanas.

El conjunto de imágenes y el período de 37 años entre la cruz y la disolución del estado Judío se ajusta nítidamente con la destrucción Romana de Jerusalén en el 70 D.C. como el término del tercer período de tiempo.  Que las semanas y los años de los tres períodos de tiempo  no son proporcionados no importa, porque el interés primario de Daniel mismo se refiere a una secuencia de eventos antes que fijar fechas correspondientes para que se ajusten a un cálculo matemático.  Cualquier esfuerzo por continuar lo último siempre se encuentra con inmensas dificultades.

El v.27 también declara que habría un “completo final sobre el desolador”.  Esto vendría sobre “tu pueblo y sobre tu santa ciudad” (v.24), el sujeto de la frase en el v.27.  La ira sería derramada sobre el ”desolador”, la cual es la misma palabra que Jesús usó cuando contempló la caída de Jerusalén en Mat. 23:38 - “He aquí que vuestra casa os es dejada desierta (o desolada)”.  Los varios versículos siguientes de Mateo extendiéndosen en el Capítulo 24 llevan a la referencia de Jesús de la “abominación desoladora de que habló el profeta Daniel ...” (Mat. 24:15).  Por tanto, el comentario de Jesús sobre la ciudad desierta o desolada y Su referencia a que “con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador” debería dejar poca duda que la semana setenta termina con la destrucción de Jerusalén por el General Tito y sus legiones.

El “pueblo de un príncipe” (v.26) son probablemente los Romanos y el general que destruyó la ciudad y el santuario, como se mencionó en la mitad del versículo.  La “inundación” es un desbordamiento de la destrucción de los invasores, idéntica al arrasamiento y desbordamiento de Israel por parte de los Asirios alrededor del 720 A.C., como se describió por Isaías (8:7).  Daniel emplea la misma figura.  Las desolaciones que están determinadas son llevadas a cabo hasta el final del versículo 27.

La mitad del versículo 27 menciona que el sacrificio y la ofrenda cesarán, a la mitad de (o durante) la semana.  Esto probablemente se refiere a la terminación del servicio del templo justo antes del “completo final”.  El  “ala de las abominaciones” (Versión Moderna) fueron los actos sacrilegos en el templo; la “ala” es literalmente el “pináculo” o techumbre.  Si el pináculo es una sinécdoque para el templo, una lectura amplificada sería:    “Sobre la techumbre del templo vendrán las abominaciones de uno que desolará”.  La “ira” (Versión Moderna) es Cristo ejecutando venganza a través de los Romanos sobre el pueblo desolado, trayendo a los apóstatas a un “completo fin”.

Veamos a continuación un análisis un poco mas detallado acerca de las setenta semanas de Daniel 9.

 

Daniel 9:24-27

24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

25Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

26Y después de las setenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.

27 Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda.  Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.

 

A. EL VERSICULO 25 MUESTRA CUANDO EMPIEZA EL PRIMER PERIODO DE LAS SIETE SEMANAS.

 

Nótese en el versículo 25, estas primeras siete semanas empezaron con el gran decreto trascendental y divinamente expedido por Ciro el Grande de retornar y reconstruir la ciudad de Jerusalén.  Los Judíos habían estado en cautividad primero con los Babilonios y luego con los Medo-Persas, y fue por voluntad de Dios que Ciro dió el mandato de retornar y reconstruir.

Una de las profecías más asombrosas en el Antiguo Testamento es la profecía de Israel en Isaías 44 y 45 de que Jerusalén sería reconstruida.  Dios llama al hombre que daría el decreto por nombre - «Ciro».  Esta profecía vino algunos 200 años antes de que Ciro aun llegara al trono.  Isaías 44:26-27 muestra la toma de Babilonia y llama a Ciro «mi pastor» [de Dios].  Luego en Isaías 45:13, vemos:

 

Isaías 45:13

13 Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos.

 

Entonces, había dos cosas que Ciro debía hacer, y ellas marcaron el comienzo de las setenta semanas:  (1) Restaurar la ciudad  (Jerusalén), y (2) retornar los cautivos a su hogar.  Esto es exactamente lo que le fue dicho a Daniel por el ángel en Daniel 9:25 - «...desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén...» (Véase también el v.24).

 

B. EL VERSICULO 25 MUESTRA LAS PRIMERAS DOS DIVISIONES EN LAS SESENTA Y NUEVE SEMANAS.

 

«...de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas».

 

 

                  Restaurar                                        Hasta el Mesías Príncipe

                       7                                                          62

            |___________________|          |_______________________________|                                          

               

                                                                        69

        |________________________________________________________| 

 

 

Al final de las 69 semanas es la llegada del Príncipe, el Mesías.  El término Mesías es una palabra Hebrea descriptiva significando «el ungido».  Jesús fue presentado a Israel como el ungido en Su bautismo en el Jordán, porque aquí el Espíritu descendió sobre El.  Como Pedro dijo en Hechos 10:38 - «Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret...».  De esta manera, vemos que este día trajo a Israel al Mesías ungido con poder.  Jesús hablo de esto directamente después de su acontecimiento en Lucas 4:16-21, cuando leía de Isaías:  «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha UNGIDO para dar buenas nuevas...».

Los términos de esta profecía hacen claro que la expiración de la semana 69 traería el cumplimiento de la más grande de todas las promesas, la manifestación de Cristo a Israel.  Los registros del Nuevo Testamento muestran este evento.  No obstante, ¿con qué propósito había venido?  ¿Qué debía llevar a cabo para la liberación y prosperidad de Su pueblo, Israel?  Los  Judíos estaban esperando una era de triunfo sobre todos sus enemigos, una era de gran prosperidad y gloria nacional, y una era de supremacía de ellos sobre todas las naciones.  A las luz de estas expectativas, la profecía debería parecer muy extraña.  Esta sería completamente irreconciliable con sus esperanzas de lo que el Mesías prometido debía hacer por ellos.  Pero la única cosa dicha de El fue que se le debía «quitar la vida...mas no por sí».

Este punto necesita ser hecho más claro.  El rechazo de Cristo fue entendido antes de la fundación del mundo.  Dios claramente entendió que el propósito de la misión de Cristo fue antes de que el mundo fuera creado — vivir y morir.  Nada es dicho con respecto a un reino terrenal en Su primera venida.  ¡NADA!  Algunos de los pasajes del Antiguo Testamento que muestran el propósito y la misión de Cristo de vivir y morir son el Salmo 22 e Isaías 53.  El Antiguo Testamento no sabía nada acerca de un día temporal, de la gloria nacional para Israel y el Mesías.  En lugar de eso lo muestran como el crucificado, el siervo sufriente, muerto por Su pueblo (Salmo 22, Isaías 53, y Daniel 9).

 

C. ¿QUE ACTIVIDADES SON PROFETIZADAS QUE OCURRIRAN DURANTE LAS SETENTA SEMANAS?

 

Esta pregunta desciende hasta la estocada del significado.  Durante este período de tiempo hay diez profecías para ser cumplidas.  Cuando podamos mostrar que ellas se han cumplido, entonces sabremos que la consumación del v.27 ha llegado y no hay descripción del fin de la actividad mundial, porque ya todo ha ocurrido.

 

1. Terminar la Prevaricación (v.24) — Las prevaricaciones de Israel por largo tiempo habían sido el tema de la palabra de Dios a Israel.  Fue a causa de tales «prevaricaciones» que estuvieron cautivos en Babilonia y Medo-Persia.  En el capítulo 9:11 dice Daniel:  «Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no obedecer tu voz; por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición...».  Pero el ángel le reveló las penosas nuevas de que la medida total de las «prevaricaciones» de Israel aun no se había completado,  y que los hijos aun debían colmar la iniquidad de sus padres.  Esto debía traer una «desolación» más grande que la que había sido anunciada por Nabucodonosor.  Porque, el «termino  de la prevaricación» podría significar nada menos que el evento final de la prevaricación — ¡la crucifixión del Hijo de Dios!

El Señor se refirió a esto en Mateo 23:32-35 — «¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!...para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra...».  Cuando ellos lo colocaron en la Cruz, la prevaricación de Israel fue completada (llenada).

Considere la analogía con la promesa de Dios a Abraham.  Abraham  no pudo tomar posesión de la tierra prometida en el momento de la promesa porque  «...aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí» (Génesis 15:16).  En Romanos 2:5 vemos donde los Judíos atesoraban o guardaban ira hasta que finalmente fue desatada sobre ellos.  Este fue el cumplimiento de la maldad acaecida.  Cuando Dios vio que la maldad de los Amorreos había alcanzado su cima, Israel los destruyó conforme a la promesa hecha a Abraham.  Del  mismo modo, así fue con los Judíos.

 

2. Poner Fin al Pecado — Jesús se convirtió en la ofrenda por el pecado.  El libro de Hebreos está lleno de declaraciones que muestras los resultados de Su muerte.

 

3. Expiar la Iniquidad — Cuando Cristo murió y resucitó, la expiación por el pecado y la reconciliación para los enemigos de Dios fue completa y finalmente llevada a cabo.  Colosenses 1:12-22 muestra el lugar del reino en la expiación y reconciliación.

 

4. Traer la Justicia Perdurable — La justicia es el rasgo más sobresaliente del Reino de Dios.  Mateo 6:33 - «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas».  Romanos 14:17 - «Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo».

 

5. Sellar la Visión y la Profecía — Esto atiende a la ceguera espiritual de Israel.  Isaías 6:10 habla de la falta de entendimiento de Israel como la ceguera que el Señor cita — Mateo 13:14-15.  Aquí, esta misma clase de significado es referida en ambas, en la «visión» y en la «profecía».  Eso es, ambos, el ojo y el oído estaban cerrados, de manera que viendo, no verían, y oyendo, no escucharían (Isaías 6:10).  Cristo cita esto, Mateo 13:14-15 y Juan 12:39-41; también Pablo, Hechos 28:25-27.  De esta manera, el mensaje no sería oído o visto por aquellos que lo necesitaban.

 

6. Ungir al Santo de los santos.  El «Santo de los santos» se refiere al Mesías.  En el Antiguo Testamento es referido como la comunicación del Espíritu de Dios - 1 Samuel 10:1.  Esto es cumplido en Mateo 3:16 a medida que el Espíritu vino sobre Cristo.  Véase Hechos 10:38.

 

7. Confirmar el Pacto con Muchos (v.27).  Es la inclusión de los Gentiles en el plan de Dios.  Después de sacar de los escritos de los varios profetas del Antiguo Testamento, Pablo concluye en Romanos 9:30-33 que los Gentiles  que «no eran el pueblo», que eran ignorantes de la Ley Mosaica, y no la siguieron, son AHORA justificados por el Evangelio.  El versículo 31 dice que Israel que siguió las instituciones Levíticas, falló.  ¿Por qué?  Porque tropezaron en el Mesías - v.32-33.  Esto es exactamente lo que Dios dijo que ocurriría.  «Muchos...los Gentiles».

 

8. Hará Cesar el Sacrificio (v.27).  A Su muerte ninguno podría estar agradando a Dios por medio de la sangre de toros y machos cabríos, porque existía un nuevo pacto.  Mateo 27:51.

 

9. La Muchedumbre de las Abominaciones (v.27) - Mateo 24:15 — La destrucción de Jerusalén.

 

10. La Consumación, y lo que Está Determinado se Derrame Sobre el Desolador.  Al final de la dispensación Judía, eso que Dios ha determinado o planeado será derramado sobre el desolador (los Judíos).  Jesús los llamó desolados [desierta] en Mateo 23:38.

 

Veremos que al tiempo de la «consumación» (Daniel 9:27), todo esto se habrá cumplido y las setenta semanas completadas.

 

 

D. LA ACTIVIDAD DEL PRINCIPE EL MESIAS.

 

Como hemos visto, Daniel 9:26 muestra que a la mitad de la semana 70 al Mesías se le «quitará la vida».  Pero hay más para ser hecho en esa ultima semana.

 

1. EL PUEBLO DE UN PRINCIPE DESTRUIRA EL SANTUARIO.

 

En Mateo 23:37-39, Cristo habla del castigo de Israel por su rechazo - «He aquí vuestra casa os es dejada desierta».  Jerusalén sería destruida y el reino sería dado a otro (Mateo 21:41).  Cristo iba a usar un agente en esta destrucción.  En Mateo 24:31 ellos son referidos como «ángeles».  Sabemos que los ángeles son usados como mensajeros de las actividades de Dios en muchos otros pasajes.  El «pueblo de un príncipe» (Daniel 9:26, Mateo 21:41) y los ángeles (Mateo 24:31) son los Romanos que Dios está usando para cumplir la profecía y traer a un fin a este sistema que crucificó a Su Hijo.

 

a. ¿Cuándo Harán Ellos Este Acto?

Daniel 9:26«...y su fin será con inundación, y hasta el fin de las guerras durarán las devastaciones».  La destrucción de Jerusalén  marca el comienzo de la última semana 70.

b. La Muchedumbre de las Abominaciones.

La muchedumbre de las abominaciones de Daniel 9:27 es referida por nuestro Señor en Mateo 24:15 como «...la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel...».  El contexto de Mateo 24 muestra que El está aplicando esto a la destrucción de Jerusalén.  Podemos ver como aquellos que quieren que Mateo 24 sea el fin del mundo son agarrados y tienen que hacer que la última semana sea también el fin del mundo.

 

2. «POR OTRA SEMANA CONFIRMARA EL PACTO CON MUCHOS».

 

El premilenarismo quiere hacer que esto se refiera a un anticristo que hace un pacto con Israel al final, solamente para romperlo.  Pero esto equivoca el punto totalmente.  El pacto es hecho por el Mesías Príncipe.  La «otra semana» no se refiere a la duración del pacto, sino al tiempo cuando fue confirmado; siendo la confirmación por medio del derramamiento de la sangre de Cristo (Hebreos 9:14-20).  El cumplimiento de este importante rasgo de la profecía provino de la propia vida de nuestro Señor.  Mateo 26:28 «Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos se derrama para remisión de los pecados».  En estas palabras encontramos cosas que concuerdan con la profecía de Daniel:

 

a. Al que debía confirmar el pacto, Cristo.

b. Al pacto mismo.

c. Lo que «confirmó» el pacto, la sangre.

d. Aquellos que reciben los beneficios del pacto son los «muchos».

 

La identificación está completa, porque las palabras corresponden perfectamente con aquellas de la profecía.  Por supuesto, este es el Nuevo  Pacto de Jeremías 31:31 y Hebreos 8 y 9.

El término «por» otra semana ha llevado a muchos a desviarse en este versículo (Daniel 9:27).  El término «por», nos es dicho, en realidad no está en la traducción Hebrea, pero eso provee poca ayuda, porque alguien siempre está declarando que un término no está en el texto.  El mejor razonamiento viene de la versión de los Setenta de este pasaje.  Este se vuelve especialmente significante cuando escuchamos al Señor citar de la versión de los Setenta en Mateo 24:15 — ¡este mismo versículo!  De esta manera citamos este versículo en la versión de los Setenta tal como el Señor la cita en Mateo 24:15 -

 

«Y en una semana será establecido el pacto con muchos».

 

De esto vemos que la una semana no era la duración sino el período cuando este fue establecido o confirmado.

 

3. «A LA MITAD DE LA SEMANA HARA CESAR EL SACRIFICO Y LA OFRENDA».

 

a. «A la  Mitad de la Semana».

 

El Evangelio de Juan muestra que el ministerio de Cristo duró tres años y medio.  Con esto concuerda el historiador Eusebio, diciendo:  «Está registrado en la historia que todo el tiempo de la enseñanza y obra milagrosa de nuestro Salvador fue de tres años y medio».  Esto coloca la crucifixión a la mitad de la semana. 

 

b. «Hará Cesar el Sacrificio y la Ofrenda».

 

Una vez que Cristo murió en la cruz, ofreciendo a sí mismo como «sacrificio para siempre por el pecado» (Heb. 10:12), el velo del templo  se rasgó (Mateo 27:51) y el sistema literal de los sacrificios terminó para siempre.  El Antiguo Pacto fue abrogado.  Hebreos capítulo 8-9 y 10 muestra el fin de los toros y machos cabríos, y el comienzo de una nueva dispensación bajo la sangre y Sumo Sacerdocio de Jesucristo.  En Hebreos 10:12 está declarado expresamente que Cristo quito los sacrificios de la ley cuando se ofreció a sí mismo como el «una vez para siempre...solo sacrificio por los pecados».  Luego, «se sentó a la diestra de Dios».  Aquellos sacrificios, por tanto, dejaron de existir en la contemplación de Dios desde el momento en que Cristo murió.  

 

Ahora, coloquemos todo esto junto en un diagrama para mostrar lo que abarca la descripción.

 

LAS TRES DIVISIONES DE LAS 70 SEMANAS

 

A. Daniel 9 — la primera semana de 7.

 

1 ______________7 Semanas________________ 2

 

1. Empieza con el mandamiento de restaurar y edificar Jerusalén.

2. Aunque no nos es dicho exactamente, esto debe haber terminado con la conclusión de la obra por Esdras y Nehemías.