Decentemente y con orden

 
 

      1 Cor. 14:40 dice, "pero hágase todo decen­temente y con orden". Había desorden en la iglesia de Corinto. Usaban mal los dones espiri­tuales y esto había causado mucha confusión en la asamblea. Aparentemente preferían hablar en lenguas y lo hacían sin tomar en cuenta el buen orden en el culto.

      En el v. 27 dice Pablo, "Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete", para evitar la confusión. "Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que es­táis locos?" (v. 23). El desorden y la confusión no edifican, sino que causan disgusto entre los visi­tantes. Se les invita a volver, pero ¿por qué volver? No reciben provecho; no se edifican.

      El servicio bien ordenado produce un gran beneficio para todos. El culto en que algún hermano dirige el estudio (sea clase o sermón) y en que hay reverencia de parte de todos es muy edificativo. Pero entre más distracción haya, más confusión habrá, y menos provecho espiritual. Los hermanos se desaniman y los visitantes no vuelven.

Platicar durante el culto o la clase

      En la clase bíblica conviene que el que habla -- sea el maestro o algún miembro de la clase -- hable claramente en voz alta para que todos oigan lo que se dice, y que los demás es­cuchen atentamente. Es importante que se oigan y que se entiendan los comentarios, las preguntas y las respuestas; de otro modo, no habrá beneficio (edificación). No conviene que haya conver­saciones privadas durante la clase, ni durante el culto. A veces mientras que el maestro y algún miembro o algunos miembros de la clase están dialogando sobre algún punto, otros empiezan una conversación privada. Esto produce mucha confusión. En tal caso el que dirige la clase debe ser el "maestro" y controlar la clase para mantener buen orden. Debe dirigir la clase para el beneficio de todos y no dejar que ciertos hermanos o visitantes interrumpan y es­torben el estudio.

Niños

      Siempre existe el problema del decoro malo de los niños durante el culto formal (de cantos, oraciones, cena del Señor, ofrenda y predicación). Las madres merecen nuestro aprecio y alabanza por llevar a sus niños al culto, y los padres (varones) deben ayudar a sus esposas a cuidar de los pequeños. Estos deben aprender en sus primeros años lo que significa adorar a Dios. El infante que llora du­rante el culto debe llevarse a otra parte hasta que deje de llorar. La madre que se queda en la asamblea y sigue tratando de calmar al niño estorba la adoración de la iglesia. Esto debe evitarse. Asimismo los párvulos deben enseñarse a sen­tarse durante el culto y no estar bajándose de su asiento para correr y jugar, o para ir al baño y a tomar agua, durante el culto. Esto distrae y estorba el culto y está fuera de "orden". Los chiquitos harán lo que se les permita hacer, pero aprenden rápidamente si se les enseña cómo portarse durante el culto.

      Los padres pueden y deben controlar con firmeza y constancia a sus hijos. Aun los más pequeños pueden aprender a sentarse bien, a escuchar, y a participar en el servicio. Deben recibir beneficio espiritual a una muy temprana edad.

      El niño que se porta mal debe ser sacado de la reunión y castigado, y luego inmediata­mente traído otra vez a la reunión con la expli­cación de que debe sentarse y estar quieto. Muchos padres no entienden o no quieren aceptar que sus hijos pueden ser enseñados a sentarse y estar quietos durante el culto. El problema principal no es con los niños, sino con los padres.

      Es necesario dar atención a este asunto. A veces el predicador (u otro hermano encar­gado) no dice nada acerca de esto por temor de ofender a los padres, pero lo importante es no ofender a Dios quien dice "Hágase todo de­centemente y con orden". El no aceptará el culto desordenado. Por lo tanto, para no ofender a los padres irresponsables ofendemos a Dios y permitimos que nuestro culto no sea aceptable delante de El. ¿De qué nos sirve si los padres vuelven a su casa felices y nada ofendidos pero Dios sí queda disgustado con nosotros y la "adoración" que le ofrecemos?

Puntualidad

      El llegar tarde al estudio bíblico y al culto es otro ejemplo de desobedecer 1 Cor. 14:40. Los miembros que habitualmente llegan tarde con actitud de descuido e indiferencia se roban a sí mismos (de la primera parte de la clase o del culto), y también estorban y distraen a los demás. Esta actitud es una de desprecio -- y aun de desdén -- hacia el culto a Dios. Parece que los tales tienen la actitud de que el asistir a las reuniones de la iglesia es un deber aburrido. Aunque estén presentes, su corazón está en otro lugar.

      Los mismos hermanos que llegan tarde al culto llegarán media hora temprano a una fiesta o a un juego de pelota. ¿Qué indica esto en cuanto a lo que es más importante para ellos?

Jóvenes

      A veces se observa que los jóvenes causan estorbo durante el culto. En lugar de participar en el culto,  de alguna manera se divierten. Hay sonrisas y aun risas, platican en voz baja, es­criben recaditos, etc. Aun durante la cele­bración de la cena siguen con su compor­tamiento irrespetuoso. Esto me hace recordar el caso del predicador que en una ocasión fue estorbado grandemente por el compor­tamiento de los jóvenes y él dijo a la congre­gación, "Hace algunos años, un joven estuvo presente en una asamblea donde predicaba yo y se portaba muy mal, y yo le exhorté públicamente. En­tonces después del servicio, una hermana me dijo, 'Usted cometió una falta grave, porque ese joven que usted reprendió está enfermo mentalmente, y no le convenía a usted tratarlo así'. Desde aquella fecha he temido exhortar a los jóvenes que se portan mal durante el servicio".

No jugar con niños

      Tal vez la distracción principal en el culto es la práctica de jugar con los bebés y aun con niños que deben escuchar el sermón. No se niega que los pequeños requieren atención, pero cualquier predicador le dirá que hay quienes ponen más atención en los niños (mayormente en los infantes) que en el ser­món. Las personas sentadas cerca de la madre y su infante la quieren "ayudar". Hacen caras y señas al niño para hacerle reír. Le dan chicle y dulces y artículos que sacan de la bolsa (o bol­sillo) y se dedican toda la hora a la diversión del niño, haciendo más difícil la tarea de la madre. Hermanos, "esto no debe ser así".

Conclusión

      "De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa" (1 Cor. 11:27, 28). De la misma manera, cada quien debe probarse a sí mismo al participar de los demás actos de culto. "Pero hágase todo decentemente con orden" (1 Cor. 14:40)

 
 
Cuando el "mono" se vea verde,
 llámenme para conversar.



 
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