¿Debe la mujer cubrir la cabeza
cuando ora?
 
 


 
   Pablo instruye con respecto al uso de los dones espirituales en 1 Corintios 11, 12, 13, y 14. Dice 1 Cor. 11:4, 5, "Todo varón que ora o profe­tiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado". En­tonces agrega en el v. 6, "Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra".

      En el primer siglo había varias profetisas en la iglesia, en cumplimiento de la profecía de Joel 2:28 (véase Hechos 2:17), "vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán". Felipe "tenía cuatro hijas doncellas que profe­tizaban" (Hechos 21:9). En la primera carta a los corintios Pablo enfatiza el buen orden en el uso del don de profecía (y pone aun más énfa­sis sobre el uso correcto del don de lenguas, véase el cap. 14). Los que tenían este don tenían que profetizar "uno por uno, para que todos aprendan" (14:31). "Hágase todo decen­temente y con orden" (14:40), porque Dios "no es Dios de confusión" (14:33).

      Asimismo en 1 Cor. 11:1-6 Pablo enseña el buen orden. Dice el ver. 3, "Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo". Hubiera sido, pues, fuera de orden para una profetisa orar o profetizar con la cabeza descubierta, porque así habría afrentado su cabeza.

      El orar y el cantar bajo la inspiración del Espíritu Santo fue regulado por Pablo en 1 Cor. 14:15, 16. El orar y el profetizar fue regu­lado en 1 Cor. 11:1-16. En estos capítulos Pablo instruyó a los miembros que hicieron el papel de liderazgo en la iglesia que aunque eran inspirados por el Espíritu Santo tenían que ob­servar el buen orden (1 Cor. 11:3; 14:40). Dice el v. 10, “Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles”. El velo era su “señal de autoridad” (exousia). Pablo no dice que la mujer debe tener señal de sujeción (hupotage), sino de AUTORIDAD. Esa señal que ella usaba era el velo. La mujer que oraba o profetizaba en la iglesia hacía lo que el varón hacía (el lenguaje del v. 5 es idéntico con el lenguaje del v. 4, palabra por palabra); por eso, ella debería llevar su “señal” de autoridad, es decir, la señal que le dio la autoridad para ejercer ese papel de liderazgo.

      Si alguna profetisa oraba o profetizaba con la cabeza descubierta, afrentaba su cabeza, "porque lo mismo es que si se hubiese rapado" (v. 5). La cabeza afeitada indicaba una mujer de mala reputación. El problema clave fue la falta de sujeción (v. 3). Este es el tema central de los v. 1-16. El punto principal es que aun la mujer inspirada tenía que demostrar su suje­ción.

      Hoy en día no hay profetisas. Todos los dones del Espíritu pertenecían a la iglesia primitiva. Ahora no "conocemos en parte" (1 Cor. 13:9), porque tenemos el Nuevo Testamento completo (1 Cor. 13:10) y, por lo tanto, no hay que profetizar en parte (1 Cor. 13:9, 10). El profetizar significa "hablar una revelación directa de la mente de Dios por medio del Es­píritu Santo". No hay mujer que pueda hacer esto ahora.

      La lección de este texto es el buen orden (como en 1 Cor. 14). Si la conciencia de alguna hermana le mueve a cubrir su cabeza cuando ora, ella debe respetar su propia conciencia (Rom. 14:1-5, 23), y también ella debe ser respetada por los otros miembros,  pero no conviene que se imponga esta práctica en la iglesia, porque los dones del Espíritu Santo no existen ahora.

      (Véase el estudio sobre "El velo y la comunión" en este libro de sermones).

 
 

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