El velo y la comunión  
 


 

     Algunos hermanos dicen que 1 Cor. 11:1-16 enseña que en la actua­lidad la mujer debe cubrir la cabeza cuando ora, pero no pueden probarla. Si alguna hermana cree que debe cubrirse, si tiene duda acerca del asunto y cree que para ella fuera mejor cubrirse, que lo haga, porque es necesario respetar la conciencia (Rom. 14:23).

      Los hermanos que creen esta proposición no deben imponerla sobre otros, porque no pueden probarla. Es una cuestión que cada persona debe decidir por sí misma, y la con­ciencia de cada persona debe ser respetada por todos.

      Este artículo se escribe con el propósito de evitar la división sobre esta cuestión. El her­mano o la iglesia que impone la práctica como ley causa división y dará cuenta a Dios por ello.

      Si los que creen en la proposición no obli­gan a otros a que la crean y practiquen, y si los demás no prohiben la práctica, entonces no habrá división, sino respeto mutuo.

      Esta cuestión no se puede comparar con el bautismo, la cena del Señor y otros asuntos bien claros que tienen que ser creídos y aceptados por todos. Por ejemplo, no podemos tener comunión con los que dicen que el bautismo no es para perdón de pecados, ni con los que dicen que no es necesario tomar la cena cada domingo.

      La falta de respeto por la autonomía de la iglesia ha causado una división amarga en la iglesia.

      Tampoco debemos tener comunión con los que rechazan la enseñanza del Nuevo Testa­mento sobre el divorcio y segundas nupcias. (Lamentablemente hay hermanos que profe­san ser "conservadores" que afirman que el fornicario repudiado queda libre para casarse; pero si aun éste está bien en segundas nupcias, ¿quién no estará bien en segundas nupcias? Es­tos hermanos hacen burla de la enseñanza divina sobre este tema; por lo tanto, no debe haber comunión con ellos.) Pero el desacuerdo entre hermanos sinceros con respecto al velo no se puede comparar con la cuestión del di­vorcio y segundas nupcias.

      El propósito de este artículo es presentar al­gunos argumentos que tendrían que probarse para poder es­tablecer la proposición de que la mujer debe cubrirse cuando ora en silencio (siguiendo la oración dirigida por algún hermano):

      1. Sería necesario probar que el texto habla de dos clases de mujeres, la una inspirada y la otra no. Es imposible probar esto.

      2. Sería necesario probar que el texto habla de la oración ordinaria -- y aun en silencio -- de la mujer, aunque la palabra "ora" aparece en la misma frase con la palabra "profetiza". Debe­mos usar bien la Palabra. Todos saben que el profetizar era acto público, para la edificación de la iglesia (1 Cor. 14:4). No es lógico que Pablo conectara el orar ordinario (y aun en si­lencio) con el acto público de profetizar (predicar bajo inspiración). Lo que Pablo en­seña en 1 Cor. 11:1-16 tiene que ver con la práctica de las "iglesias de Dios" en aquel tiempo.

      El contexto rige y, por eso, en este texto no es correcto aislar la palabra "ora" y afirmar que significa la oración ordinaria. 1 Cor. 7:5 se re­fiere a la oración ordinaria, pero 1 Cor. 11:4,5 se refiere obviamente a una actividad pública.

      Compárese 1 Cor. 14:14-16, texto que habla no de la oración ordinaria, sino de "orar con el espíritu" (que significa la misma cosa que "orar en lengua"), en la congregación (porque la gente decía "Amén"). El orar en lengua de este texto no solamente se relaciona con el profetizar, sino también con el cantar en lengua ("con el espíritu"), mientras que en 1 Cor. 11:4,5 el orar se relaciona con el profeti­zar. Son actos de culto llevados a cabo por per­sonas inspiradas. En estos textos Pablo no se refiere a la adoración individual ni de hombres ni de mujeres, sino a ciertos actos del culto en la iglesia.

      Algunos hermanos se han burlado de la idea de "oración inspirada", pero 1 Cor. 14:14-16 se refiere claramente a la oración inspirada. Además, muchos de los salmos son oraciones y, desde luego, todos son inspirados por Dios. Los profetas y profetisas de la Biblia enseñaba, oraban y cantaban bajo la inspiración de Dios.

      3. Sería necesario probar que la oración ordinaria -- y aun en silencio -- de la mujer no cubierta in­dica falta de sujeción. El tema de 1 Cor. 11:1-16 se ve en el v. 3, que "el varón es la cabeza de la mujer". Es lógico que a la mujer que oraba o profetizaba le convenía llevar "señal de autori­dad sobre su cabeza" (v. 10) para indicar su sujeción, porque ella participaba en actos públicos. Es fácil entender que había problema con respecto a la sujeción de la mujer inspi­rada, pero para poder imponer la cubierta como ley de Dios ahora sería necesario probar que la oración ordinaria de las hermanas indica in­subordinación si no están cubiertas. Dudo que los hermanos que enseñan la necesidad de la cubierta crean esto. Los actos inspirados de los profetas y profetisas (el profetizar, el orar, el cantar, etc.) eran actos extraordinarios y había peligro de que las profetisas dejaran su lugar de sujeción. El orar ordinario no es acto ex­traordinario que eleve a la mujer; al contrario, la mujer que ora manifiesta en ese mismo acto su sumisión. Por eso, en el orar ordinario no hay peligro de que la mujer deje su lugar de sujeción. Pero en el orar (bajo inspiración) o el profetizar había problema, porque por ser inspirada la mujer fue tentada a elevarse en forma indebida y a olvidarse de su lugar de su­jeción. La cubierta era su protección contra ese peligro, porque le recordaba a ella y a todos que aunque ella era inspirada, de todas ma­neras estaba sujeta.

      La mujer de 1 Cor. 11:5 que no se cubría era igual a una mujer de mala fama. Dice Pablo, "lo mismo es que si se hubiese rapado", la pena impuesta sobre la ramera. ¿Creen nuestros hermanos que en la actualidad si al­guna mujer no se cubre en la asamblea es como ramera?

      4. Sería necesario probar que hay diferencia en­tre el orar y profetizar del hombre (v. 4) y el orar y el profetizar de la mujer (v. 5). Las pa­labras en los dos versículos son idénticas y, por eso, indican que el hombre del v. 4 y la mujer del v. 5 hacían la misma cosa. No debemos saber más de lo que está escrito. Algunos en­señan que el mandamiento de 1 Cor. 14:34, 35 con respecto al silencio de la mujer aun pro­hibió que las mujeres inspiradas hablaran en la asamblea, pero es otra cosa que no pueden probar. Cuando Pablo entregó esta ley, él añadió que "también la ley lo dice" (es decir, la enseñanza de Pablo concuerda con la en­señanza del Antiguo Testamento con respecto a la sujeción de la mujer), pero las profetisas Débora, Hulda, Ana, etc. -- mujeres que vivieron bajo la ley -- enseñaron públicamente.

      5. Sería necesario probar que la conjunción "o" in­dica contraste o cosa de otra clase; es decir, que el orar y el profetizar no son actividades del mismo individuo en 1 Cor. 11:4,5.

      En 1 Cor. 11:4, 5 la conjunción "o" se usa como en Mat. 5:17 ("la ley o los profetas") y en Luc. 9:25 ("se destruye o se pierde a sí mismo"). En estos textos la conjunción "o" no indica con­traste. Las dos palabras "ora o profetiza" son palabras bien relacionadas la una a la otra y se relacionan también directamente con el tema del v. 3, la sujeción de la mujer. Pablo emplea participios como adjetivos, diciendo "toda orando o profetizando mujer". No se puede probar que Pablo habla de dos clases de mujer, la una no inspirada y la otra inspirada. La con­junción "o" no requiere tal conclusión.

      El significado exacto de estos participios es así: "Todo varón, cuando ora o profetiza ... Toda mujer, cuando ora o profetiza ... ".

      El léxico griego de los Señores Arndt y Gingrich define la conjunción "o" de la si­guiente manera: "partícula -- A. "o", separando (1) cosas opuestas, que se excluyen mutua­mente - Mat. 5:36; Apoc. 3:15; Mat. 21:25; 22:17; Mar. 12:14; 3:4, etc. (2) términos rela­cionados y similares, donde uno puede tomar el lugar del otro o uno es suplementario al otro - Mat. 5:17; 10:11,14,37; Rom. 14:13; 1 Ped. 1:11" (énfasis agregado por wp).

      El orar y el profetizar son términos rela­cionados y similares, uno es suplementario al otro. Hay prueba de esto en las versiones; por ejemplo, 1 Ped. 1:11 es una cita dada en el léxico. La versión que usamos en este estudio (Valera Revisada) traduce la partícula "y" ("qué persona y qué tiempo") en lugar de "o"; también en Mar. 6:11, "Sodoma y Gomorra", en lugar de "o"; la versión inglesa de King James la traduce "and" (y) en 1 Ped. 1:18, y en 1 Cor.  11:27; no sería incorrecto, pues, traducir esta partícula "y" en lugar de "o" en 1 Cor. 11:4, 5. No se afirma aquí que sería más co­rrecto hacerlo, sino solamente que el argu­mento que da énfasis a la conjunción "o" no tiene fuerza. No hay nada de contraste entre "ora" y "profetiza", sino son "términos rela­cionados y similares".

      Considérense otros textos: Luc. 12:14, "juez o partidor", términos similares; Hech. 10:28 "juntarse o acercarse"; Luc. 17:7 "un siervo que ara o apacienta" ganado" (literalmente, "un arando o apacentando siervo": el arar sostiene una relación al apacen­tar como el orar al profetizar. ¿Qué error habría en traducir "un arando y apacentando siervo"? Ninguno. Tampoco en traducir "una orando y profetizando mujer". Si hay error en esto, entonces nuestra versión se equivocó en la traducción de Mar. 6:11 y 1 Ped. 1:11, y la versión inglesa cometió el mismo error en otros textos.

      Sea lo que fuere la traducción de esta partícula (conjunción), la interpretación conse­cuente de este texto requiere que tanto la pa­labra "ora" como la palabra "profetiza" sea relacionada con el tema de la sujeción de la mujer.

      6. Sería necesario probarse que la mujer del v. 5 pro­fetizaba solamente a las mujeres y a los menores de edad. El v. 16 dice, "nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios". Esta costumbre o práctica (la de los v. 4, 5) era de las iglesias, y no solamente de algunos gru­pos privados (por ejemplo, de mujeres y niños). Los hermanos que creen que la mujer debe cubrirse cuando ora creen que deben hacerlo en la asamblea, y no se oye casi nada acerca de que la cubierta debiera usarse en el hogar o en otro lugar (por lo menos esta cuestión casi no se discute). Quieren que se use en la asamblea. Esto indica que ellos creen que la enseñanza de 1 Cor. 11:1-16 tiene que ver con la asamblea. Por lo tanto, según estos mismos hermanos, la mujer del v. 5 tenía que cubrir su cabeza en la asamblea. ¿Cuándo? cuando oraba o profeti­zaba (en la asamblea). Si esta enseñanza tiene aplicación ahora para la mujer cuando ora en la asamblea, entonces sin duda tenía aplicación para la mujer de Corinto cuando oraba o pro­fetizaba en la asamblea. De otro modo, ¿por qué discutir la cuestión? ¿cuál es el problema?

      Esto es el punto clave en este estudio. La mujer del v. 5 hacía algo en la asamblea que afectaba su sujeción (v. 3). ¿Qué hizo? Hizo lo que el hombre hacía: edificaba a la iglesia. ¿Cómo, pues, debería la mujer demostrar su sujeción? Cubriendo su cabeza cuando hizo lo que el hombre hacía.

      1 Cor. 14:4, "el que profetiza edifica a la iglesia". Pablo no dice que el hombre que pro­fetizaba edificaba a la iglesia, y que la mujer que profetizaba edificaba a las mujeres y niños. La profetisa edificaba al pueblo de Dios tanto en el Nuevo Testamento como en el Antiguo Testamento. Débora, siendo profetisa, era Juez; gobernaba la nación. Barac era su ge­neral y recibió órdenes de ella. Jueces 5 regis­tra el cántico de ellos en el cual se dirigían a Dios y al pueblo, cantando y orando. Ella go­bernaba a Israel aunque la ley decía que la mujer debería estar sujeta (1 Cor. 14:34). 2 Crón. 34:19-28 habla de la profetisa Hulda que instruía a los hombres más eminentes de Israel. Ana "no se apartaba del templo", "daba gracias a Dios (oraba) y "hablaba del niño a todos" (Luc. 2:37, 38), y no solamente a las mujeres y niños. Sería imposible probar que las profetisas del Nuevo Testamento eran de otra clase. La Biblia no habla de dos clases de profetas o pro­fetisas.

      La mujer de 1 Cor. 11:5 hacía la misma cosa que el varón del v. 4 hacía. Es por eso que a ella le convenía cubrir su cabeza como prenda de su sujeción; es decir, que aunque era inspirada, y aunque ella hacía lo que el hombre hacía, aunque ella edificaba a la iglesia, de cualquier modo, ella tenía que demostrar su suje­ción con la cubierta.

      7. Sería necesario probarse que la mera mención de la palabra "orar" requiere que sea oración or­dinaria. Dicen algunos, "El texto dice 'ora o profetiza', y las hermanas oran ahora; por eso, deben cubrirse". La mención de la palabra "ora" no es prueba de que sea oración ordi­naria. Muchos hermanos citan 1 Cor. 14:15, "Cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento" y lo aplican a nuestro servicio de cantos, pero lo aplican mal. El can­tar de 1 Cor. 14:15 no se refiere a nuestro ser­vicio ordinario de cantar himnos. "Cantaré con el espíritu" significa cantar en lengua, y orar con el espíritu significa orar en lengua, como el v. 16 explica claramente. Tampoco se refiere 1 Cor. 11:5 a la oración ordinaria.

      Todos sabemos que es necesario estudiar con mucho cuidado todo el texto y contexto, y no aislar una sola palabra. Si hacemos referen­cia a una sola palabra, entonces ¿qué diremos del v. 6 que no dice cubrir la cabeza para orar, sino solamente dice "si la mujer no se cubre". Sabemos del contexto que se refiere a cubrir la cabeza para orar o profetizar, pero el v. 6 no lo dice, sino solamente habla de cubrirse. Toda la expresión "cubrir la cabeza para orar o profeti­zar" no se repite a través del texto porque no es necesario hacerlo. Lo mismo en el v. 13, Pablo no repite la frase entera del v. 5 y solamente dice "ore", pero el tema del texto se expresa claramente en el v. 3, el problema se explica en el v. 5, y el resto del texto trata de esas dos cosas (el tema y el problema), usando expre­siones abreviadas. Es la manera normal en la cual todos hablamos y escribimos. Lo impor­tante es que estudiemos detenidamente todo el texto para determinar precisamente la en­señanza de Pablo.

      Si algún hermano insiste en que la mera mención de la palabra "ora" requiere que la mujer se cubra cuando ora, entonces para ser consecuente debe enseñar que la mujer debe cubrir su cabeza siempre y cuando ore, y en cualquier lugar, aun en su recámara, si está con su marido o si está sola, si ora en voz alta o si ora en silencio (en la asamblea, o en la cocina o en el automóvil). Según esto -- y para estar bien segura -- la mujer debería llevar al­guna cubierta todo el tiempo, día y noche, porque debe orar sin cesar.

      No digo esto para hacer burla. ¡De ninguna manera! Lo digo solamente para ha­cernos ver lo que la consecuencia requiere. La enseñanza presentada en este artículo es que 1 Cor. 11:4, 5 debe entenderse a la luz de su con­texto, y que la palabra "ora" no puede sepa­rarse de la palabra "profetiza", que no puede aislarse, como si fuera una enseñanza acerca de la oración ordinaria, como la enseñanza clara sobre la cena en los v. 23-27.

      8. Sería necesario probarse que los varios argumen­tos hechos por Pablo en este texto son para probar que la mujer no inspirada debe cubrir su cabeza cuando ora en silencio, siguiendo la oración dirigida por algún hermano. Los seis argumentos son para probar lo que Pablo dice en los v. 3 y 5. Todo el texto habla de cierta clase de mujer, la mujer descrita en el v. 5.

      En conclusión es importante repetir que este tratado se ha preparado para evitar la di­visión. Las hermanas que creen que deben cubrir su cabeza para orar deben hacerlo. Las hermanas que tienen duda y creen que lo más seguro para ellas que se cubran deben cubrirse. Estas hermanas deben ser respetadas y recibidas con toda sinceridad. No deben ser criticadas, porque ellas deben seguir su con­ciencia en este asunto.

      Lo más importante es que esta cuestión no debe causar división en la iglesia. Los hermanos que creen que la mujer debe usar cubierta deben ser respetados. Esta cuestión puede dis­cutirse en forma hermanable y con respeto mu­tuo.

      Aunque ha habido desacuerdo sobre este tema entre los hermanos más fieles y conser­vadores de habla inglesa, no ha habido división. Pero en la obra hispana ha causado problemas serios y ha inquietado a muchos. Por eso he preparado esta lista de argumentos que a mi juicio tendrán que ser probados para estable­cer esta proposición si algún hermano cree el tema afecta la comunión entre hermanos.

 
 
Cuando el "mono" se vea verde,
 llámenme para conversar.


 
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